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27.02.21

La Palabra para el domingo - 28 de febrero de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 28 sino sábado, 27 de febrero de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

Mc 9, 2-10

 

 “2 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, 3  y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de  blanquearlos de ese modo.  4 Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús. 5 Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: ‘Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti,  otra para Moisés y otra para Elías’; 6 - pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados -.7 Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: ‘Este es mi Hijo amado,  escuchadle.’ 8 Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos. 9 Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara  de entre los muertos. 10     Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de ‘resucitar de entre los muertos.’”

        

MEDITACIÓN

 

1.- Jesús era conocedor de la especial dificultad que existía en el hecho de que sus discípulos comprendiesen su ministerio y que fuesen capaces de entender aquello que les decía pues, como es sabido, no eran letrados ni personas formadas intelectualmente, o, al menos, con una gran formación. 

Por eso, además de las parábolas como forma de explicarse, forma que hacía más fácil la comprensión a base de ejemplos tomados de la vida ordinaria, tan dada a la analogía, se veía obligado a recurrir a ciertos momentos en los que lo que sucedía impelía a una rápida fijación en el corazón de aquello que acontecía. Por esto les hablo en parábolas, porque miran y no ven, escuchan y no oyen ni entienden (Mt 13,13) respondió a la pregunta de sus discípulos de porqué les hablas en parábolas (Mt 13,10).

Como pasará más tarde con los mismos, en Gethsemaní, el Mesías encamina a tres discípulos suyos, a saber, Santiago y Juan, los Zebedeos o “hijos del trueno” y Pedro (la piedra sobre la que edificaría su Iglesia) y los lleva a un monte. Porque la montaña, o aquel, a lo largo de las Sagradas Escrituras, tuvo y tiene una importancia propia y característica. En Ex 3,1, por hablar del Antiguo Testamento, se habla del monte de Dios, el Horeb, o cuando Dios indica a Moisés donde ha de adorar a Dios, es decir adoraréis a Dios sobre este monte (Ex 3, 12), así como todas las veces que se nombra ese monte de Dios en esta parte del Pentateuco; o, como indica el Salmo 125,2 Jerusalén está rodeada de montes; así rodea el Señor a su pueblo desde ahora y por siempre, de donde podemos deducir una capacidad de defensa frente a las afrentas de los enemigos, y equiparar nuestra vida a la Jerusalén terrestre que, al verse atacada por las acechanzas del maligno, se siente protegida de esa forma.

Sin duda alguna este accidente del terreno es algo más que una mera elevación del mismo. Tal espacio, donde Abraham se encontró con Dios, donde Moisés recibió de Dios la Ley que nos transmitiría por generaciones sin término para que fuera cumplida su voluntad…que contenía esas tablas tan conocidas y nombradas…  ha de ser muy especial para Dios. 

Y en el monte, también, se transfiguró. 

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25.02.21

J.R.R. Tolkien - Entre Bloemfontein y Bournemouth- Capítulo 9 – Hacia la obra escrita o todo empezó con El Hobbit

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Resulta de todo punto normal que, en la biografía de un escritor, haya un antes y un después de cuando comienza, eso, a escribir. Y, aunque es bien cierto que en lo tocante a J.R.R. Tolkien es seguro que antes de lo que viene ahora ya había escrito bastantes cosas sobre su especial mundo, no por eso vamos a dejar de destacar que, en efecto, hubo algo que dio el pistoletazo de salida aunque, también esto es cierto, a lo mejor ni él mismo lo sabía.

Sobre lo de arriba, es verdad que la llevaba algunos años (al menos desde que naciera su primer hijo, John, un 16 de noviembre de 1917) escribiendo historias sencillas para entretener a sus hijos. Además, de forma sorprendente, la familia Tolkien recibe cada Navidad una carta del mismísimo Papá Noel trufadas de dibujos y de expresiones de alegría que llenan de la misma a aquellos que la reciben.

Cartas de Papá Noel - J. R. R. Tolkien | Planeta de Libros

Debemos decir, por tanto, que no sembraba Tolkien sobre un campo poco fértil sino que la tierra y el corazón los tenía perfectamente preparados para lo que luego vino.

Que esto es cierto lo demuestra que algunos años antes de escribir aquellas cartas que llegaban a Inglaterra desde lejanas tierras frías, había hecho lo propio con otros relatos y escritos que luego darían forma a lo que sería la Tierra Media.

A este respecto, es de común saber que nada más y nada menos que “La caída de Gondolín” la escribió Tolkien, digamos, a raíz de la batalla del Somme que, según cuenta la historia, fue más que terrible y tal fue así que le sugirió a nuestro autor algo tan nefasto como fue la venida abajo de aquel especial mundo dentro del propio mundo aún no creado del todo.

Y qué decir del origen de lo que podría haber sido un personaje como Sam Gamyi, un ser humilde y trabajador, entregado a su labor y capaz de más heroicas acciones que tomó Tolkien de aquella clase de soldado raso al que se llamaba “Tommy” para representar a quien se comporta de forma tan cabal que es capaz de, en la adversidad (una como aquella de la guerra mundial) de dar ánimo a quien no lo tiene y levantar al caído. O qué de los bosques quemados y arrasados que, en determinado momentos, pinta en su obra escrita y que muy bien pudo haber tomado de su propia experiencia en la guerra…

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23.02.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Lolo fue periodista: así – 4

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Mesa redonda con Dios”.

 

Lolo fue periodista: así – 4

  

“Tendré que poner ‘robo’ o ‘compasión’, o ‘hambre’ y lo diré sin tentarme la bolsa o el ascenso, el susto o la amenaza.” (Mesa redonda con Dios, p. 75)

  

No nos extraña nada que el Beato Lolo, cuando habla así, de la labor periodística, aplique su propia fe a la labor que él realiza y que lleva a cabo pues no es posible entender algo que no sea eso y así. 

En realidad, tampoco debería causar pensamientos encontrados que alguien que dice tener fe sepa que eso supone, precisamente, tenerla y, en este caso, esta labor de informar al lector de lo que pasa también juega un papel importante de lo que se cree. 

Esto lo decimos porque, como es bien conocido entre los que creen en Dios y tienen a su Hijo por el Mesías y Enviado del Creador, en un momento determinado no tuvo más remedio que dejar las cosas claras y dijo aquello de “donde es sí, sea sí y donde es no, sea no”. 

Dicho esto así pareciera que se trata de algún tipo de trabalenguas que Jesucristo pronunciaba, algo así, como para confundir al personal. Sin embargo, luego dijo, acto seguido, que todo lo demás o, lo que es lo mismo, todo lo que se saliera de tal esquema de ser y actuar, venía de Satanás o, lo que es lo mismo que cuando alguien trata de saltarse el sí y el no cuando el sí y el no son sí y no… en fin, que va por mal camino. 

Eso es duro. Es decir, que no es siempre sencillo que allí donde es sí nosotros digamos siempre sí y allí donde es no… pues hagamos lo contrario. Pero tal forma de actuar es la que pone sobre la mesa el Hijo de Dios y, por tanto, nada haría más feliz ni más gozoso el comportamiento de aquel que sigue eso. Y es lo que aquí nos dice el Beato de Linares (Jaén, España) 

Está bien tener en cuenta, para este caso y para siempre, el sentido último (y, por tanto, primero, original, lo que corresponde) de los tiempos verbales. Y es que Lolo hace uso del futuro que, por decirlo así, establece una especie de obligación en quien lo utiliza. Así, si decimos, “mañana iré a verte” no estamos suponiendo que iremos a ver a tal persona sino que, en efecto, iremos. Lo contrario sería hacer uso, por ejemplo, del condicional y diríamos “si mañana fuera a verte…”. Y, claro no es lo mismo. 

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22.02.21

Serie tradición y conservadurismo – Dar gracias a Dios

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

  

La expresión “estos son otros tiempos” se puede utilizar para zaherir al cristianismo. No sin error por parte de quien así lo hace. Sin embargo, se argumenta, a partir de ella, acerca de la poca adaptación que quieren aplicar en su vida ciertos cristianos a los que se llama “carcas”, “anticuados” o sea la que sea la expresión referida y que supone, digamos, la poca adaptación a lo que hoy pasa o viene pasando desde hace un par de siglos…

En realidad, siempre son otros tiempos porque el hombre, creación de Dios a imagen y semejanza Suya, no se quedó parado ni siquiera cuando fue expulsado del Paraíso (entonces, menos, claro) Es más, entonces empezó a caminar como desterrado y aún no lo ha dejado de hacer ni lo dejará hasta que descanse en Dios y habite las praderas de su definitivo Reino al que llamamos Cielo por no tener mejor palabra que defina la Bienaventuranza y la Visión Beatífica que allí se gozan.

Sin embargo, nos referimos a tal expresión en materia de nuestra fe cristiana, aquí no referida sino a la que tenemos los discípulos de Cristo aunque, como bien sabemos, haya muchas diferencias (o puede haberlas) entre unas y otras consideraciones eclesiales de nuestra fe.

Bien sabemos que la cosa no es así sino que se han desmadrado, salido de madre (o, aquí, de Padre del Cielo) muchas personas que han hecho de su capa un sayo, se han olvidado del Todopoderoso y están queriendo hacer un mundo donde de Dios nada se sepa (lo cual es imposible), nada se pueda decir (entonces hablarían las piedras) y, en fin, de Quien lo mucho que se sostenga es que es un recuerdo del pasado (¿?)

Nosotros, los cristianos, más que alejados de unas consideraciones tan equivocadas y torticeras como las aquí apenas citadas, sabemos que debemos dar las gracias a Dios.

Dar gracias, en general, es buena cosa para el alma porque supone, en primer lugar, que reconocemos que se nos ha hecho determinado bien (sea el que sea) y, luego, que sabemos reconocer que se nos ha hecho pues no son pocas las ocasiones en las que miramos para otro lado cuando alguien nos favorece, algo así, como si tuviera la obligación de favorecernos.

Dios, como sabemos muy bien, nada nos debe porque es el Creador de todo y Quien todo mantiene. Y eso supone que debemos ser, aún, más agradecidos ante su bondad pues es posible que alguien nos beneficie en algo esperando algo a cambio (el famoso doy para que des) pero, en el caso del Todopoderoso no podemos decir lo mismo pues, como sostenemos arriba, nada nos debe Quien nos ha creado.

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20.02.21

La Palabra para el Domingo - 21 de febrero de 2021

 

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Como es obvio, hoy no es domingo 21 sino sábado, 20 de febrero de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

 

Mc 1, 12-15

 

“12 A continuación, el Espíritu le empuja al desierto, 13  y permaneció en el desierto cuarenta días, siendo tentado por Satanás. Estaba entre los animales del campo y los  ángeles le servían. 14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: 15 ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.’

 

 

COMENTARIO

 

El final de los tiempos

 

Sabemos que, cuando Jesús fue bautizado por su primo Juan algo le impulsó a ir al desierto. Bueno, en realidad, tenemos por cierto y verdad que fue el Espíritu Santo Dios quien dirigió sus pasos hacia donde la soledad es más acusada y donde, precisamente, empezó a gestarse la llamada “vida pública” de Cristo. Es más, de allí iba a salir vencedor de mucho y contra mucho. 

Este texto del evangelio de san Marcos abunda en realidades espirituales que, no por conocidas, debemos olvidar. Muchas de ellas, además, fundamentan nuestra propia vida de fe y nos recomiendan llevar a cabo un comportamiento filial hacia la voluntad de Dios. 

Antes que nada, antes de salir hacia Galilea a cumplir con la misión que tenía encomendada, Jesús tuvo que enfrentarse al Mal. En el desierto, come es más que conocido, tuvo que vencer a las tres tentaciones que le proponía Satanás. Y de todas ellas, echando mano de la Palabra de Dios, salió victorioso. Satanás pretendía hacerlo suyo como había conseguido hacerlo con nuestros primeros padres con aquello de la tentación a incumplir lo dicho por Dios. Pero no pudo con Jesús que, siendo Dios mismo, no iba a caer en tan arteras trampas. 

Decimos, por tanto, que Jesús, marchó a Galilea donde debía empezar aquello para lo que había sido enviado (o, como diría Él en alguna ocasión, “salido”, suponemos que del Padre) 

¿Y qué era lo que debía hacer Jesús en aquella su tierra y, luego, en otras que no lo eran? 

En resumen: predicar. 

La predicación de Jesús estaba totalmente relacionada con la Palabra de Dios, con la Ley del Todopoderoso (¡Alabado sea por siempre!) y con la santa voluntad del Creador. 

Así dicho, pudiera parecer poco porque es de suponer que todo eso ya lo sabía el pueblo elegido por Dios. Sin embargo, es más que cierto que, aún conociéndolo, habían llegado a tergiversarlo de tal forma que no tuvo más remedio el Creador de enviar a su Hijo para que se enderezar el camino torcido. Y enviarlo y terminar como terminaría en la Cruz. 

Había llegado, en efecto, el final de los tiempos. Y era, por tanto, el momento en el que Dios enviaba al Mesías para que se cumpliera todo lo que había sido escrito por inspiración del Espíritu Santo Dios a través de santos profetas y escritores de tal jaez espiritual.

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