InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

26.09.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Necesaria bondad

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Necesaria bondad

 

”Segunda noticia. ‘En la Alemania Occidental se ha suspendido el saludo de estrechar la mano para evitar una epidemia de disentería’

Moraleja: La bondad es aún más contagiosa. Dios anida en el corazón de las criaturas que le aman y el bien se va extendiendo al roce de las palabras, los hechos y los testimonios. Hay que

asegurarse de hombres buenos y el bien será como una mancha de aceite“ (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 95)

  

El 3 de junio de 1962Lolo escribe en su diario que “Dios tiene que hablar y lo hace con proverbios, con parábolas o con lo que haga falta”. Y acto seguido pone una serie de ejemplos de noticiasen las que el Beato de Linares (Jaén, España) aprecia más que bien la mano del Creador y Todopoderoso Padre Eterno. En un artículo anterior trajimos la primera de las noticias; ahora, les traemos la segunda que, como pueden leer arriba, dice lo que dice y que tiene que ver con la bondad que es, sí, una virtud que no siempre ponemos en práctica los hijos de Dios.

Antes que nada debemos decir que nos suena mucho eso de dejar de darse la mano para no contraer determinada enfermedad… o virus pues llevamos más de dos años haciendo, en nuestra patria (y en las de las demás personas también), casi lo mismo… Y es que poco parece haber cambiado desde los tiempos de Lolo…

De todas formas, digamos que las “noticias” que trae Lolo a su libro sirven, digamos, de pie para explicar lo que eso tiene que ver con el discípulo de Cristo y, claro, con Dios mismo. Y eso es lo que pasa con esta pues es cierto y verdad que no ha de ser tan importante una que lo sea como la que habla de eso que sucedió entonces en Alemania. Lo otro, lo que refiere el linarense universal sí que es crucial para nosotros. 

El caso es que la clave de todo esto, de la importancia de la bondad, es que Dios “anida en el corazón de las criaturas”. Ahora bien, añade algo que es muy importante y que debe hacernos pensar como somos nosotros a tal respecto. Y es que añade “que le aman”. 

Decir esto ha de suponer, para empezar, que hay criaturas que no aman a Dios. Y, entonces, no es que el Creador no quiera anidar en sus corazones sino que son ellas mismas las que no le dejan anidar y, simplemente, se olvidan de Quien les ha traído al mundo y, además, les mantiene en el mismo. 

Nosotros sabemos más que bien que hay muchas criaturas que no aman al Creador. Y que muchas lo hacen, a lo mejor, por desconocimiento del mismo pero hay otras que, habiéndolo conocido lo han olvidado de forma voluntaria. Y, en tales casos, tampoco resulta extraño entender que tales criaturas, al no conocer o haber olvidado a Dios, no lo tienen en su corazón: en primer lugar, porque quien no lo ha conocido difícilmente es consciente de eso; en segundo lugar, porque quien lo ha conocido y lo ha querido olvidar… en fin, pues se sabe qué es lo que pasa en tal caso… 

De todas formas, nosotros vamos a dejar de lado a tal tipo de criaturas y a centrarnos en lo que dice Lolo sobre las criaturas que sí aman a Dios y lo tienen en su corazón o, mejor que quieren darse cuenta de que lo tienen.

 Con lo que se dice, con lo que se hace y con lo que se muestra. Así es como la bondad que Dios siembra en el corazón de sus criaturas (que le aman y en las otras también pero…) se extiende por doquier. Y eso es, verdaderamente, más “contagioso” (en el buen sentido de la expresión) que cualquier virus o epidemia. Y, seguramente, es lo que Lolo ha querido decirnos con estas palabras: basta dejar que la bondad que Dios ha sembrado en nuestros corazones para que el mundo sea mejor. Así de sencillo.

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

19.09.22

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” – Cómo es Dios

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Cómo es Dios

  

“Primera noticia. ‘En los Estados Unidos han condecorado a un general japonés que fue el peor de sus enemigos durante la última guerra’.

 

Moraleja: Dios es todavía más generoso. Le escupimos, le pisoteamos, un buen día le pedimos perdón y Él nos abraza y nos da a gustar la Gloria para siempre…” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 95)

 

 El 3 de junio de 1962, Lolo escribe en su diario que “Dios tiene que hablar y lo hace con proverbios, con parábolas o con lo que haga falta”. Y acto seguido pone una serie de ejemplos de noticias en las que el Beato de Linares (Jaén, España) aprecia más que bien la mano del Creador y Todopoderoso Padre Eterno. Y la primera de ellas es la que hemos traído aquí y dice, como pueden leer arriba, lo que dice.  

Es más que sabido que entre la justicia del hombre y la de Dios hay muchas diferencias. Y las hay porque no es lo mismo, precisamente, el corazón de la criatura de Dios que el del Creador. 

De todas formas, pareciera que se acercan uno y otro en este texto en el que vemos que se ha perdonado, mediando condecoración, a una persona que, según dice Lolo (y sería verdad) que era el peor de los enemigos del pueblo americano del norte. Y es que ya sabe que, a veces, el vencedor puede mostrar misericordia con el vencido que, para eso, ha sido vencido… 

La cosa, sí, supone una extensión apropiada del perdón e, incluso, de la misericordia. Sin embargo, Lolo sabe que Dios es más, que es mucho más y por mucho más que digamos siempre nos quedaremos cortos. 

Lolo entrevé generosidad en condecorar a quien ha sido enemigo. Es más, pareciera que es algo fuera de lugar pero, como decimos, el vencedor que muestra tal tipo de comportamiento podemos considerar que ha sabido ganar cosa que, por cierto, no siempre es fácil… Y ahí está la mano de Dios… ablandando los corazones.  

Sí, hay generosidad en un gesto así. Sin embargo, sabe nuestro amigo que Dios es “todavía más generoso”. Y entonces viene a decir qué es lo que solemos hacer con Aquel que nos creado y, no lo olvidemos, nos mantiene en el mundo. 

Que nosotros escupimos a veces en el rostro de Dios (pensemos a qué nos referimos con eso) es algo que no nos es desconocido. Y no lo es porque en algunas ocasiones hacemos eso cuando queremos despreciar lo que supone Dios para nosotros y, en tal manera, le escupimos como cuando hacemos tal cosa con alguien a quien queremos manifestar nuestro más absoluto desprecio… 

Que nosotros pisoteamos a Dios mismo (aunque eso, en realidad, sea imposible) es algo que no nos es desconocido porque en alguna que otra ocasión hacemos como que no lo queremos y hacemos como cuando ponemos nuestra planta del pie en algún animalillo que creemos nos molesta. Queremos acabar con el mismo y, eso, lo pisoteamos, también aquí despreciando su propia existencia. 

Pero como no somos tontos del todo (¡del todo!) es de esperar que tales acciones nuestras nos pesan en el corazón y, al fin y al cabo y por necesidad espiritual y, creemos, que por amor también, acudimos a Dios para pedirle perdón por nuestra horrible forma de ser en muchas ocasiones. 

¡Qué difícil es para el hombre perdonar lo que hemos dicho que a veces hacemos con Dios! A veces es, incluso, imposible. Pero Dios tiene un corazón mucho más grande que eso. Y, como nos dice Lolo, “nos abraza” con lo cual consigue que nos creamos y sepamos perdonados. 

Pero, siendo eso ya suficiente para nuestros contritos corazones, el Padre Eterna (que no se conforma con perdonarnos por su corazón tierno) quiere que sepamos que la Gloria, la que nos ofrece a cambio de el bien ser y el bien estar de sus hijos, nos la ofrece para siempre y, como diría Santa Teresa es para siempre, siempre, siempre. 

Ciertamente, la moraleja de los cuentos viene a ser como un tipo de lección que debemos aprender. Y eso es lo que es esto, precisamente y que Lolo llama, precisamente, así, “moraleja”: Dios siempre espera que le pidamos perdón porque el Creador es como es, así, Él mismo.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

12.09.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – La realidad misma de Lolo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

La realidad misma de Lolo

 

“Nos liamos la manta a la cabeza y hemos liquidado las zapatillas. Llevaban conmigo sus diecinueve años cabales. Desde principio ya hube de utilizarlas a medio uso, sin talones. Lo pienso y sí: resulta que no he dado con ellas ni un leve pasito. Como las suelas estaban siempre inmaculadas, pues hala, a usarlas en zapatillas de verano, de invierno y de lo que se presentara. Se fueron, sin pena ni gloria, en el cubo de la basura, pero me han dicho que, en la suela, los dos números cuarenta y uno de la medida estaban intactos, casi se diría que tristes, con la tristeza de una misión no cumplida: la de ayudar a caminar.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 90)

 

Es cierto y verdad que de Manuel Lozano Garrido, Lolo y, con el tiempo, Beato de la Iglesia Católica se sabe que mucho sufrió físicamente a lo largo de su corta vida y que pasarlo bien, digamos que a ese nivel, más bien poco o, mejor, seguro que lo hizo hasta que a principios de los años 40 del siglo pasado se le presentó aquella enfermedad que lo llevaría, con el paso de los años, directamente al Cielo. 

En sus libros podemos leer muchas veces que su sufrimiento lo tuvo más que claro y así lo manifiesta en sus páginas en abundantes ocasiones. Sin embargo, en algo que pudiera parecer accesorio como son, por ejemplo, unas zapatillas, está encerrado el sufrimiento mismo. Y Lolo lo muestra en este párrafo de su libro “Las golondrinas nunca saben la hora”. 

Antes que nada hay que hacer notar el rasgo de humor (¡Sí, humor!) que muestra aquí mismo el Beato de Linares (Jaén, España) Y es que dice que se han liado “la manta a la cabeza y hemos tirado las zapatillas”. Y es que no es mucho aquello que tiran pero que, dadas sus circunstancias, a lo mejor era importante. Sin embargo, nosotros creemos que Lolo eso lo dice en broma. 

De todas formas, hay algo que no es broma y es lo que, a raíz de aquel “tirar las zapatillas” supone eso o, vamos, lo que ha supuesto a lo largo de aquellos diecinueve años que las ha tenido en sus pies… 

El caso es que si esto lo escribe Lolo en su diario el 2 de mayo de 1962 y nos retrotraemos los 19 de los habla nos vamos al año 1943 que es, más o menos, unos cuantos meses después (a lo mejor algo más…) de que le dijeran que lo suyo no tenía arreglo. 

El ser de aquellas zapatillas de Lolo no fue el que tenía que ser. Y es que, como sabemos, la función de unas así es, simplemente, caminar, ayudar en el andar del ser humano que las lleva. Pero Manuel Lozano Garrido no era, en tal sentido, un ser humano como los demás porque su enfermedad atacó pronto a su movilidad. Y así, como bien dice él mismo, no dio “ni un leve pasito”. Y lo dice así, con ese diminutivo que da sencillez a su situación y la hace, digamos, más digerible.

No. Lolo, con aquellas zapatillas no pudo dar ni un paso y por eso no cumplieron con su función y, como dice Manuel, fueron al cubo de la basura “con la tristeza de una misión no cumplida: la de ayudar a andar”. Pero, al menos, pudo hacer uso de ellas durante todas las estaciones de los 19 años que lo acompañaron en su no andar, en su sillón de ruedas… 

Nos dice Lolo que aquellas zapatillas se fueron de su vera con la tristeza de no haber cumplido con su misión. Y, miren ustedes por dónde, a nosotros también nos produce tristeza que pasara eso con ellas porque, de haberlas guardado, ahora serían una pura y exacta reliquia y podríamos mirarlas diciendo algo así como “vosotras besasteis las plantas de los pies de Lolo y ceñisteis sus dedos, fieles compañeras del dolor y el sufrimiento”. Y, seguramente, algo se nos encogería el corazón.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

5.09.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Lo consiguió Lolo; dicho y hecho

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Lo consiguió Lolo; dicho y hecho

 

“Me gusta este brío y esta grandeza del corazón y quisiera hacer de él un noble símbolo de toda mi vida. Quiero latir con fuerza en los pensamientos, en las ansias, en los ideales, y que toda esa sustancia de amor que significa la sangre se derrame a borbotones por las acequias de la generosidad y lleve su calor, su vitalidad y su riqueza a todas las criaturas del universo. Yo sé que el mundo tiene una frontera de de almas estériles y que su vida sin fe es como costillas anquilosadas. Dame, Señor, suficiente coraje de espíritu para un continuo palpitar de aceptación y de ofrenda, tan fuerte que ellos lo noten en su vida como mi amigo Juan en el fonendoscopio.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 89)

 

Antes de seguir debemos poner al lector en antecedentes para que se comprendan mejor las palabras de Lolo. 

Resulta que su médico, de nombre Juan, lo acaba de visitar (un 29 de abril de 1962 como refleja en este su diario) y le ha dicho que tiene un corazón grande y fuerte porque sus latidos parecen “¡el Bing-Ben!”. Y no se refiere al espiritual sino al físico pues, al parecer, era una parte del físico de nuestro amigo que tenía más que fuerte y no andaba a la par con resto de su doliente cuerpo… 

Y, sin solución de continuidad, el Beato de Linares (Jaén, España) escribe las palabras que aquí hemos traído al hilo, pues, de eso de su corazón… porque, es verdad que el corazón que bombeaba sangre era fuerte pero el otro, el que daba forma a su alma aún lo era más como podemos ver en estas sus palabras. 

Sabemos que eso de amar “al prójimo como  a uno mismo” Lolo se lo tomó más que en serio. Y no era una forma bondadosa de ser o una manifestación de algo gozoso (que también) sin expresión exacta de cómo era. Y aquí lo muestra a la perfección. 

Lolo está ansioso. Y lo está por servir. Por eso dice lo que aquí dice y que nos hace comprender la valía de aquel fuerte corazón de su alma. 

A él le gusta que su corazón sea fuerte como dice su médico. Pero tal fuerza no la quiere para otra cosa que no sea para aceptar aquello que le pasa y, ya de paso, para ofrecerlo a Dios con la sana y santa intención de que su valía sea aprovechada por su prójimo. 

El caso es que Lolo quiere que eso, aquella grandeza del corazón que Dios le he dado, sea algo así como un símbolo, como una representación de sí mismo, digamos, de cara, primero, a Dios y, luego, a su prójimo. 

Quiere Lolo darse generosamente a toda criatura que, de una manera u otra pueda conocer de él. Y es que no quiere para sí sus pensamientos, sus ansias, sus ideales o, en fin, toda “esa sustancia de amor” que de su corazón brota, como él mismo dice y quiere, a “borbotones”. 

Lolo quiere que aquellas criaturas en cuya vida y existencia la fe no tiene importancia (por no tenerla de por sí o por haberle quitado la que hubiera podido tener en otro tiempo) puedan conocer que, desde su corazón se entrega también a ellas para que puedan tomar su coraje, su perseverancia y, en fin, su amor, en beneficio propio Y es que Manuel Lozano Garrido quiere que ellos noten “en su vida” un palpitar como el suyo que, como bien sabemos, fue fuerte y fuerte sigue siendo en aquellas almas que lo han llegado a conocer y, seguro, en las que lo conocerán a lo largo de los tiempos que han de venir… 

Y sí, Lolo le pide a Dios algo que ha conseguido a la perfección: sus pensamientos, sus ansias, su ideales, etc., han calado en muchos amigos que se consideran suyos y que saben que aquel hombre que supo sufrir algo más que bien (¡con lo difícil que es eso!), sobrenaturalizando su sufrimiento, nos dejó una huella ya indeleble porque, simplemente, no queremos que se nos borre. 

Dicho y hecho: Lolo eso quiso y eso ha conseguido.

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

29.08.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - De verdad ofrecer sufrimientos

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

De verdad ofrecer sufrimientos

 ”Esto duele, ya lo creo; pero tienen que doler las cosas que se ofrecen, no como hasta ahora, que ya iba viviendo un poco de rutina los dolores de las articulaciones” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 71)

Se refiere Lolo, antes de estas palabras suyas, a su situación con relación a lo poco que ya ve o, directamente, nada de nada. Y es que, el sentido de la vista, dado lo mal que lo pasaba en otras partes del cuerpo, le aliviaba bastante todo lo que le pasaba. Y si ahora ya no ve… 

La verdad es que no nos extraña que el Beato de Linares (Jaén, España) diga lo que dice: que le duele su situación al respecto de lo que refiere su vista. Y es que si para una persona, digamos, ordinaria, perderla no es nada bueno ni mejor podemos imaginar para quien, como Lolo, hacía abundante uso de la suya (¡tantas lecturas..!) lo que eso suponía. 

A Lolo le duele su situación. Y, sin embargo, como tantas veces ha hecho a lo largo de su sufriente vida sabe cómo encarar la situación. Y sí, ante esto sólo cabe la sobrenaturalización de un dolor tan especial como es el de quedarse ciego. 

De todas formas, bien podemos preguntarnos cómo es posible sobrenaturalizar una ceguera para quien tanto uso hacía de sus ojos. Y ante una pregunta así, Lolo nos contesta de la única manera que sabe y que tiene todo ver con su fe, con el sentido que tiene de la misma y que es, como podemos imaginar, algo más que profunda. 

Ofrecer. Lolo nos dice que se debe ofrecer el sufrimiento y, en concreto, el que ahora padece (añadido a los demás…) 

El ofrecimiento del que habla nuestro amigo debe ser algo muy especial. Y es que, como él mismo dice, el que hacía ahora sobre sus articulaciones se había vuelto como rutinario. Y a nosotros, que alguien que padecía lo que padecía Lolo sea capaz de decir que todo aquello era una rutina y, por tanto, algo a lo que no darle mucha importancia… en fin, como que nos pone los pelos de punta y el corazón en un puño. 

Ciertamente, Lolo hace un ofrecimiento muy especial de aquel sentido, la vista, que era el que le quedaba por ofrecer y que tanto daño le hacía a su persona el haberlo perdido.

¡Qué profundo debió ser el ofrecimiento de aquel dolor por parte de Lolo que tanto había ofrecido y ofrecía en aquel mismo instante sobre lo suyo! 

Por otra parte, que tengan que doler “las cosas que se ofrecen”, como dice Manuel Lozano Garrido, es porque el sentido espiritual de eso ha de ser algo más que profundo. Y es que no vale cualquiera cosa que se quiera entregar a Dios que no sea de verdad y que de verdad, en fin, duela. 

A nosotros no se nos ocurre nada más que agradecer a Lolo que ofreciera aquel sufrimiento a Dios, el de la ceguera, y que lo hiciera como sabía hacerlo un santo.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.