InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

16.09.20

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro”- Con Cristo, mejor con Cristo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Mesa redonda con Dios”.

Con Cristo, mejor con Cristo

 

“Te digo, Señor, que tengo mis dudas sobre lo práctico de tantos censos de tornillos y planos de roscas, pero yo sé que nunca será estéril el esfuerzo y que el trabajo siempre redime. Una gota mía de sudor subida hasta el Calvario no es como una pulga colocada en la órbita de Júpiter, porque lo bueno de tu sangre es que Tú la mezclas y ya nosotros somos también gotitas redentores.” (Mesa redonda con Dios, p. 39)

 

El trabajo siempre redime”. Esto nos dice Lolo porque es una expresión que, en el fondo, muestra la fe que tiene quien lo dice. Y el Beato Manuel Lozano Garrido, en cuanto a esto, andaba más que sobrado.

Ciertamente, hay muchos tipos de trabajos y cada cual tiene sus circunstancias y características. Por eso pone algunos ejemplos como el de quien hace censos de tornillos o planos de roscas. Es decir, que aquí de lo que se trata no es del trabajo que se haga sino otra cosa.

Poco antes de estas palabras, el Beato de Linares (Jaén, España) decía, en el apartado de este libro de título (el apartado) “El sudor de la frente”, esto que sigue:

 

“Asientos. Arqueo. Partes de almacén. Sellos. Folios. Papel de copias. Y un reguero que cae por las primeras canas de las sienes y salta la comba en la patilla de las gafas. Para la tarde hay más copias, más folios, más asientos. Y con el sudor, empieza a rodar por dentro una idea tentadora de horas perdidas, de trabajo que se hace inútilmente y vuela como las hojas con el ventilador. Y el hombre encarama entonces la figura de Dios al tablero de la mesa”.

 

Es aquí donde radica la importancia de las palabras de nuestro hermano Lolo.

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9.09.20

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro”- Hacia Dios vamos (y 2)

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Mesa redonda con Dios”.

Hacia Dios vamos (y 2)

 

“Es así que yo quiero correr a tu ritmo, sin impaciencias agotadores, sin sesteos de moribundo. Ahora, dentro de poco, Tú has de decir: ‘En marcha’, y yo empezaré a pisar los adoquines al mismo tiempo que estos hombres que aguardan en la acera. Te digo que desde ahora mismo voy a hacer por entrar y amar la intimidad de los que han de ser mis compañeros en ese viaje que tiene premio para todos, porque tus tesoros son tan generosos que a todos llegan”. (Mesa redonda con Dios, p. 36)

 

Es cierto que sí, que todo ser humano que sea creyente sólo puede tener en su corazón ir junto a Dios y habitar unas de las estancias que está preparando su Hijo, Jesucristo.

Tal anhelo jamás puede faltar del corazón de ningún hijo del Todopoderoso cuando, hoy día, es más que sabido (y creído por fe) que el definitivo Reino de Dios, llamado Cielo, es el destino al que estamos destinados.

Pues bien, el Beato Manuel Lozano Garrido, que, como es de esperar, también quiere alcanzar una meta así (en su caso, trátase de una carrera sui generis donde el motor es su corazón) pues su vida, tan llena de sufrimientos y de aceptaciones de estos, sólo podía querer alcanzar la Luz divina y gozar de la Bienaventuranza junto a su Padre, Dios Creador.

Aquí nos lo dice bien claro: hay dos formas, en esencia, de querer ir hacia Dios.

En la primera de ellas abunda esa forma de ser tan común entre los hijos de Dios: somos demasiado impacientes y pareciera que nunca vamos a alcanzar al Todopoderoso. Y, es verdad, nunca lo vamos a alcanzar si lo que prima en nuestra existencia es un ansia, quizá, desmedida de conseguirlo mientras dejamos apartados otros temas que son, en este caso y por eso, más que importantes.

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26.08.20

Beato Manuel Lozano Garrido - Lolo, libro a libro - "Mesa redonda con Dios" - Gracias más que merecidas

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Mesa redonda con Dios”.

Gracias más que merecidas

 

“Te doy gracias porque me has constituido serena, apacible, entrañable y armónicamente, a tu semejanza; por los cielos, las luces, el aire, el mundo, la vida y las ocasiones de ser mejor; porque me has dado una feliz disposición para la felicidad y también las oportunidades para serlo, por las 8.640 probabilidades de poder romper la pluma antes de hacer una villanía por partida doble y las otras tantas de cosechar simiente de bondad. Gracias porque me has de dejar que vea la mano Tuya que se tiende siempre sobre el escape de los autobuses, los cláxones y los discos dedicados. Y también porque esta palma mía que yo te levanto me la tomes al amanecer para que vaya en vilo sobre las pesadumbres, por el ancho y noble camino de la bondad.” (Mesa redonda con Dios, p. 34)

 

Aunque es bien cierto que, según el capítulo de título “El despertador”, Lolo atribuye a Ramírez, a la sazón, oficial de primera, sección de Contabilidad, lo que le dice a Dios (parte de lo cual es el texto aquí traído) estamos más que seguros, segurísimos, que en Ramírez esta contenido Lolo. Vamos, que lo que dice este hombre es el mismo Lolo quien lo dice.

Podemos ver, sobre esto, que no es poco lo que dice nuestro Beato de Linares (Jaén, España)

Lolo da gracias a Dios por muchas cosas. Las da, en primer, porque bien las merece Quien, pudiendo hacer otra cosa hizo lo que hizo y, entre otras, crear al ser humano a su imagen y semejanza. Y eso no es poco porque lo ha hecho de forma serena, apacible, entrañable y armónica y, en suma, a su semejanza que no puede ser nada distinto de la serenidad, la apacibilidad, la entrañabilidad y la armonía que son formas más que buenas de definir a Dios Creador.

Lolo tiene mucho que agradecer a Quien lo ha creado, a él y a todo el resto de humanidad. Y es que todo aquello que la Voluntad del Todopoderoso hizo que fuese y fue nos fue dado en herencia para gozar y transmitirlo a las futuras generaciones.

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19.08.20

Beato Manuel Lozano Garrido – Lolo, en la prensa – “Carta a Judas, “el fracasado”

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Con este artículo, hacemos un alto en la serie de artículos sobre citas de libros del Beato Lolo para traer uno de los artículos que publicó en la prensa de su tiempo.  Y lo traemos hoy porque nos ha impresionado sobremanera. Lo reproducimos en su totalidad, para gozo del amable lector y, luego, procuraremos no hacerlo de menos con un comentario.

Se titula el artículo, publicado en el Diario “Jaén” el 22 de marzo de 1968, 

 

“Carta a Judas, “el fracasado

 

“A un Judas que ha hecho keriots de ciudades con rascacielos y señales de tráfico; al peor Judas de todos los tiempos, quitando a aquel que se atrevió a comerciar con el propio Dios, ese de corbata, reloj de pulsera y estilográfica, en su despacho con dictáfono y muebles de metal; al Judas vivo entre los satélites; al Judas pulcro, a un  Judas que nadie ve, pero que nos da escalofrío sentir su zancada en las páginas de los diarios. 

Judas: te escribo con escalofrío en una tarde en la que ya pica el sol de la primavera. Hay mucha luz en el cielo y tengo entre las manos un periódico de colorines. Lo que me asusta es el bárbaro poder y el dominio de tu puño cerrado, hecho trilogía de rapiña, soberbia y odio. Fíjate: aquello tuyo de las treinta monedas, que era apenas una modosa aspiración a la casita con delantera donde paladear una frasca de vino, te ha ido ensanchando la ambición hasta el manejo de dividendos, de masas y de naciones ¡Qué pena, Judas, que tu engaño sea tan descarado como el timo de la estampita y los hombres sigamos oyéndote con las orejas huecas, mientras recontamos monedas con prisa. 

Lo peor de todo es que los Judas, sin tocarnos, nos dan codazos en el corazón y nadie cae en el moderno deicidio de los hombres vendidos y crucificados a la vera. A una criatura se le besa en la noche y se le entrega firmando con la misma mano un convenio colectivo y una carta suspendiendo ventas por reajuste y subida de precios. Uno huye del Cenáculo y agarra treinta monedas en el Sanedrín reconociendo que hace falta subir los salarios y decir que se suben repartiendo la paga de “beneficios” en doce meses y comiéndole de paso el cuarenta por ciento. 

Mira, Judas, que es a lo que voy; tú tomabas un denario, pasabas las uñas por el bordillo con ansia, lo colocabas sobre la palma, cerrando la mano con fuerza, y por el brazo que se dobla y se tensa, notabas que subía la médula del dinero. Ahora se hace lo mismo en secreto, y se ceba la cuenta corriente, pero además, el puño se cierra por ansias de mando, por deseos de subirse de puntillas sobre los demás; de que la gente piense al dictado de vuestras ideas y no hable más que como si tuviera un pañuelo dentro de la boca; de que esa hermosa palabra que se llama “libertad” de cada criatura vaya por las aceras dentro de un hombre moralmente lisiado. Es la nueva cosecha que refinas en Biafra, Oriente Medio, o Vietnam: los golpes de fuerza para regodearse en el espejo de los micrófonos o pasear las calles con motoristas y “Cadillac”, cabezas dobladas al borde de la calle, chasquido de pavo real en los tronos de las Casas Azules, Verdes o Amarillas. Y aún hay más: las bombas de plástico sobre los hospitales, los secuestros de enemigos, el muro fratricida de Berlín, esa vena loca, tu tercer puño de rencor; Judas, hidra de tres cabezas: la avaricia, la soberbia y el odio. 

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12.08.20

Homilía del Centenario de Lolo (1920-2020)

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Hoy, a diferencia de lo que hacemos todos los miércoles, no vamos a traer aquí ningún texto del Beato Manuel Lozano Garrido. Y es que queremos aportar el texto de la Homilía que el P. Rafael Higueras Álamo, a la sazón Postulador de la Causa de Canonización (ya lo fue de la de Beatificación) de Lolo pronunció en el momento adecuado para ello. Y la traemos aquí porque, de verdad, vale la pena conocer, de mano de quien conoció al linarense universal en los últimos años de vida, de quien supo entenderlo y, en fin, de quien estuvo a su lado hasta el último momento, lo que nos pueda decir que siempre, siempre, será importante y edificante.

 

Homilía Centenario del nacimiento del beato Manuel Lozano Garrido

9 de agosto de 1920-2020

Momento de la Consagración

Celebramos con gozo el regalo que Dios hizo a su Iglesia por el nacimiento (hace hoy 100 años), del beato Manuel Lozano Garrido. Un regalo de Dios a su Iglesia; porque los santos son regalos de Dios a la Iglesia Santa, al mundo entero; y, en este caso de nuestro querido “Lolo”, un regalo a Linares: aquí nació, aquí vivió, aquí trabajó, aquí se santificó y aquí murió.

En una página dedicada a la santidad, en el primer libro que publicó nuestro amigo Lolo (El sillón de ruedas) (1), dice que la grandeza de la perfección, de la santidad, está precisamente en ir superando, día a día, los defectos propios de nuestra naturaleza.

1.-  Hemos escuchado, en el Evangelio, el miedo de los discípulos de Jesús, cuando creen que es un fantasma quien se acerca andando sobre las aguas del mar. Y Jesús les dice: “Ánimo, soy yo, no tengáis miedo”.

Pedro tuvo miedo. Los discípulos tuvieron miedo… Nosotros en muchas ocasiones también tenemos miedo del camino que se nos abre por delante. ¡Lolo también tuvo miedo!

Lucy, su hermana del alma, lo cuenta así, en su declaración ante el tribunal diocesano cuando se instruía  el proceso para la Beatificación:

“… la noche-víspera de su muerte, le escuché decir muchas jaculatorias. Pero, una de las veces que me acerqué a él, me dijo: ¡Qué mala sombra, quiere el demonio meter la pata!”

Lolo sentía miedo a la muerte. Él escribió una preciosa página en “Las estrellas se ven de noche” (2)  Allí aparece claro como él se siente humano, pobre, necesitado; y  consciente de sus limitaciones que le hacen muy débil y dependiente. Por eso escribe pensando en su hermana Lucy, que es para él sus manos, sus pies, su fuerza y su amparo:

       “Morir sin ella ¡que escalofriante y desolador se me hace así el cruce de la raya final; pero, algo, como el chasquido de un foco que se enciende de pronto, me cruje en medio de la noche oscura del interior, iluminándolo todo en fe y en gracia de recuerdos”.

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