InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Junio 2021

15.06.21

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Cristo Médico – 5

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Con la ayuda de Dios vamos a dar cabida en este blog y, en concreto, en el lugar donde le corresponde que no es otro que el que se refiere al #beatoLolo, lo mismo que hicimos en lo referido a Lolo, periodista, a lo refiere el capítulo de su “Mesa redonda con Dios” de título “El Médico”. 

Y no, no se trata de que en sus ratos libres Lolo fuera médico sino que el susodicho capítulo viene referido a Jesucristo como Médico, donde el alma tanto va a tener que ver. 

Cristo Médico – 5

 

“Que yo cuide a los que sufren como si hubiera sido tu médico de cabecera en el Calvario. Sólo deseo verte siempre al fondo del eclipse de los hombres, palpitante y glorioso también en las lágrimas, que son la custodia del dolor, el Octavo Sacramento. Cuanto más trágica sea una crisis o más acerada la pobreza, más veneración quiero sentir por tu agonía o tu humildad. Que mis manos recen también punzando un absceso o manejando el recetario.” (Mesa redonda con Dios, p. 78)

 

Dice Lolo que las lágrimas son el “Octavo Sacramento” y lo dice, seguramente, porque sabe que son algo sagrado cuando se vierten por algo sagrado como, por ejemplo, es el dolor o es el sufrimiento entendidos en su más amplio sentido espiritual. Y, como tal Sacramento, lo instituyó Cristo en el Calvario, allí donde las vertió y, con las mismas, nos ganó la vida eterna y la salvación.

El médico, llamado antes, “de cabecera”, es quien aconseja en los malos momentos físicos y, en este caso, del alma, los espirituales. Y Cristo está ahí para aconsejarnos las curas que debemos aplicar a nuestros dolores del cuerpo y del alma. Y ser médico, el Médico por excelencia, es querer serlo en los momentos más difíciles. Entonces, en esos momentos, viene muy bien que alguien como es el Hijo de Dios ponga su corazón en el nuestro y, permaneciendo en el mismo, siembre consuelo, otorgue lucidez ente el sufrimiento, esperanza ante la noche.

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14.06.21

Serie tradición y conservadurismo – Mirar para otro lado

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Cuando Dios creó al hombre estamos más que seguros que sabía qué iba a ser de su vida. Y esto lo decimos por lo que sigue. 

El escritor inglés C.S. Lewis, en su libro Mero cristianismo y en un momento determinado dice algo que tiene mucho de interesante. El caso es que sostiene (diciendo, además, que lo que dice no está en la Biblia y que se puede seguir siendo buen cristiano si no se está de acuerdo con eso que sostiene el autor de Las Cartas del Diablo a su sobrino) que Dios está, por así decirlo, en una línea temporal por encima de la del ser humano y que en ella se puede trasladar de un momento a otro de la historia de la humanidad siendo, sin embargo, para Él siempre su presente aunque, claro, para el hombre es el tiempo en el que vive en que está y no puede optar por saber su futuro cuando Dios, en efecto, lo sabe. Y el que esto escribe, católico de bautismo, acepta tal teoría que, además, explica muchas cosas de las que habla la Sagrada Escritura. 

Pues bien, como hemos dicho arriba, Dios sabía qué iba a ser del hombre, de su devenir, de las circunstancias por las que iba a pasar. No obstante, no quiso, digamos, manipular su futuro sino que le dio libertad, don del Todopoderoso, para que hiciera, simplemente, lo que quisiera. Y eso fue lo que hicieron nuestros Primeros Padres con los resultados más que conocidos por todos. 

Muchas veces tuvo que intervenir Dios en el devenir del ser humano. Y es que el mismo ha mostrado siempre tendencia a hacer de su capa un sayo y, en fin, a caer muchas veces en el abismo del que tanto habla el salmista haciendo eso, además, con plena delectación y gozo… 

Han ido pasando los siglos desde, por ejemplo, la venida al mundo por primera vez del Hijo de Dios y no podemos decir que la cosa haya ido a mejor, sobre todo, a partir de finales del siglo XVIII donde pasó lo que pasó que es el origen preciso y exacto de todo lo que pasa hoy día, algunos siglos después de que a algunos le pareciera bien eso de cortar cabezas en nombre de no sé qué luz humana… 

Tenemos, por un lado, el don de la libertad llevado al extremo y, por otro, el hacer uso de este, de tal forma extrema, con el resultado al que hemos llegado hoy día entre lo que podemos destacar: 

1. La falta de fe y su extralimitación,

2. El abandono de Dios,

3. El nihilismo rampante,

4. Rechazo de los principios religiosos,

5. La implantación del escepticismo,

6. Negación de todo lo superior,

7. Negación de todo dogma,

8. Destrucción de valores que se consideran caducos,

9. Sustitución de la voluntad de aceptación por la de poder,

y 10, imposición de una realidad alejada de lo espiritual. 

Vemos, por tanto, que el uso de la libertad de una forma tan equivocada ha acabado suponiendo un daño a la humanidad misma que ha gozado, desde siempre, de poder decidir sobre el Bien, al que debería acercarse, y sobre el Mal, a quien debía rechazar pero que, como vemos, ha sido quien ha acabado (por ahora) saliendo vencedor de esta simpar batalla. 

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12.06.21

La Palabra para el Domingo - de 13 de junio 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 13 sino sábado, 12 de junio de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

  

Mc 4, 26-34

 

“26 También decía: ‘El Reino de Dios es como un hombre que echa el grano en la tierra; 27  duerma o se levante, de noche o de día, el grano brota y crece, sin que él sepa cómo. 28 La tierra da el fruto por sí misma; primero hierba, luego espiga, después trigo abundante en la espiga. 29 Y cuando el fruto lo admite, en seguida se le mete la hoz, porque ha llegado la siega.’ 30 Decía también: ‘¿Con qué compararemos el Reino de Dios o con qué parábola lo expondremos? 31   Es como un grano de mostaza que, cuando se siembra en la tierra, es más pequeña que cualquier semilla que se siembra en la tierra; 32 pero una vez sembrada, crece y se hace mayor que todas las hortalizas y echa ramas tan grandes que las aves del cielo anidan a su sombra.’ 33 Y les anunciaba la Palabra con muchas parábolas como éstas, según podían entenderle;  34 no les hablaba sin parábolas; pero a sus propios discípulos se lo explicaba todo en privado.”

       

COMENTARIO

La semilla de la fe

 

La instrucción de Jesús es sencilla. Utiliza ejemplos de la vida ordinaria. Sabe que sus interlocutores no son sabios sino gente sencilla. No tienen conocimientos de la Palabra de Dios excesivos sino los comunes que pudiera tener cualquiera. Necesitan que se les diga todo de forma que pueda ser entendido. 

El Hijo de Dios conoce el corazón de los hombres. Por eso cuando habla lo hace de forma inteligente y se adapta a la capacidad de cada cual. Por eso habla como habla. No lo hace porque crean que aquellos que le escuchan no sean capaces de entenderle. Él, Maestro entre los sabios, enseña con autoridad que se basa en conocer  y reconocer cómo debe hablar. Pero a sus discípulos, a los que van con Él, a sus Apóstoles, todo aquello que explica en parábolas, les explica de forma más profunda. Ellos deben comprender más y mejor. 

Debe explicar, ahora, qué es la fe. No lo que significa creer sino cómo es en cada uno de los hijos de Dios. Y esto es lo elemental porque sólo a partir de comprender cómo es se puede creer y puede, la misma, crecer en el corazón del creyente. 

¿Y cómo es la fe? 

Cualquiera diría que es algo grande (que lo es) pero, verdaderamente inalcanzable para el común de los mortales. Jesús muestra que no es así sino que es algo mucho más sencillo de ver y comprender. 

La fe, en general, la siembra Dios en el corazón de sus hijos. Y es, en tal sentido, un sembrador que salió a sembrar. La semilla de la fe va creciendo en el campo sembrado, en el corazón de los hijos, y, con el tiempo, cuando ha fructificado, da fruto. En unos casos es mucho y, en otros, poco. Sin embargo, el Sembrador-Dios nunca se cansa de sembrar ni quiera cansarse nunca. 

Pero también la fe es algo muy pequeño. Cuando se siembra en la mies del Señor es poca cosa porque queda en nada si no es aceptada por quien la recibe. Sin embargo, si quien la recibe la recibe bien y la riega con la savia buena y gozosa de la Palabra de Dios, consigue que la misma crezca. 

¿Hasta dónde puede crecer la fe? 

Jesús lo explica utilizando el símil de la semilla de mostaza. Es poca cosa pero, de fructificar bien, puede llegar a transformarse en un arbusto grande donde hasta las aves pueden anidar. De algo pequeño deviene algo mucho más grande, en proporción muchísimo, a lo que era. 

Lo mismo pasa con la fe: es poco si lo comparamos con otras realidades que tiene el ser humano. Sin embargo, la misma supone mucho para quien la recibe. Si la cuida, la alimenta y la hace crecer, por fuerza dará muy buenos frutos de misericordia, amor y entrega a Dios y al prójimo

Y es que la fe, que quien la recibe puede parecer poca cosa (no se puede tocar, pesar ni medir con medidas materiales) supone la salvación de quien la recibe y la hace crecer. Así se sencillo es lo que aquí dice Jesús y así de profundo. 

 

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren recibir la semilla de la fe. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que huyen de la siembra de Dios. 

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN 

Padre Dios; ayúdanos a recibir con gozo la semilla profunda de la fe. 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos. 

Panecillo de hoy: 

Palabra de Dios; la Palabra 

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.  

10.06.21

Una ventana a la Tierra Media – Un relato-regalo

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Es más que sabido y conocido que J.R.R. Tolkien, además de escribir la mar de bien y dejarnos unas obras literarias verdaderamente fantásticas (en el más amplio de los sentidos) ha sido como aquella parábola llamada “Del sembrador” que recoge el caso de alguien que, ejerciendo la labor de quien siembra obtiene, cuando eso llega, un fruto que puede ser mayor o menor según sea, por decirlo así, la calidad de la tierra donde haya caído la semilla. 

Queremos decir con esto que nuestro autor ha echado, a lo largo de los decenios desde que sus primeras obras vieron la luz, muchas semillas en la tierra, que es el corazón de sus lectores. Y es cierto y verdad que en algunos casos ha dado mucho fruto la cosa y, en otros casos, no tanto pues, como dice el dicho, “de todo hay en la viña del Señor” y, al fin y al cabo, cada uno hace lo que puede y ahí está el caso del que esto escribe para demostrarlo… 

Todo esto sirva de introducción para decir que les voy a poner aquí un relato de los que conformarán, si Eru quiere, un libro con algunos de ellos como el que hoy traemos aquí. Es un regalo pues así lo doy. Y, aún sabiendo que la calidad del mismo va a distar mucho de lo que muchos lectores del mismo son capaces de hacer y hacen… en fin, como que quiero compartir con los amables y pacientes lectores esto.

 

Se titula “Una conversación inesperada”

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8.06.21

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro” – Cristo Médico – 4

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Con la ayuda de Dios vamos a dar cabida en este blog y, en concreto, en el lugar donde le corresponde que no es otro que el que se refiere al #beatoLolo, lo mismo que hicimos en lo referido a Lolo, periodista, a lo refiere el capítulo de su “Mesa redonda con Dios” de título “El Médico”. 

Y no, no se trata de que en sus ratos libres Lolo fuera médico sino que el susodicho capítulo viene referido a Jesucristo como Médico, donde el alma tanto va a tener que ver. 

Cristo Médico – 4

 

“Casi apenas puedo hablar de otro modo que con la palabra ‘gracias’ 

Gracias por haberme remontado hasta ese misterio clave del cristianismo que es la Resurrección. 

Gracias por dejarme sentir tu emoción de cuando trabajabas el barro al recibir a las criaturas que nacen y por acusar, en el primer llanto de un niño, la trascendencia del dolor, inocente y santo, y, en la sonrisa de una mujer, la grandeza de la maternidad; por confiarme al hombre de por vida y estar, a su vez, en la frontera de los nacidos, rozándote temblorosamente en el misterio de la muerte. 

Gracias por tu llamamiento a la generosidad, por la hermosura de dar y dar siempre, sin la esclavitud de sólo recibir; por tu fe en mi concepto de la dignidad de los hombres, facultándome para hacer y deshacer con la vida y las potencias.” (Mesa redonda con Dios, pp. 77-78)

   

Sí, reconocemos que el texto, a lo mejor, es un poco extenso, pero no queríamos dejar nada en el tintero, como se dice, para otra ocasión. Y es que, además, Lolo nunca cansa sino que, en todo caso, llena y regocija. 

Bueno, pues una vez sentada esta “general de la ley”, vayamos con el texto de hoy. 

Está más que bien dar las gracias pues es bastante mejor ser agradecido que no egoísta. Y en esto, al Beato Manuel Lozano Garrido (Linares, Jaén, España) no hay quien le gane.

Todo lo que nos dice Lolo en este texto de su “Mesa redonda con Dios” tiene que ver con aquello que supone, al fin y al cabo, el bien del hombre. Y por eso habla de la Resurrección porque la misma es un misterio con el cual se nos ganó la vida eterna por parte de Aquel que sufrió para que eso pudiera pasar. 

Pero es que nuestro amigo agradece también el poder sentir aquello que constituye el ser humano en sí, su naturaleza como hijo de Dios y todo lo que supone serlo. Y agradece a Dios, a Jesucristo como Médico, que pueda sentir también la cercanía del dolor para comprender el de su prójimo, todo aquello que supone reconocerse en el mundo lo mismo que cuando se viene el mismo y, claro, lo que ha de suponer irse a ser juzgado por el Tribunal de Dios. 

Todo lo que Lolo agradece tiene su sustancia espiritual en creer que lo que existe fue creado por Dios y que todo tiene relación con cualquier ser humano, con cualquier hombre. Y por eso ha de agradecer ser generoso. 

Ya podemos imaginar que la generosidad en una persona como Manuel Lozano Garrido roza lo milagroso, digamos, común. Es decir, que para él serlo es de lo más ordinario pero para los demás, que vemos como se dio al prójimo, nos queda en el corazón algo así que se trata de la obra de un gigante de la fe que es desmedido, que no tiene medida alguna, en cuanto al amor. Y así actúa y hace. 

Lolo agradece, por tanto, la generosidad. Y lo hace porque estamos seguros de que prefiera dar que recibir. Y no es que no acepte lo que se pueda dar, espiritualmente hablando sino que goza mucho y más con darse a los demás. Y es que nunca se le ha olvidado eso de amar “al prójimo como a ti mismo”. 

Y sí, Dios da al hombre la posibilidad, como dice Lolo. De “hacer y deshacer con la vida y las potencias”. Y eso es lo que hace nuestro buen amigo del alma: más hace que deshace, más da fruto que lo esconde.

 

     

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.