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26.08.24

Amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – Preocuparse por el alma, por nuestra alma

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

Presentación 

Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Frases que bien valen la pena – Preocuparse por el alma, por nuestra alma

“Se muere en el cuerpo, pero donde se pone a agonizar verdaderamente, con la preocupación, es en el alma, que, realmente, nunca muere.” (Beato Lolo, de su libro Las estrellas se ven de noche)

Hace poco escribíamos aquí mismo acerca de otro texto de Manuel Lozano Garrido. Y decíamos que, en realidad, no somos sólo cuerpo. Pues bien, el texto que hemos traído aquí mismo confirma a la perfección esto del alma que, como pasa con otras muchas realidades espirituales, no siempre se tiene en cuenta con los nigérrimos resultados que eso supone en nosotros…

A nadie le cabe la menor duda de que, cuando Dios quiera, el cuerpo en el que se sustenta su vida, dejará de existir, se parará el corazón y, en fin, tendrá que decirle adiós a este valle de lágrimas en que vivimos. 

Ciertamente, bien dice el Beato de Linares (Jaén, España) que se “muere el cuerpo”. Y es que, como a continuación apunta lo que vive luego de su muerte no es, precisamente, el mismo cuerpo (para eso habrá que esperar a la resurrección de los muertos) sino que es el otro componente vital del ser humano creado por Dios a su imagen y semejanza: el alma. 

Afirmar que lo que se muere en nosotros es el cuerpo y no el alma supone tener muy claros los conceptos y realidades de nuestra fe católica. Es decir, se conoce bien que somos cuerpo y somos alma y, por eso mismo, se conoce también qué pasara con la segunda cuando el segundo deje de existir. 

Tenemos muy claro que, por lo expresado aquí por Lolo, hay que tener muy en cuenta a nuestra alma. Y es por lo que sigue. 

Si Lolo dijera que tenemos alma no tendríamos nada que añadir y, además, le podríamos decir que es una verdad de Perogrullo, que todo creyente lo sabe, etc. Pero es que nuestro amigo aquí mismo dice algo más que debemos tener en cuenta. 

Lolo dice que el alma nunca muere. Y es verdad. Pero también dice que si bien el cuerpo deja de existir en un momento determinado, lo que agoniza, en lo que se agoniza es, claro, en el alma, puesto que sobre el cuerpo nada se puede dejar caer cuando deja de ser lo que era. 

Cuando dice Manuel Lozano Garrido sostiene esto es que nos quiere decir algo…

Al respecto del alma, bien sabemos la importancia de su blancura o, también, de la limpieza que ha de manifestar la misma. Es decir, que tenemos claro que la misma no ha de estar manchada cuando llegue el momento de nuestro Juicio particular que, es seguro, llegará en el mismo momento de nuestra muerte física. 

Agonizar y preocupación son dos términos que van unidos de la mano. Y es que, en realidad, sabemos que, como somos así, es más que probable que nuestra alma no esté limpia del todo e, incluso, que presente más manchas negras que un mono de un mecánico…

Nosotros, por eso mismo, estamos (deberíamos estar por la cuenta que nos trae) muy preocupados por el destino de nuestra alma. Y lo estamos porque agonizamos sólo de pensar cuál será el mismo si aquella está, digamos, sucia y bien sucia. Y su suciedad no procede, así, del mundo ni nada por el estilo o, lo que es lo mismo, no nos la imputa nada ni nada salvo nosotros mismos que, por nuestros pecados, tenemos a la misma, casi, hecha una piltrafa espiritual…

Muy bien sabe Lolo que el alma debería ser el destino predilecto para nuestros actos y en los mismos. Y por eso nos pone sobre la pista de qué es lo que, de verdad, debe importarnos porque el cuerpo fue polvo y al polvo volverá…



Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.


Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (80)

“Cada segundo de la vida humana supone un milagro, muchos milagros”

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

25.08.24

La Palabra del Domingo- Domingo, 25 de agosto de 2024

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Jn 6, 60-69

“60 Muchos de sus discípulos, al oírle, dijeron: ‘Es duro este lenguaje. ¿Quién puede escucharlo?’ 61 Pero sabiendo Jesús en su interior que sus discípulos murmuraban por esto, les dijo: ‘¿Esto os escandaliza? 62 ¿Y cuándo veáis al Hijo del hombre subir adonde estaba antes?…63 ‘El espíritu es el que da vida;   la carne no sirve para nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida.64 ‘Pero hay entre vosotros algunos que no creen.’ Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían y quién era el que lo iba a entregar. 65 Y decía: ‘Por esto os he dicho que nadie puede venir a mí si no se lo concede el Padre.’ 66 Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban con él. 67 Jesús dijo entonces a los Doce: ‘¿También vosotros queréis marcharos?’ 68 Le respondió Simón Pedro: ‘Señor, ¿Dónde quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna, 69 y nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo de Dios.’”

  

COMENTARIO

Algunos sí comprendieron

Después de, en dos ocasiones, haber tratado, Jesús, de que los que lo oían comprendiesen qué era eso de su cuerpo y su sangre, qué suponía la vida eterna que tendría quien creyese en Él, tenía que producirse, como no podía ser de otra forma, el desenlace de esa conversación.

Podemos imaginarnos al Maestro sentado, en apacible charla con sus discípulos y otros más que podían acompañarle. Vemos a Jesús rodeado de muchas personas que oían su mensaje, y pensemos, por un momento, que estamos entre ellos para, así, tratar de comprender mejor lo que decía. Es recomendación de San Josemaría procurar un acercamiento así a la Sagrada Escritura porque nos da una perspectiva propia que nos puede venir más que bien.

Muchos de nosotros se han escandalizado. Eso de la sangre y el cuerpo del Maestro les parece de un extremismo exacerbado. ¿Cómo vamos a comer su cuerpo y a beber su sangre? No entienden nada y lo que creen entender no les gusta. Han oído de pueblos que se comen unos a otros, de esos salvajes, que por suerte viven lejos, que están alejados de nuestro Dios y de las prácticas que, con relación a Adonai, realizamos en el templo en las fiestas anuales. Y dudan por esto mucho, tanto que van a decidir abandonar a Jesús, a no seguirle más, por lo que pueda pasar…

Esto que acabamos de escribir bien podría ser el pensamiento de muchos de los que oían a Jesús, muchos de los que, pegados al mundo, les imposibilitaba el captar la verdad de lo que estaban oyendo. Seguramente no es que no quisieran sino que, para su desgracia, no podían.

Y Jesús habla de la diferencia que hay entre el espíritu y la carne. Que la carne se acaba corrompiendo es conocido por todos. Por lo tanto, el espíritu, esa sustancia inmaterial de la que todos estamos constituidos, era lo que permanecía en la vida eterna. Y su Palabra, la que les había dicho y la que, aún, les diría, era ese Espíritu (pues Él también era Espíritu Santo) que les permitiría alcanzar la plenitud de su verdadera vida.

EVANGELIO DE HOY San Juan 6,60-69 - ReL

Sin embargo Jesús, conocedor de todo, también sabía que muchos dudaban. Así, y por eso mismo, ya conocía la reacción que muchos iban a tener, que muchos dudarían y que, muchos también, le abandonarían. Por eso les plantea, a los Doce, una pregunta crucial para el resto de sus vidas. Su pregunta iba dirigida a Simón Pedro, esa piedra sobre la que quería edificar su Iglesia que llegaría hasta hoy mismo y que nadie podrá destruir jamás. 

Por esta vez aquel que se dormiría en Gethsemaní, aquel que le negaría, por tres veces, en la noche de su Pasión, acierta con la respuesta y, dada la dureza de su personalidad, bien podemos pensar que fue inspirada por el Espíritu Santo por lo acertado de la misma. Lo hace de tres formas, o con tres afirmaciones muy importantes: no tendrían dónde ir, en primer lugar, pues junto a Él habían conocido la verdadera vida; en segundo lugar, han llegado a la conclusión de que Jesús habla en sentido de vida eterna y eso ya era más que suficiente, sobre todo en esta conversión del cuerpo y la sangre que tenían que entender y que les era tan, tan, tan, difícil; y, en tercer lugar, ellos creen y saben que Jesús es el Santo de Dios. Esto es, creo yo, muy importante. Vamos a ver la razón de esto.

Ellos que creen, por lo tanto, han llegado a la conclusión de que Jesús es quien dice que es, aunque muchos no lo crean; y después saben, por lo que han visto, que sólo el Santo de Dios puede hablar como Él habla y hacer lo que hace. Por eso manifiestan esa seguridad, por eso no pueden ir a ninguna parte que no sea con Él. Al parecer, de principio, lo tenían bastante claro, teniendo en cuenta las limitaciones que podían tener como hombres doctos.

Y, ahora, podríamos preguntar: ¿qué pensamos nosotros al respecto?, ¿también tenemos el convencimiento de que Jesús trae Palabras de vida eterna? Seamos, pues, consecuentes con ello pues, sus discípulos sí lo fueron aunque pudiera costarles mucho más que a nosotros que tanto sabemos sobre aquello…

 

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no creen en la vida eterna.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por todos aquellos que no tienen esperanza en Cristo.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener esperanza en la vida eterna que trajo al mundo Jesucristo.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.  

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Entender y comprender las palabras de Cristo es lo más importante en nuestra vida de hijos de Dios.

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Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

19.08.24

Un amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – No somos sólo cuerpo

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

Presentación 

Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual. 

 

Frases que bien valen la pena – No somos sólo cuerpo

  

“La grandeza de la perfección está, precisamente, en ir superando día a día estos matices negativos, contando con los consiguientes retrocesos y con el trabajo íntimo de lo sobrenatural”. (Beato Lolo, de su libro El sillón de ruedas)

 

Sabemos que Cristo, en un momento determinado, nos dijo que deberíamos ser perfectos como lo era Su Padre del Cielo (Mt 5, 48) 

También sabemos que eso no siempre es posible porque, en primer lugar, a los hijos de Dios gusta mucho el libre albedrío (que, en sí mismo, está muy bien y es un don muy grande de parte del Todopoderoso) y, en fin, porque somos como somos… 

De todas formas, como nos dice aquí mismo Lolo, la perfección es algo grande que nunca deberíamos tomar por algo imposible porque tenemos el ejemplo de Quien sí fue perfecto y acabó muriendo en una Cruz, precisamente, para salvarnos. 

Sí, ser perfectos debe ser de lo mejor que le puede suceder a un creyente y por eso resulta ser algo inmenso y a tener en cuenta. Pero, ¿Cómo podemos serlo o, mejor, cómo podemos alcanzarla? 

Como pueden ver ustedes aquí utilizamos “debe ser” porque, evidentemente, quien esto escribe (y suponemos que muchos que esto lean) dista mucho de ser perfecto sino todo lo imperfecto que se puede llega a ser… Y es que la perfección es un ansia, algo a lo que aspiramos o, al menos, debemos aspirar. 

Bien. 

Preguntamos arriba cómo podemos ser perfectos o, al menos, ponernos en el camino de serlo. Y, sobre esto, el Beato de Linares (Jaén, España) nos dice algo que, viniendo de quien viene, debe ser tenido en cuenta.

No resulta, de todas formas, tan difícil esto porque lo pone aquí Manuel Lozano Garrido con una claridad meridiana: debemos superar aquello que, de negativo podamos tener o, lo que es lo mismo, lo que hacemos mal o rematadamente mal (las más de las veces) tratar de corregirlo. 

Podemos, por ejemplo, ir podando de nosotros aquello que nos sobra por ser excesivo en nuestro comportamiento (por ejemplo la soberbia) e ir sanando nuestro corazón. Pero también podemos ir aumentando aquello a lo que no llegamos como, por ejemplo, el amor por el prójimo e ir agrando, así, nuestro corazón. Y es seguro que aquí esté leyendo esto se le ocurren más circunstancias que añadir a estas dos… 

¿Ha de resultar esto fácil? 

No, es seguro que será algo más que difícil por nuestra forma de ser particular porque, no debemos olvidar, que si ya nacemos empecatados las caídas que vamos sumando a lo largo de la vida son… en fin… las muchas que son. 

Hay, por tanto retrocesos en nuestro proceso de perfeccionamiento (en caso, por supuesto, de que seamos conscientes de que lo necesitamos y estemos en ello…) pero no por eso debemos tirar la toalla como los boxeadores que lo ven todo perdido. Y es que nosotros podemos ser noqueados por nuestros pecados pero tan cierto es como que Dios existe que somos capaces de levantarnos y volver a echar a andar en pos del definitivo Reino de Dios llamado Cielo. 

¿Cómo es eso? 

Lolo lo dice bien claro: contamos con “el trabajo íntimo de lo sobrenatural”. 

Esto, a lo mejor, le puede sonar raro a quien no tenga la fe que nosotros decimos tener. Y es que hay quien cree que se basta a sí mismo para salir siempre adelante. Y bien sabemos que eso no es posible porque, como titulamos aquí, nosotros no somos sólo cuerpo. 

No. Nosotros no somos sólo cuerpo sino que, además, somos alma o, mejor, tenemos alma y, por tanto, el mundo sobrenatural nos debería ser muy familiar. 

Nosotros tenemos, por ejemplo, la oración,  la oración que es algo tan sobrenatural que le llega a Dios mismo. 

Nosotros tenemos, por ejemplo, los sacrificios ofrecidos por santas intenciones que estamos seguros también llegan al corazón de Dios. 

Nosotros tenemos a los santos que en el Cielo están y tenemos la comunión que tenemos con ellos y con los que, en el mundo, son conscientes de que somos mucho más que cuerpo… 

Pero, sobre todo, nosotros somos conscientes de que en el mundo no caminamos solos sino que somos acompañados siempre por Aquel que no quiso perder a ninguno de los que Dios le había entregado cuando fue enviado al mundo para que el mundo se salvase. 

El trabajo íntimo de lo sobrenatural”. Eso es lo que dice Manuel Lozano Garrido. Y lo dice porque bien sabía él lo mucho que estaba trabajando lo sobrenatural de su existencia.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

 

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (79)

 

“Hijo de Dios es un título que, lógicamente, debe costar más hacerse que de una entrada de fútbol”

 

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

18.08.24

La Palabra del Domingo. Domingo, 18 de agosto de 2024

Resultado de imagen de SAnta BibliaJn 6, 51-58
  


“’51 Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivirá para siempre;  y el pan que yo le voy a dar,  es mi carne por la vida del mundo.’ 52 Discutían entre sí los judíos y decían: ‘¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?’ 53 Jesús les dijo: ‘En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre,  no tenéis vida en vosotros. 54 El que come mi carne y bebe mi sangre,   tiene vida eterna, y yo le resucitaré el último día. 55 Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. 56 El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. 57 Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, también el que me coma vivirá por mí. 58 Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron vuestros padres, y murieron; el que coma este pan vivirá para siempre.’”  


 
COMENTARIO

Verdadero pan para la verdadera vida
 

Continuó Jesús con su promesa escatológica. Muchas veces vemos que el Mesías insiste en determinadas cosas para que fuesen comprendidas; muchas veces el Enviado ilumina la vida de sus contemporáneos diciendo lo mismo repetidamente porque sabía y conocía la dificultad que tenían de comprender su doctrina y el mensaje que traía de parte de Dios. Y es que, en realidad, no era fácil ni la primera ni lo segundo. 

Esto viene, por eso mismo, a concretar lo dicho sobre el pan vivo en un momento inmediatamente anterior. 

Se refiere, Jesús, a su cuerpo, que lo va a entregar para la salvación de todos. Por eso dice el pan que “yo le voy a dar”; y ese pan, que será transubstanciado a partir, y en, la Eucaristía, es la causa necesaria de nuestra fe. 

Sin embargo, muchos de los que escuchaban no entendían y, llevados por el concepto del mundo que tenían, se dejaban llevar por su mundanidad y sentían repugnancia por aquello de comer su carne. Aún, para ellos, no había llegado el momento de la comprensión. Como para muchos, hoy día. 

La vida, la verdadera, la que Él trae, requiere, para tenerla, la aceptación de eso que dice Jesús, aún sin entenderlo (hay que reconocer que eso es difícil) y así, “si coméis”, o sea, si queréis creer en lo que digo, entonces, comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre (entendamos esto como hay que entenderlo, claro) pues entonces no es que vayamos, en un futuro, a tener la vida eterna, que también, sino que ya, ahora, desde este momento, ya la tenemos. 

Oración del jueves: “Yo soy el Pan vivo que ha bajado del Cielo” | MVC

Resulta evidente que esto, la posesión de esa vida desde el mismo instante que comemos una cosa y la otra, es una aportación de esperanza y de amor por parte del Mesías que nos permite, si queremos, si queremos y voluntariamente así lo manifestamos, optar por este lado del Reino de Dios en el que podemos sentir que ya vivimos. Esto no es, si lo pensamos bien, cosa baladí o de poca importancia sino, justamente, lo contrario.

Para afirmar esto, para confirmarlo y dar razón, si es que fuera necesario, Jesús les dice que ese comer y ese beber contribuirá a una permanencia mutua. Jesús permanecerá en el que lo hace y, a su vez, el que lo hace permanecerá en Jesús. Y esto es de vital importancia para cimentar un sentido de pertenencia de cada cual con Dios. 

La promesa queda garantizada por este comer y este beber. Bien dice Jesús que el que le coma y le beba vivirá por Él, pues si su Padre vive en Él, y su vida es, ya, eterna, para siempre, de tiempo infinito, también el permanecer en Cristo, ese vivir, se hará eterno pues eterna es la vida del Hijo de Dios. 

Vemos, pues, que este texto de Juan, tan cercano a nosotros y tan profundo, como todo lo de este evangelista que es, a la vez, tan dulce y tan nuestro, dice muchas cosas: que Jesús va a dar su vida, que su vida la da por el mundo, para que se salve; que, por eso, y para esa salvación, y por esa entrega que hace de sí, se hace, para quien anhele la vida eterna, manifiesta esa voluntad comiendo su cuerpo y bebiendo su sangre en la Eucaristía (que, ciertamente, aún no ha tenido lugar en su primera vez) Así no se dará el caso de aquellos antepasados de sus contemporáneos que, como ya dijo en otro momento, comieron el pan del cielo y murieron. Ahora, con Él, que es la Vida misma, este caso no se dará. 

Todo lo que sucedió, y sucede, entonces, y cada día, certifica esta Verdad. 

Ahora bien, como hace siempre Jesús, Él propone determinada posibilidad y está de nuestra parte llevarla a cabo, aceptarla, o no. Esto es, siempre, cosa nuestra. 


PRECES

Pidamos a Dios por todos aquellos que no aceptan el pan del Cielo.

Roguemos al Señor.

 
Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren vivir para siempre.


Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

 
Padre Dios; ayúdanos a aceptar el pan que nos ofrece tu corazón.

 
Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

  

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Panecillos de meditación

 

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 
Panecillo de hoy:

 

Vivir para siempre… en realidad, es la esperanza que tenemos que transformar en acto. 

 

Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

 

12.08.24

Amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – A la tentación… ni agua

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

Presentación

Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Frases que bien valen la pena – A la tentación… ni agua


“A la tentación sólo cabe darle la cara desde un equilibrio fiel de nuestra naturaleza, con la razón y el conocimiento como vigías, con el instinto y los sentidos encasillados dentro de sus limitaciones, pero ¿nos aceptaría ella comerciar así?” (Beato Lolo, de su libro Dios habla todos los días)

Me parece recordar que es San Josemaría quien dice que con la tentación no hay, siquiera, que dialogar, a saber:

“No dialogues con la tentación. Déjame que te lo repita: ten la valentía de huir; y la reciedumbre de no manosear tu debilidad, pensando hasta dónde podrías llegar. ¡Corta, sin concesiones!" (Surco, 137)

Y eso es lo que nos dice Lolo aquí mismo en cuanto al resultado de tal encaramiento: no caer en ella. 

Es cierto y verdad que muchas veces estamos sometidos a tentaciones y que no siempre somos capaces de evitarlas o, sencillamente, de caer en ellas. Y podemos suponer que Manuel Lozano Garrido se vio sometido también a tal tipo de “presiones” espirituales que lo podían haber hecho caer… 

Decimos arriba que San Josemaría tenía muy claro que con la tentación no hay nada que hablar. Pero Lolo, consciente de cómo somos nosotros plantea la cosa desde el punto de vista de sí, ahí tenemos la tentación y, al parecer, no somos capaces de no entablar “conversación” con ella. ¿Entonces… qué? 

Como es de esperar, el Beato de Linares pone sobre la mesa una forma de hacer las cosas en el caso de ser tentados. Y no podemos decir que se nos pida poco..

Bien.

Vemos que Lolo nos propone, ante la tentación, esto que sigue y que entiende él que es la única forma de hacer las cosas en esto:

 

- Debemos mantenernos equilibrados en cuanto a lo que somos: fieles hijos de Dios.  

- Debemos hacer uso de esos bienes que Dios nos entregó como son la razón y el conocimiento.  

- Debemos tener en cuenta que nuestros cinco sentidos han de tener unas lógicas limitaciones…

 

Es cierto y verdad que según nos aconseja nuestro hermano Manuel la cosa no resulta tan fácil como podría parecernos. Y es que, conociendo como conocía el ser de sus hermanos, las propuestas que nos ofrece Lolo han de ser tenidas en cuenta según un corazón fiel y un alma limpia pues, de otra manera, poco efecto van a tener de cara a enfrentar con la correspondiente lucha interior a la tentación.  

En cuanto a lo primero… ¿Cuántas veces no descuidamos nuestra necesaria filiación divina y nos vamos por otros derroteros? 

En cuanto a los segundo… ¿En cuántas ocasiones a la razón la dejamos de lado y del conocimiento que tenemos de la Ley de Dios no queremos saber nada? 

Y, ya, por fin, ¿Cuántas veces damos rienda suelta a nuestros sentidos…?

Podemos darnos cuenta de que lo que Lolo nos aporta en cuanto a la lucha contra la tentación es, sí, difícil de llevar a cabo porque muchas veces somos necios y no queremos hacer lo que deberíamos hacer bien por comodidad o por simple ignorancia. El caso es que nuestro amigo Manuel Lozano Garrido sabía muy bien lo que nos haría, valga la redundancia, bien en nuestro devenir espiritual y no nos haría caer en la tentación como, por cierto, tantas veces decimos en el Padre Nuestro porque otras tantas veces estamos sometidos a ellas…

En todo caso, aquí, como decimos en el título de estas letras, a la tentación no hay que darle ni agua porque ya no es que sea enemiga nuestra sino que es, en mala cosa, mucho peor que eso porque nos puede perder para siempre.  

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.


Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (78)

“Si con todas las cosas que ocurren hacemos como son las calcomanías, despegarlas inmediatamente, siempre encontraréis en todo la idéntica figura de un Padre. ”

 

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.