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28.10.24

Un amigo de Lolo- Frases que bien valen la pena – A la tentación ni agua del alma

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

Presentación

Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.


El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.


Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Frases que bien valen la pena – A la tentación ni agua del alma

La tentación es como los milagros que el mal se permite; pero el barro no puede dar sino una gloria de fango.” (Beato Lolo, de su libro Dios habla todos los días)

Cuando nuestro amigo Manuel Lozano Garrido nos habla de la tentación es hasta posible que creamos que eso es un tema más que sabido y que, por ejemplo, al Hijo de Dios lo tentó Satanás en el desierto y que de eso ya está todo dicho. Y, sin embargo, vemos que no… que sobre la tentación es casi seguro que aún haya mucho que decir. 

Sabemos, por otra parte, lo que supone que seamos tentados. Y por eso le pedimos a Dios en el Padre Nuestro que no nos deje caer en la tentación. y eso ha de querer decir que nosotros saldremos vencedores de la tentación si no caemos en ella pero no quiere decir, por supuesto, que no la vaya a haber e incluso que no seamos nosotros mismos quienes la elaboremos para nuestro corazón…

Sobre la tentación podemos decir que es hasta posible que creamos que no es cosa tan grave porque, al fin y al cabo, es posible que cayendo en ella alcancemos algo que no está tan mal. Y eso, que es argumento más que sencillo, es también un agarradero tipo excusa que a veces nos mantiene muy bien. 

Ya hemos dicho en otra ocasión (y seguramente más veces) que San Josemaría dejó dicho que con la tentación ni siquiera hay que conversar porque de hacerlo es posible que caigamos en ella pues es, ciertamente, lo que busca Satanás o alguno de sus siervos.

Lolo también nos habla de la tentación pero nos dice algo que puede quizá sorprendernos. Y es que, según el Beato de Linares (Jaén, España) es algo así como un milagro que el “mal se permite". Y no podemos negar que esta expresión es verdaderamente curiosa. 

El mal no es ni poco conocido para nosotros ni algo inconsistente sino justamente lo contrario en los dos aspectos citados: lo conocemos muy bien y tiene una fuerza, tal fuerza, que muchas veces no podemos torcerle el brazo sino que nos rompe el nuestro…

Un milagro es algo que también llamamos extraordinario porque se sale de lo normal. Así, cuando Jesucristo multiplicaba panes y peces o resucitaba a un muerto no podemos decir que eso fuera algo que hiciera cualquiera sino que sólo era posible en manos del Hijo de Dios que, como Dios mismo hecho hombre todo lo podía. Era, todo, “extraordinem” porque iba más allá de lo que cualquiera podía hacer. Pues eso mismo dice Manuel Lozano Garrido que puede pasar con la tentación. 

El mal puede llegar a conseguir algo extraordinario como es vencer a quien quiere vencer. Y eso, para quien está convencido de que no debe dejarse vencer es algo que no es normal. Y eso es el “milagro” que la tentación se permite. 

El caso es que la tentación, si caemos en ella, no nos da nada bueno en el fondo. Vamos, ni en el fondo ni en la superficie porque lo único que con tal “barro” (digamos también “fango") obtenemos es una suciedad para el alma que a veces puede resultar muy difícil de limpiar.  Por eso habla Lolo de la “gloria de fango” que en el fondo es dejarse vencer por la tentación. Y es que de tal tipo de barro nada bueno puede salir y, mucho menos, algo que podamos aprovechar espiritualmente. Y por eso a la tentación no debemos darle ni una gota de agua del alma, no dar ocasión a que nos venza. Y eso, Lolo, bien que lo sabía. 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (88)

Dios maneja los hilos de la Historia y ni un acontecimiento está pensado para la ruina y desolación de los hombres.”

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

27.10.24

La Palabra del domingo - 27 de octubre de 2024

Resultado de imagen de SAnta Biblia

Mc 10, 46-52

 
“46 Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: ‘¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!’ 48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: ‘¡Hijo de David, ten compasión de mí!’ 49 Jesús se detuvo y dijo: ‘Llamadle.’ Llaman al ciego, diciéndole: ‘¡Animo, levántate! Te llama.’ 50 Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús. 51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: ‘¿Qué quieres que te haga?’ El ciego le dijo: ‘Rabbuní, ¡que vea!’ 52 Jesús le dijo: ‘Vete, tu fe te ha salvado.’ Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.”


COMENTARIO

Ut videam! (¡Que vea!)

Bartimeo es un hombre pobre. Ejemplo de la exclusión que suponía, para la sociedad de la época, no ser válido (y no sólo físicamente, pues recordemos la consideración que se tenía del niño y de la mujer) es que había devenido mendigo: un mendigo ciego. No sabemos si era mendigo por ser ciego  o lo era por otra causa, pero, teniendo en cuenta los muchos casos en que en la Escritura se dan casos similares, fácil es pensar que, en esto, sus contemporáneos tampoco habían seguido la Ley de Dios, la de la misericordia. Porque, además, estaba sentado fuera de la ciudad (‘salía de Jericó”, dice el texto), como si estuviera excluido, por si no fuera poco su situación. Por eso su situación era tan especial y tan necesitada de un auxilio grande, más que notable y voluntario de parte de quien quisiera ayudarle.

Jesús, da la impresión, que por Jericó sólo pasa de largo, sin quedarse para nada. Marcos dice que llegaron y ya salían. Sin embargo no perdía, puedo decir, “ripio” de lo que pasaba a su alrededor. Es fácil imaginar que el gentío que lo acompañaba sería bastante tumultuoso y ruidoso. Pero Bartimeo, como aquella semilla que está, porque crece, en el borde del camino, espera que el agua viva caiga sobre él o, al menos, le escuche. Espera, por decirlo pronto, alguna esperanza que le saque de su postrada situación. Por eso se ve en la obligación de alzar la voz, de levantar, por encima de aquella gente, su grito de desesperación que busca lo contrario de lo que lo ampara, ahora. Tiene ansias de conocer a quien pasa. Es posible que sepa de quien se trata (pensemos en alguien que le hubiera dicho, a aquel ciego, que venía Jesús por el camino) y, está seguro, sólo Él pueda ayudarle.

En Bartimeo se reconoce a aquel que, persistente, desea, con fe, alguna cosa que, para él, es muy importante. Pero no sólo lo es para su persona sino que va más allá. Ese “que vea”, esa necesidad de desprenderse de ese velo que lo separa del mundo que le rodea, bien podemos aplicarlo a nosotros: También debemos querer ver, con los ojos de la fe, aquello que nos rodea para, así, hacer cambiar nuestra vida si sigue un camino equivocado. Y si es posible, hacerlo con tanta insistencia como este ciego Bartimeo.

XXX Domingo del Tiempo Ordinario

Es más, el hijo de Timeo, tira aquello que, seguramente, es lo único que tiene: “su manto”, aquello que lo cubre de las inclemencias del tiempo, aquello que va a quedar viejo, que ya no necesita porque algo bueno le espera. Deja atrás lo que fue para ser otro hombre, curado, con posibilidad de ver y de mirar.

Pero Bartimeo no se limita a pedir lo que hubiera sido perfectamente comprensible. Con su fe, que Jesús reconoce, pide al maestro que tenga piedad, misericordia. Esto, como no puede ser de otra forma, ejerce un efecto inmediato en Jesús que, al ver a Bartimeo, sabiendo quiera era, pues conoce su fe (como haría con los amigos del paralítico que bajan, a través del techo, hasta donde se encuentra predicando, para que lo cure) y, a pesar de esto, insiste en preguntarle que qué es lo que quería. Sin duda lo que pretendía Jesús es que el propio Bartimeo manifestara esa voluntad que se apoyaba en su fe. Porque el Mesías siempre espera que se le pida (actitud de oración tan necesaria…) y, con esto, reconoce lo que ya sabía y que confirma. Aquel ciego merecía verdaderamente lo que pedía.

Así
Jesús, como tantas veces, como tantas otras veces, procede a curar la enfermedad de aquella persona, a devolverlo a la vida común entre sus contemporáneos, a salvarlo para la vida civil de la que era, seguro, un excluido. Por eso le manda que se vaya, a vivir, ahora que puede. Pero esa curación, esa sanción, tiene un fundamento que ha de ser superior al mismo fundamento que origina tal acto. No lo hace, ese milagro, porque el ciego le hubiera caído especialmente bien, que también, sino porque demostró, ha demostrado, la fe suficiente como para que el Mesías le ayude. No es que no lo hubiera hecho igual si esa era su voluntad, sino que insiste en que ha sido la fe la que le ha salvado.

Este es un mensaje claro para nosotros. Lo que nos salva, la fe. Con la fe podemos encarar los problemas, aun los más graves, de nuestra vida. Pero como Bartimeo, no basta con reconocer el bien que nos haya hecho Dios sino que acto seguido, sin solución de continuidad, hay que seguir a Jesús, reconocer en Dios a nuestro Padre, no dejar caer en saco roto lo hecho sino saber cuál es la primera razón, la causa, de que eso se haya producido. Fe, pues; obras, también.

No seamos, pues, ciegos voluntarios, sino, al contrario, pretendamos, al menos, sanar nuestra vida con una visión y fe de Dios que, verdaderamente, nos ayude.

PRECES
 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren dejarse iluminar por Cristo.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por todos aquellos que no buscan a Cristo.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a aceptar la luz que tu Hijo trajo al mundo para que el mundo se salvase.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 
El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

No deberíamos ser ciegos tantas veces porque es cierto que lo somos… voluntarios.

Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

21.10.24

Un amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – Algo más que una frase, una oración

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

Presentación 

Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.

El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Frases que bien valen la pena – Algo más que una frase, una oración

Oración para saber sufrir solo


Señor: Me pregunto si es posible un dolor con escafandra, que abarquille sus tentáculos sobre un corazón mientras los mismos labios dan a partir, sencillamente, el precio  de una corbata o el calor que se nos echa de pronto. Si sufro, me gustaría oír mi grito caracoleando dentro de una coraza de carne petrificada, revestida de amianto, mientras al otro lado se ríe, se canta y se paladea pura y gozosamente el regalo frondoso de la vida.  (Extraída de “El sillón de ruedas”)



Querer que los demás no sufran con los padecimientos de uno no deja de ser manifestación de amor. El dolor para sí y, en todo caso, compartido con el Amor misericordioso del Padre Dios que consuela a sus hijos y, con más naturalidad, a los que necesitan su auxilio. Y eso es lo que el Beato Lolo (Linares, Jaén, España) manifiesta en la oración que hemos traído hoy a esta casa de InfoCatólica. 


Ciertamente hay muchas formas de sufrir aquello por lo que, de malo, pasamos a lo largo de nuestra vida: la que manifiesta el mismo con altavoz y la que es callada.

La primera de ellas denota que no ha descubierto, quien así padece, que el propio sufrimiento se puede ofrecer por una buena causa. Por ejemplo, por aquellos que, seguramente, sufren más que nosotros, por las benditas almas del Purificatorio que, de seguro, lo están pasando peor que nosotros porque, a sabiendas de que un día verán a Dios Padre no ven el momento en el que eso pase. Es como el dolor de quien sabe que quedará curado pero sufre más por lo que ha de venir que por lo que padece.

La otra forma de sufrir es la propia de un hijo de Dios que sabe que siempre puede apoyarse en su Creador. Es la que nos propone Manuel Lozano Garrido y es la que él quiso practicar a lo largo de sus muchos años de dolor y padecimientos físicos.

Lo llama Lolo “dolor con escafandra” y supone reconocer que, como seres humanos que somos, vamos  a padecer en un momento o en otro, algún tipo de sufrimiento o de dolor. Entonces, en tal momento, debemos hacer lo posible para que nuestro prójimo no añada a sus vivencias particulares y posibles preocupaciones las que corresponden a las nuestras. Hacer, así, como si el dolor fuera cosa exclusivamente nuestra aunque sepamos que también lo es de Dios, que no se aísla de nosotros cuando sufrimos o padecemos. Y es que Dios siempre está ahí. Pero nos gustaría que el mundo continuara con su marcha (de todas formas eso es lo que va a pasar) pero obviando lo que pasa por nosotros.

Pero hay algo más: a la par, a la vez que se sufre y se quiere un dolor particular, sin aspavientos ni transmisiones al prójimo se ha de procurar un hacer con el otro de tal forma que pareciera no se sufre nada. Eso, en verdad, sólo lo consiguen aquellos que han alcanzado tener un corazón limpio y en el que el Creador ha mostrado su espíritu (porque es su templo) que, como Lolo, son capaces de tales heroicidades espirituales. 

Al otro lado del dolor sólo debe pervivir lo que es bello y bueno, lo que hace gozar de la existencia propia de los hijos de Dios que se dejan gobernar por la Ley buena y santa del Padre. Al otro lado del dolor no debe quedar resto alguno de la hiel por la que se esté pasando. Al otro lado, en fin, del sufrimiento, debe quedar sembrada la semilla de la esperanza de la que nazca un mañana donde no habrá dolor y donde todo recuerdo del mismo habrá quedado borrado. Allí, entonces, será el momento de gozar para siempre, siempre, siempre, de la bienaventuranza, de la visión beatífica de Dios Padre Todopoderoso. Y todo lo malo habrá quedado erradicado de nuestra vida. Y sólo habrá gozo y alegría; sólo gozo. 


Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Pidamos a Dios que nuestro dolor sea sólo nuestro y no trascienda al corazón del prójimo. 


Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (87)

Sobre la oscuridad de las tardes nubladas nos consta que el sol existe, y las plantas siguen germinando por su fuerza”

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

20.10.24

La Palabra del domingo - 20 de octubre de 2024

Resultado de imagen de SAnta BibliaMc 10, 35-45

“35 Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: ‘Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos.’ 36 El les dijo: ¿Qué queréis que os conceda?’ 37 Ellos le respondieron: ‘Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda.’ 38 Jesús les dijo: ‘No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?’ 39 Ellos le dijeron: ‘Sí, podemos.» Jesús les dijo: ‘La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; 40 pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado.’ 41 Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan.42 Jesús, llamándoles, les dice: ‘Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores  absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. 43 Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, 45 que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.’”

        

COMENTARIO

Servir como Cristo sirvió… ¡Como Cristo!
 
Santiago y Juan, haciendo honor al mote con el que Jesús los nombraba, hijos del trueno (Boanerges), actúan de esa forma arrebatada que les caracterizaba y les diferenciaba de los otros Apóstoles. Eran hombres, y como tal actúan. Tratan de que Jesús les conceda estar a un lado de su persona, uno a la derecha y otro a la izquierda. Querían poder, por decirlo rápidamente. 

También la madre de los Zebedeos diría a Jesús lo mismo pretendiendo ese puesto existencial de verdadera importancia para sus hijos. Actuaba como madre al igual que hacen, ahora, Santiago y Juan. 

Jesús, conociendo la naturaleza humana, les conmina a que contesten sobre lo que son capaces de hacer. Como lo quieren todo, todo lo ofrecen, hasta beber la amargura del cáliz de la pasión que aún no conocen pero que, sin duda, también beberán (al menos uno de ellos en toda su crudeza). Con esto, los apóstoles que ahora desean manifestar su especial relación con el Maestro, afirman esa fidelidad diciendo ese “podemos”. Este acto de fe debería servir de ejemplo para los que nos entendemos o creemos seguidores de Jesús e hijos de Dios porque dicen querer, ignorando su futuro, abandonándose, totalmente, en las manos del Creador. Son, por eso, además de unos hombres que actúan como hombres, unos discípulos que actúan como discípulos. 

Así, Jesús les dice que, efectivamente,
van a sufrir como Él sufrirá y que “recibirán el mismo bautizo que yo”, bautismo que lo será no de agua sino de sangre, la que emanará de su cuerpo en el camino de su calvario. Cada cual tendrá el suyo, Santiago antes que Juan pero, al fin y al cabo, cada cual en su forma. 

Como tantas veces aparece a lo largo de las Escrituras, la figura de Dios, que todo lo preside, es la que, en su persona, da solución a esta situación de anhelo, de parte de Santiago y Juan, y de decir las cosas claras, por parte de Jesús. Es Dios el que decide quien se sienta en qué sitio; eso no corresponde, ni siquiera, a Jesús; es Dios el que, desde la eternidad, eligió a aquellos que se sentarían  a la derecha y a la izquierda de Jesús. Eso ya debía de quedar zanjado y, aunque se produzca una posterior discusión entre estos dos discípulos y el resto, diez, no es menos cierto que lo que vendría después, dicho por Jesús, dejaba las cosas en su verdadero sitio. 

Qué significa el lavatorio de pies?

Lo que verdaderamente hace seguidores de Jesús a los que quieran seguirlo, es el ejercicio de una virtud, el servicio, servir (saber hacerlo), para el cual Él ha venido y de lo cual tantas veces habla. No se puede ni actuar como si el poder que se tiene fuera cosa nuestra (recordemos lo que le diría a Pilato sobre el poder que él creía que tenía, que venía de lo alto) sin entender que es donación de Dios ni, por otra parte, abusar del poder que se tiene frente a los que pueden ser, o considerarse, inferiores, de la forma que sea. Estas acciones no cabe llevarlas a cabo. Esto es una forma de seguirle, un comportamiento que se ha de cumplir y, sobre todo, ejercitar. 

Pero, para Jesús, en orden a la transmisión de la Palabra de Dios de la cual ha venido a manifestar su verdadera forma, sin tergiversar nada, hay algo que es mucho más importante, como hemos dicho arriba: el servir, la entrega a los demás, el ofrecimiento de sí mismo, la donación. Eso es lo que les hará, verdaderamente, seguidores suyos, hijos de Dios. Ese servir los hará, por eso mismo, humildes y esa humildad los llevará a ser, a considerarse, los últimos, los “servidores” (y, por eso mismo, “serán los primeros”) Este mensaje, junto con el de la fidelidad, sin conocer, de Santiago y de Juan; este mensaje es para todos nosotros, para que consideremos de importancia para nuestras vidas (para que con él conduzcamos nuestra existencia). 

Jesús mismo se pone de ejemplo: Él, el hijo del Hombre (expresión que se recoge en Daniel 7, 14 y del que dice que “su dominio es un dominio eterno que no pasará, y su reino no será destruido”) como aquel que llegará en la plenitud de los tiempos para darse por los demás, ha venido a servir, y, teniendo en cuenta que, como también dijo Jesús, el aprendiz no ha de ser más que su Maestro, siendo nosotros aprendices (como mucho), no podemos no servir, no debemos no entregarnos a los demás (en la forma que cada cual pueda y según sean sus circunstancias, claro) ni podemos, tampoco, hacer oídos sordos a tan claros mensajes que recoge el texto de Marcos en el que el servicio a los demás es la forma exacta de seguir al Mesías. 

Pidamos a la Madre de Dios que nos auxilia en esta voluntad nuestra de ser fieles servidores del Maestro, fieles hijos de Dios. 

 
PRECES

 
Pidamos a Dios por todos aquellos que no piensan sino en sí mismos.

 
Roguemos al Señor.

 
Pidamos a Dios por todos aquellos que no tengan voluntad de servir al prójimo.
 

Roguemos al Señor.

  
ORACIÓN
 

Padre Dios; ayúdanos a ser buenos servidores tuyos.
  

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.
  

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

¿Servir como Cristo? Sí, como Cristo…

Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

 

14.10.24

Un amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – Dios con nosotros

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).Presentación  


Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.


El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.

Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que muchoY, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.

Frases que bien valen la pena – Dios con nosotros


 “¡Qué grandes con Dios, qué Dios más grande!” (Beato Lolo, de su libro Bien venido, amor, nº 5)

Debemos tener en cuenta que, a lo largo de la historia de la cristiandad católica ha habido muchos creyentes que, por su forma de ser fiel y su modo de comportarse han subido a los altares. Y no puede ser casualidad que de sus plumas hayan salido palabras no sólo sabias sino, además, santas. Y con eso queremos decir que nosotros, los creyentes, sabemos a qué atenernos cuando necesitamos algún tipo de auxilio pues hay muchos hermanos en la fe a los que podemos dirigirnos en sus escritos pues sus personas hace mucho tiempo (o poco) que están cabe Dios. 

Y eso de arriba no lo decimos por decir sino porque de verdad estamos seguros de que no hay nada mejor para un hijo de Dios que fijarse muy bien en lo que los mejores de entre nosotros (suscitados por Dios entre sus hijos) han dicho las cosas y las han dicho muy bien y bien puestas en el sitio que debían ser puestas. 

Todo esto lo decimos porque también con Manuel Lozano Garrido el Espíritu Santo (como con las citados creyentes arriba dichos) hacía de las suyas e inspiraba textos que no es que nos vengan bien sino que nos vienen la mar de bien para comprender muchas cosas de nuestra fe católica que tantas veces están alejadas de un corazón que, como el nuestro, es muchas veces más mundano que de arriba…

Pues bien, no podemos negar que el texto que hemos traído hoy aquí es muy escueto. Es decir, que largo, largo, no es. Y, sin embargo, contiene una verdad o muchas verdades según lo veamos como lo veamos.

Aquí podemos ver dos cosas: a nosotros y a Dios mismo. Así de claro. Y, como decimos, en apenas ocho palabras que, además, están puestas de una forma más que certera.

En primer lugar, a nosotros nos pone Lolo tan cerca de Dios que, con Él, podemos ser mucho más que simples seres humanos que han aceptado su naturaleza (de creación divina) Y por eso y sólo (ni más ni menos) podemos llegar a mover montañas si tenemos fe. Si, decimos si porque no nos ha de resultar muchas veces fácil acabar de comprender que es tener fe. Aunque, eso es cierto, estando cerca de Dios todo es posible porque el Todopoderoso lo puede hacer posible. 

Pero hay más porque, como es verdad, al hablar de Dios no es que siempre nos quedemos cortos sino que nos resultará casi imposible acertar acerca de cómo es en realidad nuestro Padre del Cielo. Pero, para eso, Lolo nos dice que Dios es grande. 

Ciertamente, tampoco podemos decir que acaba de descubrir América nuestro amigo Manuel al decir eso. Sin embargo, en el contexto en el que lo dice y que no es otro que en relación a nosotros, a ser grandes con el Todopoderoso, no es poco cierto que sí parece que Lolo nos descubre que, en efecto, Dios es grande y, en concreto, no sólo el Único sino el más grande. 

Que nosotros podemos ser mucho es cierto y verdad. Dios nos ha entregado, o entrega cuando crea conveniente, dones y gracias y con ellos podemos, en efecto, ser grandes como personas al serlo desde la fe, fieles a Quien todo lo ha creado y mantiene. Y Lolo fue uno de los más grandes porque quiso ser fiel a Quien lo había creado y mantenido a lo largo de los años (pocos, debemos decir) que vivió en el mundo. Y es que ahora, estando en el Cielo como es seguro que está (no sería por falta de merecimientos espirituales antes de ser reconocidos oficialmente los mismos con eso que llamamos “fama de santidad” y que precede a todo otorgamiento reglado…) es cuando habrá comprobado que, ciertamente, fue grande con Dios por haber sido fiel a un Dios tan grande. Y ante eso nosotros sólo podemos decir: Amén. 


Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.


Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bien venido, amor” (86)

La Redención es el más abnegado acto de caridad de la justicia del Padre”

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.