InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Defender la fe

20.04.22

Prime Video, de Amazon e hirientes blasfemias

Respeta mi fe +” Éste es el título de una campaña que acabamos de recibir  por e-mail, y a la que desde “Noticias Cofrades del SUR” nos unimos. -  Portada - SevillaPress

Realmente, y en honor a la verdad, no me extraña nada de nada esto que me ha pasado. Y es que según están las cosas en este mundo sin Dios tampoco es cosa ilógica que pase esto. Sin embargo, es seguro que no conviene callarse porque, de otra forma, podrían hablar las piedras.

Resulta que tengo por costumbre, porque me gusta más que mucho el cine, ver todas las noches una película de las muchas que están a mi alcance en las diversas plataformas que, a tal efecto, el mercado pone en la mano de cualquiera.

Pues bien, como llevaba varios días viendo una serie (de título Mr. Robot) dedicada al mundo de esos individuos que se dedican a ir por la parte más negra de la web para cumplir algún tipo de misión o para hacer daño, me pareció adecuado ver una película referida a tal tema.

Bien. El caso es que acudí a Prime Video, de Amazon, para ver una de  título “Dark Web” cuyo contenido ya podemos imaginar. Y, sin embargo, no sin sorpresa vi u oí (o al revés) lo que sigue.

En un momento determinado (entre los segundos del minuto 8 que van desde el 28 al 31) escuché esto que sigue.

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18.04.22

Burri King y la falta de vergüenza, el desahogo, la mala sombra y la cobardía

El cartel de la discordia

Estamos seguros de que el Beato Manuel Lozano Garrido, conocido por Lolo (de Linares, Jaén, España) se enfadará lo justo porque le haya quitado el día en el que, habitualmente, escribimos sobre sus escritos, para tocar un tema que es, como poco, sangrante.

Decimos eso de que se “enfadará lo justo” porque estamos, también, más que seguros de que él, este tema, lo habría encarado con mucho amor y mucha comprensión. Sin embargo, nosotros no vamos a hacer eso mal que nos pese (porque sabemos que es lo que debe hacer un discípulo de Cristo pero…)

Bueno, vayamos con la cosa.

El caso es que hay una empresa dedicada al mundo de la hamburguesa que es más que conocida por todos. Y vamos a decir su nombre para que se sepa a quién nos referimos: Burger King.

No. No hemos equivocado el titular del artículo-varapalo de hoy lunes. Y es que creemos, de verdad, que aquellas personas que se han encargado de esto lo han hecho (con perdón para tan abnegadas bestias) como verdaderos burros, zopencos, asnos, etc. Por eso lo de “Burri” y sentimos, la verdad que lo sentimos, que parezca un diminutivo algo así como cariñoso porque es todo lo contrario.

Esto está hecho, verdaderamente, con mala idea. Es decir, se trata de una campaña que, a lo mejor y dada su praxis burra y zopenca, la podían haber hecho en cualquier momento del año. Sin embargo, a alguna lumbrera que buscaba notoriedad (negra la misma) y oportunismo, ha tenido la (mala)idea de prepararla para Semana Santa pues la cosa trata de eso: de inmiscuirse en la fe de millones de españoles para hacer mofa de determinada verdad de nuestra fe católica.

La imagen que ensucia este artículo la vio el que esto escribe en alguna red social de las que tanto abundan ahora. Y es seguro que debió correr como la pólvora pues las cosas, hoy día, son así.

(Esperen un momento que la voy a poner en el móvil para que el texto sea el apropiado)

Pues bien. Aunque estamos seguros de que, a la altura en la que estamos de día y de hora todo el mundo sabe de qué hablamos, ponemos aquí el texto del anuncio que, al parecer, ha sido puesto en una marquesina de esas que hay en las paradas de autobús. Dice lo que dice:

“Tomad y comed todos de él. Que no lleva carne.”

Y estas letras tan mal puestas así, de tal forma y en tal contexto, vienen acompañadas con una hamburguesa que, al parecer, es 100% vegetariana que es, como sabemos, la antítesis de la verdadera hamburguesa aunque esto se lo podemos achacar a la modernidad de la cosa, a la voluntad de ser un borrego más en la masa de borregos adocenados y adoctrinados por el Nuevo Orden Mundial y sus simplezas e idioteces particulares. Y en eso no podemos hincar mucho el diente porque son lo que son y no les conviene, para nada, salirse del redil en el que pastan o, mejor, en la cochinera donde se refocilan en su basura.

¿Qué decir ante esto?

Hay quien sostiene, en redes sociales, que son muy “listos” porque no han utilizado palabras como “Cristo”, “Eucaristía”, etc. que, a lo mejor, los podría haber llevado ante los tribunales por hacer uso tan blasfemo de una frase dicha así y en su tiempo cuando fue dicha. Pero nosotros pensamos que es, justamente, lo contrario: ha habido una maquinación tal como para no hacer uso de tales palabras por si acaso…

A nosotros nos parece muy mal que se haga uso de una expresión así (“Tomad y comed todos de él”) en una situación que tan lejos está, precisamente, de lo que la misma significa. En realidad, no se trata más que de una ocasión más (más, más y más) en las que se ha preferido mofarse de una verdad grande como las palabras dichas así y en tal momento dichas y no usar el caletre y exprimirse las neuronas para hacer algo mejor y, además, en Semana Santa. Y, aunque, seguramente, es que no dan para más… en fin, como que a uno le molesta que se haga eso.

La verdad… al que esto escribe le importa un rábano que a la hora de publicar esto se haya quitado tal anuncio o que, debido a presiones del gentío se quite pronto de donde está puesto porque, además, la campaña debía estar pensada a tan corto plazo (la Semana Santa y ya está pues después deja de tener sentido la misma en su verdadera intención) como corto es el cerebro que la ha planteado.

Esto de arriba lo decimos porque hubo un personaje que dicho esto cuando le dijeron que hiciera el favor de quitar determinado cartel puesto en determinada Cruz en la que colgó quien dijo la frase que han utilizado aquí para zaherir y malmeter: Pilato. Sí, aquel que dijo, sobre el cartel puesto sobre la Cruz en la que murió Cristo, que “lo que está escrito, escrito está”. Y es que ¿saben ustedes que cuando se mancha algo con aceite resulta muy difícil hacer como si nada hubiera pasado?

Por cierto, en redes sociales siempre sale, ahora también, que eso no se atreverían a hacerlo con las personas de fe musulmana o con alguna de sus verdades y que por eso podríamos decir que son cobardes. Y al que esto escribe eso le parecería tan mal como esto que ahora denunciamos pues sería lo mismo pero con otra fe en Dios y eso, se diga lo que se diga, sería igual de impresentable, ruin, asqueroso e indecoroso…

Quede, pues, para manifestación de hasta dónde se puede llegar siendo necio y mala persona, lo que aquí ha pasado y para que nadie olvide en manos de quien ponen el estómago de sus hijos…

“Tomad y comed todos de él” lo dijo Aquel que había venido al mundo a entregar su cuerpo para la salvación del mundo y, como sabemos, para la que es de “muchos” pero no de “todos” pues eso hay que ganárselo y algunos, como es fácil ver por este ejemplo, tienen bastante ganada la fosa de la que tanto habla el salmista porque Dios tiene una memoria más que grande y por eso, esto, en verdad, lo dejamos en sus sabias y justas manos.

De todas formas, tampoco se preocupen mucho los que han pergeñado esta campaña porque eso, en España, sale casi siempre o siempre gratis. Ya pueden ir pensando en la otra porque seguro que han tenido la atención que han querido buscar con esta de la que pronto se dejará hablar. De todas formas, como decimos arriba, a nosotros nos basta con la justicia de Dios. A ustedes, a lo que se ve, no. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay cabezas que, en fin, lo justo para peinarse les de la cosa.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

16.04.22

Triduo Pascual: Sábado Santo

Semana Santa 2022: Sábado Santo - ACI Prensa

El tercer paso que damos nos acerca mucho, ya, al domingo en el que se demuestra que Cristo venció a la muerte. En este sábado, Santo a más señas, parece como si reinase el silencio: han quedado lejos los ecos de las palabras de Cristo en la Última Cena, también apartados de nuestro corazón, los sufrimientos del Maestro en su Santa Pasión y, sobre todo, como olvidada aquella muerte en la cruz, su Cruz.

Pero las cosas no son tan fáciles como podemos imaginar. Y es que hoy tampoco podemos dejar de aprender lo que vale la pena de este día, en apariencia, tan neutro por ser de espera. Nosotros, como la Madre y los discípulos que estaban escondidos por miedo a los judíos, debieron orar mucho aquel día, especialmente aquel día en el que todo parecía quedar muy lejos.

Debemos, pues, orar. Y debemos hacerlo con perseverancia porque Dios espera de sus hijos que le pidan lo que necesitan y lo hagan así, insistiendo y siendo, así, “cabezones” espirituales. Y es que la blandenguería de nada nos sirve de cara al Todopoderoso. Vale, pues, la santa cabezonería como entendió, por ejemplo, San Josemaría a la que bien puede ser tenida por virtud.

Esperaban, pues, todos. Seguramente con más miedo que vergüenza la gran mayoría de ellos por la actitud espiritual que habían mostrado en los momentos más difíciles de la Pasión de su/nuestro Señor Jesucristo. Y, aunque el miedo es muy libre y humano, no podemos negar que aquellos hombres (también habría mujeres, suponemos, además de la Santísima Virgen María) no podían creer lo que había pasado. ¡Aun no podían creerlo después de las veces que el Maestro les había dicho que iba a pasar!

Pero también llorarían. Aquellos que estaban escondidos debieron llorar mucho por la muerte de Jesús. Lo harían por la propia persona del Maestro pero también, seguramente, como decimos, por la forma particular de proceder de cada uno de ellos. Es más, uno en especial, Pedro, lloraría más que el resto porque se había cumplido lo dicho por Cristo mientras cenaban: lo iba a negar tres veces, ¡tres! Y fue lo que pasó. Tan sólo luego sería capaz de limpiar aquella terrible mancha manifestando al mismo Cristo, tras su resurrección, que bien sabía que lo amaba y decírselo tres veces, las mismas que lo había negado.

Debemos, pues, nosotros, hacer lo mismo: llorar. Y hacerlo por nuestros pecados, por las veces que colaboramos en que  a Jesús lo vuelvan a crucificar y vuelva a ser sábado santo en nuestras vidas. Y es que con cada pecado volvemos a cargar el corazón del Hijo de Dios con un peso que no merece. Por eso debemos llorar, tan amargamente como graves sean nuestros pecados.

Por otra parte, por nuestra fe y su símbolo, el Credo, sabemos que Cristo ha bajado a los infiernos a liberar a las almas que en el libro de Abrahám se encontraban. Y que entonces, en aquella primera Semana Santa de la historia, muchas iban a subir al Cielo que había sido abierto con la muerte del Hijo y la benevolencia y misericordia del Padre.

Santa María, Reina de los Apóstoles: La Señora que alienta en la Espera del  Espíritu Santo - Santoral - COPE

Este, por tanto, es un tiempo de vigilia. Por eso la Vigilia Pascual abunda en lo que supone tener esperanza, en que nunca la pierda quien se considera hermano de Cristo e hijo de Dios. Y se fomenta una virtud teologal que es la que permite que nuestro corazón no se arrugue ante lo que nos acaece, que no nos vengamos abajo del todo cuando nos trastabillamos al caminar y nos salimos del camino que lleva al definitivo Reino de Dios. Entonces, la esperanza nos sirve y más que bien.

Ellos esperaban. Seguramente muy pocos de los que estaban escondidos creían que Cristo volvería a la vida a hablar con ellos. María, su Madre, que había guardado todo en su corazón, tenía la esperanza intacta; a lo mejor Juan, el llamado discípulo amado, también la tenía. Pero el resto… el resto no había caído en la cuenta de que todo se estaba cumpliendo, exactamente, como lo había dicho Jesús en más de una ocasión. ¡Es que, además, lo había dicho muchas veces!

Este sábado, también, bien puede ser tenido por uno que lo es de meditación y silencio: lo primero porque debemos tener muy en cuenta todo lo que ha pasado en estos últimos días; lo segundo por evitar el descrédito excesivo de nuestras malas acciones, para que no hablen mal de unos discípulos de Cristo que, año tras año, recuerdan esto mismo ¡porque no han sido capaces de comprenderla verdad del amor de Cristo por ellos! Y se hace necesario tal recuerdo.

Esperamos, pues, una victoria, la victoria Pascual que nos salve para siempre. Y mientras, en este tiempo de espera, podemos pedir a Dios para que su Hijo vuelva de su descenso a los infiernos. Es cierto, claro, que volvió porque es lo que pasó pero no es menos cierto que pedir eso a Dios es seguir teniendo confianza en su Amor y en su Misericordia. Entonces, ahora y ya para siempre, siempre, siempre. 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Una Semana verdaderamente crucial en la historia de la salvación.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

15.04.22

Triduo Pascual: Viernes Santo

Celebración del Viernes Santo - Diario de Noticias y Actualidad de Loreto -  Iquitos - Ucayali - Requena - Datem del Marañon - Mariscal Ramon Castilla -  Alto Amazonas - Loreto - Maynas - El Diario Judicial de Loreto

El siguiente paso que damos lo damos con Cristo que, como culminación a la misión para la que había sido enviado al mundo por Dios, muere por cada uno de aquellos que lo confiesen hijo del Todopoderoso.

Nosotros, por el mismo, que en este segundo paso quedamos mirando hacia el domingo de Resurrección, debemos tener en cuenta algunas cosas y aprender otras o, mejor, recordarlas todas y no dejarlas escondidas debajo de cualquier celemín.

Cristo se entrega por sus amigos.

Cristo perdona a sus enemigos.

Cristo muere para que nos salvemos.

Cristo muere porque cumple con la misión que tenía encomendada.

Cristo muere porque era fiel a Dios.

Cristo muerte porque sabía lo que le iba a pasar.

Cristo muere…

Cristo, en efecto, tras una horrible Pasión que hemos tenido tiempo más que suficiente como para asimilar cómo fue, muere en la cruz. Tal fue su Cruz, aquella que llevó cargando no sólo con la madera que la formaba sino con los pecados de la humanidad toda y entera. Por eso le pesaba tanto y por eso la santificó, limpiando los pecados que cargaba con las gotas de su divina y santa sangre.

Lo que aquí debemos tener muy en cuenta es que Cristo muere por nosotros. ¡Sí!, por cada uno de sus hermanos da su sangre porque somos sus amigos y no hay, como dijo Él, nada mejor que dar su vida por ellos.

Aquella Vía de la Cruz que se recuerda hoy mismo tuvo mucho de lo que deberíamos aprender. Así, por ejemplo, hubo muchos que se burlaron del Maestro, que hicieron mofa y escarnio de una su persona a la que tanto daño se le había inferido. Otros, sin embargo, lloraron. Y lloraron porque conocían a Quien llevaban atado como un animal y del cual tiraban como si lo fuera. Y, seguramente, pidieron a Dios que abreviara aquel camino de sangre y de luz.

Y  es que es cierto que entre la sede del Procurador y el monte de la Calavera apenas había un kilómetro de separación. Es decir, humanamente hablando apenas unos diez minutos podría haber invertido cualquier ser humano en llegar de un lado a otro. Sin embargo, para quien tanto había sido maltratado (ya se había producido la flagelación y la colocación de la corona de espinas) aquellos escasos mil metros supondrían, valga la expresión, un Calvario anticipado.

En efecto, entre Jerusalén y el Gólgota (aquel lugar de la Calavera donde crucificaron a Jesús junto a Dimas y Gestas) pasó mucho que muestra hasta dónde el ser humano puede ser cruel y hasta dónde puede ser misericordioso y dirigirse al Padre en busca de consuelo.

Y, al final de aquel camino, Jesús muere. Eso es lo que recordamos cada Viernes Santo que es aquel día en el que se recoge que el Hijo de Dios dio su vida en cumplimiento de su misión y que, por eso mismo, santificó a Dios y se santificó a sí mismo.

Por lo apenas aquí dicho pero por la importancia sublime que tiene la Cruz para los discípulos de Cristo, desde entonces la misma es símbolo de mucho. Es cierto que hay quien tiene por necedad o por locura una muerte así pero para aquellos que hemos asumido que es la manifestación suprema del amor (¡Y es Amor de Dios!) nada mejor que tener a la Cruz como instrumento espiritual para nuestra salvación, roca firme sobre la que construir una existencia bien humana y bien divina y, sobre todo, la mejor forma de mostrar y demostrar a Dios que, cargando cada uno la nuestra, vamos en pos de Cristo con intención de completar en nuestra carne lo que falta a las tribulaciones del Mesías (cf. Col 1, 24).

Su Cruz, por tanto, es nuestra Cruz y su sufrimiento es el nuestro. Por eso no podemos, sino, agradecer a Dios que permitiese aquella santa inmolación y que la sangre del Cordero sirviese para lavar nuestras culpas y pecados. 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

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11.04.22

De Ramos a Resurrección

Semana Santa 2022: 9 datos sobre el Domingo de Ramos

En el Plan de Dios existía un tiempo en el que su más perfecta creación iba a pasar por un mal momento. Y no es que el creador dispusiera que así sucediera sino que el don de la libertad podría conllevar la toma de decisiones en un sentido equivocado. Y, ciertamente, así aconteció. La buena voluntad de Dios se había manifestado con un hombre como abrám. Entre ídolos paganos vivía aquel que iba a ser amigo del creador. Y no vivió en malas condiciones: ni era pobre ni estaba en vías de serlo. Al contrario: disponía de muchos bienes y bien podemos decir que era un hombre de ciertos poderes económicos.

Decimos que era buena la voluntad de Dios porque cuando le propuso a abrám que lo dejase todo (incluso su propio nombre) y fuese allí donde le dijera, quería que el ser humano (con aquel pequeño grupo) iniciase el camino de salvación. Es fácil imaginar que muchos de los que vivían con abrahám (ya abrahám) no estaban de acuerdo con aquello de seguir lo dicho por un Dios al que no conocían, del que no tenían noticia y, por último, del que no sabían siquiera el nombre. Por eso algunos de ellos prefirieron seguir en aquel mundo de seguridad personal (con sus bienes a buen recaudo) y no andar por el desierto hacia no sabían dónde. Tal hizo, en aquel momento, su hermano Nacor. Otros, sin embargo, aceptaron el reto que no era otro que iniciar una existencia tan nueva como suponía dejarlo todo a cambio de una promesa. 

Aquellos hombres, mujeres y niños, de más o menos edad, fueron los primeros que siguieron, conscientemente, la voluntad de Dios. Quisieron hacer lo propio con abrahám, en quien confiaron para ser su pastor por aquellos lugares ciertamente inhóspitos. Y se propusieron ser fieles a la palabra de Quien, con él, había hablado como si de un amigo se tratase.

Tendrían, sin embargo, que pasar muchos siglos para que aquella historia de salvación llegara a su culminación. Y es que hubo un tiempo en el que Dios quiso enmendar los muchos errores en los que los hombres habíamos incurrido y optó por enviar a su Hijo al mundo. Y entonces, conforme estaba escrito, el cordero de Dios iba a ser llevado al matadero.

Jesús era consciente de que los últimos días de su vida, de su primera venida al mundo, no iban a ser muy agradables. Es decir, humanamente hablando lo iba a pasar muy mal: iba a ver, los demás también, cómo culminaba la persecución que había recaído sobre su persona desde que empezara a predicar tras su venida del desierto y haber vencido las tentaciones del maligno; se iba a comprobar cómo era posible torcer las cosas de tal forma que se le inculpara de lo que no tenía culpa y se le acusara, con falsedad, sobre lo que no era cierto. Muy a pesar de lo que cualquiera podría haber hecho en tales circunstancias (conocimiento de todo lo que tenía que pasar) el Hijo de Dios no se arredró ni quiso que pasara aquel cáliz que debía beber. Al contrario fue lo que hizo: entró en Jerusalén en loor de multitudes. Y aquella semana, que empezó el domingo que entrara en gloria en la ciudad santa, iba a tener un recorrido que culminaría con un humano fracaso pero con un espiritual triunfo.

De todas formas, la mayor victoria estaba aún por llegar. Vendría de su voluntad de cumplir la de Dios. Y sería como un espejo donde, en lo sucesivo, todo discípulo suyo debería mirarse para no errar en la forma de caminar hacia el definitivo Reino de Dios. El caso es que todo el recorrido espiritual que se había iniciado con su bautismo en el Jordán por parte de Juan el Bautista, debía tener un final. Los últimos tiempos, inaugurados con su nacimiento en Belén, iban a tener una rúbrica, un final, ciertamente glorioso. E iban a ser recordados como unos que lo serían de sangre y luz: de sangre por la que vertería el Hijo engendrado de Dios y con la que regaría, abundantemente, la tierra desde entonces santa; de luz porque iluminaría la vida del ser humano hasta la segunda venida de aquel que, en aquel escaso tiempo, iba a demostrar hasta dónde puede llegar alguien que ama a Dios Padre. En un modo más que cierto, si miramos con atención aquellos días nos daremos cuenta de que fueron muy pocos. En apenas una semana lo malo culminó su malicia y lo bueno, su bondad. Todo sucedió, digamos, de domingo a domingo, de Ramos a Resurrección.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Una Semana verdaderamente crucial en la historia de la salvación.

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