InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Defender la fe

26.06.20

Hoy es San Josemaría, fundador y alma del Opus Dei

Santoral Católico ®: San Josemaría Escrivá de Balaguer

Estoy seguro de que el bueno y católico J.R.R. Tolkien está encantado de que el día de hoy, desde hace más de año y medio dedicado a su persona y obra, lo dediquemos al recuerdo de otro católico, también bueno, llamado Josemaría, a la sazón santo de la Iglesia católica y fundador, como saben muchos de los que esto lean, del Opus Dei.

Tengo que reconocer que me gusta el día de hoy porque sé, francamente lo sé, que habrá quien se le revuelva la bilis estomacal cuando lea el hombre que encabeza el artículo de hoy. Y es que tengo comprobado que este un tema, el de San Josemaría y el Opus Dei, que a muchos no les gusta porque corren a la par su rabia y odio y su ignorancia, permítanme que diga esto. Y es que, jurídicamente hablando, la ignorancia no es más, ni menos, que el desconocimiento total de determinada realidad y, por eso mismo, todos somos ignorantes en muchas cosas…

De todas formas, quien no quiera seguir leyendo a partir de aquí… ¡hala!, a otra cosa, mariposa.

El caso es que no podemos, ni debemos, olvidar que hoy, 26 de junio se celebre a un santo más que especial. Seguros estamos de que él no pretendía serlo cuando dio causa a su idea sobre la Obra de Dios allá por 1928. Al fin y al cabo, fue una inspiración del Espíritu Santo y siempre está bien que alguien, al menos alguien, escuche los gemidos inefables de la Tercera Persona de la Santísima Trinidad.

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22.06.20

El frenesí de los matarifes en el aborto

Estamos más que seguros que la Venerable Marta Robin, francesa hermana nuestra en la fe católica, no se molestará en el Cielo porque utilicemos hoy su tiempo y día para publicar algo que tiene que ver lo que ahora decimos. Por eso estamos seguros de que rogará a Dios por las almas de las que ahora hablamos.

Nadie puede asegurar que la cosa no sea un montaje porque, como sabemos, de todo hay en la viña del Señor, incluso, sarmientos podridos.

Nos referimos a la imagen que ilustra estas letras.

Como es más que conocido, el ser humano es capaz de lo bueno, de lo mejor y de lo que va más allá de lo mejor. Así, por ejemplo, desde el ordinario auxilio a quien necesita que le echen una mano (por una mala racha económica o por haberse tropezado en la calle y haber dado con su cuerpo en el suelo) hasta el caso de dar su vida por otro y, también, por su fe, no podemos negar que sí, que abunda y más que abunda el buen comportamiento de los hijos de Dios.

Dios, nuestro Creador, queremos creer que, partiendo de un santo Corazón como el suyo y con Amor que fue tan grande como para crear todo de la nada e, incluso, mantenerlo hoy día, nada malo puede hacer porque sería actuar en contra de su propio ser y eso, espiritualmente o el “mente” que sea ni es posible, ni es esperable ni se va a dar nunca.

Eso lo tenemos claro. Y es que es algo que podemos apreciar cada día que respiramos en el mundo y no se trata de la manifestación de hijos que quieren a su Padre sin pensar nada más ni en nada más.

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1.05.20

José, fiel trabajador de Dios

Señor, ¡enséñanos a orar!: Domingos dedicados a san José (A)

Cuando llega esta fecha, el primer día del mes de mayo, se celebran, se suelen celebrar, muchos homenajes a los trabajadores que en el mundo son. Y es que, no obstante, el día del trabajo es, digamos, muy propio para eso. Y es lo que se hace, por decirlo así, con la aprobación general.

Los creyentes católicos, además de hacer eso, tenemos un recuerdo muy especial para alguien que, en la historia de la salvación, tuvo y tiene más importancia que la que él mismo mostró quisiera ser mostrada. Es decir, que nada hizo para que su labor, su tan especial labor, fuera puesta blanco sobre negro. Y eso es buen síntoma de discreción, fidelidad y de estar, en suma, a lo suyo.

Nos referimos, como suponemos habrá sido adivinado por todos, por el día en el que estamos, a José, a San José.

Se suele decir que, a nivel espiritual, al menos católico, a San José se le tiene por el patrón del trabajo y a él nos acogemos, no sólo ahora sino siempre, pero ahora, hoy mismo, más si cabe, al menos, los fieles discípulos de Cristo que formamos parte de la única Iglesia verdadera, la fundada por Dios, la Católica.

Sí. San José es patrón del trabajo, digamos, ordinario, del común, el que da de comer pero, sobre todo, también lo es, demostró que lo es, patrón del trabajo espiritual. Y podemos decir que cumplió con su labor más que bien.

El trabajo de San José, a tal nivel, el espiritual, también da de comer, produce el sustento. Pero lo hace de una forma que tiene que ver, claro, no con el cuerpo (aunque, si bien lo miramos y vemos, también) sino con el alma. Es decir, la labor de este fiel hombre de Dios tiene sus consecuencias alimenticias de nuestro espíritu, de nuestro corazón.

Esto lo decimos no por ser originales sino, al contrario, por ser reales y nada imaginativos. Y es que, por ejemplo, San José, por ser como fue y por cumplir con la voluntad de Dios hasta, casi, desaparecer de la misma realidad en la que estaba y llevar a cabo su trabajo de la forma más anónima posible, nos alimenta

-Con la buena palabra del silencio aunque eso pueda parecer una incongruencia cuando es, al contrario, la expresión más sonora de lo que hay que hacer la mayoría de las veces.

-Con la buena labor de la comprensión de la voluntad de Dios sean cuales sean las circunstancias en la que se encuentre quien la reciba y con el ejercicio práctico de la misma.

-Con el buen hacer de su trabajo de educador del Hijo de Dios enseñándole virtudes, por ejemplo, como la humildad.

-Con la práctica del buen discernimiento según se le había sido anunciado por el Ángel en aquel sueño que lo liberó de una carga casi insalvable.

-Con ser un ser sencillo que cumple con su deber sin buscarle tres pies al gato.

-Con ser justo como Dios quería que lo fuera.

Seguramente, cualquiera podría añadir a esta pequeña relación, muchas más realidades espirituales que San José tuvo a lo largo de su vida o, al menos, a lo largo de la que conocemos como tal junto a María y a Jesús, conformado la Sagrada Familia. Sin embargo, es bien cierto que las aquí traídas nos bastan y nos sobran para mostrar y demostrar que nuestro Santo, del que celebramos no su onomástica sino su labor como trabajador de Dios en el mundo, era todo un hombre de Dios, por así decirlo, un fiel cumplidor de lo que su Creador quería para aquel especial hijo a quien tuvo que decir que las cosas, con relación a María, no eran como parecían sino que tenían todo que ver con el Espíritu Santo.

 

San José, fiel obrero del Reino de Dios, ruega por nosotros.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Panecillos de meditación

 

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

San José es digno ejemplo de hijo fiel.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

10.04.20

Un fin propio de Dios: en manos del Padre

Viernes Santo - ACI Prensa

Desde el costado, desde esa herida que contiene el mundo porque bendice, que vierte agua como savia y sangre como vida, que ilumina porque es causa de la luz y respuesta de Dios; desde ese costado desde donde el Padre cruza con el Hijo la mirada y consuela su dolor, desde donde surge la divinidad como fuente de donde mana la gracia; desde ese costado donde la fe tiene sustento y la esperanza nacencia, desde donde la primavera del amor no cesa de emerger y dar fruto y ser; desde el costado, cima de la entrega, contempla el mundo, ese siglo que lo declara culpable.

Deja, por eso, en manos de Dios, de su Padre y Padre nuestro por adopción, lo que queda de Él, Espíritu todo, para que el Creador complete su promesa, salve y justifique a sus hijos, perdidos, hasta ahora, emponzoñados con el regusto amargo de un placer que no les llenaba más que en su hacer. En las manos de Dios da, envía, deja su Espíritu y, ahora, en ese instante, Dios Padre, Hijo, Jesús y Espíritu Santo reconstituyen, en un solo instante todo lo perdido para entonces enviarnos al Paráclito esperando que comprendiésemos lo que significaba; en las manos de Dios dejaba el fuego que había venido a traer, la desazón entre quienes no querían seguirlo, la quemazón del alma de los que lo olvidaban, de quienes ante Su vida sólo oponían su presente que ignoraba el mensaje del Hijo del hombre. Por eso esa encomienda lo era en la seguridad de ser escuchada y ser, a continuación, sostenida en el corazón de Dios, de ver los planes del Padre cumplidos por no haber hecho caso omiso a la misericordia y al perdón que sus semejantes necesitaban porque no sabían lo que hacían… 

Y tenemos, en ese darse tan sin medida que es cauce por el que hacer discurrir nuestro devenir, que es molde del que ser su forma, algo en lo que poner nuestro corazón, un ser en el que fijar nuestras expectativas  de hermanos suyos y, por eso, hijos de Dios, del único que es Hacedor, del único que es Único, en el que podemos residenciar nuestra esperanza y manifestar nuestro amor con los demás siendo, así, con justicia, dignamente suyos, permaneciendo en Él y Él en nosotros, como bien dijo nuestro hermano Cristo.

Y podemos, así, entregar nuestro espíritu, pero con una entrega no exenta de dicha, ni ausente, en ella, la gracia. Ese espíritu que nos da fuerza, iluminación, sabiduría y hasta temor es lo que, de nosotros, desde su Cruz, a punto de volver al Padre, Jesús; ese Espíritu que nos guio y nos guía, que condujo al pueblo elegido y que, desde Su venida, nos conduce a nosotros, a cada uno que se deja enamorar y amar por la calidez de su humildad y por la compañía de su persona; ese Espíritu nos trasmite dándonos, así, el inquebrantable quicio donde apoyarnos en nuestro cansancio, el cayado que el salmista inmortalizó, la mano acariciadora que nos consuela. Ese Espíritu nos da el exacto nombre de su Trinidad, el viento que, cual brisa, nos limpia de pecado y de oprobio inferido a Quien es Santo.

Porque de esa quietud, de ese permanecer sostenido por Dios entre los maderos ensangrentados con Su gracia, emana la lucidez y el bien, la virtud y el fin, el futuro que nos da y el presente deseado, de esa quietud santa, de esa mirada que alcanza ese cielo interior que le sostiene, nos ha dicho “ven, acércate que te quiero, que quisiera decirte algo, que tengo un mensaje de mi Padre; que te espera la dicha y el Reino; que tan sólo has de aceptar este amargo cáliz porque de él la luz cubrirá tu mundo de camino señalando la senda justa que te lleve a Él. Ven porque Yo soy el que soy, porque Elohim me envió desde siempre, porque muero por ti, porque con esto te quiero decir que te amo, que de este dolor yo puedo escanciar dicha… y tú también.”

Amén.

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:`

De Ramos a Resurrección se ganó la vida eterna.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

8.04.20

En mitad de una Pasión siempre eterna

Miércoles Santo - Wikipedia, la enciclopedia libre

Es evidente que, aunque sea con humildad, corresponde, al que esto escribe, hacer, siquiera, mención de lo que al fin y al cabo supone esta semana de la que han transcurrido algunos días. La llamamos grande porque, para el católico, el tiempo que discurre entre la entrada gloriosa de Jesús en Jerusalén hasta que fuera encausado de forma inicua, acusado, cumplida la sentencia de muerte en cruz y ocurrida su Resurrección es, en esencia, lo más importante que nos ha ocurrido como creyentes. 

Es, por eso mismo, una Pasión eterna, una Eterna Pasión. Y en ella estamos y por ella caminamos, a pesar de las especiales circunstancias que este año del Señor de 2020 nos está poniendo en la vida y en el espíritu. 

Muy a pesar de lo que pueda pensarse, Jesús no encuentra en Dios a un Padre que lo abandona. Decía el Papa emérito Benedicto XVI (1) que “Jesús no constata la ausencia de Dios, sino que la transforma en oración”. Y aquí radica la fuerza que podemos obtener también nosotros para cargar con nuestra cruz. Él lo hizo, el primero, con la suya. 

Entonces bien podemos preguntarnos por qué hablamos de una Pasión que es eterna, la razón por la cual el camino que recorrió Jesucristo en aquellos escasos días es, exactamente, la misma senda que cada cual caminamos hasta que, en el Reino de su Padre, podamos reencontrarnos con el Amor de forma definitiva y, claro, eterna. 

¿Cuántas veces no entramos triunfales por los quehaceres de nuestra vida y, a pesar de lo malo que pueda sucedernos nos sentimos algo más felices? Sin embargo, como dice S. Josemaría (2)  “El cristiano no debe esperar, para iniciar o sostener esta contienda, manifestaciones exteriores o sentimientos favorables”. Por tanto, la interioridad de nuestra fe, muy a pesar del decir y entender del mundo ha de prevalecer por sobre el siglo. 

Por tal causa padecemos, como lo hizo Cristo, entiéndase esto, claro está. Sin embargo, bien sabemos, como dijo el profeta Ezequiel (3) (y bien podemos poner estas palabras en la boca santa de Cristo) “Yo mismo apacentará mis ovejas. Yo mismo las llevaré a la majada. Buscaré la oveja perdida, traeré la extraviada, vendaré a la que esté herida, curaré a las enfermas… Habitarán en su tierra en seguridad, y sabrán que yo soy Yahvé, cuando rompa las coyundas de su yugo y las arranque de las manos de los que las esclavizaron” 

He aquí, pues, remedio a nuestra pasión (pequeña frente a la Pasión de Cristo) porque ¿Cuántas veces no nos extraviamos por el mundo y sus llamadas y nos alejamos de Dios? Entonces enfermamos de fe, perdemos la savia que antes nos vivificaba, somos ovejas sin pastor, extraviados del redil del Padre. 

Sin embargo, a sabiendas de ser atacados por causa de nuestra fe (hemos de ser, por eso, dichosos por bienaventurados), acusados de ser lo más retrógrado que en el mundo hay; habiendo visto zaherido a Dios, insultado a Cristo, hermano nuestro y Dios mismo; rememoradas las persecuciones antiguas con los métodos modernos; poniendo en lugar inmerecido al sucesor del depositario de las llaves de la Iglesia y viéndonos, esto hay que decirlo, caricaturizados como algo risible cuando no deplorable, “hoy, como ayer, del cristiano se espera heroísmo /…/ Cuando se pelea de continuo, con Amor y de este modo que parece insignificante, el Señor está siempre al lado de sus hijos, como pastor amoroso” (4). 

Por eso, el hoy que vivimos, también es (aunque no sólo) semana de Pasión. Y estamos, por decirlo así, en la mitad de ella. 

Sin embargo, al igual que siguieron a las palabras de Jesús en la Cruz (últimos momentos de su vida de hombre) a aquel “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (5) lo que, al fin y al cabo, siguió lo que era lo que tenía el destino mismo de su decir y sentir:

 

“Los confines de la tierra lo recordarán, y volverán al Señor”

Contará su justicia al pueblo que ha de nacer: ¡todo lo que hizo el Señor!” (6)  

 

Y, como muy bien dice José Bortolini (7)  “la imagen más hermosa de Dios en este Salmo es, por tanto, la de Dios que escucha el clamor del pobre que padece injusticia y lo libera, haciéndole cantar himnos de alabanza…”. 

De aquí que en la pasión nuestra, también eterna porque va con el ser humano, hemos de buscar consuelo en Dios, en la oración, en su cercanía; pensar, al fin y al cabo, “El Señor, en su misericordia, nos ha elegido, nos ha perdonado, nos ha abrazado una y otra vez. Ha cargado con todos nuestros pecados, hemos sido ya perdonados” (8). Con estas palabras, Luigi Guissani, que fuera fundador de Comunión y Liberación, consuela nuestro corazón. 

Vivimos, pues, en una eterna pasión pero, en consonancia con ella, tenemos una esperanza que nos vivifica. Cristo dio su vida por nosotros y gracias a él estamos, somos, salvados. 

Y el Domingo de Resurrección también nosotros, en cierto modo, volvemos a la vida

Nunca hemos de olvidar la causa de tal realidad espiritual. Tampoco el para qué.



(1) En “Via Crucis”, de Editorial Encuentro. Introducción

(2 ) En “Es Cristo que pasa”. Concretamente, en la homilía titulada “La lucha interior”, del Domingo de Ramos de 1971. Editorial Rialp, página 176.

(3)  Ez. XXXIV, 15-17; 27.

(4) S. Josemaría, ob.cit., página 191.

(5) Salmo 22.

(6) Ídem anterior.

(7) En “Conocer y rezar los Salmos” (Comentario popular para nuestros días). Editorial San Pablo, página 120.

(8) “Via Crucis”, ob.cit.,  Página 58.

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:`

De Ramos a Resurrección se ganó la vida eterna.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.