26.03.21

¿En qué sentido nuestra Señora es Corredentora?

Un lector, con el caballeresco nombre de Feri del Carpio, pregunta cuál es exactamente el contenido del título de Corredentora que se aplica a la Virgen y si tendría sentido proclamarlo como dogma. Como me ha parecido un tema interesante, que además es “de actualidad” por las confusas y, me atrevo a decir, desafortunadas declaraciones del Papa Francisco sobre el tema, he pensado que sería bueno dedicarle un breve artículo, para que los demás lectores puedan discutir sobre la cuestión.

Conviene decir, como señalaba el propio Feri, que todos cooperamos con la redención. Así lo dice San Pablo en la carta a los Colosenses: completo en mi carne lo que le falta a la Pasión de Cristo. Esta misión de completar la Pasión de Cristo tiene dos sentidos. Primariamente la completamos en el sentido de que aceptamos libremente y por la gracia la salvación de Cristo a través de la fe, para que los méritos de esa pasión se nos apliquen a nosotros. Es decir, no porque a la salvación que Cristo nos regala le falte nada, sino porque nosotros nos unimos a ella, la recibimos y así nos beneficiamos de ella. Como decía San Agustín, Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti. Por designio divino, nuestra salvación particular no es automática, sino que depende de nuestra libertad, sanada por la gracia.

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25.03.21

Cambió nuestra suerte

Antes de que en la Iglesia primitiva se conmemorara la Navidad, ya se celebraba la Anunciación. Y no es extraño, porque la Encarnación del Verbo es el quicio del universo y el punto de inflexión del devenir de este mundo, la respuesta del cielo a todas nuestras quejas y preguntas, el día en que se acabó para siempre la soledad y el resquicio por el que Dios entró de lleno en la historia de los hombres.

Como idea, la Encarnación sería suficiente para pasar la vida meditando sobre ella. Como realidad, nos empuja a hincarnos de rodillas y adorar en silencio lo que supera todo conocimiento. Día tras día, rezamos el ángelus, quizá sin pensar mucho lo que decimos, pero acostumbrando a nuestros labios y a nuestro corazón a descansar en el Misterio de los misterios, que lo cambió todo para siempre.

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22.03.21

Una homilía en que se dice algo

Quizá lo peor que se puede decir de las homilías que se escuchan en nuestras parroquias es que una gran cantidad de ellas no dicen nada. Las honrosas excepciones son eso, excepciones. Si les preguntaran a los fieles qué dijo el sacerdote el domingo pasado, la inmensa mayoría no podrían responder nada más que vaguedades, porque a menudo la misma homilía es un cúmulo de vaguedades. Es cierto que frecuentemente los fieles no escuchan, pero también es cierto que no escuchan porque están acostumbrados a homilías que no dicen nada, que no vale la pena escuchar.

La homilía que les presento a continuación no es de esas. De hecho, más bien dice demasiado. Es un sacerdote norteamericano de una pequeña parroquia de Arizona que no ha aprendido a callarse y mantener un perfil bajo, así que es muy probable que le caigan golpes de todos lados, pero nadie puede acusarle de no decir nada. Si de algo estoy seguro es de que todos los que estaban allí le escuchaban atentamente, lo que parece indicar que, cuando se dicen cosas concretas con claridad, en lugar de lugares comunes manidos, la gente escucha.

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18.03.21

Evolucionismo y fe cristiana

Hace tiempo que no hablamos en el blog sobre la teoría biológica de la evolución y el evolucionismo filosófico, dos cosas muy diferentes y a las que corresponden juicios y herramientas intelectuales también muy diferentes. Aparte del interés puramente científico que pueda tener, el tema toca de cerca a una de las grandes corrientes de pensamiento de los últimos dos siglos: el materialismo ateo.

El materialismo ateo es una corriente singularmente estéril, porque resulta inmediatamente contradictoria consigo misma. En efecto, se trata de una ideología metafísica, que, según sus propios presupuestos, no puede existir o, en el mejor de los casos, no tiene sentido. Esta contradicción interna evidente solo ha podido subsistir intentando colocarse un disfraz científico que la disimulase. La estrategia, hay que reconocerlo, ha funcionado muy bien: el gran prestigio de la ciencia desde el siglo XVIII cubre la multitud de los pecados y el ateísmo materialista lo ha aprovechado para decir algo así como: “sí, racionalmente no tengo el más mínimo sentido, pero soy científico”. Eso era literalmente lo que decía Marx y, sin el menor atisbo de vergüenza, siguen diciéndolo siglo y medio después multitud de ateos.

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16.03.21

¿La guerra en nombre de Dios?

Vivimos en una época poscristiana (o mejor dicho, apóstata) y es inevitable que las formas mundanas de pensar nos influyan sin que nos demos cuenta de ello, pero precisamente por eso debemos estar en guardia para evitar afirmaciones e ideas que sean contrarias a la fe de la Iglesia, aunque puedan sonarnos bien por influjo del ambiente.

En ese sentido, si bien ya comenté hace poco unas palabras del Papa Francisco en su viaje a Irak y nunca resulta agradable tener que cuestionar lo que dice el Santo Padre, me temo que hay otra afirmación suya que convendría examinar brevemente, antes de que las ocupaciones cotidianas hagan que me olvide de ello. En la ceremonia de oración por las víctimas de la guerra, el Papa dijo:

“Antes de rezar por todas las víctimas de la guerra en esta ciudad de Mosul, en Irak y en todo el Oriente Medio, quisiera compartir con ustedes estos pensamientos:

Si Dios es el Dios de la vida —y lo es— a nosotros no nos es lícito matar a los hermanos en su nombre.

Si Dios es el Dios de la paz —y lo es— a nosotros no nos es lícito hacer la guerra en su nombre.

Si Dios es el Dios del amor —y lo es— a nosotros no nos es lícito odiar a los hermanos”

(Oración de sufragio por las víctimas de la guerra, Mosul, 7 de marzo de 2021)

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