14.08.26

¿Y si dejáramos de perder el tiempo de una vez?

Leo por ahí que estos días de agosto se ha celebrado en Seúl el Primer Coloquio Internacional sobre el Diálogo entre el Cristianismo y el Confucionismo, patrocinado por el Dicasterio para el Diálogo Interreligioso y la Conferencia Episcopal de Corea.

Al parecer, el fascinante tema tratado es “Diálogo cristiano-confucionista para la construcción de una sociedad ideal”. Por parte católica, participan en el coloquio el Prefecto y el Secretario del Dicasterio citado, además de obispos, sacerdotes, teólogos, religiosos y religiosas.

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10.08.26

12 recomendaciones de formación de seminaristas para reír o llorar

El mes pasado, el Instituto McGrath para la Vida Eclesial de la Universidad de Notre Dame publicó doce recomendaciones clave para mejorar la formación de los seminaristas. Doce como los doce apóstoles. O los doce del patíbulo, quizá.

A la luz del colapso del número de católicos en las últimas décadas, el desplome de las vocaciones sacerdotales, las cuantiosas cifras de abandono del ministerio sacerdotal y la crisis de los abusos clericales, sin duda es muy necesario mejorar la formación de los seminaristas. El problema es que, aparte de algunas consideraciones de sentido común, no está muy claro que estas recomendaciones de Notre Dame vayan a conseguirlo. Es más, al leerlas, uno no sabe si reír o llorar.

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7.08.26

Una tormenta en un vaso de agua mal gestionada

El sacramento del orden no convierte al que lo recibe en un ser de perfección inmaculada ni en una especie de robot inhumano y sin sentimientos u opiniones propias. Los sacerdotes se equivocan, exageran, bromean, fanfarronean e incluso disparatan como los demás, como resulta evidente ya en las páginas del mismo Nuevo Testamento.

Los enemigos de la Iglesia, sin embargo, gustan de usar esos rasgos simplemente humanos de los sacerdotes para atacar a la Iglesia. Así sucedió cuando D. Javier Aizpún, párroco de Huarte (Navarra), escribió unos mensajes algo exaltados en la red social X, en un momento de gran tensión: la invasión de Ceuta por una tromba de decenas de miles de marroquíes.

El sacerdote escribió cosas como “Nuestra Señora de África, patrona de Ceuta, impulse la reconquista de Marruecos y su conversión al cristianismo. Lo que la reina Isabel la Católica dejó sin hacer, lo sepamos terminar". Es decir, un deseo llamativo, pero no desprovisto de razón. A fin de cuentas, todo el norte de Marruecos era parte de la Hispania romana cristiana que fue invadida y conquistada a sangre y fuego por el islam. De hecho, estaba previsto que la reconquista continuase al sur del estrecho, pero los ataques de los Turcos al este y la evangelización americana al oeste lo impidieron.

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3.07.26

El número de cardenales del cónclave que eligió a León XIV

En los comentarios que ponen los lectores en InfoCatólica, resurgen una y otra vez algunas leyendas urbanas difíciles de erradicar, a pesar de ser evidentemente erróneas. Una de ellas es la de que León XIV no es realmente el Papa porque en el cónclave se superó el número máximo de cardenales electores.

Como todas estas leyendas urbanas o eclesiales, la de la invalidez del último cónclave parte de un hecho real. Es cierto que eso es lo que dice la Constitución Apostólica Universi Dominici Gregis, aprobada por Juan Pablo II en 1996 (y modificada ligeramente por Benedicto XVI en 2013). En el número 33 se establece exactamente lo que indica la leyenda urbana: “El número máximo de Cardenales electores no debe superar los ciento veinte”.

También es cierto que este número máximo de electores se superó en el último cónclave, en el que hubo 133 cardenales. En cambio, en los cónclaves de 2005 y 2015, solo hubo 115 electores.

¿Quiere esto decir que la leyenda es cierta y León XIV no es el verdadero Papa? No, claro que no. Lo que quiere decir es que los que repiten esa leyenda no saben nada sobre cómo funcionan las leyes de la Iglesia.

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29.06.26

¿Dónde está, prisa, tu aguijón?

El otro día, iba por la mañana en el coche y, como es habitual en las ciudades, tenía prisa. No sé si los lectores habrán experimentado el mismo fenómeno paranormal, pero, por alguna razón, en cuanto uno tiene prisa, los demás conductores se transforman por arte de magia en caracoles reumáticos o tortugas bamboleantes, según su sexo. Nadie conduce ágilmente. Se pone en verde el semáforo y hay que esperar media hora a que arranquen. Parecen dedicados a contemplar el paisaje con toda la calma del mundo, parándose a cada instante para oler una flor o meditar sobre la relación entre el sentido de la vida y el chocolate con churros.

Como imaginarán, mi impaciencia iba aumentando sicut volcanus immensus, apretaba con fuerza el volante y mis pensamientos sobre los demás conductores estaban lejos de ser caritativos. Por fortuna, vino en mi ayuda (no por primera vez), la costumbre automática de recitar el ángelus por la mañana.

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