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15.03.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: y 9 – Un final bien feliz

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

y 9 – Un final bien feliz

 

“Por eso me da tanta pena la gente que no valora sus vidas. Pero ¡si estamos haciendo algo que es infinitamente más grande que nuestra naturaleza: amarte, colaborar contigo en la construcción del gran edificio del amor! Me cuesta decir que aquí te damos gloria. ¡Eso sería demasiado! Yo me contento con creer que mi cabeza reposando en tus manos te da la oportunidad de quererme. Y me da un poco de risa eso de que nos vas a dar el cielo como premio. ¿Como premio de qué? Eres un tramposo: nos regalas tu cielo y encima nos das la impresión de haberlo merecido. El amor, tú lo sabes muy bien, es él solo su propia recompensa. Y no es que la felicidad sea la consecuencia o el fruto del amor. El amor ya es, por sí solo, la felicidad. Saberte Padre es el cielo. Claro que no me tienes que dar porque te quiera. Quererte ya es un don. No podrás darme más. 

Por todo eso, Dios mío, he querido hablar de ti y contigo en esta página final de mis Razones para el amor. Tú eres la última y la única razón de mi amor. No tengo otras. ¿Cómo tendría alguna esperanza sin ti? ¿En qué se apoyaría mi alegría si nos faltases tú? ¿En qué vino insípido se tornarían todos mis amores si no fueran reflejo de tu amor? Eres tú quien da fuerza y vigor a todo. Y yo sé sobradamente que toda mi tarea de hombre es repetir y repetir tu nombre. Y retirarme.”

 

Debemos reconocer que nos da hasta pena terminar de escribir sobre esta carta que el P. José Luis Martín Descalzo escribe a Dios en un momento de su vida que, seguramente para gran parte de las personas que lean esto (seguro que para el que escribe) es uno que lo es difícil: conocimiento de una grave enfermedad y enfrentarse a ella con las armas que uno pueda tener… 

Sin embargo, las últimas palabras de esta especial carta son, como diría la Biblia, espíritu y vida. Y lo son porque nos muestran hasta qué punto se ama a Dios y, también, lo que supone eso pues no es algo que tenga que ver poco con nuestra vida sino todo lo contrario: mucho y muy mucho. 

En estas últimas palabras dice el P. Martín algo que es muy verdad y en lo que muchas vece caemos: no llegamos a valorar lo que supone nuestra vida porque no nos damos cuenta de que la misma tiene relación directa con Aquel que nos ha creado y mantiene. Por eso en tantas ocasiones nos desanimamos ante las más nimias circunstancias. Y eso no le pasa a nuestro buen amigo Descalzo. 

Esto último lo decimos porque reconoce más que bien, y con gozo además, que lo que importa es amar a Dios y, como dice el Mandamiento primero, sobre todas las cosas. Y lo demás tiene la importancia que tenga pero, en realidad, poco importa aunque a nosotros nos parezca que es lo más importante en nuestra vida… 

El caso es que es cierto y verdad que da la impresión de que Dios hace con nosotros o, mejor, nos hace, un gran favor que es permitirnos que creamos que somos merecedores de poder amarlo. Y es que, como bien sabemos, muchas veces no lo somos por según cuál y cómo es nuestro comportamiento. Pero Dios, que nos mira con amor, permite eso también… 

En realidad, nos debería bastar el amor porque es ya nuestro Cielo aquí, en el mundo. Es más, reconocer que Dios es nuestro Padre debería llenar nuestros corazones de tal manera que ya nada fuera igual para nosotros… 

El P. Martín Descalzo tiene más que claro Quién es el origen de todo, de “su” todo. Y por eso mismo no duda en escribirle una carta como la que hemos ido viendo a lo largo de unas pocas semanas. Y es una carta donde se ve muy bien el amor que tiene Martín por su Padre del Cielo en quien hace residir todo lo bueno que le ha pasado a lo largo de su vida y todo lo mejor que ha tenido y, entonces, aún tiene. Martín Descalzo se muestra, así, como un hijo agradecido ante un Padre que es un buen e inmejorable Padre. 

Y, como dice él mismo al final de esta carta, nosotros también repetimos el nombre de Dios no en vano sino en mucha verdad y verdad verdadera. Y, claro, también nos retiramos con estas palabras que nunca son mejores que las suyas. 

Y, si eso es posible, nos atrevemos a decir,

P. José Luis Martín Descalzo, ruega por nosotros.

 Amén.

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dar gracias a Dios siempre es bueno. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

8.03.22

La Virgen María en el 8 de marzo, día de la mujer trabajadora

Catholic.net - María, la Virgen trabajadora

(Habla la Virgen María)

Bueno, pues ya llegó este día. Sí. Hoy es ocho de marzo como tantos ochos de marzo que ha habido a lo largo de la historia. 

Seguramente, un ocho de marzo, Moisés caminó por el desierto como nos dicen nuestras Escrituras Santas; seguramente, incluso, Abrahán hizo algo importante un ocho de marzo; y su hijo, Isaac, casi estoy segura de que un ocho de marzo, en aquel calendario tan antiguo, supo alguna verdad espiritual o algo así.. 

Bueno, me estoy desviando pero es que da la impresión de que sólo hoy en día hay ocho de marzo cuando siempre lo ha habido después del día 7 del mismo mes. En fin…

 La verdad es que en el Cielo sabemos muy bien que se celebra tal día por la muerte de aquellas pobres mujeres trabajadoras que murieron defendiendo sus derechos. Y eso está muy bien y nadie niega que es una buena razón para recordar lo que entonces pasó. 

De todas formas, hay algo que no acabo de entender aunque lo entiendo muy bien… 

Aquella horrible fecha fue terrible por lo que lo fue. Sin embargo, a mí me parece que todo se ha torcido un poco y cierto tipo de pensamientos se han adueñado de un día tan importante como es o, mejor, como podría ser, el ocho de marzo. 

Estoy segura de que más de una mujer va a saltar de su asiento (si está sentada) cuando le esto porque no acordará mucho con su forma ideológica de ver las cosas que es lo mismo que decir con su círculo bien redondo de donde no se puede salir por miedo al ostracismo.

 De todas formas, como Madre de Dios que soy, creo que tengo cierto derecho de decir lo que pienso y nadie debería censurar mis palabras que son, además, palabras dichas por una esclava… del Señor. 

En realidad, todas las mujeres desde la misma Eva, hemos trabajado de lo lindo. Y es que el Padre Dios quiso que así fuera desde el mismo momento en el que fueron expulsados del Paraíso la misma Eva y su marido (sí, porque Dios los casó a la antigua usando que es la que quería para el hombre y la mujer…) Y desde entonces, tanto el hombre como la mujer (aunque así yo hable de la mujer como soy yo misma) hemos arrimado el hombro para que la cosa fuera bien. Y cada cual en la labor que le ha correspondido, hemos hecho lo mejor o, al menos, tal ha sido nuestra intención. 

Lo que pasa es que desde el Cielo pudo ver a la perfección lo que está pasando con este día, el ocho de marzo del que hablo. Y, la verdad, tengo que decir que no me gusta nada de nada.

 Lo que veo, y muy bien lo veo, es que hay cierto tipo de mujeres que están utilizando una fecha tan buena para recordar como algo contrario al hombre o, por así decir, como un arma contra la otra parte de la humanidad que creó Dios a su imagen y semejanza. 

Eso que digo arriba no lo ve el Creador nada bien pues es posible que se haya olvidado la fecha que se quiere recordar y se aproveche la misma para pedir ciertas cosas que están muy fuera de lugar porque no son propias de la mujer, así en general, sino de ciertas ideologías que han mostrado su ineficacia y su desastre desde que surgieron allá por los últimos años del siglo XIX aunque en la llamada Revolución Francesa (que desde aquí vimos como un paso atrás en el desarrollo de la humanidad) fue donde todo surgió. 

Es la verdad que hay muchas cosas que deberían cambiar con relación a la mujer. Sin embargo, hacer uso de un día como el ocho de marzo para inmiscuir en eso al hombre como si fuera su contrario… no está nada bien y aquí es visto como algo más que malo y que no está llevando por buen camino a la humanidad. 

Mirad, como mujer que soy, cuando en Nazaret cumplía con la misión que tenía encomendada, no me preocupó nada cumplir con mis labores caseras. Es más, creía que era lo que debía hacer y nunca se me ocurrió ir al taller de José a echarle una mano. Y sí, es posible que hoy hayan cambiado mucho las cosas pero, la verdad, hay algunas de ellas que no tienen nada que ver el ser mismo de la mujer que no debe querer parecerse al hombre en todo pues cada uno es como Dios lo ha creado y poco más hay decir. 

En realidad, seguramente alguien dirá que todo esto no son más que roles sociales y que cada cual ha de ser como quiera ser. Pero es que, cuando eso se dice y se defiende se está yendo en contra del proyecto que Dios tiene para el hombre y la mujer y eso es ya pasar de castaño a oscuro. 

Os tengo que decir, de todas formas, una cosa. Y es que por mucho que haya mujeres que tergiversen las cosas que están puestas así por Dios, de nada les va a servir. Tendrán su momento de gloria humana (como tantas veces ha pasado con tantos a lo largo de la historia) pero cuando todo pase no tendrán nada de nada salvo, precisamente, la nada. Y eso es así por mucho que miren para otro lado. 

Bueno. Creo que ya os he dicho bastante porque sé que muchas mujeres esto no lo van a escuchar y mirarán para otro lado como sí se salvara la cosa. Sin embargo, deben saber que Dios también las mira a ellas y no saben la cara qué pone cuando ve ciertas cosas. Menea la cabeza de un lado a otro como se dice en las Sagradas Escrituras cuando alguien hace algo mal y hay quien se ha dado cuenta de eso. 

Que tengáis un muy buen día ocho de marzo.

  

María, vuestra Madre.

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Es bueno siempre escuchar a María. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

1.03.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 8- Saber en Quién se confía

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

8 – Saber en Quién se confía

 

“Porque, naturalmente, el mayor de tus dones fue tu Hijo, Jesús. Si yo hubiera sido el más desgraciado de los hombres, si las desgracias me hubieran perseguido por todos los rincones de mi vida, sé que me habría bastado recordar a Jesús para superarlas. Que tú hayas sido uno de nosotros me reconcilia con todos nuestros fracasos y vacíos. ¿Cómo se puede estar triste sabiendo que este planeta ha sido pisado por tus pies? ¿Para qué quiero más ternuras que la de pensar en el rostro de María? He sido feliz, claro. ¿Cómo no iba a serlo? Y he sido feliz ya aquí, sin esperar la gloria del cielo. Mira, tú ya sabes que no tengo miedo a la muerte, pero tampoco tengo ninguna prisa porque llegue. ¿Podré estar allí más en tus brazos de lo que estoy ahora? Porque este es el asombro: el cielo lo tenemos ya desde el momento en que podemos amarte. Tiene razón mi amigo Cabodevilla: nos vamos a morir sin aclarar cuál es el mayor de tus dones, si el de que tú nos ames o el de que nos permitas amarte.”

 

Esta parte de la carta que el P. José Luis Martín Descalzo escribe a Dios está llena de una verdad que, muchas y tantas veces no tenemos en cuenta aún siendo la misma enorme y gigante: recordar el ser de Cristo y, en su vida, lo que fue el mismo. 

Está más que claro que este buen sacerdote tenía el corazón bien amueblado de Dios y, por tanto, recordar que Su Único Hijo engendrado y no creado, a saber Jesucristo, fue un gran don que hizo el Todopoderoso a la humanidad entera, lo llena de gozo. Y es que no es para menos que así sea pues le basta con recordar a Cristo para, en los momentos más difíciles de su vida (los que hubo y los que pudo haber) para que la cosa, espiritual y humanamente, mejore y se salga de un tal trago. 

El caso es que dice Descalzo, o utiliza, el condicional “si” que tanto tiene que ver con lo que pudo ser pero que, en su caso, al parecer no fue: no fue el más desgraciado de los hombres ni las desgracias le habían perseguido en su vida ni, en fin, nada de lo peor que podía pasarle le pasó. Sin embargo, incluso si eso le hubiera pasado, el simple traer a su corazón el ejemplo de Jesucristo hubiera sido más que suficiente como para sobrenadar sobre eso. 

Que Dios se hizo hombre eso lo sabemos por la fe que tenemos y porque es la verdad de las cosas. Por eso dice Descalzo eso de “Qué tú hayas sido u no de nosotros”. Y eso es lo que, precisamente, le sirve de confortación: el Creador fue como nosotros, caminó como nosotros, pasó sed como nosotros. En fin, que fue hombre. 

Por otra parte, quien crea que Martín Descalzo tenía muchas ganas por morir está muy equivocado. Y es que aunque supiera que su destino era Dios y que la bienaventuranza y la visión beatífica le estaban esperando, no tiene “prisa” en que llegue la muerte pues sabe algo muy importante. 

Esto, de todas formas, no tiene nada que ver con el hecho de tener poca fe o algo por estilo. No. tiene más que ver con aquello que sabe muy bien el P. Martín que le ha pasado a lo largo de la vida y que le pasa a cualquiera que tenga fe: el Cielo puede vivirse en la Tierra. 

Esto último no es exageración nada pues ya nos dice Martín Descalzo que basta con amar a Dios para que el Cielo esté ya en nosotros y que, en realidad, siendo una anticipación del definitivo, no es poca cosa darse cuenta de esto pues ayuda mucho a caminar por el mundo. 

Y entonces trae a colación a un amigo suyo y gran escritor espiritual de su tiempo (moriría en 2003) que es José María Cabodevilla. Y es que este buen hombre se dio cuenta de algo que podría parecer una paradoja y es que no es posible tener bien claro si el mayor don de Dios es que nos ame el Creador o que nos permita amarlo a Él. 

Y sí, es un misterio que sólo desvelaremos en el Cielo.

    

Continuará…

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dar gracias a Dios siempre es bueno. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

22.02.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 7- Sobre la vocación, sobre su vocación

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

7- Sobre la vocación, sobre su vocación

 

“Luego, me diste el asombro de mi vocación. Ser cura es imposible, tú lo sabes. Pero también maravilloso, yo lo sé. Hoy no tengo, es cierto, el entusiasmo de enamorado de los primeros días. Pero, por fortuna, no me he acostumbrado aún a decir misa y aún tiemblo cada vez que confieso. Y sé aún lo que es el gozo soberano de poder ayudar a la gente –siempre más de lo que yo personalmente sabría– y el de poder anunciarles tu nombre. Aún lloro –¿sabes?–leyendo la parábola del hijo pródigo. Aún –gracias a ti– no puedo decir sin conmoverme esa parte del Credo que habla de tu pasión y de tu muerte.”

 

Como hemos visto hasta ahora, el P. José Luis Martín Descalzo agradece a Dios muchas cosas que tienen que ver con la vida que tiene, digamos, en sociedad. Y es que, una persona como fue aquel buen hombre, y como suele suceder muchas veces, seguro es que tuvo quien no lo quería bien. Pero hay algo que, desde su propio corazón y teniendo en cuenta de lo que se trata, le llega ahí, muy dentro de su alma: su vocación. 

Cuando alguien como Martín Descalzo habla de su vocación al sacerdocio hay que tomárselo muy en serio y tener muy en cuenta las palabras que, sobre eso, pueda decir como aquí dice. Y es que todo es, dicho pronto, luz pues ilumina lo que, como sacerdote, tuvo a bien llevar a cabo. 

Es verdad y, seguramente, algo muy común, que los primeros tiempos de un sacerdote han de estar llenos de entusiasmo porque la vocación que tiene una persona que eso acepta para su vida es algo muy grande. Sin embargo, y sin perder el mismo, es más que probable que el devenir de las cosas y de las circunstancias por las que se pasa (la cruda realidad de la vida espiritual del prójimo…) haga que el cómo se ve la realidad cambie. Y eso también le pasa, como él mismo nos dice, al P. Martín.

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15.02.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 6 - Sentirse apreciado

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

6- Sentirse apreciado

 

“También me gustaría presumir ante ti de persecuciones y dificultades. Pero tú sabes que, aún en lo humano, me rodeó siempre más gente estupenda que traidora y que recibí por cada incomprensión diez sonrisas. Que tuve la fortuna de que el mal nunca me hiciera daño y, sobre todo, que no me dejara amargura dentro. Que incluso de aquello saqué siempre ganas de ser mejor y hasta misteriosas amistades.”

 

Como suele pasar algunas veces, los creyentes, a los creyentes, nos gustaría poder aportar, por así decirlo, a Dios, algunas inconveniencias que nos hubiesen pasado por causa de nuestra fe. Y es que sería como decir “resistí y no me doblegué”. 

No siempre, de todas formas, podemos hacer eso. Y es lo que le pasa el P. Martín Descalzo aunque eso no quiera decir que no hubiera tenido quien le mirara mal… 

Pues bien, cuando Martín Descalzo se dirige a Dios como hemos estado viendo estas últimas semanas, lo que hace es poner su corazón encima de la mesa y no dejarse nada en el tintero. Por eso ahora tiene que abordar un tema que, bien visto, podría haberle causado muchos problemas a lo largo de su vida. 

El caso es que, como decimos arriba, el P. Martín, como le dice a Dios, le gustaría “presumir” de “persecuciones y dificultades” en el sentido de no haberlas buscado a propósito sino que hubieran sido otras personas las que lo hubieran metido en ellas. Sin embargo, no puede hacer eso aunque ya podemos entender que cuando dice eso de presumir lo que quiere decir es que así se vería perseguido como dijo Cristo que se verían sus discípulos lo mismo que lo habían perseguido a Él… Y eso, como hijo de Dios, podría haber sido de su agrado espiritual… 

Sin embargo, como decimos, no fue así y fue, seguramente, todo lo contrario aunque, ya podemos imaginar, que no todo fue de color de rosa… 

Ciertamente, aquellas personas que conocieron personalmente al P. Martín Descalzo y las que lo hemos conocido a través de su obra escrita (o de la visión de los programas televisivos que grabó…) no podemos, sino, que estar agradecidas a una persona como fue el protagonista de estos artículos y el autor de su Carta a Dios. Seguramente por eso el P. Martín, a pesar de poder sentirse algo así como zaherido por alguien, siempre tuvo muchas más satisfacciones que traiciones. Y habla de hasta “diez sonrisas” por cada incomprensión que, seguro, pudo sentir acerca de él mismo o de la labor que llevaba a cabo. Y eso indica que el grado de aceptación de su persona era mucho más elevado que el que pudiera sentir lo contrario hacia él. 

Por otro lado, cuando escribe que el Mal (preferimos escribir Mal aunque lo pueda minimizar el propio P. Martín) no le ha hecho daño ya podemos entender que no se refiere al físico que, para cuando escribe esta carta, lo ha atacado y bien atacado. Entonces… podemos entender que sí se refiere al “Mal” proveniente del Maligno aunque, siendo Descalzo hombre con acreditada fama de santidad, ya podemos imaginar que debió ser atacado por quien tanto odia a los hombres que son, verdaderamente, de Dios. Por eso dice que, a pesar de que sí debió ser atacado, como decimos, el mismo no le causó mal y, tampoco, dejó un poso de amargura en su corazón. Y eso debió ser por la fortaleza espiritual que atesoraba nuestro sacerdote. 

Pero, como suelen hacer los grandes en la fe, el P. Martín no sólo no arredró ante tales ataques sino que aprendió de tal manera de los mismos que le impelían a ser mejor. Ahora bien, de las “misteriosas amistades” de las que habla en este parte de su Carta, nada podemos decir que, por eso, tenían tal carácter… 

De todas formas, sí podemos decir que alguien que es capaz de discernir también lo que acaece en su vida, ha de ser un buen maestro para el prójimo. Y sí, tal es el caso.

   

Continuará…

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dar gracias a Dios siempre es bueno. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.