InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Ventana a la Tierra Media – La Comarca de Tolkien

3.07.20

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – El Hobbit, en crudo

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Está fuera de lugar que el que esto escribe vaya a innovar nada al respecto de lo que cualquier lector pueda tener por bueno y mejor de la obra de J.R.R. Tolkien de título “El Hobbit” que es, seguramente, el principio de todo lo que vino después por mucho que antes hubiera escrito para El Silmarillion. Y decimos esto porque esta última obra no vio la luz hasta muchos, pero que muchos, años después de haber sido, al menos, esbozada.

Lo que queremos decir es que mientras que El Hobbit se ha convertido en una obra más que universal, con muchísimas ediciones en otras tantísimas lenguas que pueda haber en el mundo y hayan sido millones las personas que se han llevado a los ojos y al corazón lo que dejó escrito nuestro autor, es cierto y verdad que, en lo sencillo, en lo elemental y esencial, esta obra escrita por el profesor de Oxford nos ha de decir, nos dice más que mucho sobre algunos y más aspectos, si ustedes nos entienden…

Damos, por eso mismo, el titulo al artículo de hoy, así, “en crudo” porque es lo que podemos deducir los que nos consideramos sencillos de la cosa o, en general, sencillos y ya está. Por eso, aquí no va a haber una elaboración alambicada de significados porque, digámoslo así, esto es lo que hay y ya está… Para otras cosas ya tenemos a los que pueden sacar fruto más profundo. A nosotros nos basta con una alimentación, digamos, espiritual que sea básica… algo así, como para sobrevivir.

Esto, para empezar, es un “mea culpa” y muestra y demuestra que ir más allá de lo normal está fuera del alcance del que esto escribe que es algo así a como se debía sentir Sam Sagaz cuando caminaba junto a su amigo, Frodo Bolsón.

Vayamos, por tanto, con la cosa.

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19.06.20

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – Frodo y Gildor: dos frases que dicen mucho y más que mucho

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Estamos más que seguros que frases de una inmortal obra como es El Señor de los Anillos (cualquiera que haya leído el libro) pueden ser entresacadas de muchas formas y colores. Es decir, que no resulta nada difícil destacar esto o lo otro con fruto incluido de tal expresión o expresiones destacadas. 

Pues bien, nosotros hemos hecho lo mismo y, no por casualidad (en la cual, ya de paso decimos, no creemos para nada) nos han salido estas dos que tienen como protagonistas a dos personajes de la tan leída, admirada y querida obra de J.R.R.Tolkien que son, a saber, Frodo y Gildor. 

Ambos personajes, claro, juegan papeles diferentes y distintos en nuestra obra: del primero nada vamos a decir ahora porque sale por aquí de forma más que continua; de Gildor, sólo decir que es un Elfo que pertenece a la Casa de Finrod y cuyo nombre, para que se entienda, quiere decir algo así como “Estrella Noble” y que se encuentra (En “La Comunidad del Anillo”) con Frodo, Sam y Pippin. En tal encuentro se produce, claro está, una conversación y de la misma hemos entresacado las dos frases que son la causa y, sobre todo, el motivo de este artículo. 

Digamos, por añadir algo más de Gildor, que su canto ahuyentó a un Nazgûl que seguía a nuestros amigos y lo hacía, como podemos suponer, con no buenas intenciones. Y, además, les hace una buena recomendación: ir a Rivendel lo antes posible… 

Bueno, después de esto dicho aquí con la brevedad requerida para el caso, les ponemos a ustedes las dos frases que han sido el origen de esto. Son las que siguen: 

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12.06.20

J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Tolkien-Lewis: una íntima incomodidad

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Nadie puede negar, porque sería faltar a la verdad, que entre dos escritores como fueron J.R.R. Tolkien y C.S. Lewis había muchas similitudes y que, seguramente por eso, fueron muy amigos durante el tiempo que fueron amigos. Y no es que queramos echar, sobre tal amistad, ninguna palada de tierra como para taparla sino que así fueron las cosas cuando así fueron. 

Que ellos se encontraran muchas veces causado esto por sus propios trabajos y, digamos, aficiones literarias, era de lo más normal y otra cosa no podía esperarse. De todas formas, aquí mismo se va a comprobar que el que esto escribe no se conoce al dedillo sus vidas, digamos, con pelos y señales pero sí, al menos, lo que en este caso toca y corresponde acerca de la tirantez que podía haber entre los dos escritores ingleses: católico uno, hereje el otro.

Es cierto, según tenemos entendido, que, por decirlo así, los dos amigos se “repartieron” los temas para escribir. Sin embargo, podemos decir que ahí surgieron, digamos, las pegas que Tolkien ponía a la obra de su amigo Lewis por mucho que entendiera que pudiera ser muy seguida por una legión grande de lectores. 

Lo que ha de ser más que cierto es que, digamos, el “pique” que llevaban nuestros dos autores tenían que ver mucho con las Crónicas de Narnia de C.S. Lewis y la obra de J.R.R. Tolkien pero, sobre todo, con El Señor de los Anillos. 

Esto que decimos puede parecer fuera de lugar pero no es un secreto que el mismo Tolkien diría eso acerca de su amigo Lewis. 

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5.06.20

J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Así de simple pero real: un mundo de buenos y malos

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Aunque pueda parecer simplista o, simplemente, simple (perdóneseme la casi redundancia) el caso es que sí, en la obra que dejó publicada nuestro autor existen dos realidades más que definidas: hay buenos y hay malos. Y es cierto que esto puede parecer demasiado simple pero las cosas son como son…

Estamos más que seguros que J.R.R. Tolkien hizo eso porque quiso o, por decirlo de otra manera, quiso reflejar lo que es, así, porque es así.

Podemos decir que, actualmente, con la forma de pensar difundida por el nuevo orden mundial y la denominada Nueva Era es fácil que se diga que tal forma de plantear las cosas es, seguro, ultramontana porque, al fin al cabo, nada es malo o bueno ni bueno ni malo sino… todo lo contrario. Y creemos que nos sabemos explicar, si ustedes nos entienden…

Las cosas, de todas formas (y no sólo en la obra de nuestro profesor sino en la realidad misma) lo que aquí pasa es que la realidad es tan tozuda que no se puede, siquiera, discutir que haya buenos y malos, así, de tal forma, dichos.

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29.05.20

J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Pequeñas cosas que nos ayudan en el camino

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A lo mejor pueda parecer cosa de poca importancia. Físicamente, sí, lo es porque no es más que una tarjeta que hace las veces de carné. Y, ciertamente, no es que sea algo grandilocuente como si se tratara de una de esas tarjetas-oro que tanto aprovechan ciertos políticos para lucrarse de algo que, en realidad, no es suyo…

No. El caso es que se trata, sí, de una tarjeta (un, a modo, de eso) que sirve para identificar a los miembros de la Sociedad Tolkien Española.

Esto lo decimos porque a finales del pasado mes de febrero, el que esto escribe recibió algo muy esperado. En realidad, tenía algo similar que, a modo de “provisional”, acreditaba la pertenencia al club selecto de los que siguen más de cerca a J.R.R. Tolkien. Y lo de “selecto” no está referido a que se trate de ninguna élite o algo por el estilo sino porque ha sido seleccionado por cada cual como realidad importante de su vida…

Bueno. Sin dar más rodeos. Refiero a la recepción del carné de socio de la STE en el que consta, además, un número, el 1714 (Espero que esto no suponga alguna revelación que no debiera salir a la luz) y un nombre, el del que esto escribe, junto al seudónimo escogido, a la sazón “Erkenbrand de Edhellond” que es con el que firmo lo que aquí escribo.

El artículo de hoy lleva un título que pudiera parecer poca cosa. Y es que se trata, precisamente, de eso, de algo pequeño pero que ayuda mucho a caminar hacia las Tierras Imperecederas que son, para nosotros, el mismo Cielo, donde no hay muerte y todo es gozo y amor correspondido.

Sociedad Tolkien Española (STE) - Página web oficial de la ...

Habrá quien, no teniendo fe en el Creador, no tenga esto como cosa de importancia (lo del Cielo, queremos decir) pero, al menos, tendrá por bueno eso de las “Tierras Imperecederas” que siempre es un buen destino que anhelar y ansiar. Nosotros, de todas formas, hacemos constar la relación que, sin duda, hay entre una realidad y otra y que dejó muy bien escrita nuestro maestro, J.R.R. Tolkien.

Esto, además, viene reflejado en una frase que contiene, en su anverso, el carné referido. Y es que dice esto:

“Juntos tomaremos el camino que lleva al Oeste… y juntos encontraremos una tierra en donde los corazones tengan descanso”.

Ahí queda la cosa, por decirlo así. Y es que esto, así dicho, muestra mucho de la intención, digamos, común, de los miembros de la STE (y estamos seguros de que de todas las Sociedades Tolkien que en el mundo son y existen)

No quiero, siquiera, hacer el intento de buscar dónde está contenida esta frase (lo digo con franqueza total y absoluta), porque prefiero leerla y releerla sabiendo que tiene todo el sentido de la obra del profesor de Oxford. Y, aunque, se me pueda llamar ignorante al no caer ahora mismo dónde se encuentra eso escrito, ciertamente, prefiero entender que se refiere, ciertamente, a una meta, a un llegar, a un alcanzar.

Lo mismo que la Compañía del Anillo y, antes, los Enanos y acompañantes de Bilbo (aunque no sé si, mejor, sería al revés), en las dos obras más que identificables, no se trataba de que uno solo hiciera todo lo que tuviera que hacer, la meta de la misión, aunque cada uno hiciera lo que tuviera que hacer…

El caso es que, como decimos, no se trata de eso sino que, juntos, así, en compañía y cercanía, se cumpla una determinada misión que, al fin y al cabo, beneficie a grupos mucho mayores que los que tratan de llevarla a cabo. Y lo que se nos dice en el supracitado anverso es que, sí, vamos juntos al Oeste, tierras que, por Imperecederas, han de ser el sueño de todo aquel que muere, que tiene, por decirlo así, sus días contados.

Al fin y al cabo, lo que ansiamos es la pervivencia de lo que somos y, por eso, la verdad intrínseca que forma y constituye la obra de Tolkien padre, tiene todo que ver con tal anhelo que, sí, ahí cumplen aquellos que parten de los Puertos hacia aquel mundo anhelado y, como sabemos, nos dejan el corazón encogido porque es cierto y verdad que nunca más sabremos de ellos o, mejor, no sabremos más de ellos sino que habrán mejorado mucho y más que mucho su realidad. Y nos quedamos lo mismo que se quedaron Sam y sus amigos: diciendo adiós, y ¡Eru quiera!, hasta pronto.

Y todo esto en la pequeña superficie de algo que acredita lo que, en el fondo, queremos ser: discípulos del maestro.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán Erkenbrand de Edhellond

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay mundos que, sin duda alguna, nos llevan más lejos del que vivimos, nos movemos y existimos.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.