InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Agosto 2020

31.08.20

Venerable Marta Robin – El misterio del Amor de Dios

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

El misterio del Amor de Dios

 

“¿Por qué Dios nos ama? ¡Qué profundo misterio! ¡Qué abismo! (Diario íntimo, 29 de enero de 1930)

 

Seguramente, la Venerable Marta Robin se hace una de las preguntas más importantes que puede hacerse un creyente católico sabiendo cómo somos nosotros, los díscolos hijos de Dios.

Fácilmente se pueden hacer tres apartados de su texto. Los términos utilizados por Marta nos lo ponen muy fácil pero, a la vez, difícil escribir sobre esto porque es, a la vez, misterioso y maravilloso.

La pregunta que se hace Marta Robin tiene mucho que ver con lo que más nos interesa porque, en verdad, resulta importante conocer cuál es la razón pro la que Dios, en el fondo, nos ama.

Ciertamente, Dios ama a su criatura humana porque la ha creado a su imagen y semejanza. Por eso no se puede esperar otra cosa de quien, además, tiene un corazón tierno y de carne y siempre tiene muy en cuenta la forma que tenemos de ser sus hijos.

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30.08.20

La Palabra del domingo - 30 de agosto de 2020

 

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Mt 16, 21-27

 

“21 Desde entonces comenzó Jesús a manifestar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén y sufrir mucho de parte de los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, y ser matado y resucitar al tercer día. 22 Tomándole aparte Pedro, se puso a reprenderle diciendo: ‘¡Lejos de ti, Señor! ¡De ningún modo te sucederá eso!’ 23 Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Escándalo eres para mí, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres!’ 24 Entonces dijo Jesús a sus discípulos: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 25 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá, pero quien pierda su vida por mí, la encontrará. 26 Pues ¿de qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? O ¿qué puede dar el hombre a cambio de su vida? 27 ‘Porque el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre, con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno  según su conducta.’”

      

 

COMENTARIO

 

La vida que vale la pena vivir

 

Las cosas claras, podemos decir pues, de otra forma, puede llevar a engaño lo que se pueda decir aunque lo diga el mismo Hijo de Dios. 

El caso es que Jesús no le gustaban las medidas tintas ni el lenguaje, tan de moda ahora, políticamente correcto. Es más, conocedor de la misión que debía cumplir por habérsela encomendado su Padre, no deja de hacer lo que le corresponde hacer. Nadie, por tanto, va a limitar su cumplimiento. 

Como tantas veces ocurre y así lo vemos en el Nuevo Testamento, Pedro es un “echao p’alante” o, dicho de otra forma, quien da el paso cuando otros miran para ver qué pasa y eso le atrae la atención del Maestro que sabe que en él puede tener a un muy buen discípulo. 

Ahora resulta que Jesús les dice que lo va a pasar mal. ¡Él!, va a morir de una manera terrible!. Pero también les dice que va a resucitar. 

A Pedro parece que le importa poco lo último: la resurrección, el hecho de volver a estar entre ellos. Y le preocupa menos la resurrección porque, seguramente, no lo acaba de entender. A él lo único que le preocupa, lógicamente, es que al Maestro no le pase nada de lo que dice que le va a pasar. 

Olvida aquel hombre que Quien es el Mesías y conoce mucho más que los que, entonces, escuchan. Sabe, pues, todo lo que va a pasar y no puede negar que pueda pasar porque conoce perfectamente que es la voluntad de Dios y no va a ser Él, Dios hecho hombre, quien la contradiga. 

Pedro, sin embargo, se enfrenta a la voluntad de Dios como lo hace, como lo debe hacer (según vemos a lo largo de nuestra vida) Satanás. No quiere que eso pase pues es posible que sepa lo que eso supone para el Mal: será vencido para siempre jamás. 

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28.08.20

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – Esa esperanza llamada Tierras Imperecederas (1)

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En mayo de 2019 escribíamos esto:

 

Por mucho que se nos diga       que esto no es cierto,

que sólo es fantasía                   y que dejarlo debemos,

por mucho que oigamos            aunque quedemos perplejos,

aunque sepamos, decimos,       que es propio de alejados

del mundo que vivimos              no anhelamos cosa distinta,

lugar mejor donde ir,                  estancia que descubrir.

Hay lugares mejores                  donde llevar nuestras almas,

lugares donde reposar               nuestros cansados corazones,

pocos, al parecer,                      alcanzan aquellas orillas

y pocos, según nos dicen,         los que tienen tal premio,

pero nosotros creemos              y es lo que aquí decimos

que vayamos pronto                  a las Tierras,

Imperecederas llamadas           donde en la Tierra, la Media,

habitan los Bendecidos,            aquellos que Eru quiso,

los que anhelamos conocer      y los que fueron.

Como Bilbo tuvo canción          última de las que hizo,

nosotros tenemos esto,            que sabemos no es lo mismo,

pero nos vale como gozo,        como ilusión y como sueño.

Allende de los mares,              donde las tierras son luz,

libres del Mal malvado,            habitan los inmortales

y es destino que ansía            el corazón de los hombres

alcanzar aquellas tierras,        ver si es cierto tal nombre.

Sabemos, de todas formas,    que por mucho que habitemos

aquellos lugares ciertos          aunque sea sólo en sueño,

nada ha de pasarnos ,            nada que sea tan bueno

como vivir para siempre          entre aquellos que bendijeron

las manos limpias de Eru,       Creador de lo eterno.

Según se habla en cuentos      a los enanos, hombres y elfos,

hay muy pocos,                        de entre ellos,

que puedan contar                   y que sea verdad,

que han pisado las playas,      que hayan pisado el suelo

donde los inmortales               gozan su gozo imperecedero,

aunque resulte imposible         cruzar al destino nuevo,

es ilusión que tienen               y mucho más que un sueño.

Entre nosotros, los viejos,       aquellos que batallas  vivieron,

cuentan que hace siglos,         muchos que ya cayeron,

hubo quien intentó                 cruzar el mar de en medio

y llegar a gozar, siquiera,       un instante de aquel viento,

siendo cierto y verdad            que todo quedó en anhelo.

Debemos conformarnos,         según vemos y hacemos,

con saber que Eru quiere,       y desdecirlo no debemos,

que cada cual que, creado,     de su corazón ha emanado,

goce de lo entregado,             regalo, sí, de sus manos.

Y aunque eso hagamos,          sin alcanzar lo imposible,

no olvidemos que soñar,         un tal don nos es dado,

e imaginar alcanzar,               aunque sea imaginado,

aquellas Tierras inmortales      e Imperecederas llamadas,

es cosa que hacer podemos,   algo que Ilúvatar

nos lo puso en los sueños.

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26.08.20

Beato Manuel Lozano Garrido - Lolo, libro a libro - "Mesa redonda con Dios" - Gracias más que merecidas

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Mesa redonda con Dios”.

Gracias más que merecidas

 

“Te doy gracias porque me has constituido serena, apacible, entrañable y armónicamente, a tu semejanza; por los cielos, las luces, el aire, el mundo, la vida y las ocasiones de ser mejor; porque me has dado una feliz disposición para la felicidad y también las oportunidades para serlo, por las 8.640 probabilidades de poder romper la pluma antes de hacer una villanía por partida doble y las otras tantas de cosechar simiente de bondad. Gracias porque me has de dejar que vea la mano Tuya que se tiende siempre sobre el escape de los autobuses, los cláxones y los discos dedicados. Y también porque esta palma mía que yo te levanto me la tomes al amanecer para que vaya en vilo sobre las pesadumbres, por el ancho y noble camino de la bondad.” (Mesa redonda con Dios, p. 34)

 

Aunque es bien cierto que, según el capítulo de título “El despertador”, Lolo atribuye a Ramírez, a la sazón, oficial de primera, sección de Contabilidad, lo que le dice a Dios (parte de lo cual es el texto aquí traído) estamos más que seguros, segurísimos, que en Ramírez esta contenido Lolo. Vamos, que lo que dice este hombre es el mismo Lolo quien lo dice.

Podemos ver, sobre esto, que no es poco lo que dice nuestro Beato de Linares (Jaén, España)

Lolo da gracias a Dios por muchas cosas. Las da, en primer, porque bien las merece Quien, pudiendo hacer otra cosa hizo lo que hizo y, entre otras, crear al ser humano a su imagen y semejanza. Y eso no es poco porque lo ha hecho de forma serena, apacible, entrañable y armónica y, en suma, a su semejanza que no puede ser nada distinto de la serenidad, la apacibilidad, la entrañabilidad y la armonía que son formas más que buenas de definir a Dios Creador.

Lolo tiene mucho que agradecer a Quien lo ha creado, a él y a todo el resto de humanidad. Y es que todo aquello que la Voluntad del Todopoderoso hizo que fuese y fue nos fue dado en herencia para gozar y transmitirlo a las futuras generaciones.

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24.08.20

Venerable Marta Robin – Vivir y morir de amor

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

Vivir y morir de amor

 

“Que yo viva de amor, en el amor, para morir de amor y que el último suspiro de mi corazón, el último canto de mi alma, sea un acto del más puro amor.” (Diario íntimo, 26 de febrero de 1930)

 

Es bien cierto que, en general, aquellas personas que reconocemos que somos hijos de Dios tenemos claro, más o menos, que hay una serie de realidades espirituales que no sólo debemos respetar sino que, además, debemos llevarlas a la práctica lo mejor que Dios, nunca mejor dicho, nos dé a entender.

También sabemos, según el primer Mandamiento de la Ley de Dios, que debemos amar a nuestro Creador por encima de todas las cosas. Y eso, digamos lo que digamos, no siempre lo llevamos a cabo porque, simplemente, ni nos conviene (según nuestro entender, claro está) ni nos da la santa gana hacerlo.

Hay quien, al contrario, esto lo tiene más que claro. Y nuestra hermana en la fe católica, la Venerable Marta Robin, es una de las personas que sí, que saben a qué atenerse cuando dicen y repiten que aman a Dios por encima de todo.

En este texto de su íntimo Diario pone sobre la mesa la intención de quien ama a Dios, la voluntad de quien quiere seguir amando a Dios y, por fin, el efectivo hacer de quien no deja de mar a Dios.

Todo, sí, en la vida, ha de ser amor y, por eso, todas nuestras acciones tienen que ser llevadas por el amor, ser formadas por el amor y, en definitiva, tener su raíz en el amor.

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