25.07.22

Sabios consejos

He vuelto a leer la exhortación apostólica del papa san Pablo VI “Evangelii nuntiandi”, sobre la evangelización del mundo contemporáneo. El texto fue publicado en Roma en 1975, en el décimo aniversario de la clausura del concilio Vaticano II.

Han pasado ya cuarenta y siete años, pero, a mi modo de entender, el documento sigue siendo actual. Algo así sucede con los clásicos, que envejecen muy bien, ya que consiguen que, incluso mucho tiempo después de que hayan sido escritos, resulte provechoso frecuentarlos de nuevo.

El capítulo siete expone las condiciones fundamentales que harán que el anuncio del evangelio sea no solo posible, sino también activo y fructuoso. En un determinado momento, el papa se fija en la persona misma de los evangelizadores.

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21.07.22

Un artículo publicado en "Salmanticensis"

La revista “Salmanticensis", de la Facultad de Teología de la UPSA, ha publicado en su reciente número un artículo mío titulado: La fe que nos salva. Aproximación pastoral a la teología fundamental de Fernando Sebastián Aguilar”, que puede leerse en la red.

La teología de la fe estudia el dinamismo humano del creer y lo hace, en este momento, en una situación que podríamos calificar como de “masivo de-caimiento de la fe cristiana”. Esta situación ha estado muy presente en la re-flexión teológica de Fernando Sebastián Aguilar (1929-2019), quien ha señalado en diversas ocasiones que el principal problema pastoral de la Iglesia es “la clarificación y el fortalecimiento de la fe de los cristianos”.

Clarificar la fe, analizar en qué consiste el creer, es una de las competencias que se le suelen reconocer a la Teología fundamental. Fortalecer la fe de los creyentes es uno de los fines principales de la acción pastoral de la Iglesia. El vínculo entre ambas tareas es el objetivo que persigue Fernando Sebastián en su obra “La fe que nos salva. Aproximación pastoral a una Teología fundamental”.Este libro ha sido considerado como “una magnífica introducción, quizá la mejor que exista en español, a la teología del acto de fe”.

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19.07.22

La secularización de la muerte

A poco que observemos la realidad, se impone la certeza de que también la muerte, y no solo la vida, se ha secularizado. Hace no mucho, casi nadie, por no decir nadie, tenía un funeral laico. Hoy, cada vez más, lo extraño está siendo que alguien tenga unas exequias religiosas.

El proceso de secularización, de separación y distanciamiento entre lo profano y lo religioso, entre lo mundano y lo divino, combina la crisis de la práctica religiosa y la emergencia de una ritualidad difusa, no específicamente religiosa y, por supuesto, en absoluto específicamente cristiana y católica.

La secularización, dicen los grandes teóricos que han analizado este fenómeno, no lleva consigo la desaparición de lo sacro o de lo religioso. No desaparece, quizá, pero pasa a ser ya no una dimensión esencial de la vida, sino un componente opcional de la existencia.

La religión y la fe dejan de ser “universales antropológicos” - pues ya no todos los hombres serán, en cuanto hombres, religiosos -, sino opciones significativas ofrecidas a la iniciativa individual y colectiva. Es decir, uno puede ser religioso y cabe pensar que una determinada sociedad también lo sea. Pero eso no significa que cada hombre y cada sociedad siempre lo sea.

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El Obispo don José Diéguez Reboredo: sencillez, terquedad y retranca

No me ha hecho feliz tener noticia del fallecimiento de nuestro señor Obispo emérito de Tui-Vigo, don José Diéguez Reboredo. Era una buena persona, un buen sacerdote y un buen Obispo.

Tomó posesión de la diócesis de Tui-Vigo; es decir, inauguró su ministerio pastoral en esta Iglesia particular un domingo, catorce de julio de 1996. Ese día hacía en Tui un calor insoportable: “Caían los pájaros”, rememoraba, años después, don José Diéguez.

El domingo anterior, el siete de julio de 1996, el Obispo administrador apostólico, don José Cerviño, ordenaba a algunos sacerdotes diocesanos.

En 1996 había acabado yo, en Roma, la Licenciatura en Teología. De hecho, volví a Vigo con todo el cargamento: mi título de Licenciado, mi primer ordenador personal y mi grato recuerdo de mis dos años de estudios de Licenciatura en la Pontificia Universidad Gregoriana.

A mi regreso, ya estaba a punto de ser Obispo de Tui-Vigo don José Diéguez. En suma, por petición de mi director de tesina, con la recomendación del Obispo ya casi emérito y con la aprobación del nuevo Obispo, volví a Roma. Y, por estas cosas del destino, me doctoré en Teología en la Universidad Gregoriana.

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16.07.22

El trabajo y la escucha

Triduo del Santísimo Cristo de los Afligidos. Día 3. Parroquia de san Miguel de Bouzas

Caminamos hacia Cristo, manso y humilde de corazón, para encontrar descanso. Y lo hacemos guiados por María, Nuestra Señora del Carmen, la Estrella del Mar.

En la vida de los cristianos está siempre presente la oración y la acción, la escucha de la palabra de Dios y el trabajo. Por la fe, recibimos a Cristo en nuestra casa, en nuestra intimidad, como hizo Marta. Al igual que ella, debemos disponer las cosas para que el Señor pueda morar entre nosotros, construyendo una sociedad y un mundo que resulten habitables para Dios.

Nuestro trabajo prolonga la obra de la creación. Trabajar es una manera de hacer fructificar los talentos recibidos. Soportando el peso del trabajo, colaboramos también con Jesucristo en su obra redentora para, como decía san Pablo, completar en la propia carne los dolores de Cristo.

Contemplando a Jesús debemos tener presentes a todos los afligidos a causa del trabajo o de la carencia del mismo. ¿Cómo no recordar a quienes están en el paro, a quienes tienen empleos precarios o mal remunerados, o a quienes desempeñan su tarea en condiciones adversas?

El acceso al trabajo y a la profesión debe estar abierto a todos sin discriminación injusta, a hombres y mujeres, sanos y disminuidos, autóctonos e inmigrados (cf Catecismo 2433). Asimismo, el salario justo es el fruto del legítimo trabajo, y ha de hacer posible que las familias vivan dignamente su vida material, social, cultural y espiritual.

Pero el trabajo no puede convertirse en un ídolo. En todas las actividades humanas debe existir un orden. El primer mandamiento de la ley de Dios nos sitúa en la perspectiva adecuada: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, y con todas tus fuerzas”. Si vivimos en conformidad con esta orientación fundamental, la relación con Dios será para nosotros prioritaria.

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