InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Noviembre 2018

30.11.18

Serie "De Resurrección a Pentecostés"- II - Los que se esconden de la verdad -1. Pedro y Juan

De Resurrección a Pentecostés Antes de dar comienzo a la reproducción del libro de título “De Resurrección a Pentecostés”, expliquemos esto.

Como es más que conocido por cualquiera que tenga alguna noción de fe católica, cuando Cristo resucitó no se dedicó a no hacer nada sino, justamente, a todo lo contrario. Estuvo unas cuantas semanas acabando de instruir a sus Apóstoles para, en Pentecostés, enviarlos a que su Iglesia se hiciera realidad. Y eso, el tiempo que va desde que resucitó el Hijo de Dios hasta aquel de Pentecostés, es lo que recoge este libro del que ahora ponemos, aquí mismo, la Introducción del mismo que es, digamos, la continuación de “De Ramos a Resurrección” y que, al contrario de lo que suele decirse, aquí segundas partes sí fueron buenas. Y no por lo escrito, claro está, sino por lo que pasó y supusieron para la historia de la humanidad aquellos cincuenta días.

 

 

Cuando Jesucristo murió, a sus discípulos más allegados se les cayó el mundo encima. Todo lo que se habían propuesto llevar a cabo se les vino abajo en el mismo momento en el que Judas besó al Maestro.

Nadie podía negar que pudieran tener miedo. Y es que conocían las costumbres de aquellos sus mayores espirituales y a la situación a la que habían llevado al pueblo. Por eso son consecuentes con sus creencias y, por decirlo así, dar la cara en ese momento era la forma más directa para que se la rompieran. Y Jesús les había dicho en alguna ocasión que había que ser astutos como serpientes. Es más, había tratado de librarlos de ser apresados cuando, en Getsemaní, se identificó como Jesús y dijo a sus perseguidores que dejaran al resto marcharse.

Por eso, en tal sentido, lo que hicieron entonces sus apóstoles era lo mejor.

Aquella Pascua había sido muy especial para todos. Jesús se había entregado para hacerse cordero, el Cordero Pascual que iba a ser sacrificado para la salvación del mundo. Pero aquel sacrificio les iba a servir para mucho porque el mismo había sido precedido por la instauración de la Santa Misa (“haced esto en memoria mía”, les dijo el Maestro) y, también, la del sacerdocio a través del Sacramento del Orden. Jesús, pues, el Maestro y el Señor, les había hecho mucho bien tan sólo con arremangarse y lavarles los pies antes de empezar a celebrar la Pascua judía. Luego, todo cambió y cuando salieron Pedro, Santiago y Juan de aquella sala, en la que se había preparado la cena, acompañando a Jesús hacia el Huerto de los Olivos algo así como un gran cambio se había producido en sus corazones.

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29.11.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Saber aceptar la Cruz

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” – Saber aceptar la Cruz

 

“Aceptemos la Cruz y saltemos de gozo, por la dicha inmerecida de tenerla. En eso nos distinguimos los amadores de Cristo. Bendita Cruz que a Él nos aproxima.”

 

Es seguro que muchas veces expresa esto el hermano Rafael. Sin embargo, al parecer, no es suficiente con que se diga una, dos o tres veces sino que se debe insistir, debe insistir San Rafael Arnáiz Barón, en algo que, de por sí, deberíamos tener más que claro y, así, asumido en nuestro corazón. Pero… es que somos como somos los creyentes católicos. Al menos el que esto escribe; los demás, ellos mismo dirán.

Bueno. La Cruz de Cristo es un símbolo pero, sobre todo, es una realidad que llevamos algo más que colgada en el cuello. Y que es el quicio sobre el que apoyar, sobre el que construir algo que no se caiga y alto tan crucial como es nuestra propia fe. Por eso es tan importante para nosotros, los discípulos de Cristo.

Es bien cierto, por otra parte, que la Cruz de Cristo prefigura la nuestra o las nuestras. Es decir, que nos sirve de modelo, de ejemplo, de cómo hacer las cosas. Y ahí la cosa cambia tanto, tanto, que a veces no somos consecuentes ni con la misma ni con lo que la misma significa. 

Tenemos, pues, dos cruces: la Cruz de Cristo y la nuestra (más si son más, claro está). Pero aquí nos habla el hermano Rafael de la del Hijo de Dios. Y lo hace porque, asumiéndola nosotros… lo demás será más fácil (aún sin serlo) y aún más sencillo (aunque no lo pueda parecer)

¿Aceptar la Cruz?

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28.11.18

Revista “Fe y Obras” - Número 1 - Adviento

 

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Así también la fe, si no tiene obras,

está realmente muerta” (St 2, 17)

 

Dando gracias a Dios por la inspiración y por la posibilidad de poder llevar a cabo un proyecto largamente acariciado por este que escribe, traemos hoy a esta casa el primer número de una Revista católica de título “Fe y Obras”. Y aunque sea adelantar algo del contenido de la misma, decimos que esperamos que tenga (en principio) carácter cuatrimestral.

  

ÍNDICE

  

Carta del Director 

Magisterio 

Desde la fe 

Nuestros mayores en la fe dicen 

Habla el Catecismo de la Iglesia Católica 

Camino, Verdad y Vida 

El libro del cuatrimestre 

Oremos 

Hasta que Dios quiera 

 

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Carta del Director

 

Estimados lectores:

 

Es bien cierto que todos los principios o, lo que es lo mismo, cuando algo da comienzo, abren expectativas. Es decir, quien empieza algo quiere que tenga un nacimiento y que se vaya desarrollando. No desea, por tanto, que muera antes de haber visto la luz por falta de iniciativa o de interés o que, en otro caso, tras haber sido dado al mundo perezca por inanición. 

Ciertamente, cuando alguien se plantea la posibilidad de elaborar una revista católica sabe que, de no ser experto en tales lides, muchos pueden ser los fallos. Cuenta, sin embargo, con la misericordia y la bondad de los posibles lectores que, como hermanos que lo son en la fe (y aquellos que puedan no serlo) han de ver en tal intento una voluntad de cumplir con la misión que pueda entender Dios le ha puesto ante sus ojos. Y eso es lo que ahora hacemos. 

¿Con qué intención nace  Fe y Obras

Nada se trata aquí de grandes grandilocuencias ni de obras que sobrepasen la posibilidad de quien esto escribe. No. En todo caso se trata, digamos, de expresar lo que en materia de fe católica concierte tanto a la misma como a la consecuencia que la misma tiene en la vida del hijo de Dios que constituye, como piedra vida, la Esposa de Cristo. Es decir, se trata de hacer posible lo que encabeza esta revista y que hemos traído aquí con el texto del Apóstol Santiago y que queremos sea el frontispicio de todo esto que ahora damos a la luz pública. 

Nos ha parecido bien, con una intención puramente espiritual, que esta Revista católica tenga una estructura básica fácil de comprender: la de los Tiempos Litúrgicos. Por tanto, cada número que, en principio tendrá el carácter de cuatrimestral, vendrá referido a uno de aquellos. Así, el primero está dedicado, especialmente, al Adviento, tiempo que comienza muy pronto, el próximo 2 de diciembre. 

Todo lo demás, como se diría, se nos dará por añadidura si hacemos las cosas bien pidiendo la correspondiente ayuda y auxilio a Dios, Padre y Creador nuestro. Nosotros, por nuestra parte, quedamos a disposición de ustedes que, con su amabilidad y paciencia, tomarán nota (para bien, esperamos) de lo que aquí digamos o traigamos que hayan dicho. 

En Cristo y María,

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

 

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27.11.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Las imágenes (religiosas ) como medio

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Las imágenes (religiosas ) como medio

 

“A las imágenes y las posturas hay que encajarlas en su función de auxiliares, allí donde pueden dar brillo como una provocación exterior a la espiritualidad. Las rodillas clavadas, los ojos tapiados, incluso la inclinación fervorosa, no pueden tener otro alcance que el de cuidar un clima de abstracción para que germinen los sentimientos. Lo básico es esa actividad madre del alma que ahínca como la punta de un bisturí hasta llegar a la misma intimidad de Dios. Una vez allá, todo queda como barrido por la esponja de lo accesorio y uno se da a la ternura sin caer en el recuerdo de las aristas del camino o las nubes cárdenas de las tardes vividas”.

 

No podemos negar que, en materia de fe católica, hay instrumentos y elementos de la misma que nos vienen la mar de bien y, aunque, no debamos confundir la finalidad que tienen, no es poco cierto que, puestos ahí, los podemos aprovechar.

El Beato Manuel Lozano Garrido que, en su vida (como en la de todo católico) pudo contemplar (hasta cuando eso puedo ser, claro) las imágenes religiosas, sabía más que las mismas tienen importancia pero…

El pero que ponemos está traído porque hay que comprender bien el sentido de las mismas.

Muy bien nos dice Lolo que se caracterizan por ser “auxiliares” y eso ha de querer decir algo importante.

Que sean, eso, auxiliares, ha de querer decir, precisamente, que nos ayudan, que nos echan una mano para comprender nuestra fe. Y no son pocas las ocasiones (históricamente así ha sido) que han ido más allá de hacer comprender, a los hijos de dios, cuál era la fe que tenían. Y por eso no podemos despreciarlas en absoluto.

Pues bien. Son las mismas, en efecto, una “provocación” o, lo que es lo mismo, que, exteriormente a nuestro corazón nos ayudan a que la fe que tenemos se afiance en una realidad material. Sí, también nosotros necesitamos de la materia para mostrarnos en qué creemos…

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26.11.18

Serie Venerable Marta Robin – Esto es el sufrimiento

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sufrimiento y serenidad en el Diario íntimo de Marta Robin

 

A lo largo de las páginas de su Diario íntimo, la Venerable Marta Robin hace referencia frecuente, como es de esperar, al sufrimiento. Sin embargo, siempre lo hace de una forma que para muchos no deja de ser sorprendente y nueva.

 

Esto es el sufrimiento

 

“El sufrimiento es una verdadera semilla de alegría” (Diario íntimo, 12 de enero de 1930)

 

Cualquiera, poco avezado en cosas del alma y del conocer católicos, estaría dispuesto a sostener que quien dice algo como lo aquí traído es que, bien, no ha sufrido nunca o, si lo ha hecho, resulta tener una voluntad masoquista.

También es bien cierto que quien eso diga no conociendo a la Venerable Marta Robin se está ganando el primer premio de la ignorancia supina y, como es lógico, el del prejuicio.

En realidad, quien ha tenido un conocimiento, aunque sea, escaso de la vida de nuestra hermana en la fe y francesa de nacimiento, sabe que lo sostenido en primer lugar no se aviene, para nada, con la realidad y, ciertamente, hay mucho que corregir en tal tipo de pensamiento.

En primer lugar, Marta Robin sufrió mucho a lo largo de su vida. Y hablamos de sufrimientos físicos pero, también, espirituales. Así terminamos, de un plumazo, con el pensamiento según el cual quien eso dice no ha podido sufrir nunca.

Pero también podemos decir que nada tiene nuestra hermana de persona que busque el sufrimiento como si se tratase de algo enfermizo. Masoquista, por tanto, no era, para nada, la Venerable Marta Robin.

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