28.08.15

Polémicas matrimoniales (XX): no tienen vergüenza

Hemos hablado un par de veces ya de una petición pública que algunos “teólogos” españoles han hecho al Papa para que dé la comunión a los divorciados en una nueva unión. Se trata de una iniciativa realizada a través de la plataforma Change.org, que permite que los particulares recojan firmas para todo tipo de cosas. El hecho de que haya sido urdida por Religión Digital con la colaboración de un grupito de teólogos heterodoxos ya dice mucho sobre la propuesta. Como era de esperar, la calidad de los argumentos esgrimidos es ínfima y, de no ser por los firmantes originales, uno estaría tentado de imaginar que es obra de algún becario adolescente al que le parezca muy significativo tutear al Papa, por ejemplo.

Al margen de todo eso y para aviso de navegantes desprevenidos, conviene señalar que la petición empieza con una falsedad descomunal, cuyo único camuflaje es la desvergüenza y el desparpajo con el que se propone como si fuera cierta. En efecto, a nadie se le ocurriría que una persona normal vaya a mentir de forma tan descarada y en eso precisamente reside la fuerza del engaño. Veámoslo.

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27.08.15

Polémicas matrimoniales (XIX): ¿qué fue de D. Joan Carreras?

Hace unos meses, dediqué un par de artículos a las afirmaciones que D. Joan Carreras del Rincón, sacerdote granadino, hacía en su blog sobre el matrimonio. Como ya indiqué, sus afirmaciones me parecían muy graves, porque destruían la concepción católica del matrimonio, separando matrimonio y sexualidad cristiana, igualando matrimonio y convivencia, criticando el “puritanismo” de Trento o negando la potestad de la Iglesia referente al matrimonio, entre otras cosas. En aquella ocasión, hubo varios lectores que se escandalizaron de que se pudiera criticar a un sacerdote del Opus Dei y experto canonista.

¿Qué ha sido de D. Joan Carreras desde entonces? Pues bien, me entristece señalar que D. Joan, como él mismo ha anunciado en su muro de Facebook, firmó ayer la petición para que el Papa introduzca el divorcio en la Iglesia, dando la comunión a los divorciados que conviven con otra persona en una nueva unión. Me entristece, pero, la verdad, no me extraña, porque sus posturas llevaban inevitablemente a esto, a pesar de la buena intención que, sin duda, tiene D. Joan.

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25.08.15

19.08.15

Propuesta para el Sínodo (VI): no os engañéis

Así dice el Señor: “No os engañéis” (Jer 37,9; cf 1Cor 6,9-10).

Cuando yo era pequeño, aún se enseñaba a los niños la “prueba del nueve”. Se trataba de una serie de sencillas operaciones que permitían comprobar si había algún error en el resultado que se había obtenido en una división complicada. Era un ejercicio meramente práctico, o si se quiere mecánico, porque su fundamento teórico es bastante más complicado que una división, pero servía para darse cuenta fácilmente de que uno se había equivocado y así corregir el error.

Me he acordado de esta vieja regla al pensar en las discusiones relacionadas con el Sínodo de la Familia y se me ha ocurrido que sería estupendo tener también en ese tema una regla práctica para no engañarnos y tampoco engañar a los demás. A fin de cuentas, estamos hablando de la vida de las personas, que es algo mucho más importante que la nota obtenida en un examen del colegio. Nos jugamos mucho y tenemos que acertar en nuestras argumentaciones.

Como la moral familiar es incomparablemente más compleja que una simple división, sería demasiado ambicioso pretender una regla práctica que sirva para detectar cualquier error, pero podríamos tener más suerte si nos limitamos a un sólo engaño, que es especialmente frecuente en las argumentaciones que escuchamos estos días. Se trata de un error comprensible, pero no por eso menos letal: por nuestra historia, nuestra forma de pensar, el influjo de nuestro tiempo y también nuestros prejuicios, en ocasiones unos pecados nos parecen subjetivamente menos importantes que otros y más justificables, al margen de su gravedad objetiva. La fortísima presión de una sociedad que se ha ido paganizando tiene su efecto en nosotros y hace que, inconscientemente, asumamos sus esquemas mentales, que no coinciden con los del Evangelio.

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12.08.15

Propuesta para el Sínodo (V): cuidado con la desesperanza

Vivimos en un mundo desesperanzado. El entusiasmo por la razón separada de la fe en el siglo XVIII dio lugar a una proliferación de “esperanzas secularizadas” o utopías, con resultados desastrosos. Esas utopías, desde la propia Revolución Francesa hasta el nacionalsocialismo o el marxismo, pasando por darwinismos sociales, cientifismos, eugenesias y revoluciones sexuales, han ido dando lugar a una deshumanización y unas matanzas sin precedentes.

Del mismo modo que el fracaso de la razón separada de la fe trajo consigo el relativismo y el pensamiento débil actuales, el fracaso de las utopías terrenas inyectó en el mundo occidental un virus de desesperanza que ha infectado nuestra cultura. Tanto la eutanasia como el aborto son signos inequívocos de esa desesperanza que estrangula a Occidente. Desgraciadamente, la desesperanza omnipresente no se limita al mundo secular, sino que se ha introducido en la Iglesia y, a mi entender, se puede encontrar en varias de las propuestas que se han presentado para el Sínodo de la Familia de octubre.

Ante todo, la desesperanza se manifiesta en la idea de que vivir de acuerdo con la moral cristiana es imposible o sólo está al alcance de unos pocos privilegiados. Esto es algo que, sobre todo en los últimos meses, se ha repetido muchísimo. Por ejemplo, en el llamado “consejo en la sombra” o “sínodo en la sombra", fue algo común a prácticamente todas las intervenciones. Anne-Marie Pelletier habló de “un arquetipo de indisolubilidad ideal, indiferente al estatuto teológico propio del tiempo presente” y de “una teología del matrimonio, que en la actualidad tiende fácilmente a idealizar”. Thomas Söding  animaba a ir “más allá de cualquier idealización”. François-Xavier Amherdt, citando a Philippe Bordeyne, señalaba que “la pedagogía divina no se centra en un ideal, sino que permite discernir lo que hay de positivo en cualquier vida, incluidos los casos de las personas que viven en situaciones irregulares”. Como se puede imaginar, esta supuesta idealización era la razón que se daba para introducir de alguna forma en la Iglesia la “realidad” del divorcio, la convivencia extramatrimonial, otros tipos de familia, etc.

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