17.10.18

Serie “Gozos y sombras del alma” - Gozos: vida eterna

 

Gozos y sombras del alma

Cuando alguien dice que tiene fe (ahora decimos sea la que sea) sabe que eso ha de  tener algún significado y que no se trata de algo así como mantener una fachada de cara a la sociedad. Es cierto que la sociedad actual no tiene por muy bueno ni la fe ni la creencia en algo superior. Sin embargo, como el ser humano es, por origen y creación, un ser religioso (¿Alguien no quiere saber de dónde viene, adónde va?) a la fuerza sabe que la verdad (que cree en lo que sea superior a sí mismo) ha de existir. 

Aquí no vamos a sostener, de ninguna de las maneras, que todas las creencias son iguales. Y no lo podemos mantener porque no puede ser lo mismo tener fe en Dios Todopoderoso, Creador y Eterno que en cualquier ser humano que haya fundado algo significativamente religioso. No. Y es que sabemos que Dios hecho hombre fue quien fundó la religión que, con el tiempo se dio en llamar “católica” (por universal) y que entregó las llaves de su Iglesia a un tal Cefas (a quien llamó Pedro por ser piedra sobre la que edificarla). Y, desde entonces, han ido caminando las piedras vivas que la han constituido hacia el definitivo Reino de Dios donde anhelan estar las almas que Dios infunde a cada uno de sus hijos cuando los crea. 

El caso es que nosotros, por lo que aquí decimos, tenemos un alma. Es más, que sin el alma no somos nada lo prueba nuestra propia fe católica que sostiene que de los dos elementos de los que estamos constituidos, a saber, cuerpo y alma, el primero de ellos tornará al polvo del que salió y sólo la segunda vivirá para siempre. 

Ahora bien, es bien cierto que tenemos por bueno y verdad que la vida que será para siempre y de la que gozará el alma puede tener un sentido bueno y mejor o malo y peor. El primero de ellos es si, al morir el cuerpo, es el Cielo donde tiene su destino el alma o, en todo caso, el Purgatorio-Purificatorio como paso previo a la Casa del Padre; el segundo de ellos es, francamente, mucho peor que todo lo peor que podamos imaginar. Y lo llamamos Infierno porque sólo puede ser eso estar separado, para siempre jamás, de Quien nos ha creado y, además, soportar un castigo que no terminará nunca. 

Sentado, como hemos hecho, que el alma forma parte de nuestro propio ser, no es poco cierto que la misma necesita, también, vida porque también puede morir. Ya en vida del cuerpo el alma no puede ser preterida, olvidada, como si se tratase de realidad espiritual de poca importancia. Y es que hacer eso nos garantiza, con total seguridad, que tras el Juicio particular al que somos sometidos en el mismo instante de nuestra muerte (y esto es un misterio más que grande y que sólo entenderemos cuando llegue, precisamente, tal momento) el destino de la misma sólo puede ser el llanto y el rechinar de dientes… 

Pues bien, el alma, nuestra alma, necesita, por lo dicho, nutrición. La misma ha de ser espiritual lo mismo que el cuerpo necesita la que lo es material. Y tal nutrición puede ser recibida, por su origen, como buena o, al contrario, como mala cosa que nos induzca al daño y a la perdición. 

Nosotros sabemos, a tal respecto, que el alma goza. También sabemos que sufre. Y a esto segundo lo llamamos sombras porque son, en tal sentido, oscuridades que nos introducen en la tiniebla y nos desvían del camino que lleva, recto, al definitivo Reino de Dios Todopoderoso. 

En cuanto a los gozos que pueden enriquecer la vida de nuestra alma, los que vamos a traer aquí es bien cierto que son, al menos, algunos de los que pueden dar forma y vida al componente espiritual del que todo ser humano está hecho; en cuanto a las sombras, también es más que cierto que muchos de los que, ahora mismo, puedan estar leyendo esto, podrían hacer una lista mucho más larga. 

Al fin al cabo, lo único que aquí tratamos de hacer es, al menos, apuntar hacia lo que nos conviene y es bueno conocer para bien de nuestra alma; también hacia lo que no nos conviene para nada pero en lo que, podemos asegurar, es más que probable que caigamos en más de una ocasión. 

Digamos, ya para terminar, que es muy bueno saber que Dios da, a su semejanza y descendencia, libertad para escoger entre una cosa y otra. También sabemos, sin embargo, que no es lo mismo escoger realidades puramente materiales (querer esta o aquella cosa o tomar tal o cual decisión en ese sentido) que cuando hacemos lo propio con aquellas que son espirituales y que, al estar relacionadas con el alma, tocan más que de cerca el tema esencial que debería ser el objeto, causa y sentido de nuestra vida: la vida eterna. Y entonces, sólo entonces, somos capaces de comprender que cuando el alma, la nuestra, se nutre del alimento imperecedero ella misma nunca morirá. No aquí (que no muerte) sino allá, donde el tiempo no cuenta para nada (por ser ilimitado) y donde Dios ha querido que permanezcan, para siempre, las que son propias de aquellos que han preferido la vida eterna a la muerte, también, eterna. 

Y eso, por decirlo pronto, es una posibilidad que se enmarca, a la perfección, en el amplio mundo y campo de los gozos y las sombras del alma. De la nuestra, no lo olvidemos.

Serie Gozos y sombras del alma : Gozos - Vida eterna

 

Como cualquiera sabe, nuestra vida de seres humanos está repleta de sueños. Es decir, si no es que somos indolentes o no nos importa nada, lo bien cierto es que vivimos anhelando alcanzar determinada realidad (demasiadas veces se trata de bienes) y, por decirlo pronto, ¿quién no quiere llegar a alguna parte y de determinada forma? 

En materia espiritual pasa, exactamente, lo mismo. Sin embargo, existe una diferencia más que grande entre lo que ansiamos a nivel mundano y lo que debemos (¡debemos!) ansiar si hablamos del espíritu y, así, de nuestra alma. 

Digamos, para empezar, que el Creador no creó todo de la nada para que lo que quisiera el Señor que estuviera con Él se perdiera sin más. No. Lo más cierto ha de ser, además, verdad: el Todopoderoso quiere a su descendencia cabe sí, como diría Santa Teresa, cerca de su corazón. 

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16.10.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Gracias a Dios, también, por esto

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Gracias a Dios, también, por esto

 

Al cristianismo, uno lo mira y por todos los puntos le ve un algo de sabiduría que nunca ultima nuestra capacidad de asombro y la gratitud que le corresponde.”

 

A Dios podemos darle gracias por muchas cosas. En primer lugar, por habernos creado a nosotros mismos y ponernos en un mundo que, también, hizo para nosotros, sus hijos.

Miremos por donde miremos hemos de encontrar motivos, causas y razones para agradecer a Dios ser como ha sido, como y, también, como será con su semejanza. Y es que nada malo quiera para quien ha creado a su imagen como, por otra parte, es de esperar en un Padre como éste.

El Beato Manuel Lozano Garrido, tan apropiado para dar gracias a Dios por una vida espiritual plena y gozosa, sabe que, en efecto, debe agradecer. Pero ahora no lo hace por sí o para sí mismo sino, digamos, acudiendo a una general de la Ley del hijo de Dios que se sabe en el seno de una Iglesia.

A tal respecto, cuando el Hijo de Dios fundó la Iglesia que, con el tiempo, sería llamada “católica”  (por universal) sabía más que bien que iba a pasar por malos momentos. Y es que, si a Él, siendo el Mesías y el Ungido de Dios, lo habían perseguido ¿qué no harían con sus hermanos los hombres y, también, con su Iglesia?

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15.10.18

Serie Venerable Marta Robin – Gozar de Dios y cómo hacerlo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobre la pasión en sí misma vivida – Gozar de Dios y cómo hacerlo

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

Gozar de Dios y cómo hacerlo

 

“Estoy en Dios, le hablo, lo entiendo, le escucho. En mi corazón, lo adoro y lo amo (…) ¡Oh dulce, muy dulce Trinidad! Alegría de mi corazón, cielo y delicias de mi alma!” (Diario íntimo, 9 de enero de 1930)

 

Que sí, que no todos somos iguales (en materia espiritual), aunque debiéramos. Y queremos decir con esto que, una cosa es que tengamos por muy bueno y mejor lo que puedan decir aquellos que, siendo hermanos nuestros en la fe, han podido alcanzar en tales tipos de materias… en fin, no por eso vamos a estar seguros de alcanzar ciertas metas.

De todas formas, eso no quiere decir que, al menos, no lo debamos intentar.

Al respecto de esto, la Venerable Marta Robin nos ofrece su propia experiencia y nosotros hacemos de ellas un instrumento espiritual de vital importancia.

Marta nos muestra, en este texto, que es posible gozar de Dios. Y aunque, es verdad, ella pasaba uno momentos físicos no demasiado bueno, no por eso a nosotros nos está vedado hacer lo propio.

Es bien cierto que lo que escribe la Venerable francesa en su diario tiene que ver con su ser más íntimo, aquel que tiene relación directa con Dios, en lo que a ella le sucede que tan personal es. Sin embargo, eso no quiere decir que no podamos obtener fruto aquellos hermanos suyos que leemos sus palabras Y a eso vamos.

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14.10.18

La Palabra del domingo - 14 de octubre de 2018

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Mc 10, 17-30

 

“17 Se ponía ya en camino cuando uno corrió a su encuentro y arrodillándose ante él, le preguntó: ’Maestro bueno, ¿qué he de hacer para tener en herencia vida eterna?’ 18 Jesús le dijo: ‘¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios. 19 Ya sabes los mandamientos: = No mates, no cometas adulterio, no robes, no levantes falso testimonio, = no seas injusto, = honra a tu padre y a tu madre.’= 20 El, entonces, le dijo: ‘Maestro, todo eso lo he guardado desde mi juventud.’ 21 Jesús, fijando en él su mirada, le amó y le dijo: ‘Una cosa te falta: anda, cuanto tienes véndelo y dáselo a los  pobres y tendrás un tesoro en el cielo; luego, ven y sígueme.’ 22 Pero él, abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes. 23 Jesús, mirando a su alrededor, dice a sus discípulos: ‘¡Qué difícil es que los que tienen riquezas entren en el  Reino de Dios!’ 24 Los discípulos quedaron sorprendidos al oírle estas palabras. Mas Jesús, tomando de nuevo la palabra, les dijo: ‘¡Hijos, qué difícil es entrar en el Reino de Dios! 25 Es más fácil que un camello pase por el ojo de la aguja, que el que un rico entre en el Reino de Dios.’ 26 Pero ellos se asombraban aún más y se decían unos a otros: ‘Y ¿quién se podrá salvar?’ 27 Jesús, mirándolos fijamente, dice: ‘Para los hombres, imposible; pero no para Dios, porque todo es posible para  Dios.’ 28 Pedro se puso a decirle: ‘Ya lo ves, nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.’ 29Jesús dijo: ‘Yo os aseguro: nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio,   30 quedará sin recibir el ciento por uno: ahora al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna.’”

 

COMENTARIO

            

Seguir de camino hacia el otro lado del Reino de Dios

                                   

1.- Como seres humanos, sabedores como somos que hay algo más después de esta vida, anhelamos encontrarnos allí algún día, en el definitivo Reino de Dios llamado Cielo. 

Por eso, la pregunta que aquel joven rico hace al Maestro Jesús no deja de tener sentido pues, según él, o eso creía, había cumplido todo lo que la ley decía. Así, cuando Jesús le nombra los mandamientos, tan conocidos, del no matarás, no cometerás adulterio, no robarás, etc., él es consciente, y así lo dice, que esa parte, la de la relación del hombre con Dios, en aras a ese cumplimiento, ya la lleva a cabo. Está, por eso, orgulloso. Y esto, francamente, es así. 

2.- Pero, como tantas veces pasa con Jesús, le tenía preparada una sorpresa que le iba a bajar, en aquel momento, de su pedestal de hombre de bien y de su contentura natural. 

Otras veces le preguntaron al Maestro que cuáles eran los mandamientos de la Ley de Dios. Él, resumiendo, los reduce a dos: amarás a Dios sobre todas las cosas, el más importante  y, por otra parte, amarás a tu prójimo como a ti mismo. Y aquí, en este segundo mandato, digamos que, general, radicaba la cuestión a debatir. 

¿Cómo se ama al prójimo? Puede hacerse, seguramente, de muchas formas. Pero para Jesús había una que era esencial: repartir, con el necesitado, lo que tenía, dejar de ser como era. También diría Jesús que a los pobres siempre los tendríamos con nosotros, consciente de esa realidad que es la pobreza y que, por eso, de Él había que aprender eso, dar al que no tiene, ofrecer al que no tiene. 

3.- El joven rico, como era eso, joven y rico, encuentra aquí un gran problema. Cuando se trata de una relación, digamos, teórica, con Dios: el no matar, el no robar…algo, digamos, de espíritu (aunque eso tenga su objeto en el otro), parece que está dispuesto. Ahora bien, cuando hay que bajar a la realidad misma de la entrega, al prójimo, desprenderse de lo propio, aquí, ahora, eso ya no parece ser de su gusto. En el joven rico ha privado su calidad de hombre, que vive en el siglo, antes que su calidad de hijo de Dios. Por eso se entristece, porque ha vencido el tener sobre el ser. 

De ahí que Jesús manifieste eso:”Qué difícil para los ricos entrar en el Reino de Dios”. Pero esa dificultad no lo era por el hecho de tener, sino por el hecho de no dar, de optar por la avaricia cuando había necesidad o por ejercitar esa otra forma de avaricia que es el dar lo que le sobra a uno (recordemos el hecho de aquella  viuda que da lo que, seguramente, era lo único que tenía). 

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13.10.18

Serie “Al hilo de la Biblia' - Vino la Palabra y no fue escuchada

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

 

Meditación

Vino la Palabra y no fue escuchada

 

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Jn 1, 10-13

“En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios.”

 

1. Mucho anticipa san Juan en este texto de, casi, el principio de su Evangelio. Y es que contiene lo que sería, luego y, luego, lo que no sería…

Como sabemos, Juan, aquel joven discípulo que caminó con el Maestro por aquellos polvorientos caminos, estuvo muy cerca del Hijo de Dios. Y, luego, al habérsele entregado a la Madre para que la tuviera como propia, seguramente conoció más de Aquel al que, con tanto amor, había seguido.

Lo que muestra en este texto San Juan es una, digamos, “visión general” de lo que fue la vida de Jesucristo. Sí, y lo que nos dice es bueno y malo. Y nos explicamos.

Como Dios bien sabía, que había dado libertad al hombre, era posible que ser libre no lo fuera, siempre, para bien del hombre sino, muchas veces, para mal. Y, en este caso en concreto y según a qué personas se refiere, fue para mal.

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12.10.18

Hispanidad, Fe, gracia de Dios

 

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La empresa de ir, por donde fue, a buscar las especias, no pudo ser casualidad. A lo mejor aquel marinero que pasaría a la historia, de nombre Cristóbal y apellido Colón, verían en aquel viaje el momento en el que su fortuna se iba a incrementar pero, no lo neguemos, no tenía intención de descubrir más que una nueva ruta de llegar a lo que, entonces, se consideraba un verdadero tesoro y fuente de riqueza. 

Pero Dios tiene en su corazón otras cosas que no tienen que ver con la mundanidad o los bienes materiales. E hizo que aquel marinero y los suyos llegaran a un lugar al que antes nadie, de occidente y que se sepa, había llegado. Y, miren ustedes por donde, lo que habían descubierto se acabaría llamado América por otro individuo que no era aquel que viajó financiado por los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. 

Y aquí se encierra todo: aquellos reyes eran denominados “Católicos” porque lo eran. Y tal apellido iba a tener mucha importancia en lo sucesivo. Y es que no todo ser viviente, entonces, tenía en su mente y corazón la riqueza mundana y pecuniaria. 

La fe, la católica y no otra, tuvo mucho que ver en aquella empresa: la de la Reina Isabel (Dios quiera que pronto santa), más que nada y, luego, la de aquellos que viajaron a tierras americanas para llevar la fe que iba a salvar a muchos de los que allí habitaban y se sometían a ritos paganos y muertes si cuento y sin sentido. 

La fe, por tanto, y la gracia de Dios, tuvo tanto que ver en el descubrimiento de América (cuando se supo que aquellas tierras eran “nuevas”, claro está) que dejar de lado un factor tan importante como era y fue la de creer en Dios Todopoderoso, Creador del Cielo y de la Tierra y de todo lo visible e invisible, es algo que impensable e inmerecido, si ustedes me entienden. 

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11.10.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Una gran, y triste, verdad

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Una gran, y triste, verdad

“Si este Dios que se oculta en un poco de pan, no estuviese tan abandonado, los hombres serían más felices, pero no quieren serlo.” (Punto 242)

 

Cuando Dios crea, entre otros seres, al ser humano, podía haberle atribuido unas u otras características. Es decir, pudo haber hecho que, por ejemplo, estuviese sometido a su santa Voluntad siempre y que, por tanto, siempre, atendiese a la misma.

Dios, sin embargo, no quiso hacer eso. Y, a tal respecto, no podemos decir nada sino, simplemente, aceptar lo que quiso hacer.

Pero ¿qué fue lo que quiso hacer el Creador sobre el ser humano y su hacer particular?

En realidad, es bien sencillo: Dios quiso que el ser humano fuera libre.

La libertad, entendida de forma simple, supone hacer lo que se quiera aunque se sepa que no se puede actuar de tal forma que se impida la libertad de otro…

En fin… eso fue lo que Dios quiso para su criatura que había creado, además, a su imagen y semejanza.

Al respecto de ser imagen y semejanza de Dios, no es raro que se llegue a creer que nuestro Creador es, digamos, físicamente como nosotros somos. Y es que si nosotros somos así y somos (valga tanta redundancia) imagen suya…la conclusión es obvia.

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10.10.18

Serie “Gozos y sombras del alma” - La esperanza

 

Gozos y sombras del alma

Cuando alguien dice que tiene fe (ahora decimos sea la que sea) sabe que eso ha de  tener algún significado y que no se trata de algo así como mantener una fachada de cara a la sociedad. Es cierto que la sociedad actual no tiene por muy bueno ni la fe ni la creencia en algo superior. Sin embargo, como el ser humano es, por origen y creación, un ser religioso (¿Alguien no quiere saber de dónde viene, adónde va?) a la fuerza sabe que la verdad (que cree en lo que sea superior a sí mismo) ha de existir. 

Aquí no vamos a sostener, de ninguna de las maneras, que todas las creencias son iguales. Y no lo podemos mantener porque no puede ser lo mismo tener fe en Dios Todopoderoso, Creador y Eterno que en cualquier ser humano que haya fundado algo significativamente religioso. No. Y es que sabemos que Dios hecho hombre fue quien fundó la religión que, con el tiempo se dio en llamar “católica” (por universal) y que entregó las llaves de su Iglesia a un tal Cefas (a quien llamó Pedro por ser piedra sobre la que edificarla). Y, desde entonces, han ido caminando las piedras vivas que la han constituido hacia el definitivo Reino de Dios donde anhelan estar las almas que Dios infunde a cada uno de sus hijos cuando los crea. 

El caso es que nosotros, por lo que aquí decimos, tenemos un alma. Es más, que sin el alma no somos nada lo prueba nuestra propia fe católica que sostiene que de los dos elementos de los que estamos constituidos, a saber, cuerpo y alma, el primero de ellos tornará al polvo del que salió y sólo la segunda vivirá para siempre. 

Ahora bien, es bien cierto que tenemos por bueno y verdad que la vida que será para siempre y de la que gozará el alma puede tener un sentido bueno y mejor o malo y peor. El primero de ellos es si, al morir el cuerpo, es el Cielo donde tiene su destino el alma o, en todo caso, el Purgatorio-Purificatorio como paso previo a la Casa del Padre; el segundo de ellos es, francamente, mucho peor que todo lo peor que podamos imaginar. Y lo llamamos Infierno porque sólo puede ser eso estar separado, para siempre jamás, de Quien nos ha creado y, además, soportar un castigo que no terminará nunca. 

Sentado, como hemos hecho, que el alma forma parte de nuestro propio ser, no es poco cierto que la misma necesita, también, vida porque también puede morir. Ya en vida del cuerpo el alma no puede ser preterida, olvidada, como si se tratase de realidad espiritual de poca importancia. Y es que hacer eso nos garantiza, con total seguridad, que tras el Juicio particular al que somos sometidos en el mismo instante de nuestra muerte (y esto es un misterio más que grande y que sólo entenderemos cuando llegue, precisamente, tal momento) el destino de la misma sólo puede ser el llanto y el rechinar de dientes… 

Pues bien, el alma, nuestra alma, necesita, por lo dicho, nutrición. La misma ha de ser espiritual lo mismo que el cuerpo necesita la que lo es material. Y tal nutrición puede ser recibida, por su origen, como buena o, al contrario, como mala cosa que nos induzca al daño y a la perdición. 

Nosotros sabemos, a tal respecto, que el alma goza. También sabemos que sufre. Y a esto segundo lo llamamos sombras porque son, en tal sentido, oscuridades que nos introducen en la tiniebla y nos desvían del camino que lleva, recto, al definitivo Reino de Dios Todopoderoso. 

En cuanto a los gozos que pueden enriquecer la vida de nuestra alma, los que vamos a traer aquí es bien cierto que son, al menos, algunos de los que pueden dar forma y vida al componente espiritual del que todo ser humano está hecho; en cuanto a las sombras, también es más que cierto que muchos de los que, ahora mismo, puedan estar leyendo esto, podrían hacer una lista mucho más larga. 

Al fin al cabo, lo único que aquí tratamos de hacer es, al menos, apuntar hacia lo que nos conviene y es bueno conocer para bien de nuestra alma; también hacia lo que no nos conviene para nada pero en lo que, podemos asegurar, es más que probable que caigamos en más de una ocasión. 

Digamos, ya para terminar, que es muy bueno saber que Dios da, a su semejanza y descendencia, libertad para escoger entre una cosa y otra. También sabemos, sin embargo, que no es lo mismo escoger realidades puramente materiales (querer esta o aquella cosa o tomar tal o cual decisión en ese sentido) que cuando hacemos lo propio con aquellas que son espirituales y que, al estar relacionadas con el alma, tocan más que de cerca el tema esencial que debería ser el objeto, causa y sentido de nuestra vida: la vida eterna. Y entonces, sólo entonces, somos capaces de comprender que cuando el alma, la nuestra, se nutre del alimento imperecedero ella misma nunca morirá. No aquí (que no muerte) sino allá, donde el tiempo no cuenta para nada (por ser ilimitado) y donde Dios ha querido que permanezcan, para siempre, las que son propias de aquellos que han preferido la vida eterna a la muerte, también, eterna. 

Y eso, por decirlo pronto, es una posibilidad que se enmarca, a la perfección, en el amplio mundo y campo de los gozos y las sombras del alma. De la nuestra, no lo olvidemos.

Gozos- La esperanza

  

“El que espera, desespera”.

 

Esto, sin duda alguna, es un dicho más que conocido. Lo que pasa es que, en materia de fe católica es, sencillamente, falso. 

Esperar supone mantener la esperanza que no es otra cosa que saber que Dios, nuestro Padre del Cielo, quiere lo mejor para sus hijos y nos tiene preparado, también, lo mejor: la vida eterna. 

Decimos, por eso, que quien espera, quien tiene esperanza, no puede desesperar porque eso, es, precisamente, la antítesis de la fe y supone, por otra parte, un lenguaje demasiado mundano y carnal. 

En efecto. En el mundo o el siglo, quien espera algo acaba desesperando porque acaba (muchas veces) de perder aquello que ansiaba y que sostenía sobre la esperanza cuando, la mayoría de las veces no era, sino, una esperanza más que vaga y genuinamente  humana. 

En materia de fe, y católica por ser la nuestra, las cosas son bien distintas. 

Nosotros esperamos, en primer lugar, porque confiamos. Queremos decir que mostramos confianza en Quien sabemos que nos escucha y nos mira. 

Sabemos, por eso mismo, que Dios, que quiere lo mejor para nosotros, no va a permitir que se pierdan sus hijos… si no quieren perderse ellos mismos. 

La esperanza, en este sentido, tiene una base más que sólida porque es, ni más ni menos, aquella que se sustenta sobre la Roca que es Cristo que, siendo Dios hecho hombre, no puede engañar nunca a su descendencia. 

Esperamos, por tanto, porque ansiamos esperar. Y queremos decir con eso que es nuestra voluntad alcanzar lo bueno y gozar de lo mejor. Y, tanto lo primero como lo segundo tiene un nombre, que ya fue dicho a los antiguos, y que es “El que soy”: Dios, que es el que es, es el destino que sus hijos queremos alcanzar.

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9.10.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Esperanza puesta en Dios

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Esperanza puesta en Dios

 

Luego, cuando la tarde se encapote y en el paladar se espese un líquido repudiable, cuando en el minuto cero o cuarenta y ocho de cualquier día haya sobre los tendones una concentración de cuchillos a fuego y en la garganta se conforme el perfil de un lamento, hay ya la seguridad de una mano que ha de venir quedamente con la brida del dominio y la esperanza. No importa que siga la citación de la fatalidad, la tristeza, la monotonía, la tentación o las imágenes huecas. Por mucho que acudan y acometan, ya nada violaría ese tesoro de unos párpados que se inclinan ante una presencia con el pudor feliz de un niño en la noche de Reyes.

 

Es bien cierto y verdad que cada cual, cada uno de los hijos de Dios, podemos pasar por malos momentos. En tan sentido, todos sufrimos igual (en el sentido mismo de sufrir) aunque, claro está, no todos los sufrimientos sean iguales ni tengan el mismo grado de intensidad.

El Beato Manuel Lozano Garrido, más conocido como Lolo, sufrió mucho a lo largo de su no muy extensa vida.

Decimos que cada cual sufrimos lo nuestro pero en este texto de su libro “El sillón de ruedas”(Muy propio, por cierto, que fuera el primero de sus libros el referido al sillón donde pasó muchas horas de su vida…) nos muestra un buen “catálogo” de padecimientos. Y, aunque estamos más seguros que no lo pone para dar lástima ni nada por el estilo, para que nadie sienta compasión por su situación… lo bien cierto es que da lástima y nos hace sentir compasión por quien haya pasado o esté pasando por tales sufrimientos.

De todas formas, no es eso lo que busca Lolo sino lo otro.

Pero ¿Qué es lo otro?

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8.10.18

Serie Venerable Marta Robin – Compartir con Cristo

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobre la pasión en sí misma vivida – Compartir con Cristo

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

Compartir con Cristo

 

“Admiro el inmenso amor que ha llevado a Jesús a amarme hasta el punto de querer compartir conmigo los sufrimientos de su vida, las torturas de su Pasión de su Cruz.”

 

Es bien cierto que cuando se quiere a alguien es más que probable que se compartan las realidades más íntimas porque no otra cosa se puede esperar de quien se ama y a quien se ama.

Lo mismo, en tal sentido, pasa con la Venerable Marta Robin como bien muestra en este texto cuando, como sabemos, tiene esto que ver con la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo pero, sobre todo, con la forma que tuvo Marta de vivirla.

Admira. Ella nos dice que admira lo que supone que el Hijo de Dios la ame más que mucho. Y es que cuando eso pasa, no es poco lo que se espera, lo que espera nuestra hermana en la fe.

En realidad, lo que hace el Hijo de Dios con su hermana Marta Robin lo hacer porque sabe que ella va a recibir el tal “regalo” con gozo y esperanza.

¿De qué regalo hablamos?

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7.10.18

La Palabra del domingo - 7 de octubre de 2018

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Mc 10, 2-16

 

“2 Se acercaron unos fariseos que, para ponerle a prueba, preguntaban: ‘¿Puede el marido repudiar a la mujer?’ 3 El les respondió: ¿Qué os prescribió Moisés?’ 4 Ellos le dijeron: ‘Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla.’ 5 Jesús les dijo: ‘Teniendo en cuenta la dureza de vuestro corazón escribió para vosotros este precepto. 6      Pero desde el comienzo de la creación, = El los hizo varón y hembra. =7  = Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, =8     = y los dos se harán una sola carne. = De manera que ya no son dos, sino  una sola carne.9 Pues bien, lo que Dios unió, no lo separe el hombre.’10 Y ya en casa, los discípulos le volvían a preguntar sobre esto. 11    El les dijo: ‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aquélla; 12 y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio.’13 Le presentaban unos niños para que los tocara; pero los discípulos les reñían.14 Mas Jesús, al ver esto, se enfadó y les dijo: ‘Dejad que los niños vengan a mí, no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el Reino de Dios.15 Yo os aseguro: el que no reciba el Reino de Dios como niño, no entrará en él.’16 Y abrazaba a los niños, y los bendecía poniendo las manos sobre ellos.”

 

 

COMENTARIO            

 

En el principio…

Este texto evangélico de Marcos nos muestra dos situaciones distintas pero que, aunque separadas, muestran dos aspectos importantes de las enseñanzas del Maestro.

Por una parte, el tema del matrimonio, el de la unión de un hombre y de una mujer; por otra, otra vez, con una reiteración que no ha de quedar en repetición simple sino en advertencia, el tema del niño, de los niños, y de su importancia, para entrar, en el Reino de Dios.

En cuanto al primero de los temas, el del matrimonio, alguna interpretación peculiar de la Ley de Dios había dado al traste con el verdadero sentido de lo que el Creador estableció en un principio. Es evidente que pretendían “cazar” a Jesús con la pregunta del repudio y el acta de divorcio. Sin embargo, no es menos cierto que el Mesías, que las tenía todas consigo, podía evitar, fácilmente, ese embate supuestamente difícil.

Dice, también, Jesús: “Lo que Dios unió, que no lo separe el hombre”. Esta frase, muy oída en muchas ocasiones, encierra esa Verdad que, en sí misma, dice mucho de la voluntad de Aquel. Cuando creó, cuando nos creó, en la figura de nuestros primeros padres, Dios no se conformó con hacer eso, que ya es suficiente, sino que manifestó, con la unión de ambos, un futuro establecido para el bien de la humanidad.

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6.10.18

Serie “Al hilo de la Biblia - Palabra, la Palabra

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

 

Palabra, la Palabra

 

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Jn 1 ,1

 

“En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios.”

 

No podemos negar que comentar acerca de este versículo de la Santa Biblia y, por demás, uno de los más significativos, es algo que se ha hecho muchas veces. Sin embargo, como Dios es uno (el Único) que lo es personal, tampoco podemos negar que a cada cual las palabras de San Juan le pueden decir algo distinto.

Y bien, una vez justificado decir algo más sobre esto… pasemos a decirlo.

Todo aquí cuenta. Y queremos decir que cada palabra tiene un significado, significa algo para nosotros, que es de vital importancia.

Está claro que había un principio. Es decir, la Creación tuvo que empezar en determinado momento. Había, pues, un tiempo que es considerado como el “principio”, como aquel instante en el que todo empezó. También sabemos que fue Dios quien todo lo creó y que nada fue producto ni de la casualidad, ni del azar ni nada por el estilo. Y eso no es cuestión de fe sino de simple y puro sentido común: Alguien, de inteligencia muy superior a la común, tuvo que hacer todo esto. No hay otra explicación.

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5.10.18

Serie “De Resurrección a Pentecostés” - Introducción

De Resurrección a Pentecostés

 

Antes de dar comienzo a la reproducción del libro de título “De Resurrección a Pentecostés”, expliquemos esto.

Como es más que conocido por cualquiera que tenga alguna noción de fe católica, cuando Cristo resucitó no se dedicó a no hacer nada sino, justamente, a todo lo contrario. Estuvo unas cuantas semanas acabando de instruir a sus Apóstoles para, en Pentecostés, enviarlos a que su Iglesia se hiciera realidad. Y eso, el tiempo que va desde que resucitó el Hijo de Dios hasta aquel de Pentecostés, es lo que recoge este libro del que ahora ponemos, aquí mismo, la Introducción del mismo que es, digamos, la continuación de “De Ramos a Resurrección” y que, al contrario de lo que suele decirse, aquí segundas partes sí fueron buenas. Y no por lo escrito, claro está, sino por lo que pasó y supusieron para la historia de la humanidad aquellos cincuenta días.

 

 

Cuando Jesucristo murió, a sus discípulos más allegados se les cayó el mundo encima. Todo lo que se habían propuesto llevar a cabo se les vino abajo en el mismo momento en el que Judas besó al Maestro.

Nadie podía negar que pudieran tener miedo. Y es que conocían las costumbres de aquellos sus mayores espirituales y a la situación a la que habían llevado al pueblo. Por eso son consecuentes con sus creencias y, por decirlo así, dar la cara en ese momento era la forma más directa para que se la rompieran. Y Jesús les había dicho en alguna ocasión que había que ser astutos como serpientes. Es más, había tratado de librarlos de ser apresados cuando, en Getsemaní, se identificó como Jesús y dijo a sus perseguidores que dejaran al resto marcharse.

Por eso, en tal sentido, lo que hicieron entonces sus apóstoles era lo mejor.

Aquella Pascua había sido muy especial para todos. Jesús se había entregado para hacerse cordero, el Cordero Pascual que iba a ser sacrificado para la salvación del mundo. Pero aquel sacrificio les iba a servir para mucho porque el mismo había sido precedido por la instauración de la Santa Misa (“haced esto en memoria mía”, les dijo el Maestro) y, también, la del sacerdocio a través del Sacramento del Orden. Jesús, pues, el Maestro y el Señor, les había hecho mucho bien tan sólo con arremangarse y lavarles los pies antes de empezar a celebrar la Pascua judía. Luego, todo cambió y cuando salieron Pedro, Santiago y Juan de aquella sala, en la que se había preparado la cena, acompañando a Jesús hacia el Huerto de los Olivos algo así como un gran cambio se había producido en sus corazones.

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4.10.18

El rincón del hermano Rafael - "Saber esperar" - Un consejo más que importante

“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”

Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.

Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.

Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.

             

Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.

 

“Saber Esperar” –  Un consejo más que importante

 

“Que tu vida sea un continuo acto de amor a Jesús.” (Punto 240)

 

Como bien sabemos, es muy importante prestar atención a lo que aquellos hermanos nuestros destacados por su profunda espiritualidad han podido decir, escribir o, en general, transmitir.

Es cierto que podría decirse que una persona, cuando sube a los altares, es porque ha acumulado abundantes méritos a lo largo de su vida en el mundo. Y eso, o por eso mismo, lo que haya dicho, escrito o transmitido, nos puede ser muy útil.

Tal es el caso de nuestro hermano, llamado Rafael Arnáiz, en lo más alto San Rafael Arnáiz Barón, que tales son su nombre y apellidos.

Pues bien, en materia de fe, es fácil equivocarse en lo tocante a qué es lo más importante al respecto de la misma pero, sobre todo, de lo que supone en nuestra vida.

Sobre eso, es bien cierto que nosotros deberíamos tener la actitud de María, la hermana de Lázaro y ser, en tal sentido, íntimos escuchadores del Hijo de Dios.

El hermano Rafael, que tuvo un trato muy directo con el Mesías (eso podemos deducir de sus escritos) pone sobre la mesa algo que es una verdad pero que, sobre todo, nos viene la mar de bien seguir.

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3.10.18

Serie “Gozos y sombras del alma” - Gozos: 2 El amor

Gozos y sombras del alma

Cuando alguien dice que tiene fe (ahora decimos sea la que sea) sabe que eso ha de  tener algún significado y que no se trata de algo así como mantener una fachada de cara a la sociedad. Es cierto que la sociedad actual no tiene por muy bueno ni la fe ni la creencia en algo superior. Sin embargo, como el ser humano es, por origen y creación, un ser religioso (¿Alguien no quiere saber de dónde viene, adónde va?) a la fuerza sabe que la verdad (que cree en lo que sea superior a sí mismo) ha de existir. 

Aquí no vamos a sostener, de ninguna de las maneras, que todas las creencias son iguales. Y no lo podemos mantener porque no puede ser lo mismo tener fe en Dios Todopoderoso, Creador y Eterno que en cualquier ser humano que haya fundado algo significativamente religioso. No. Y es que sabemos que Dios hecho hombre fue quien fundó la religión que, con el tiempo se dio en llamar “católica” (por universal) y que entregó las llaves de su Iglesia a un tal Cefas (a quien llamó Pedro por ser piedra sobre la que edificarla). Y, desde entonces, han ido caminando las piedras vivas que la han constituido hacia el definitivo Reino de Dios donde anhelan estar las almas que Dios infunde a cada uno de sus hijos cuando los crea. 

El caso es que nosotros, por lo que aquí decimos, tenemos un alma. Es más, que sin el alma no somos nada lo prueba nuestra propia fe católica que sostiene que de los dos elementos de los que estamos constituidos, a saber, cuerpo y alma, el primero de ellos tornará al polvo del que salió y sólo la segunda vivirá para siempre. 

Ahora bien, es bien cierto que tenemos por bueno y verdad que la vida que será para siempre y de la que gozará el alma puede tener un sentido bueno y mejor o malo y peor. El primero de ellos es si, al morir el cuerpo, es el Cielo donde tiene su destino el alma o, en todo caso, el Purgatorio-Purificatorio como paso previo a la Casa del Padre; el segundo de ellos es, francamente, mucho peor que todo lo peor que podamos imaginar. Y lo llamamos Infierno porque sólo puede ser eso estar separado, para siempre jamás, de Quien nos ha creado y, además, soportar un castigo que no terminará nunca. 

Sentado, como hemos hecho, que el alma forma parte de nuestro propio ser, no es poco cierto que la misma necesita, también, vida porque también puede morir. Ya en vida del cuerpo el alma no puede ser preterida, olvidada, como si se tratase de realidad espiritual de poca importancia. Y es que hacer eso nos garantiza, con total seguridad, que tras el Juicio particular al que somos sometidos en el mismo instante de nuestra muerte (y esto es un misterio más que grande y que sólo entenderemos cuando llegue, precisamente, tal momento) el destino de la misma sólo puede ser el llanto y el rechinar de dientes… 

Pues bien, el alma, nuestra alma, necesita, por lo dicho, nutrición. La misma ha de ser espiritual lo mismo que el cuerpo necesita la que lo es material. Y tal nutrición puede ser recibida, por su origen, como buena o, al contrario, como mala cosa que nos induzca al daño y a la perdición. 

Nosotros sabemos, a tal respecto, que el alma goza. También sabemos que sufre. Y a esto segundo lo llamamos sombras porque son, en tal sentido, oscuridades que nos introducen en la tiniebla y nos desvían del camino que lleva, recto, al definitivo Reino de Dios Todopoderoso. 

En cuanto a los gozos que pueden enriquecer la vida de nuestra alma, los que vamos a traer aquí es bien cierto que son, al menos, algunos de los que pueden dar forma y vida al componente espiritual del que todo ser humano está hecho; en cuanto a las sombras, también es más que cierto que muchos de los que, ahora mismo, puedan estar leyendo esto, podrían hacer una lista mucho más larga. 

Al fin al cabo, lo único que aquí tratamos de hacer es, al menos, apuntar hacia lo que nos conviene y es bueno conocer para bien de nuestra alma; también hacia lo que no nos conviene para nada pero en lo que, podemos asegurar, es más que probable que caigamos en más de una ocasión. 

Digamos, ya para terminar, que es muy bueno saber que Dios da, a su semejanza y descendencia, libertad para escoger entre una cosa y otra. También sabemos, sin embargo, que no es lo mismo escoger realidades puramente materiales (querer esta o aquella cosa o tomar tal o cual decisión en ese sentido) que cuando hacemos lo propio con aquellas que son espirituales y que, al estar relacionadas con el alma, tocan más que de cerca el tema esencial que debería ser el objeto, causa y sentido de nuestra vida: la vida eterna. Y entonces, sólo entonces, somos capaces de comprender que cuando el alma, la nuestra, se nutre del alimento imperecedero ella misma nunca morirá. No aquí (que no muerte) sino allá, donde el tiempo no cuenta para nada (por ser ilimitado) y donde Dios ha querido que permanezcan, para siempre, las que son propias de aquellos que han preferido la vida eterna a la muerte, también, eterna. 

Y eso, por decirlo pronto, es una posibilidad que se enmarca, a la perfección, en el amplio mundo y campo de los gozos y las sombras del alma. De la nuestra, no lo olvidemos.

Serie Gozos y sombras del alma : Gozos: 2 El amor

 

Cuando se habla del amor, así, como “sentimiento”, se suele acudir a situaciones, digamos, edulcoradas: tal ama a cual o tal ha encontrado el amor con cual (que luego lo haya olvidado, eso no viene a cuento).

Sin embargo, para un fiel católico, el amor tiene mucho más que ver que con sentimientos volanderos y cambiantes. Y es que tiene que ver, precisamente, con obedecer, con la obediencia.

El caso es que la obediencia es, en la vida ordinaria, una prueba que en muchas ocasiones hemos de pasar y que supone, sobre todo, el olvido del individualismo que tanto abunda hoy día.

Así, obedecer supone dejar a un lado, las más de las veces, nuestras ideas y someterlas a las de alguien que tiene, sobre nosotros, una autoridad y legitimidad para ordenar actuaciones, comportamientos, procederes. 

Ahora, hemos de dar un paso más porque en el ámbito eclesial la obediencia juega un papel aún más importante porque, en algunas ocasiones, se deja de lado porque se sostienen posturas contrarias al Magisterio de la Santa Madre Iglesia. 

Obedecer, entonces, es amar. 

Remontándonos al Antiguo Testamento hay que temer a Dios y guardar sus mandamientos  “porque eso es el todo del hombre”  (Ecl 12,13). Por tanto, desde aquellas letras que las Sagradas Escrituras dejaron puestas para siempre queda bien sentado qué es lo que debe hacer quien se dice y siente hijo de Dios. 

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2.10.18

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro"- Ahí está Dios

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Durante unas semanas, si Dios quiere, vamos a dedicar el comentario de los textos de Lolo a un apartado particular del libro citado arriba de título “Recuento de beneficios” donde hace indicación de los beneficios de la relación del Beato con el Todopoderoso.

Ahí está Dios

 

Y Dios, claro, se descuelga por entre los nubarrones y hace rodar su marcha de bravo lebrel.

 

Muchas veces decimos que la esperanza es lo último que se pierde cuando, en realidad, el discípulo de Cristo e hijo de Dios consciente de que lo es sabe muy bien que no puede caer, nunca, en desesperación porque, en tal caso, estaríamos dudando mucho del Creador.

El beato Manuel Lozano Garrido que, para muchos, podría haber perdido la esperanza a lo largo de su vida, por las muchas malas situaciones por las que pasó, nos muestra que no, que ni siquiera él se desesperó y que nunca perdió la confianza en Dios.

Lo que nos dice, a muchos podría parecerles un exceso de confianza. Para Lolo, sin embargo, es lo básico, lo elemental, lo que arraiga en el corazón y sale por la boca.

Nosotros, a tal respecto, y ante una situación, digamos, mala o peor, podemos hacer varias cosas: una de ellas es perder la esperanza; otra, más recomendable, refugiarnos en Quien nos ha dado la vida y nos mantiene en ella.

Dios no quiere, como bien sabemos, nada malo para su semejanza. Por eso no deja de asistirnos cuando lo necesitamos y, claro, cuando lo pedimos. Y es que, una cosa es que nos ame con Amor grande y otra, muy distinta, que no quiera nuestra atención como si fuéramos hijos descarriados que esperan el auxilio de su Padre sin, siquiera, pedirlo.

Pues bien. Sí, pasamos por malos momentos. A eso, el Beato de Linares (Jaén, España) los llama “nubarrones”.

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1.10.18

Serie Venerable Marta Robin – Auxilio de Dios

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Sobre la pasión en sí misma vivida – 

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

Auxilio de Dios

 

“Desde lo alto de su trono de gloria donde Él reina soberanamente, pero, sobre todo, como Padre Justo y Bueno, Dios se inclina con una misericordiosa ternura para alentar, sostener, fortificar con su dulce presencia el alma por su amor afligido.” (Diario íntimo, 7 de enero de 1930)

Reinado y bondad.

Estas dos palabras definen muy bien a Dios. Y nuestra hermana, la Venerable Marta Robin, las pone en el lugar justo para que comprendamos que no estamos solos sino que, al contrario, nuestro Creador siempre está a nuestro lado.

Estas palabras están escritas en el Diario íntimo y las pone, el autor del libro “El secreto de Marta Robin” que estamos aquí trayendo, en el apartado correspondiente a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo. Y lo hace con razón y con justa causa.

En lo tocante al reinado de Dios, es bien cierto que Quien todo lo ha creado es, sin duda alguna, Rey de todo lo creado, el máximo exponente del poder y, en fin, Quien mantiene lo que ha hecho de la nada. Pues bien, tal realidad nos viene más que bien porque nos indica que podemos dirigirnos a Quien eso es en la seguridad de que siempre estará escuchando.

Dios, claro está, permanece en lo más alto. Y eso ha de querer decir que está por encima de todos y de todo. Por eso puede saber de nosotros y, desde su Reino, el definitivo o Cielo, puede hacer y deshacer sin que nada ni nadie pueda impedir su santísima Voluntad.

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30.09.18

La Palabra del Domingo - 30 de septiembre de 2018

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Mc 9, 38-43. 45. 47-48

“38 Juan le dijo: ‘Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y no viene con nosotros y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros.’39   Pero Jesús dijo: ‘No se lo impidáis, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y que luego sea  capaz de hablar mal de mí.40 Pues el que no está contra nosotros, está por nosotros.’

41 ‘Todo aquel que os dé de beber un vaso de agua por el hecho de que sois de Cristo, os aseguro que no perderá su  recompensa.’42 ‘Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, mejor le es que le pongan al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos y que le echen al mar. 43 Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga.45 Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser  arrojado a la gehenna.47 Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, 48 donde = su gusano no muere y el fuego no se apaga’”.

                                

 

COMENTARIO

 

Con el que me sigue

 

1.- A pesar de que hacía muy poco tiempo, relativamente, que Jesús predicaba y enseñaba que el Reino de Dios ya había llegado, alguno de sus contemporáneos se habían arrogado la posibilidad de actuar en representación suya y, así, extender su misterio a todo aquel que quisiera atender lo que decía y hacía.

Sin embargo, aquellos que le seguían más de cerca, los que creían tener la “exclusiva” de ese Mesías, los que, quizá egoístamente, querían acapararlo para sí (no obstante hacía bien poco que se preguntaban quién sería el primero al morir Él) no podían, o no querían, permitir que nadie actuara dentro de ese pequeño grupo: quien no iba  con ellos se suponía que no estaba “autorizado” a hacer nada, ni aunque fuera bueno.

Esta actitud tenía mucha relación con lo que creían muchos judíos sobre el hecho de que nada se podía hacer contrario a la ley en sábado. Por lo tanto, aún parece que no habían recorrido el camino existente entre su antigua ley y la verdadera Ley de Dios y de su Reino.

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29.09.18

Serie “Al hilo de la Biblia- Y Jesús dijo…” – Engendrado para siempre, siempre, siempre

Sagrada Biblia

Dice S. Pablo, en su Epístola a los Romanos, concretamente, en los versículos 14 y 15 del capítulo 2 que, en efecto, cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen naturalmente las prescripciones de la ley, sin tener ley, para sí mismos son ley; como quienes muestran tener la realidad de esa ley escrita en su corazón, atestiguándolo su conciencia, y los juicios contrapuestos de condenación o alabanza. Esto, que en un principio, puede dar la impresión de ser, o tener, un sentido de lógica extensión del mensaje primero del Creador y, por eso, por el hecho mismo de que Pablo lo utilice no debería dársele la mayor importancia, teniendo en cuenta su propio apostolado. Esto, claro, en una primera impresión.

Sin embargo, esta afirmación del convertido, y convencido, Saulo, encierra una verdad que va más allá de esta mención de la Ley natural que, como tal, está en el cada ser de cada persona y que, en este tiempo de verano (o de invierno o de cuando sea) no podemos olvidar.

Lo que nos dice el apóstol es que, al menos, a los que nos consideramos herederos de ese reino de amor, nos ha de “picar” (por así decirlo) esa sana curiosidad de saber dónde podemos encontrar el culmen de la sabiduría de Dios, dónde podemos encontrar el camino, ya trazado, que nos lleve a pacer en las dulces praderas del Reino del Padre.

Aquí, ahora, como en tantas otras ocasiones, hemos de acudir a lo que nos dicen aquellos que conocieron a Jesús o aquellos que recogieron, con el paso de los años, la doctrina del Jristós o enviado, por Dios a comunicarnos, a traernos, la Buena Noticia y, claro, a todo aquello que se recoge en los textos sagrados escritos antes de su advenimiento y que en las vacaciones veraniegas se ofrece con toda su fuerza y desea ser recibido en nuestros corazones sin el agobio propio de los periodos de trabajo, digamos, obligado aunque necesario. Y también, claro está, a lo que aquellos que lo precedieron fueron sembrando la Santa Escritura de huellas de lo que tenía que venir, del Mesías allí anunciado.

Por otra parte, Pedro, aquel que sería el primer Papa de la Iglesia fundada por Cristo, sabía que los discípulos del Mesías debían estar

“siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza” (1 Pe 3, 15)

Y la tal razón la encontramos intacta en cada uno de los textos que nos ofrecen estos más de 70 libros que recogen, en la Antigua y Nueva Alianza, un quicio sobre el que apoyar el edificio de nuestra vida, una piedra angular que no pueda desechar el mundo porque es la que le da forma, la que encierra respuestas a sus dudas, la que brota para hacer sucumbir nuestra falta de esperanza, esa virtud sin la cual nuestra existencia no deja de ser sino un paso vacío por un valle yerto.

La Santa Biblia es, pues, el instrumento espiritual del que podemos valernos para afrontar aquello que nos pasa. No es, sin embargo, un recetario donde se nos indican las proporciones de estas o aquellas virtudes. Sin embargo, a tenor de lo que dice Francisco Varo en su libro “¿Sabes leer la Biblia? “ (Planeta Testimonio, 2006, p. 153)

“Un Padre de la Iglesia, san Gregorio Magno, explicaba en el siglo VI al médico Teodoro qué es verdaderamente la Biblia: un carta de Dios dirigida a su criatura”. Ciertamente, es un modo de hablar. Pero se trata de una manera de decir que expresa de modo gráfico y preciso, dentro de su sencillez, qué es la Sagrada Escritura para un cristiano: una carta de Dios”.

Pues bien, en tal “carta” podemos encontrar muchas cosas que nos pueden venir muy bien para conocer mejor, al fin y al cabo, nuestra propia historia como pueblo elegido por Dios para transmitir su Palabra y llevarla allí donde no es conocida o donde, si bien se conocida, no es apreciada en cuanto vale.

Por tanto, vamos a traer de traer, a esta serie de título “Al hilo de la Biblia”, aquello que está unido entre sí por haber sido inspirado por Dios mismo a través del Espíritu Santo y, por eso mismo, a nosotros mismos, por ser sus destinatarios últimos.

Por otra parte, es bien cierto que Jesucristo, a lo largo de la llamada “vida pública” se dirigió en múltiples ocasiones a los que querían escucharle e, incluso, a los que preferían tenerlo lejos porque no gustaban con lo que le oían decir.

Sin embargo, Jesús decía lo que era muy importante que se supiera y lo que, sobre todo, sus discípulos tenían que comprender y, también, aprender para luego transmitirlo a los demás.

Vamos, pues, a traer a esta serie sobre la Santa Biblia parte de aquellos momentos en los que, precisamente, Jesús dijo.

Engendrado para siempre, siempre, siempre

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Y Jesús dijo… (Mc 13,31)

 

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.

 

Ahí queda eso. Lo que ha sido, es y será en una frase muy corta pero con palabras que son, simplemente, eternas.

Cuando Dios, en su eternidad, crea lo que no había creado y engendra a su Único Hijo no creado, tenía en mente que las cosas fueran de determinada manera.

Es bien cierto que tal cosa es muy misteriosa y que no la entenderemos hasta que estemos (Dios quiera y nosotros lo procuremos) en el Cielo. Sin embargo, eso no puede hacer que no creamos en lo que es verdad. Y si, además, es el Hijo de Dios quien nos lo dice, menos posibilidades tenemos de dudar de lo queremos saber. Y tal es el caso de lo que nos dice Jesucristo sobre Él mismo o, mejor, sobre la Palabra, así, en mayúscula, por ser la de Dios.

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28.09.18

Serie “De Ramos a Resurrección” - Conclusión

De-ramos-a-resurrección

En las próximas semanas, con la ayuda de Dios y el permiso de la editorial, vamos a traer al blog el libro escrito por el que esto escribe de título “De Ramos a Resurrección”. Semana a semana vamos a ir reproduciendo los apartados a los que hace referencia el Índice que es, a saber:

Introducción                                        

I. Antes de todo                                           

 El Mal que acecha                                  

 Hay grados entre los perseguidores          

 Quien lo conoce todo bien sabe               

II. El principio del fin                          

 Un júbilo muy esperado                                       

 Los testigos del Bueno                           

 Inoculando el veneno del Mal                         

III. El aviso de Cristo                           

 Los que buscan al Maestro                      

 El cómo de la vida eterna                              

 Dios se dirige a quien ama                      

 Los que no entienden están en las tinieblas      

 Lo que ha de pasar                                 

Incredulidad de los hombres                    

El peligro de caminar en las tinieblas         

       Cuando no se reconoce la luz                   

       Los ánimos que da Cristo                  

       Aún hay tiempo de creer en Cristo            

IV. Una cena conformante y conformadora 

 El ejemplo más natural y santo a seguir          

 El aliado del Mal                                    

 Las mansiones de Cristo                                

 Sobre viñas y frutos                               

 El principal mandato de Cristo                         

       Sobre el amor como Ley                          

       El mandato principal                         

Elegidos por Dios                                    

Que demos fruto es un mandato divino            

El odio del mundo                                   

El otro Paráclito                                      

Santa Misa                                             

La presencia real de Cristo en la Eucaristía        

El valor sacrificial de la Santa Misa                   

El Cuerpo y la Sangre de Cristo                 

La institución del sacerdocio                     

V. La urdimbre del Mal                         

VI. Cuando se cumple lo escrito                 

En el Huerto de los Olivos                              

La voluntad de Dios                                        

Dormidos por la tentación                        

Entregar al Hijo del hombre                            

       Jesús sabía lo que Judas iba a cumplir       

       La terrible tristeza del Maestro                  

El prendimiento de Jesús                                

       Yo soy                                            

       El arrebato de Pedro y el convencimiento   

       de Cristo

Idas y venidas de una condena ilegal e injusta  

Fin de un calvario                                   

Un final muy esperado por Cristo              

En cumplimiento de la Sagrada Escritura

        La verdad de Pilatos                        

        Lanza, sangre y agua                      

 Los que permanecen ante la Cruz                   

       Hasta el último momento                  

       Cuando María se convirtió en Madre          

       de todos

 La intención de los buenos                      

       Los que saben la Verdad  y la sirven          

VII. Cuando Cristo venció a la muerte        

El primer día de una nueva creación                 

El ansia de Pedro y Juan                          

A quien mucho se le perdonó, mucho amó        

 

VIII. Sobre la glorificación

 La glorificación de Dios                            

 

Cuando el Hijo glorifica al Padre                       

Sobre los frutos y la gloria de Dios                  

La eternidad de la gloria de Dios                      

 

La glorificación de Cristo                                

 

Primera Palabra                                             

Segunda Palabra                                           

Tercera Palabra                                             

Cuarta Palabra                                               

Quinta Palabra                                        

Sexta Palabra                                         

Séptima Palabra                                     

 

Conclusión                                          

 

 El libro ha sido publicado por la Editorial Bendita María. A tener en cuenta es que los gastos de envío son gratuitos.

  

“De Ramos a Resurrección” -   Conclusión

 

El espacio temporal que aquí hemos traído es muy estrecho. Es decir, de un domingo al siguiente apenas unos días marcan el devenir de las personas y, así, de la humanidad toda.

Sin embargo, no todos los días ni todas las personas que habitan los mismos son iguales: hay tiempos en los que las cosas que pasan tienen mucho que ver con lo que a todos afecta; hay personas que deciden, con su actitud, lo que ha de pasar.

En realidad, lo que pasó entre aquel domingo en el que el Hijo de Dios, con conciencia de que lo era, entró en Jerusalén y aquel otro, el siguiente, en el que volvió de entre los muertos para mostrar y demostrar que todo lo que había dicho era cierto, fueron unos días decisivos para todo ser humano. Es más, gracias a aquello que entonces pasó nosotros, cada uno de nosotros, hemos ganado la vida eterna. Aunque, claro está, no para todos está hecho tal destino pues sólo quien crea en Quien, precisamente, dio su vida entonces en una Cruz, y lo confiese como Hijo de Dios, alcanzará un tan gozoso y anhelado destino.

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