25.03.20

(587) Coronavirus –La obediencia cristiana a las Autoridades civiles (I)

Sobre este tema, en referencia al coronavir, no he leído nada. 

Porque apenas se ha escrito nada.

La Iglesia Católica, fiel a su historia, ha de librar combate contra el coronavirus homicida con todas sus posibilidades, que serán diferentes en las distintas Iglesias locales. Y como siempre lo hará obrando en tres direcciones convergentes: 1) la oración, rogativas, Misas, penitencias, invocación de Dios, de la Virgen, de los Santos y Ángeles, adoración del Santísimo, confortación espiritual de los fieles, etc. (cf. J. M. Iraburu, Oraciones de la Iglesia en tiempos de aflicción); 2) la caridad fraterna, ayudas espirituales ante todo, pero también corporales en aquellas obras que la autoridad civil permite; y 3) estimulando la obediencia estricta a la disciplina ordenada por las Autoridades sanitarias civiles; y disponiendo complementariamente en cada nación o en cada diócesis orientaciones concretas de la vida de la Iglesia, dentro del marco de las normas sanitarias establecidas.

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24.03.20

(588) Coronavirus. La obediencia cristiana a las Autoridades civiles (y II)

–Dejó usted sin contestar a ciertos comentaristas (587), diciendo que los respondería en un comentario último final. Y no lo hizo. Argia, M. Angels, Jordi, MªRosa Gutes, José Martínez, Veritas liberabit, Javier y Ana, estarán esperando.

Ya les he avisado que no les contestaba al final de (587), como pensaba, porque me salió largo el texto. Y que veo que es mejor dar la respuesta prometida  en un segundo artículo (588). 

Conviene que complete mi anterior artículo con estos datos y reflexiones. Y si alguno no ha leído el (587) serìa bueno que lo leyera antes que éste. 

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17.03.20

(586) Evangelización de América, 92. – Ilustración, Liberalismo e Independencias nacionales (II)

-¡Por fin libres!

-¿Seguro?

 «Latinoamérica» hacia 1800

Desde México a la Patagonia, el imperio hispano-americano se mantuvo unido bajo la Corona durante tres siglos, compartiendo una misma len­gua, ley y religión, y formando un gran cuerpo social, que en 1800 es sin duda muy superior, tanto en su volumen demográfico como en su desarro­llo económico y cultural, al del Brasil o al de las Trece Colonias de la inci­piente América anglosajona del norte.

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11.03.20

(585) Evangelización de América, 91. -La Ilustración y el liberalismo (I)

David, 1791. Jeu de Paume, 1789

–¿Pero no estaba usted hablando de la Evangelización de América?

–Todo se andará, si el carro no se para. Todo se andará, que la calle es larga.

Este artículo viene a ser prólogo de los dos que le seguirán, Dios mediante.

 

–El Occidente se vuelve contra sí mismo

Dos libros, ya clásicos, de Paul Hazard, La crisis de la conciencia euro­pea (1680-1715) y El pensamiento europeo en el si­glo XVIII, pueden ayudarnos a entender bien el gran giro espiri­tual iniciado en el Occidente cristiano a partir de 1715. El precedente más significativo de esta nueva orientación se halla en el Renacimiento y el Luteranismo con su li­bre examen; es decir, en el inicio de un naturalismo pujante y en el comienzo de un rechazo de la Iglesia.

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3.03.20

(584) Evangelización de América, 90. -Norte de América, 3. -Otros santos del Norte de América

 –La evangelización del Norte de América tuvo muchos misioneros santos.

–Muchos de ellos fueron mártires.

 

–Los misioneros capuchinos y franciscanos

Los capuchinos, unos pocos, que llegaron en 1632 hubieron de regresar a Europa. Otra expedición, conducida por el padre Pacífico de Provins, veterano misionero del Próximo Oriente, reunió en 1642 siete capuchinos al cuidado pastoral de varias estaciones de colonos. El padre Baltasar de París entró a los indios, y en 1648 había ya un grupo misionero de 12 sa­cerdotes y 5 hermanos. Pero en 1654, con el ataque de los puritanos ingle­ses, terminó la misión capuchina, que duró 22 años.

Los franciscanos, vetados por la Sociedad comercial que controlaba la zona, no pudieron misionar en la Nueva Francia hasta 1671, cuando la ci­tada Sociedad fue suprimida, y la colonia pasó a depender de la corona francesa. Asumieron el cuidado pastoral de Trois-Rivières, isla Percée, en el golfo de San Lorenzo, y Fort Frontenac, en el lago Ontario. Abrieron noviciado en Quebec. También ellos, como los jesuitas, tuvieron varios mártires en sus misiones.

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