21.03.17

(425) La muerte cristiana, 10. –en Beatriz de la Encarnación, religiosa

Carmelita descalza muerta

–Las buenas religiosas son lo mejor de la Iglesia.

–No podemos saberlo; pero me parece bastante probable que así sea.

Hoy se conoce poco la vida religiosa porque hay pocos religiosos; y hay tan pocos religiosos porque se desconoce la vida religiosa. Los fieles cristianos han oído alguna vez la frase de Cristo: «Si quieres ser perfecto, anda, vende tus bienes, da el dinero a los pobres –así tendrás un tesoro en el cielo– y luego ven y sígueme» (Mt 19,21). Pero hoy la mayoría no cree en ella, porque hace ya medio siglo que vienen oyendo una enseñanza contraria a la del Maestro: los caminos de la vida laical y de la vida religiosa, objetivamente considerados, son totalmente equiparables en orden a la perfección evangélica. Tesis que es falsa, por ser contraria a la palabra de Cristo y a la experiencia y enseñanza de la Tradición y del Magisterio apostólico.

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19.03.17

(311) San José, custodio de Jesús y de su Cuerpo, la Iglesia

San José y el Niño JesúsSan José, custodio amante, / de Jesús y de María, / enséñame a vivir siempre / en tan dulce compañía.

Sé mi maestro y mi guía / en la vida de oración; / dame paciencia, alegría / y humildad de corazón.

No me falte en este día / tu amorosa protección, / ni en mi última agonía / tu piadosa intercesión.

Esta preciosa oración a San José me la dio hace bastantes años en una estampa una religiosa carmelita, que como todas las del Carmelo había heredado de Santa Teresa de Jesús una devoción muy grande al glorioso patriarca San José. Dios le pague el precioso regalo que me hizo. Llevo siempre esa oración en el Breviario, para rezarla todos los días.

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La exhortación apostólica Redemptoris Custos, de San Juan Pablo II (15-VIII-1989) es uno de los más grandes documentos que el Magisterio apostólica nos ha dado sobre San José. En el día de su solemnidad litúrgica quiero recordarla, tomando de ella aquellos textos en los que, continuando una larga tradición, enseña cómo San José, habiendo sido elegido por Dios para custodiar la vida de Jesús, recibió al mismo tiempo la misión de custodiar la vida del Cuerpo de Jesús, que es la Iglesia.

El texto que sigue recoge, pues, algunos fragmentos de la Redemptoris Custos.

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15.03.17

(424) La muerte cristiana, 9. –en San Esteban

S. Esteban - José de Churriguera, 1707

–¿Tan peligroso es decir en el mundo la verdad de Dios?

–Pruebe a hacerlo y podrá comprobarlo.

–La muerte de Cristo en la cruz es evidentemente el modelo supremo de la muerte cristiana, como ya lo expuse en el artículo anterior (423). Pero también la muerte de los santos, al ser imágenes de Cristo muy perfectas, son para nosotros revelación y estímulo para conocer y vivir la muerte cristiana. Contemplaremos, pues, la muerte en algunos discípulos de nuestro Señor Jesucristo.

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8.03.17

(423) La muerte cristiana, 8. –en nuestro Señor Jesucristo, 1

Philippe de Champaigne -1654

–¿Conviene leer este artículo de rodillas?

–Por supuesto. Aunque no es obligatorio.

Prosigo la serie sobre «la muerte Cristiana»: (403) hoy silenciada; (404 y 406) en la doctrina católica;  (408 y 417) en la Biblia (AT) y (NT); (419 y 421) y en la Liturgia (I y II). Inicio ahora una exposición de la muerte cristiana contemplada sucesivamente en Cristo y en los santos.

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–La muerte de Cristo en la cruz es evidentemente el modelo supremo de la muerte cristiana. El Hijo de Dios asumió la naturaleza humana para redimirnos con su muerte inocente, liberándonos de nuestra condición mortal, causada por nuestros pecados. «Con su muerte destruyó nuestra muerte».

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1.03.17

(422) Cuaresma, tiempo de conversión, iniciado el Miércoles de Ceniza (I)

–Tendrá que reconocer usted que las prácticas penitenciales hoy no están de moda.

–La Iglesia vive de la fe, de la esperanza y de la caridad. Vive del Espíritu Santo, no de las modas cambiantes.

Los diversos tiempos del Año litúrgico se van sucediendo, como ocurre con los ciclos vitales de la naturaleza: primavera, verano, otoño e invierno. Cada tiempo litúrgico y cada estación natural tiene su fisonomía propia y su virtualidad específica. La gracia peculiar de la Cuaresma es la conversión, por la que nos preparamos a la celebración del Misterio Pascual: la pasión y la resurrección de Cristo, que se culmina en Pentecostés con la donación del Espíritu Santo.   

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