16.08.19

Usted nos habló del purgatorio

Nos creemos que por no hablar de ciertas cosas dejan de existir. Los novísimos, ya saben (o se sabía antes) son cuatro: muerte, juicio, infierno y gloria. Mejor, eran cuatro, porque me apuesto un agua del Carmen y unos chocolates de las clarisas a que la inmensa mayoría de ms lectores hace meses o años o lustros, si me apuran, que no han oído predicar del juicio y del infierno. Ni tampoco, evidentemente, del purgatorio.

De la muerte sí, porque la gente tiene la curiosa manía de morirse, caprichos de la condición humana. Y de la muerte, derechitos al cielo. ¿Todos? Todos. ¿Incluso Hitler y el destripador de Boston? Hombre padre, tanto como Hitler… ¿Y Stalin? ¿Y Lenin? Porque, curiosamente, todos los partidarios del “infierno cero” se negan en rotundo a que Hitler vaya al cielo. Habida cuenta de que en el purgatorio no creen y en el limbo menos, a ver dónde mandan a ese señor. En fin, que nos liamos.

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13.08.19

El esclavo de D. Diego

No hay cosa más entretenida ni curiosa que un archivo parroquial. En Braojos se conserva íntegro desde el siglo XVI y es una gozada perderte entre libros viejos para toparte con las cosas más curiosas.

Transcribo literalmente una partida de defunción:

“En primero de octubre del año de mil seiscientos y noventa y ocho, de repente, en un pajar, se halló muerto a José de Mozambique, celibato (soltero), y esclavo de D. Diego de Vargas, vecino de esta de Braojos, siendo de edad poco más o menos de treinta años. Está sepultado en esta iglesia de dicho lugar en el estado y grada de doscientos y diez y ocho maravedíes que dio su señor a la fábrica de esta iglesia por el rompimiento de la sepultura. Hizosele su entierro con solemnidad: el poyal, vigilia, misa y responso que se acostumbran en esta iglesia. Y por ser verdad lo firma el licenciado D. Juan Guixarro, cura propio de esta iglesia”.

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10.08.19

Café teológico a la luz de los nuevos paradigmas

La verdad es que uno se aburre porque quiere. Jamás hemos tenido más posibilidades de cursos, cursillos, encuentros, encuentrillos, jornadas, experiencias, paradigmas, talleres, conferencias y mesas redondas como hoy. Mucha vulgaridad, aunque todavía uno puede llegar a asombrarse ante ciertas cosas.

Me mandan el programa de las “XVII jornadas de la asociación de teólogas españolas” que se celebrará, Dios mediante (con perdón), el próximo octubre, bajo el lema: “Dios, deseo y subversión: la vida trinitaria de las mujeres”. En estas jornadas, así nos dicen, queremos profundizar en la búsqueda y el encuentro con Dios y las derivas que produce al hacerse presente su fuerza y espíritu en el cuerpo y la vida de las mujeres. Tenemos muchas preguntas, que buscan solucionar las dificultades y sufrimientos de las mujeres, sufridas en sus cuerpos y en sus vidas. Para las mujeres creyentes, Dios es una respuesta de liberación y subversión hacia los órdenes establecidos sociales y patriarcales que las someten y violentan”.

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7.08.19

La cofradía de los silentes

Hay cosas que a todos nos están preocupando. Las hay más llevaderas, que podríamos colocar aparentemente dentro de lo folklórico, y digo aparentemente porque eso de que el Vaticano nos invite a conmemorar el día de la deuda ecológica puede resultar una gracieta, como podría parecerlo el conato de encuesta sobre buenas prácticas ecológicas en las parroquias de Madrid. Pero no. De gracieta folklórica nada. En el fondo es ir retirando a Dios de nuestras vidas para sustituirlo por la Pacha Mama o como leches se escriba.

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2.08.19

Misa, sermón, rosario y exposición

En los años setenta y ochenta, cuando alguien quería ridiculizar una praxis pastoral caduca y destinada al fracaso, amén de burlarse de curas poco actualizados o anclados en un pasado a superar, se decían estas cuatro cosas: bah, todo se reduce a misa, sermón, rosario y exposición.

Efectivamente había que buscar nuevos métodos, por supuesto con mucho menos culto, implicaciones sociales e inserción en el mundo. Nuevos métodos que llevamos practicando cuarenta años con el extraordinario resultado de haber conseguido que hoy, en España, entre agnósticos, ateos y no creyentes hayamos alcanzado la nada desdeñable cifra de casi un 30 %, que en algunas zonas de España, como en Cataluña, se dispara hasta superar el 45 %. 

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