InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: 2022

25.01.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 3- Gestos de cariño de Dios que muchos no entienden

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

 

3- Gestos de cariño de Dios que muchos no entienden

 

Me diste primero el ser. Esta maravilla de ser hombre. El gozo de respirar la belleza del mundo. El de encontrarme a gusto en la familia humana. El de saber que, a fin de cuentas, si pongo en una balanza todos esos arañazos y zancadillas recibidos serán siempre muchísimo menores que el gran amor que esos mismos hombres pusieron en el otro platino de la balanza de mi vida. ¿He sido acaso un hombre afortunado y fuera de lo normal? Probablemente. Pero ¿en nombre de qué podría yo ahora fingirme un mártir de la condición humana si sé que, en definitiva, he tenido más ayudas y comprensión que dificultades? Y, además, tú acompañaste el don de ser con el de la fe. En mi infancia yo palpé tu presencia a todas horas. Para mí, tu imagen fue la de un Dios sencillo. Jamás me aterrorizaron con tu nombre. Y me sembraron en el alma esa fabulosa capacidad: la de saberme amado, la de experimentar tu presencia cotidiana en el correr de las horas. 

Hay entre los hombres -lo sé- quienes maldicen el día de su nacimiento, quienes te gritan que ellos no pidieron nacer. Tampoco yo lo pedí, porque antes no existía. Pero de haber sabido lo que sería mi vida, con qué gritos te habría implorado la existencia, y esta, precisamente, que de hecho me diste.

 

Continuamos con la carta que el P. José Luis Martín Descalzo dirige a Dios una vez conocida la enfermedad, cáncer, que padecía. 

En el artículo anterior dijimos que íbamos a tratar de dar explicación a lo que nos dice el P. Martín acerca de que cree que su enfermedad es un don de Dios hacia sí…

Evidentemente, nosotros no estamos en la piel de una persona que, a tan joven edad se siente atrapado por una enfermedad como la que padeció Martín Descalzo. Sin embargo, tenemos sus palabras para tratar de comprender, al menos, lo que pasaba por su corazón en tales momentos. Y si en un principio de esto dijimos que la palabra “gracias” era la que le salía expresar al bueno de Descalzo, el texto de hoy certifica y confirma eso y, a lo mejor, nos ayuda a entender mejor el sentido que, de la enfermedad, tienen algunos creyentes como, por ejemplo (y por traer el ascua a nuestra sardina) el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. 

Como nos dice el P. Martín, pone en una balanza lo que ha sufrido en el mundo, por un lado y, por otro, en la otra parte que equilibra (si se puede…) los bienes recibidos y, en fin, cree que la cosa le ha ido bastante bien a pesar de los sufrimientos (según dijimos en otro artículo, el segundo de los presentes) que le habían causado otras personas. Y, sin embargo, lo que tiene muy claro es que siempre supo que Dios estaba a su lado. Desde la infancia, como nos dice, comprendió que su Creador no le abandonaba sino que, al contrario, lo amaba y que lo tenía presente siempre, “en el correr de las horas” que es lo mismo que decir a toda hora. 

Es seguro que Martín Descalzo sufría físicamente por su enfermedad. Sin embargo, eso no lo achacaba, por supuesto, a Dios como hacían otras personas que, al parecer, le gritaban a Dios que no le habían pedido nacer. Y eso ha de ser terrible porque es el Todopoderoso Quien insta el ser de sus hijos y no podemos negar que puede llegar a doler al Creador que haya persona que entiendan que el sentido de lo que hace desde el Cielo, en realidad, no tienen sentido para ellas…

Nuestro amigo, sin embargo (gran escritor y, seguro, mejor hombre y sacerdote) tiene las cosas muy claras y no va a arremeter contra Dios por haberlo traído al mundo y, sobre todo, mantenerlo en el mismo a pesar de todos los pesares que pudieran recaer en su vida de hombre. Y es que no va a maldecir el día de su nacimiento (como, al parecer, hay quien sí maldecía) porque las cosas no le hayan ido bien “del todo” como si todo tuviera que ser de color de rosa en la existencia de un ser humano cuando, bien sabemos, que eso nunca es así. 

El P. Martín Descalzo, podemos decir sin temor a equivocarnos, era plenamente feliz, su vida lo había sido y eso lo expresaba en una carta a Dios como la que aquí estamos trayendo. Y es que agradecer al Padre Eterno su propia existencia no es algo que se pueda tomar por baladí o de poca importancia sino, justamente, al contrario. Y casi podemos imaginarlo implorando a “gritos” (como dice en la carta) a Dios su existencia. Y no es nada extraño esto ni nada por el estilo pues sabemos, por fe y creencia, que Dios nos tiene en su corazón desde toda la eternidad y, por tanto, mucho antes de que vengamos al mundo. Y es en tal realidad, pensamos nosotros, en la que Martín Descalzo hubiera gritado a Dios que lo hiciera nacer, que lo creara. 

En realidad, seguramente el P. Martín pensaba que por muchas gracias que diera a Dios nunca serían suficientes… 

 

Continuará…

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dar gracias a Dios siempre es bueno. 

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

24.01.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Lolo, antes de todo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Lolo, antes de todo

Manuel Lozano Garrido, «Lolo»

 “Aparece de pronto una foto mía de cuando tuviera veintiún años, meses apenas antes de la enfermedad. No se me ocurrió dejarme bigote más que una vez en mi vida, apenas una semana, y mire usted por ´donde se me vino entonces la idea de hacerme una foto; en ella estoy, ya digo, con el leve mostachito y una insignia en la solapa. Una ilusión y un ideal, buena síntesis de mi vida entonces. La ilusión, hacerse una carrera, crearse un hogar, situarse en el futuro. El ideal, cuajar en el interior una noble y divina figura, vivir con transparencia, ensancharse en el amor a los hombres” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 25)

Es verdad que este texto pudiera parecer extenso. Sin embargo, partiendo de saber que nada de Lolo es nunca demasiado extenso, es que, además, éste en concreto expresa muy bien y más que bien el pensar del Beato de Linares (Jaén, España) en un momento clave de su vida: justo antes de enfermar y de que su vida diera un giro radical de mucho más de 180º, como suele decirse cuando algo ha cambiado más que mucho. 

Podemos decir que Lolo, entonces y según este diario que es “Las golondrinas nunca saben la hora”, estaba haciendo la típica mudanza de casa. Y, como suele ser lo común que siempre pase, al remover las cosas que uno tiene en su antigua residencia sale a la luz aquello que, a lo mejor, hacía tiempo que no se veía. Y es lo que pasa con la fotografía que debía tener unos veinte años al estar fechado este primer apartado del libro el 2 de junio de 1961 y decir Lolo que tenía, cuando la foto, veintiún años. Y, habiendo nacido en 1920… salen muy bien las cuentas (1941). 

En efecto, hemos titulado este artículo “Lolo, antes de todo” pues, en efecto, él mismo dice que fue poco tiempo antes de su enfermedad pero es que, verdaderamente, luego de ella llegó su “todo” y, para sus amigos, “nuestro” todo pues lo que acabó pasando no es, sino, una historia de fe y de valentía. Lo que pasa es que Manuel Lozano Garrido, después de aquellos años pasados, 20, desde aquella foto, nada dice de su buen devenir en la vida dadas sus circunstancias… pues su humildad de verdad se lo impide. Pero a nosotros, mucho menos humildes que Lolo, nada nos impide decir que fueron años más que fructíferos y que los que vendrían, algo más de 10, aún lo serían más… 

Leer más... »

22.01.22

La Palabra para el domingo - 23 de enero de 2022

Resultado de imagen de SAnta Biblia

Como es obvio, hoy no es domingo 23 sino sábado 22 de enero de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.


También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.”

  

Lc 1, 1-4; 4, 14-21


“1 Puesto que muchos han intentado narrar ordenadamente las cosas que se han verificado entre nosotros, 2 tal como nos las han transmitido los que desde el principio fueron testigos oculares y servidores de la Palabra, 3 he decidido yo también, después de haber investigado diligentemente todo desde los orígenes, escribírtelo por su orden, ilustre Teófilo, 4 para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.14 Jesús volvió a Galilea por la fuerza del Espíritu, y su fama se extendió por toda la región. 15 Él iba enseñando en sus sinagogas, alabado por todos. 16 Vino a Nazará, donde se había criado y, según su costumbre, entró en la sinagoga el día de sábado, y se levantó para hacer la lectura.17 Le entregaron el volumen del profeta Isaías y desenrollando el volumen, halló el pasaje donde estaba escrito:18 ‘El Espíritu del Señor sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos’ 19 y proclamar un año de gracia del Señor’.20 Enrollando el volumen lo devolvió al ministro, y se sentó. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en él. 21 Comenzó, pues, a decirles: ‘Esta Escritura, que acabáis de oír, se ha cumplido hoy.’”

 


COMENTARIO


Admirados de la Verdad


Aquel hombre, que era médico y al que, por tanto, se le supone una educación y formación elevada (mucho más que la de los apóstoles escogidos por Jesús) sabía que su labor debía cimentarse sobre datos concretos y no sobre elucubraciones. Por eso, cuando empieza a escribir el relativo de la vida de Cristo lo hace advirtiendo acerca de eso.

Suponemos que aquel Evangelio lo escribía para un tal Teófilo. Sería, como bien dice el propio Lucas, persona importante. Por eso le pone sobre la pista de que el trabajo que va a enviarle está hecho a conciencia porque ha investigado “diligentemente” y no ha dejado nada a la casualidad o a la imaginación. Sabemos, por tanto, que San Lucas escribe este Evangelio y los Hechos de los Apóstoles consciente de lo importante que es hacerlo bien.

Lo que hace Lucas es confirmar lo que han escrito otros. Lo decimos porque escribe diciendo que hace lo que hace para que conozca Teófilo “La solidez de las enseñanzas que has recibido” y no dice, por ejemplo, para “decirte lo que verdaderamente sucedió”. Y es que aquel hombre, médico, sabe que lo que han escrito otros es cierto y lo que él hace es, por eso mismo, confirmarlo tras una ardua investigación.

Escribe, por tanto, acerca de aquel hombre que, llamado Jesús, había sido enviado por Dios. Y lo hace poniendo un ejemplo de cómo, en efecto, aquel hombre, aquel Maestro, reconocía que era, en efecto, el Hijo de Dios.

Vemos a Jesús movido por el Espíritu Santo. No es la primera vez que eso ocurre porque, como sabemos, lo mismo le sucedió cuando fue al desierto tras su bautismo. Pero ahora, ya empezada su vida, llamada, pública, camina enseñando la Buena Noticia: el Reino de Dios ha llegado y es necesaria la conversión del corazón. 

Jesús en la Sinagoga | Ecos de la Palabra

Jesús, como es de imaginar, iría a su pueblo algunas veces. Aquí lo vemos haciendo lo que tiene que hacer: enseñar.

La enseñanza de Jesús, como sabemos, era de las llamadas con “autoridad”. Así mismo lo recogen otros textos evangélicos poniendo en boca de los que le escuchaban aquel “enseña con autoridad” y no como otros que, dándoselas de sabios y entendidos, no sabían explicar ni enseñar.

Pero Jesús sí sabía. Por eso no dejaba pasar ninguna ocasión para que se supiese que había sido enviado al mundo a cumplir una misión de importancia no pequeña.

Podemos decir, a tal respecto, que muchos no acababan de entender lo que quería decir. Por eso ahora, cuando acude a la sinagoga de Nazaret, ve en aquello un momento preciso y precioso para comunicarles algo.

Antes de eso Jesús había caminado mucho y enseñado mucho. Y ahora no iba a dejar de hacerlo. Por eso se levanta a leer el texto que le dan.

Nada más y nada menos que se trata del profeta Isaías que fue aquel que, en varios momentos de sus escritos, muestra cómo será la vida última del Mesías. Y Él, el Mesías, tenía su texto entre las manos e iba a leerlo.

El caso es que Jesús no leyó cualquier parte del libro de Isaías. No, tomó aquella en la que se anuncia que el Mesías anunciará la Buena Noticia y que muchos, cautivos de males físicos y espirituales, sanarán cuando venga enviado por Dios.

Podemos imaginar qué estaban haciendo aquellos que le escuchaban. Jesús no era nada desconocido en su tierra sino que habrían llegado muchas noticias de sus predicaciones y de los hechos extraordinarios que había llevado a cabo. Muchos signos hechos que, para ellos, significaban mucho. Y esperaban, claro, algo de parte de aquel Maestro.

Se sabía, por tanto, que cuando el Mesías llegase a la Tierra pasaría eso: los cautivos del Mal serían liberados (pensemos en los endemoniados), los ciegos verían y, en general, aquellos que estaban oprimidos (por cualquier causa o circunstancia) alcanzarían la libertad. Y eso era lo que había pasado cuando Él había venido al mundo y otros lo habían presentado, porque lo era, como el Cordero de Dios.

Podemos imaginar cómo quedarían muchos con aquellas palabras: unos contentos y felices por ver que había llegado el tan esperado Mesías; otros vivamente preocupados por lo que eso podía suponer para sus intereses al conocer que aquel Mesías no era como esperaban.


PRECES

Pidamos a Dios por todos aquellos que no esperan el regreso del Mesías. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren escuchar a Cristo.

Roguemos al Señor.


ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a escuchar las palabras de tu Hijo.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Palabra de Dios; la Palabra.

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

20.01.22

Ventana a la Tierra Media – Cartas a Christopher: 2- Saber dónde le gustaría estar a uno...

Resultado de imagen de JRR TOLKIEN

Como suele ser habitual en J.R.R. Tolkien, para alguien que quiere escribir sobre su obra, es la misma una fuente y corriente inagotable de temas. Y, en concreto, sus “Cartas”(Edición de Minotauro, debemos decir para hacer justicia) son un una que, como dice el Salmo 41 ("Como busca la cierva corrientes de agua…), es de agua vivificante para todo lector y admirador del maestro de Oxford y, en concreto, para su alma.

Como se trata, por tanto, de una posibilidad más que amplia, hemos pensado que sería buena cosa, elegir algunas de las dirigió a su hijo Christopher cuando se encontraba el mismo en plena Segunda Guerra Mundial de la que, gracias a Dios, volvió con vida como hizo su padre en la otra, la Primera, de la que no sólo salió parte de su obra sino mucho del sentido que le dio a la misma. Y la cosa durará, como podemos imaginar, hasta que dure, si ustedes nos entienden… 

Continuamos, por cierto, con la carta que envía el 29 de noviembre de 1943 al hijo citado arriba. Y decía, ahora, esto: 

“Nacimos en una era oscura fuera del momento debido (para nosotros) Pero hay este consuelo: de otro modo no sabríamos lo que amamos o no lo amaríamos tanto. Imagino que el pez fuera del agua es el único que tiene vocación acuática. También tenemos todavía pequeña espadas que somos capaces de utilizar: ‘No me inclinaré ante la Corona de Hierro, ni dejaré caer mi pequeño cetro de oro’. Arroja a los Orcos aladas palabras, hildenæ̃ddran (víboras de guerra), dardos mordientes, pero asegúrate del blanco antes de disparar.”

 

Es cierto y verdad que a algunas personas les parece que no han nacido en la época en la que les hubiera gustado nacer. Y es que su forma de ser y de pensar, a lo mejor, no cuadra mucho con el tiempo en el que les ha tocado vivir. Y eso pasa, lo dice él mismo, con J.R.R. Tolkien e, incluso, con su hijo Christopher. 

El caso es que cuando nuestro autor utiliza el plural para decir esto estamos más que seguros que a su hijo, a quien le dirigía esta carta, no le disgustaba nada la idea que aquí expone. Y es que, bien podemos decir eso de “de tal palo, tal astilla”. 

Muy bien contrapone Tolkien padre la época en la que han nacido ambos con “su” Tierra Media pues no poca verdad decir que el primero es un tiempo oscuro mientras que la segunda es, justamente, todo lo contrario. Y, a pesar de eso (y de saber que poco remedio pueden poner a tal realidad salvo lo que ahora dice) ellos saben que así se dan cuenta de que lo que aman (ya sabemos qué es) lo aman con todas las fuerzas de su corazón

Decir eso no es poco sino, al contrario, mucho y más que mucho pues saben que pueden refugiarse de lo que pasa acudiendo a los caminos propios de la Tierra Media, a los personajes que, por ejemplo con el Hobbit ya los habían recorrido y con los que iban a venir aunque no fuera muy pronto… 

Por otra parte, es muy buena la imagen del pez que, fuera del agua, es el que mejor sabe de lo que supone estar dentro de la misma: la vida misma y no otra cosa. Y eso es lo que pasa con este padre y este hijo que, conociendo bien el mundo en el que están, no dudan lo más mínimo en darse cuenta de que la Tierra Media es el medio vivencial donde mejor respiran y viven, por así decirlo

Leer más... »

18.01.22

Cuando Martín Descalzo escribió a Dios: 2- La verdad íntima de las cosas que nos pasan

Guillermo Luca de Tena nombra al sacerdote José Luis Martín Descalzo nuevo  Director de la revista BLANCO Y NEGRO - La Hemeroteca del Buitre

Introducción:

José Luis Martín Descalzo o, mejor, el P. José Luis Martín Descalzo (Madridejos, 1930 – Madrid, 1991) fue, como vemos, sacerdote. Pero también fue escritor. Dirigió revistas como “Vida nueva” y “Blanco y Negro”.

Como escritor, es autor, entre otros, de libros como “La frontera de Dios”, a la sazón premio Nadal de 1956, “Lobos, perros y corderos”, de 1978, o ensayos como “Un periodista en el Concilio, 1962-1965” y, por citar una última obra suya, su impagable “Vida y misterio de Jesús de Nazaret” ante la cual cabe descubrirse el sombrero si es que se lleva tal prenda… 

Pero Martín Descalzo también tuvo relación con el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, a quien mantuvo al punto de la noticia de lo que sucedía en el Concilio Vaticano II porque le enviaba, por decirlo así, un boletín con lo que estaba acaeciendo en Roma (fue, Martín, enviado especial de La Gaceta del Norte) y ante lo cual Lolo reaccionaba más que emocionado. 

El caso es que el P. Martín Descalzo llegó a decir Misa en casa de Manuel Lozano Garrido (pues, dadas sus especiales circunstancias física le fue autorizado algo tan excepcional como eso) y quedó vivamente impresionado al ver el aplomo que tenía Lolo y cómo se comportaba teniendo en cuenta la situación por la que estaba pasando desde hacía muchos años. 

Pues bien, este hombre, el P. Martín Descalzo escribió una carta a Dios pocos años antes de ser llamado por el Padre a su Casa (cinco años más o menos). Y a ella nos vamos a dedicar las semanas que Dios quiera.

 

2- La verdad íntima de las cosas que nos pasan

 

Ayer mismo recibía la carta de una amiga que acaba de enterarse de mis problemas de salud, y me escribe furiosa: ‘Una gran carga de rabia invade todo mi ser y me rebelo una vez y otra vez contra ese Dios que permite que personas como tú sufran.’ ¡Pobrecita! Su cariño no le deja ver la verdad. Porque -aparte de que yo no soy más importante que nadie- toda mi vida es testimonio de dos cosas: en mis cincuenta años he sufrido no pocas veces de manos de los hombres. De ellos he recibido arañazos y desagradecimientos, soledad e incomprensiones. Pero de ti nada he recibido sino una interminable siembra de gestos de cariño. Mi última enfermedad es uno de ellos.”

  

Continuamos con la carta que el P. José Luis Martín Descalzo dirige a Dios. Y es que, como veremos a continuación no todos vemos las cosas de igual manera sino, muchas veces, de manera más que distinta. 

En efecto, en estas líneas nos damos cuenta de que lo que para una persona puede ser una gran desgracia el sufrimiento para otra, que seguro lo comprende mejor, es algo así como una gracia…. 

 En esto último, es cierto, puede haber opiniones bien distintas pues es seguro que algún lector pensará que no es sino masoquismo creer que es un donde de Dios el sufrimiento por el que se esté pasando. Pero es que, como podemos comprender, hay espíritus muy especiales que son capaces de alcanzar un nivel superior de sobrenaturalidad que es algo así como cuando no entendemos lo que un poeta ha querido decir porque ha sido capaz de profundizar mucho en determinada realidad… Pues algo así nos pasa con Martín Descalzo en esto que nos dice o, al menos, puede haber quien eso crea. 

Cosa común entonces, en su tiempo: recibir una carta (suponemos y estamos seguros de que es “por escrito”, en papel, vamos) Y lo que dice tal persona, una amiga como nos dice Martín, es que no comprende las razones de su sufrimiento, es decir, el del sacerdote a quien le ha enviado tal carta. Y es que le resulta insoportable la idea de que una persona tan buena (en el buen sentido de la palabra, como diría el poeta Antonio Machado)

Leer más... »