InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Mayo 2022

23.05.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – La vida dada por Dios.

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

La vida dada por Dios

 

“A aquél, y al otro al que se fue y a mí que aún vivo, se nos da la vida como una antorcha donde izar el mecha del corazón, para que Dios la prenda y reverbere a la gloria del mediodía.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 50)

 

Antes de esto se refiere el Beato de Linares (Jaén, España) a una imagen propia de quien quiere que la cosa sea para bien. Y es que habla de la claraboya de un Juzgado que, en determinado momento del día los rayos del sol hacen que reflejen la luz y sea, dice Lolo, un, a modo de faro. 

Y luego apunta a que también las personas somos algo así, o debemos ser, como “luces para la historia del mundo”. Y es que ya sabemos eso que dijo Jesucristo acerca de que la luz no hay que esconderla debajo de ningún celemín sino que se ha de hacer servir para que muestre el camino hacia Dios. 

Esto lo decimos porque las palabras que vienen a continuación, y que hemos traído aquí, son el ejemplo perfecto que define lo que nosotros podemos hacer y, es más, lo que debemos hacer porque no todo puede quedarse en mera intención… 

Todo ser humano, y pensamos que todo desde que el Hijo de Dios fue enviado al mundo para que el mundo se salvase, recibe la vida del Todopoderoso. Es decir, no viene al mundo sin razón alguna o sin relación con “Alguien” superior a todo sino que la verdad es, justamente, la contraria: somos creados por Dios (y a su imagen y semejanza, además) y es cierto que eso lo tenemos más claro desde que Jesucristo pisó el mundo. 

Pues bien, el Creador nos da la vida. Y ahí no queda la cosa que sería como decir “¡Hala, ahí os dejo!” como si el Todopoderoso se desentendiese de nosotros. Eso sabemos que no es así pero es que, además, estamos aquí para algo más que para llevar una existencia más o menos buena (según le vaya a cada uno la cosa…) Y tal “algo más” es lo que nos hace mejores discípulos de Jesucristo porque hemos entendido, de ser así, que también somos luz. 

Bueno, en realidad, somos algo más que luz pues, en verdad, somos “antorcha”, como dice Lolo. Y, es más, tal antorcha no puede regirse por cualquier cosa sino que lo ha de hacer con el corazón donde mora el Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, en suma. Y, desde el corazón alumbrar, cual antorcha, no sólo nuestro camino sino el del mismo prójimo que, por una causa, razón o motivo que sean, miran nuestra luz. 

Eso sí, la mecha que nosotros debemos situar en la antorcha que se alimenta del corazón no la prendemos nosotros pues, la más de las veces, preferimos eso del celemín… Y, entonces, es Dios mismo quien la prende y Quien, por tanto, nos facilita el ser mismo de alguien que, con sus solas fuerzas… como que no puede ni es capaz de hacer lo que debe hacer, alumbrar lo que debe alumbrar y ser lo que debe ser como hijo de Dios. 

Esto lo decimos por si hay algún soberbio que quiera ser algo por sí solo sin darse cuenta de que no, de que eso no sólo es difícil sino que es, simplemente, imposible: Dios nos creó y Dios nos mantiene en el mundo y, claro, no hay nadie que, fuera de Dios, sea capaz de prender la mecha que llevamos en nuestra antorcha que prende de nuestro corazón.

 Quiere Lolo, además, que nuestra luz luzca, por así decirlo, como si fuera siempre mediodía. Es decir, que la misma no decaiga sino que siempre sea, eso, como a mediodía que es cuando más energía recibimos del sol. Y así debemos ser nosotros: luces que, habiendo sido prendidas por Dios mismo, no cesamos de ser lo que debemos ser y aquellas que miran al celemín como algo extraño y que no a cegar su poder ser luz. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

21.05.22

La Palabra para el Domingo – 22 de mayo de 2022

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Como es obvio, hoy no es domingo 22 sino sábado 21 de mayo de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

 

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

 

Jn 14, 23-29


“23 Jesús le respondió: ‘Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él. 24 El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que escucháis no es mía, sino del Padre que me ha enviado. 25 Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. 26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho. 27 Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. 28 Habéis oído que os he dicho: ‘Me voy y volveré a vosotros.’ Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. 29 Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.’”

COMENTARIO


Las promesas de Dios siempre se cumplen

En este momento del relato evangélico referido a la predicación de Jesús en el mundo que le tocó vivir, no hace falta esconder nada para que aún no se sepa quién es aquel Maestro que les está hablando.

Jesús lo dice todo con una claridad más que evidente. No dice que no es quien es sino que, al contrario, quien le ama, ama a quien lo envío que no es otro que Dios mismo. Eso lo debían haber aprendido durante el tiempo que estuvieron pisando la tierra de los caminos por los que transmitieron la Palabra de Dios. Sin embargo, parece que aún no son capaces de entender lo que es tan evidente.

Quien, al contrario, no guarda en su corazón las palabras que dice Jesús no es que sea mala persona o algo por el estilo sino que, simplemente, no lo ama y, por lo tanto, no ama a Dios. Así de sencillo y así de real.

Jesús, sin embargo, les tiene preparada una sorpresa a los que le escuchan: cuando Él se vaya vendrá el Paráclito, el Defensor, el Espíritu Santo, para hablarles de todo lo que deben, aún, conocer. Además, y para empezar, les recordará todo lo que había dicho el Hijo de Dios y que, a lo mejor, habían olvidado.

También les da Jesús la paz. Pero, como muy bien dice el Maestro, la paz que Él da no es la del mundo, siempre tan interesada y preocupada por su egoísmo, sino una paz verdadera porque es la paz del corazón.

EL QUE ME AMA, MI PADRE LO AMARÁ Y NOS MANIFESTAREMOS A ÉLAlgo, sin embargo, debió turbar mucho a los que le escuchaban. Si Jesús dice que se deberían alegrar por el hecho de que se iría con una muerte terrible, eso no podía apoyar el hecho de que se alegraran aquellos que le querían. Como no habían comprendido del todo la enseñanza de Jesucristo, era de esperar que no entendiesen aquello.

A esto Jesús añade algo que es muy importante: Dios es el Todopoderoso y todo lo puede. Y hará que resucite Su Hijo. Entonces, dice Jesús, creerán aquellos que entonces se mostraban incrédulos ante lo que estaba pasando y sucediendo en sus vidas.

Jesús, como Dios hecho hombre, ha de cumplir, cumplió, todo lo que les acababa de decir. Aún no era el momento, seguramente, de que comprendiesen lo que les venía encima pero, en poco tiempo entenderían que todo lo que les había dicho Jesús se había cumplido exactamente, palabra por palabra, circunstancia a circunstancia. Y es que Dios siempre cumple lo que promete.

PRECES

Por todos los que no quieren guardar la Palabra de Dios.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no ponen su confianza en el Espíritu Santo.

Roguemos al Señor.

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener en nuestro corazón a tu Santo Espíritu y a seguir sus mociones e indicaciones.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Amar a Cristo. ¿Acaso puede haber algo mejor?

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

16.05.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Un sentido del humor increíble

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Un sentido del humor increíble

 

Francamente, nos van a perdonar ustedes que traigamos un texto, digamos, muy extenso porque no suele ser lo común. Es más, perdónennos si ni siquiera hacemos comentario alguno a lo que aquí escribe Lolo. De todas formas, nunca es mucho leer mucho de lo escrito por el Beato de Linares (Jaén, España) pero es que, en este caso, lo que traemos, digamos, se las trae… pero por lo bueno que es. 

Digamos, antes de esto, que las palabras que aquí vamos a poner están dichas por alguien que, sin duda, es un santo de la alegría a todas luces. Y es que, si después de llevar veinte años enfermo (esta parte del diario pertenece al día 20 de septiembre de 1961) alguien es capaz de escribir con un sentido del humor tan claro y bueno para el corazón esto que escribe… en fin… como que demuestra, una vez más, que su alegría era verdaderamente sobrenatural… 

Les dejamos, pues, con el texto que rezuma gracia y tiene una sustancia alegre muy a tener en cuenta:

 

“20.- Una chica, que hemos tenido durante siete años, se marchó para casarse. En mi casa, y con Lucy tener que irse a la oficina, la ayuda de alguien nos es imprescindible. Antes de partir le dijimos a una prima que a ver si nos preparaba una mujer para el regreso, pero que, de preferencia, fuese mayor. Ahora nos trae una, entrada en años, con cara de buena persona, que a todo dice que sí con la cabeza. Es apacible y trabaja a la antigua, sin prisas, con el desprecio a las horas de los tiempos de Mari Castaña; su debilidad radica en sacarle brillo al aluminio. Los cacharros de la cocina están como una patena. El tiempo, con eso, se le va en un santiamén y se le escamotea para las cosas fundamentales. 

- “Eso está bien, mujer -le insiste mi hermana- pero el día viene cojo y hay que pasar esos detalles”.  

Ella, erre que erre, el aluminio y hasta el cobre, pero es buena y eso basta. Lo peor es lo del oído. Sorda, lo es como una muralla. No de esas que se les dice “un vaso” y entienden “un cazo”, sino de las que estalla un proyectil en la cocina y dicen: “¡Qué pesados están hoy los mosquitos, Dios santo!”. Lo peor es que, como a todo dice sí, a renglón seguido, da la espalda, le pido el pañuelo y se va y abre la puerta de la calle. Mientras Lucy ha estado aquí, no hubo problema, pero ahora sé que el diálogo de un sordo con alguien que no hace uso de sus manos es como pintar el aire de una habitación a oscuras. 

El timbre, para ella, es como la señal de un marciano. He dado la consigna de que no llamen a la puerta y le hagan señas por la ventana que da a la cocina. El médico viene y ya pide la llave al lado. Lo malo, así son los sustos que se lleva. 

Lo peor fue el primer día que tuvo que darme de comer, la pobre. Mientras lo hago, leo, y así engaño la inapetencia. Me embebí en un reportaje de “La Gaceta”, cuando voy y noto unos redondeles húmedos en mitad de la página. 

No caía, pero, al rato, el papel estaba como una camisa espurreada para la plancha. Entonces la miro y la veo que llora.

- “Es que -me dice hipando- me acuerdo de mi hermano, que se murió de un ‘paralí”.

 ¡La pobre! Más pobre aún por sus dolores de muelas. Deben de ser terribles y lo soporta en silencio. Una noche que Lucy se levantó a algo mío, vio luz en su cuarto y la encontró sentada en la cama, sujetándose la mandíbula. Le puso una hila, le dio un calmante y nada. Al rato vino y me dijo:

  - “¿Y si le diera un somnífero?”.

-”Buena idea. Así duerme”. 

- Este, que son gotas. ¿Cuántas le echo?”. 

-”Mujer, yo me tomo diez, pero a ella, como está así, le pones doce”. 

Un cuarto de hora después, dormía, profunda y beatíficamente. Lucy vino con susto. 

-“Si parece que no respira. Si será por las gotas, que le di quince".

 - “¡Mira que si te la has cargado!” -le digo, asustándola en broma. En las misas le pasa como a mi abuelo, que se iba los domingos y, al regresar, ya tenía el arroz reposando sobre la mesa. Si se le dice algo del tiempo, abre mucho los ojos, dice que sí y luego viene con el recogedor y la escoba. No sé las migas que vamos a hacer en el futuro, porque somos como dos planetas de distinta órbita, aunque yo no sea, precisamente, Júpiter, ni ella tampoco Venus.”

Nada, pues, podemos añadir a esto. Bueno, sí, gracias Lolo por alegrarnos el día.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

14.05.22

La Palabra para el Domingo – 15 de mayo de 2022

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Como es obvio, hoy no es domingo 15 sino sábado 14 de mayo de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

 

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario. 


Jn 13, 31-33a. 34-35

“31 Cuando salió, dice Jesús: ‘Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre  y Dios ha sido glorificado en él. 32  Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.’ 33 ‘Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. 34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros.  35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.’”

COMENTARIO

Un mandamiento muy difícil de cumplir 

En la Última Cena Jesús dijo muchas cosas de importancia e hizo otras tantas de no poca relevancia. Así, por ejemplo, fue el momento en el que se celebró la primera Eucaristía y, también, cuando estableció el sacerdocio. 

El momento que traemos aquí hoy corresponde al momento en el que Judas sale del Cenáculo para cumplir con la traición hacia el Maestro. Y habla, Cristo, de lo que ha de ser su glorificación… en la Cruz. 

Todo lo dicho, sin embargo, tiene un punto álgido. Y es cuando el Hijo de Dios establece lo que él mismo llama mandamiento nuevo. Y es que, en verdad, no es sólo nuevo sino que sirve de cauce a muchos de los ya conocidos. 
Jesús da un mandamiento nuevo. Si el resto de mandamientos habían sido establecidos por su Padre y entregados a Moisés en su camino por el desierto hacia la tierra prometida, era ahora el Hijo quien establecía un nuevo. 

En realidad, lo mismo que el resto de Mandamientos (10) podía ser seguido y cumplido… o no seguido y no cumplido. Esto caía del lado de cada hijo de Dios. 

El mandato es: amarse unos a otros. Y esto parece fácil de entender porque cualquiera sabe lo que eso significa. 

Evangelio juan 13, 31 35

Sin embargo, Jesús añade algo que es crucial en este caso y, como suele suceder, en todo lo que hace y dice: hay que amarse de una forma muy especial que consiste, en esencia y básicamente, en hacerlo como Él lo había hecho con ellos. 

Antes que nada, decimos que el Amor de Dios no tiene condición a cambió. Es decir, el Creador ama a su descendencia aunque la misma tenga por costumbre y vicio olvidarlo y darle la espalda, esconderlo lo más lejos posible de su vida y, por si eso no fuera ya suficiente, zaherirlo en cuanto algo le sale mal. 

En cambio Cristo, diciendo eso que dice se pone de ejemplo. 

Sabemos, ellos también lo sabían, cómo los había amado. Lo que aún no sabían es cómo los iba a acabar de amar al entregar su vida en una cruz. 

Nosotros, sin embargo, tenemos ventaja al respecto de aquellos Apóstoles que cenaban con Él aquel día de la Pascua judía. Y es que nosotros sí sabemos, a ciencia y corazón ciertos, cómo fue su muerte y cómo se comportó ante ella: perdonando, intercediendo por sus verdugos y, en suma, amando. 

Aquella forma de amar era muy especial. Y es que lo era hasta el extremo de dar su vida a cambio del perdón de Dios hacia sus hermanos los hombres. Y aquella forma de amar, entregada, sin mirar  a sí mismo sino el interés de su prójimo…. era la forma de amar que quería se viese entre sus discípulos. 

El caso es que Jesús quiere que se vea. Es decir, no quiere que el amor entre los suyos sea algo íntimo, de casa para dentro. No. Lo que quiere es que, viendo los demás no creyentes cómo se aman sus discípulos sabrán, por tal amor, que eran sus discípulos. Y así servir de ejemplo y que se pudiera decir de ellos, como se dijo, “mirad cómo se aman”. 

Tal amor, el Amor, en definitiva de Dios, era el que quería Jesucristo para todos los que, de una manera o de otra, se decían ser seguidores suyos. 

El caso es que tal amor no siempre es fácil de poner en práctica. Y es que son muchos los egoísmos en los que nos movemos, muchas las incomprensiones que atesoramos en nuestro corazón y, en fin, muchas las ocasiones en las que no somos capaces de amar cuando deberíamos amar o  perdonar cuando deberíamos perdonar. Y tal es la gran prueba que debemos superar para que, en efecto, puedan decir de nosotros el “mirad como se aman”.

 
PRECES

Por todos aquellos que no creen en el Amor de Dios por sus criaturas.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no son capaces de amar como Cristo amó.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a amar como tu Hijo nos amó a nosotros.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

Eleuterio Fernández Guzmán

    

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Glorificar a Dios es nuestro deber. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

9.05.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Sentirse pequeño y ser grande

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Sentirse pequeño y ser grande

  

“Tú, detrás de la tapia un día y otro, ¿hasta el último? Si es así, que, al menos, mi nostalgia te venga a valer como un estampido de fe Mi fe enana, abismada en tu fuego colosal y gigante.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 48)

  

Es más que cierto y verdad que cuando el Hijo de Dios dijo aquello de que debíamos ser humildes como Él lo era no andaba nada equivocado sino que sembraba en nuestros corazones una semilla con la que, espiritualmente hablando, se llega muy lejos.

Nosotros, sin embargo, no hay pocas veces que somos soberbios… Es decir, que no nos tomamos muy en serio aquellas santas palabras que, por salir de la boca de Cristo eran, exactamente, Palabra de Dios.

En este texto del Beato de Linares (Jaén, España) vemos cómo se siente nuestro amigo Lolo y, a la vez, vemos cómo es, para nosotros y seguramente para Dios mismo, este hombre “inútil” como él mismo se llamaba… 

Lolo cree que Dios está, algo así, como detrás de una tapia que es como decir que sí, que está ahí pero que no puede acometerlo como le gustaría acometerlo. Sin embargo, no duda para nada de la presencia de su Creador que está ahí, justo ahí, detrás de una tapia. Y lo está para siempre cree Lolo porque se pregunta si ahí va a estar hasta el último de sus días entre los vivos. 

Que alguien esté detrás de una tapia no supone, por eso mismo, que no sea posible comunicarse con tal persona. Es más, Lolo mismo escribió un libro en que el que dirigía cartas a religiosas de clausura que estaban, precisamente, detrás de una tapia y él les escribía “Al pie de la tapia”. Por eso estamos más que seguros que el linarense universal sentía más que cerca a Aquel que, habiéndolo creado y mantenido (¡mantenido!) en el mundo según sus personales circunstancias, allí estaba. 

Bien. Sabemos que Lolo era un ser inmensamente humilde. Y eso lo demuestra, una vez más, en las palabras que aquí traemos y que muestran hasta qué punto se conoce aunque, para nosotros, no sea del todo cierto eso que dice.

Veamos.

Lolo dice que tiene una fe “enana”. Y, entonces, ¿qué fe tenemos los demás?… Y esto lo decimos, al menos, por nosotros, pues es seguro que hay quien tiene infinitamente más que fe que quien junta estas cuatro letras. Pero queremos decir que, conociendo a Lolo y sabiendo cómo fue su vida, cuál su comportamiento y cuánta su convicción y su confianza en Dios… En fin… como que se nos queda pequeña la tierra para pedir que nos trague… 

Pero bien. Lolo siente que su fe es muy pequeña. Y, sin embargo quiere que la misma tenga en Dios una, digamos, pegada grande (si se nos entiende esto) pues quiere que sea un “ruido muy intenso y seco” que es lo que, en definitiva, significa la palabra “estampido” que es como querer decir que Dios escuche en grande lo que es su fe. Y que la misma se “abisme” en el fuego de Dios. 

A esto debemos dedicar, aunque sea, algunas palabras. 

Lolo dice muy bien lo que dice. Y es que manifiesta que él está inmerso en la contemplación de tal forma que permanece ajeno a lo demás. Y esto no es cosecha de quien esto escribe sino simplemente el significado del verbo “abismar”. Es decir, que nuestro buen amigo Manuel se sabía inmerso de tal forma en la contemplación de Dios que en la misma manifestaba su fe que, como vemos, no era para nada enana sino gigante y más que gigante. 

Por eso último decimos que no estamos de acuerdo con el sentir de Lolo. No. Su fe no era enana (aunque él, como su especial percepción de las cosas del alma, creyese que sí) sino que, en su “pequeñez” (por sostener lo que él dice) nos sirve de ejemplo para que la nuestra deje, en algo, de serlo. 

Sentirse pequeño y ser grande. Tal es la convicción que nosotros tenemos. Y nos basta y nos sobra para creer más y, si es posible y Dios quiere, mejor; creer a lo Lolo: saberse poco para creer mejor.  

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.