InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Agosto 2022

29.08.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - De verdad ofrecer sufrimientos

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

De verdad ofrecer sufrimientos

 ”Esto duele, ya lo creo; pero tienen que doler las cosas que se ofrecen, no como hasta ahora, que ya iba viviendo un poco de rutina los dolores de las articulaciones” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 71)

Se refiere Lolo, antes de estas palabras suyas, a su situación con relación a lo poco que ya ve o, directamente, nada de nada. Y es que, el sentido de la vista, dado lo mal que lo pasaba en otras partes del cuerpo, le aliviaba bastante todo lo que le pasaba. Y si ahora ya no ve… 

La verdad es que no nos extraña que el Beato de Linares (Jaén, España) diga lo que dice: que le duele su situación al respecto de lo que refiere su vista. Y es que si para una persona, digamos, ordinaria, perderla no es nada bueno ni mejor podemos imaginar para quien, como Lolo, hacía abundante uso de la suya (¡tantas lecturas..!) lo que eso suponía. 

A Lolo le duele su situación. Y, sin embargo, como tantas veces ha hecho a lo largo de su sufriente vida sabe cómo encarar la situación. Y sí, ante esto sólo cabe la sobrenaturalización de un dolor tan especial como es el de quedarse ciego. 

De todas formas, bien podemos preguntarnos cómo es posible sobrenaturalizar una ceguera para quien tanto uso hacía de sus ojos. Y ante una pregunta así, Lolo nos contesta de la única manera que sabe y que tiene todo ver con su fe, con el sentido que tiene de la misma y que es, como podemos imaginar, algo más que profunda. 

Ofrecer. Lolo nos dice que se debe ofrecer el sufrimiento y, en concreto, el que ahora padece (añadido a los demás…) 

El ofrecimiento del que habla nuestro amigo debe ser algo muy especial. Y es que, como él mismo dice, el que hacía ahora sobre sus articulaciones se había vuelto como rutinario. Y a nosotros, que alguien que padecía lo que padecía Lolo sea capaz de decir que todo aquello era una rutina y, por tanto, algo a lo que no darle mucha importancia… en fin, como que nos pone los pelos de punta y el corazón en un puño. 

Ciertamente, Lolo hace un ofrecimiento muy especial de aquel sentido, la vista, que era el que le quedaba por ofrecer y que tanto daño le hacía a su persona el haberlo perdido.

¡Qué profundo debió ser el ofrecimiento de aquel dolor por parte de Lolo que tanto había ofrecido y ofrecía en aquel mismo instante sobre lo suyo! 

Por otra parte, que tengan que doler “las cosas que se ofrecen”, como dice Manuel Lozano Garrido, es porque el sentido espiritual de eso ha de ser algo más que profundo. Y es que no vale cualquiera cosa que se quiera entregar a Dios que no sea de verdad y que de verdad, en fin, duela. 

A nosotros no se nos ocurre nada más que agradecer a Lolo que ofreciera aquel sufrimiento a Dios, el de la ceguera, y que lo hiciera como sabía hacerlo un santo.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

27.08.22

Palabra para el Domingo – 28 de agosto de 2022

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Como es obvio, hoy no es domingo 28 sino sábado, 27 de agosto de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.


También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

Lc 14, 1.7-14

“1 Y sucedió que, habiendo ido en sábado a casa de uno de los jefes de los fariseos para comer, ellos le estaban observando.7 Notando cómo los invitados elegían los primeros puestos, les dijo una parábola: 8 ‘Cuando seas convidado por alguien a una boda, no te pongas en el primer puesto, no sea que haya sido convidado por él otro más distinguido que tú, 9 y viniendo el que os convidó a ti y a él, te diga: ‘Deja el sitio a éste’, y entonces vayas a ocupar avergonzado el último puesto. 10    Al contrario, cuando seas convidado, vete a sentarte en el último puesto, de manera que, cuando venga el que te  convidó, te diga: ‘Amigo, sube más arriba.’ Y esto será un honor para ti delante de todos los que estén contigo  a la mesa. 11 Porque todo el que se ensalce, será humillado; y el que se humille, será ensalzado.’ 12 Dijo también al que le había invitado: ‘Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez, y tengas ya tu recompensa.  13 Cuando des un banquete, llama a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos; 14  y serás dichoso, porque no te pueden corresponder, pues se te recompensará en la resurrección de los justos.’

COMENTARIO


Saber humillarse para ser salvo

Ciertamente, Jesús tenía una misión clara que llevar a cabo. Es decir, cuando es enviado por Dios al mundo ha de hacer posible que sus hermanos los hombres se salven porque estaban más que necesitados de salvación y del perdón del Creador.

Jesús, en este caso y en aquella comida en cada un fariseo importante, observa. Podemos imaginarnos al Hijo de Dios sentado en sitio preferente (aquellos hombres querían presumir además de perseguir torticeramente). Mira lo que hacen aquellos que han sido invitados, como él, a casa de aquel hombre considerado jefe de los más poderosos de entre los suyos.

Se da cuenta de la innecesaria y absurda vanidad del hombre. Y es que conforman van llegando buscan los mejores puestos. Quieren estar cerca tanto del propio Jesús como de sus superiores espirituales y, también, sociales.

Pero el Hijo de Dios, que sabe qué quiere su Padre Todopoderoso, debe intervenir. Y es que no deja pasar ocasión alguna para enseñar, con autoridad (como se le dice, al menos, en una ocasión) lo que es importante saber.

Lo que importa, de cara a Dios y a su definitivo Reino (la salvación eterna) no es querer sobrepasar a los demás, querer estar por encima del prójimo. No. Lo que es importante para Dios es que sus hijos los hombres sepan humillarse.

Decir eso podría parecer algo así como pedir a cada ser humano que deje de considerarse el primero para ser el último. Y eso es, exactamente, lo que quiere decir Jesús cuando habla de que al ser invitado no hay que buscar sobresalir sino, en todo caso, situarse el último.

Lectio Divina: 31 de octubre de 2020 – Iglesia en Aragon

No vayamos a creer que eso lo dice Jesús para que quien así actúe lo haga con vistas a ser honrado puesto en lugar mejor al que se había situado quien así había procedido. No. Lo que quiere decir con eso el Emmanuel es que, desde el mismo momento en el que entra en el lugar preparado para la comida ha de actuar humildemente… y sin buscar nada a cambio. Y así lo dice Cristo porque sabe que Dios da el salario a sus hijos y, con toda seguridad, recompensará (mediante quien haya invitado a la comida) a quien ha actuado, primero, humildemente y, también, sin otras obscuras intenciones: ha actuado así porque así se lo ha sugerido su tierno corazón y porque sabe que ha de ser humilde.

Eso era para el visitante pero Cristo también tenía un consejo importante para aquel fariseo rico. Y era que debía tener en cuenta no sólo a los poderosos sino, sobre todo, a los pobres, a los que padecían alguna enfermedad.

¿Le estaba sugiriendo Jesús que traicionara sus costumbres?

Exactamente, eso era lo que estaba haciendo y, de paso, procurando la salvación de aquella persona que tan equivocada estaba en según qué tipo de actuaciones.

De todas formas, podemos ver que Jesús habla de un tiempo futuro. Habla, pues, de la vida eterna y, en concreto, del momento en el que cada uno de aquellos iba a ser juzgado por Dios. Y es que tanto en el caso de quien acude a la fiesta como de quien invita, Jesús habla de que “será humillado” o “será ensalzado” o, también, que “se te recompensará”. Y aquí está la clave: “en la resurrección de los justos”.


“La resurrección de los justos” es expresión meridianamente clara de qué va a pasar pero, sobre todo, de cómo se ha de actuar en cada caso particular y, en concreto, en cada momento de nuestra vida.

En resumidas cuentas: la humillación propia en doble sentido: ante nuestros actos y con relación al prójimo. En todo caso es necesario humillarse, volver a ser barro del que salimos.


PRECES

Por todos aquellos que no quieren humillarse.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que prefieren el mundo actual al que ha de venir.

Roguemos al Señor.


ORACIÓN

Padre Dios; danos fuerza para ser capaces de ser humildes.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber ser humilde es el secreto de muchos bienes espirituales.

25.08.22

Apuntes inesperados – Incorporarse al mundo, levantarse… en fin

Las semillas de arce, inspiración para el diseño de un dron de dos alas |  Compañías | Cinco Días

En realidad, son cosas que pueden pasar un día cualquiera. Momentos son que pueden originar una reflexión o algo así como un pensamiento que se alarga más o menos según sean las circunstancias y el pasar y ser de las mismas.

En realidad no se trata, esto, sino de unos inesperados apuntes o de unos apuntes inesperados que, al fin y al cabo, viene a ser lo mismo.”

  

Incorporarse al mundo, levantarse… en fin

  

En el número 206 de su impagable “Camino”, el fundador del Opus Dei (a saber, San Josemaría) escribe algo que nos viene la mar de bien y que, como es lógico, vamos a aprovechar. Y es esto:

 

“El minuto heroico. —Es la hora, en punto, de levantarte. Sin vacilación: un pensamiento sobrenatural y… ¡arriba! —El minuto heroico: ahí tienes una mortificación que fortalece tu voluntad y no debilita tu naturaleza.”

 

 EXCURSUS

 

Antes que nada, ruego y espero que sea posible que nadie aproveche que el Pisuerga pasa por Valladolid para poner a la Obra en solfa o algo por el estilo. No se trata aquí de incitar a nada de eso sino que considero importante este texto y, eso, que nos viene la mar de bien.

  

FIN DEL EXCURSUS

 

Pues bien, nadie puede negar que, en efecto, el levantarse no es nada fácil aunque pongamos todas las buenas intenciones que queramos en ello. 

En realidad, ponerse en pie (que es otra forma de decirlo aunque haya personas que, por enfermedad, no puedan hacerlo…) e incorporarse al mundo es algo sobre lo que, seguramente, pocas veces nos hacemos cábalas. En realidad, es lo que se espera de todo ser humano… ¿a qué darle vueltas a eso? 

Pero, ciertamente, alguna vuelta sí podemos darle.

 Levantarse, cada día, y hacerlo durante toda nuestra vida es muestra de perseverancia aunque sea una necesidad obvia. Sin embargo, apuntemos aquí a lo que hay detrás de tal “minuto heroico” pues haberlo, haylo, como dicen los gallegos (no los españoles vistos desde América sino los naturales de Galicia, en España…) de ciertos fenómenos misteriosos. 

Cuando damos con nuestro cuerpo en el mundo en el que vivimos es verdad que solemos hacerlo con ansias de que todo salga lo mejor posible. Y ponemos en tal minuto, momento, quizá sólo segundos, toda nuestra esperanza pues una nueva luz se abre ante nosotros y aunque sepamos que podemos pasar por algún túnel a lo mejor sin iluminación, lo cierto y verdad es que queremos dar el primer paso con cierto optimismo. 

Es verdad que, a lo largo del día, vamos a tropezar más de una vez con obstáculos y que los mismos son como una especie de prueba que debemos superar. Pero ahora, ahora mismo que vemos que ha llegado un nuevo día a nuestra vida… entonces es cuando todo parece bueno y mejor. 

A tal respecto, estamos muy de acuerdo con lo que escribe en llamado “santo de lo ordinario” (pues nada hay más ordinario o común que levantarse e incorporarse al mundo) Y es que, como es de esperar, también el joven Josemaría y luego, cuando ya no era tan joven, debía sentir que el momento del despertar y lo que sigue era como, él mismo lo dice, una mortificación que muy bien podemos ofrecer a Dios por alguna santa intención… 

Mortificación, sí, como verdad que, desde ella misma, nos hace mirar hacia adelante y nos confirma que Dios, que nos ha creado, también quiere que hoy demos el primer paso después de haber pasado una noche más o menos descansada (que de todo hay en eso…) 

Esto lo decimos porque, por muy trabajoso que nos resulte hacer la misma acción de apagar el despertador (el ordinario o, incluso, el del más moderno aparato tecnológico) y saber que sí, que hemos sobrevivido a la noche, no por eso vamos a dejar de darnos cuenta de a Quién debemos eso. Y aunque se sea ateo o agnóstico (cosa que no deseo a nadie por su propio bien) no es posible que alguien crea que ve la luz del día por el simple funcionamiento de su cuerpo y el paso del tiempo… En fin… 

Levantarse es, por eso mismo, como una especie de pulso que nos echamos a nosotros mismos y, a veces, hasta salimos vencedores… ¡cinco minutos más tarde!, eso sí.

Y aquí les dejo, hasta otro apunte.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Es inesperado todo lo que por inspiración nos llega. 

22.08.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - ¿Cómo es Dios para Lolo? (II)

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de LoloManuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

¿Cómo es Dios para Lolo? (II)

 

“’Mas hablar de Dios, ¡qué difícil! Y ¿cómo se hace?’. Su oro hay que darlo hoy en calderilla. Las ideas de los libros no echan aquí raíces. Hay que desnudar la palabra, hasta hacerla pura, directa y elemental. Y Dios resulta que está hecho un puro símbolo en todas las cosas que nos rodean. El río que cruza por la puerta de su casa o el vaso que llena para darme de beber son dos imágenes que valen para hablar de la Gracia; el hacecillo que ella fue recogiendo en los días en que salía a espigar, sirve para decir de nuestro fruto; el padre, que trabaja y cada sábado trae para poner una hogaza encima de la mesa, es bueno para insistir en la Providencia. Siempre que hago parábola de la vida, ella se anticipa y dice que sí, que ya me entiende. Y yo, el presuntuoso hombre que escribe, bajo la cabeza, porque voy comprendiendo eso de que el hacerse como un niño es la llave del reino de los cielos.” (Las golondrinas nunca saben la hora, pp. 83-84)

A continuación de aquello sobre lo que escribimos hace dos semanas y que titulamos “¿Cómo es Dios para Lolo? (I)” en lo que descubrimos que para el Beato de Linares (Jaén, España) todo lo bueno que le pasa lo atribuye a Dios por ser Bueno, etc., nuestro amigo continua alabando al Padre Eterno por lo que supone para él.

Hablar de Dios. Eso se pregunta Lolo: ¿Cómo? 

Hay aquí, como se dice, mucha miga. Y es que Manuel Lozano Garrido ha comprendido a la perfección cómo hablar de Dios: haciéndose pequeño, humilde, nada… Pero no se trata de una falsa humildad sino de la insistencia y perseverancia que sostiene que, en efecto, no es que no seamos nada ante Dios sino que, ciertamente, nada somos. Y eso lo entiende muy bien Lolo cuando pone los ejemplos en los que se deduce a Dios y, por tanto, cómo hablar de nuestro común Creador. 

Dios acaba siendo un símbolo de todo lo que nos pasa porque todo está ordenado por el Todopoderoso en bien de sus criaturas humanas. Y por eso habla Lolo, y pone ejemplos, de cómo hablar de Dios. Y los mismo no son difíciles de entender sino que, al contrario, nos pone sobre la pista de eso.. de cómo podemos entender a Dios hablando de lo que nos pasa… sin ir mucho más lejos. 

Por ejemplo, la propia naturaleza habla de Dios y Dios habla en ella porque, sin querer caer en panteísmo alguno, es fácil darnos cuenta de que Dios la creó aunque no sea la propia naturaleza pero, en fin, Dios habla a través de ella, sí que habla. 

Por ejemplo, de la naturaleza misma se deduce el fruto que se obtiene del trabajo sobre la mies. Y eso nos habla de Dios porque siendo mucha la mies… es mies creada por el Todopoderoso. Y en ella habla Dios porque Dios habla en la semilla y, luego, en el fruto. 

Por ejemplo, cuando hablamos de la santa Providencia de Dios es que Dios habla a través de ella y, así, cuando el padre al que se refiere Lolo aporta a su casa lo necesario para que la familia salga adelante es que el Padre habla así, de esa forma tan humana pero, a la vez (por Su ser e intervención) tan divina. 

Por otra parte, arriba decimos que Lolo es humilde. Y lo es, ciertamente, que lo es. Lo es, en primer lugar, porque comprende su circunstancia y, claro, es evidente que eso le muestra que ahí habla Dios, ahí mismo. Pero es que, en segundo lugar, comprender que se ha de ser humilde es estar de acuerdo con la Voluntad de aquel que le ha creado. Y eso es lo que hace nuestro amigo Lolo que, a la hora de hablar de Dios le basta y sobra con poner sobre la mesa lo que pasa en el mundo, al mundo mismo. Y ya.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

20.08.22

La Palabra para el domingo- 21 de agosto de 2022

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Como es obvio, hoy no es domingo 21 sino sábado, 20 de agosto de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.


También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

Lc 13, 22-30

“22 Atravesaba ciudades y pueblos enseñando, mientras caminaba hacia Jerusalén.  23 Uno le dijo: ‘Señor, ¿son pocos los que se salvan?’ Él les dijo: 24 ‘Luchad por entrar por la puerta estrecha, porque, os digo, muchos pretenderán entrar y no podrán. 25 ‘Cuando el dueño de la casa se levante y cierre la puerta, os pondréis los que estéis fuera a llamar a la puerta, diciendo: ‘¡Señor, ábrenos!’ Y os responderá: ‘No sé de dónde sois.’ 26 Entonces empezaréis a decir: ‘Hemos comido y bebido contigo, y has enseñado en nuestras plazas’; 27 y os volverá a decir: ‘No sé de dónde sois. ¡Retiraos de mí, todos los agentes de injusticia!’  28   ‘Allí será el llanto y el rechinar de dientes, cuando veáis a Abraham, Isaac y Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, mientras a vosotros os echan fuera. 29 Y vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur, y se pondrán a la mesa en el Reino de Dios. 30 ‘Y hay últimos que serán primeros, y hay primeros que serán últimos.’”

        

COMENTARIO

Sobre puertas y entradas al Cielo

 

Sin duda alguna, este texto del evangelio de San Lucas tiene todo que ver con algo que, tantas veces, ha señalado el Hijo de Dios: la salvación eterna. No otra cosa quiere decirnos con estas palabras Quien trajo la de Dios al mundo. 

La voluntad de cada cual que tiene fe es salvarse. Por eso no es nada extraño que alguien le pregunte a Jesús si son pocos los que se han de salvar. A lo mejor, había escuchado al Maestro que la cosa no es tan fácil. No es imposible pero no tan fácil como pudiera pensarse porque no siempre se la ecuación hijo de Dios=salvación eterna. 

Abunda Cristo mucho en esto aquí. Es decir, dice por activa y por pasiva el qué y el cómo al respecto de la salvación eterna.

A la pregunta citada responde con una claridad, con una sencillez no exenta de misterio. 

Nos habla de la puerta estrecha. Y es que muchos, también dice eso, quieren entrar por otra, la ancha, y eso, en esto, no es posible. 

¿Y qué es eso de la puerta estrecha y la puerta ancha? 

Formación Pastoral para Laicos: “Luchad por entrar por la puerta estrecha”

Al Cielo, al definitivo Reino de Dios, sólo se puede llegar si hay verdadera entrega espiritual y, no lo olvidemos, material (en cuanto servicio al prójimo con todo lo que eso supone). Y eso no es siempre fácil. Tal es la puerta estrecha: sacrificada y con sus propias cruces. 

Por otro lado, la ancha supone querer acumular para este mundo y no para el venidero, precisamente, la vida eterna: aparentemente divertida  tal puerta y mundana (eso seguro). Y eso no es demasiado recomendable porque ya sabemos lo que supone, de cara al distanciamiento de Dios, querer más a este mundo que al otro… 

A este respecto, puede haber equivocaciones varias. Y es que pudiera existir quien crea que ha hecho lo que debía cuando, en realidad, se había alejado mucho de la santa voluntad de Dios. Y a tales almas son a las que se les dirá que nada tienen que ver ni con el Hijo ni con el Padre ni con el Espíritu Santo. Es más, a tales almas, seguramente convencidas de su equivocación pero perseverantes en el error, no se las dejará entrar en el Cielo y deberán quedarse a sus puertas donde, en efecto, es el llanto y el rechinar de dientes lo que más abunda. 

Es más, Cristo avisa para aquellos que le escuchan y que se veían ya en el Cielo por ser miembros del pueblo elegido por el Todopoderoso que deben tener cuidado con lo que piensan: Dios es Padre de todo ser humano y es más que posible (seguro que es así) que habrá quien crea que lo tiene todo hecho y cuando ya no haya remedio… vea que no tiene nada hecho; al contrario, habrá quien crea que no tendrá acceso al Cielo cuando, en realidad, la santa voluntad de Dios, se lo permitirá. Y eso, digámoslo claramente, es un misterio que no somos capaces de comprender y, además, ¡ni falta que hace!, pues la comprenderemos cuando, ¡Dios quiera!, estemos en el Cielo. Ahora nos basta con creer y confiar. 

De todas formas, atentos debemos estar a esto: “Y hay últimos que serán los primeros, y hay primeros que serán últimos”. 

¿Qué queremos ser?

 

PRECES

Por todos aquellos que no quieren aceptar entrar al Cielo por la puerta estrecha.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no se dan cuenta de lo que supone ser últimos.

Roguemos al Señor.

  

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a ser últimos y a no querer primeros.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

……………………

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Nos conviene mucho más buscar la puerta estrecha.