11.05.20

Venerable Marta Robin – Tenerlo así de claro

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

             Resultado de imagen de Journal. Décembre 1929, Novembre 1932

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

Tenerlo así de claro

 

“Yo vivo para servir durante tanto tiempo como mi Dios quiera y de tantas maneras como le plazca.” (Diario íntimo, 22 de enero de 1930)

 

Es bien cierto y verdad que, en materia de fe católica, los creyentes, en general, sabemos que hay realidades espirituales, verdades, que debemos respetar. También sabemos que hay, entre las mismas, algunas que, por ser consideradas “dogmas” deben ser respetadas, si eso es posible, más aún que las primeras.

Con esto queremos decir que sí, que sabemos que ni estamos escasos de qué respetar ni podemos ignorar qué es lo que debemos respetar.

Sobre todo esto está, como bien sabemos, Dios. Es decir, que amar a Dios sobre todas las cosas no es una expresión muy bien dicha (que también) sino que es la base sobre la que debe conducirse nuestra existencia y algo que nunca deberíamos olvidar.

Pues bien, a veces, como es experiencia de cualquiera de nosotros, hay ocasiones en las nos cuesta más de la cuenta aceptar lo que supone, eso, amar a Dios sobre todas las cosas.

Amar a Dios sobre todas las cosas implica, primero, que tengamos tal expresión de fe como algo real; luego, que lo llevemos a nuestra vida sea cual sea la circunstancia por la que pasemos.

Sí. Las circunstancias de nuestra vida son muchas y más que muchas y no todas ellas son un camino de rosas sino, al contrario, uno plagado de espinas que se clavan y de piedras en las que tropezar.

Pues bien, entonces, en tales momentos (en los buenos ya sabemos que agradecemos a Dios los mismos, si es el caso…) es cuando entra en vigor, por así decirlo, la aceptación, la confianza o, en fin, lo que es eso de amar a Dios sobre todas las cosas.

Nuestra hermana, la Venerable Marta Robin nos muestra que tiene, los principios, bastante bien asentados en su corazón y, luego, que lo tiene más que claro…

No es que nos diga, por ejemplo: “podría aceptar la verdad como Dios quiere…”. No. Ella “vive”, literalmente lo dice para hacer algo que es poner en práctica el amar a Dios sobre todas las cosas.

En cuanto al límite temporal de un hacer así, de un actuar así, no podemos decir que Marta Robin racanee con el mismo. Al contrario es la verdad: ella vive de la manera que vive, directamente, para siempre. Y es que otra cosa no se puede entender al someterse totalmente a la Voluntad de Dios.

Lo que ella quiere no es actuar de cualquier forma, según su gusto, sino que lo hace para “servir” o, lo que es lo mismo, para estar a lo que Dios quiera al respecto de su vida y existencia que, entonces, en aquel tiempo en el que escribe su Diario íntimo, es tiempo ya metido en enfermedad y sufrimiento. Por tanto, hasta que Dios quiera es el límite de tiempo que da nuestra hermana en la fe para servir, además, según quiera Dios.

El caso es que eso de “servir”… en fin, debería tener un cómo. Pues Marta lo circunscribe a lo que Dios, exactamente, quiera. Es decir, de la forma como Dios quiera… así será su servicio. Y tal será su manera de actuar a lo largo de su vida desde que esto escribió y, suponemos, que también antes de eso.

En realidad, la Venerable Marta Robin, como podemos ver, tenía más que ganada su fama de santidad: en palabras y en acciones… como debe ser, como es la única manera que debe ser.

 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La Venerable Marta Robin es buen ejemplo de lo que se puede llegar a ser: hija de Dios.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.  

10.05.20

La Palabra del Domingo - 10 de mayo de 2020

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 Jn 14, 1-12

  

“1 ‘No se turbe vuestro corazón.  Creéis en Dios: creed también en mí.   2 En la casa de mi Padre hay muchas mansiones; si no, os lo habría dicho;  porque voy a prepararos un lugar. 3 Y cuando haya ido y os haya preparado un lugar, volveré y os tomaré conmigo, para que donde esté yo estéis también vosotros. 4Y adonde yo voy sabéis el camino.’ 5 Le dice Tomás: ‘Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?’ 6 Le dice Jesús: ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.  Nadie va al Padre sino por mí. 7      Si me conocéis a mí, conoceréis también a mi Padre; desde ahora lo conocéis y lo habéis visto.’  8 Le dice Felipe: ‘Señor, muéstranos al Padre y nos basta.’ 9 Le dice Jesús: ‘¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: ‘Muéstranos al Padre’? 10 ¿No crees que yo estoy en el Padre y el Padre está en mí? Las palabras que os digo, no las digo por mi cuenta; el Padre que permanece en mí es el que realiza las obras.  11 Creedme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí.  Al menos, creedlo por las obras.  12 En verdad, en verdad os digo: el que crea en mí, hará él también las obras que yo hago, y hará mayores aún,  porque yo voy al Padre.’”

        

 

COMENTARIO

 

Permanecer en Cristo

 

Una vez diría Jesús que quien tuviera fe podría hasta mover una montaña del sitio donde estaba y ordenarle que se echara en el mar. Sin duda lo decía porque sabía que muchos de los que le escuchaban no tenían mucha. Y por eso termina el texto del evangelio de san Juan diciendo que quien crea en Él hará, nada más y nada menos, que las obras que Él hace. 

Pues bien, es bien cierto eso. Sin embargo, Jesús no se vino abajo al respecto de lo que había venido a hacer al mundo, la misión que Dios le había encomendado y que debía cumplir le pesase a quien le pesase. 

Jesús tiene que decir, por activa y por pasiva, que va a morir. Lo dice, muchas veces, de forma muy poética pero sin desconocer lo que eso significa. Pero trata de que, aquellos que lo escuchan, comprendan lo que eso quiere decir. 

Dice el Hijo de Dios muchas cosas importantes en esta conversación con aquellos que le escuchan y, por eso, con nosotros mismos pues ya sabemos que la Palabra de Dios no tiene tiempo y vale y valdrá. 

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8.05.20

J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Personajes únicos: Gandalf, el que vino allende los mares

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Nos parece bien empezar esta serie dentro de la serie. La hemos dado en llamar así, “Personajes únicos”, porque creemos que, en efecto, lo son.

Decimos, pues, que nos parece bien que el segundo  (El primero fue Sam, el fiel amigo de Frodo) personaje que aquí traigamos sea aquel, digamos, mago, que fue enviado desde tierras muy lejanas a la más cercana Tierra Media. Y nos referimos al mago gris, a Gandalf.

 

Gandalf, el que vino para quedarse

Cuando llegó a la tierra media tomó forma de anciano, es alto (de 1,80 cm.), tiene una barba larga y blanca hasta más abajo de la cintura, nariz aguileña y cejas largas y espesas.”

 

Esta, bien puede ser una descripción de Gandalf. Ahora bien, este personaje de la inmortal obra de J.R.R. Tolkien era llamado de muchas formas, a saber:

 

Mithrandir, como era conocido entre los elfos y hombres de Gondor,

 

Incánus, entre los hombres del Sur,

 

Tharkûn, entre los enanos u,

 

Olórin, en las Tierras Imperecederas.

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6.05.20

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - Amar el sufrimiento, III

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Amar el sufrimiento, III

 

“Te lo digo hoy aquí, en esta hora en que se rasga uno la camisa y aparece el pecho desnudo, con la cálida topada del corazón que sube y baja: nunca he sido más feliz que cuando sentía las células machacadas por el dolor, por esta proyección personal de tu redención; pero hoy mi breve salterio de amor se resiste a ser desmenuzado.

Esa afluencia macabra de las órbitas vacías, las piernas cercenadas y los dedos deformes, me han sustraído el grito y la voluntad, como en las noches de pesadilla, cuando el corazón se aterra y clama, mientras los labios siguen derrumbados, como embebidos por una borrachera de cloroformo”. (El sillón de ruedas, p. 311)

 

Pudiera parecer que el Beato Manuel Lozano Garrido, con estas palabras que tanta relación tienen con su sufrimiento y con el dolor, él le gusta pasarlo mal o que disfrutara con eso.

Entender las cosas así supone no darse cuenta de la verdad de las cosas y estar, en esto del sufrimiento, a otra cosa que no tiene nada que ver con lo que cree nuestro hermano en la fe y que, creemos, es lo que sigue.

Conoce más que bien el Beato de Linares (Jaén, España) que su sufrimiento es tan real, digamos, como la vida misma. Sabe, por tanto, que vive, se mueve (es un decir esto) y existe porque Dios quiere que viva, se mueva y exista. Es decir, que es más que consciente de que está en el mundo (en el momento de escribir lo que dio lugar a su “Sillón de ruedas”) porque Dios, que lo creó, lo mantiene con vida. Y es una fe profunda la que le dice eso.

Tener conciencia de una realidad así, como la suya, y comprender que tiene, seguramente, un fin superior que cumplir (¿Qué otra cosa querría Dios de un sufrimiento como el suyo? ¿Qué otra cosa no iba a querer el Creador de las últimas horas de la vida de su Único Hijo que no fuera trascender tal dolor y sufrimiento?) debió dar mucha fuerza espiritual a Lolo. Y eso lo refleja en este apartado de su texto que, desde hace unas semanas, traemos aquí y que tiene que ver con la misteriosa aceptación del sufrimiento.

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4.05.20

Venerable Marta Robin – Podemos ser eso

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

Podemos ser eso

 

“Yo no soy más que la pequeña lámpara en la que el divino Sol de justicia, Jesús Rey de amor, vierte con superabundancia el aceite sagrado, el aceite precioso y santificante, los fuegos del Cielo.” (Diario íntimo, 23 de enero de 1930)

 

Ella dice que no es “más” en el sentido de sentirse poca cosa cuando, en realidad, nosotros sabemos que es eso y, claro, mucho más que eso. Sin embargo, tener de sí misma un tal concepto supone, sobre todo, que ha llegado muy lejos en el castillo interior de su corazón, que ha culminado una morada más que elevada…

La Venerable Marta Robin, como nos dice ella misma, es lámpara. Por tanto, eso supone que es luz y que puede ayudar en el camino que llevamos hacia el definitivo Reino de Dios.

¿Qué supone, por tanto, ser lámpara?

Para nosotros, que Marta Robin sea lámpara, y se comporte como tal, es algo más que una imagen bien hecha y descrita. Sí. En realidad supone que nos ilumina en el ejemplo de una vida de sufrimiento y de comprensión de este, de obtención de fruto de los malos momentos por los que pasa y, en fin, que nos viene la mar de bien que así haya sido.

Sin embargo, hay más.

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3.05.20

La Palabra del Domingo - 3 de mayo de 2020

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Jn 10, 1-10

 

“1 ‘En verdad, en verdad os digo: el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro  lado, ése es un ladrón y un salteador; 2 pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. 3 A éste le abre el portero, y las ovejas escuchan su voz; y a sus ovejas las llama una por una y las saca fuera. 4 Cuando ha sacado todas las suyas, va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5 Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.’

 

6 Jesús les dijo esta parábola, pero ellos no comprendieron lo que les hablaba. 7      Entonces Jesús les dijo de nuevo: ‘En verdad, en verdad os digo: yo soy la puerta de las ovejas.  8 Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon. 9 Yo soy la puerta; si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. 10 El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir. Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia’”.

 

COMENTARIO

 

La vida de Cristo es abundante

 

Muchas veces dice el Hijo de Dios lo que hoy trae el Evangelio de San Juan. Al parecer, necesita repetir lo que debería ser entendido pronto y a la primera pero, ya sabemos, hay quien no tiene interés por entender… y no entiende nada de nada. 

A tal respecto, es bien cierto que Jesús fue enviado por Dios para mucho. En realidad, tenía que restablecer la relación que los miembros del pueblo elegido por el Creador habían roto a base de comportarse, más o menos, como les daba la gana al respecto de su Ley y de hacer todo lo posible para que la misma les beneficiase, egoístamente hablando. 

Por eso Jesús no cesa de enseñar aquello que es fundamental que se comprenda. Saber lo que Dios quiere es lo mismo que aceptar su voluntad si no miramos para otro lado. Y eso es lo que, entre otras muchas cosas, había venido a hacer al mundo.

Al Cielo sólo se puede entrar de una forma. No podemos equivocarnos a tal respecto. Y no es, por tanto, lícito tratarlo de hacer engañando a Dios (¿?). Eso no es posible porque el Creador nos conoce más que bien y sabe, por ejemplo, lo que pensamos antes que lo pensemos. Por eso no es posible hacer como si no supiera nada de nosotros porque eso nos convenga. 

Se refiere Jesús, en este texto del evangelio de San Juan, seguramente, a los pastores de la grey de Dios. Y se refiere a eso porque habla acerca de quién cuida las ovejas del Creador. 

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1.05.20

José, fiel trabajador de Dios

Señor, ¡enséñanos a orar!: Domingos dedicados a san José (A)

Cuando llega esta fecha, el primer día del mes de mayo, se celebran, se suelen celebrar, muchos homenajes a los trabajadores que en el mundo son. Y es que, no obstante, el día del trabajo es, digamos, muy propio para eso. Y es lo que se hace, por decirlo así, con la aprobación general.

Los creyentes católicos, además de hacer eso, tenemos un recuerdo muy especial para alguien que, en la historia de la salvación, tuvo y tiene más importancia que la que él mismo mostró quisiera ser mostrada. Es decir, que nada hizo para que su labor, su tan especial labor, fuera puesta blanco sobre negro. Y eso es buen síntoma de discreción, fidelidad y de estar, en suma, a lo suyo.

Nos referimos, como suponemos habrá sido adivinado por todos, por el día en el que estamos, a José, a San José.

Se suele decir que, a nivel espiritual, al menos católico, a San José se le tiene por el patrón del trabajo y a él nos acogemos, no sólo ahora sino siempre, pero ahora, hoy mismo, más si cabe, al menos, los fieles discípulos de Cristo que formamos parte de la única Iglesia verdadera, la fundada por Dios, la Católica.

Sí. San José es patrón del trabajo, digamos, ordinario, del común, el que da de comer pero, sobre todo, también lo es, demostró que lo es, patrón del trabajo espiritual. Y podemos decir que cumplió con su labor más que bien.

El trabajo de San José, a tal nivel, el espiritual, también da de comer, produce el sustento. Pero lo hace de una forma que tiene que ver, claro, no con el cuerpo (aunque, si bien lo miramos y vemos, también) sino con el alma. Es decir, la labor de este fiel hombre de Dios tiene sus consecuencias alimenticias de nuestro espíritu, de nuestro corazón.

Esto lo decimos no por ser originales sino, al contrario, por ser reales y nada imaginativos. Y es que, por ejemplo, San José, por ser como fue y por cumplir con la voluntad de Dios hasta, casi, desaparecer de la misma realidad en la que estaba y llevar a cabo su trabajo de la forma más anónima posible, nos alimenta

-Con la buena palabra del silencio aunque eso pueda parecer una incongruencia cuando es, al contrario, la expresión más sonora de lo que hay que hacer la mayoría de las veces.

-Con la buena labor de la comprensión de la voluntad de Dios sean cuales sean las circunstancias en la que se encuentre quien la reciba y con el ejercicio práctico de la misma.

-Con el buen hacer de su trabajo de educador del Hijo de Dios enseñándole virtudes, por ejemplo, como la humildad.

-Con la práctica del buen discernimiento según se le había sido anunciado por el Ángel en aquel sueño que lo liberó de una carga casi insalvable.

-Con ser un ser sencillo que cumple con su deber sin buscarle tres pies al gato.

-Con ser justo como Dios quería que lo fuera.

Seguramente, cualquiera podría añadir a esta pequeña relación, muchas más realidades espirituales que San José tuvo a lo largo de su vida o, al menos, a lo largo de la que conocemos como tal junto a María y a Jesús, conformado la Sagrada Familia. Sin embargo, es bien cierto que las aquí traídas nos bastan y nos sobran para mostrar y demostrar que nuestro Santo, del que celebramos no su onomástica sino su labor como trabajador de Dios en el mundo, era todo un hombre de Dios, por así decirlo, un fiel cumplidor de lo que su Creador quería para aquel especial hijo a quien tuvo que decir que las cosas, con relación a María, no eran como parecían sino que tenían todo que ver con el Espíritu Santo.

 

San José, fiel obrero del Reino de Dios, ruega por nosotros.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 

Panecillos de meditación

 

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

San José es digno ejemplo de hijo fiel.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

29.04.20

Beato Manuel Lozano Garrido - "Lolo, libro a libro" . Amar el sufrimiento (II)

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”

 

Amar el sufrimiento, II

 

El capítulo XXVI de “El sillón de ruedas” lo dedica Lolo a un tema muy tratado por nuestro Beato: el sufrimiento. Y tal es así que lo titula “Amar el sufrimiento”.

Nosotros, por eso mismo, vamos a dedicar las semanas que Dios nos dé a entender al mismo por creer que tiene una importancia más que destacada.

Continuemos, por tanto.

 

“Como se dice “pan”, “adiós”, “agua” y “beso”, mi boca adelanta ya maquinalmente esto que no sabría concretarse, lo que se me ha metido de rondón en la entraña y la hace galopar como un caballo loco en busca de Tú sabes qué nostalgias y lo que los dientes ven salir, convencionalmente alineadas la A ante la M, la U tras de la S, de esta fórmula: “Señor: que yo llegue a amar el sufrimiento.”  (El silló de ruedas, pp. 310-311)

 

El Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, expresa, en este párrafo del capítulo que hemos traído aquí de su “Sillón de ruedas”, un ansia que no siempre es entendida y que, incluso, es más que mal entendida.

Lo último que nos dice es, al contrario de tal situación, es lo primero que ansía nuestro hermano en la fe. Y dice que quiere amar.

Eso, así dicho, no parece nada extraño en persona alguna porque, quien más y quien menos, quiere también amar. Lo que pasa es que en el caso del Beato de Linares (Jaén, España) lo que quiere amar no es lo bueno y mejor que a uno le puede pasar (según el entendimiento del siglo) sino, al contrario, lo que se suele entender (porque, además, lo es pero…) como malo y peor: el sufrimiento.

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27.04.20

Venerable Marta Robin – El valor de la oración en el silencio

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

El valor de la oración en el silencio

 

“¡Oh María! ¡Oh mi santa y buena Madre! ¡Dame a mí, danos a todos comprender el gran valor del silencio, en el cual se entiende a Dios! (Diario íntimo, 12 de enero de 1930)

 

En un momento determinado de las Sagradas Escrituras, el Hijo de Dios dice algo así como que, a la hora de llevar a cabo el rezo, la oración, no se haga, digamos, con grandilocuencias sino que lo hagamos en lo secreto de nuestra casa y, creemos, en lo secreto de nuestro corazón. Y eso lo decía argumentando que Dios, tu padre nos dice, que ve en lo secreto, sabrá de eso que hemos hecho, que has hecho.

Sin duda, esto lo decía porque, al parecer, había quien prefería el hacer notar que estaba orando, no sabemos si, con aspavientos o algo por el estilo. Y, es más, abunda el Hijo de Dios en el hecho de que no escucha su Padre del Cielo más a los que actúan de forma grandilocuente sino, al contrario, a los que lo hacen en lo secreto de su corazón y, si es posible, de su propia casa.

La Venerable Marta Robin, dirigiéndose a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, le pide algo que no siempre estamos dispuestos a seguir. Le pide, en suma, una humildad muy grande a la hora de orar.

En realidad, sabemos que vivimos, hoy día, en un mundo demasiado “ruidoso”. Y los ruidos lo son de toda clase porque los hay desde los que se reciben de fuera, por el mundo producidos, y los que se reciben en el mismo corazón produciendo, digamos, una situación, según la cual, no podemos escuchar lo que el espíritu necesita escuchar. Y ambas realidades son más que graves para un creyente católico.

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26.04.20

La Palabra del Domingo - 26 de abril de 2020

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Lc 24, 13-25

 

 

“13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 El les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ 19 El les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23  y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él  vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no  le vieron.’ 25  El les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.31    Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?’ 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con  ellos, 34 que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’ 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”

      

MEDITACIÓN

 

1.-Muy sintomático es este ejemplo que los discípulos de Emaús nos ofrecen a todos los cristianos. Del todo a la nada casi de inmediato y sin solución de continuidad. Es prueba, además, de lo que puede suponer, para un discípulo de Jesucristo, tener una fe débil y tibia. 

Como viene a ser normal, y lógico, la naturaleza del hombre le lleva, nos lleva, a huir del peligro y a no afrontarlo. Cleofás y su compañero huyen, tratan de evitar, quizá, una persecución que acabara con sus vidas como acababa de ocurrir con la de su Señor. Pero, lo que no sabían era que, en ese camino de regreso al pasado, que viene a ser este ir a Emaús, huyendo de la bondad y refugiándose en el anonimato, volverían a encontrarse con su misma vida. Y así fue. 

El caso es que estos dos seguidores de Cristo iban discutiendo por el camino. Seguramente irían debatiendo sobre qué había pasado y, sobre todo, qué iba a pasar a partir de ese momento, si lo que aconteció en Jerusalén tenía sentido para ellos y cuál debería ser la interpretación que debían darle. Imagino que sería una discusión apasionada, por el tema de que trataba, y contenida, en gestos, por miedo a ser descubiertos. Llevaban, dice el texto, un aire entristecido, o, lo que es lo mismo, podemos constatar que estaban afectados por la muerte de Jesús y que eso los llevaba a esa situación de perplejidad en la que se encontraban. 

En esto que la voz de alguien, a quien no reconocieron, les saca de su acaloramiento hablador. Era importante el que no supieron, en un principio quien era para, luego, reconocerlo en el gesto de partir el pan, símbolo primordial en la predicación de Jesús. 

2.-La conversación que tiene lugar entre un desconocido, para ellos, Jesús, y los de Emaús, es clara expresión de la relación que muchas veces, puede tenerse con Dios y, entre nosotros, con su Hijo. Cleofás y su acompañante, a pesar de sus dudas, plantean a Jesús una pregunta que, más bien, se la podían haber planteado a ellos mismos. Parece que ellos no habían llegado a comprender muy bien al Mesías y  a su mensaje. A pesar de todo lo sucedido, y sobre lo que inquieren a Jesús, se les ha olvidado, lo esencial, muy pronto: tres días después de la muerte física de Jesús ya corren a esconderse y eso que pensaban que era que les traía la salvación, pero no un tipo de salvación como la que ellos querían, sino una salvación espiritual. Ellos deseaban, como otros tantos judíos, un levantamiento de la población bajo los mandos del Enviado, que sería, así, un caudillo militar que arrasara el invasor. Lo que pretendían era la llegada de un Reino nuevo, pero sustentado en el viejo, en el antiguo de Israel. 

Sin embargo, aún les quedaba algo de esperanza; no había, por así decirlo, muerto el recuerdo de Jesús. Unas mujeres de las suyas, de sus seguidoras se entiende, decían haber visto el sepulcro vacío a unos ángeles que les habían hablado. Y para confirmarlo, como si pensaran que las mujeres, llevadas por su mayor sensibilidad, habían tenido visiones, unos hombres, algunos de los nuestros, dice el texto, se habían acercado para comprobar que era cierto lo que decían aquellas seguidoras de Cristo. Aquí también podemos apreciar bastante desconfianza propia, por otra parte, de la concepción que, aquella época, se tenía de la mujer. Y Jesús también rompe con esto, con esto también. 

Y es que cuando Jesús ha de intervenir, forzado por la situación pues veía que sus discípulos se perdían en los aledaños de la fe, es cuando, haciendo uso de sus conocimientos de las Sagradas Escrituras, les de pruebas inequívocas de que lo que le había sucedido, sin aún decir que era Él, ya estaba escrito. Desde Moisés, pasando por todos los profetas (bien seguro que también Isaías), les relata pasajes en los que se habla del Mesías, el Enviado que tenía que venir, sufrir, entregarse y morir para que el perdón de los pecados se hiciera efectivo, real, cierto. 

Ante esto, estos discípulos de Emaús comienzan a reencontrarse con la figura presente de Jesús, y con ese quédate con nosotros, síntoma de que su presencia les era agradable y que su conversión volvía a tomar forma, empieza a abrírseles los ojos. 

3.- Como les había dicho en la última cena, el pan, su cuerpo, entregado por todos, fue el instrumento del cual se sirvió para que aquellos discípulos, duros de corazón, le reconociesen y, abriendo los ojos del alma se diesen cuenta, en ese mismo momento, que cuando les hablaba de los profetas algo  les decía que aquello que, aquel desconocido, les decía les remitía a Él mismo. Y que aún no habían descubierto, dentro de ellos, que ese arder del corazón tenía una razón exacta. 

Y entonces, se ven en la imperiosa necesidad de contar de comunicar lo sucedido, retornar a la fe que tenían y volver a Jerusalén. Han perdido el miedo, y quieren hacérselo saber a los suyos. 

Por su parte, los otros discípulos, los apóstoles más los que les acompañaban, les confirma que estaban en lo cierto: Jesús había resucitado, como dijo, que la aparición a las mujeres era cierta porque, para confirmar su retorno, también se había aparecido a Simón, que su esperanza no estaba rota sino que permanecía incólume, totalmente vigorosa, preparada para ser anunciada. 

Los de Emaús, por su parte, les hacen partícipes del descubrimiento que hacen, de la apertura de sus ojos, que estaban retenidos, de que, al partir el pan, signo inequívoco de quien lo hacía, habían reconocido las manos, el rostro, la mirada del Maestro. Así, alegres por eso vieron como, en ese mismo instante, una vez se les rebeló la Verdad, Jesús desaparecía. Y es que había cumplido su misión. Y eso es lo que les transmitían, para hacerles ver que, desde ese momento, Jesús sería, para todo el mundo, en una universalidad comprensible, la Palabra de Dios viviente en nuestros corazones y que, en la Eucaristía, su presencia es, siempre, real. 

  

PRECES 

Pidamos a Dios por todos aquellos que pierden la esperanza. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios or todos aquellos que no confían en Dios y su poder. 

Roguemos al Señor.

ORACION 

Padre Dios; ayúdanos a no olvidar nunca que tu Hijo resucitó para quedarse entre nosotros.

 

Eleuterio Fernández Guzmán 

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos. 

Panecillo de hoy: 

Palabra de Dios; la Palabra. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.