InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Mayo 2026, 27

27.05.26

Reseña: Simple, y sencillamente, María

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 135

Precio aprox. Tapa blanda: 8,32  

ISBN Amazon: 979-8198291508

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Reproducimos el capítulo de título “Dulzura” como una de las virtudes de la Virgen María.

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve

¡Oh, clemente, Oh, piadosa, Oh dulce Virgen María!”

Salve Regina

Esta parte de La Salve nos dice mucho acerca de esta virtud porque, con certeza lo decimos, la Virgen María es dulzura nuestra porque su corazón es dulce más que el de nadie salvo el de su Hijo y Dios mismo.

La dulzura de María no es, precisamente, una virtud que la debilite como si dijéramos que es algo así como una “ñoñería” poco útil sino que, al contrario, la convierte a ella en amor puro y paciente que consuela y, ya de paso, nos sirve de estímulo, faro y guía.

Santos como, por ejemplo, San Bernardo de Clavaral (1090-1153), en sus Homilías sobre la Virgen Madre hace hincapié en esta virtud cuando dice que en María “Nada es severo, nada terrible; todo es dulzura”. Y es dulzura, toda ella lo es, porque tiene como misión importante traer misericordia a través de si Hijo porque se ha hecho toda para todos.

Podemos decir que la Madre de Dios manifiesta siempre piedad hacia quienes buscan enmendar su vida y eso lo hace con la mayor dulzura del mundo con la que nos acoge a todos sus hijos.

Pero, además, la dulzura de María viene a ser la bondad que se aplica a todas las relaciones humanas caracterizándose pro ser amable al trato, en las palabras y el comportamiento de cada día. Y ahí es donde la dulzura de la esposa de José se manifiesta en todo su esplendor.

También podemos decir que la dulzura de María se manifiesta cuando nos acompaña en aquellos momentos en los que nuestra vida muestra su cara más amarga. Y con su dulzura calma nuestro corazón y lo eleva por encima de los tropiezos o los embates de nuestra vida.

El caso es que a lo largo de la vida de aquella joven que dijo sí a Dios en el momento más oportuno de la historia de la salvación mostró su dulzura. Así, por ejemplo, desde la misma anunciación, pasando por la visitación a su prima Isabel o el viaje a Belén y el mismo nacimiento de su Hijo.

Bien Podemos decir, por tanto, que dulce fue su porte dulce fue su mirada y dulce fue su comportamiento en esos momentos tan importantes de la vida de la Madre de Dios. Dulzura que mostró sin tener en cuenta ningún tipo de reparo o respeto humano.

Podemos decir que la Virgen María manifiesta dulzura hasta en su nombre. Por eso celebramos el 12 de septiembre su Dulce Nombre (fiesta que fue extendida a toda la Iglesia por el Papa Inocencio XI en 1683 aunque tal celebración ya existía en España desde 1513) porque hasta eso, que es lo más básico que tiene una persona, determina cómo sería aquella niña nacida del amor de Joaquín y Ana. Y eso porque, lo mismo que se considera el nombre de Jesús, en de María nos trae consuelo y es, además, un bálsamo en los momentos de agonía y, en general, en las dificultades.

María, pues, tiene una dulzura que bien podemos llamar angelical que es propia de su Inmaculado Corazón porque es difícil que nos podamos imaginar a la Virgen María haciendo algo así como gritar o perder la paz del alma y del corazón o, en fin, de hacer mal a alguien.

A esto respondemos que No. No cabe en nuestro pensar que una cosa así pudiera pasar cuando sus santos pies pisaron el santo suelo de Israel. Y es que, incluso en los momentos más difíciles de su vida (como, por ejemplo, el de la Pasión de su Hijo) nada pudo perturbar su dulzura y expresar, con ella, todo el amor que tenía por Aquel que la había elegido por Madre.

María, con su dulzura, se muestra, se nos muestra, como una presencia que, discretamente, nos alienta y nos consuela, que nos sostiene cuando nos flaquea el alma o el corazón se nos viene abajo por cualquier circunstancia por la que estemos pasando.

Sin embargo, tal dulzura no nos empuja ni nos vence algo así como imponiéndose sino que viene a ser como un susurro.

Por otra parte, es cierto y verdad que la dulzura de la Virgen María nos ayuda más que mucho a cambiar nuestro corazón.

Vemos, por tanto, que la Inmaculada, con el proceder a lo largo de su vida y con su estancia en el Cielo junto a Dios y a su Hijo, nos ayuda a transformar el quehacer diario por uno que sea agradable al Creador.

La dulzura de María tiene, por tanto, un valor más que elevado porque nos sirve de claro ejemplo de proceder y en ella podemos encontrar lo que, a veces, nos falta para ser buenos hijos de Dios. Y es en ella en quien encontramos la exacta medida de la dulzura que la viste desde el corazón hasta el alma, blanca de toda blancura.

Oremos de una forma más que relacionada con la dulzura de María diciendo

¡Oh, Clementísima Reina y Auxiliadora de los cristianos! Con las más ardientes súplicas vengo a pedirte la gracia que necesito… y me concedas además la santa dulzura, que es el ropaje de la humildad y la virtud predilecta del Sacratísimo Corazón de Jesús. Débil y orgulloso como soy, jamás llegaría a revestir mi alma de este encantador ropaje sin tu misericordia. Ayúdame a ser cortés en el trato, dulce en el sentir y en el hablar, bueno con todos y especialmente con quien se me manifieste frío y maligno, a fin de procurarte una complacencia a Ti y a tu dulcísimo Jesús.

Amén.”

Y es que la Virgen María, de dulce alma, siempre está dispuesta a acogernos en su dulce corazón, fuente de eterna dulzura.

Les dejó aquí el Índice:

Presentación

I María, Madre de Dios

1. Dios así lo quería

2. María dijo sí

3. María y Cristo

II María, Madre nuestra

4. María nos acoge en su corazón

5. María nos quiere junto a sí

6. María nos llama hijos

III Virtudes de María

7. Obediencia

8. Humildad

9. Dulzura

10. Oración

11. Fe

12. Pureza divina

13. Paciencia heroica

14. Sabiduría celestial

IV. María, Intercesora y Mediadora

Letanías de la Virgen María

(De Manuel Lozano Garrido, Lolo)

Un necesario Epilogo

Acerca del autor

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Dios nos dio una Madre como María. Y todas las gracias a dar son pocas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.