InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Agosto 2026

23.08.26

La Palabra  para el Domingo - Domingo, 23 de agosto de 2026

Resultado de imagen de SAnta BibliaMt 16, 13-20

 
“13 Llegado Jesús a la región de Cesarea de Filipo, hizo esta pregunta a sus discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre?’ 14 Ellos dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros, que Jeremías o uno de los profetas.’ 15 Díceles él: ‘Y vosotros ¿quién decís que soy yo?’ 16 Simón Pedro contestó: ‘Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.’ 17 Replicando Jesús le dijo: ‘Bienaventurado eres Simón, hijo de Jonás, porque no te ha revelado esto la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en los cielos. 18 Y yo a mi vez te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. 19 A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos; y lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos.’ 20 Entonces mandó a sus discípulos que no dijesen a nadie que él era el Cristo.”

 

   
COMENTARIO
 
El que en otro tiempo era llamado Cefas y vino a ser Pedro
 
Jesús era la mar de curioso. Le gustaba saber lo que pensaban de Él. Se quiere decir que le gustaba escucharlo en boca de otros porque saberlo, por ser Dios, lo sabía aunque pueda creerse que, en cuanto hombre no podía saberlo todo. Sí, claro, en cuanto Dios.

Pero
este texto del evangelio de san Mateo resulta curioso porque es circular. Resulta que empieza y acaba de la misma forma que no es otra que diciendo Jesucristo que era el Enviado de Dios, el Mesías… el Cristo. Al menos tiene tal espíritu.

Así
les pregunta a sus discípulos que qué decía la gente al respecto del Hijo del hombre que es una forma de decir, a tenor del profeta Daniel (7, 14), que sería quien Dios enviaría, en la plenitud de los tiempos, para salvar a la humanidad. Y luego, al final de las palabras recogidas por el que fuera recaudador de impuestos, el mismo Jesús manda a los discípulos que no digan que era, precisamente, el Cristo.

Esto ha de querer decir, en primer lugar, que
Jesús sabía, a la perfección, que era, en efecto, el Enviado de Dios, el Mesías… el Cristo o, lo que es lo mismo, que no fue una invención de sus discípulos que, tras la muerte, quisieran dar importancia al Maestro que habían conocido y que había muerte en la Cruz de infamante muerte o, algo así, como una manipulación interesada para cimentar una nueva fe, una nueva religión.

Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo - VEN Y VE - PAXTV.ORGPero, en segundo lugar, y no es poco importante, el hecho de que tuviera conciencia de su ser divino tenía que querer decir que no podía quedarse su vida entre sus semejantes como la que lo hubiera sido de alguien importante sin más objetivo en la vida que ser, eso, importante entre los suyos y, como mucho, entre los más alejados que pudieran conocerlo. Tenía, por lo tanto, que nombrar a alguien para que fuera, digamos, su representante en la Tierra, su Vicario.

Y
escogió a Pedro. Podía haber escogido a otro de los doce pero decidió escoger a Cefas a pesar de conocer lo que luego pasaría entre los dos en la noche de su Pasión (que si te seguiré a todas partes, que si el gallo que iba a cantar, que si luego pasó eso…). Bueno, seguramente, por eso mismo pues quería mostrar el poder del Amor de Dios perdonando a quien lo iba a traicionar no una vez sino tres, tres, veces.

El Espíritu Santo había soplado en el oído y en el corazón de Pedro para que dijera que Jesús era el “Hijo de Dios vivo” y que, por eso mismo, los demás ignoraban, en realidad, que tenían ante sí a quien Dios había enviado para la salvación de una humanidad desviada del camino que el Creador había trazado para ella desde la eternidad y que había tratado de enderezar suscitando, de entre su pueblo elegido, a muchos que cumpliera la tuvieran el don de profecía y hablasen lo que Dios les sugería al corazón.

¿Para qué escogió, entonces, Jesús a Pedro?

Lo dice Él mismo: 
ser piedra sobre la que edificar su Iglesia. Para ello le da, además, las llaves de la misma.

Sabemos que con unas llaves se abre y se cierra una puerta y que, por eso mismo, quien la tiene podemos decir que tiene el poder de dejar entrar a la casa o invitar a salir a quien esté fuera de la misma o dentro de ella. Pues algo así quiso hacer Jesucristo con la persona misma de Pedro.

Jesús dio el poder a Pedro de mucho: atar y desatar. Pero no sólo lo hizo en el sentido según el cual quedaría atado o desatado en la tierra y que aquí se quedaba. No. Hizo mucho más el Hijo de Dios porque, siendo el Creador hecho hombre, bien podía hacer lo que hizo y que no era otra cosa que vincular el Reino que había venido a fundar con el definitivo de Dios en la vida eterna.

Así, lo que Pedro entendiese que era bueno para la Iglesia, luego llamada católica, sería bueno en el cielo y lo que entendiese que era malo para la Iglesia, sería malo en el cielo y no tenido por bueno. Y el poder de atar y desatar quería decir, y quiere decir, de atar y desatar, sin más preámbulos ni innecesarias explicaciones. Se entiende a la perfección.

Ataba, por lo tanto y, también, desataba pero no por capricho o porque quisiera su conveniencia. Muy al contrario tenía que hacer porque la Iglesia fundada por Cristo no se la entregó a Pedro para que fuera suya en el sentido de propiedad exclusiva sino, en todo caso, para que la transmitiera a su sucesor y éste al suyo y, así, hasta hoy mismo cuando es el Papa Francisco el que ocupa la bien llamada, por eso mismo, silla de Pedro y tenemos, además, a un Papa Emérito, Benedicto XVI.

 
PRECES

Por todos aquellos que no confían en la divinidad de Cristo.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no tienen por bueno el Magisterio Papal.

Roguemos al Señor.
 

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a tener en cuenta que Cristo es Hijo de Dios y que está vivo entre nosotros.


Gracias, Señor, por poder transmitir esto.
 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

  
Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 

Panecillo de hoy:

Está más que bien saber Quién es Cristo. 


Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

18.08.26

Reseña: Desde el corazón de la fe

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 229

Precio aprox. Tapa blanda: 7,33

ISBN Amazon: 979-8192503409

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon 

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Desde el corazón de la fe surge todo aquello que, luego, habla la boca o escribe la mano. Y es que Dios nos ha otorgado la posibilidad de ser capaces de transmitir al prójimo aquello que nos sale de “dentro”, como solemos decir.

En realidad, los temas de tal jaez son incontables y, además, inacabables porque, como es sabido, aquello que a nuestra fe le sucede es que le sucede desde muchos aspectos de la existencia y no hay ninguno de ellos que no la concierna. Y por eso aquí vamos a escribir tanto de lo que se refiere a temas puramente espirituales como pueden ser, por ejemplo, el Corazón de Jesús, la Virgen Inmaculada, todo lo referido al Hijo de Dios, el Santo Rosario, los fieles difuntos o, en fin, lo que tiene que ver con las ovejas que somos del Buen Pastor.

Sin embargo, no acaba aquí la cosa pues, como decimos arriba, todo afecta a la fe, a nuestra fe católica. Y por eso aquí también se va a traer, por ejemplo, lo relacionado la mal llamada “muerte dulce” o eutanasia, el laicado, la disposición que, equivocadamente, algunos tienen sobre la vida ajena o, en fin, el tan triste y terrible tema del aborto.

Como podemos ver, no hay cuestión que, en realidad, no tenga que ver con lo que creemos, con lo que estamos de acuerdo y profesamos. Por eso el abanico de temas es tan amplio (aquí, casi sesenta) y hemos procurado abarcar todo lo posible lo que supone que eso tenga que ver con nuestra fe.

De todas formas, hay que hacer una advertencia. Y es que la relación de artículos que dan forma a este libro fue publicada en Análisis Digital en el año 2012. Por tanto, ya se comprende que la situación de las personas que pueden aparecer en los mismos ha podido cambiar mucho como, por ejemplo, la del emérito Benedicto XVI que, por entonces, se contaba entre los vivos, por así decirlo.

Lo que con esto queremos decir es que no se ha corregido nada de lo que se pudiera corregir para, digamos, “actualizar” el contenido de los artículos. Y es que eso, permítasenos pensar así, sería algo así como falsear las cosas.

Les dejó aquí el Índice:

Presentación

Artículos:

Corazón, Sagrado, de Jesús

Cuerpo de Cristo

Esperamos a Quien viene

Viva Cristo Rey

Pasión de Nuestro Señor

Casi ya llega Cristo

Cristo asciende a los cielos

Cuando se manifiesta Cristo

Domingo de Ramos

Vacaciones con Dios

Estar con Dios y en el mundo

Dios nos ve debajo de cualquier higuera

En el mes de María

María, Pilar de la fe

Inmaculada, María

Con María en el Corazón

Encarnación

Fátima

En Cuaresma

Frutos de una avanzada Cuaresma

Camino de Pentecostés

Pentecostés

En mitad del Adviento

San Pedro Poveda y la defensa de la fe

Fieles difuntos

Rosario Santo

Sobre el Año de la Fe

Creer, hoy día

Cumplir con nuestra

obligación económica

El gran consuelo de nuestra vida

Eutanasia, no gracias

El aborto siempre es el aborto

Muchos tipos de necesidades

Orar por la unión

Pasión por el Evangelio

Sobre el Bautismo

Diócesis para Dios y para el hombre

Periodismo y editoriales católicas

Hay quien cree puede disponer

de la vida

Laicos

Otro Domingo Mundial

Sobre la familia hoy mismo

Fe y Obras

Hispanoamérica 2012

¿Leer la Biblia también en verano?

Qué presente tenemos

El alma, ciertamente corrompida

de más de uno

Nuevo año, esperanza cierta

Acerca del autor

Y como aún estamos en plenas vacaciones de verano (al menos en España) les dejo un artículo, seguramente, apropiado de título

Vacaciones con Dios

“Vacaciones con Dios” podía ser una buena frase que condujese a los creyentes en el Todopoderoso a preguntarse qué es lo que, al respecto de su relación con el Creador, llevan en su corazón. Si bien tenemos por cierto que Quien todo lo creó y mantiene nunca se olvida de nosotros, ¿podríamos decir lo mismo nosotros pero al contrario?

Así, una persona que lleve una vida ordinaria y, cuando llegue el tiempo estival (al menos en Europa así es ahora mismo) tenga por normal acudir a algún lugar a pasar el tiempo que, merecidamente, tiene, es más que posible que en su equipaje ponga, por ejemplo, el bañador, las gafas de sol o si donde va a pasar el tiempo de descanso es a la montaña el equipaje que corresponda a tal fin. Eso es lo que es de esperar.

Sin embargo, entra dentro de lo probable que la misma persona sea creyente y, además, sea católica. Entonces, incluso en tiempo de vacaciones y de descanso, la relación que mantiene con Dios no debería pasar por un, digamos, altibajo que es, más bien, bajo.

En determinadas ocasiones solemos tener la tendencia de ser creyentes según nos conviene. Así, podemos olvidar que lo somos si lo políticamente correcto entra en juego y si el respeto humano hace demasiada mella en nosotros y nos preocupa más el qué dirán de nosotros si expresamos, allí donde estemos y donde vayamos, que somos creyentes y que Dios es importante para nosotros. Y esto, en tiempo de vacaciones, es altamente probable que pase.

Es una creencia común que el tiempo de vacaciones está establecido para el descanso y el olvido de aquello que, durante el resto del año nos preocupa. Incluso aquello que creemos llevamos con más dificultad lo queremos olvidar aunque sea por un tiempo. Entonces entra en juego nuestra fe y si, en realidad, la tenemos.

Tener fe no es, como es bien sabido en teoría, decir que se pertenece (porque se goza) a una determinada religión que, en nuestro caso es la católica ni hacer como si fuera sí pero siendo no que es, exactamente, lo contrario que tenía por bueno y benéfico nuestro Maestro Jesucristo. Tener fe, al contrario, ha de suponer, por eso mismo, tenerla y no prescindir de ella como si se tratase de un abrigo que dejamos colgado en la percha cuando volvemos a casa.

Por eso no cabe, en nuestro caso, tener unas especie de vacaciones espirituales según las cuales olvidamos que somos hijos de Dios y, en fin, hacemos lo que nos place sin tener en cuenta la Ley de Dios que, se supone, tanto nos importa y tenemos por lo mejor que nos ha pasado. No deberíamos, por lo tanto, creer que el tiempo de vacaciones (sea el del verano o el que sea) es lo que no debe ser que vaya más allá del descanso físico pues no debería haber descanso espiritual alguno.

Seguramente, esta oración, “Plegaria para unas vacaciones cristianas”, nos puede venir más que bien:

Señor Jesús, tú dijiste a tus discípulos

“venid conmigo a un lugar apartado y descansad un poco",

te pedimos por nuestras vacaciones.

El afán de cada día multiplica nuestra vida

de quehaceres, urgencias, agobios, prisas e impaciencias.

Necesitamos el reposo y sosiego.

Necesitamos la paz y el diálogo.

Necesitamos el encuentro y la ternura.

Necesitamos la oxigenación del cuerpo y del alma.

Necesitamos descansar. Necesitamos las vacaciones.

Bendice, Señor, nuestras vacaciones.

Haz que sean tiempo fecundo para la vida de familia,

para el encuentro con nosotros mismos y con los demás,

para la brisa suave de la amistad y del diálogo,

para el ejercicio físico que siempre rejuvenece,

para la lectura que siempre enriquece

para las visitas culturales que siempre abren horizontes,

para la fiesta auténtica que llena el corazón del hombre.

Haz que nuestras vacaciones de verano sean tiempo santo

para nuestra búsqueda constante de Ti,

para el reencuentro con nuestras raíces cristianas,

para los espacios de oración y reflexión,

para compartir la fe y el testimonio,

para la práctica de tu Ley y la de tu Iglesia,

para la escucha de tu Palabra,

para participar en la mesa de tu eucaristía.

Tú vienes siempre a nosotros.

Tú siempre te haces el encontradizo.

Tus caminos buscan siempre los nuestros.

Haz que en las vacaciones de verano,

sepamos remar mar adentro y te encontremos a Ti,

el Pescador, el Pastor, el Salvador, el Hermano, el Amigo,

y encontremos a nuestros hermanos.

Juntos realizaremos la gran travesía de nuestras vidas.

En tu nombre, Señor,

también en vacaciones,

quiero estar dispuesto a remar mar adentro.

Ayúdame. Te necesito, también en vacaciones.

Amén.

Y es que no debería olvidársenos nunca que Dios nos mira y aprecia nuestras muestras de Amor hacia Él. Y eso, olvidándolo, será difícil que pueda producirse.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

17.08.26

Amigo de Lolo – Dones de Lolo

HAGIOPEDIA: Beato MANUEL LOZANO GARRIDO “Lolo”. (1920-1971).

Es verdad que cuando una persona muestra determinadas actitudes y a lo largo de una vida se sabe que las tiene porque las pone en práctica, decimos de la misma que hace rendir los talentos que Dios le ha dado cumpliendo así la santísima Voluntad del Padre Creador y Todopoderoso. Y el caso de Manuel Lozano Garrido es uno que demuestra que sí, que los tenía y que hizo uso de ellos de forma abundante.

Si tuviéremos que hacer, por así decirlo, una lista con aquellos dones que Lolo tiene (porque es obvio y evidente que los tiene) podríamos decir algo así: nuestro amigo Manuel tiene el don…

-De la percepción especial de la realidad, lo cual demostró a lo largo de una carrera periodística en la que demostró, también, que tiene el don..

-Del discernimiento al ser capaz, como tal don significa, de distinguir entre realidades de forma que pueda someter a las que esté tratando como corresponde a cada una. Y por eso mismo, fue más que capaz de dar buen uso al don…

-De la escritura, con el cual nos deleita cada vez que nos llevamos a los ojos y al corazón algún libro de los suyos o algún artículo de los cientos que publicó en la prensa de su época. Pero es que, según sabemos de su vida, un don muy practicado por Lolo es…

-El de la paciencia, pues la debió tener y hacer uso de ella a raudales porque sus circunstancias personales fueron las que fueron y no pocas veces tuvo que demostrar paciencia y más que paciencia y no desesperarse. Y, junto a la paciencia, Lolo también hizo uso abundante del don…

-De la perseverancia, pues persevera quien, a pesar de sus circunstancias no se viene abajo y no podemos negar que Manuel Lozano Garrido tuvo ocasiones más que suficientes como, no sólo, para venirse abajo sino como para hundirse y bien hundido.

Pero eso no es todo, con ser mucho, sino que Lolo también fue una hábil persona para poner en práctica otra serie de dones que mostró al mundo (a quien lo conocía más de cerca, con toda seguridad) Así, por ejemplo, hizo uso abundante del don…

-De la escucha, pues a tenor de aquello que dicen los que le conocieron, era capaz de escuchar con una atención propia de quien ve en su prójimo a alguien a quien hay que respetar y tener en cuenta. Por eso, seguramente, muchas personas se dirigían a su casa para ser escuchados. Y por eso, por ejemplo, también abundó en él el don…

-Del consejo, el cual daba, seguramente, a quien se lo pedía pues para eso acudían, como decimos, a verlo.

Por otra parte, estamos más que seguros que nos hemos quedado cortos a la hora de poner por escrito los dones que, entendemos, Lolo tenía y hacía rendir (como en la parábola de los talentos) un tanto por ciento muy elevado. Y es que, por decirlo así, los dones están dados para que se pongan en práctica y el Beato de Linares sabía que sí, que Dios esperaba eso de él. Y, claro, no lo defraudó.

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Entender el sufrimiento es un bien más que importante.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (176)

¿Quiero, quiero, quiero? Pero ¿Qué quiero? Un gozo, que nunca muera.

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

16.08.26

La Palabra para el Domingo - Domingo, 16 de agosto de 2026

Resultado de imagen de SAnta Biblia


Mt 15, 21-28

“21 Saliendo de allí Jesús se retiró hacia la región de Tiro y de Sidón. 22 En esto, una mujer cananea, que había salido de aquel territorio, gritaba diciendo: ‘¡Ten piedad de mí, Señor, hijo de David! Mi hija está malamente endemoniada.’ 23 Pero él no le respondió palabra. Sus discípulos, acercándose, le rogaban: ‘Concédeselo, que viene gritando detrás de nosotros.’ 24 Respondió él: No he sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel.’ 25 Ella, no obstante, vino a postrarse ante él y le dijo: ‘¡Señor, socórreme!’ 26 Él respondió: ‘No está bien tomar el pan de los hijos y echárselo a los perritos.’ 27 ‘Sí, Señor - repuso ella -, pero también los perritos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.’ 28 Entonces Jesús le respondió: ‘Mujer, grande es tu fe; que te suceda como deseas.’ Y desde aquel momento quedó curada su hija.”

        

COMENTARIO
 
La fe se tieneteniendo
 
A Jesús le seguía mucha gente. Hoy día podríamos decir que era un líder y que, por eso mismo, de entre las personas que iban, literalmente, tras Él, muchas lo harían, precisamente, por ser alguien con fama ganada por lo que hacía pero que, en verdad, tenían poca fe. Los llamaba, más bien, la aureola del extraordinario hacer de Cristo. 

Todas las personas, sin embargo, no eran así. Gracias a Dios, que infundió en ellas la creencia y la confianza en Él mismo como Creador y supieron escuchar, en su corazón, la llamada, bastantes de sus contemporáneos estaban, en efecto, con el Hijo de Dios porque sí creían en el mismo. 

Creer, como sabemos, no es cosa baladí o de poca importancia. No lo es porque supone, en primer lugar, poner la confianza y el corazón en Alguien; en segundo lugar, porque hacer tal cosa tiene, ha de tener, consecuencias, en la vida del creyente o de quien confía. No se tiene fe, por lo tanto, si sólo hay un acatamiento a la voluntad de Dios de palabras para afuera pero, en realidad, no se es consciente de llevar el Espíritu del Creador en el corazón. 

La mujer cananea La mujer cananea no se quedó en su casa esperando el paso de Jesús sino que salió a su encuentro porque dice el texto “una mujer cananea, que había salido de aquel territorio” (se refiere a Tiro y de Sidón). Por tanto, necesitaba encontrar a Jesús porque sabía que su hija quedaría curada. Tenía confianza en aquel hombre del que se decía que tanto bueno hacía por donde pasaba. 

Los discípulos quieren, por decirlo así, acabar pronto con aquel problema que llevaba gritando desde hacía un rato. Actuaban mundanamente porque no comprendía la forma de pensar del Maestro. 

Cristo espera. Aquella mujer no era israelita. Sin embargo, confía en la bondad de Jesucristo. Insiste en su petición al Hijo de Dios que, a pesar de que, como él mismo dice, había sido enviado para salvar a las ovejas descarriadas de la casa de Israel y la mujer que le rogada no era de tal nación, bien sabía Cristo que no iba a hacer de menos la Misericordia y el Amor de Dios. Pero espera a que la mujer manifieste si, en verdad, tiene o no tiene fe. 

Creer, tener fe, lo demuestra la mujer cuando le dice a Jesús que basta con un poco de su voluntad para curar a su hija. Al igual que le pasara a la mujer que sufría hemorragias y que estaba segura de que tan sólo con tocar un poco el manto que llevaba Cristo iba a quedar curada, la madre sufriente confía en que por muy poco que pueda decir el Maestro, su hija quedaría curada. 

Y, como la levadura que es poca cosa pero ayuda a la masa a crecer y hacerse grande, de lo poco de Cristo salió lo hermoso y gozoso. Quedó curada la hija endemoniada y así lo fue porque su madre tuvo fe haciendo, además, que el Amor de Dios no se limitara a aquellas ovejas extraviadas del pueblo elegido sino que se extendiera a todo ser humano sufriente y dolido por su vida o circunstancias.

  
PRECES
 

Por todos aquellos que no siguen a Cristo porque no confían en Él.

Roguemos al Señor.


Por todos aquellos que no tienen fe.

Roguemos al Señor.

 
ORACIÓN
  

Padre Dios; ayúdanos a tener fe y a confiar en Tu Hijo Jesucristo y, luego, a llevar a nuestras vidas lo que hizo y dijo. 

 
Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
 
Panecillo de hoy:

La fe es la respiración del corazón y del alma. 


Para leer Fe y Obras.


Para leer 
Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.



15.08.26

Reseña: Este no es tiempo de "Lolos". Salvados por el sufrimiento

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 113

Precio aprox. 4,42

ISBN Amazon: 979-8191336640

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Don Vicente Alejandro Guillamón, periodista, que Dios tenga en su Gloria, dio a la luz un artículo de título “Qué fue de la Salve Regina” en el que reflexionaba sobre el destino que se le ha dado a la oración que titulaba el artículo y que no ha sido, precisamente, edificante. 

Pues bien, entre lo que escribía había algo que llamaba la atención por lo verdadero de la cosa y es que el tiempo que nos ha tocado vivir no es tiempo de “Lolos”. Se refería, él mismo lo dice, al Beato Manuel Lozano Garrido, que mostrando un ser que sobrenaturalizada el dolor que, sin duda, padecía, lo transformaba en gozo y en mirada a Dios.

Y decía, el autor del artículo, que los tiempos de hoy, más bien hedonistas, no son, en efecto, tiempos de personas como Lolo.

El artículo dice, en concreto, esto:

“Rebuscaba en fechas recientes entre los numerosos carnetes de mis pertenencias múltiples –académicas, sindicales, asociativas, políticas, apostólicas, etc.- aquellos que me permitiesen acreditar mi condición de periodista –graduado en la antigua Escuela Oficial de Periodismo y con sesenta años largos de ejercicio profesional a cuestas-, y me tropecé con la tarjetas, foto incluida, de “aspirante” y luego miembro de la Juventud de Acción Católica. Al releerlas, algo se removió en mi interior, pero no tanto por la lejanía de una edad quieras que no añorada, sino por la pérdida de ciertas prácticas o devociones piadosas que los vientos desérticos postonciliares se llevaron por delante.

En los lejanísimos años de mi “militancia” –palabra horrorosa de resabios marxista- en la JAC, raro era el acto piadoso o litúrgico que no rematáramos con el canto de la “Salve Regina”, entonces en latín, como era casi toda la liturgia. “Salve, Regina, Mater misericoridiae; vita dulcendo et espes nostra, salve…” Tal vez no entendiéramos exactamente todo lo que decíamos, pero nuestro corazón lo comprendía perfectamente, en especial su sentido balsámico y suplicante.

Cierto que la Salve es una oración algo tremendista, apropiada para tiempos tremendos, angustiosos (…”a ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas”…). De incierto origen medieval, venía a ser refugio o remanso de almas dolientes, agobiadas por acontecimientos más externos que íntimos, más sociales que personales. 

Quiero recordar de haber leído alguna vez en alguna parte, que la plegaria original la creó un monje de un monasterio gallego en plena y furiosa invasión musulmana. Tiempos rudos y violentos aquellos, pero históricos, es decir, para nosotros, no actuales, más para otros cristianos de áreas más orientales, por desgracia, plenamente vigentes. 

De todos modos, para los católicos del mundo cultural en el que vivimos, la Salve nos parece un tanto irreal, extemporánea, casi fastidiosa. Hoy las gentes no están por el sufrimiento, por la resignación ante las adversidades, por la fatalidad que el rodar de la vida nos asigna a cada uno.

Ciertamente no es época de “Lolos”, de santos sufrientes aunque siempre alegres, al modo del beato jienense Manuel Lozano Garrido. Ahora lo que prevalece es el hedonismo, el pasarlo pipa, la buena vida, el goce sin límite del cuerpo más que del alma.

Tras el Concilio Vaticano II, no pocos de sus intérpretes quisieron poner el reloj de la Iglesia tan a la hora del mundo secular, que hasta se dejaron contagiar por algunos pecados de la sociedad secularizada. Parte del entrañable devocionismo mariano dejó paso a una cierta piedad hirsuta, supuestamente esencialista, más propia del luteranismo o de otras confesiones protestantes que católicas. 

En cierta ocasión visité, invitado por un buen amigo anglicano, al obispo de la Iglesia reformada episcopaliana española, don Ramón Taibo, fallecido hace unos diez años, que vivía frente a lo que hoy es el disparatado Tribunal Constitucional, y oficiaba en la Iglesia de esta denominación de la calle de la Beneficencia de Madrid. Don Ramón, que sería un santo varón, digo yo, en las primeras de cambio de nuestra conversación me soltó: “Ustedes, los mariólatras”. Me mordí la lengua para no contestarle como se merecía, pero obviamente, no volví a visitarle. A veces, sin embargo, me pregunto si nuestra devoción a María no ha sido arrinconada, por algunos curitas, al cuarto de los trastos viejos de las sacristías. Desde luego, nada de cantar la Salve, Regina, al final de los actos litúrgicos o piadosos. ¿Se trata de una oración de viejos nostálgicos?”

Y, en efecto, la vida, el tiempo, que nos ha tocado vivir, no es tiempo de gozo en el dolor sino, muy al contrario, de huida de este y, también, de intento vano de esconder que existe el dolor y que, como seres humanos, caminamos por un valle de lágrimas. 

Pero Manuel Lozano Garrido era un tipo de persona muy especial que tenía la impresión de que su sufrimiento tenía un sentido que debía difundir a través de su vida y de sus escritos. 

Sabemos que, al contrario de lo que se dice, nadie tiene la vida que se merece sino la que las circunstancias le han llevado a gozar y sufrir. Por eso Manuel Lozano Garrido, creyente entregado al servicio del prójimo y de la Iglesia católica, no cejó en defender que cuando sufría (todo el tiempo desde que la enfermedad lo cogió a los 22 años y, sin soltarle, lo llevó a la Casa del Padre) tenía sentido que así fuera. 

Seguramente no entendía cuál era pero su confianza en Dios y en su Providencia le bastaban para seguir adelante por el empinado camino que la vida le había deparado.

Por eso, si bien este no es tiempo de “Lolos” sino, al contrario, de hedonistas y de personas ajenas a la verdad de las cosas, bien está que recordemos que hubo y hay personas que, como Manuel Lozano Garrido, dando su vida de la forma que la dieron y dan, fueron y son un ejemplo de por dónde ha de caminar un hijo de Dios hacia el definitivo Reino del Padre. 

Sólo nos queda decir que la idea de escribir este libro es del año 2012 y que mucho ha pasado desde entonces. Lo que no ha pasado y no pasará nunca es el sentido salvífico que Lolo tenía del dolor y del sufrimiento, el que es puramente santificante y santificador. 

Por otra parte, el tema del sufrimiento tiene mucho que ver con nuestra vida de hombres, de seres creados por una voluntad santa cuyo dueño es Dios mismo, Creador y Todopoderoso. 

Todos sufrimos. Queremos decir que en determinados momentos de nuestra vida somos visitados por alguien a quien no quisiéramos recibir pero que se presenta y no hay forma humana de deshacerse de él. Está presente y no podemos negar que muchas veces se hacer notar y de qué manera. 

El caso es que para el ser humano común el dolor es expresión de un mal momento. Así, cuando una persona se ve sometida por los influjos de la enfermedad no parece que pase por el mejor momento de su vida. Lo físico, en el hombre, es componente esencial de su existencia.

Pero hay muchas formas de ver la enfermedad y de enfrentarse a ella. No todo es decaimiento y pensamiento negativo al respecto del momento por el que se está pasando. Y así lo han entendido muchos creyentes que han sabido obtener, para su vida, lo que parecía imposible.

Dice San Josemaría, en el número 208 de “Camino”, “Bendito sea el dolor. —Amado sea el dolor. —Santificado sea el dolor… ¡Glorificado sea el dolor!” porque entiende que no es sólo fuente de perjuicio físico sino que el mismo puede ser causa de santificación del hijo de Dios.

Por eso en “Surco” dice el santo de lo ordinario algo que es muy importante:

“Al pensar en todo lo de tu vida que se quedará sin valor, por no haberlo ofrecido a Dios, deberías sentirte avaro: ansioso de recogerlo todo, también de no desaprovechar ningún dolor. —Porque, si el dolor acompaña a la criatura, ¿qué es sino necedad el desperdiciarlo?”

Por lo tanto, no vale la pena deshacerse en maledicencias contra lo que padecemos. Espiritualmente, el dolor puede ser fuente de provecho para nuestra alma y para nuestro corazón; el sufrimiento, una forma de tener el alma más limpia.

En el sentido aquí expuesto abundaba el Papa Benedicto XVI cuando, en una ocasión, en el momento del rezo del Ángelus, dijo que

“Sigue siendo cierto que la enfermedad es una condición típicamente humana, en la cual experimentamos realmente que no somos autosuficientes, sino que necesitamos de los demás. En este sentido podríamos decir, de modo paradójico, que la enfermedad puede ser un momento que restaura, en el cual experimentar la atención de los otros y ¡prestar atención a los otros! Sin embargo, esta será siempre una prueba, que puede llegar a ser larga y difícil.” 

Sin embargo, en determinados momentos y enfermedades, el hecho mismo de salir bien parado de la misma no es cosa fácil y se nos pone a prueba para algo más que para soportar lo que nos está pasando.

Entonces,

“Cuando la curación no llega y el sufrimiento se alarga, podemos permanecer como abrumados, aislados, y entonces nuestra vida se deprime y se deshumaniza. ¿Cómo debemos reaccionar ante este ataque del mal? Por supuesto que con la cura apropiada –la medicina en las últimas décadas ha dado grandes pasos, y estamos agradecidos–, pero la Palabra de Dios nos enseña que hay una actitud determinante y de fondo para hacer frente a la enfermedad, y es la fe en Dios, en su bondad. Lo repite siempre Jesús a la gente que sana: Tu fe te ha salvado (cf. Mc 5,34.36). Incluso de frente a la muerte, la fe puede hacer posible lo que es humanamente imposible. ¿Pero fe en qué? En el amor de Dios. He aquí la respuesta verdadera, que derrota radicalmente al mal. Así como Jesús se enfrentó al Maligno con la fuerza del amor que viene del Padre, así nosotros podemos afrontar y vencer la prueba de la enfermedad, teniendo nuestro corazón inmerso en el amor de Dios.”

Fe en Dios. Recomienda el Papa Alemán que no olvidemos lo único que nos puede sustentar en los momentos difíciles de nuestra vida y, siendo la enfermedad uno de los más destacados, no podemos dejar de lado lo que nos une con nuestro Creador. 

En realidad, lo que nos viene muy bien a la hora de poder soportar con gozo el dolor es el hecho de que nos sirva para comprender que somos muy limitados y que, en cuanto a la naturaleza, con poco nos venimos abajo físicamente. Nuestra perfección corporal (creación de la inteligencia superior de Dios) tiene, también, sus límites que no debemos olvidar. 

Pero también el dolor puede servirnos para humanizarnos y alcanzar un grado de solidaridad social que antes no teníamos. Así, ver la situación en la que nos encontramos puede resultar crucial para, por ejemplo, pedir en oración por el resto de las personas enfermas que en el mundo padecen diversos males físicos o espirituales. 

Es bien cierto que la humanidad sufre y que, cada uno de nosotros, en determinados momentos, vamos a pasar por enfermedades o simples dolores que es posible disminuyan nuestra capacidad material. Sin embargo, no deberíamos dejar pasar la oportunidad que se nos brinda para, en primer lugar, revisar nuestra vida por si acaso actuamos llevados por nuestro egoísmo y, en segundo lugar, tener en cuenta a los que también sufren. 

Y si, acaso, no comprendemos lo que aquí se quiere decir, bastará con conocer al Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, como para darnos cuenta de lo que en verdad hacemos negando, si así lo hacemos: el bien que podemos hacernos al gozar del dolor o hacer, del mismo, algo gozoso. 

Sufrimos: sí. ¿Podemos cambiar el negativo peso de espada de Damocles sobre nuestra vida que tiene el sufrimiento por liberación del alma?: también podemos responder a esto afirmativamente. Pero no podemos negar, ni queremos, que no es cosa fácil y que es más que probable que nos dejemos ir por el camino con una carga muy pesada. De todas formas, es seguro que podemos caminar mucho mejor sabiendo que tal carga la comparte con nosotros nuestro hermano Jesucristo. No miraremos, así, para otro lado y afrontaremos las circunstancias según las afrontaba el Mesías: de cara para no darles nunca la espalda.

Les dejó aquí el Índice:

Presentación

1. El dolor según el mundo de hoy

2. El dolor según el Beato Manuel Lozano 

Garrido, “Lolo” 

3. Todo sufrimiento es igual

4. Dios y el sufrimiento del hombre 

5. Hacer frente al sufrimiento

6. El fruto del sufrimiento

7. La fe y el sufrimiento

8. Oración y sufrimiento 

Un necesario Epílogo 

Acerca del autor

Y les dejamos con el apartado titulado

Un necesario Epílogo

A lo largo de las páginas de este pequeño libro hemos podido aportar aquello que, referido al sufrimiento y el dolor, es aceptado o no por el mundo y, luego, por una visión tan espiritual como es la del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo.

Está más que claro que hoy día el dolor o el sufrimiento no es aceptado por el mundo. Es decir, no es que no se acepte como tal pues resulta de todo imposible no hacerlo sino que se busca todo el remedio posible.

En principio, es cierto y verdad que buscar todo el remedio posible al dolor o al sufrimiento (digamos, físico) no es nada malo pues está en el ser del hombre buscar su bienestar. Hasta ahí no podemos decir nada en contra pues el mismo Manuel Lozano Garrido buscaba mitigación a sus muchos dolores en la ciencia de su tiempo (Fue llevado a la Casa del Padre el 3 de noviembre de 1971) y no podemos achacarle ningún tipo de conducta que vaya, en eso, contra la fe.

El caso es que buscar solución a los problemas que causan las enfermedades no es nada malo desde el punto de vista cristiano. Lo que sí podemos decir que lo es la intención de hacer eso.

En realidad, se busca todo alejamiento del dolor y el sufrimiento pero se hace por factores como, por ejemplo, la busca de la felicidad obligatoria donde se exige mostrar una vida perfecta y se tiene por común el culto al cuerpo sin tener para nada en cuenta lo que el factor espiritual puede jugar en la vida de una persona.

Además, el mundo suele considerar el sufrimiento como un obstáculo para alcanzar la felicidad personal y ahí se queda…

Sin embargo, hay una visión que tiene más que ver con la que, para un cristiano, es la adecuada. Así, autores como Víktor Frankl considera que se puede hallar un propósito en el dolor y en el sufrimiento que los transforme en madurez y crecimiento personal que es lo que el mundo no comprende pero, sobre todo, no acepta y como nosotros no somos de este mundo (Cristo dixit en Juan 17, 14: “Yo les he dado tu Palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como yo no soy del mundo” o, luego, en el versículo 16: “Ellos no son del mundo, como yo no soy del mundo") pues ya sabemos lo que nos corresponde tener como bueno y verdad. 

Por otra parte, tenemos por verdad que el sufrimiento es redentor porque es el mismo Hijo de Dios quien nos lo demostró con su muerte y resurrección. Y es que, como dijo San Pablo en la Epístola a los Colosenses (1, 24)

“Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia.”

Además, decimos con convencimiento que el sufrimiento no es en vano sino que se convierte en una vía de purificación espiritual y, en resumidas cuentas, de una maduración de la fe.

Sobre todo esto, el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, mostró que lo que decimos acerca de la consideración del dolor y del sufrimiento para un católico es posible llevarlo a cabo pues, a lo largo de su vida, fueron muchos los malos momentos por los que pasó y siempre supo sobrenaturalizar tanto el dolor como el sufrimiento “sobrenadando” sobre ellos y poniendo en su vida la importancia en lo que, verdaderamente, tenía importancia.

En resumidas cuentas, una cosa es lo que el mundo considera acerca del dolor y del sufrimiento y otra lo que nosotros, los que nos consideramos hijos de Dios, consideramos sobre unos aspectos de nuestra vida que pueden ser tratados, en el fondo, de forma muy distinta a lo que el mundo pretende y, de hecho, hace. Y eso porque nosotros bien sabemos que todo lo que aquí hacemos tiene un eco en la eternidad.

De todas formas, en las palabras del Apóstol de los gentiles que hemos traído aquí radica toda nuestra fe al respecto del dolor y del sufrimiento. Y con eso nos quedamos y con lo más elemental de todo: nosotros no somos de este mundo.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.