InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: 2020

4.03.20

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro” - La presente presencia de Dios

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

La presente presencia de Dios

 

“Día por día, desde que nacemos, las alambradas van recortando su curva sobre la masa latente de un corazón. Nadie presentaría una palpitación sin el bombardeo intensivo de la caridad, la misericordia y la predilección de Dios. Cuando pensamos, cuando trabajamos, cuando dormimos, la radiación caudalosa de la Gracia está trabajando nuestras fibras y saneando las partículas inmateriales de toda alma. Es la cimentación previa.” (El sillón de ruedas, p. 159)

 

Todo lo que tiene relación con Dios o, lo que es lo mismo, todo de toda nuestra realidad, nunca se aleja (incluso aunque eso pretendamos con nuestra ceguera) de Aquel que nos ha creado y mantiene. Y eso nos lo dice más que bien el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo.

Es bien cierto y verdad que Dios nos ama con toda la fuerza de un Padre. Nosotros, sin embargo, ya nacemos con un pecado, el original y debemos ir restañando esa pena terrible que tenemos. Pero, para eso, el Todopoderoso siempre nos acompaña y no nos deja solos.

Para empezar se nos limpia tal pecado con la infusión del Espíritu Santo en nuestro Bautismo. Y, entonces, desde tal momento, podemos decir que tenemos el diario espiritual así, en blanco, para ir cumplimentándolo con aquello que hacemos, decimos, nos movemos y existimos. Y, a veces, como bien sabemos, lo emborronamos con nuevos pecados, con caídas en el abismo de las que, con ayuda de Dios, salimos.

Todo, en nuestro corazón y, así, en nuestra vida material, mundana (podemos decir para entendernos) tiene relación con el, con nuestro, Creador. Y todo ha de tener una relación, digamos, forzosa porque, por Voluntad de Aquel que todo lo sabe porque por fuerza nosotros estamos unidos al Señor por mucho que, en tantas ocasiones, parezca que no es así. 

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1.03.20

La Palabra del Domingo - 1 de marzo de 2020

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 Mt 4, 1-11

  

“1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2     Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 Y acercándose el tentador, le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.’ 4 Mas él respondió: ‘Está escrito: = No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.’ =  5 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, 6 y le dice: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: = A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.’ = 7 Jesús le dijo: ‘También está escrito: = No tentarás al Señor tu Dios.’ = 8 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, 9 y le dice: ‘Todo esto te daré si postrándote me adoras.’ 10 Dícele entonces Jesús: ‘Apártate, Satanás, porque está escrito: = Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.’ = 11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.”

 

COMENTARIO

El verdadero poder de Dios

 

Cuando Jesús es bautizado por Juan, en el Jordán, y, después de haber sobrevolado sobre Él el Espíritu Santo (al igual que en el Génesis, mientras Dios creaba, el mismo Espíritu, su Espíritu, sobrevolaba las aguas) se deja llevar por aquella persona que constituye la Santísima Trinidad y marcha camino del desierto, donde sólo se oye su corazón y a Dios buscando su seno porque necesita esa íntima comunicación. 

Quizá buscaba lo que dijera Isaías (32, 10) “en el desierto morará el derecho, y la justicia habitará en el vergel”, es decir, que trataba de hallar la plenitud de la voluntad de Dios; quizá quiera pasar una prueba puesta por su padre (Dt 8,2), al igual que pasara, con el paso del desierto, el pueblo de Israel: acuérdate del camino que el Señor te ha hecho andar durante cuarenta años a través del desierto con el fin de humillarte, probarte y conocer los sentimientos de tu corazón y ver si guardabas o no sus mandamientos. El respeto buscado por Dios de su Hijo por sus normas, quizá fuera lo que buscaba Jesús. Y todo esto sabiendo lo que dijera, también, como tantas otras veces, Isaías, (58, 11): Te guiará Dios de continuo. El caso es que Jesús, atareado en ese intento de descubrirse, no encuentra mejor sitio donde ir que a ese inhóspito espacio reseco. 

La permanencia de Jesús en el desierto durante 40 días, como ya he dicho de su pueblo, también podemos atribuirle un significado simbólico. Fácil es entender que el desierto es un lugar en el cual podemos escuchar nuestra voz con una claridad diáfana, sin esos sonidos de otras voces que impiden descubrir nuestros acentos, lo que queremos decir para que nos entiendan, es un lugar adecuado para sentir mejor nuestro corazón, alejados del mundo que nos impide ordenar y separar lo importante de lo que es accesorio y que tanto nos perturba en nuestro camino por la vida.  Es, en fin, un criterio de discernimiento lo que “empuja” a Jesús a ese exilio de su derredor, de forma inmediata a cuando fue instituida una segunda creación, con su bautizo, una nueva oportunidad para el hombre. 

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28.02.20

J.R.R. Tolkien – Una ventana a la Tierra Media – Carta a Tolkien

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Es más que conocido que nuestro autor, J.R.R. Tolkien o, simplemente, conocido como Tolkien, escribió muchas cartas a lo largo de su vida. Su lectura es verdaderamente crucial para quien quiere conocer más de cerca muchos de los acontecimientos de su vida, el devenir exacto y circunstancial de lo que estaba escribiendo y, en fin, muchos de sus pensamientos más íntimos.

El que esto escribe ha creído que también se le puede enviar una carta a nuestro querido profesor de Oxford. Y sabemos que la recibirá porque allí donde esté (nosotros creemos que en Cielo, si Dios ha querido que así sea) todo puede verse.

Y eso es, pues, lo que hacemos ahora mismo.

Muy estimado profesor Tolkien,

El que esto escribe ha recibido sus Cartas o, al menos, ha podido leerlas que, en un sentido más que cierto, puede considerarse la misma cosa. Y espera que reciba estas cuatro letras con gozo porque sabe, a ciencia y corazón ciertos, que hay muchas personas que pueden pensar, a lo mejor, lo mismo.

No puedo negar que cuando uno se acerca a su obra lo hace con cierta precaución. Y no se trata de que sea algo imposible de llevarse al corazón sino que supone acercarse a lo que es considerado como lo mejor en el tipo de literatura de que se trata que se haya escrito. Y bien sabemos que imitadores de su obra hay más que muchos e, incluso, los hay que se han visto beneficiados con pingües beneficios por la adaptación de otros libros que, en cierta forma, vienen a decir cosas muy similares a las que usted dejó dichas y siendo, así y por tanto, el primero en decirlas también ha de ser el primero en ser felicitado.

Muy querido profesor Tolkien. Debo darle las gracias por haber hecho posible que la imaginación de millones de seres humanos haya dado un salto más que grande hacia un mundo o, mejor, una Tierra, la Media, en la que toda virtud tiene su asiento y donde, ¡Ay!, toda maldad se arremolina alrededor del Bien para causar daño porque eso ha sido, es y será, el papel que desempeña todo lo malo que hay en el mundo y, también, en su/nuestra Tierra Media.

Muy querido profesor Tolkien. También debo agradecer que su obra haya sido escrita de tal forma que puede unir, en ella misma, a personas de muy distinta índole. Y quiero decir con esto que no hay acepción de religión, pensamiento o idea que, en sí mismas, puedan alejar de apreciar en mucho lo bueno que tienen las páginas escritas por usted. Y eso, es cierto, es algo más que bueno y mejor y es algo que le apuntamos en su haber porque supone la conformación de un grupo muy heterogéneo de personas unidas por un vínculo común de ríos, paisajes, personajes, acciones, batallas, perdones y demás realidades que usted supo construir.

Muy querido profesor Tolkien. No pueden menos que agradecerle, también, que haya ensanchado el corazón para que quepa en él todo lo que es posible cuando se quiere que lo sea. Y eso es una verdad que no deberíamos olvidar nunca. Y es que ¿No es posible la existencia de una Tierra, llamada por usted Media, donde pueda triunfar el Bien sobre el Mal y donde lo virtuoso prevalezca sobre lo corrupto y corrompido?

A esto, me gustaría responder que sí aunque enseguida sería rebatido por la realidad en la que vivimos ahora y, seguramente, en la que usted mismo vivió en aquellos años en los que concibió, escribió y dio a luz su nunca demasiado bien ponderada obra literaria.

Muy estimado profesor Tolkien. Aunque es más que posible que pudiera decir más cosas sobre usted, también es seguro que podría ser calificado de pedante o de pesado y eso, que son adjetivos muy alejados, alejadísimos, de su obra, no puede caber aquí.

Es por eso por lo que se despide quien tanto tiene que agradecer a quien tanto le ha dado y le deseo una vida eterna donde, algún día, podamos encontrarnos,

 

Eleuterio Fernández Guzmán Erkenbrand de Edhellond

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay mundos que, sin duda alguna, nos llevan más lejos del que vivimos, nos movemos y existimos.

…………………………….
Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

26.02.20

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro”- Ser, hacer, es deber nuestro

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

Ser, hacer, es deber nuestro

 

“Fijándose bien, lo de acá es una aportación menuda, pero necesaria, como el sudor del obrero en la obra de ingeniería.” (El sillón de ruedas, p. 158)

 

En las cosas de Dios y, claro, en las nuestras, hay un poder y un querer. Y con eso queremos decir que podemos escoger y elegir el qué pero, sobre todo, el cómo. Y el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo nos lo dice, sí, de forma sencilla pero, ¡Ay!, también de forma que nos obliga más que mucho.

Vamos a ver. Nosotros estamos en el mundo, primero, porque Dios ha querido que estemos. Eso es una verdad espiritual que debemos tener más que bien entendida porque, de ser lo contrario, estamos más que seguros que nada de lo que siga, en materia del espíritu, va a servir ni valer para nada.

Aquí, de todas formas o, mejor, en esto de nada vale otra forma de pensar. Y a ella, pues, no atenemos.

Lo que nos quiere decir el Beato de Linares (Jaén, España) es algo bien sencillo: sí, nosotros podemos aportar a la Creación y no está fuera de nuestro alcance.

Así dicho, a primera vista, eso podría parecer un pensar demasiado optimista porque, bien mirados, ¿qué somos nosotros?

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23.02.20

La Palabra del Domingo - 23 de febrero de 2020

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Mt 5, 38-48

 

 “38 ‘Habéis oído que se dijo: = Ojo por ojo y diente por diente. = 39 Pues yo os digo: no resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra: 40 al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; 41 y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. 42 A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda. 43 «Habéis oído que se dijo: = Amarás a tu prójimo = y odiarás a tu enemigo. 44    Pues yo os digo: Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, 45 para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos. 46 Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa vais a tener? ¿No hacen eso mismo también los publicanos? 47 Y si no saludáis más que a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de particular? ¿No hacen eso mismo también los gentiles? 48 Vosotros, pues, sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial.’”

 

COMENTARIO

 

Entender la Ley de Dios

 

No es que Jesús hubiera venido a que se cumpliese la Ley de Dios, que sí, sino que había venido a que, en efecto, todo aquello que el Creador había establecido como bueno y mejor, se llevara a cabo. 

No podemos negar que en este texto del evangelio de san Mateo el Hijo de Dios pone le listón muy alto porque la voluntad de Dios no es simple ni es poca cosa sino, al contrario, completa y llena de lo que es recomendable para nosotros, creación y semejanza suya. 

Que Jesús vino a cumplir lo que estaba escrito lo vemos, por ejemplo, justamente en lo que pudiera parecer una humorada del Maestro. Esto lo decimos porque al final del este texto nos dice que seamos perfectos como Dios es perfecto. Y decimos que parece una humorada porque bien sabemos que eso, a nosotros, nos va a resultar, simplemente, imposible. 

Pero bueno… Jesús sabe qué es lo mejor para nosotros y nos lo dice, como sabría que estaba escrito en el Levítico (19, 1-2) cuando el autor inspirado por Dios escribió esto: “Habló Yahveh a Moisés, diciendo: Habla a toda la comunidad de los israelitas y diles: Sed santos, porque yo, Yahveh, vuestro Dios, soy santo”. 

Es decir, Dios, que es Todopoderoso y todo lo creó y mantiene es, además, santo, el único Santo. Y nos pide que seamos como Él. 

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