InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: Abril 2020

29.04.20

Beato Manuel Lozano Garrido - "Lolo, libro a libro" . Amar el sufrimiento (II)

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”

 

Amar el sufrimiento, II

 

El capítulo XXVI de “El sillón de ruedas” lo dedica Lolo a un tema muy tratado por nuestro Beato: el sufrimiento. Y tal es así que lo titula “Amar el sufrimiento”.

Nosotros, por eso mismo, vamos a dedicar las semanas que Dios nos dé a entender al mismo por creer que tiene una importancia más que destacada.

Continuemos, por tanto.

 

“Como se dice “pan”, “adiós”, “agua” y “beso”, mi boca adelanta ya maquinalmente esto que no sabría concretarse, lo que se me ha metido de rondón en la entraña y la hace galopar como un caballo loco en busca de Tú sabes qué nostalgias y lo que los dientes ven salir, convencionalmente alineadas la A ante la M, la U tras de la S, de esta fórmula: “Señor: que yo llegue a amar el sufrimiento.”  (El silló de ruedas, pp. 310-311)

 

El Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, expresa, en este párrafo del capítulo que hemos traído aquí de su “Sillón de ruedas”, un ansia que no siempre es entendida y que, incluso, es más que mal entendida.

Lo último que nos dice es, al contrario de tal situación, es lo primero que ansía nuestro hermano en la fe. Y dice que quiere amar.

Eso, así dicho, no parece nada extraño en persona alguna porque, quien más y quien menos, quiere también amar. Lo que pasa es que en el caso del Beato de Linares (Jaén, España) lo que quiere amar no es lo bueno y mejor que a uno le puede pasar (según el entendimiento del siglo) sino, al contrario, lo que se suele entender (porque, además, lo es pero…) como malo y peor: el sufrimiento.

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27.04.20

Venerable Marta Robin – El valor de la oración en el silencio

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

El valor de la oración en el silencio

 

“¡Oh María! ¡Oh mi santa y buena Madre! ¡Dame a mí, danos a todos comprender el gran valor del silencio, en el cual se entiende a Dios! (Diario íntimo, 12 de enero de 1930)

 

En un momento determinado de las Sagradas Escrituras, el Hijo de Dios dice algo así como que, a la hora de llevar a cabo el rezo, la oración, no se haga, digamos, con grandilocuencias sino que lo hagamos en lo secreto de nuestra casa y, creemos, en lo secreto de nuestro corazón. Y eso lo decía argumentando que Dios, tu padre nos dice, que ve en lo secreto, sabrá de eso que hemos hecho, que has hecho.

Sin duda, esto lo decía porque, al parecer, había quien prefería el hacer notar que estaba orando, no sabemos si, con aspavientos o algo por el estilo. Y, es más, abunda el Hijo de Dios en el hecho de que no escucha su Padre del Cielo más a los que actúan de forma grandilocuente sino, al contrario, a los que lo hacen en lo secreto de su corazón y, si es posible, de su propia casa.

La Venerable Marta Robin, dirigiéndose a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, le pide algo que no siempre estamos dispuestos a seguir. Le pide, en suma, una humildad muy grande a la hora de orar.

En realidad, sabemos que vivimos, hoy día, en un mundo demasiado “ruidoso”. Y los ruidos lo son de toda clase porque los hay desde los que se reciben de fuera, por el mundo producidos, y los que se reciben en el mismo corazón produciendo, digamos, una situación, según la cual, no podemos escuchar lo que el espíritu necesita escuchar. Y ambas realidades son más que graves para un creyente católico.

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26.04.20

La Palabra del Domingo - 26 de abril de 2020

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Lc 24, 13-25

 

 

“13 Aquel mismo día iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús, que distaba sesenta estadios de Jerusalén, 14 y conversaban entre sí sobre todo lo que había pasado. 15 Y sucedió que, mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; 16 pero sus ojos estaban retenidos para que no le conocieran. 17 El les dijo: ‘¿De qué discutís entre vosotros mientras vais andando?’ Ellos se pararon con aire entristecido. 18 Uno de ellos llamado Cleofás le respondió: ‘¿Eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella?’ 19 El les dijo: ‘¿Qué cosas?’ Ellos le dijeron: ‘Lo de Jesús el Nazoreo, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; 20 cómo nuestros sumos sacerdotes y magistrados le condenaron a muerte y le crucificaron. 21 Nosotros esperábamos que sería él el que iba a librar a Israel; pero, con todas estas cosas, llevamos ya tres días desde que esto pasó. 22 El caso es que algunas mujeres de las nuestras nos han sobresaltado, porque fueron de madrugada al sepulcro, 23  y, al no hallar su cuerpo, vinieron diciendo que hasta habían visto una aparición de ángeles, que decían que él  vivía. 24 Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero a él no  le vieron.’ 25  El les dijo: ‘¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?’ 27 Y, empezando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras. 28 Al acercarse al pueblo a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante. 29 Pero ellos le forzaron diciéndole: ‘Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.’ Y entró a quedarse con ellos. 30 Y sucedió que, cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo iba dando.31    Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron, pero él desapareció de su lado. 32 Se dijeron uno a otro: ‘¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino  y nos explicaba las Escrituras?’ 33 Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén y encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con  ellos, 34 que decían: ‘¡Es verdad! ¡El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón!’ 35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan.”

      

MEDITACIÓN

 

1.-Muy sintomático es este ejemplo que los discípulos de Emaús nos ofrecen a todos los cristianos. Del todo a la nada casi de inmediato y sin solución de continuidad. Es prueba, además, de lo que puede suponer, para un discípulo de Jesucristo, tener una fe débil y tibia. 

Como viene a ser normal, y lógico, la naturaleza del hombre le lleva, nos lleva, a huir del peligro y a no afrontarlo. Cleofás y su compañero huyen, tratan de evitar, quizá, una persecución que acabara con sus vidas como acababa de ocurrir con la de su Señor. Pero, lo que no sabían era que, en ese camino de regreso al pasado, que viene a ser este ir a Emaús, huyendo de la bondad y refugiándose en el anonimato, volverían a encontrarse con su misma vida. Y así fue. 

El caso es que estos dos seguidores de Cristo iban discutiendo por el camino. Seguramente irían debatiendo sobre qué había pasado y, sobre todo, qué iba a pasar a partir de ese momento, si lo que aconteció en Jerusalén tenía sentido para ellos y cuál debería ser la interpretación que debían darle. Imagino que sería una discusión apasionada, por el tema de que trataba, y contenida, en gestos, por miedo a ser descubiertos. Llevaban, dice el texto, un aire entristecido, o, lo que es lo mismo, podemos constatar que estaban afectados por la muerte de Jesús y que eso los llevaba a esa situación de perplejidad en la que se encontraban. 

En esto que la voz de alguien, a quien no reconocieron, les saca de su acaloramiento hablador. Era importante el que no supieron, en un principio quien era para, luego, reconocerlo en el gesto de partir el pan, símbolo primordial en la predicación de Jesús. 

2.-La conversación que tiene lugar entre un desconocido, para ellos, Jesús, y los de Emaús, es clara expresión de la relación que muchas veces, puede tenerse con Dios y, entre nosotros, con su Hijo. Cleofás y su acompañante, a pesar de sus dudas, plantean a Jesús una pregunta que, más bien, se la podían haber planteado a ellos mismos. Parece que ellos no habían llegado a comprender muy bien al Mesías y  a su mensaje. A pesar de todo lo sucedido, y sobre lo que inquieren a Jesús, se les ha olvidado, lo esencial, muy pronto: tres días después de la muerte física de Jesús ya corren a esconderse y eso que pensaban que era que les traía la salvación, pero no un tipo de salvación como la que ellos querían, sino una salvación espiritual. Ellos deseaban, como otros tantos judíos, un levantamiento de la población bajo los mandos del Enviado, que sería, así, un caudillo militar que arrasara el invasor. Lo que pretendían era la llegada de un Reino nuevo, pero sustentado en el viejo, en el antiguo de Israel. 

Sin embargo, aún les quedaba algo de esperanza; no había, por así decirlo, muerto el recuerdo de Jesús. Unas mujeres de las suyas, de sus seguidoras se entiende, decían haber visto el sepulcro vacío a unos ángeles que les habían hablado. Y para confirmarlo, como si pensaran que las mujeres, llevadas por su mayor sensibilidad, habían tenido visiones, unos hombres, algunos de los nuestros, dice el texto, se habían acercado para comprobar que era cierto lo que decían aquellas seguidoras de Cristo. Aquí también podemos apreciar bastante desconfianza propia, por otra parte, de la concepción que, aquella época, se tenía de la mujer. Y Jesús también rompe con esto, con esto también. 

Y es que cuando Jesús ha de intervenir, forzado por la situación pues veía que sus discípulos se perdían en los aledaños de la fe, es cuando, haciendo uso de sus conocimientos de las Sagradas Escrituras, les de pruebas inequívocas de que lo que le había sucedido, sin aún decir que era Él, ya estaba escrito. Desde Moisés, pasando por todos los profetas (bien seguro que también Isaías), les relata pasajes en los que se habla del Mesías, el Enviado que tenía que venir, sufrir, entregarse y morir para que el perdón de los pecados se hiciera efectivo, real, cierto. 

Ante esto, estos discípulos de Emaús comienzan a reencontrarse con la figura presente de Jesús, y con ese quédate con nosotros, síntoma de que su presencia les era agradable y que su conversión volvía a tomar forma, empieza a abrírseles los ojos. 

3.- Como les había dicho en la última cena, el pan, su cuerpo, entregado por todos, fue el instrumento del cual se sirvió para que aquellos discípulos, duros de corazón, le reconociesen y, abriendo los ojos del alma se diesen cuenta, en ese mismo momento, que cuando les hablaba de los profetas algo  les decía que aquello que, aquel desconocido, les decía les remitía a Él mismo. Y que aún no habían descubierto, dentro de ellos, que ese arder del corazón tenía una razón exacta. 

Y entonces, se ven en la imperiosa necesidad de contar de comunicar lo sucedido, retornar a la fe que tenían y volver a Jerusalén. Han perdido el miedo, y quieren hacérselo saber a los suyos. 

Por su parte, los otros discípulos, los apóstoles más los que les acompañaban, les confirma que estaban en lo cierto: Jesús había resucitado, como dijo, que la aparición a las mujeres era cierta porque, para confirmar su retorno, también se había aparecido a Simón, que su esperanza no estaba rota sino que permanecía incólume, totalmente vigorosa, preparada para ser anunciada. 

Los de Emaús, por su parte, les hacen partícipes del descubrimiento que hacen, de la apertura de sus ojos, que estaban retenidos, de que, al partir el pan, signo inequívoco de quien lo hacía, habían reconocido las manos, el rostro, la mirada del Maestro. Así, alegres por eso vieron como, en ese mismo instante, una vez se les rebeló la Verdad, Jesús desaparecía. Y es que había cumplido su misión. Y eso es lo que les transmitían, para hacerles ver que, desde ese momento, Jesús sería, para todo el mundo, en una universalidad comprensible, la Palabra de Dios viviente en nuestros corazones y que, en la Eucaristía, su presencia es, siempre, real. 

  

PRECES 

Pidamos a Dios por todos aquellos que pierden la esperanza. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios or todos aquellos que no confían en Dios y su poder. 

Roguemos al Señor.

ORACION 

Padre Dios; ayúdanos a no olvidar nunca que tu Hijo resucitó para quedarse entre nosotros.

 

Eleuterio Fernández Guzmán 

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos. 

Panecillo de hoy: 

Palabra de Dios; la Palabra. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.  

24.04.20

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – Al mirar un calendario

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La Editorial Minotauro viene haciendo un gran favor a los seguidores de J.R.R. Tolkien al publicar, año tras año desde que eso pasa (lo ignoramos, francamente lo decimos y rogaríamos a quien lo supiese nos hiciera llegar tal año, al menos, vía comentario), un calendario vivamente ilustrado por alguien que sabe lo que hace y a qué atenerse.

Lo del gran favor lo decimos porque es más que bueno que quien tiene conocimientos especiales sobre la obra del profesor de Oxford y se dedica, digamos, a la pintura, refleje determinados aspectos de lo escrito por un maestro de maestros como es Tolkien padre.

El año pasado, 2019, se dedicó el mismo a La Caída de Gondolin porque, justamente, fue tal año, allá por el mes de marzo (el día 5, para ser concretos), cuando se publicó una edición propia de su merecimiento de tal título. Entonces, los dibujos allí plasmados nos muestran tan terrible acontecimiento y nos hace ver, casi tocar, lo que pasó entonces.

Calendario tolkien 2020: Ilustrado por alan lee · Libros · El ...

Y eso es lo que pasa este año, el 2020. Y por eso mismo dedicamos las siguientes líneas en agradecimiento a quien hace posible hacernos “tocar” suelos, caminos, lugares… en fin, lo que es la Tierra Media. Y es que está dedicado a una gran aventura donde los Enanos tienen mucho que decir y aunque hayan pasado ya unos meses desde que el 1 de enero abriera una ventana nueva a la Tierra Media, bien vale la pena abundar en todo esto.

Echar un vistazo a lo que Alan Lee ha hecho con el tema dedicado para el año en curso es lo mismo que agrandar las pupilas para que la sorpresa quepa en nuestro corazón. Y es que estos son los temas que ha tratado el buen hombre:

 

Bilbo en Bolsón Cerrado

La Posada del Dragón Verde

Las Tierra Solitarias

El puente de Rivendel

Las Montañas Nubladas

Los Huargos

Tierras Ásperas

Bosque Negro

Ciudad del Lago

La Montaña Solitaria

Smaug El Poderoso

La Batalla de los Cinco Ejércitos

 

Podemos ver que los temas escogidos son, digamos, todo un recorrido de la inesperada aventura que tuvo que correr el bueno de Bilbo Bolsón y, como se nos dice en la Introducción del Calendario Tolkien 2020 se nos presenta “Una generosa selección de las pinturas a todo color y de los dibujos hasta ahora inéditos incluidos en el libro ‘El Hobbit. Cuaderno de bocetos’”. Y, además, estamos de acuerdo de forma absoluta cuando, a continuación, se nos dice que “El conjunto pone de manifiesto la magia contenida en El Hobbit y ofrece la oportunidad de sumergirse en la fascinante imaginación del hombre que infundió nueva vida a la visión de Tolkien”.

Pues sí, el ilustrador Alan Lee ha sabido a la perfección hacer que gocemos con las palabras-libro-aventura de J.R.R. Tolkien como sólo lo puede hacer quien lo ama profundamente y ha dedicado mucho de su trabajo a reflejar un amor así, incondicional o, mejor, a condición de manifestar que es posible gozar con un mundo, con una Tierra Media en la que todos nos gustaría estar (mejor, casi, cuando acabaron todas las guerras y batallas…)

Este Calendario Tolkien o, para ser exactos, este Tolkien Calendario 2020 es un verdadero tesoro encontrado de una forma mucho más fácil que la que se suele emplear para hallar uno de esos que, escondidos, cuestan sangre, sudor y lágrimas, como diría aquel, también inglés, por cierto.

Podemos decir que estas ilustraciones (a uno le da un poco de vergüenza llamarlos, sólo, “dibujos”, aunque al fin y al cabo lo sean, primordialmente lo sean, en esencia lo sean) hacen lo que la palabra muestra: en unas láminas se nos representa gráficamente un libro, en este caso El Hobbit y lo hace, si cabe, más atractivo. Y podemos decir que, aquí, las imágenes y las palabras valen para mil lecturas hacer sin desmerecer las segundas con respecto a las primeras (ya se sabe eso que dice que “una imagen vale más que mil palabras” pero nosotros no estamos, aquí, de acuerdo con eso porque todo vale y sirve)

Curiosamente, también nos sirven y valen los sinónimos de la tal palabra porque vienen a decirnos que se ha iluminado, dado luz e instruido acerca del libro ya más que conocido y objeto del trabajo de Alan Lee. Y eso, se quiera decir lo que se quiera, es un valor añadido al mero dibujar, ilustrar.

Nosotros, que tenemos de la obra de este ilustrador la mejor de las opiniones sabemos que son, eso, sólo opiniones pero estamos más que seguros que otras personas más calificadas que nosotros para hablar sobre estas ilustraciones abundarían en detalles que se nos escapan. De todas formas, nos basta con saber que Alan Lee ha hecho un gran trabajo que agradecemos con largueza y loamos de la mejor forma que somos capaces.

Gracias, pues, sean dadas a quien tanto merece. 

Eleuterio Fernández Guzmán Erkenbrand de Edhellond

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay mundos que, sin duda alguna, nos llevan más lejos del que vivimos, nos movemos y existimos.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

22.04.20

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro”- Amar el sufrimiento (I)

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”

 

Amar el sufrimiento (I)

 

El capítulo XXVI de “El sillón de ruedas” lo dedica Lolo a un tema muy tratado por nuestro Beato: el sufrimiento. Y tal es así que lo titula “Amar el sufrimiento”.

Nosotros, por eso mismo, vamos a dedicar las semanas que Dios nos dé a entender al mismo por creer que tiene una importancia más que destacada.

Empecemos, por tanto.

 

“Señor:

¿Recuerdas a Sebastián, el retrasado que gangueaba el ‘Ave María’ aquella noche?

Sus dedos torpes, deformes, alucinantes -como estos míos que vela la lente de la costumbre- los he tenido ahora sobre los labios, cosiéndome la plegaria.

Día por día, con sol y con niebla o  bajo la lluvia opresiva de otoño, he anticipado en el umbral de cada mañana una palma mendicante, tendida a Ti como destinatario.

Me repugna poner cifras junto a esta espontaneidad cordial de la oración, pero Tú solo sabes cuántas veces se ha repetido esta pirotecnia de los cielos y yo estaba siempre con la misma frase y la misma voz gastada del ciego en las esquinas o el mutilado tras el platillo o el pañuelo suplicante” (El sillón de ruedas, p. 310)

 

Para quienes lean esto y no tengan conocimiento de quién es el “Sebastián” al que se refiere el Beato Manuel Lozano Garrido, digamos que fue un compañero de viaje a Lourdes.

En efecto, el número de mayo de 1958 de la revista “Cruzada”, a la sazón, órgano de los jóvenes de acción católica de Linares (Lugar de nacimiento y muerte de Lolo) llevaba un reportaje de título “Aquí Lourdes: la fe, la caridad y la esperanza tienen su capital: Lourdes” firmado, cómo no, por Manuel Lozano Garrido porque el mismo había hecho un viaje junto a su hermana Lucy en calidad de enfermera.

Pues bien, en un momento determinado, nos dice Lolo esto:

“Una voz inició el Avemaría y todos le secundamos. El coro armonizaba con la fuerza de la esperanza. Sólo una voz desentonaba: Sebastián, el retrasado que balbucía torpemente su plegaria. Era un recitar monocorde, babeante, que debía conducir a la risa y que, en cambio, acongojaba sin regateos.”

Pues bien, el Sebastián al que se refiere, y que refiere al Señor, Lolo, seguros estamos que es el mismo.

Resulta de todo punto impresionante que Lolo se ponga, en el nivel del sufrimiento, al mismo nivel que el propio de Sebastián. Y es que nuestro hermano en la fe católica equipara los dedos del primero, con los suyos, así, deformes o, digamos, que inútiles para muchas tareas. Sabía, más que bien, Lolo (después de unos años de enfermedad progresiva) que el sufrimiento era su compañero de sillón o de cama y que bien podía decir que lo referido a Sebastián le era aplicable a él mismo.

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