Reseña: Elevar la mirada del alma. La jaculatoria como elevación del corazón

 

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 107

Precio aprox. Tapa blanda: 4,37

ISBN Amazon: 979-8170399239

Año edición: 2026

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Los creyentes católicos tenemos la posibilidad de dirigirnos a Dios o, en general, a aquellas personas santas que tenemos por tales, de muy diversas maneras. Unas requieren oraciones cortas, otras más extensas o, en fin, si rizamos el rizo al orar de forma personal podemos elaborar las nuestras según nuestras personales circunstancias.

Pues bien, hay una forma de rezar que es bien breve. Y hablamos de la “jaculatoria” que, así dicha, es una palabra harto extraña.

En realidad, esta palabra procede del latín iaculum que viene a significar algo así como “dardo” o “saeta”, incluso “flecha”. Y es que bien podemos entender la jaculatoria, haciendo uso de la última acepción, como una flecha breve que el alma lanza hacia Dios o hacia quien sea su destino espiritual. 

El caso es que la brevedad de la jaculatoria la hace más que apta y útil para ser dicha en cualquier ocasión en la que nos encontremos y facilita, con su propia extensión, una práctica devota que es más que apropiada para lanzar al aire de la fe lo que nuestro corazón siente y lo que nuestra alma entiende por bueno y mejor.

La jaculatoria, eso sí, puede haber sido elaborada ya por la práctica filial de los hijos de Dios (Pensemos, por ejemplo, en “Jesucristo, en Ti confío”) o puede salir del corazón del creyente de forma espontánea. Y creemos que no es una sea más importante que la otra aunque es verdad que si la jaculatoria está ya dicha de antes… pues es miel sobre hojuelas en el caso de que nuestro espíritu ande un poco “seco” espiritualmente hablando.

Es verdad que en la Biblia no se utiliza la palabra “jaculatoria”. Sin embargo, es más que cierto que hay muchos momentos en que lo que se dice podemos considerarlo como una. Así, por ejemplo:

“Señor, sálvame” (Mt 14, 30), que es lo que dice Pedro cuando se encuentra en el apuro de hundirse en el agua cuando va hacia Cristo,

“Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10, 47), que es lo que dice el ciego que se da cuenta de que puede ser curado. 

“Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino” (Lc 23,42), que es lo el denominado “buen ladrón” pide a Cristo a punto de entregar su espíritu, y, por fin, 

“Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28), que es lo que dice el incrédulo Tomás cuando se da cuenta de que, en efecto, su Maestro ha resucitado. 

En fin, podemos decir que desde siempre la Iglesia ha hecho uso de la jaculatoria pues es sencilla de aprender y no requiere de demasiado esfuerzo de memoria. Además, por eso mismo, puede ser dicha por cualquier persona: niños, adultos, ancianos…

Además, este tipo de oración bien puede responder a lo que San Pablo dice en 1 Tes 5, 17 y que no es otra cosa que “Orad sin cesar” porque la jaculatoria es apta para cumplir con tal realidad y necesidad espiritual.

La jaculatoria permite orar en cualquier momento de la vida porque la podemos lanzar al Cielo cuando trabajamos (“Todo por ti, Señor”), cuando nos encontramos ante una dificultad (“Jesús, en Ti confío) o cuando empezamos alguna actividad (“Ven, Espíritu Santo"). Incluso cuando nos encontramos ante una tentación (“Jesús, ayúdame”) o también cuando estamos ante una situación en la que alguien esté sufriendo (“Señor, ten misericordia de nosotros”) En fin… que el mundo de la jaculatoria es verdaderamente inacabable y tiene mucho campo donde sembrar pues no es otra cosa que salga de nuestro corazón para que dé fruto si abundante, mejor. 

Por otra parte, es verdad que se ha tenido y se tiene a la oración como una forma de elevar el alma hacia Dios. Y la jaculatoria, por serlo y por sus especiales características (brevedad, devoción personal, etc.) nos permite que nuestra alma vuele alto, alto, alto hacia Aquel que la infundió en nuestro espíritu o si no se trata del Todopoderoso a quien la dirigimos que sea bien recibida por su destino final.

Sólo nos queda por decir que la estructura de este pequeño libro es bien sencilla: cada mes del año está dedicado a un tema particular. Así, por ejemplo, enero está dedicado a Dios y todas las jaculatorias tienen tal sentido; mayo está dedicado a la Virgen María o, en fin, diciembre (por ser cuando celebramos su nacimiento) está dedicado a Jesucristo, Rey del Universo y Dios mismo hecho hombre. Y además por eso de que los últimos serán los primeros.

Esperamos que sean de su agrado espiritual y que hagan volar el alma al mismísimo Cielo.

Les dejó aquí el Índice:

Introducción 

Meses

Enero 

Febrero

Marzo

Abril

Mayo

Junio

Julio

Agosto

Septiembre

Octubre

Noviembre

Diciembre

Un necesario Epílogo

Acerca del autor 

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

……………………………

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

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