InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Defender la fe

2.11.16

Nuestras Benditas Almas del Purgatorio-Purificatorio (+ Novena)

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Decir que las Benditas Almas que están en el Purgatorio-Purificatorio son nuestras no es hacer alarde acaparador ni nada por el estilo. En realidad, son nuestras porque, además, podemos pedir por ellas y ella, también, por nosotros pues debemos mantener una sana y gozosa relación con aquellas almas que, por una falta de mérito (aunque sea pequeño) no han podido ir al Cielo, digamos, de forma directa tras su muerte y Juicio particular. 

Y están allí. Lo bien cierto es que el Purgatorio-Purificatorio no está cerrado a la oración el resto de mese del año.

Seguramente muchos hermanos nuestros católicos tienen muy en cuenta todo el año a las almas que están limpiando sus manchas y quedando limpias para subir al Cielo donde les espera la Bienaventuranza y la Visión Beatífica. Pero también es posible, y más que posible, que salvo este mes de noviembre, especialmente dedicado a ellas y a los Santos, el resto del año (¡y son 11 meses!) muy poco se las tiene en cuenta. Y que Dios me perdone si me equivoco o exagero…

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1.11.16

Los santos del Cielo; el Cielo de los santos (+ Reproducción libro)

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Cuando llega el 1 de noviembre, a los católicos se nos pone el corazón en un puño. Y es que nos acordamos, de una forma muy especial, de aquellos hermanos nuestros que han sido de tal forma fieles a Dios que no ha habido más remedio que considerarlos santos. Es decir, a pesar de que es posible que también pecaran en alguna ocasión de su vida (de hecho nacieron, como todos a excepción de Cristo y María, la Madre) con el pecado original y, al menos, en eso, eran como todos los demás. Aunque con toda seguridad no son sólo santos tales sino que otros muchos, como veremos abajo, también lo son aunque no tengan una consideración propia como tales o, por decirlo pronto, no estén en el santoral y en los calendarios.

Lo bien cierto es que aquellos que están incluidos en el Libro de los Santos tuvieron, a lo largo de su vida, una merecida fama de santidad. Por eso cuando la correspondiente comisión vaticana determina, tras el necesario proceso, que una persona merece, ha merecido, alcanzar el Cielo, seguramente mucho tiempo antes ya era así considerado por muchos y bien se podría aplicar eso de “eso ya lo sabía yo”.

Pues bien, esos muchos “ya lo sabía yo” es lo que se denomina, más seriamente, “fama de santidad”. Y es que a veces popularmente decimos las cosas de una forma si bien sencilla, bien cierta y no equivocada. Por eso cuando los Santos Padres, véase Papas, han determinado los dogmas de los que gozamos ahora mismo como, por ejemplo, el de la Inmaculada Concepción de María, mucho tiempo hacia ya que el pueblo católico consideraba que la Madre de Dios sólo podía haber sido concebida sin pecado.  Y no sólo el pueblo común sino pensadores menos comunes y con más conocimientos espirituales. Pero, como las cosas de palacio van despacio… 

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28.10.16

Halloween y las obras de Satanás

 

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El Padre de la mentira, el Príncipe de este mundo o, simplemente, Satanás, el Diablo, sabe cómo embaucar a los hombres. Siempre hace uso de las técnicas, más o menos refinadas pero tendentes a hacer caer en su trampa a los que, a lo mejor, están ya casi preparados (por las cosas del mundo o/y  la simple ignorancia) para caer en ella. 

Esta cosa que se celebra allende de nuestras fronteras llamada Halloween es una de las obras de las que Satanás se vale para engañar dulcemente a los hijos de Dios. De todas formas, no importa que sea una fiesta extranjera sino lo que la misma significa. Eso sí; lo otro importa bien poco. 

Sin embargo, hay muchos que, al parecer, no acaban de comprender que se trate de eso sino que se sostiene que no es más que una fiesta en la que los niños se disfrazan y piden o dan caramelos… 

Sin duda que se trata de caramelos pero los mismos están envenenados porque se fundamentan en una celebración exacta y puramente satánica. 

¿Puede ser cierto eso que, al parecer, es inocente?

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12.10.16

La Virgen de la Hispanidad: Guadalupe y Pilar

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Como suele pasar en las cosas de los hombres, tampoco iba a evitar cierta polémica si se trata de la Virgen de Guadalupe (Cáceres, España) o la Virgen del Pilar (Zaragoza, España) sobre la que debe recaer, digamos, el patronazgo de ser la Virgen de la Hispanidad. 

Digamos que, según está establecido, corresponde a la segunda, que tiene su sede, como decimos arriba, en Zaragoza (España). Sin embargo eso, a nosotros, debe importarnos bien poco porque se trata de la Madre Dios y, sea como sea y lo que sea, es lo que es: Madre nuestra. Importa, sí, el echo de la evangelización de  América, lo que ha supuesto para la humanidad que un territorio hermano tan vasto recibiera la imagen de María y se acogiera a ella con todo gozo y amor. 

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8.09.16

La Madre que nace

 Natividad de Bamberg

 (Natividad de Bamberg, Alemania)

Independiente del día que se fijó como el del nacimiento de la Virgen María, el lugar de nacimiento o, en fin, el momento en el que la Iglesia católica decidió celebrar su natividad, el caso es que, en un momento determinado nació una niña de Joaquín y Ana. Aquella niña iba a ser muy especial para la historia de la salvación que, no podemos negarlo eso, era esperada por el pueblo judío desde hacía muchos siglos. Es más, seguramente, desde el mismo momento en el que Abrahám aceptó el mandato de Dios, desde entonces, aquel grupo de seres humanos supo que la salvación empezada a caminar con ellos.                   

Pues bien, cuando nace aquella niña nadie, salvo Dios, sabía qué era lo que iba a pasar. No es que el Creador supiera que, en un determinado momento, iba a forzar a María a aceptar lo que le dijera su Ángel. No. De lo que estaba seguro el Todopoderoso era que aquella recién nacida iba a ser fiel a su Padre del Cielo porque era lo que su Padre del Cielo quería de ella. Era, por así decirlo, una convicción mutua, una forma de saber que lo que debía pasar… iba a pasar. 

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