21.10.26

¿Los sacerdotes católicos están dispensados de cumplir el tercer mandamiento de la ley de Dios?

“Recuerda el día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás todos tus trabajos, pero el día séptimo es día de descanso para el Señor, tu Dios. No harás ningún trabajo” (Ex 20,8-10). El “sábado”, día de descanso, evoca en la Escritura la creación, la liberación de Israel de la esclavitud de Egipto, el signo de la alianza de Dios con su pueblo. El sábado tiene un profundo sentido antropológico, ya que interrumpe los trabajos cotidianos y concede un respiro: “Es un día de protesta contra las servidumbres del trabajo y el culto al dinero” (“Catecismo de la Iglesia Católica”, 2172).

Un filósofo contemporáneo como Byung-Chul Han reivindica la vida contemplativa y ha elogiado “la inactividad”: “Ya no conocemos aquel reposo sagrado y festivo que «reúne intensidad vital y contemplación y que incluso es capaz de reunirlas cuando la intensidad vital llega al desenfreno». El «tiempo libre» carece tanto de la intensidad vital como de la contemplación. Es un tiempo que matamos para impedir que surja el tedio. No es un tiempo realmente libre, vivo, sino un tiempo muerto. Una vida intensa hoy implica, sobre todo, más rendimiento o más consumo. Hemos olvidado que la inactividad, que no produce nada, constituye una forma intensa y esplendorosa de la vida. A la obligación de trabajar y rendir se le debe contraponer una política de la inactividad que sea capaz de producir un tiempo verdaderamente libre”.

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17.10.26

Una práctica contraria a la pastoral: Celebrar la Misa más de una vez al día

La excepción, dice el refrán, confirma la regla. Y la regla general, en lo referente al número de veces que un sacerdote puede celebrar la Santa Misa en un día, es extraordinariamente clara: “Exceptuados aquellos casos en que, según el derecho, se puede celebrar o concelebrar más de una vez la Eucaristía en el mismo día, no es lícito que el sacerdote celebre más de una vez al día” (Código de Derecho Canónico, c. 905, &1). Se puede celebrar tres veces la Santa Misa el día de Navidad y en la Conmemoración de los Fieles difuntos y concelebrar, aunque ya se haya celebrado o se vaya a celebrar aparte, en la Misa Crismal.

La excepción es la siguiente: “Si hay escasez de sacerdotes, el Ordinario del lugar puede conceder que, con causa justa, celebren dos veces al día, e incluso, cuando lo exige una necesidad pastoral, tres veces los domingos y fiestas de precepto” (c. 905, &2). El Código no deja al criterio del sacerdote escoger el número de veces que ha de celebrar, sino que apela a una concesión motivada del Ordinario del lugar cuando hay escasez de sacerdotes.

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13.10.26

La esencia del cristianismo y la coherencia institucional

En ocasiones, lo que puede parecer más teórico resulta lo más práctico. Hay que buscar el ser tras el obrar, sin separar ambas dimensiones, sin disociar la “teología” de la “economía”, la “doctrina” de la “pastoral”.

            Respondiendo a la pregunta sobre la esencia del cristianismo, sobre qué es lo propiamente cristiano, Romano Guardini escribe: “no hay ninguna determinación abstracta de esta esencia. No hay ninguna doctrina, ninguna estructura fundamental de valores éticos, ninguna actitud religiosa ni ningún orden vital que pueda separarse de la persona de Cristo y del que, después, pueda decirse que es cristiano. Lo cristiano es él mismo, lo que a través de él llega al hombre y la relación que a través de él puede mantener el hombre con Dios”. La persona de Jesucristo, en su unicidad histórica y en su gloria eterna, es la categoría que determina el ser, el obrar y la doctrina de lo cristiano.

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11.10.26

Fray Juan de Navarrete y las vidas entrelazadas

El historiador griego Plutarco escribió, entre los siglos I y II de nuestra era, una serie de biografías emparejadas por alguna similitud de personajes ilustres, griegos y romanos, estableciendo una comparación entre ellos; por ejemplo, entre Teseo, el héroe fundador de Atenas, y Rómulo, el fundador y primer rey de Roma. El título de esta obra es “Vidas paralelas”. Cuando se habla de líneas paralelas se dice que mantienen la misma distancia entre sí en todos sus puntos. Plutarco parece emplear el término “paralelas” en el sentido de trayectorias existenciales semejantes. Sí puede establecerse un cierto símil entre una biografía y otra, pero difícilmente las vidas de los seres humanos permanecen en una perfecta equidistancia entre ellas, sino que, más bien, suelen entrelazarse unas con otras.

            Un ejemplo de estas relaciones mutuas que van surgiendo a lo largo del proceso vital lo proporciona la biografía de fray Juan de Navarrete – nacido en Navarrete (Logroño) hacia 1488 y fallecido en Sanxenxo (Pontevedra) en 1528 -. La huella dejada por san Diego de Alcalá (c.1400-1463), hermano lego franciscano fallecido en la ciudad complutense donde se conserva su sepulcro, animó, por su santidad misionera y caritativa, al joven Juan de Navarrete para profesar en Alcalá de Henares como religioso franciscano y ser ordenado sacerdote.

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9.10.26

Un artículo sobre la oración de Jesús publicado en la revista "Compostellanum"

Guillermo JUAN MORADO, “La oración de Jesús en el pensamiento de Joseph Ratzinger. Una aproximación teológico-fundamental", Compostellanum 71 (2026) 11-52.

SUMARIO

I. Introducción

II. Principales testimonios de la oración de Jesús

2.1. La oración de Jesús compendiada en el padrenuestro

2.2. La elección de los discípulos

2.3. La confesión de fe de Pedro

2.4. La transfiguración

2.5. La oración sacerdotal

2.6. La Última Cena

2.7. La oración en el Huerto de los Olivos

2.8. Las palabras de Jesús en la cruz

III. El sentido teológico de la oración de Jesús

3.1. La oración como revelación de la identidad de Jesús como Hijo

3.2. La oración de Jesús y la reflexión cristológica

3.3. La oración de Jesús y los principales misterios de su vida

IV. La relevancia antropológica de la oración de Jesús

V. Conclusión

Bibliografía

 

Resumen: Joseph Ratzinger estudia los principales testimonios, vinculados a momentos decisivos de la vida y ministerio de Jesús, que los evangelios han dejado sobre su oración. Estos textos posibilitan fundamentar la reflexión teológica sobre Jesús y la legitimidad del dogma cristológico. En su oración se revela, de un modo completamente singular, como «Hijo», lo que permite desarrollar, sin dar la espalda a la exégesis histórico-crítica, una «cristología espiritual», que parte de la oración de Jesús, consiente participar en ella para acceder al centro de su persona y establecer, de este modo, una relación con él. De la escucha de los testimonios y de la lógica de la cristología que de ellos se deriva se pueden extraer consecuencias significativas para iluminar la existencia humana.

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