18.10.18

Carta abierta a los obispos de Comodoro-Rivadavia respecto a los ataques feministas de Trelew

 

Un ataque con bombas molotov al edificio de la municipalidad de Trelew y pintadas a una iglesia dedicada a María Auxiliadora, marcó el 33° Encuentro Nacional de Mujeres (ENM) realizado del 13 al 15 de octubre en la Patagonia de Argentina.

El encuentro se llevó a cabo en la ciudad de Trelew, provincia de Chubut, y se centró especialmente en la promoción del aborto y de la ideología de género.

Así, el domingo 14 se realizó una marcha por las calles de la ciudad con consignas a favor de la legalización del aborto y la separación Iglesia-Estado. Durante esta manifestación un grupo de feministas hizo un «tetazo colectivo» frente a la parroquia María Auxiliadora y la municipalidad de Trelew y realizó diversos ataques.

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6.02.18

Nazaret

Hoy es un día especial. Todos los 31 de enero lo son desde hace once años. Porque hoy hace años que nos asaltó el acontecimiento más impactante de nuestras vidas. Muchas veces me habéis preguntado, queríais saber más sobre nuestra experiencia en este sentido…y hoy me ha parecido un buen día para hacerlo. Quiero hacerlo bien, sin entrar en tecnicismos ni términos médicos. Omitiré también algunas reacciones de algunos médicos, y el trato que nos dio alguno de ellos, porque ésto no pretende ser un post de denuncia y quiero, que a pesar de todo, nos quedemos con lo bueno. Quiero hacerlo desde el corazón. Espero ser capaz de transmitiros lo que supuso y supone para nosotros aún cada día. Creo que voy a abriros las puertas de mi corazón más allá de lo que había pensado, y me aterra un poco, pero pienso que conocer la verdad de esta historia podría ayudar a quien haya pasado o pasa por lo mismo…y con que una sola persona se sienta reconfortada por este testimonio, habrá merecido la pena. Es otro tono distinto que al que os tengo acostumbrados, lo sé…pero la ocasión así lo pide. Vamos allá.

La historia de Nazaret comenzó un año antes de su llegada. Porque el 10 de febrero de 2006 nació nuestro tercer hijo, Fernando. El día de su nacimiento, y las semanas que le siguieron, fueron nuestro primer contacto con el sufrimiento real desde que nos casamos cinco años antes. Fernando fue prematuro (es el siguiente parto en la serie, así que ya os contaré con más detalle), y aparte de la prematuridad tuvo serias complicaciones derivadas de su ingreso, que fue larguísimo. Resultó contagiado de una meningitis bacteria que le tuvo al borde de la muerte…imaginaos, tan pequeño…gracias a Dios superó todo aquello, y pese a los malos pronósticos, salió de aquello sin apenas secuelas. La secuela más grande había quedado en nuestros corazones, eso sí. Es cierto que durante todo el proceso de su enfermedad e ingreso, que fue largo, tedioso, y lleno de subidas y bajadas, yo me sentí fuerte, y muy sostenida. Pero cuando pasaron unos meses, y viendo que el niño salía adelante, empecé a tener miedo. Miedo de pasar otra vez por lo mismo. Las que hayáis pasado por algo así me entenderéis. Ver sufrir a un hijo, y más cuando es un bebé, Tan inocente, tan frágil…despierta en tí una sensación de impotencia que no se puede explicar con palabras. No quería de ningún modo volver a pasar por aquello. Y por eso decidí que no quería más hijos. Si no había bebé, no había sufrimiento posible, esa ecuación tan chula me monté en mi cabeza.

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30.01.18

También en nuestra casa caminamos hacia el martirio

San Antonio Abad, cuya fiesta celebramos hace poco, decidió irse al desierto en búsqueda de la santidad. Ya que hasta entonces el martirio se veía como la única fuente de santidad, y por aquella época había desaparecido, el Padre del Monacato encontró una nueva forma de “martirio”, de testimonio[1]. Santa Teresa afirmaba que existen dos tipos de mártires en el mundo: Los mártires “a espada” –esto es, aquellos que dan literalmente la vida por Cristo en un acto puntual de amor heroico- y los mártires “a alfilerazos” –estos son los que dan su vida, metafóricamente, poco a poco, día a día, en un continuo acto de amor a Cristo-. De este segundo tipo de martirio quería hablaros hoy; porque si bien es cierto que el martirio a espada prácticamente ha desaparecido en el mundo occidental del s. XXI, el martirio a alfilerazos está más presente que nunca debido a la inmensa persecución social y política a los cristianos. Y aunque por suerte o por desgracia el martirio de concepción clásica sigue muy presente en el mundo oriental, me dirijo a un público occidental, que en muchos de los casos no sabe interpretar el momento que está viviendo.

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15.01.18

Llegó el hambre a Venezuela

“No se puede rezar a Dios con el estómago vacío”.  Así decía un obispo hace unos meses. Perdone, Sr. obispo, pero hay alguna excepción. Por ejemplo Alexander y Verónica, una familia con cinco hijos uno de ellos en el cielo,  dicen que tienen la buena costumbre de hacer casi todos los días una comida. Alguna vez sucede que, cuando regresan los muchachos de sus clases, la primera visita que hacen es a la nevera y al encontrarla vacía se temen lo peor. Entonces el padre, la madre y los hijos se sientan en torno a la mesa. “Hoy, dice al padre, el Señor quiere que participemos de lo que sucede a tantos venezolanos que no tienen qué comer y por eso sufren, rabian y critican todo lo criticable. Es natural. Nosotros sabemos que somos hijos de Dios y que Él lleva nuestras vidas y nos da lo que necesitamos. Vamos a bendecirle y a rezar por los que no le conocen.

Leen los salmos de la hora intermedia y proclaman el evangelio del día. Lo comenta el padre, la madre y los hijos. El Pan de la Palabra ha calmado las ansias del pan material. Joseph Ratzinger decía en una homilía el año 1991: La traducción más exacta de “Danos hoy nuestro pan de cada día” sería “Danos hoy nuestro PAN ESENCIAL de cada día”.

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1.01.18

Una Navidad en su justo contexto

«La alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará tu Dios contigo» (Isaías 62,5). Esta frase del Profeta puede ayudamos a considerar la grandeza del Día de Navidad. El Dios Creador ha decidido enviar a su Único Hijo para salvarnos. Él se alegra al realizar su plan de salvación, así como el marido se alegra junto a su esposa. Qué dichosos y privilegiados somos al creer y celebrar al Dios que comparte lo que somos, que nace como nosotros, llora, juega, aprende, y que, al mismo tiempo, nos enseña el camino al cielo! Cuán dulce y reconfortante es llamar a Jesús el Emmanuel, el Dios con nosotros! ¡Cuánto nos enseña este Día de esplendor! ¡Dejémonos cautivar por él, permitámosle a Dios damos un consuelo grande, fruto de su presencia entre nosotros!

La Navidad en Puerto Rico no puede celebrarse sin considerar lo que ha ocurrido en «La isla del Cordero». Hemos sido testigos de un evento atmosférico que «nos ha dado con todo lo que tenía». Como consecuencia, nos ha dejado con la boca abierta, mudos de dolor y hartos de cierta impotencia. Hemos tenido que cambiar nuestros estilos de vida y volver a prácticas de nuestros antepasados. El miércoles 20 de septiembre quedará en nuestra memoria colectiva. Hoy pretendo que miremos todo lo acontecido a la luz del nacimiento de Jesús, nuestro Señor, y que para ello, nos dejemos orientar por el «Belén contextualizado» que han preparado los feligreses de la Parroquia Santísimo Sacramento de Arecibo.

A grandes rasgos, en este nacimiento, han plasmado la realidad actual de los puertorriqueños, en medio de la cual nace el Hijo de Dios, Cristo, nuestro Señor. Describámoslo brevemente. Hay una montaña, llena de abundante tierra y escenas muy significativas. La tierra y las piedras utilizadas son de los deslizamientos ocurridos en la propia comunidad. ¡Cuántos hubo y cuántos aún permanecen! Nuestros hermanos de El Valle estuvieron una semana incomunicados. ¡ Cuántos caminaron grandes distancias para ver a sus familiares! Observamos casas sin sus techos. ¡ Cuántos hogares nuestros han quedado a la intemperie! Pareciera que el Huracán María ha violado nuestra intimidad sin ninguna piedad. También hay casas al borde del precipicio. Precisamente, hay miembros de nuestra Parroquia Santísimo Sacramento que han sido removidos de sus hogares como consecuencia de deslizamientos. Además, en el creativo nacimiento, hallamos casas inundadas. La Casa de Dios, el Templo Santa Cecilia, cogió alrededor de 2 pies de agua y la casa del cura recibió algunas pulgadas del Río Tanamá. Asimismo, encontramos hombres con sierras, palas, machetes… El jueves 21, cuántos de nosotros tuvimos que salir de nuestros hogares a limpiar las calles de nuestros barrios. Hay postes caídos y nosotros en todos nuestros sectores aún no contamos con el servicio de energía eléctrica (me refiero a las dos Parroquias a las que sirvo: Santa Cecilia y Santísimo Sacramento). Hay un tubo manando agua y todos nosotros hemos tenido que buscar agua aquí o allá y bañarnos a «bofetá limpia». Vemos una tabla de lavar, cosa que muchos de nuestros niños y jóvenes ni conocían, y ya a todos nos resultan familiares.

¡Varias personas «hicieron su agosto» vendiendo tablas de lavar en los paseos de nuestras calles! En una de sus paredes localizamos nuestra Bandera, la monoestrellada, que como consecuencia de este fenómeno ha vuelto a resurgir. Es nuestro símbolo patrio. En el fondo y en el centro de todo este panorama está la Sagrada Familia, con Jesús en el centro. Desde este acontecimiento cobra sentido todo lo que hemos vivido, por eso arriba dice lo siguiente: «Levántate, pueblo, refúgiate en mí».

Amigos, la tierra que hemos visto deslizarse nos recuerda que somos polvo y al polvo hemos de volver. Las piedras inmensas que hemos visto rodar nos invitan a considerar la realidad de nuestra pequeñez y vulnerabilidad. Nuestras casas sin techos nos mueven a volver a ponernos a la obra y considerar que no estamos creados para echar raices permanentes en este mundo, porque aquí nada es totalmente seguro, todo es perecedero. Nuestras casas al borde del precipicio nos llaman a confiar en la providencia de Dios que nos sostiene y no nos desampara. Dice el salmista: «Él no permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel» (Salmo 120, 3-4). Nuestras casas inundadas y llenas de fango del río nos llevan a meditar en la necesidad de limpiar nuestra casa interior, de cuidarla bien porque la tempestad siempre está amenazando. Las personas con sierras, palas y machetes nos recuerdan la generosidad de un pueblo unido, lo que se logra cuando unimos las manos y no nos dejamos caer ante la tempestad. ¡Ustedes imaginan lo que hubiera ocurrido en Puerto Rico si nos hubiéramos sentado a esperar que el gobierno limpiara nuestras calles! Los postes caídos y la falta de electricidad nos empujan a refugiarnos en Cristo, Luz del Mundo, en el cual jamás nos quedaremos a oscuras. El lavar en tablas nos ha llevado a tomar en cuenta el sacrificio de nuestros antepasados, cómo salieron adelante, y a darnos cuenta que con nuestras manos también es posible hacer lo que hoy realizan las máquinas.

La Bandera de Puerto Rico nos inspira amor a nuestra isla, a nuestros valores, a salir adelante sin salir corriendo, a no darnos por vencidos, a continuar en pie de lucha. Todo este giro, de lo que aparentemente ha sido todo un desastre, es posible por el resplandor que brota de Belén, por la presencia renovadora del Dios con nosotros. Dios se ha encamado, ha nacido, ha convivido con nosotros, y sabe de primera mano lo que es dolor y sufrimiento. Esto nos da la certeza de que en momentos difíciles Jesús continúa siendo nuestro Hermano, nuestro Dios y Señor, la Providencia misma. ¡Hermanos!, encaminémonos todos a Belén, tomémonos de las manos y en medio de nuestras circunstancias, confiemos en el abrazo providente de Dios, recibamos su sonrisa en la pequeñez de un Niño. Allí nuestras inquietudes encontrarán sosiego, nuestras preguntas hallarán respuestas, nuestro lamento se convertirá en un canto de alabanza.

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