InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Defender la fe

31.01.20

Don Bosco, tal día como hoy

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El 31 de enero de 1888, tras una vida en defensa del futuro más necesitado, subió a la Casa del Padre Juan Bosco, más conocido como Don Bosco, pronunciando unas palabras que definían, a la perfección, su vida, peregrina hacia el definitivo Reino de Dios: “Quereos como hermanos. Haced el bien a todos, el mal a nadie… Decid a mis muchachos que los espero a todos en el Paraíso”.

Así, podemos decir que fueron 3 los ejes a través de los cuales pasó la vida del que sería nombrado, en 1998 (a los 100 años de su muerte), por San Juan Pablo II, “Padre y Maestro de la Juventud”: el Amor, la Bondad y la Juventud.

El Amor

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Si el Amor, la Caridad, es la primera Ley del Reino de Dios, Don Bosco fue un representante digno de su cumplimiento. Cuando trata de que la vida de los jóvenes de Turín mejore, siempre llama su atención haciéndoles ver que, a pesar de ser pobre como ellos, compartiría su escaso pan con aquella juventud necesitada de tantas cosas materiales y, sobre todo, de tantas maravillas espirituales desconocidas por ella.

El Amor lo refleja Don Bosco cuando, en una ocasión, tras pedirle a los jóvenes que manifiesten, escribiendo, cuál es el regalo que desean, les ofrece (a ellos y a nosotros, también) una llamada “receta de santidad”:

1.-Alegría
2.-Hacer bien los deberes, los del colegio y los del buen cristiano
3.-Hacer bien a los demás.

Mediante la alegría, Don Bosco, se relaciona con aquellos jóvenes desfavorecidos de la sociedad italiana y mediante la alegría, manifiesta que la Iglesia católica puede ser punto de unión entre ellos y Dios.

Por otra parte, llevar a cabo lo que a cada cristiano corresponde, y hacerlo de forma adecuada y correcta, es buen índice de comportamiento querido por Dios.

Por último, el hacer bien a los demás, era, exactamente, la respuesta del amor del cristiano que Don Bosco recomendó a sus jóvenes pero que, por extensión, a todos nosotros nos llega.

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6.01.20

Y Dios se presentó al mundo

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Por tradición tenemos por cierto y verdad que los Reyes Magos se presentaron en el portal de Belén en el momento del nacimiento. Sin embargo, no sabemos si eso fue así o lo hicieron pasados unos días, antes de que se fuera la Sagrada Familia a Egipto por el aviso que se le dio a San José acerca de las malas intenciones de Herodes de pasar a cuchillo al Hijo de Dios o, en todo caso, a todos los que pudiera. Y eso fue lo que hizo pero, gracias al Todopoderoso, no sucedió lo mismo con su Hijo.

Esto lo decimos porque se puede pensar que los Reyes Magos, fuera de la imagen idílica del Belén… en fin, como que no pueden ser. Y estamos más que seguros de que sí, lo fueron y allí estuvieron pero en unas circunstancias menos, digamos, edulcoradas… Y eso no nos quita, para nada, ni un ápice de nuestra fe y de nuestra creencia en lo que sucedió… eso que no se olvide nunca.

Aquí, de todas formas, no creemos que tenga importancia, siquiera, aquella visita sino que la misma venía a confirmar lo que era la Voluntad de Dios y lo que había hecho al procurar el nacimiento de su Hijo de una joven Virgen y, para más señas, Inmaculada.

Lo que queremos decir es que lo que importa en este día es, sin duda alguna, la manifestación, llamada por eso Epifanía, del Mesías al mundo, entonces, conocido.

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1.01.20

Santa María, Madre de Dios... y nuestra

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Es cierto que hoy no naces,

ni vienes al mundo

ni recordamos tu Asunción

ni que Inmaculada eres.

 

Es cierto que tampoco

has visitado a Isabel,

prima y madre de Juan

ni por tu boca el Magnificat

has orado.

 

Hoy, sin embargo,

y porque Dios lo quiso,

pudo y lo hizo,

te traemos al presente

porque empezamos un año

y nada hay mejor

que amar a quien nos ha amado.

 

Hoy es día solemne

y así lo dice el Calendario

con el que nosotros católicos

caminamos a diario.

 

Solemne es porque recordamos

a María, aquella joven judía

que por esclava se había entregado

y dióse a Dios como Madre que porfía

por haber sido así elegida.

 

María, Madre de Dios…

es expresión tan perfecta

que nada puede haber mejor

que en el corazón ponerla.

 

María, Madre de Dios…

es exactitud tan cierta

que decir cosa distinta

sería mentir a boca abierta.

 

María, Madre de Dios…

y nuestra,

desde que Cristo, Su Hijo,

miró a Juan y se la dio por maestra.

 

María, Madre de Dios,

Madre de todos los hijos del Padre,

de los que quieren que sea

y saben que Cristo, hermano,

la amó sobremanera.

 

María, hoy celebramos

que lo viejo ha pasado,

Virgen e Inmaculada,

portentos que Dios

tuvo a bien entregarlos.

 

María, Madre de Dios y Madre nuestra,

gracias, por eso te damos:

por haber querido ser cumbre

del Enamorado,

por soñar con un mundo incendiado

por el fuego que purifica

y querernos, a todos, cerca,

en el Cielo esperando.

 

María, Madre de Dios y Madre nuestra,

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

María es Madre y María es nuestra Madre.

…………………………….

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

27.12.19

Reírse a costa de una matanza de inocentes…

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No puede negar, el que esto escribe, que todo esto, año tras año y década tras década, le produce verdadero asco y no puede, ¡qué menos!, que criticar lo más fuerte que pueda tal situación.

¿Se imaginan ustedes que se celebrara, a risa amplia, el holocausto nazi o las matanzas comunistas que en el mundo han habido?

Sí, queremos decir que, por ejemplo, el 27 de septiembre (por poner una fecha) se pudiesen hacer bromas y reírse a costa de la muerte de muchas personas a manos de asesinos protegidos por el Estado. En fin…

A nadie se le ocurriría hacer eso porque sería de un gusto pésimo y, además, estaría más que alejada, tal celebración, de una mente sana y de un raciocinio medianamente presentable.

Sin embargo, da la impresión de según qué muertes y según qué las han causado no importan nada y, es más, año tras año, como decimos arriba, está bien y muy bien visto, hacer mofa de tal acontecimiento.

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24.12.19

Una noche con fruto bueno

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Digamos que la cosa no pintaba nada bien. Y es que, por mucha apariencia de mujer embarazada que tuviera la joven María, esposa de José, el carpintero de Nazaret, no había sitio alguno donde cobijarse en aquella noche (tradicionalmente reconocida como la previa al nacimiento del Hijo de Dios) de diciembre.

El caso es que el censo que había ordenado hacer el invasor romano traía a todos de cabeza. Y, de no haber sido así, a lo mejor el Mesías podría haber nacido en Nazaret aunque, por decirlo todo, las Sagradas Escrituras del pueblo judío decían que el Enviado de Dios habría de nacer, precisamente, en Belén.

Podemos ver, por tanto, que el Plan de Dios no iba a tergiversarse ni alterarse por mucho que el Emperador hubiera querido hacer aquel listado de sometidos suyos con intenciones, seguramente, recaudatorias de impuestos u otras cosas por el estilo… Y, por tanto, su Hijo iba a nacer en el lugar donde se había dejado escrito que iba a nacer.

Se suele hacer ver que aquella noche hacía frío. En realidad, no sabemos si lo hacía y, menos aún, si nevaba o no caía el agua en tal forma transformada. El caso es que la Tradición nos dice cosas que, aunque no estén recogidas, así dichas, en las Sagradas Escrituras que luego se escribirían (llamadas Nuevo Testamento), las tenemos por buenas porque, para eso fueron vividas por los testigos de aquello. Y nos fiamos de ellas o, por decirlo mejor confiamos en ellas, tenemos tal fe.

Pues bien. El pobre José no había encontrado ningún lugar donde poder descansar aunque, bien podemos imaginar, que lo que quería nuestro fiel amigo es que descansara María porque estaba en un estado, sí, de buena esperanza divina pero, al parecer, de poca humana…

Todo, sin embargo, no estaba perdido. Y no podía estarlo porque era Dios quien proveía. Y, al fin, encontraron un sitio, pobre sí, humilde también, pero válido para, al menos, poder pasar aquella noche que, a lo grande, fue llamada Noche Buena porque fue, en efecto, expresión de la Bondad de Dios que quiso que su criatura humana se salvara y que la salvación fuera para siempre, siempre, siempre.

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