InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Defender la fe

1.11.19

Santos, todos los que son

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Cada año, cuando llega la fecha del 1 de noviembre, vienen, a nuestra memoria, la vida y hechos de aquellas personas que, por su comportamiento y cumplimiento de la Palabra de Dios son un ejemplo para el resto de los católicos. 

Es cierto que, a lo largo del año celebramos a muchos santos, pero la Iglesia entiende que es importante dedicarles un día para que, al menos, tales 24 horas, sirvan para tener una conciencia, en conjunto, de aquellas personas que son, además, muy amadas por Dios aunque no estén propuestas por la Iglesia como ejemplos de vida cristiana porque, simplemente, eso resulta de todo punto imposible. 

De aquí que San Juan Pablo II, en la Homilía que sobre esta festividad de Todos los Santos del año 1997, dijera que 

“Durante todo el año celebramos la fiesta de muchos santos famosos. Pero la Iglesia ha querido recordar que en el cielo hay innumerables santos que no cabrían en el calendario”.

 

Sin embargo, no deberíamos creer que la fecha del 1 de noviembre es, exclusivamente, para que no olvidemos a los Santos sino que va mucho más allá porque va dirigida, tal fecha, a recordarnos la vocación a la santidad que cada persona creyente tiene. 

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24.10.19

Equivocarse de redil es grave, señores obispos

 

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Es más que conocida la imagen de Jesucristo como Buen Pastor. Y es que, claro, es Bueno pero también es Pastor que lleva a sus ovejas a comer buenos pastos espirituales y, luego, las devuelve al redil de donde no deben escaparse para no acabar perdidas por los montes del mundo.

Esto, nosotros, los católicos, lo tenemos como parte muy importante de nuestra fe. Es decir, sabemos que es básico considerar a nuestro hermano Jesucristo como el Pastor que nos conduce por buenos caminos y no permite (si no queremos, claro está) que nos perdamos.

Es cierto, de todas maneras, que si nos perdemos sale a buscarnos y se alegra mucho por un pecador que se ha convertido. Pero aquí no hablamos de eso sino de otra cosa.

A sabiendas de que todo el mundo conoce el tema que está acaeciendo en el Valle de los Caídos con el cuerpo allí enterrado del Generalísimo Francisco Franco Bahamonde, nos hemos llevado una sorpresa con esto que ha pasado.

Bueno, en realidad, no ha habido sorpresa alguna porque sabemos de qué pie cojea más de uno…

El caso es que nosotros, los católicos, esperamos de nuestros pastores (llamamos así, por ejemplo, a los Obispos aunque también puede hacerse eso con los sacerdotes que no lo son) que sean buenos pastores y que lleven a sus ovejas, nosotros, a pastar en buenos pastos. Es decir, que no nos den de comer malas hierbas espirituales o no nos dejen que nos cause daño en el corazón la ingesta de agua pútrida. Y en esas estamos, al parecer.

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30.06.19

El Rey de España… ¿Dónde estaba ayer?

Ayer domingo, 30 de junio del año de Nuestro Señor de 2019, el que esto escribe recibió un correo electrónico muy especial.

Se trata, y puede verse en la imagen que aquí ponemos, de la respuesta de la Casa Real (del Rey de España, claro está) al requerimiento a Su Majestad de que fuera su persona la que hiciera la renovación de la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús como hizo el entonces Rey de España, en 1919.

La cosa, contando en mayorías políticas, debía ser de poca importancia porque, al fin y al cabo, sólo firmamos la tal petición 16.813 católicos españoles y eso, claro está y según qué tipo de pensamientos, es poca cosa…

Digamos, en primer lugar, que parece algo de guasa y cachondeo, que la fecha de la firma de la dizque respuesta sea la del 30 de mayo, justamente un mes antes de la citada Consagración había ayer. En fin… hay quien o no da más de sí o es, simplemente, malo de toda maldad…

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23.06.19

¿Cuántos católicos saltaron las olas en la noche de San Juan?

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Como estoy más que seguro que la Venerable Marta Robin cede con gusto y gozo su día de publicación para un tema como el que sigue… en fin, que a ella me acojo para cambiar el artículo que correspondía a su serie por uno, digamos, de actualidad. Y con eso empezamos el mismo que, por cierto, es reproducción de uno publicado hace, nada más y nada menos, que 8 años. Pero… es que estamos seguros de que nada ha cambiado porque, seguro, ha empeorado.

Vayamos, pues, con la cosa.

 

“Ni que decir tiene que esta fiesta solsticial es muy anterior a la religión católica o mahometana. Uno de los antecedentes que se puede buscar a esta festividad es la celebración celta del Beltaine, que se realizaba el primero de mayo. El nombre significaba “fuego de Bel” o “bello fuego” y era un festival anual en honor al dios Belenos. Durante el Beltaine se encendían hogueras que eran coronadas por los más arriesgados con largas pértigas. Después los druidas hacían pasar el ganado entre las llamas para purificarlo y defenderlo contra las enfermedades. A la vez, rogaban a los dioses que el año fuera fructífero y no dudaban en sacrificar algún animal para que sus plegarias fueran mejor atendidas.

Otra de las raíces de tan singular noche hay que buscarla en las fiestas griegas dedicadas al dios Apolo, que se celebraban en el solsticio de verano encendiendo grandes hogueras de carácter purificador. Los romanos, por su parte, dedicaron a la diosa de la guerra Minerva unas fiestas con fuegos y tenían la costumbre de saltar tres veces sobre las llamas. Ya entonces se atribuían propiedades medicinales a las hierbas recogidas en aquellos días. El cristianismo fue experto en reciclar viejos cultos paganos.”

Este texto lo he copiado de un grupo denominado M.A.I.S. TOLTEKAHIOTL. A.C. “Mancomunidad de la Amerrikua Iniciática Solar". Dice lo que dice y se refiere, en concreto, a los “Orígenes paganos” de la celebración, digamos, del solsticio de verano y, en concreto, de la noche de San Juan o, lo que es lo mismo, la madrugada entre el 23 y el 24 de junio.

Otro texto más:

“Se trata de una fecha cargada de simbolismos y de magia, en la que las deidades de la naturaleza, las hadas y los duendes andan sueltos por los campos para bendecirlos, siendo posible tropezarse o comunicarse con ellos.

Las celebraciones del Solsticio de Verano están llenas de símbolos y otras alusiones de carácter solar, como las hogueras (encendidas con el doble propósito de purificar y ayudar al Dios Sol a mantener vivo su poder) .Se trataba de una festividad que celebra el placer y la alegría de la vida y la abundancia de la naturaleza.


En esta noche, tradicionalmente, se recolectan las hierbas mágicas y medicinales que se usarán durante el resto del año, así como también se recoge agua de los manantiales o del mar a la que se le atribuye milagrosas propiedades por estar situado el Sol a cero grados de
Cáncer, signo de agua. Está considerado como uno de los mejores momentos para la magia, siendo especialmente eficaz toda aquella relacionada con ritos de amor, salud y prosperidad.”

Este texto lo he traído aquí y viene de un blog titulado Masonería para todos”.

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30.04.19

San José, obrero y maestro de Cristo

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Nos dirigimos a ti, Oh bendito San José, nuestro protector en la tierra, como quien conoce el valor del trabajo y la respuesta a nuestro llamado. A través de tu Santa Esposa, la Inmaculada Virgen Madre de Dios, y sabiendo el amor paternal que tuviste a nuestro Señor Jesús, te pedimos nos asistas en nuestras necesidades y fortalezcas en nuestros trabajos. 

Por la promesa de realizar dignamente nuestras tareas diarias, líbranos de caer en el pecado, de la avaricia, de un corazón corrupto. Se tú el solícito guardián de nuestro trabajo, nuestro defensor y fortaleza contra la injusticia y el error. 

Seguimos tu ejemplo y buscamos tu auxilio. Socórrenos en todos nuestros esfuerzos, para así poder obtener contigo el descanso eterno en el Cielo. Amén.”

(Oración tradicional dedicada a San José)

 

 

A San José se le reconocen muchos patronazgos. Sin embargo, uno de los que más destaca es el de ser el patrono del trabajo. Y es que San José, como es más que sabido, además de ejercer de padre adoptivo de Jesús tenía una profesión con la que se ganaba la vida. De su labor de carpintero que, seguramente, enseñó a Jesús, ha devenido un patronazgo sobre el trabajo que es digno de tener en cuenta y de hacer mención de él. Y, claro, podemos creer que también fue, en cierta manera, el maestro de Jesucristo.

 

Al respecto de lo del patronazgo sobre el trabajo, Pío XII instituyó la festividad de San José Obrero, aunque podemos imaginar que, al menos, el pueblo creyente católico tenía al padre adoptivo de Jesucristo por muy importante en el mundo del trabajo desde hacía muchos siglos (pues así suelen ser las cosas cuando se declara que alguien es importante… el pueblo ya sabía y nada surge de la nada, claro está). Y lo hizo para que, a partir del 1 de mayo de 1955 se celebrara, con especial énfasis, a la figura de aquel hombre que supo mantenerse fiel a Dios en sus convicciones espirituales pero, también, que supo transmitir un amor por el trabajo del que hoy día aún vivimos. En aquel entonces dijo a los trabajadores reunidos en la Plaza de San Pedro (más de 200.000) que “el humilde obrero de Nazaret, además de encarnar delante de Dios y de la Iglesia la dignidad del obrero manual, sea también el próvido guardián de vosotros y de vuestras familias”.

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Destacó, entonces, la humildad y la dignidad de quien trabaja  con sus manos. En cuanto a la primera, virtud importante para el cristiano, José la representó a la perfección al manifestarla en cada una de sus acciones a lo largo de su vida; en cuanto a la segunda, la labor llevada a cabo manifestó lo que cada cual, con su propio trabajo, puede llegar a transformar su vida y llenarla con el amor de Dios. 

José, obrero, representa, también, la preocupación que la Iglesia católica ha tenido y tiene por el mundo del trabajo. Así, por ejemplo, desde que en 1898 León XIII abordara el tema del trabajo en su Encíclica Rerum Novarum han sido muchos los documentos que han tratado tan importante realidad como Quadragesimo Anno, de Pío XII, Mater  et magistra, de San Juan XXIII, Gaudium et spes, del Concilio Vaticano II, Populorum Progressio, de San Pablo VI, y la Laborem exercens, de San Juan Pablo II en la que, además, profundizó el Papa polaco en la espiritualidad del trabajo.

 

Por otra parte, San Juan XXIII, de grata memoria, terminó su alocución el día de la fiesta de San José Obrero del año 1959 con una oración que nos dice mucho acerca de la figura de tan importante persona en la historia de la salvación. Decía lo siguiente:

 

¡Oh glorioso San José, que velaste tu incomparable y real dignidad de guardián de Jesús y de la Virgen María bajo la humilde apariencia de artesano, y con tu trabajo sustentaste sus vidas, protege con amable poder a los hijos que te están especialmente confiados!

 

Tú conoces sus angustias y sus sufrimientos porque tú mismo los probaste al lado de Jesús y de su Madre. No permitas que, oprimidos por tantas preocupaciones, olviden el fin para el que fueron creados por Dios; no dejes que los gérmenes de la desconfianza se adueñen de sus almas inmortales. Recuerda a todos los trabajadores que en los campos, en las oficinas, en las minas, en los laboratorios de la ciencia no están solos para trabajar, gozar y servir, sino que junto a ellos está Jesús con María, Madre suya y nuestra, para sostenerlos, para enjugar el sudor, para mitigar sus fatigas. Enséñales a hacer del trabajo, como hiciste tú, un instrumento altísimo de santificación“.

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En tal oración se nos impele a no dejarnos avasallar por las circunstancias que nos han tocado vivir y que nos reconozcamos hijos de Dios. Pero, además, se nos recuerda algo que es muy importante para un cristiano, aquí católico: nunca está, estamos, solos en nuestra labor diaria sino que, muy al contrario de lo que puedan pensar los adalides del ateísmo, Jesús y su Madre, María, siempre nos acompañan y, junto a ellos, José, esposo amante y cuidador de Madre e Hijo. En ellos podemos apoyarnos. 

Pues bien, nosotros podemos imaginar a Jesucristo meditar sobre la figura de José. Quizá pudo pensar esto que sigue:

 

Nuestra casa era pobre y no demasiado grande. Sin embargo, era suficiente para que vivieran tres personas que tanto se querían como mi madre, José y yo mismo. 

La verdad es que José siempre fue un hombre trabajador. Ser carpintero requería paciencia porque, poco a poco tenía que modelar, casi de la nada, algo que pudiera ser útil. Casi, diría yo, como hace mi Padre con los corazones duros que, con paciencia y perseverancia convierte en suaves y tiernos.

José tuvo una vida sencilla pero, sin duda, nada fácil. Trabajador humilde y piadoso creo que era un fiel cumplidor de la voluntad de Dios y que se entregó al cuidado de mi madre y de mí porque era lo que tenía que hacer. Por eso nunca preguntó más de lo que necesitaba saber y en su diaria labor pienso yo que trataría de descifrar, exactamente, lo que se esperaba de él para cumplirlo.

Puedo decir, ahora que ha transcurrido un tiempo desde que se fue a la casa de mi Padre, donde nos espera, que muchas de las cosas que digo a los que me siguen las he tomado de ver a José trabajando y del comportamiento ordinario, común, que tuvo en su vida. No puedo negar, ni quiero negarlo, que en lo humano José fue mi maestro.

Aquel silencio mientras trabajaba; aquella forma de esforzarse sin pedir nada a cambio, tan sólo por el amor que nos tenía; aquella entrega muestra de tantos pensamientos profundos…

Pero no sólo recuerdo su trabajo manual, que nos permitía salir adelante. Algo había más importante en su vida que lo hacía humano y tierno, amoroso y cercano: cuidaba de mi Madre y de mí de una forma tan dulce…

Sin embargo, sabía a la perfección cuándo debía permanecer en un segundo plano adoptando la posición de reconocer quién era yo.

Recuerdo, ahora, como aquella vez que me quedé en el Templo hablando con los doctores de la ley. Cuando, al fin (tres días buscándome debió ser terrible para José y mi madre) dieron conmigo (es que aún no sabían que yo debía andar en las cosas de mi Padre) fue mi madre la que mostró su enfado conmigo. ¡Cómo se puso aquel día!, no sin algo de razón, claro.

Mientras, José miraba y callaba y, aunque mi madre siempre decía que guardaba ciertos momentos en su corazón, como para gozar con ellos o, quien sabe, para entristecerse con ellos, yo siempre he creído que también José gozaba de tan buen depósito de amor.

Bueno, ¡Cómo pasa el tiempo!, Juan está teniendo mucho trabajo hoy en el Jordán. Parece que ya me toca entrar en el agua”.

 

Ciertamente, esto ya fue publicado en su día pero, ¡Qué le vamos a hacer!, hay que cosas que vale la pena recordar.

 

San José Obrero, ruega por nosotros.

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.