11.12.17

"A Francisco no le hacen mella las criticas" (Víctor Manuel Fernández)

Es la segunda vez en poco tiempo que mons. Víctor Manuel “Tucho” Fernández, a la sazón arzobispo y flamantisismo y magnífico rector de la Universidad católica de Buenos Aires, se ha descolgado con las mismas declaraciones. Ahora en las paginas  -amarillentas por amarillas- de RD, y de la mano del Vidal, “veneno mortal", que lo entrevista y lo publica. Bien se les puede aplicar aquello de que “Dios los cría y ellos se juntan". Ellos sabrán por qué. Otros lo sospechamos nada más; o nada menos.

Con todo, es una entrevista de muchísimo calado: primero, por lo que dice; pero también por lo que no dice. Y por eso voy a recoger los momentos que, a mi modo de ver, son los más importantes. Y los glosaremos convenientemente, como tenemos por norma. Siempre con la intención clara de ayudar en estos tiempos que, como mínimo, vienen revueltos: algo así como lo que traen los tifones y huracanes del Caribe, que son de todo menos benignos.

El párrafo completo, en el que se explaya sobre el efecto de las críticas en el Papa, no tiene desperdicio: “A Francisco no le hacen mella las críticas, aunque sean tan terribles como tacharle de hereje o cismático. Críticas de las peores que se pueden decir de un papa". O sea que, llegarles, sí les llegan.

Sinceramente, son palabras que, dichas por quien es la mano izquierda del propio Papa -asesor suyo desde Aparecida, hace ya unos cuantos años-, me quitan un peso de encima. Por varios motivos.

El primero: por si alguna apreciación mía, comentado palabras o gestos de Francisco, a alguien le ha podido parecer “negativa” o “equivocada", y que podría hacerle daño, al Papa. Ya se ve que no: y me alegro infinito.

El segundo: porque, también en boca de Fernández, el Papa se crece con estas críticas, porque las ve como un signo de Iglesia “viva": la Iglesia “necesita” de las controversias para salir del sopor, para no adormecerse, para no encerrarse en sí misma, para estar siempre abierta, etc. Son todo ideas y palabras, casi textuales, tanto del propio pontífice como de mons. Víctor Manuel “Tucho” Fernández.

El tercero: porque aquello de “¡armen lío!” está plenamente vigente en el horizonte eclesiológico actual, en la “nueva” iglesia; claro que, en esto como en todo, lo del “lío” también depende de por quién o por dónde venga; porque ya se sabe que “no todo es blanco o negro". Las dos frases -lo del lío y lo de los colores- son de autoría papal en exclusiva.

Y cuarto: porque estas explicaciones de “Tucho” Fernández dejan sin argumentos a “los que se escandalizan por las críticas al Papa", y pretenden que no se diga nada que pueda sonar a algo “negativo” o poco respetuoso; no se dan cuenta de que, con esa actitud de silencio -y de silenciar-, van en dirección contraria a lo que el propio Papa quiere y reclama: luego no están en la presente línea eclesiológica. Que lo sepan.

El mismo Víctor Manuel acude en su ayuda -de estos últimos-, y les explica: “Tampoco se trata de defender un documento porque sí, porque es del Papa. En todo caso, si uno lo defiende tiene que mostrar las razones y los argumentos que le mueven, desde la razón también, a comprenderlo y aceptarlo". “A sensu contrario” también vale el consejo, por supuesto: si se critica, ha de ser también con la razón, además de los argumentos teológicos y doctrinales que se puedan aducir.

Lógicamente, mons. Fernández, explica por qué no le hacen mella: (el Papa) “tiene una libertad interior enorme. Creo que viene de su formación espiritual", que le “ayuda a recordar que Dios es el único absoluto. Que lo demás pasa, y que hay que relativizar lo que puedan decir de uno". Y remata, diciendo: “Él tiene una gran confianza en Dios, siente que está respondiendo a un llamado de Dios". Así de fuerte es el Papa que tenemos. Y con una fortaleza interior -a lo que señala el monseñor- a prueba de bombas.

Desde la cercanía que tiene y mantiene -dicen que está más en Roma que en Buenos Aires-, nos adentra en el interior del personaje: nos descubre su ‘alma’: “El Papa es una persona de palabra simple, de lenguaje llano, de gestos más que de elucubraciones. Pero hay gente que se engaña, suponiendo que es una persona que no posee un pensamiento hondo. Lo tiene desde joven, […] A él no le gusta mostrar esa erudición (que dice Fernández la recuerdan sus alumnos: “su erudición y su profundidad"), porque piensa y dice que la realidad es superior a la idea. A veces nos entretenemos en las elucubraciones y las argumentaciones, y se nos escapa la realidad". “De todos modos -sigue diciendo-, hay que saber escucharlo y saber leerlo, para reconocer, detrás de su sencillez, la hondura humana y teológica del planteo” de los temas por parte del Papa.

Como es natural, sólo desde la cercanía que mons. “Tucho” Fernandez tiene con el Romano Pontífice se puede penetrar tan profundamente en su alma. Los que estamos más lejos no podemos hacerlo. Por eso, es el mismo Francisco quien primero nos disculpa si ve que no hemos llegado hasta ahí: lo comprende perfectamente. Y le agradecemos de veras esa misericordia suya que le desborda y nos beneficia. Y hacemos votos para que siga con esa hondura humana y teológica, con esa sencillez, con esa llaneza, con esa erudición y con esos gestos que todo el mundo entiende.

El último ha sido que se publiquen en las AAS no sólo la exhortación pastoral “Amoris laetitia", sino también la concreción pastoral que de la misma hicieron en su día los obispos del área de Buenos Aires, más la carta que de respuesta dio Francisco a uno de ellos. Todo un “gesto", qué duda cabe, lo más lejos posible de cualquier asomo de elucubración. Claro que, el tal gesto, tiene dos interpretaciones contrapuestas. Una: la que le da Fernández: que, de este modo, ya ha respondido el Papa a todas las pegas habidas y por haber. Otra: que más parece un “¡trágala!” que una respuesta, porque con eso no ha respondido a nada ni a nadie. O también y como me decía mi abuela: “¡no quieres taza, pues taza y media!". ¡Ala!

Pero lo más importante de toda la entrevista -a mi modo de ver, como es natural- es lo que les escribo a continuación; porque es la visión del propio Francisco, una visión que va más allá de él mismo, una visión de iluminado, de “estar respondiendo a un llamado de Dios". Y copio: “Cuando él dice que el tiempo es superior al espacio, expresa que no interesa tanto dominar espacios, sino iniciar procesos, motivarlos, despertarlos. Porque estos procesos, después de que estemos muertos, van a seguir dando vueltas por el mundo. Como un río que corre, que aunque no lo veamos está ahí, produciendo efectos nuevos. Él está convencido de que no se trata de que él logre, en su pontificado, instalar cosas con una fuerza enorme, sino comenzar esos procesos, que irán fructificando quién sabe cómo".

¡Tal cual! Y Víctor Manuel “Tucho” Fernández, sabe de qué y de quién está hablando, porque esto no creo que sea cosecha suya personal. O sí. Por cierto, el mons. no puede hablar más claro. Y si alguno no le entiende, tiene un problema. Claro que puede intentar preguntarle, por si tiene a bien contestarle.

Pero ésto, como no esté realmente el Espíritu Santo detrás, pues mejor nos coja confesados. Y rezando como nunca lo hayamos hecho: los tiempos nos lo exigen.

4.12.17

"También en la Iglesia hay fundamentalismo" (Papa Francisco)

Lo acaba de decir el papa Francisco -hace unos pocos días- en el mismo avión que lo traía de vuelta de su periplo asiático. Y no es la primera vez que lo afirma: hará cosa de un año -más o menos- dijo exactamente lo mismo, y casi con las mismas palabras.

Y tiene toda la razón. Al menos opino igual, aunque seguro que tengo menos datos que él; no digamos “autoridad y gobierno", de las que carezco totalmente: sólo tengo mi palabra -que intento sea la de Cristo y su Iglesia-, mi intención -que espero sea lo más sana posible- y mi condición de sacerdote, que deseo vivamente desempeñar con fidelidad al servicio de todos. No tengo nada más. Ni nada menos tampoco.

¿Por qué puede Francisco denunciar “fundamentalismo” en la Iglesia Católica? Y una pregunta previa y necesaria: ¿a qué se llama -o se puede llamar- “fundamentalismo"? Vamos primero con éste interrogante.

Podríamos definirlo como “toda exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida, tenga el origen que tenga: político, religioso, ideológico, científico, etc.". Y así, vemos como en todos esos campos se da el fundamentalsmo. En castellano “tradicional” hay una palabra que lo retrata a la perfección; vamos, que lo desnuda: “¡trágala!”. Y así observamos -y sufrimos- un creciente “fundamentalismo” en todos los órdenes.

Hoy, las leyes que nos gobiernan en casi todos los países del mundo, son absolutamente fundamentalistas: tiene esa categoría del “¡trágala!", aunque nos lo vendan como “una demanda de la mayoría"; demanda que, como era más falsa que Judas y no se sostenía desde ningún punto de vista, hasta los mismos políticos han dejado de decirlo: es, “¡porque sí!", presentado siempre como “lo mejor en este momento", por supuesto. O es “porque lo mandan los jefes del NOM". Bueno, esto último no lo dicen -ni lo presentan de ningún modo- pero no hace ni falta: es la pura verdad.

Ahí están desde el aborto, hasta el “matrimonio homosex", pasando por la “ideología de género", o el adoctrinamiento -salvaje, cruel e inhumano- de los niños desde su más tierna infancia, sea en el ámbito que sea. Por señalar lo ultimísimo -lo acabo de leer- ahí está la Cifuentes disponiendo que las ONGs que no acepten la ideología de género no van a recibir ni un duro de la Comunidad: que no es suya, pero la maneja como si lo fuera. Y ahí están los señores obispos de España proclamando que la proposición de ley por parte del gobierno para ir implantando esas ideologías es, sin dudarlo ni un segundo, “fundamentalismo". Tal cual. ¡Muy bien por los obispos! ¡Sí, señor!

En el campo religioso, dos apuntes: el “fundamentalismo religioso” moderno nació en EEUU -allá por los años de la Iª GM-, y en el ámbito de una corriente protestante minoritaria que pretendía volver a la interpretación prácticamente literal de la Biblia. Y en los últimos años y en el ámbito musulmán, estamos asistiendo a un fortísimo movimiento religioso y político -inseparables los dos “mundos"-, que pretende restaurar la pureza islámica mediante la aplicación estricta de la ley coránica en todo el mundo.

El campo ideológico, todo él, está trufado de fundamentalismo, porque toda ideología es o, al menos, participa de esta connotación: como las ideologías se construyen para “matar” la verdad y sustituirla por “convicciones” o “eslóganes” para influir en las personas y en la misma sociedad, sólo lo pueden hacer desde el “¡trágala!". Usen los métodos que usen, sean éstos más o menos sofisticados; a veces son muy burdos, cuando no -lisa y llanamente- un verdadero “lavado de cerebro". Lo más último: llevar a los niños a ser “homosexs” ya desde la guardería.

Y lo mismo pasa en el campo científico, cuando se pretenden imponer corrientes “científicas” fabricadas en los despachos, por los que corre el dinero a conveniencia de parte; y va desde la negación “científica” de la existencia de Dios, hasta tratar a la persona humana como a una vaca: en medicina, por ejemplo.

Creo que, con lo traído hasta aquí, está suficientemente explicado lo que es y supone el fundamentalismo. Añadir, que los intentos fundamentalistas, al pretender “matar” la verdad y el bien que son las constantes antropológicas que definen lo humano, no respetan la dignidad de la persona, a la que todas las ciencias, todas las creencias y todas las religiones deben servir; pues deben estar a su disposición para llevar y ayudar a toda persona a ser lo que es: persona.

Pero es patente también que el fundamentalismo no se limita al plano de “las ideas": las “usa", y para ello articula el lenguaje a su conveniencia: sobran ejemplos. Pero lo propio, y a lo que van las ideologías fundamentalistas, es a “la praxis", a la práctica: “a tomar el poder domeñando masas, sociedades y personas". Y usa TODOS los “métodos” que le sirvan, hasta llegar, incluso, al terrorismo más salvaje.

El terrorismo “ideológico” justifica -y por eso lleva- al terrorismo “material". Se empieza matando la verdad y el bien y se acaba matando a la persona, a la que defienden, sostienen y dan sentido esa misma verdad y ese mismo bien.

En la Iglesia Católica, san Juan Pablo II nos dejó escrito que “si la Iglesia no sirve al hombre, no sirve para nada"; algo que la misma Iglesia y todos sus hijos sólo podemos aprender en/del Señor -¡nunca del mundo!-, porque “sólo Cristo revela al hombre lo que es el hombre". Y nadie más. Los demás intentos, vengan de donde vengan, siempre serán parciales, por definición. Cuando no “interesados".

¿Por qué el Papa puede alzar la voz para alertar de “fundamentalismo” en la misma Iglesia Católica? Pues porque lo hay. ¡Y de qué manera! Si lo ha dicho es por algo.

Personalmente veo que en la Iglesia hay personas y corrientes que se pasan varios pueblos. Y en ambos extremos del arco. Unos, no dudan en afirmar, por ejemplo, que la única Misa válida es la del “vetus ordo", por llamarla de una manera reconocible, cuando no es así. Otros, no dudan en afirmar que si el Papa ha tosido, esa tos es auténtico Magisterio. (Perdón por la broma, pero lo digo como “parábola"); o pretenden -van a por ello, con todo- que hay que hacer otra iglesia, una iglesia “nueva", porque ésta está ya más que obsoleta.

¿Por qué lo ha dicho el Papa? Creo que se ha lanzado a denunciar esta “desviación” del fundamentalismo porque no es católica. Tenga el signo que tenga, venga de un lado o del otro. Y creo acercarme a su pensamiento afirmando que lo que denuncia es que no puede ponerse la doctrina por encima de la persona, no puede aplicarse la doctrina sin más, sin estudiar bien los casos personales, las circunstancias y motivaciones.

Mucho menos puede usarse la doctrina para darle en el cogote a la gente: lo de “martillo de herejes” está muy desacreditado. Porque la Doctrina, toda la doctrina -y los Mandamientos, y todos los Sacramentos, y la misma Iglesia entera- está al servicio de la persona; y no al revés. Y por lo mismo, todos los reglamentos, las disposiciones y la disciplina eclesial o de las familias religiosas: todo debe estar al servicio de la persona, que es con la que se identifica Jesucristo: por la que ha muerto y por quien se queda -en su Iglesia- en medio de nosotros, y para siempre.

Lógicamente, eso no quiere decir que “¡viva la Pepa!” y que “¡ancha es Castilla!". Para nada. Lo que es pecado es pecado: nada ha cambiado porque no puede cambiar. La Fe es la misma. El Credo es el mismo. Y los Sacramentos igual. Y la Iglesia, la de Cristo, la única verdadera: Santa, Católica y Apostólica. Y Romana, por supuesto.

¿Que hay personas y corrientes que pretenden que ya no es así? Bueno, es su problema. De ahí la obligación moral -que puede ser grave, y más con los tiempos que corren-, de formarnos bien en la Doctrina, en la Fe: con los Evangelios, con el Catecismo, consultando a los sacerdotes -religiosos o seculares- que más confianza nos den, nuestras dudas doctrinales o de conciencia. Porque tenemos que distinguir el trigo de la cizaña, lo bueno de lo malo, lo regular de lo irregular, la Fe de las herejías, y la Iglesia de lo que no lo es.

La Iglesia Católica -que es Cristo-, es el primado de la persona. Por eso no puede haber nunca aceptación no ya de nada que la destroce, como el divorcio o la homosexualidad; ni siquiera nada que le disminuya un ápice su dignidad, que es la de Cristo: porque le hemos costado toda su Sangre, toda su Vida.

De ahí la necesidad de defender no sólo la verdad y el bien -el mejor y, en el fondo, el único verdadero servicio a la persona- sino, y con mayor motivo, el Bien -sólo Dios es bueno- y la Verdad: la que nos hace libres y, por tanto, la que nos salva: Cristo.

28.11.17

Ni una sola palabra. ¿Incomprensible o escándalo?

Ni una sola palabra. Al menos que haya salido publicada. Me refiero al tema -que no es menor, en absoluto, sino que es sólo “la parte visible” del iceberg: pero el iceberg es ya de dimensiones más que mayúsculas y, por tanto, es un peligro real por presente- del “abuso de confianza” y “abuso de posición” que han ejercido unos cuantos COLEGIOS RELIGIOSOS en Barcelona -muy significados en la ciudad, y muy significativos por ellos mismos- y en Cataluña, sacando a los críos a la calle a favor del independentismo; y usándolos como escudos o como “líneas rojas” para su personal seguridad -la de los mayores, no la de los críos que tenían en custodia- que, por supuesto, los polis no iban a traspasar.

Y, ni sus superiores directos -los propios superiores de los religiosos-, ni los superiores eclesiásticos diocesanos bajo cuyo gobierno y juridisción están instalados -la Jerarquía Católica correspondiente-, han dicho esta boca es mía. Mudos de afición o de profesión o de desidia. O quizá es que están metidos tan de lleno en las vicisitudes políticas que no tienen tiempo -ni afición, quizás- para lo suyo, en lo que nadie les puede sustituir.

Es cierto que había padres que estaban en el ajo: estaban de acuerdo con ese “uso perverso” de sus hijos; porque las ideologías es lo que tienen, que arrasan con lo que sea: no se detienen ni ante sus propios hijos. Se hace lo que haga falta, que para eso están las ideologías, y hasta ahí llegan los que se dejan comer el tarro por ellas, sean las que sean. En este caso: “todo por la indepe".

Pero no es este el tema. ¡También hay padres que están a favor de que sus niños sean travestis cuanto antes y no por eso un colegio tiene obligación de “bailarles el agua"! Claro que, si son colegios llevados por religiosos, y si están sitos en Cataluña o en Barcelona, lo veremos muy pronto: los primeros, oigan. Al tiempo. Y a no tardar.

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26.11.17

Ni "Él" ni "Señor".

Es lo último desde el lado “luterano” sueco: proponen que sus “clérigos", es decir, sus funcionarios del Estado, que es lo que son -la iglesia luterana es absolutamente estatal o el Estado es absolutamente confesional, como gusten ustedes; y lo mismo pasa con “los anglicanos” en el Reino Unido: “Dios salve a la Reina", que es su cabeza en la tierra-, ya no usen el “género masculino” para referirse a Dios: ni “Él” ni “Señor", no vaya a ser que se les encoraginen las señoras. Señoras que llevan 500 años sin una sola queja, por cierto: y tiempo han tenido más que de sobra para quejarse, la verdad.

Bueno pues eso: “dios” pasa a ser un término que ni se sabe. [Lo pongo con minúscula con toda intención: por respeto a mi Padre Dios, que conste]. Algo así como un “hermafrodita", que reúne los dos sexos: vamos “un caracol", para entendernos; y así no se enfada nadie, según les parece a este personal. Y para referirse a “jesús” -lo pongo también con minúscula por lo mismo- van a usar “Hermano y Hermana", o así. Como lo oyen.

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19.11.17

Lo que pudo haber sido..., y no fue.

Una luz que venía del cielo lo envolvió con su esplendor. Y lo echó por tierra (Hch 9, 3-4). Me encanta esta total transformación que obra el Señor en san Pablo, y que éste hace totalmente suya convirtiéndose, sin el más mínimo resquicio o desfallecimiento, en un auténtico puntal para construir “la” Iglesia de Cristo. En san Pablo, lo que pudo haber sido, fue. Que conste que ese lo echó por tierra no fue sólo un tirarlo al suelo materialmente: lo que verdaderamente tiró por los suelos fue su alocada pretensión de acabar con la Iglesia naciente, que estaba dando sus primeros pasos en este mundo traidor. Y que sigue igual de traidor, por cierto, o bastante más.

Viene al caso para ilustrar, a sensu contrario, lo que pudo haber sido, y no fue. Me refiero a la ponencia de mons. José Rodríguez Carballo -franciscano él, obispo secretario de la Congregación correspondiente en el Vaticano-, en el último día de la XXIV Asamblea General de los Religiosos Españoles, CONFER 2017, hace unos pocos días.

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