25.02.20

"¿Por qué se amotinan las gentes?" (Por lo eclesiástico)

El Salmo 2 comienza así: “¿Por qué se amotinan las gentes, y las naciones hacen planes vanos?…“.

Estas palabras que salen de la boca de nuestro Padre Dios, se dirigen a todos y, por tanto, valen tambien para todos. Pero me temo que, tal como están las cosas tanto en el mundo como en la Iglesia, para quien primero valen -deberían valer, y muy principalmente- es para los adentros de ella misma; muy en especial para los que formamos parte de su Jerarquía, a todos los niveles: desde el Papa hasta el último sacerdote recién ordenado. Lo que, logicamente, me incluye. Porque aquí, en la Iglesia, es donde realmente hace daño, y duele.

¿Planes vanos? ¿Qué planes vanos se montan dentro de la Iglesia Católica? Podría preguntárselo mucha gente, sorprendida o quizás hasta un punto escandalizada por tales suposiciones; gente que quizá no está al tanto, o sí: pero que no le interesa, o  pasa olímpicamente desde hace ya mucho, o puede que incluso le parezca que ya iba siendo hora, que “¡por fin el cambio está aquí, y ha venido para quedarse!” ¡Aleluya!, que estamos en Pascua.

Y esto, ya desde las “trastiendas” del propio CV II -en el mundo civil se les hubiesen llamado las “cloacas"-, cuando se utilizaron fuertes recursos económicos y personales para poner en marcha e   implantar y dar velocidad al tan “urgente y necesario" aggiornamento: así se montaron las “autopistas” del desmantelamiento de la Iglesia Católica, con toda las prisas que se le pudiera imprimir al asunto; además de que, según los interesados, urgía, “los Signos de los Tiempos” y “los hígados de las ocas” daban siempre positivo, y había que aprovechar la coyuntura, no fuera la gente a darse cuenta de lo que se “cocía", y la liaran: que aún podían…, y no era plan.

A nivel de opinión pública y publicada, a través de triquiñuelas clericalonas, con el concurso de pequeños golpes de mano si no bastaban los golpes de efecto, con el asentimiento de los que no daban más de sí -meros “expectadores", se les podría calificar, pero dieron positivamente su voto aún sin saber muy bien ni a quién ni para qué-, con el engreimiento de los marrulleros de estar dándole un auténtico “vuelco” a la propia Institución, y con el ninguneo y persecución, por parte de todos estos anteriores, de los buenos cardenales, obispos, peritos y consejeros que dieron la buena batalla -la de Dios y su Iglesia-, pero… PERDIERON. ¡Dios sabe más! Y habra sido para bien, aunque aún no sepamos con certeza de qué bien se trata.

Y, como lo sabe, Dios lo dice, porque nunca se calla: En vano me veneran cuando enseñan mandamientos y doctrinas humanas (Is 29, 13). Y en el Evangelio, puntualizará a través de su Hijo: Rechazáis el mandato de Dios para establecer vuestra tradición (Mc 7, 9); y en otro lugar: El que quebrante el más pequeño de estos preceptos y lo enseñe así a los hombres, será tenido por muy pequeño en el reino de los cielos (Mt 5, 19).

¿Acaso no se trastorna hoy, dia sí y día también, la Verdad del Señor y la disciplina de la Iglesia cuando no se observa fielmento todo lo que Jesús hizo y enseñó? Precisamente por y para esto, el sacerdote hace las veces de Cristo, cuando repite aquello -y solo aquello, y en su Nombre- que Él hizo y enseñó.

Por esto dirá también Jesús: Quien se avergüence de Mí, el Hijo del Hombre se avergonzará de él (Mc 8, 38). Remachando san Pablo: Si yo quisiera agradar a los hombres, no sería siervo de Cristo (Gal 1, 10).

No era nada nuevo: bien nos lo había advertido ya el Salmo, cuando nos echa en cara: Tú odias mis enseñanzas y te echas a la espalda mis palabras. Si veías un ladrón, te ibas corriendo con él y te ponías entre los adúlteros (Salmo 49, 16-18); porque cuando uno, conscientemente, despoja de la Verdad evangélica las Palabras y los Hechos del Señor, corrompe y adultera los preceptos divinos: Por eso aquí estoy contra los profetas, dice el Señor, que hurtan mis palabras, cada uno del que tiene más cerca, y seducen a mi pueblo con sus mentiras y errores (Jer 23, 28.30.32).

Viene todo esto a cuento de las barbaridades que se ven y se oyen en la Santa Iglesia, todos los días, a todas horas, de un montón ya de miembros de la Jerarquía. Y del nulo efecto que, en el resto de sus miembros, que deberían no callar -más bien GRITAR- y encarnar de este modo al Buen Pastor y dar la vida por sus ovejas, tienen tales desafueros.

Pongo algunos ejemplos. Muy pocos y a propósito, porque los hay a cientos.

Todo esto, ¿por qué? ¿A santo de qué? ¿Qué pueden sacar con ello? ¿Acaso no es el mismo Señor el premio de nuestra heredad? ¿No trae cuenta la lealtad y la fidelidad a Dios y a su Iglesia? ¿Llena más la mentira, la corrupción, el pecado? ¿Alguien se cree que por obrar de estamanera se gana todo el mundo, como promete el mismo demonio?

Por contra, el Señor no dice: “Dura cosa te es dar coces contra el propio aguijón(Hch 9). Y advierte muy seriamente: Omne regnum divisum contra se, desolabitur; et omnis civitas vel domus divisa contra se non stabit: “Todo reino dividido contra sí mismo, será desolado; y toda ciudad o casa dividida contra sí misma no permanecerá". 

¿Es esto precisamente lo que se busca por parte de ese personal? Da toda la impresion de que sí, ciertamente.

San Cipriano de Cartago, obispo y mártir, se las tuvo tiesas con el mismo Papa, obispo de Roma, porque este enseñaba -y quiso que así se hiciera en toda la Iglesia Católica-, que no había que bautizar a los que venían a la Iglesia desde las sectas heréjticas, sino que solo se les impusiese las manos; dando como argumento que el bautismo recibido allí ya valía; y porque “ellos [los herejes] hacen lo mismo: no bautizan a quienes ya están bautizados".

Esto indigna de tal forma a Cipriano, que además de hervirle la sangre,  no se corta un pelo para decir, por escrito, enviado al Papa y a los demás obispos, que el Papa se equivocaba, y que no podía procederse de esa forma. Y lo argumenta.

: “Debemos, por tanto, seguir sus palabras: aprender todo lo que Él enseñó y obrar todo lo que hizo. De lo contraio, ¿cómo puede decir que cree en Cristo quien no cumple lo que Cristo mandó? O, ¿como alcanzará la recompensa de la Fe quien no es fiel a sus mandatos? Necesariamente vacilará y vagará de un sitio a otro y, arrastrado por el viento del error, será aventado como polvo que el viento levanta. No caminará hacia la salvación quien no se mantiene constante en el camino verdadero.

3. Hay que guardarse, por tanto, no solo de los peligros claros y manifiestos, sino también de los engaños que se hacen con sutiles argucias. y ¿quién más astuto y sutil que el enemigo, que una vez descubierto y derrotado con la venida de Cristo, cuando ya la luz brilló entre los pueblos  resplandecía con su fulgor salvador para liberación de los hombres, de modo que los sordos recobraban el oído para la gracia espiritual, los ciegos abrían sus ojos al Señor, los enfermos se restablecían con la salud eterna, los cojos corrían a entrar en la Iglesia, y los mudos elevaban con voz clara sus oraciones, viendo este que se abandonaban los ídolos y quedaban desiertas sus casas y templos debido al gran número de creyentes, planeó un nuevo engaño para embaucar a los incautos y esconderse bajo el título de cristiano? Inventó las herejías y cismas para mudar la Fe, corromper la verdad y romper la unidad. Así, a los que no puede mantener en la oscuridad del antiguo camino, los asedia y engaña con el error de una nueva senda. Rapta a los hombres de la misma Iglesia, y cuando creen haberse acercado ya a la luz y verse libres de las tinieblas del mundo, sin que se den cuenta, los envuelve de nuevo en otras tinieblas, de modo que sin guardar el Evangelio de Cristo y su ley, se llaman cristianos, y envueltos en oscuridad piensan que poseen luz, y ello por las mentiras y halagos del enemigo, que, según nos dice el apóstol, se tranforma en ángel de luz y disfraza a sus servidores como ministros de justicia, que presentan la noche como día, la muerte como salud, la desesperación con apariencia de esperanza, la perfidia como fidelidad, el anticristo con el nombre de Cristo. Así tergiversan sutilmente la realidad, engañando con apariencias de verdad. Esto ocurre (…) por no volver al origen de la verdad, por no buscar la cabeza ni guardar la doctrina del maestro celestial.

(…)

5. Debemos mantener y defender firmemente esta unidad, sobre todo los obispos, que somos los que presidimos en la Iglesia, a fin de probar que el mismo episcopado es también uno e indiviso. Que nadie engañe con mentiras a los hermanos, que nadie corrompa la verdad de la Fe con una pérfida prevaricación. El episcopado es uno solo, del cual participa cada uno solidariamente. Asimismo la Iglesia es única, aunque se extiende ampliamente en una multitud por el crecimiento de su fecundidad, como también son muchos los rayos del sol pero una sola es la luz, y son muchas las ramas del árbol, pero uno solo es el tronco enraizado fuertemente en la tierra; y cuando de un solo manantial fluyen muchos arroyos, aunque surjan muchas corrientes que se difunden por la abundancia de agua, sin embargo, permanece la unidad en el origen.

20.02.20

"La Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias". III

Desde el primer sábado de enero, en el que hemos empezado a honrar ya TODOS los SÁBADOS a nuestra Santísima Madre, “Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias” -como quiso ser invocada y venerada en y desde Madrid para provecho de todos los que se acercasen con Fe a sus pies virginales y maternales-, ha habido un flujo constante de gentes que han ido acudiendo a Ella. Y no creo que, como prometió Ella misma a sor Patrocinio, se hayan ido de vacío.

Las tardes de los sábados, desde las cinco, cuando se Expone el Santísimo Sacramento, hasta las ocho de la noche con la Santa Misa -antes se reza el Santo Rosario-, son un remanso de paz, de piedad, de devoción, de oración y de Sacramentos. Una isla de espiritualidad -no es la única en Madrid, gracias a Dios-, donde se viene a estar con Él y con Ella: cada uno según sus personales necesidades, ansias, cargas y fervores.

Y está cuajando. El pasado sábado, en el que ofrecimos la Santa Misa por el padre de la Reverenda Madre Abadesa del convento de Conepcionistas Franciscanas -había fallecido unas semanas antes-, la iglesia, que no es pequeña, estaba LLENA. Y no es una iglesia parroquial, con un “público” asignado y próximo. Para nada. Por eso se acercan gentes de todo Madrid, y de sus alrededores. Es un público, más que “cautivo", “cautivado” por Ella misma y sus maternales promesas.

Todos los que tengan necesidad del Señor y de la Virgen María, tanto si lo sienten así como si desconocen esa necesidad pero, quizá, “les gustaría tenerla"; o, al menos, casi les gustaría probrar si todo “eso” es verdad, ahí  está la iglesia abierta para todo el que quiere entrar.

El mismo Cristo nos invita: Venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados que Yo os alviaré. Y su Madre, la “Virgen del Olvido, Triunfo y Misericordias” nos reclama que vayamos…  Entonces, ¿para qué resistirnos?

¿Y si es todo Verdad? ¿Acaso no tenemos ninguna necesidad del calor y de la cercanía de Dios? ¿Podemos vivir toda la vida sin Dios; o “como si Dios no existiese"? ¿Qué sacamos con esa postura tan desatinada? ¿Ya no albergamos ninguna esperanza de nada que no sea comer, beber, dormir y morir como animales? ¿Acaso somos animales?

Iba a decir que “te esperamos", pero no: yo no soy nadie para decirte que te espero; aunque claro que estaré, Dios mediante. Es Dios mismo quien te espera. Es la Virgen María quien te espera. Y no vas a estar solo, por supuesto.

¡Mira que si Cristo solo espera de tí simple y sencillamente que te acerques, para demostrarte que está Él allí, esperándote con todo su cariño…!

Por cierto, este sábado, 22 de febrero y de cara a la Cuaresma que empieza el próximo miércoles, “miércoles de ceniza", vamos a dar comienzo unas “meditaciones de Cuaresma", que durarán hasta la Semana Santa. 

El horario va a variar un poco, y quedará así:

          17,00: Exposión solemne del Santísmo Sacramento.

          18,45: Santo Rosario.

          19,15: Meditación.

          19,45: Reserva del Santísimo Sacramento.

          20,00: Santa Misa. Canto de la Salve de la Virgen del Olvido.

A lo largo de la tarde habrá posibilidad de confesar o de hablar con el sacerdote oficiante.

Rezo por todos: por los que vengáis y por los que no. En manos de la Santísima Virgen os pongo a todos.

17.02.20

Se puede ser más tonto -o no-, pero no más claro. (por lo Borrell)

 Borrell, el Josep, dixit: “Yo sufrí una dictadura durante cuarenta años por culpa del Vaticano y Estados Unidos”. Y supongo que habrá seguido durmiento la mona, o habrá seguido disfrutando del chute correspondiente.

De otro modo no se entiende tal DESVARÍO MORAL, fruto del previo DESVARÍO HISTÓRICO de este buen hombre. No nombro el desvarío intelectual porque, a este buen señor, este horizonte le supera con mucho: está instalado en el puro desvarío.

O sea: en las IDEOLOGÍAS. Que es lo que tienen: como te secan el cerebro, solo se soportan estando “cocido” y bien cocido; de ahí que las mayores tasas de alcoholismo se dan en los países marxistas, o asimilados. Que será casualidad -o no-, pero los datos no mienten: las personas, sí.

Este sujeto, encumbrado más allá de sus cualidades naturales, aún no se ha caído del guindo de que, si ha llegado tan lejos -ahora, en el cogollo de Europa, cobrando buena pasta que se suma a la que ya cobra por otros lados- se lo debe, muy en primer lugar, a esos cuarenta años de los que abomina; porque es la orden que ha recibido la progrez, y se deben a sus amos: como siempre, por otro lado. Lado izquierdo, no nos despistemos.

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9.02.20

"Piedras vivas. Piedra de contradicción. Piedra de escándalo". (Cf. I Pe 2, 5-7)

Es el “signo” de la Iglesia Católica: la más perseguida siempre; pero, en los tres últimos siglos -del XIX a lo que llevamos del XXI-, con enorme diferencia y especial saña: casi podríamos decir, sin exagerar lo más minimo, que es la ÚNICA perseguida ¡a muerte!

Pregunten a los MASONES y a sus bien comprados/bien pagados mariachis -la progrez de todo signo- que, con la Revolución francesa y sus múltiples secuelas, y con las muy poco diversas y muy aunadas masonerías como sal de todo plato -liberalismo, socialismo, anarquismo, marxismo, republicanismo, nacionalismos, etc.- se han dedicado a perseguir a la Iglesia y a los católicos, como la única salida válida a lo suyo. Y los métodos han acabado siendo siempre SANGRIENTOS: unas veces más, otras menos, pero siempre con derramamiento de sangre.

¿Por qué? ¿Qué hemos hecho? No es un problema de que hayamos hecho algo que nos merezca esto, y menos como castigo, y menos aún como venido directamente del Señor. Nada más contrario a la realidad.

El Santo Evangelio recoge exactamente estas palabras del mismo Jesús que nos lo aclaran todo y de una vez por todas: SI a Mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán. También en esto, y no solo en el tema de la Caridad, se nos conoce y se nos reconoce como DISCÍPULOS de Cristo, como auténticos CRISTIANOS: llevamos entonces, y bien a la vista, y muy bien certificada la “denominación de origen", la verdadera AUTENTICIDAD. O llevábamos… Y sí, la siguen llevando y con la cabeza bien alta, en África y en Asia. Con mártires, claro.

Pretender sacudirse voluntariamente este “signo de predilección divina” y, además, al precio que sea  -da igual un plato de lentejas que una púrpura-, es, exactamente y por la fuerza de la lógica -moral e intelectual-, signo de rechazo del Reino de Cristo. Reino que “tiene estas cosas": Si alguno me ama, tome su Cruz cada día, y sígame. Y esta otra: No es el discípulo más que su Amo.

Por tanto, todo lo que está pasando en la Iglesia Santa, en sus miembros más encumbrados y en sus Instituciones, tiene un sentido. Y, desde Dios, es un sentido SOBRENATURAL, de purificación, de “purgación pasiva” si se quiere; más de definición “personal", porque la “colectiva” o “institucional” está como está. Y, si lo queremos aprovechar, hemos de transitar por ahí necesariamente, acogiéndolo como un don divino.

También, todo este descalabro tiene una enseñanza humana: cuando nos creemos que la Iglesia es “nuestra” y, por tanto, podemos “hacer y deshacer a nuestro antojo", pasa lo que pasa. Vamos: lo que está pasando a ojos vistas, día sí y día también. Y, entre otras muchas cosas, es un DESASTRE.  Para qué nos vamos a engañar.

Únicamente los que se ciegan a sí mismos; o los que se tapan las orejas; o los que se dedican -por lo intelectual y lo moral- a los “solitarios"; o los que se engolfan en “lo de siempre", como la perfecta “coartada” para no aterrizar nunca “en lo de hoy y ahora", dejando de paso vendidas a las almas y a los pies de los “signos de los tiempos y de sus profetas"…, no se enteran de nada. Y, si se enteran y callan: PEOR nos lo ponen a todos, porque a todos traicionan.

Y ahí están los resultados para comprobarlo: iglesias vacías, casas religiosas que echan el cierre, desbandada de posibles vocaciones; amén las defecciones de muchos miembros más que cualificados, especialmente por pérdida del “alma” de la “primera caridad“.

Con todo este desbarajuste, muchas gentes buenas abandonadas de este modo, han ido y van a llenar y a engrosar las filas de las instituciones, católicas o pseudocatólicas, que, con mayor o menor acierto, aún ofrecen eso precisamente. O eso les parece.

¿Cómo justificar el miedo a ser -y que se vea, porque se demuestra- “piedra de escándalo", HOY y AHORA? ¿No lo fue el Señor? ¿No nos ha dejado dicho Él que también nos perseguirían?

¿Entonces?

¿Cómo se puede compaginar ser “discípulo de Cristo” -la “imitación de Cristo", “pisar donde Cristo ha pisado"-, con quitar el hombro a la hora de la Cruz, y “ocultarse y desaparecer": no por humildad -que sería más que excelente, santo- sino para “pasar desapercibido” y no ser “perseguido"?

Y ¿cómo se ha llegado a estas cosas? 

Voy a poner un ejemplo “visual” que a algunos -o a muchos- les puede parecer intrascendente, pero que, para mí, es la “anécdota” que adquiere categoría de “icono". Para el que lo quiera ver, claro.

Lo recordaréis. Después del CV II, prácticamente desde Roma se obligó, institución eclesial tras institución eclesial, a cambiar sus Constituciones. Y una de las cosas a las que prácticamente también se les obligó, fue a “cambiar el hábito". Cambio que, al poco tiempo, se había cambiado tanto… que, en muchos casos, desapareció.

Y esto trajo un problema “mayor", deseado o no: con la desaparición del “habito” -religioso o clerical- desapareció a los ojos de todos lo que “eso", exactamente “eso", representaba visiblemente; y, en primer lugar y como primera provisión, para los mismos que lo llevaban: una forma de “vida entregada", de “vida de perfección", de VOCACIÓN en la Iglesia, que siempre es COMPROMISO y SEGREGACIÓN. Y se “desvirtuaron” personas y carismas. Y pasó lo que pasó y lo que pasa: que ya ni se sabe de qué va esto, a tenor de las largadas al uso.

¿Qué creían? ¿Que no iba a pasar nada? Se está viendo ahora en todo su desgraciado descarrío.

¿Razones para quitarse los hábitos? No asustar, no separarnos, no aparecer como mejores y por encima, ponernos al mismo nivel, ser “normales"… y demás chorradas al uso; que las hubo. Y pasó lo que pasó.

De inmediato y como primera consecuencia, deseada o indeseada, insisto: una DESBANDADA, en la misma Iglesia como jamás se había conocido y padecido: CIENTOS DE MILES de sus miembros más comprometidos “colgaron los hábitos": expresión que vale su peso en oro, porque retrata la realidad.

Y luego, una vez que se quedaron los que se quedaron -y muchos de ellos se quedaron para instalar esa deriva que, al final, no les va a quedar sino apagar la luz-, han visto ante sus ojos cómo han ido muriendo de inanición, y se han quedado en nada: han ido viendo vaciarse sus casas, como antes se han vaciado personalmente por dentro. Lógico: no han tenido “generación” y, “sin hijos", ninguna familia se perpetúa.

Porque esa pérdida de VISIBILIDAD -para sí mismos y para los demás- les trajo lo que se llamó, con verdadero y malhadado acierto, “crisis de identidad”: se habían quedado tan desarraigados, se habían distanciado tanto de sus únicas raíces que, en el fondo y por eso mismo, ya estaban “muertos". Y lo siguen estando. Eso sí: con grandes, hueras y públicas alaracas apelando a “la esperanza” y “al futuro". Como si lo tuvieran.

¿Por qué este “complejo de inferioridad” ante el mundo? ¿Teniendo a Dios -en Cristo- no lo teníamos todo? ¿Nos faltaba algo? ¿Estábamos defraudados/engañados, por parte de Dios y de su Iglesia, en algún tema específico? ¿No poseíamos -y poseemos; si la mantenemos, claro- la Verdad que salva?

¿Entonces?

¿Cómo hemos podido “tragar", especialmente a los miembros de la Jerarquía Católica, el miedo a proclamar la Verdad de Cristo y de su Iglesia; y, en consecuencia, la verdad más profunda -real- sobre el hombre, en todos los horizontes de su ser y de su vida?

El card. Sarah nos lo explica con su denuncia -"irreverente", para tantos “acomodados"- en la que no se muerde la lengua precisamente:

“¡No tengamos miedo! ¿Se puede ofrecer a la humanidad mejor regalo que la Verdad del Evangelio? Es cierto: Jesús es exigente. ¡Sí, seguirle exige tomar su Cruz cada día! La tentacion de la cobardía ronda por todas partes. y acecha en particular a los pastores. La enseñanza de Jesús se nos hace demasiado dura. ¡Cuántos de nosotros tenemos la tentación de pensar: Es dura esta enseñanza, ¿quién puede escucharla? (Jn 6, 60)! El Señor se vuelve hacia aquellos a los que ha escogido, hacia nosotros, obispos y sacerdotes, y nos pregunta de nuevo: ¿también vosotros queréis marcharos? (Jn 6, 67). Clava sus ojos en los nuestros y nos pregunta uno a uno: ¿me vas a abandonar? ¿Vas a renunciar a enseñar la Fe en su integridad? ¿Tendrás valor para predicar mi presencia real en la Eucaristía? ¿Tendrás valor para llamar a esos jóvenes a la vida consagrada? ¿Te atreverás a decir que sin la confesión regular la comunión sacramental corre peligro de perder su significado? ¿Tendrás la audacia de recordar la verdad de la indisolubilidad del matrimonio? ¿Tendrás caridad para recordárselo incluso a quienes es posible que te lo reprochen? ¿Tendrás valor para invitar con delicadeza a cambiar de vida a los divorciados comprometidos en una nueva relación? ¿Prefieres el éxito a querer seguirme? Dios desea que, como san Pedro, llenos de amor y de humildad, seamos capaces de responderle: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna (Jn 6, 68)” (Se hace tarde y anochece, pp. 17-18. 2ª ed. Palabra. Madrid, 2019).

Lo dejo aquí, aunque es posible una segunda parte.

Y seguimos con lo más nuestro: REZAR, Al Señor, y a su Madre Santísima. Todo lo que podamos.

5.02.20

"Cuando veas las barbas del vecino pelar..."

Así habla la sabiduría popular: “Cuando veas las barbas del vecino pelar, pon las tuyas a remojar”. Y lo dice con gran acierto, como no podía ser menos, pues habla la “sabiduría"; y, por tanto, sabe lo que dice porque sabe de lo que habla. Lo hace, además, como aviso prudente y amistoso para navegantes: con ánimo de que no se repita el desastre en uno mismo ni en las demás personas bienamadas.

Es de todos conocido el soberbio porrazo -"patinazo” sería algo casi insignificante: ¡es que se han automasacrado, y se han disparado en la sién!- que se han dado por las orillas y vecindades de las iglesitas anglicanas, que van siendo menos que nada: a este paso, en su último tramo ya. Vamos: que se han hecho papilla contra el muro que ellos mismos se habían construido contra sí mismos. ¡Que ya tiene mérito!

Hago este amplio preámbulo para ir a parar a donde quiero ir a parar; que es alertar -caso de que aún haya alguien de guardia o retén en la Iglesia Católica y pueda comunicar el aviso-, de a dónde vamos por aquí, y a marchas más que forzadas: ¡a la carrera!

Para aviso de navegantes, como ya he dicho en la tercera línea.

El asunto ha sido escandalosamente meridiano y muy clarificador, si queremos aprender algo o estamos dispuestos aún a hacerlo. Hace unos días, el “pequeño resto” del anglicanismo que aún recuerda la doctrina que, en su separación e invento, quisieron retener -“la doctrina bíblica sobre la sexualidad”, toda ella genuinamente católica luego, claro-, recordaba que la vida sexual sólo es lícita en el uso del matrimonio:

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