InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Un amigo de Lolo

20.06.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La esperanza que nunca se ha de perder

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

La esperanza que nunca se ha de perder

  

“Los días pueden ser negros, grises o claros, pero ¿todos únicamente negros? La pesadumbre se ha echado encima del optimismo y lo aplasta, lo aplasta, más la fe nos dice que la última risa es siempre de la esperanza. La esperanza es como un muelle de acero que cede y se contrae en los momentos difíciles para distenderse y arrollarlo todo a la hora de la verdad”. (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 58)

 

Lo decimos muchas veces eso de que la esperanza “es lo último que se pierde”. Sin embargo, eso, visto desde el punto de vista del Beato de Linares (Jaén, España) es decir muy poco de esta virtud que, por cardinal, la debemos tener más presente que lo que tal expresión dice. 

No hay duda alguna que lo que nos dice Lolo es cierto y es verdad: no todos los días son de color de rosa sino que, en efecto, los hay casi de todos los colores; negros cuando parece que nada sale bien; grises cuando algo sale mal pero hay cosas que salen bien y compensan lo otro o, en fin, días claros en los que todo es, entonces sí, de color de rosa. 

El caso es que nuestro amigo no está de acuerdo en que todos los días tengan que ser, a la fuerza, negros. Y eso lo dice quien tenía más de una causa para que vida fuera bien oscura… Sin embargo, se opone a eso. Y por eso se pregunta si todos han de ser únicamente así, negros. Y sabe que las cosas no son siempre de tal manera y lo basa en algo que, en sí mismo, es una virtud y que forma parte de las que llamamos “capitales” por su importancia y que son, a saber, la fe, la esperanza y la caridad… 

Todo, pues, parece sencillo de entender: si todos los días no pueden ser negros es, precisamente, por la esperanza. 

El caso es que dice bien Lolo que la esperanza tampoco actúa por sí sola sino que es la fe la que nos dirige a ella pues, de tenerla, la fe queremos decir, la otra virtud nos saldrá al encuentro más pronto que tarde. La fe, por tanto, conduce y lleva a la esperanza y por eso es que hay tantas personas que, a fuerza de no tener fe tampoco tienen esperanza… 

Veamos, de todas formas, qué sentido tiene Lolo de esperanza, cómo la considera. 

Resulta curioso que nos dice Lolo que la esperanza es como un “muelle de acero”. Y esto lo decimos porque nos muestra qué es para él pues un muelle es algo elástico que vuelve a su posición una vez se ha estirado de él pero, a su vez, siendo de acero muestra allí una fuerza casi irresistible. Es decir, que la esperanza, que la tenemos ahí sólo para las oportunidades en las que echamos manos de ella siempre está a punto para estirarla según nuestras necesidades y, por eso mismo, tiene una naturaleza tan irresistible, tan fuerte, por decirlo así. 

Ciertamente, la esperanza la necesitamos cuando la necesitamos y no es como la fe que siempre ha de estar ahí. Y por eso, precisamente por eso, cuando nos la echamos al corazón y la ponemos en el primer plano de nuestra vida, ante las dificultades, todo lo arrolla, como dice Lolo. 

Además, es verdad que a la hora de la “verdad”, como apunta nuestro amigo, la esperanza nunca nos falla porque ha sido traída por la fe y siempre está ahí para darle a todo lo malo una visión mejor, una nueva luz, un ser que valga la pena.

    

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

13.06.22

Un amigo de Lolo - Beatificación de Lolo: 12 años y un día

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

12 años y un día

Aquel día llovía en Linares… 

Ciertamente que hace ahora, justamente, 12 años y un día, el agua se dejó caer en Linares que fue donde nació, vivió y murió la persona que aquel día era, por decirlo así, homenajeada con todos los lustres que para eso tiene la Iglesia católica. 

Se ha hecho uso de la lluvia aquella una imagen, digamos, a modo de lágrimas que caían del Cielo porque a un hijo de Dios especialmente cualificado y dotado de dones y gracias como era Manuel Lozano Garrido se le hubiera subido a los altares. Pero, para nosotros (y siendo tal imagen bella y bonita) nos basta con decir que sí, que llovía entonces… 

El caso es que la lluvia, pertinaz, en nada enturbió la beatificación del pronto Beato Lolo. Es más, la volvió más épica, como suele decirse cuando, ante algo que pasa es que se le añade determinada circunstancia que lo hace, si cabe, más especial. 

A nosotros, de todas formas, lo que más nos importa es el acontecimiento en sí o, lo que es lo mismo, la beatificación de Manuel Lozano Garrido, para nosotros Lolo por ser sus amigos. 

Lo que nos importa es que se reconoció entonces que un creyente católico se había ganado a pulso de alma y de corazón subir a los altares. Y no es que otros en creyentes católicos no recayera su forma de hacer las cosas y, en fin, su ser así hijo de Dios sino que, como suele pasar, se reconoce en determinadas personas sus cualidades para subir a los altares. Y eso le pasaba y le pasó a Lolo.

Proceso de Canonización de Manuel Lozano Garrido | Beato Manuel Lozano  Garrido, beato Lolo

Seguramente, mucho se ha escrito sobre aquel hombre, aquel superhombre espiritual (y nos preciamos de calificarlo así porque lo fue) que fue capaz de enfrentar todas las batallas físicas y salir vencedor de ellas menos, claro, de la que le llevó al encuentro del Padre celestial un 3 de noviembre de 1971. Pero es que aquella debía producirse cuando Dios quisiera que se produjera y vino a ser lo que Dios quiso… como suele ser y es lo habitual. 

Nosotros nos gozamos de recordar hoy, que es 13 de junio, hace 12 años y un día que en Linares llovía mucho y la urna con los restos mortales de Lolo subió al escenario en el que, a modo de Iglesia (imaginemos así la cosa) iba a ser nombrado Beato de la Iglesia católica y, desde entonces, formar parte de la lista interminable que en el Cielo adoran a Dios y gozan de la Visión Beatífica y la Bienaventuranza. 

Es cierto y verdad que tal tiempo, 12 años y un día, a lo mejor no es un espacio temporal excesivo si lo comparamos con la misma eternidad (en la que, por cierto, no hay tiempo alguno) Sin embargo, en tal tiempo nos ha dado el mismo para conocer mejor a Lolo y para saber que aquel vecino que, en Linares, visitaban muchos de tal jaez para estar un rato con él, a veces para pedirle consejo espiritual e, incluso (¡sobre todo!) para curar sus muchas dolencias; aquel vecino, decimos, está desde entonces entre aquellos que han sabido, a lo largo de los tiempos, ser fieles hasta el tuétano, como suele decirse. 

Ahora bien, a esto estamos más que seguros de que Lolo, haciendo uso del sentido del humor que tenía (que era más que notable) hubiera dicho algo así como “Sí, para huesos estoy yo”… 

Y es que Lolo era así, ni más ni menos.

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

6.06.22

Un amigo de Lolo “Lolo, libro a libro”- Lolo, un gigante ante la adversidad

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Lolo, un gigante ante la adversidad

  

“Hago todo lo que puedo por disimular el terremoto que me ha supuesto lo de los ojos, pero el cariño le hace a ella deletrear hasta en las arrugas de la piel. He de confesar que no me adapto mal a mi nueva condición de casi ciego. “ (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 57)

 

Es cierto y verdad que cuando alguien conoce al Beato de Linares (Jaén, España) o, por decirlo mejor, cuando a uno le llega al corazón su vida y milagros… bueno, como que es más que posible que no entendamos muchas cosas de lo que le pasó. 

Sobre esto no hace falta que elucubremos demasiado ni que le demos más vueltas de las necesarias. Y es que él nos habla, con una claridad más que meridiana, de qué es eso que no acabamos de entender y por dónde iban los tiros de su vida…

Lo que nosotros no acabamos de comprender es la fuerza de voluntad tan grande que tuvo a lo largo de sus años de enfermedad que iba, como sabemos, a peor y que aquí mismo, en este texto, refleja a qué nos referimos con eso de “a peor”. Y es que se estaba quedando ciego y eso, sumado a su enfermedad, digamos, general, relacionada con los huesos… vamos, que la cosa no era precisamente como para tirar cohetes. 

Veamos, en primer lugar, su actitud. Y es que nos dice Lolo que trata de “disimular” lo que está pasando con los ojos y es que se está quedando ciego. ¿Y cómo se hace eso? 

En realidad, nos debe querer decir que no va a quejarse por un acontecimiento tan terrible en la vida de una persona que, hasta entonces, “al menos” ha podido ver, supone dejar de ver. Y, es más, en el caso de nuestro amigo, muy dado a la lectura de todo tipo de textos (libros, revistas, periódicos) Por eso no nos extraña para nada que hable de eso como de un “terremoto” pues todo se le vino abajo que es lo que suele pasar cuando la tierra tiembla y lo hace con una fuerza destructiva casi total. 

Y, ante esto, nos dice que hace “todo lo que puedo”. Y conociendo a Lolo, y todo lo que ha hecho en sus años de enfermedad para tener, como dice él mismo, “un dolor con escafandra” (que nadie sufra por él mismo…) es seguro que hizo mucho y más para que eso, su inminente ceguera no afecte más que él y, como diría aquel, a su circunstancia. 

A otro respecto, creemos que aquí se refiere a su hermana Lucy cuando dice que “el cariño le hace a ella deletrear hasta en las arrugas de la piel”. Y es que, si hasta entonces lo había cuidado con esmero y cariño… es de suponer que a partir de que su ceguera se hace efectiva la atención de Lucy hacia Lolo habrá de ser total. Y por eso más adelante hace entender que va a dejar de trabajar en la oficina pues faltaba muchas veces por atender a su hermano… 

Y, luego, lo que nos hace titular estas letras con la palabras “gigante ante la adversidad”. Y es que, si además de lo que ya tenía el hombre encima (sus dolores, las constantes visitas del médico…) se está empezando a quedar ciego y dice que no se adapta mal a su nueva situación… en fin, como que no es posible calificarlo de otra forma que no sea, eso, de una persona que es un gigante no ya sólo en la fe sino, en lo físico, en su misma existencia de ser humano afectado, a más a más, por más y más… 

Como sabemos, su posterior ceguera haría que fuese un miembro más de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) y le diera fama a la misma si es que no tenía ya suficiente por su labor. Pero Lolo, hablando en plata, no era, por decirlo pronto y ya, una persona “normal” sino que andaba el hombre mucho más allá del comportamiento que cualquier ser humano sigue ante lo que le pasa. Un gigante. Eso es lo que fue Lolo. Y por eso los caminos de Dios son inescrutables

   

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

30.05.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – Formas de ver las cosas

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

Formas de ver las cosas

 

“Nada, que por lo visto lo mío es el coco” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 57”)

 

 

Antes que nada, debemos decir que este texto del Beato de Linares (Jaén, España) debe ser el más corto que hemos traído aquí. Sin embargo, tiene su enjundia y su importancia porque nos dice mucho acerca de eso, de cómo vemos las cosas las personas. 

Esto viene porque como en casa de Lolo hacía falta que alguien se ocupara no sólo de la propia casa (su hermana Lucy hasta entonces trabajaba en una oficina aunque muchas veces, según leemos poco después, debía ausentarse del trabajo por cuidar a su hermano) sino que lo hiciera del propio Lolo. 

El caso es que había llegado una señora para desempeñar el trabajo que había estado haciendo la anterior. Pero, al ver el panorama que había en casa de Lolo (más bien por las necesidades de atenderlo a él), sólo aguantó una noche y al día siguiente de haber llegado se fue por donde había venido. Y eso le hace escribir a Lolo que, al parecer, lo “suyo” era el “coco” que era lo mismo que decir que asustaba mucho al personal… 

Esto, de todas formas, a nosotros nos viene la mar de bien porque nos permite reflexionar acerca de cómo vemos las cosas las personas pues, al parecer y según vemos aquí, no todas las visiones son iguales como, por otra parte, es lógico esperar: una cosa es un mismo y otra muy distinta… el prójimo. 

Vemos claramente que aquí hay dos formas de ver las cosas:

 

- la de Lolo y,

 

- la del prójimo.

 

 La cosa es bien sencilla. Y es algo como que así (invertimos la relación dicha supra):

la del prójimo: en resumidas cuentas, quien veía a Lolo cómo se encontraba de salud (más aún quienes lo conocían de toda la vida), en primer lugar, es seguro que sintieran lástima por alguien que estaba como estaba pero también es verdad que podían sentir que aquel hombre aguantaba estoicamente lo que le sucedía y que parecía que no había mal que diera al traste con su vida. Admiración, seguro, había en aquel pensamiento pero también algo así como llevarse las manos a la cabeza por ver a Lolo y su situación física.

la de Lolo: y en esto entramos, sin duda, en otra dimensión. Y es que Lolo, que escribe hasta con humor acerca de sus padecimientos y le hace decir eso del “coco” como si la cosa fuera para menos. Pero para nuestro amigo Manuel las circunstancias de su vida, digamos, física, eran las que eran y no se iba a arredrar ante ellas ni se iba a venir abajo. Por eso reacciona siempre como reacciona y no se viene abajo nunca. Y, es más, personas que le conocieron, siempre dijeron y dicen que era una persona muy alegre y siempre parecía (porque lo era) feliz con su vida y con sus circunstancias.

 Vemos, por tanto, que lidiar con las enfermedades contra las que lidiaba Lolo no era poca cosa sino, en todo caso, la constatación de tener cierta ayuda sobrenatural que, partiendo de Dios y siguiendo por su propio espíritu, lo llevaba a ir por la vida con un gracejo propio que tiene quien nada malo le pasa y por eso reparte alegría… 

Sin duda alguna, la forma de ver las cosas de Lolo es la más recomendable aunque, claro está, todos no tengamos la fuerza espiritual del Beato de Linares. Pero bueno… como ejemplo, sirve y vale más que mucho.

  

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

23.05.22

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” – La vida dada por Dios.

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Las golondrinas nunca saben la hora“ libro con el que damos comienzo un año nuevo, el 2022. Y, para más información, digamos que se trata de un diario que abarca entre el 2 junio de 1961 y el 20 de agosto de 1965 o, lo que es lo mismo, contempla la vida de Manuel Lozano Garrido durante cuatro años.

La vida dada por Dios

 

“A aquél, y al otro al que se fue y a mí que aún vivo, se nos da la vida como una antorcha donde izar el mecha del corazón, para que Dios la prenda y reverbere a la gloria del mediodía.” (Las golondrinas nunca saben la hora, p. 50)

 

Antes de esto se refiere el Beato de Linares (Jaén, España) a una imagen propia de quien quiere que la cosa sea para bien. Y es que habla de la claraboya de un Juzgado que, en determinado momento del día los rayos del sol hacen que reflejen la luz y sea, dice Lolo, un, a modo de faro. 

Y luego apunta a que también las personas somos algo así, o debemos ser, como “luces para la historia del mundo”. Y es que ya sabemos eso que dijo Jesucristo acerca de que la luz no hay que esconderla debajo de ningún celemín sino que se ha de hacer servir para que muestre el camino hacia Dios. 

Esto lo decimos porque las palabras que vienen a continuación, y que hemos traído aquí, son el ejemplo perfecto que define lo que nosotros podemos hacer y, es más, lo que debemos hacer porque no todo puede quedarse en mera intención… 

Todo ser humano, y pensamos que todo desde que el Hijo de Dios fue enviado al mundo para que el mundo se salvase, recibe la vida del Todopoderoso. Es decir, no viene al mundo sin razón alguna o sin relación con “Alguien” superior a todo sino que la verdad es, justamente, la contraria: somos creados por Dios (y a su imagen y semejanza, además) y es cierto que eso lo tenemos más claro desde que Jesucristo pisó el mundo. 

Pues bien, el Creador nos da la vida. Y ahí no queda la cosa que sería como decir “¡Hala, ahí os dejo!” como si el Todopoderoso se desentendiese de nosotros. Eso sabemos que no es así pero es que, además, estamos aquí para algo más que para llevar una existencia más o menos buena (según le vaya a cada uno la cosa…) Y tal “algo más” es lo que nos hace mejores discípulos de Jesucristo porque hemos entendido, de ser así, que también somos luz. 

Bueno, en realidad, somos algo más que luz pues, en verdad, somos “antorcha”, como dice Lolo. Y, es más, tal antorcha no puede regirse por cualquier cosa sino que lo ha de hacer con el corazón donde mora el Espíritu Santo, Espíritu de Verdad, en suma. Y, desde el corazón alumbrar, cual antorcha, no sólo nuestro camino sino el del mismo prójimo que, por una causa, razón o motivo que sean, miran nuestra luz. 

Eso sí, la mecha que nosotros debemos situar en la antorcha que se alimenta del corazón no la prendemos nosotros pues, la más de las veces, preferimos eso del celemín… Y, entonces, es Dios mismo quien la prende y Quien, por tanto, nos facilita el ser mismo de alguien que, con sus solas fuerzas… como que no puede ni es capaz de hacer lo que debe hacer, alumbrar lo que debe alumbrar y ser lo que debe ser como hijo de Dios. 

Esto lo decimos por si hay algún soberbio que quiera ser algo por sí solo sin darse cuenta de que no, de que eso no sólo es difícil sino que es, simplemente, imposible: Dios nos creó y Dios nos mantiene en el mundo y, claro, no hay nadie que, fuera de Dios, sea capaz de prender la mecha que llevamos en nuestra antorcha que prende de nuestro corazón.

 Quiere Lolo, además, que nuestra luz luzca, por así decirlo, como si fuera siempre mediodía. Es decir, que la misma no decaiga sino que siempre sea, eso, como a mediodía que es cuando más energía recibimos del sol. Y así debemos ser nosotros: luces que, habiendo sido prendidas por Dios mismo, no cesamos de ser lo que debemos ser y aquellas que miran al celemín como algo extraño y que no a cegar su poder ser luz. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.