InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Archivos para: 2019

21.10.19

Serie Venerable Marta Robin – Comprender, incluso, ¡Sí!, amar la cruz

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

 

Comprender, incluso, ¡Sí!, amar la cruz

“A cada paso en el amor, su cruz se hace menos pesada, su marcha más ligera, su corazón más alegre, su alma más celeste.” (Cuaderno íntimo, 7 de enero de 1930)

 

En la relación, digamos, de “felicidades”, de “bienaventuranzas, que la Venerable Marta Robin hace en este apartado de su Cuaderno íntimo, resulta síntoma de mucha fe que tenga que ver con en el reconocimiento de aquello que a un creyente le puede pesar. Y reconocer en el sentido exacto de darse cuenta de lo que eso puede suponer.

Un poco más arriba dice Marta Robin que son felices (entendemos, claro, que bienaventurados) aquellos que, “por ellos y por los otros, con escogidos y consienten en expiar”. Y queremos entender que, por decirlo así, sufren para que otros sean perdonados que es lo que hizo, precisamente, el Hijo de Dios cuando se dejó matar de aquella manera tan ilegítima. 

Pues bien, nos conviene avanzar en el amor. Es decir, no podemos quedarnos, como pasa muchas veces en una fe y en una caridad infantil. Y no podemos quedarnos ahí porque la existencia del ser humano creyente que es católico está repleta de realidades y de circunstancias que hacen que su vida espiritual deba avanzar.

Debemos, por tanto, como nos dice nuestra hermana en la fe, “dar pasos en el amor” y eso ha de significar acabar comprendiendo lo que el amor nos puede exigir o, mejor, lo que el Amor, con mayúscula, puede querer de nosotros.

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20.10.19

La Palabra del Domingo - 20 de octubre de 2019

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Lc 18, 1-8

 

“1 Les decía una parábola para inculcarles que era preciso orar siempre sin desfallecer. 2 ‘Había un juez en una ciudad, que ni temía a Dios ni respetaba a los hombres. 3 Había en aquella ciudad una viuda que, acudiendo a él, le dijo: ¡Hazme justicia contra mi adversario!’ 4 Durante mucho tiempo no quiso, pero después se dijo a sí mismo: ‘Aunque no temo a Dios ni respeto a los hombres, 5 como esta viuda me causa molestias, le voy a hacer justicia para que no venga continuamente a importunarme.’ 6 Dijo, pues, el Señor: ‘Oíd lo que dice el juez injusto; 7 y Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos, que están clamando a él día y noche, y les hace esperar?     8 Os digo que les hará justicia pronto. Pero, cuando el Hijo del hombre venga, ¿encontrará la fe sobre la tierra?’”.

      

 

COMENTARIO

 

La justicia de Dios: la Justicia

 

En cuanto a la oración, aquel instrumento espiritual que nos pone en contacto con Dios, es bien cierto que, en demasiadas ocasiones, no es para nosotros algo fundamental sino que recurrimos al Creador como si se tratase de un “bombero espiritual” que apague nuestras muchas necesidades y fuegos. 

Con esto queremos decir que orar, querer estar con Dios en determinadas ocasiones, no es eso. No es, precisamente, un querer usar o utilizar al Todopoderoso a nuestro antojo porque, además, Dios es justo y su Justicia puede ser, por justa, terrible para nosotros. 

El caso es que Jesucristo quiere que entendamos, con la parábola de aquella mujer insistente, que lo mismo debemos hacer nosotros en lo tocante a la oración. 

Aquella mujer quería que se le hiciese justicia. Pero quería eso porque estaba segura de tener razón en su querella contra el adversario del que nada sabemos salvo que era, eso, adversario de la mujer perseverante. 

En realidad, sólo quien entiende que está en la verdad más absoluta puede tratar de que se le haga justicia, digamos, a horas intempestivas o, simplemente, a todas horas. Y aquella mujer creía estar en tal verdad. Por eso insistía tanto y buscaba que aquel juez hiciera su trabajo… con ella. 

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18.10.19

J.R.R. Tolkien – Ventana a la Tierra Media – Amar lo que se defiende

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Es bien cierto que la obra escrita por J.R.R. Tolkien, llamado también profesor de Oxford, simplemente profesor y Tolkien padre, tiene mucho que ver con lo que el mismo entendía que debía ser una vida acorde a una serie de principios que debían respetarse.

Esto no quiere decir, no se entienda eso, que era una especie de persona (llamada) carca porque quisiera bien lo que era importante querer bien. No. Nuestro maestro de la escritura fantástica (porque lo era y lo es) sabía que eso, lo que él creía importante, debía quedar reflejado en su obra escrita. Y bien que lo hizo y lo hizo más que bien.

El título del artículo de hoy tiene que ver con una intervención de Faramir, a la sazón hijo de Denethor II, senescal del reino de Gondor y hermano de Boromir que tanto interviene, hasta su terrible y entregada muerte, en el desarrollo de la Comunidad que quiere cumplir con la misión establecida para ella.

Pues bien, en un momento determinado dejó dicho (Tolkien le hizo decir, claro está, porque era lo que él creía y pensaba) que de todo aquello que, a primera vista, pudiera parecer terrible (espadas, flechas, arcos, etc.) este personaje, Faramir, él lo amaba no por ser eso, armas que daño puede hacer y producir, sino por aquello que defendían. Y, aunque muchas personas que esto lean saben dónde eso se dice, el que esto escribe no puede citarlo por no tener aún los derechos para hacerlo (¿?)

Sin duda alguna nosotros estamos más que seguros que la defensa que quería hacer no era, precisamente, del Mal.

Al respecto de esto, de la defensa no del Mal sino, claro, del Bien, se ha escrito mucho y bien sobre el tema pero el que esto escribe tiene, también, algo que decir que no será, claro, enjundioso ni nada por estilo sino, al contrario, de lo más común y ordinario como, por cierto, tiene por costumbre hacer.

Pues bien. A todo esto, decimos que lo que se quiere decir es que hay ciertos valores que se han de tener muy en cuenta, no sólo en la Tierra Media sino aquí mismo, en esta otra Tierra donde vivimos, nos movemos y existimos.

¿Qué ha de querer decir esto por parte de Faramir-Tolkien padre?

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16.10.19

Un amigo de Lolo – "Lolo, libro a libro" - Gracias a Dios; Gracias, Dios

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

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Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “El sillón de ruedas”.

Gracias a Dios; Gracias, Dios

 

“La perpetuidad de la Encarnación nos permite el favoritismo de la doble personalidad redentora, un Cristo-Hombre que agiganta los méritos en su doble papel de Dios”. (El sillón de ruedas, p. 106)

 

Todo lo que nuestro Creador, Dios Todopoderoso y Único, hace lo lleva a cabo, digamos, en beneficio de su Creación. Y, como sabemos, dentro de la misma hay sobre quien (y no es presunción sino pura expresión de Amor), por ser su imagen y semejanza, pone sus ojos y su corazón de una forma más que especial.

Con esto queremos decir que sobre el ser humano, creación perfecta (aunque el mismo ser humano sea, muchas veces, imperfecto según sus acciones…) de Dios, pone nuestro Padre del Cielo toda su atención.

No vamos, ahora y aquí, a mostrar que esto ha sido cierto desde que creó al hombre. Y es que, en realidad, no hace falta porque con las caídas en el abismo que ha tenido el ser humano desde entonces (Ya empezaron con tal práctica Adán y Eva) y que el mismo haya llegado a hoy mismo… en fin… que es prueba más que suficiente como para saber que sí, que Dios nos ha creado y nunca, pero nunca de jamás, nos ha abandonado ni nos abandona a cada uno de nosotros, particularmente a mí y a ti y al otro…

Pues bien, el Beato Manuel Lozano Garrido, muy consciente de esto, sabe, por así decirlo, donde se perfeccionó una tal entrega de parte de Dios hacia su creatura, como se decía hace tiempo.

Lo que nos dice Lolo es que es en el momento de la Encarnación donde se certificó que las promesas del Todopoderoso estaban a punto de cumplirse y que, es esto cierto y verdad, lo dicho iba a ser hecho.

Hay algo, por cierto, que nos dice nuestro hermano en la fe, que debería hacer pensar a más de uno que lo que Dios hace no es algo que haga y, ¡hala!, ahí se queda. Algo así como si no tuviera más importancia y fuera algo puntual.

Pues no. Las cosas, en materia de espiritualidad divina, no son tan simples como podamos llegar a creer las personas.

Esto lo decimos porque, como apunta el Beato de Linares (Jaén, España) la Encarnación es “perpetua”.

No podemos negar que no resulta fácil comprender cómo algo que se produjo hace tantos siglos pueda perpetuarse cuando nosotros, los seres humanos, lo miramos todo según nuestros escasos años de vida y nuestra limitación temporal.

Sobre esto podemos decir que Dios nunca hace las cosas para que dejen de ser sino, al contrario, para que se cumplan siempre. Y eso es lo que pasa con la Encarnación de donde, decimos, nace la definitiva salvación del hombre y, así, llega el final de los tiempos al ser enviado el Mesías al mundo.

Sí. Decimos que la Encarnación está dotada de perpetuidad porque, desde entonces, Cristo se encarna en cada instante del mundo para, luego, nacer también cada instante y, ¡Ay!, morir cada instante.

Es verdad que esto es muy difícil de entender. Pero si miramos las cosas desde el punto de vista de Dios acabaremos por comprender que para Él, para nuestro Señor, no hay tiempo en el sentido humano y todo, todo, se produce, se ha producido y se producirá en “su” tiempo.

Bueno. A lo mejor lo hemos liado aún más. Digamos, sin embargo, que entendemos que se nos quiere decir con esto que Dios siempre está presente, que no nos abandona y que nace en nuestros corazones cada día y, es más en cada instante y que, por eso, la Encarnación, a partir de la cual todo se entiende, siempre está ahí.

Vayamos, de todas formas, al grano de la cosa.

El Beato Manuel Lozano Garrido, con estas palabras, favorece en nuestro corazón la confianza que debe ser tenida por parte de los hijos de Dios. Y es que Dios, al hacerse Hombre nos ha favorecido de forma doble aunque, francamente, nos hubiera valido tan sólo el favor de Dios-Dios. Sin embargo, quiso el Todopoderoso que el ser humano lo conociese en tal Persona, la Segunda de la Santísima Trinidad. Y gracias a eso, gracias a esas “doble personalidad redentora” nos ganó Cristo el Cielo luego, claro, de sufrir lo que sufrió.

      

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

 

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

14.10.19

Venerable Marta Robin – Comprender y aceptar lo que viene de Dios

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

 

Comprender y aceptar lo que viene de Dios

 

“Felices aquellos que comprenden, que aceptan, que siguen a Jesús según su generosidad y la medida de sus gracias.” (Cuaderno íntimo, 7 de enero de 1930)

 

En este texto de la Venerable Marta Robin todo cuenta. Es decir, que es muy importante la Voluntad de Dios y lo que entrega al ser humano, su imagen y semejanza, pero también lo es aquella parte que nosotros ponemos en todo esto. Y es que bien podemos aplicar aquello que dice que a Dios se ruega pero damos, a su vez, de nuestra parte o, también, aquello que dejó dicho San Agustín acerca de que “Aquel que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

A lo largo de las páginas de su “Cuaderno íntimo, nuestra hermana en la fe Marta nos muestra que sí, que sufre físicamente hasta lo indecible. Sin embargo, también nos demuestra que es feliz en lo tocante a su espíritu y alma. Por eso, en muchas ocasiones, habla de los “Felices” o de los “Bienaventurados”. Y esta es una de ellas.

En materia de nuestra fe católica, todo no consiste en hacer lo que nos venga en gana. Al contrario es la verdad: aquí hay quien, como Dios, establece lo que nos conviene y lo que no nos conviene y, entonces, hay que actuar según tan legítimo parecer.

Es bien cierto, sobre esto, que no siempre estamos dispuestos a seguir según qué realidades se hayan establecido para nosotros. ¿No somos libres, acaso? ¿No es Dios mismo quien nos ha dado tal libertad? Y por eso no comprendemos, no entendemos…

El caso es que según Marta Robin hay que aceptar y hay que comprender. ¿Y qué hay que aceptar y comprender?

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