6.02.21

La Palabra para el Domingo - 7 de febrero de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 7 sino sábado, 6 de febrero de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

 

 

 

Mc 1, 29-39

 

“29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.     30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. 31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles. 32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados; 33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. 34  Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar  a los demonios, pues le conocían. 35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración. 36    Simón y sus compañeros fueron en su busca; 37 al encontrarle, le dicen: ‘Todos te buscan.’ 38 El les dice: ‘Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido.’ 39   Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios”.

       

COMENTARIO

 

Cristo salió, vino al mundo para predicar, sanar y salvar


Una vez, cuando uno que quería ser discípulo de Jesús le planteó seguirle, éste le dijo que tuviera en cuenta que el Hijo del hombre no tenía donde recostar su cabeza (Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza, Lc 9, 58 es la cita concreta) Esto lo dijo para que esa persona, pienso yo, supiese, de antemano, donde se iba a meter, que entendiera que el camino hacia Dios no era, sólo, un camino de rosas, sino que comprendiera que esas rosas también tenían espinas. ¡Y qué espinas!

Así, Cristo, acudía allí donde se le invitaba, donde era acogido. Una buena lección esta la que nos dio el Mesías: acudir donde os acojan, pero no sólo ahí, sino donde quieran conoceros mejor.

Y Jesús va a casa de Simón y Andrés, lugar donde le esperaba una buena obra que hacer. Va y se encuentra, aunque posiblemente sabiendo lo que se iba a encontrar, sabiendo su inmediato destino. No podemos pensar otra cosa. Sabe cuál es su misión y, predispuesto a llevarla a cabo, no deja de cumplirla a pesar de las acechanzas de sus enemigos, más preocupados por su bienestar que por el significado de lo que decía, aunque esto atentara, directamente, contra su forma de vida.


Es conocido que el evangelio de Marcos pone su acento, en su texto, en todos aquellos hechos que podemos llamar milagrosos o extraordinarios que el Mesías llevó a cabo. En este breve texto vemos varios casos: en concreto, el de la suegra de Simón; y otros genéricos, los que curó que le traían de todo el pueblo. ‘La ciudad entera estaba agolpada a las puertas’. Agolpada a las puertas del Reino de Dios quizá sin saberlo, podemos decir. Y lo hacía porque muchos querían ser curados de sus males físicos. Sin embargo, esta curación no lo era en ese único sentido.

Conocedores del significado simbólico de los textos sagrados, junto a esa primera visión del acto que cura sigue (o lleva implícito, mejor dicho) otro tipo de curación: que va más allá del mero, aunque importante, aspecto físico.

Ejemplos tenemos muchos que (aunque no corresponda a esta parte del evangelio de Marcos) pueden alumbrarnos en nuestra comprensión. El más paradigmático, quizá, sea el de la curación de Bartimeo (hijo de Timeo) el ciego, que, al paso de Jesús, en Jericó, clama: ¡ut videam!, (que vea) le ruega cuando le pregunta el que tanto urge con su súplica (Mc 10, 46-52). Pero esto, que vea, necesidad misma del ciego, implica una voluntad de sentir el mensaje de Cristo, lleva incorporada una petición: que te comprenda, que te entienda, que te conozca.

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4.02.21

J.R.R. Tolkien - Entre Bloemfontein y Bournemouth- Capítulo 6: Lo que cambia una guerra

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“Pues de todo esto sólo podía salir lo que tenía que salir: la creación de un universo mitológico propio que dio comienzo, nada más y nada menos, que con el poema de título “El viaje de Eärendel, la estrella vespertina” (escrito a finales de verano de 1914) que muy bien sabemos el significado y realidad de tal poema en la obra, entonces, incipiente, de Tolkien padre pues, con el paso de las versiones, devino Eärendil (padre de los medio elfos, como él mismo, Elros y Elrond) a la sazón, hijo de Tuor e Idril Celebrindal, allá en Gondolin (¡Ay su caída!)…”

Esto lo escribíamos en la parte final del capítulo anterior, el 5 de “Entre Bloemfontein y Bournemouth” . Y por aquel entonces, julio, en concreto el 28 de aquel año, dio comienzo el primer gran enfrentamiento mundial acaecido en el pasado siglo XX. Y, como no podía ser de otra forma, aquella Gran Guerra iba a tener una influencia decisiva en la vida de J.R.R. Tolkien. Y es que muchos de sus amigos murieron allí y, digamos, lo que pudo presenciar acabó influyendo no ya en su vida, que suponemos también, sino en el contenido de qué era lo que iba a escribir.

Es bien cierto que nuestro autor no llegaría a Francia hasta el 6 de junio de 1916 y se uniría al 11º de los Fusileros de Lancashire el 28 del mismo mes; también lo es que regresaría a Inglaterra el 8 de noviembre de aquel mismo año tras caer enfermo en Beauval (o comunicar allí que lo está) y haber permanecido hospitalizado en Le Touquet.

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2.02.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro”- Lolo fue periodista: así – 2

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Mesa redonda con Dios”.

 

Lolo fue periodista: así – 2

“Si un milagro hace falta, sea que en los teclados se me vaya pintando la imagen de unos hijos o la de los amigos.

Que, si de pronto se hace en el mundo un silencio porque hacen falta normas, mi corazón sea bravo al decir la palabra; que sea clara y rotunda, y, sobre todo, justa”. (Mesa redonda con Dios, p. 75)

Continuamos con el texto de título “El Periodista” con el que Lolo adorna la profesión de comunicador dando a entender cómo se deje ejercer la misma.

Todo es “si” condicional. Es decir, el Beato Manuel Lozano Garrido, conociendo que el devenir del ser humano es como es y es lo que es, no da nada por seguro (sabe que cualquiera cosa, buena o mala, es posible) Por eso hace uso de una palabra que, en su exacto significado, nos trae la posibilidad no afirmando que sea en acto sino, en todo caso, en potencia. Entonces, si… luego, y entonces, lo que deba venir que pide Lolo.

Con eso entendemos que, a lo mejor, no se hace necesaria la intervención del periodista pues si no concurre lo que nos dice nuestro hermano en la fe… pues a otra cosa. Pero si…

Si hace falta algo que sea verdaderamente extraordinario y que suele llamarse, para gentes de fe, “milagro” que la cosa vaya por los caminos que al Beato de Linares (Jaén, España) quiere que vaya. Y Lolo quiere que de su teclado no salga sino lo bueno y mejor que pueda ser capaz de transmitir a los que lo lean o escuchen (si les es leído el texto por imposibilidad de hacer lo propio con el mismo por enfermedad concurrente) Por eso habla de los hijos y/o de los amigos. Y es que, el linarense universal pretende ejercer una profesión de una forma tal que anime y no haga decaer los ánimos de los lectores.

Pero hay más, como podemos imaginar.

Las cosas que pasan, muchas veces, pasan porque el ser humano no actúa como debería actuar sino que lo hace de forma torticera o, simplemente, de la que poco se puede decir que sea buena. Por eso, en muchas ocasiones, es necesario decir la verdad aunque pueda doler a quien pueda doler (trátese de seres humanos, digamos, particulares como poderes públicos)

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1.02.21

Venerable Marta Robin – Ansia de perfección

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

Ansia de perfección

 

“Toda alma que abrace generosa y plenamente el deseo de la perfección debe prepararse para ser probada por penas extraordinarias a fin de ser, por las mismas, purificada y ser, así, capaz de disfrutar de Dios.” (Diario íntimo, 14 de febrero de 1930)

 

Bien podemos decir que la Venerable Marta Robin no escribe esto en su Diario como una bonita teoría o como algo que pudiera ser posible o, incluso, necesario para un creyente. No. Marta lo hace porque tiene experiencia de lo que dice y, por eso, nos viene la mar de bien su existencia como persona que sufre pero que cree por eso que sufre.

Cuando escribe esto lo hace porque ya ha pasado algunos años sufriendo y padeciendo. Tiene, por tanto, una experiencia física y espiritual que le permite decir según qué cosas que para muchas personas no pasarían de ser expresión de algún de trastorno pues, pensaría, ¿Cómo es posible decir que es necesario sufrir para gozar de Dios?

Quien así piensa y eso es capaz de decir, sostener y defender, tiene un grave problema a la hora de comprender a alguien como, por ejemplo, los creyentes que son capaces de pasar por muy malos momentos y no por eso rechazar a Dios sino, justamente, al contrario, amarlo aún más. Y lo hacen porque comprenden, como la Venerable francesa, lo que hay detrás del sufrimiento.

Pues bien, el caso es que nuestra hermana en la fe parte de la base según la cual es necesario, sí, querer, ansiar, la perfección pues, de otra forma, todo lo demás caerá por su propio peso. Y es que, claro, si no se quiere la perfección… es bien cierto que sobrarán muchas cosas y, sobre todo, muchas y determinadas comprensiones espirituales.

Marta Robin, sin embargo, sí ansía la perfección. Y la ansía porque sabe que su Creador, Dios Todopoderoso quiere que la ansíe. Y eso hace posible, en ella, lo que, de ordinario, resulta imposible para los creyentes que menos voluntad muestran a la hora de querer y ansiar la perfección espiritual.

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30.01.21

La Palabra para el Domingo - 31 de enero de 2020

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Como es obvio, hoy no es domingo 31 sino sábado, 30 de enero de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

 

 

Mc 1, 21-28

  

“21 Llegan a Cafarnaúm. Al llegar el sábado entró en la sinagoga y se puso a enseñar. 22 Y quedaban asombrados de su doctrina, porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. 23 Había precisamente en su sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: 24 ‘¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios.’ 25 Jesús, entonces, le conminó diciendo: ‘Cállate y sal de él.’ 26 Y agitándole violentamente el espíritu inmundo, dio un fuerte grito y salió de él. 27 Todos quedaron pasmados de tal manera que se preguntaban unos a otros: ‘¿Qué es esto? ¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad! Manda hasta a los espíritus inmundos y le obedecen.’ 28  Bien pronto su fama se extendió por todas partes, en toda la región de Galilea”.

      

 

COMENTARIO

 

La doctrina sabia del Hijo de Dios

 

Jesús continúa su labor. Es de suponer que iba con sus recientes discípulos, y así “llegan a Cafarnaúm” . 

Como diría el Mesías que no había venido a abolir la Ley y los Profetas sino a dar cumplimiento (Mt 5, 17), nada mejor que acudir al lugar donde tenía expresión natural ese hacer lo que la Ley indicaba: la sinagoga, lugar de culto, reunión y difusión de la norma de Moisés y del resto de Sagradas Escrituras hasta entonces tenidas como tales. 

Pero el hecho de ir a la sinagoga era, para Jesús, un medio directo y práctico de hacer explícita su enseñanza; era, como dijo, el dar verdadero cumplimiento a la Ley de Dios. Porque allí no se limitaba, sobre todo, a leer los textos disposición de los asistentes. Allí enseñaba, es decir era rabbí (maestro). 

Y como enseñar es explicar lo que se sabe, aprendido y aprehendido lo mejor posible, su enseñanza, derivada directamente de su naturaleza divina, no podía ser otra que la verdadera Palabra de Dios. De ahí que lo hiciera con “autoridad”, pero no sólo con autoridad, sino “como quien” la tenía. Es expresión, como quien, determina, claramente que otros no la tenían. Estos, los escribas, eran percibidos, incluso por muchos de sus oyentes, como presuntos entendidos en la Ley de Dios. Y digo “entendidos” porque parece que sólo enseñaban con potestas, es decir, con potestad, derivada de su situación social y jurídica. Vamos, con ese poder, al fin y al cabo. Sin embargo, esa superioridad legal no lo era moral para muchos ya que, casi con toda seguridad, en su vida no había total concordancia entre lo que decía y lo que hacían. 

Sin embargo, estas primeras apreciaciones de aquellos que oían a Jesús, este enseñar con autoridad, ya determinaba, a las claras, una conducta correcta, una actitud de vida que concordaba, aquí sí, con lo que salía de su boca, que era lo que salía de su corazón. No obstante era la boca de Dios. 

Vemos, pues, que Jesús, por una parte, para no ser tachado de contrario a la Ley, como no podía ser de otra forma, y como él mismo dijo, cumple con el precepto del sábado de acudir a la sinagoga. Pero, para no desmentirse a sí mismo, para dejar claro Quién era, da a la Palabra de Dios (entonces contenida en las Sagradas Escrituras y que hoy llamamos, más en concreto, Antiguo Testamento) un significado no distinto, sino exacto y verdadero. De aquí ese como quien tiene autoridad, pues bien sabían sus oyentes, con toda seguridad personas sencillas del pueblo y dotadas de ese “instinto” de autenticidad en el comportar de quien enseña (aunque, claro, también habría escribas y fariseos) que suple al conocimiento de lo enseñado, que esa forma de transmitir les llegaba, que era así como ellos querían que fuese su enseñanza. 

De ahí su pasmo del que luego diremos algo. 

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28.01.21

J.R.R. Tolkien - Entre Bloemfontein y Bournemouth- Capítulo 5: Lo que ansía Tolkien

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Si decimos que Ronald Tolkien era un inconformista no exageramos lo más mismo porque aquel hombre, que como es sabido, estaba más que preparado para el estudio (su madre Mabel había hecho mucho para que eso fuese así), cuando algo no le interesaba… en fin… pues no le interesaba. Y, al contrario, era un verdadero apasionado de todo aquello que era de su interés. Y sí, tal forma de actuar, seguramente, no es propia de él solo…

Esto lo decimos porque, como podemos imaginar, había realidades que se traían al fresco, por así decirlo, y no les prestaba demasiada atención y, vamos, no es capaz de encontrar razón alguna para que pase de un pensamiento así, digamos de negativo, a otro que sea luz en tal sentido.

Nuestro autor, digamos que dio un paso importante cuando dio, por decirlo así, de lado el estudio de la filología clásica para sustituirlo por las lenguas medievales con las que mantuvo un verdadero idilio, eso sí, fuera de aquello que era el ser y estar de alguien que se dedica a otra cosa…

De todas formas, no creamos que, en esto, era él solo quien ponía de su parte porque, dentro de la misma organización universitaria era más que conocida su capacidad para unas cosas más que para otras y no iba a permitirse que se perdieran quien había dado tantas muestras de lo primero. Por eso le ofrecen un programa de posgrado pues era conocido que tenía una capacidad algo más que superior en filología comparada.

De esta propuesta, digamos, que más que oportuna y más acorde con la verdadera voluntad del joven Tolkien, obtiene algo que consideraba crucial para su vida universitaria e, incluso, privada: empieza a estudiar islandés antiguo. Pero no sólo eso sino, sobre todo, la mitología que encerraba el mismo que era algo más que ansiado por quien tanta importancia daría a los mismos porque creía que su amada Inglaterra estaba necesitada de ellos.

El caso es que, como era de esperar, de esta labor ha de resultar algo más bueno. Así, por ejemplo, estudia el poema “Völuspà” que viene a querer decir, del Islandés antiguo, algo así como “La profecía de la vidente”, conservado en la Edda poética, que viene a ser una colección de poemas mitológicos escritos en nórdico antiguo.

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26.01.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro”- Lolo fue periodista: así - 1

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

Continuamos con el traer aquí textos del Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo. Lo hacemos ahora con “Mesa redonda con Dios”.

 

Lolo fue periodista: así - 1

 

“Señor: pon en mi frente una proa que enfile al buen puerto que eres y asegure a mi nave un pasaje completo de obreros y operarios, estudiantes y madres, profesores y chicas.

Que, a su vez, en el trato y al margen del oficio, sea yo semilla noble de ejemplo y ternura.

Que también acaricie mirando a los semáforos o en coche del ‘metro’.

Que el agua de mi ciencia tenga el espejo al fondo de tu sabiduría.

Que, cuando las masas griten y suenen puñetazos en las cafeterías, yo hable con un vaso en la palma y el agua esté serena como la faz de un lago. “ (Mesa redonda con Dios, p. 75)

 

Como suele suceder muchas veces con los libros de Lolo, los mismos están llenos de momentos especiales. A veces, como es el caso, a uno le dan ganas de ocuparse concienzudamente de alguno de ellos como es el caso.

Que Lolo era periodista, de raza, de raíz y de los buenos, es algo que no requiere demostración aunque esté demostrado con las palabras que dijo y dejó escritas y, en fin, con todo lo que fácilmente puede conocerse de su obra. Y eso lo demuestra en este capítulo de su “Mesa redonda con Dios” de título, precisamente, de “El periodista” a que, si Dios quiere, vamos a dedicar unos cuantos artículos porque se le puede sacar, digamos, mucho jugo y mucho podemos aprender del mismo.

Las palabras del Beato de Linares (Jaén, España) son siempre certeras. Y eso, como ya hemos dicho otras veces, muestra y demuestra que escuchó muy bien los gemidos inefables del Espíritu Santo en su corazón y no quiso hacer oídos sordos a los mismos. Por eso dice lo que dice y lo hace con toda claridad y rotundidad.

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25.01.21

Venerable Marta Robin – Consagrarse a Dios

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

Consagrarse a Dios

 

“Las horas consagradas a Dios son momentos de luz y de gloriosa compañía en la melancólica soledad de esta vida.” (Diario íntimo, 12 de febrero de 1930)

 

¿Cuántas veces podemos sostener, a lo largo de nuestra vida, una verdad tan grande como que, para nosotros, Dios está por encima de todo?

Ciertamente, no son pocas las ocasiones en las que si no decimos eso, lo pensamos para nuestro interior pues tampoco son pocas las veces que nos avergonzamos de nuestras creencias y estimamos oportuno no darlas a entender de una manera tan clara como ésa.

Pero bien. El caso es que un Mandamiento como el de amar a Dios sobre todas las cosas no es nada difícil de entender porque, además de ser el primero de los diez que el Todopoderoso entregó a Moisés en el monte es una verdad, nunca mejor dicho, como un templo: Dios todo lo merece, luego…

Exacto. Es cosa nuestra, de cada hijo de Dios, mostrar y demostrar que eso es cierto. Y, entonces, mucho de lo que hacemos no lo deberíamos hacer y otras muchas cosas que no hacemos, en fin, pues que sí, que deberían ser conducta ordinaria de un buen ser semejanza e imagen de su Creador. Pero, las cosas son como son…

De todas formas, la Venerable Marta Robin pone sobre la mesa algo que es muy importante: al menos, podemos consagrar a Dios cierto tiempo del nuestro que, por cierto, nos lo ha dado Él…

Orar dirigiéndonos al Padre, meditar sobre lo que supone para nosotros ser sus hijos (¡nada más y nada menos que descendientes de Quien todo lo ha hecho y mantiene!; si pensáramos de verdad qué supone eso cantaría otro gallo muy distinto al que desnudó espiritualmente a Pedro…) En fin… seguro que a más de una persona que esto lea se le ocurren otras muchas formas de consagrar, hacer sagrado, un tiempo que dedica o que pueda dedicar a Dios. Y es sagrado porque el destinatario de tal tipo de forma de hacer es, sí, el Señor.

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23.01.21

La Palabra para el Domingo 24 de enero de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 24 sino sábado, 23 de enero de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

 

 

Mc 1, 14-20

 

14 Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba la Buena Nueva de Dios: 15 ‘El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; convertíos y creed en la Buena Nueva.’ 16 Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón, largando las redes en el mar, pues eran  pescadores. 17 Jesús les dijo: ‘Venid conmigo, y os haré llegar a ser pescadores de hombres.’ 18 Al instante, dejando las redes, le siguieron. 19 Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan; estaban también en la barca  arreglando las redes; 20   y al instante los llamó. Y ellos, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, se fueron tras él.”

  

COMENTARIO

Seguir a Jesucristo sin dudarlo siquiera 

 

Juan, como sabemos, anunció que Jesucristo era el Cordero de Dios. Entonces, aquellos que no querían que nada cambiase, lo capturan y encarcelan porque era demasiado peligroso para sus egoístas intereses. De la prisión ya no saldría sino dando testimonio de su martirio. Había sido testigo cualificado del amor de Dios y ejemplo a seguir por todos aquellos que quieren ser fieles a su Padre del Cielo. 

Pero el Bautista ya había cumplido la voluntad del que le envió. Entonces, el Hijo de Dios comienza su labor de proclamación de la Buena Noticia. 

¿Cuál era?: el Reino de Dios ha llegado como anticipación del que lo es definitivo; con Él se cumple el designio de Dios, ya está aquí la plenitud de los tiempos y todo lo que debía pasar. Pasó cuando el Creador quiso que pasara. 

Jesús se dedica a proponer la posibilidad de aceptar su mensaje porque ese mensaje proviene de Dios, porque eso que dice sale de la misma boca de Abbá. Y no lo hace obligando: Dios ha dado libertad a sus hijos y eso lo sabe más que bien quien la ha aceptado en su vida. 

Jesús no propone las cosas de cualquier forma. No: primero pide conversión y luego, sólo luego, creer en la Buena Nueva. Esa conversión, es decir, ese venir a ser otra cosa distinta de lo que se era, resulta primordial ante lo que se propone. Él pide creer después de haber transformado el corazón de piedra y no aceptar antes de modificar o cambiar ese que no es músculo sólo sino residencia y templo del Espíritu Santo.  Y no dice, taxativamente, que el Reino de Dios ya está aquí sino que está cerca. Con esto entendemos que quiere decir que estamos en camino de ese Reino y  que, cuanto hagamos ahora, con esa conversión, ha de servirnos para entender la vida del Mesías y su comportamiento entre aquellos otros nosotros de los primeros tiempos. 

Y si ese tiempo ya se ha cumplido, aceptar ese hecho incontrovertible, sólo puede ser causa de bienestar espiritual y de crecimiento interior, de ese interior de donde podemos ver las cosas de Dios y desde donde podemos ser capaces de vislumbrar la naturaleza de ese hombre nuevo que ya no puede escanciar su hacer en aquel odre viejo de su estado anterior a la conversión. 

Y caminando, porque a Dios se llega pisando la tierra en la que vivimos y siendo conscientes de nuestra propia situación, recorre el mar de Galilea conocedor de la necesidad de hacerse con la compañía de aquellos que, voluntariamente, quisieran seguirlo; buscaba una primera comunidad; anhelaba, ya, la unión de lo que estaba separado del Padre Eterno. 

Jesús era conocedor que, entre los próximos, los más cercanos a él, encontraría a los que buscaba. No debía ir muy lejos. Y allí estaban Simón y Andrés, hermanos y pescadores. 

Podemos preguntarnos por qué el Mesías buscó, y encontró, a los que serían sus Apóstoles, entre personas sencillas y no recurrió, como pudiera parecer lógico para según que corazones, a los que detentaban el poder religioso, sabedor como era de que estos tenían un conocimiento de la Ley mejor que estos no formados trabajadores del mar. 

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21.01.21

J.R.R. Tolkien - Entre Bloemfontein y Bournemouth - Capítulo 4: Tolkien universitario

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Después de volver de su viaje a Europa, a Tolkien le correspondía dar comienzo al curso universitario para el que tanto se había preparado. Corría el año 1911 y nuestro autor tenía todo un mundo por delante para el que tanto había estudiado y luchado y en el que se iba a entregar como mejor sabía hacer: trabajando.

John empieza la universidad. Podemos decir que le pudo haber ido bastante mal si en el Exeter College (donde ingresó formalmente el 17 de octubre de 1911), que era el College donde le había correspondido estudiar, hubieran seguido las costumbres, digamos características y generales, de la Universidad de Oxford.

Esto último lo decimos porque, en aquel tiempo, la gran mayoría de alumnos que allí estudiaban pertenecían a la clase alta de la sociedad y ya podemos imaginar lo que tendrían que soportar los que hubieran acudido a sus aulas mediando una beca, como era el caso de Tolkien.

De todas formas, en el Exeter no se acostumbraba a ser tan esnob y el clasismo no era el que se podía vivir (y sufrir) en otros lugares de aquella Universidad inglesa.

John Garth publica Tolkien at Exeter College – El Anillo Único

Tolkien, por eso mismo, se integra muy bien en el College que, en aquel tiempo, no era considerada una facultad de las más prestigiosas lo cual, por cierto, le vino más que bien al que sería autor de “El Señor de los Anillos” por lo dicho arriba de su falta de forma de ser “sui generis” estilo Oxford…

Dada su jovial naturaleza, pronto hace buenos amigos y pronto empieza a frecuentar clubes sociales y académicos (como la Sociedad Stapeldon) donde pasa a formar parte de círculos debate y se integra en el Club de Ensayo. Y, como, además, juega al rugby y lo hace bastante bien, pronto se granjea buenas amistades, como decimos arriba. Y tal es así la cosa que acaba formando parte de un círculo de nombre “Apolausticks” que viene a querer decir algo así como “aquellos que se entregan a la autocomplacencia” que tanto le debía recordar a aquel T.C.B.S (Club de Té y Sociedad Barroviana) del que formara parte cuando acudía a la King Edward’s School.

El caso es que bien podemos decir que aquel lugar fue un verdadero hogar para John.

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