Amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – Saber ofrecer el sufrimiento a Dios

PRESENTACIÓN
Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.
El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.
Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es,se sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que mucho. Y, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro “Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.
Frases que bien valen la pena – Saber ofrecer el sufrimiento a Dios
“Todas las calles de la amargura tienen, cuanto menos, tres cruces, y a nosotros, por nuestras culpas, nos toca hacer de buen ladrón; hay muchas gentes que van por la carretera con el leño verde de Cristo sobre los hombros y, si no con los labios, sí piden paso de preferencia con la majestad de su dolor.” (Beato Lolo, de su libro Mesa redonda con Dios)
Sufrimiento y esperanza. Estas dos palabras creemos que resumen bien este texto del Beato de Linares (Jaén, España) porque muestran, por un lado, que sufrir es una realidad insoslayable pero que nunca debemos desanimarnos de tal forma que perdamos la esperanza que es una virtud que es tan necesaria que siempre tiene que estar ahí y aquí.
Tiene muy claro Manuel Lozano Garrido que lo del sufrimiento no es una cosa sencilla como es fácil entender según fue su vida, digamos, física desde que le detectaron la enfermedad que, progresivamente, fue empeorando en su cuerpo hasta que lo llevó a la muerte un 3 de noviembre de 1971. Sufrir, por tanto, era para él otro pan suyo de cada día.
Esto lo decimos porque habla de las “tres cruces” que tienen las calles de la amargura que bien puede entenderse que son las que nos llevan por el camino del sufrimiento por el que él transitó durante algunos decenios. Sufrir, por tanto, no es nada del otro mundo sino, al contrario, de este mismo, de este valle, ¡Sí que lo es!, de lágrimas.
El caso es que dice “cuanto menos” porque sabe a la perfección que pueden ser más las cruces que podemos llegar a cargar cuando sufrimos: la física, la espiritual que eso conlleva, el sufrimiento por los demás, etc. Es decir, que cruces que llevar puede haber más que unas cuántas…
Al menos, por decirlo, nos sitúa Lolo en el lugar del “buen ladrón” que, como sabemos, fue aquel que, estando en una cruz junto al Hijo de Dios supo darse cuenta de que Cristo era inocente y él culpable y por eso le pidió algo de clemencia para su persona: estar con Él en su Reino. Y eso conllevó, por lo mostrado, la justa recompensa de parte de Jesucristo y que sería llevarlo consigo a su Reino del Cielo.
Somos, por tanto, ese buen ladrón que reconoce sus culpas. ¡Qué reconoce! Y por tanto, debemos reconocer las culpas que tenemos…
Hay, de todas formas, esperanza, como no puede ser otra cosa para los hijos de Dios que saben que lo son y reconocen en Cristo al Mesías enviado por el Todopoderoso al mundo para que el mundo se salve. Y no es que la esperanza sea lo último que se pierde sino que no debemos perderla nunca porque sería, tal forma de actuar, un grave pecado contra la santísima Providencia de Dios.
La esperanza radica, como no puede ser de otra forma, en la persona de Cristo, en Dios hecho hombre que, como bien sabemos, cargo con su cruz, la Cruz, hasta un monte donde confirmó que vencería a la muerte y abriría las puertas del Cielo.
Ofrecer nuestro sufrimiento por santas intenciones es algo que nos viene la mar de bien espiritualmente hablando. Es decir, ese “leño verde” de Cristo del que nos habla el linarense universal no puede ser otra cosa que esa esperanza que, pase lo que pase, nos conmueve por lo que nos ofrece sea cual se la situación por la que estemos pasando. Y ese leño verde que, sí, es parte de la Cruz pero también es parte del Amor que Dios tiene por sus hijos, acaba venciendo lo que de malo, muy malo puede ser, tiene el sufrimiento porque hace que nos sobrepongamos a este.
El dolor, como aquí se expresa, basta en sí mismo para pedir a Dios la esperanza necesaria para seguir adelante. Es decir, como aporta aquí el Beato Lolo, ni siquiera debe hacer falta pedir el auxilio de Dios, digamos, con los labios sino que el mismo hecho de sufrir sabiendo que el Creador todo lo ve ha de ser suficiente para eso, para pedir a Dios lo bueno y mejor.
Ya vemos, por tanto, que Lolo es tan generoso con sus hermanos que, incluso, nos ofrece la posibilidad de no tener que pedir nada a Dios sino que bástenos con aceptar el sufrimiento en aras de algo mejor, de lo que puede ser brillo para el alma, sostén para nuestra vida eterna. Ofrecer para vivir para siempre, siempre, siempre.
Eleuterio Fernández Guzmán
Panecillos de meditación
Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
Panecillo de hoy:
Entender el sufrimiento es un bien más que importante.
Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (181)
“La felicidad es tan hermosa que necesita de todas las virtudes: hay que creer en ella, esperarla, forjarla con meticulosidad, redondeara con justicia, sumarte todas las energías y gozarla con moderación. Demasiadas no, cuando apenas si se basta con una, que es quererla.”
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Para leer Fe y Obras.
Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.











