Amigo de Lolo – Frases que bien valen la pena – Ser hijo de Dios siéndolo

PRESENTACIÓN
Ya son algunos años los que, el que esto escribe, lleva haciendo lo propio sobre el Beato de Linares (Jaén, España) en esta casa de InfoCatólica. Siempre ha valido la pena hacer algo así y aportar, aunque sea, un granito de arena a la comprensión de un creyente tan fuerte y profundo como es Lolo.
El linarense universal, que tanta atracción espiritual tiene para quien lo conoce, no deja de producir interés en aquel que se acerca a su persona a través de su obra. Y es que, no pudiendo hacerlo ahora personalmente o, digamos, en la intimidad de la conversación entre amigos, que lo somos todos aquellos que ansiamos serlo, es seguro que acercarse a Lolo de forma cercana nos viene la mar de bien.
Lolo nos acerca a lo bueno que tiene saber que, cuando se es hijo de Dios la mejor forma de serlo es, sencillamente, siéndolo. Y él es una muestra perfecta de cómo hacer algo que, algunas veces, a muchos nos resulta difícil y a algunos… imposible. Acerquémonos, desde ahora, a la obra misma de Lolo y a su intimidad podríamos decir, con lo que vamos a ganar, seguramente, mucho y más que mucho. Y, para más abundancia de lo bueno y mejor, al final de todo esto les ponemos uno de los aforismos espirituales que publicó Lolo en su libro “Bien venido, amor“. Vamos, miel sobre hojuelas, como se dice en la Biblia pues esto, al fin y al cabo, es cosa del alma de cada cual.
Frases que bien valen la pena – Ser hijo de Dios siéndolo
“Sé que mi nombre no pesará nunca sobre las columnatas de Bernini y hasta que no llegará a torturar los cinceles que trabajan para las hornacinas, pero confío entrar en ese modelo “estándar” que nutre a cada minuto el portalón celestial.” (Beato Lolo, de su libro El sillón de ruedas)
La famosa columnata de Bernini la forman, nada más y nada menos, que 284 columnas y 88 pilastras. Son de unos 16 metros de altura y están dispuestas en cuatro filas paralelas y, como es normal en este tipo de obras, tiene un sentido simbólico que es, más o menos, que vienen a ser como dos brazos abiertos que acogen a los fieles y vienen a representar a la Iglesia católica.
Pues bien, Manuel Lozano Garrido, en este texto de su libro El sillón de ruedas que tenía que ser, y fue, el primer libro que publicó (lo tenía que ser porque dedicarle el título a “su” sillón de ruedas era de esperar) nos dice que nunca estará en ninguna de tales columnatas.
Esto lo dice porque tales columnatas están, digamos, adornadas, con inscripciones como, por ejemplo, una referida a un fragmento del libro de Isaías que dice (4, 6) “y tienda para sombra contra el calor diurno y para abrigo y reparo contra el aguacero y la lluvia” y entendemos que se refiere a que Dios protegerá a su pueblo de una tal manera.
En fin… que lo que queremos decir es que el Beato de Linares (Jaén, España) no cree que él o su nombre o su vida tenga derecho espiritual a estar ahí inscrito.
Es más, nos dice también que su nombre nunca llegará a ser puesto en alguna de las hornacinas que el mismo Bernini utilizó en los muros interiores de la Basílica de San Pedro del Vaticano para colocar estatuas de santos y papas. Es decir, que él, como tal, como Manuel Lozano Garrido no estará ahí puesto nunca…
Lo que aquí pasa es que, al fin y al cabo, a Lolo no le interesaban ese tipo de oropeles que, sí, también son necesarios pero él era un hijo de Dios, digamos, ordinario (aunque fuera muy extraordinario como bien sabemos) y eso le hacía pensar en otro tipo de situaciones y de circunstancias.
Esto lo decimos porque nuestro amigo Manuel se manifestaba hijo de Dios simplemente siéndolo y eso era suficiente para él.
Se manifestaba hijo de Dios teniendo al Todopoderoso como Padre y, por tanto, respetando su santísima Voluntad como debía ser respetado.
Se manifestaba hijo de Dios aceptando su condición sufriente y sufridora y luciendo, porque era una gran luz, una alegría sin medida y a vista de todos.
Se manifestaba hijo de Dios haciendo del “amar al prójimo como a ti mismo” una realidad consta table por todos aquellos que lo conocieron.
Se manifestaba hijo de Dios siendo humilde y manso de corazón con su hermano Jesucristo quería que fuéramos.
Se manifestaba hijo de Dios haciendo rendir sus dones todo lo posible como quiere Dios que hagamos con los que nos entrega.
Se manifestaba hijo de Dios teniendo una profunda vida eucarística hasta tal punto que consiguió que se pudiera celebrar la Santa Misa en su propia casa.
Se manifestaba hijo de Dios, en fin, de todas aquellas formas que todos aquellos que nos consideramos amigos suyos conocemos aunque sea a la gran distancia temporal que existe entre su vida en el mundo y la nuestra.
En fin… todo esto sólo nos puede hacer pensar que el Beato Lolo lo que hizo fue, simplemente, ser hijo de Dios… siéndolo. Y eso, como bien sabemos, no siempre está al alcance de todos aunque también sabemos que, si bien, el nombre de Lolo no está inscrito donde dice él que podría (no por querer sino por simple posibilidad) lo está en el corazón de Dios y, qué quieren que les digamos, eso es infinitamente mejor.
Eleuterio Fernández Guzmán
Panecillos de meditación
Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
Panecillo de hoy:
Entender el sufrimiento es un bien más que importante.
Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor" (187)
“Mi niño en mi viejo; mi hombre en mi niño; mi vida, como un cristal, con la inquebrantable fortaleza del diamante de lo santo.”
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Para leer Fe y Obras.
Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.






















