Ampliación de reseña: Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 20 poemas desde el corazón. POEMARIO COMPLETO

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 20 poemas desde el corazón
Autor: Eleuterio Fernández Guzmán
Editorial: Createspace, Amazon
Páginas: 34
Precio aprox. Papel: 4,37€ - Descargable: 0,90 €
ISBN Amazon: 9798254446408
Año edición: 2026
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Hay creyentes católicos que inspiran confianza y de los que se puede decir que sus enseñanzas valen la pena. Y podemos decir que el caso de Manuel Lozano Garrido, Lolo, a la sazón Beato de la Iglesia católica desde el 12 de junio de 2010 es uno de ellos.
Quien conoce a Lolo es, sin duda, más feliz que antes de conocerlo. Y esto, que podría parecer una exageración, deja de serlo cuando podemos decir que llevar al linarense universal al corazón supone, de inmediato, un ensanchamiento de este y, por eso, un mayor acercamiento de Dios.
Lolo nos viene la mar de bien para darnos cuenta de que lo que puede parecer imposible muchas veces no lo es. Y no lo es porque cuando alguien como Manuel demuestra que, ante el dolor, es posible no sólo seguir adelante sino sobrevolar el mismo mundo sin poder poner un pie en el suelo nada parece inalcanzable. Y es cierto que Lolos, a lo mejor, no ha habido muchos en el mundo pero a nosotros nos basta y nos sirve haber conocido a quien, desde un sillón de ruedas ha dado los pasos más grandes para conocer el universo todo y, además, ha sido capaz de transmitirnos que basta tener una fe tan grande como él la tenía para mirar hacia adelante y saltar todos los obstáculos.
Nuestro amigo, porque así podemos llamarlo y es seguro que él nos tiene por tales, nos ofrece, con su vida y ejemplo, la posibilidad de levantar la cabeza cuando la podríamos tener agachada, de mirar al frente con gallardía ante lo que pudiéramos considerar imposible de sobrellevar pero, sobre todo, nos mira desde el Cielo con la dulzura propia de un corazón de carne y con la compresión de quien nos conoce y reconoce.
Lolo, por decirlo pronto, ilumina nuestra vida y nos procura lo mejor que podamos ser pues en su persona, en lo que fue y sigue siendo encontramos una raíz, un faro, un fin.
Les pongo aquí el Índice (también traducido el castellano en lo que es necesario):
Presentación
Poemas :
Una espiritualidad bien arraigada
Un incansable trabajador
Unos mandamientos más que ciertos
Un amor, María
Fiel a la Iglesia
Un prójimo muy prójimo
Un dolor con escafandra
Ansia de vivir
Un dolor sobrenaturalizado
Alegría en grado sumo
Lo más cerca de Dios
Un sillón-hermano
Hermana Lucy
Amigos para siempre
Es que es Beato
Dar la bienvenida al Amor
Lolo no tenía celemín
Libros para la eternidad
Sin sillón en el Cielo
Te rogamos ruegues
Un más que necesario Epílogo
Soneto a Lolo
Acerca del autor
Por otra parte, les dejo con uno de los poemas de los que componen esto que les estoy presentando que es, precisamente, el apartado de título Un más que necesario Epílogo.
Soneto a Lolo
Beato Lolo, luz clara, callada,
supiste ver en la cruz la alegría,
claridad en la noche fue tu día,
y con fe luminosa, entregada.
Oración de tu alma enamorada,
llama de luz que a Dios se dirigía,
verso cierto que consuelo tenía,
al Padre, para Él, paloma alada.
De tu lecho y tu sillón te elevabas
y dejando una dulce, gran estela,
y amor y alma en tu sutil compañía.
Amigo querido, no te cansabas
de adorar, cual vigía, centinela
y en el dolor hallaste melodía.
Por cierto, en el apartado Sobre el autor se encuentran los libros escritos y publicados (casi todos en autoedición…) del que esto escribe.
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¡Ea!, que les pongo el poemario completo.
Una espiritualidad bien arraigada
Sobre el amor y la vida,
sobre el bien conocido
que llega al alma.
Sobre el silencio
Y no el olvido,
sobre la esperanza
atesorada
en horas de sufrimiento
y duelo.
Sobre los bienes
alcanzados
y donados por Dios,
sobre la misma senda
que al Cielo lleva.
Allí, sobre tales estancias
construiste un mundo
de maravilloso porvenir,
un mundo de fidelidad,
un saber ser hijo
del Padre,
un querer y poder,
un verse dándose cuenta
de todo,
acariciando cada gesto
con un espacio eterno,
para siempre,
con Dios mismo.
Un incansable trabajador
No había distancias,
ni había limites
que guardar.
No había imposibles
sino logros,
luces y no sombras,
palabras y sílabas.
No había dudas
ni había lejanías
sino espacios tuyos,
personales, íntimos.
No había noes
sino síes,
acento sobre el sí,
así, siempre así,
siempre sí.
No había sino
esfuerzo, intención,
gracia de Dios,
inspiración del Espíritu;
y ahora y mañana.
No había tiempo que perder,
no había sino ganas
de lo mejor.
No había, Manuel,
más que tú, tú mismo
con tu amigo Cristo,
así, bien hermanos.
Unos mandamientos más que ciertos
Desgranaste la esencia
de la palabra,
cómo saber el qué,
el cómo perfecto,
el quién necesario,
por qué aunque moleste.
Y por ser, tu Decálogo,
para aquellos que urgen
palabras
es para siempre,
eterno en sus sílabas,
certero en tales sentencias,
imaginativamente exacto.
Son mandamientos
dados para el bien hacer,
diez, como aquellos dados
por Dios
pero para hombres
de imprenta y tinta,
para aquellos que deben transmitir
los ejes del mundo
para que se ciernan
las cosas bien dichas,
sin dudas y aunque
duelan,
así, por el bien
del corazón.
Un amor, María
Ya Cristo lo dijo:
“ahí tienes a tu Madre”,
y en serio lo tomaste.
María, Madre tuya
y cercana,
en quien confiar
penas, Madre
a quien dirigirse,
en peñas de tus sueños,
en ríos que te llevaron
por el mundo
sin los pies poner
en el suelo.
Madre tuya, siempre,
Madre de cariño,
Madre, Madre y Madre.
En tu casa
la aceptaste, como Juan,
en tu corazón
le hiciste un lugar,
un cercano gozo
que duraba y no
cansaba,
un porvenir que tenía
su nombre, los acentos eternos
de sus letras,
un ser que tenías por centro,
así, para siempre.
Fiel a la Iglesia
Como una madre buena,
como un lugar sagrado,
como una estancia digna
de ser amada,
así aceptaste la señal
dada, aquel bautismo
en Linares,
así quisiste ser hijo,
para serlo bueno,
para ser fiel a sus palabras,
para recogerse en sus
templos,
para tener por bueno
un ser y un hacer.
Iglesia, así,
donde guarecerse
en la llovizna del mundo,
donde acoger al otro,
donde querer ser
para poder ser,
donde ir, con el tiempo,
con sus pasos ciertos,
con al exacto merecer
de ser hijos,
de hermanos ser.
Como una madre buena,
la Iglesia, tú mismo, Manuel,
refugio y barca, y mismo mar.
Un prójimo muy prójimo
De ti dicen que sí,
que sí y que sí,
que ni había horas
perdidas,
que ni tiempo egoísta,
que todo era por bien
de tu prójimo;
que sí, que estabas ahí,
cercano y oportuno,
que tu palabra era
esperada,
que tu corazón
se abría,
que no había oscuridad
sino luz,
que para Manuel
todo era poco,
que nada se guardaba,
que sí, que sí,
siempre que sí.
Un dolor con escafandra
Su vida pasó Manuel
y caminó por el mundo
sin bajarse del sillón
o de la cama que lo retuvo.
Su vida pasó Manuel
sobre alfileres sentado,
duros minutos sufrientes,
horas de espanto en el cuerpo.
Su vida pasó Manuel
sobre ascuas por dentro,
con el corazón grande
y el alma dando sustento,
luchando por no querer
ser sufridor para el otro,
que nadie sintiera opresión
al pensar en su amigo,
que no se escucharan
de sus lágrimas
ni un poco el sonido.
Su vida pasó Manuel
ansiando una escafandra,
que fuera suyo su dolor
y no en el prójimo una huella.
Es un amor
muy propio del buen cristiano,
que nadie sus cuitas sufra,
que se queden para él
y que su corazón bien nutra.
Ansia de vivir
Corazón limpio,
alma blanca,
versos que riman
vida y elegida,
sustancia de eternidad,
querencia por Dios,
por alcanzar el Cielo
mediando el valle,
de sus mismas lágrimas
apabullante.
Tierno suceso diario,
camino exacto
hacia el fin, faro
entrevisto,
querer y poder,
ser y anhelar.
Corazón de carne
y de piedra alejado,
sublime acto de amor
conocido y practicado,
amor, en suma
y en suma afán.
vivir, querer ser
y serlo.
Un dolor sobrenaturalizado
Mirando al Cielo
y caminando,
sabiéndose hijo
de un Padre Eterno,
sabiendo.
Haciendo de su vida
un ejemplo bien tenido,
elevando el dolor
hacia destinos bien ciertos,
y no dejando que ese poso
herrumbre fuera en su alma
y siquiera diera sustancia
a lo que no fuera calma.
Elevando así su mirada
hacia arriba, bien elevada,
dejaba que su dolor
de tal forma se transformara,
ejemplo de lo mejor,
que lo posible alcanzara,
que fuera gozo el sufrir,
que lo sobrenaturalizaba.
Y así Manuel alcanzar la gloria
supo,
teniendo muy dentro a Dios,
sabiendo ser hijo suyo.
Alegría en grado sumo
Mirar al Cielo
y dar gracias,
saberse escogido
para sufrir y ofrecer,
reconocerse hijo
del Padre,
ser libre para aceptarlo.
Tener un corazón
de fuerza,
un alma limpia
entregada a existir,
ser fuente de gozo,
silencio al dolor,
al sufrimiento un mutis.
Mirar al otro
con sonrisa grande,
saber dar la mano
sin poder sus dedos
acariciar lo dado.
Manuel, Lolo,
árbol de luz
sin celemín donde esconderla,
júbilo, regocijo, contento,
tú, todo.
Lo más cerca de Dios
Desde tu sillón, Manuel,
allí donde el tiempo se quedó
para siempre contigo,
donde el mundo se acercó
para quedarse a tu lado,
cabe tu corazón grande.
En una distancia
que no existe,
rotas las lejanías
y ciertos los hilos
que te unían al Padre.
Cerca, cerca del corazón
de Quien todo lo ha creado
y mantiene,
cerca de su Amor,
cerca.
Cerca de Aquel que te nombró
hijo, que te hizo hijo,
que te sostuvo como hijo.
Cerca. Cerca para siempre,
y cerca entonces y ahora,
ahora en su Visión,
Cerca.
Un sillón-hermano
Dos ruedas y un espacio,
sillón-hermano.
Siempre a tu lado,
Manuel,
sosteniéndote todo,
sillón-hermano.
Conociendo tus ahoras,
tus entonces y tus horas,
siendo tierno en su dureza,
acariciándote sin descanso,
sillón-hermano.
Libre ya de ataduras
cuando subiste tú al Cielo
y te dejó allí en Linares,
ya sin su amor,
ya sin su dueño.
Sillón-hermano,
ni sólo mueble
ni mueble solo,
siempre contigo,
siempre a tu lado,
sillón-hermano.
Hermana Lucy
Manos y corazón,
palabra y sostén,
lucha y gozo,
amor en suma.
Hermana Lucy,
luz gemela de la luz,
escogida bien la libertad,
madre también,
todo fuiste para él.
Para Manuel,
por Lolo,
que no estuviera solo,
que tus manos
fueran las suyas,
que tus ojos
sus ojos.
Lucy, hermana,
¿escondiste cuántas lágrimas?,
entre mañanas y noches,
entre cojines y sábanas.
Lucy, hermana,
seguro que ahora lo cuidas
entre las nubes más altas.
Amigos para siempre
A la Fundación Amigos de Lolo
Estuvieron cerca,
de su compañía gozaron,
amigos de entonces
y que ahora recordamos.
Supieron quererlo,
amigos de Lolo,
de Lozano, Manuel,
de Garrido entero.
Aquellos amigos
que dieron sus manos
y supieron tener
ocasión de nombrarlo,
llevan su espíritu arriba,
su ejemplo para citarlo.
Amigos de entonces,
hermanos cercanos,
qué bien que sostuvisteis
la espada bien en alto,
que justo es, sin duda,
las gracias, pues, ya daros.
Es que es Beato
Dijo una tarde Manuel
que Beato nunca sería,
siendo como que es
anécdota bien conocida.
Y los caminos de Dios,
que sabemos tan extraños,
supieron dar con su nombre
en los altares más altos.
Era un doce de junio,
y llovía sin descanso,
era en Linares su pueblo,
y muchos allí esperando,
año de Nuestro Señor
del 2010 recordado.
Beato, sí, Manuel. Beato,
a pulso que fue ganado
ese lugar tan cercano,
que muchos los corazones
son los que te nombran gozando.
Te pedimos, y es por eso,
que ruegues por los de aquí abajo.
Dar la bienvenida al Amor
En su corazón quiso,
Manuel es que lo aceptó,
con grande gozo y alegría
a Dios mismo recibió.
Era Su Templo completo,
era todo su corazón,
era lo primero de su vida,
era todo su Amor.
Lolo desde Linares,
allí mismo encontró
la llama viva en su casa,
allí mismo la aceptó,
allí hizo eterna su palabra
aquella que dijo “yo”,
aquella que con su verbo
dio bienvenida al Amor.
Hizo nido en su alma,
allí quedó y fructificó,
un tanto por ciento elevado
la semilla que Dios sembró
y es que era tierra fértil
donde Adonaí llegó,
vio, miró y se quedó.
Lolo no tenía celemín
Por la boca y con las manos,
desde su sillón,
desde su ventana
y su cama.
Manuel no escondía nada,
ni se permitía intentarlo,
dudar con una palabra,
tratar de disimularlo.
Lolo lo proclamó,
su fe más que bien habló,
teniendo por buen presente
que se supiera su voz,
que hablara de su alma,
de su lucha,
de su amor.
Con la boca y por las manos
en nada Lolo se escondió,
dejando su clara huella,
el paso que siempre dio
y es que nunca, que se sepa,
un celemín compró.
Libros para la eternidad
Para pervivir. Escribió Manuel
para que quedase un mensaje
limpio, para cada amigo,
para quien quisiera conocer
cómo inspira el Espíritu.
Cada palabra dicha,
cada idea sugerida,
cada posible bien
se confirma en ellos,
libros dignos de un santo,
de quien conoce el decir,
de quien se deja llevar
por la mano invisible
de su alma.
Gracia, sin duda,
espíritu, cierto,
líneas que el corazón llenan,
instancias altas
traídas al mundo,
ejemplo perenne de lo que Dios
hace,
de quien es escogido para
iluminar. Y así es.
Sin sillón en el Cielo
Quedó seguro descontento,
en el mundo se quedó,
con sus ruedas sin sustento
pues el alma se elevó.
Manuel que voló y voló
y su alma vislumbró
las verdes praderas del Cielo
estaba ya su sillón.
¿Cómo has quedado, amigo?,
tanto como te quiero yo,
en mis días en el mundo
ni una queja se te oyó
de tener que sostenerme
con mis dolores y mi yo.
Y dicen los que saben
de añoranzas y de amor
que las ruedas de su cuerpo
esas que son dos,
quisieran tener a Lolo,
una vez, un qué sé yo,
y es que humildes son mis ruedas
y llevarte fue un honor.
Te rogamos ruegues
Nos dirigimos a ti
y esperamos tu auxilio,
Manuel Lozano Garrido,
que en el Cielo tienes sitio.
Nos dirigimos a ti
y queremos dedicarte
las palabras que nos salen
de bien dentro del alma.
Queremos que nos escuches,
que pongas las intenciones,
que queremos sean santas,
a los pies del mismo Cristo,
con quien te ves de cara.
Nosotros aquí quedamos,
pidiendo que seas amigo,
que nuestras cuitas entiendas,
que las oraciones las veas,
que las escuches, que las tengas.
Manuel Lozano Garrido,
ya que estás en el Cielo
¿Quieres acercar al Padre
todos nuestros desvelos?
Sabemos que será sí
la respuesta a nuestro anhelo.
Un más que necesario Epílogo
Soneto a Lolo
Beato Lolo, luz clara, callada,
supiste ver en la cruz la alegría,
claridad en la noche fue tu día,
y con fe luminosa, entregada.
Oración de tu alma enamorada,
llama de luz que a Dios se dirigía,
verso cierto que consuelo tenía,
al Padre, para Él, paloma alada.
De tu lecho y tu sillón te elevabas
y dejando una dulce, gran estela,
y amor y alma en tu sutil compañía.
Amigo querido, no te cansabas
de adorar, cual vigía, centinela
y en el dolor hallaste melodía.
Eleuterio Fernández Guzmán
Panecillos de meditación
Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.
Panecillo de hoy:
La poesía es un arma cargada de sorpresas y descubrimientos; otro don de Dios.
Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)
“Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“
……………………………
Para leer Fe y Obras.
Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.


Todo aquel proceso judicial, como sabemos, estaba plagado de irregularidades. No importaba, eso, a quien buscaba la desaparición de Jesús y, menos aún, para los que las normas romanas no les importaban absolutamente nada. El caso era acusar a Jesús de tal forma que no pudiera sentenciarse otra cosa que no fuera su muerte… y muerte de cruz, además, infamante para el reo. 

PRESENTACIÓN
Pero Jesús es Señor del sábado y puede hacer lo que quiera, como quiera y cuando quiera. Si, además, tiene que ver con la misericordia y la necesidad ajena… nadie iba a impedir que hiciera lo bueno por cumplir unas normas que el hombre había establecido con corazón de piedra.







