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4.04.26

Ampliación de reseña: Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 20 poemas desde el corazón. POEMARIO COMPLETO

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo: 20 poemas desde el corazón                 Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo: 20 poemas desde el corazón

Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo – 20 poemas desde el corazón

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 34

Precio aprox. Papel: 4,37€ - Descargable: 0,90 €

ISBN Amazon: 9798254446408

Año edición: 2026

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Otros libros del autor. Y más libros, aquí.

Hay creyentes católicos que inspiran confianza y de los que se puede decir que sus enseñanzas valen la pena. Y podemos decir que el caso de Manuel Lozano Garrido, Lolo, a la sazón Beato de la Iglesia católica desde el 12 de junio de 2010 es uno de ellos.

Quien conoce a Lolo es, sin duda, más feliz que antes de conocerlo. Y esto, que podría parecer una exageración, deja de serlo cuando podemos decir que llevar al linarense universal al corazón supone, de inmediato, un ensanchamiento de este y, por eso, un mayor acercamiento de Dios.

Lolo nos viene la mar de bien para darnos cuenta de que lo que puede parecer imposible muchas veces no lo es. Y no lo es porque cuando alguien como Manuel demuestra que, ante el dolor, es posible no sólo seguir adelante sino sobrevolar el mismo mundo sin poder poner un pie en el suelo nada parece inalcanzable. Y es cierto que Lolos, a lo mejor, no ha habido muchos en el mundo pero a nosotros nos basta y nos sirve haber conocido a quien, desde un sillón de ruedas ha dado los pasos más grandes para conocer el universo todo y, además, ha sido capaz de transmitirnos que basta tener una fe tan grande como él la tenía para mirar hacia adelante y saltar todos los obstáculos.

Nuestro amigo, porque así podemos llamarlo y es seguro que él nos tiene por tales, nos ofrece, con su vida y ejemplo, la posibilidad de levantar la cabeza cuando la podríamos tener agachada, de mirar al frente con gallardía ante lo que pudiéramos considerar imposible de sobrellevar pero, sobre todo, nos mira desde el Cielo con la dulzura propia de un corazón de carne y con la compresión de quien nos conoce y reconoce.

Lolo, por decirlo pronto, ilumina nuestra vida y nos procura lo mejor que podamos ser pues en su persona, en lo que fue y sigue siendo encontramos una raíz, un faro, un fin.

Les pongo aquí el Índice (también traducido el castellano en lo que es necesario):

Presentación

Poemas :

Una espiritualidad bien arraigada

Un incansable trabajador

Unos mandamientos más que ciertos

Un amor, María

Fiel a la Iglesia

Un prójimo muy prójimo

Un dolor con escafandra

Ansia de vivir

Un dolor sobrenaturalizado

Alegría en grado sumo

Lo más cerca de Dios

Un sillón-hermano

Hermana Lucy

Amigos para siempre

Es que es Beato

Dar la bienvenida al Amor

Lolo no tenía celemín

Libros para la eternidad

Sin sillón en el Cielo

Te rogamos ruegues

Un más que necesario Epílogo

Soneto a Lolo

Acerca del autor

Por otra parte, les dejo con uno de los poemas de los que componen esto que les estoy presentando que es, precisamente, el apartado de título Un más que necesario Epílogo.

Soneto a Lolo

Beato Lolo, luz clara, callada,

supiste ver en la cruz la alegría,

claridad en la noche fue tu día,

y con fe luminosa, entregada.

Oración de tu alma enamorada,

llama de luz que a Dios se dirigía,

verso cierto que consuelo tenía,

al Padre, para Él, paloma alada.

De tu lecho y tu sillón te elevabas

y dejando una dulce, gran estela,

y amor y alma en tu sutil compañía.

Amigo querido, no te cansabas

de adorar, cual vigía, centinela

y en el dolor hallaste melodía.

Por cierto, en el apartado Sobre el autor se encuentran los libros escritos y publicados (casi todos en autoedición…) del que esto escribe. 

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected]

¡Ea!, que les pongo el poemario completo. 

Una espiritualidad bien arraigada

 

Sobre el amor y la vida,

sobre el bien conocido

que llega al alma.

Sobre el silencio

Y no el olvido,

sobre la esperanza

atesorada

en horas de sufrimiento

y duelo.

Sobre los bienes

alcanzados

y donados por Dios,

sobre la misma senda

que al Cielo lleva.

Allí, sobre tales estancias

construiste un mundo

de maravilloso porvenir,

un mundo de fidelidad,

un saber ser hijo

del Padre,

un querer y poder,

un verse dándose cuenta

de todo,

acariciando cada gesto

con un espacio eterno,

para siempre,

con Dios mismo.

 

Un incansable trabajador

 

No había distancias,

ni había limites

que guardar.

No había imposibles

sino logros,

luces y no sombras,

palabras y sílabas.

No había dudas

ni había lejanías

sino espacios tuyos,

personales, íntimos.

No había noes

sino síes,

acento sobre el sí,

así, siempre así,

siempre sí.

No había sino

esfuerzo, intención,

gracia de Dios,

inspiración del Espíritu;

y ahora y mañana.

No había tiempo que perder,

no había sino ganas

de lo mejor.

No había, Manuel,

más que tú, tú mismo

con tu amigo Cristo,

así, bien hermanos. 

Unos mandamientos más que ciertos

 

Desgranaste la esencia

de la palabra,

cómo saber el qué,

el cómo perfecto,

el quién necesario,

por qué aunque moleste.

Y por ser, tu Decálogo,

para aquellos que urgen

palabras

es para siempre,

eterno en sus sílabas,

certero en tales sentencias,

imaginativamente exacto.

Son mandamientos

dados para el bien hacer,

diez, como aquellos dados

por Dios

pero para hombres

de imprenta y tinta,

para aquellos que deben transmitir

los ejes del mundo

para que se ciernan

las cosas bien dichas,

sin dudas y aunque

duelan,

así, por el bien

del corazón.

 

Un amor, María

 

Ya Cristo lo dijo:

“ahí tienes a tu Madre”,

y en serio lo tomaste.

María, Madre tuya

y cercana,

en quien confiar

penas, Madre

a quien dirigirse,

en peñas de tus sueños,

en ríos que te llevaron

por el mundo

sin los pies poner

en el suelo.

Madre tuya, siempre,

Madre de cariño,

Madre, Madre y Madre.

En tu casa

la aceptaste, como Juan,

en tu corazón

le hiciste un lugar,

un cercano gozo

que duraba y no

cansaba,

un porvenir que tenía

su nombre, los acentos eternos

de sus letras,

un ser que tenías por centro,

así, para siempre.

Fiel a la Iglesia

 

Como una madre buena,

como un lugar sagrado,

como una estancia digna

de ser amada,

así aceptaste la señal

dada, aquel bautismo

en Linares,

así quisiste ser hijo,

para serlo bueno,

para ser fiel a sus palabras,

para recogerse en sus

templos,

para tener por bueno

un ser y un hacer.

Iglesia, así,

donde guarecerse

en la llovizna del mundo,

donde acoger al otro,

donde querer ser

para poder ser,

donde ir, con el tiempo,

con sus pasos ciertos,

con al exacto merecer

de ser hijos,

de hermanos ser.

Como una madre buena,

la Iglesia, tú mismo, Manuel,

refugio y barca, y mismo mar.

Un prójimo muy prójimo

 

De ti dicen que sí,

que sí y que sí,

que ni había horas

perdidas,

que ni tiempo egoísta,

que todo era por bien

de tu prójimo;

que sí, que estabas ahí,

cercano y oportuno,

que tu palabra era

esperada,

que tu corazón

se abría,

que no había oscuridad

sino luz, 

que para Manuel

todo era poco,

que nada se guardaba,

que sí, que sí,

siempre que sí.

  

Un dolor con escafandra

 

Su vida pasó Manuel

y caminó por el mundo

sin bajarse del sillón

o de la cama que lo retuvo.

Su vida pasó Manuel

sobre alfileres sentado,

duros minutos sufrientes,

horas de espanto en el cuerpo.

Su vida pasó Manuel

sobre ascuas por dentro,

con el corazón grande

y el alma dando sustento,

luchando por no querer

ser sufridor para el otro,

que nadie sintiera opresión

al pensar en su amigo,

que no se escucharan

de sus lágrimas

ni un poco el sonido.

Su vida pasó Manuel

ansiando una escafandra,

que fuera suyo su dolor

y no en el prójimo una huella.

Es un amor

muy propio del buen cristiano,

que nadie sus cuitas sufra,

que se queden para él

y que su corazón bien nutra.

Ansia de vivir

 

Corazón limpio,

alma blanca,

versos que riman

vida y elegida,

sustancia de eternidad,

querencia por Dios,

por alcanzar el Cielo

mediando el valle,

de sus mismas lágrimas

apabullante.

Tierno suceso diario,

camino exacto

hacia el fin, faro

entrevisto,

querer y poder,

ser y anhelar.

Corazón de carne

y de piedra alejado,

sublime acto de amor

conocido y practicado,

amor, en suma

y en suma afán.

vivir, querer ser

y serlo.

  

Un dolor sobrenaturalizado

 

Mirando al Cielo

y caminando,

sabiéndose hijo

de un Padre Eterno,

sabiendo.

Haciendo de su vida

un ejemplo bien tenido,

elevando el dolor

hacia destinos bien ciertos,

y no dejando que ese poso

herrumbre fuera en su alma

y siquiera diera sustancia

a lo que no fuera calma.

Elevando así su mirada

hacia arriba, bien elevada,

dejaba que su dolor

de tal forma se transformara,

ejemplo de lo mejor,

que lo posible alcanzara,

que fuera gozo el sufrir,

que lo sobrenaturalizaba.

Y así Manuel alcanzar la gloria

supo,

teniendo muy dentro a Dios,

sabiendo ser hijo suyo.

  

Alegría en grado sumo

 

Mirar al Cielo

y dar gracias,

saberse escogido

para sufrir y ofrecer,

reconocerse hijo

del Padre,

ser libre para aceptarlo.

 

Tener un corazón

de fuerza,

un alma limpia

entregada a existir,

ser fuente de gozo,

silencio al dolor,

al sufrimiento un mutis.

 

Mirar al otro

con sonrisa grande,

saber dar la mano

sin poder sus dedos

acariciar lo dado.

 

Manuel, Lolo,

árbol de luz

sin celemín donde esconderla,

júbilo, regocijo, contento,

tú, todo.

 

Lo más cerca de Dios

 

Desde tu sillón, Manuel,

allí donde el tiempo se quedó

para siempre contigo,

donde el mundo se acercó

para quedarse a tu lado,

cabe tu corazón grande.

 

En una distancia

que no existe,

rotas las lejanías

y ciertos los hilos

que te unían al Padre.

 

Cerca, cerca del corazón

de Quien todo lo ha creado

y mantiene,

cerca de su Amor,

cerca.

 

Cerca de Aquel que te nombró

hijo, que te hizo hijo,

que te sostuvo como hijo.

Cerca. Cerca para siempre,

y cerca entonces y ahora,

ahora en su Visión,

Cerca.

 

Un sillón-hermano

 

Dos ruedas y un espacio,

sillón-hermano.

Siempre a tu lado,

Manuel,

sosteniéndote todo,

sillón-hermano.

 

Conociendo tus ahoras,

tus entonces y tus horas,

siendo tierno en su dureza,

acariciándote sin descanso,

sillón-hermano.

 

Libre ya de ataduras

cuando subiste tú al Cielo

y te dejó allí en Linares,

ya sin su amor,

ya sin su dueño.

 

Sillón-hermano,

ni sólo mueble

ni mueble solo,

siempre contigo,

siempre a tu lado,

sillón-hermano.

 

 

Hermana Lucy

 

Manos y corazón,

palabra y sostén,

lucha y gozo,

amor en suma.

 

Hermana Lucy,

luz gemela de la luz,

escogida bien la libertad,

madre también,

todo fuiste para él.

 

Para Manuel,

por Lolo,

que no estuviera solo,

que tus manos

fueran las suyas,

que tus ojos

sus ojos.

 

Lucy, hermana,

¿escondiste cuántas lágrimas?,

entre mañanas y noches,

entre cojines y sábanas.

 

Lucy, hermana,

seguro que ahora lo cuidas

entre las nubes más altas.

 

Amigos para siempre

  

A la Fundación Amigos de Lolo

  

Estuvieron cerca,

de su compañía gozaron,

amigos de entonces

y que ahora recordamos.

 

Supieron quererlo,

amigos de Lolo,

de Lozano, Manuel,

de Garrido entero.

 

Aquellos amigos

que dieron sus manos

y supieron tener

ocasión de nombrarlo,

llevan su espíritu arriba,

su ejemplo para citarlo.

 

Amigos de entonces,

hermanos cercanos,

qué bien que sostuvisteis

la espada bien en alto,

que justo es, sin duda,

las gracias, pues, ya daros.

 

Es que es Beato

 

Dijo una tarde Manuel

que Beato nunca sería,

siendo como que es

anécdota bien conocida.

 

Y los caminos de Dios,

que sabemos tan extraños,

supieron dar con su nombre

en los altares más altos.

 

Era un doce de junio,

y llovía sin descanso,

era en Linares su pueblo,

y muchos allí esperando,

año de Nuestro Señor

del 2010 recordado.

 

Beato, sí, Manuel. Beato,

a pulso que fue ganado

ese lugar tan cercano,

que muchos los corazones

son los que te nombran gozando.

 

Te pedimos, y es por eso,

que ruegues por los de aquí abajo.

 

Dar la bienvenida al Amor

 

En su corazón quiso,

Manuel es que lo aceptó,

con grande gozo y alegría

a Dios mismo recibió.

 

Era Su Templo completo,

era todo su corazón,

era lo primero de su vida,

era todo su Amor.

 

Lolo desde Linares,

allí mismo encontró

la llama viva en su casa,

allí mismo la aceptó,

allí hizo eterna su palabra

aquella que dijo “yo”,

aquella que con su verbo

dio bienvenida al Amor.

 

Hizo nido en su alma,

allí quedó y fructificó,

un tanto por ciento elevado

la semilla que Dios sembró

y es que era tierra fértil

donde Adonaí llegó,

vio, miró y se quedó.

 

Lolo no tenía celemín

 

Por la boca y con las manos,

desde su sillón,

desde su ventana

y su cama.

 

Manuel no escondía nada,

ni se permitía intentarlo,

dudar con una palabra,

tratar de disimularlo.

 

Lolo lo proclamó,

su fe más que bien habló,

teniendo por buen presente

que se supiera su voz,

que hablara de su alma,

de su lucha,

de su amor.

 

Con la boca y por las manos

en nada Lolo se escondió,

dejando su clara huella,

el paso que siempre dio

y es que nunca, que se sepa,

un celemín compró.

  

Libros para la eternidad

 

Para pervivir. Escribió Manuel

para que quedase un mensaje

limpio, para cada amigo,

para quien quisiera conocer

cómo inspira el Espíritu.

 

Cada palabra dicha,

cada idea sugerida,

cada posible bien

se confirma en ellos,

libros dignos de un santo,

de quien conoce el decir,

de quien se deja llevar

por la mano invisible

de su alma.

 

Gracia, sin duda,

espíritu, cierto,

líneas que el corazón llenan,

instancias altas

traídas al mundo,

ejemplo perenne de lo que Dios

hace,

de quien es escogido para

iluminar. Y así es.

 

Sin sillón en el Cielo

 

Quedó seguro descontento,

en el mundo se quedó,

con sus ruedas sin sustento

pues el alma se elevó.

 

Manuel que voló y voló

y su alma vislumbró

las verdes praderas del Cielo

estaba ya su sillón.

 

¿Cómo has quedado, amigo?,

tanto como te quiero yo,

en mis días en el mundo

ni una queja se te oyó

de tener que sostenerme

con mis dolores y mi yo.

 

Y dicen los que saben

de añoranzas y de amor

que las ruedas de su cuerpo

esas que son dos,

quisieran tener a Lolo,

una vez, un qué sé yo,

y es que humildes son mis ruedas

y llevarte fue un honor.

 

Te rogamos ruegues

 

Nos dirigimos a ti

y esperamos tu auxilio,

Manuel Lozano Garrido,

que en el Cielo tienes sitio.

 

Nos dirigimos a ti

y queremos dedicarte

las palabras que nos salen

de bien dentro del alma.

 

Queremos que nos escuches,

que pongas las intenciones,

que queremos sean santas,

a los pies del mismo Cristo,

con quien te ves de cara.

 

Nosotros aquí quedamos,

pidiendo que seas amigo,

que nuestras cuitas entiendas,

que las oraciones las veas,

que las escuches, que las tengas.

 

Manuel Lozano Garrido,

ya que estás en el Cielo

¿Quieres acercar al Padre

todos nuestros desvelos?

Sabemos que será sí

la respuesta a nuestro anhelo.

Un más que necesario Epílogo

 

Soneto a Lolo

 

Beato Lolo, luz clara, callada,

supiste ver en la cruz la alegría,

claridad en la noche fue tu día,

y con fe luminosa, entregada.

 

Oración de tu alma enamorada,

llama de luz que a Dios se dirigía,

verso cierto que consuelo tenía,

al Padre, para Él, paloma alada.

 

De tu lecho y tu sillón te elevabas

y dejando una dulce, gran estela,

y amor y alma en tu sutil compañía.

 

Amigo querido, no te cansabas

de adorar, cual vigía, centinela

y en el dolor hallaste melodía.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La poesía es un arma cargada de sorpresas y descubrimientos; otro don de Dios. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.