InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Defender la fe

8.09.18

La otra Natividad

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Navidad de Cristo,

cuando nace el Hijo,

acaece en Diciembre,

según la fe

y la tradición,

entonces vino al mundo

Quien nos dio la salvación.

 

Hay alegrías sin cuento

cuando celebramos la venida,

en un día bien concreto, veinticinco,

y es que no es poca cosa

que viniera Dios a vernos.

 

Siempre nos preguntamos,

como hace el salmo,

qué vio el Creador

en su criatura humana,

si somos tan poca cosa

y amamos tan a desgana.

 

Gracias, decimos,

a Quien nos ha creado,

que quiso que de sus hijos

ninguno bajara abajo

donde todo es olvido,

quemazón, amor desangrado.

 

No podemos olvidar,

aunque importante es el veinticinco,

de diciembre el día exacto,

que para que eso pasara,

en orden humano y creado,

había de nacer mujer

que quisiera salvarnos.

Celebramos, hoy mismo,

ocho de septiembre bien amado,

que naciera una niña

que María llamaron.

 

¿Una niña y nada más?

Muchas más allá del tiempo

han venido al mundo

desde Eva y su pecado,

más de uno pensará.

 

Pero no es así la cosa,

no en lo que ahora hablamos,

porque quiso Dios, en su amor no menguado,

que naciera sin pecado

quien iba a llevar en su seno

a su Hijo más que amado.

 

Recordamos un momento,

propio de una vida,

que no era un ser cualquiera

sino el primer Sagrario

que llevaría el cuerpo santo

del Mesías esperado.

 

Ana y Joaquín, ambos,

sorprendidos por ver nacer

un ser tan esperado,

porque ella era ya de edad avanzada,

vieja, vamos,

y nadie podía prever,

salvo el corazón de Dios, claro,

que quien nada esperaba

recibiera un tal milagro.

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15.08.18

Subió a los Cielos para reinar como Madre de Dios

 

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Santa Madre de Dios,
Santa Virgen de las Vírgenes,
Madre de Cristo, 
Madre de la Iglesia, 
Madre de la divina gracia, 
Madre purísima, 
Madre castísima, 
Madre siempre virgen,
Madre inmaculada, 
Madre amable, 
Madre admirable, 
Madre del buen consejo, 
Madre del Creador, 
Madre del Salvador, 
Madre de misericordia, 
Virgen prudentísima, 
Virgen digna de veneración, 
Virgen digna de alabanza, 
Virgen poderosa, 
Virgen clemente, 
Virgen fiel, 
Espejo de justicia, 
Trono de la sabiduría, 
Causa de nuestra alegría, 
Vaso espiritual, 
Vaso digno de honor, 
Vaso de insigne devoción, 
Rosa mística, 
Torre de David, 
Torre de marfil, 
Casa de oro, 
Arca de la Alianza, 
Puerta del cielo, 
Estrella de la mañana, 

Salud de los enfermos, 
Refugio de los pecadores, 
Consoladora de los afligidos, 
Auxilio de los cristianos, 
Reina de los Ángeles, 
Reina de los Patriarcas, 
Reina de los Profetas, 
Reina de los Apóstoles, 
Reina de los Mártires, 
Reina de los Confesores, 
Reina de las Vírgenes, 
Reina de todos los Santos, 
Reina concebida sin pecado original, 
Reina asunta a los Cielos, 
Reina del Santísimo Rosario, 
Reina de la familia, 
Reina de la paz.

 

Esto apenas traído aquí son, digamos, los atributos que ostenta la Madre de Dios. Por eso, la Madre tuvo que ascender al definitivo Reino de Dios de una forma como la que tenía reservada Dios para ella. 

Los católicos tenemos una devoción muy especial por aquella joven que, un día, se vio en la tesitura de tener que responder al Ángel Gabriel si aceptaba o no aquello que le estaba proponiendo. No obligaba a la hija de Joaquín y de Ana a decir que sí a los halagos que le hacía aquel especial enviado de Dios. 

Era de esperar que, de parte de Dios, tuviera una especial atención por quien quiso que bajara al mundo para hacer posible lo que el hombre, con sus propias fuerzas, no podía hacer y, ni siquiera, ser capaz de imaginar.

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1.05.18

El Beato Manuel Lozano Garrido y el trabajo (et alii)

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Sí, ciertamente, es difícil entender que el trabajo puede ser santo o, mejor, medio de santificación. Sin embargo, Dios así lo quiere… ¡qué le vamos a hacer! 

Hay, sin embargo, quien, como San José, del que hoy celebramos un especial día en su, por decirlo así, vertiente laboral, entiende el trabajo de una forma tan especial que hace santa cada cosa que hace y hace santo a su propio corazón. 

Hoy recuperamos, para ser francos, lo que escribimos hace unos años porque nos viene la mar de bien para entender y comprender que al trabajo también se le puede dedicar una oración. Y se le puede dedicar cuando se es capaz de no mundanizar lo que es importante sino, al contrario, serlo de sobrenaturalizarlo como muy bien hizo el Beato Manuel Lozano Garrido.

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6.01.18

Cuando se manifiesta Cristo, en su Epifanía

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Sabemos que la palabra “Epifanía” quiere decir manifestación. Siendo cierto que el Hijo de Dios se manifestó al mundo en otras ocasiones, no es poco cierto que en el día de hoy, 6 de enero, se manifestó por primera vez. Y es que recién acababa de nacer y por eso tuvo que ser la primera vez que, públicamente, se pusiera ante el siglo. 

Cristo, pues, el Emmanuel, se manifestó. Y eso debía ser por algo importante, algo que sólo Dios conocía y que entraba de lleno en su santísima Voluntad. 

Creemos que Cristo se manifestó al mundo porque Dios quería cumplir su promesa de enviar al Mesías.

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1.01.18

Santa María, Madre de Dios y Madre nuestra

 

María

Dejó dicho Tertuliano que “Es necesario creer en un Dios único, todopoderoso, creador del mundo, y en su Hijo Jesucristo, nacido de la Virgen María” (De virg. vel., 1, 3). 

Por otra parte, el Catecismo de la Iglesia católica dice (No. 495) que “Llamada en los Evangelios ‘la Madre de Jesús’ (Jn 2, 1; 19, 25; cf. Mt 13, 55, etc.), María es aclamada bajo el impulso del Espíritu como ‘la madre de mi Señor’ desde antes del nacimiento de su hijo (cf Lc 1, 43). En efecto, aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios "Theotokos". 

“Nacido de la Virgen María” porque siendo Jesucristo Dios hecho hombre, su Madre es, por eso mismo, también de Dios y siéndolo del Creador también lo es nuestra. Por eso la Iglesia católica confiesa que María es verdaderamente la Theotokos o Madre de Dios. 

Todo, tiene, sin embargo, un origen… 

Cuando Jesús, en su cruz colgado, encomendó a Juan, el discípulo amado, que cuidara de Su Madre hizo algo más: nos la entregó para que fuera, también, Madre nuestra. 

Así, las palabras “He ahí a tu madre”, que dijera Cristo al Zebedeo, en aquel momento de entrega suprema a la voluntad de Dios, están dirigidas a cada uno de nosotros. “Nos invitan a amar a María como Cristo la amó, a recibirla como Madre en nuestra vida, a dejarnos guiar por ella en los caminos del Espíritu Santo” (San Juan Pablo II, en la Audiencia General del 29 de abril de 1998). 

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