22.08.17

De médiums y niños desamparados

Publico una croniquita hecha cuando vivía en Taiwán…

No es inusual que en Argentina, el Misionero que visita casas sea recibido en hogares ornados con varias imágenes sacras de Nuestro Señor, de la Virgen y de los Santos, hogares cuyos muros exhiben las fotos de los Sacramentos de la familia (fotos de la primera comunión de los niños, del casamiento de los padres, …), hogares en los que casi siempre los dueños de casa agradecerán contentos que el Misionero les bendiga la casa y rece con ellos.

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5.08.17

De la apostólica hazaña de David y los 501 pariahs

De la hazaña de David y los 501 pariahs

 

I.

Múltiples factores nos impidieron actualizar el blog con la frecuencia soñada, mas de algún modo compensamos la poca escritura reciente diciendo que, a pesar nuestro, la Providencia está obrando maravillas en la Misión, que se expande y dilata a lugares inesperados y por vías por nos impensadas, siendo los medios totalmente desproporcionados a los resultados.

Son múltiples las buenas noticias que queremos compartir pero las presentes circunstancias y la condición temporal que nos atañe nos obligan a seleccionar pocos hechos, entre los cuales se encuentra el que inspiró el título de estas líneas. Ahorremos más introducciones y entremos de lleno en el tema…

II.

La historia parece de novela y aun sigue en curso.

Según una información internética pública, unos pariahs del Himalaya decidieron abjurar del hinduismo y convertirse al Cristianismo. La muy reciente e imprecisa noticia de marras decía que ellos estaban esperando la llegada de un sacerdote para bautizarlos. Esos pariahs viven en un lugar donde no hay ningún católico y mucho menos sacerdotes o consagrados.

Habiendo informado al Ordinario de la situación, y al no poder ir personalmente pues el suscripto estaba introduciendo a un candidato al sacerdocio misionero ante un Obispo en remotos lares, luego de consultarlo y rezarlo, invité a David, un pastor convertido al Catolicismo, a explorar la zona, consciente de que la ley suprema no es sino la salvación de las almas y que hay una auténtica primacía del apostolado por sobre el temor a equivocarnos, como exige S.S. Francisco en el núm. 49 de la Evangelii Gaudium, donde dice: “No quiero una Iglesia (…) que termine clausurada en una maraña de obsesiones y procedimientos. Si algo debe inquietarnos santamente y preocupar nuestra conciencia, es que tantos hermanos nuestros vivan sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, […], sin un horizonte de sentido y de vida. Más que el temor a equivocarnos, espero que nos mueva el temor a encerrarnos […] en las costumbres donde nos sentimos tranquilos, mientras afuera hay una multitud hambrienta y Jesús nos repite sin cansarse: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37)”.

Este pasaje papal no debe interpretarse como un aliciente para comuniones sacrílegas o difusión de errores doctrinales, sino, creemos, como un deber de privilegiar las auténticas iniciativas apostólicas por sobre cosas menores. Esa, creemos, es la intención pontificia. Sigamos con el relato…

 

III.

 

Gracias al aporte financiero de un brasilero que me encontré por ahí y de un sacerdote argentino, David se tomó un taxi, un avión y luego una avioneta y una camioneta. Buscó la aldea en la que, según el informe vivían algunos pariahs, pero no lo encontraba. No figuraba ni en Google maps. Al final, la encontró.

Buscó líderes pariahs y encontró a dos de ellos, quienes lo recibieron muy bien. Ambos ya se hicieron protestantes (tomemos nota) mientras los católicos seguimos jorobando con el dialoguismo, el espíritu-de-campanario y la atención meramente corpórea. El segundo tiene un nombre impronunciable pero, le propuse llamarse Paul, y lo aceptó contento. Así, que ahora lo llamamos “Pastor Paul”. Él fundó y dirige una comunidad cristiana protestante independiente (“independent church”) compuesta de 500 pariahs, afiliada con la red Omega (una de los cientos o miles de redes protestantes que sin parar arrasan en el Himalaya convirtiendo paganos doquiera… tomemos nota).

Por gracia de Dios, el ex Pastor David evangelizó (o catolizó) al Pastor Paul explicándole que la Iglesia verdadera es la Católica Apostólica y Romana. Conste que David está recién convertido, pero el Espíritu Santo lo iluminó. David ni siquiera tomó la Primera Comunión. Él la quiere recibir ardientemente pero los actuales tiempos eclesiales van despacio. Entonces, Dios suple y él, por ende, es un apóstol todo-terreno.

A Pastor Paul le enseñaron en su escuela pastoril que la Iglesia Católica es la gran ramera, etcétera. Por eso, ahora, le resultaba llamativo hablar con un católico y más aun con un pastor convertido. David le explicó todo con detalle y paciencia y, a las pocas horas (sic) lo invitó a dejar la mugre de la herejía y hacerse católico. Contento, Pastor Paul le pidió a David que le siga enseñando la doctrina Católica. Y David se quedó afónico de tanto enseñarle. Luego, volaron a nuestra base misional en la Meseta Tibetana, donde David lo siguió formando y le regaló la Biblia completa (los protestantes tienen sólo 66 libros por la culpa del miserable de Lutero, testigo de la iniquidad).

A Pastor Paul le brillaban los ojos con semejante perla escondida: la Biblia completa.

Un sacerdote amigo lo introdujo a los libros deuterocanónicos (los protestantes no los tienen por la culpa de Lutero) y se quedó feliz.

El improvisadísimo curso formativo inicial –que careció de cualesquier método pastoral o pedagogía de escritorio- siguió con una peregrinación al sur indiano donde está la tumba de Santo Tomás Apóstol. Allí lo recibió mi gran amigo, el Padre Jacob, que está siendo perseguido por fanáticos infieles. Este gran sacerdote los expuso a la doctrina católica plena, y los llevó a muchos lugares a peregrinar y a embeberse de catolicidad. Después, les tengo que contar del Padre Jacob. Es un confesor de la Fe. Un titán.

Un obispo indiano, felizmente, lo recibió a Pastor Paul y le dio la bienvenida en la Iglesia Católica. David y Jacob se regocijaban.

Pastor Paul está feliz. Ya volvió a su aldea natal, perdida en una aldea himaláyica que no la vimos ni en los mapas.

Ni bien Pastor Paul llegó a su aldea, envió tres apasionados proselitistas a la Meseta Tibetana, para que ¡David los introduzca a la Fe Católica! Hoy llegaron a nuestra base misional. Recemos por estos tres proselitistas… Si se hacen católicos, es impensable el bien que harán. Ya se los contaré.

Pastor Paul está rogando que yo vaya a predicarle a los 500 miembros de su comunidad. Quiero volar ya. Lo antes posible iré.

Pastor Paul ya empezó a preparar a su comunidad para que todos se conviertan a la Fe Católica lo antes posible. Él piensa que en un año estarán preparados. Esperemos que les eviten “una maraña de obsesiones y procedimientos” (cfr. Evangelii Gaudium, 49).

Hoy debemos ser más proselitistas que nunca. Con un proselitismo santo, claro, no con el de los partidócratas. Busquemos ser instrumentos de Dios para convertir a todos (protestantes, ortodoxos griegos, judíos, sarracenos, …) la Fe Católica. Eso le da mucha gloria a Dios.

Que conste: estamos urgidos de voluntarios que vengan a predicar a los paganos en nuestra zona. Urgidos. No damos abasto. Somos dos almas.

No nos ayuden a onegeizar. Ayúdennos a predicar. Si les pedimos ayuda para oenegeizar, reprímannos. Les pedimos ayuda para participar en la epopeya salvadora de almas: ¡¡¡vengan a predicar!!!

 

¡Viva la Misión!

¡Viva la Iglesia Católica!

Padre Federico, S.E.

Misionero en el Himalaya

5-VIII-17

Nota bene: en un rato publicamos las fotos

 

 

 

28.07.17

De la Reina de las Misiones

La Reina de las MisionesLa Reina de las Misiones

La Virgen Santísima es la Reina de las Misiones. La Iglesia lo enseña claramente. Ahora bien, veamos algunos textos donde los Papas invocan la intercesión de la Virgen sobre las Misiones o se refieren a la importantísima realidad de la acción de la Madre de Dios en orden a la conversión de los pueblos que aun ignoran a su bendito Hijo.

S.S. Benedicto XV, en su célebre documento misional “Maximum Illud” (n° 113) ruega a la Virgen Santísima que secunde los anhelos apostólicos de todos los Misioneros; la llama con el bello título de “excelsa Madre de Dios y Reina de los Apóstoles” y le suplica que impetre “la difusión del Espíritu Santo sobre los pregoneros de la fe”[1].

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10.07.17

El Budismo Tibetano es satanista

Lachunn

I.-

Acabo de llegar a Lachunn. Los paisajes son hermosos. Hay cascadas inesperadas, montañas imponentes, nieves eternas y, al menos en esta época, una vegetación admirable. Dios se lució tanto al crear estos parajes que debimos detenernos varias veces para sacar fotos y hacer algunas breves filmaciones con el celular, que ya estamos compartiendo en el canal de Youtube que unos amigos hispanos acaban de crear (maradentronet).

Los paisajes acá son de película. Alguna gente aquí también es de película… pero de terror. Al menos, en general, y bajo ciertos importantes respectos.

Sirva esta como la primer crónica de la misión en lo que dimos en llamar “el lugar maldito”, lo cual no es un título publicitario sino una realidad, que de a poco iremos desentrañando en la presente y subsiguientes crónicas.

 

II.-

Que conste y que quede claro: el budismo tibetano es satanista. Y lo es, al menos, por un incontestable motivo: el budismo tibetano adora a los demonios.

Expliquémonos… En términos teóricos, es un punto incontestable que el budismo tibetano aspira a lograr la armonía con los demonios. Esto está fuera de toda duda a tal punto que hasta el mismo Kapstein, en su introducción al Budismo Tibetano publicada recientemente por la Universidad de Oxford, lo dice sin ambages (les debemos la cita ya que el libro no lo tenemos a mano pero es de fácil acceso).

Hace unas semanas, estaba en el avión leyendo el libro recién citado y la compañera de asiento, que era una vietnamita budista que viajaba como peregrina del vacío (no del Absoluto, como León Bloy) al rito de algún Rimpoche (monje importante), se puso contenta y me empezó a hablar pensando que yo era budista.

Le dije que de ninguna manera lo soy, a lo que me replicó preguntándome cuál era entonces el motivo por el que estaba leyendo un libro sobre el budismo tibetano. Le dije que precisamente estaba estudiándolo para poder mostrarles más claramente a los budistas que ellos viven en el error y que la Verdad es Jesucristo. Se quedó un poco admirada, pero eso fue el inicio del diálogo, que no tuvo nada de trivial o cotidiano, sino que versó exclusivamente sobre religión y terminó con una aceptación de parte de ella, aunque no exclusivista aun, de Jesucristo. 

El coloquio con la vietnamita, casualmente casada con un gobernante comunista que le transmitió un gran odio a Norteamérica, alcanzó un punto crítico cuando le cité aquel pasaje de Kapstein que dice que los budistas deben buscar la armonía con los demonios. Acto seguido, le presenté la enseñanza católica al respecto que precisamente nos ordena lo contrario, esto es, hacerle la guerra a los diablos. Ella, profesando un pacifismo inimaginado, me respondió que a nadie le podemos hacer el mal y que con nadie podemos enfrentarnos, ni siquiera con los diablos.

Bastó esto para confirmarme que el satanismo está doctrinalmente arraigado en la misma médula del budismo tibetano.

 

III.-

Alguno quizás pensará que esto fue un mero exabrupto de una pasajera vietnamita, mas no es así. Ella expresó, como pudo, algo por muchos sabido: el budismo tibetano busca amigarse con los demonios.

El comercio de los budistas con los demonios es congruo con su filosofía (falsa) de procurar la armonía y compasión con todo ente sentiente (los diablos, stricto sensu, no sienten pero sus potencias naturales les permiten un conocimiento mayor que el sensible). A la vez, esta contrahecha amistad es concorde, como ya apuntamos, con el pacifismo o no-violencia que pregonan. Es así que el enfoque de la compasión pacifista es suficiente para que los budistas aspiren a la amistad con los demonios. Al menos, esta fue la intuición profunda de la pasajera vietnamita, que profesaba un budismo tan raigal que la llevaba a viajar desde Vietnam a Sikkim para no-sé-qué evento de no-sé-qué rimpoche.

Ahora bien, en lo que respecta a la relatio con los ángeles caídos, el enfoque generalizado de las plebes budistas es el temor visceral y, en segundo lugar, la petición de beneficios temporales.

En otros términos, los budistas tibetanos, o al menos muchísimos de ellos, adoran a los demonios para aplacar la ira de estos y verse protegidos.

 

III.-

Es momento de contar algún testimonio concreto para que nadie se crea que hablamos de meras teorías. Conste que no estamos entrando en ningún academicismo -de grado o posgrado-, sino que exponemos la cruda y triste realidad del mundo tibetano.

En Lachunn, nos alojamos en la casa de nuestro “amigo” Tenzig, que es hijo de un lama casado (no todos los monjes profesan celibato). La casa de nuestro anfitrión es exponente claro del tradicionalismo tibetano de la aldea. Su familia conserva rigurosamente las tradiciones budistas desde hace muchas generaciones.

Cuando entré a su casa -que es hotel, como la mayoría-, lo primero que me mostró fue el “puya room”, esto es, la pieza de los rituales. No lo podemos llamar oratorio ya que estrictamente no oran. Los puya room son básicamente todos iguales. Igualmente tenebrosos.

Tenzig me contó que los ritos los ayudan a protegerse de los demonios. Y conociendo el paño, tuvimos el presente diálogo, parte del cual grabé con el celular (lo aclaramos para responderle a un lector que nos juzgaba de “noveleros”).  Transcribimos lo esencial…

-                     “Los rituales nos protegen de los espíritus malvados”.

-                     “¿De los demonios?”

-                     “Sí, exactamente”.

-                     “¿Cómo hacen Uds para protegerse de los demonios?(1)”

-                     “Les hacemos ofrendas”.

-                     “¿Uds les hacen ofrendas a los demonios para adorarlos?”

-                     “Sí, para adorarlos”.

-                     “¿Qué tipo de ofrendas les hacen?”

-                     “Les ofrecemos todo lo que ellos nos pidan”.

-                     “¿Y sacrificios de animales?”

-                     “Sí, también. En nuestra casa, le ofrecemos a los demonios (o al demonio de nuestra casa) un yak por año”. El yak es un animal de la zona. “Primero, le ofrecemos el yak a los demonios y luego se lo ofrecemos a los dioses”.

Notemos el orden metafísico y de prioridades: primero, se honra a los demonios, luego a los dioses. Es cierto, certísimo, que los dioses no existen pero no deja de ser muy significativo que privilegien honrar a los demonios antes que a los, por ellos reputados, dioses.

Terminemos estas líneas, que ya se hicieron largas, recordando aquello que enseñaba el Aquinate (Comentario al Credo, a. 1, n. 20):

[Todo el esfuerzo del demonio] consiste en hacerse adorar  por  los hombres y en que le ofrezcan sacrificios: no es que  se deleite en un perro o en un gato que le  sean ofrecidos, sino que se deleita en que a él se  le rinda reverencia como a Dios, por lo  cual dijo al mismo  Cristo (Mt 4, 9):  “Todo esto te daré sí postrándote me adoras".  Por esta misma razón entraban los demonios en los ídolos y daban las respuestas para ser venerados como dioses. Salmo 95, 5: “Todos los dioses de las  naciones son demonios".  Y el Apóstol dice en I Cor 10, 20:  “¡Pero si lo que inmolan los gentiles, lo inmolan a los  demonios, y no  a Dios!”

 

Recemos por la conversión de los lamas y para que ellos, una vez exorcizados y bautizados, vengan a re-convertir al Accidente apóstata.

 

Padre Federico, S.E.

Misionero en la Meseta Tibetana

12-V-17, en las vísperas del

glorioso Centenario de Fátima



(1) En la zona, tienen una absurda creencia budista según la cual cada familia budista tiene un demonio que la cuida a lo largo de las generaciones.

8.07.17

El Patriarca de Birmania: Beato Clemente Vismara

El Patriarca de Birmania: Beato Clemente Vismara[1]

Hace poco S.S. Benedicto XVI beatificó al heroico misionero Clemente Vismara (nacido en 1897 en Agrate Brianza[2]), quien, luego de haber sido triplemente condecorado por su valentía en combate en la Primera Guerra Mundial[3], dejó todo para ir a evangelizar los pueblos birmanos cercanos a la frontera con China, llevado por su gran ideal: “hacer felices a los demás”[4]. Luego de su Ordenación Sacerdotal, fue a misionar a Kengtung, territorio selvático y montañoso habitado por tribus y casi inexplorado[5]. Tres meses después, luego que había aprendido algo de las lenguas locales, lo mandan a Monglin, un enclave birmano entre China, Laos y Thailandia.

El suyo, como tantos otros, es un testimonio insigne de lo que es misionar en un lugar donde la Iglesia no existe.

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