11.02.20

Teología Travesti

Hoy, Domingo de Septuagesima, Mons. Gabriel Mestre, flamante obispo de Mar del Plata, demostró no tener el mínimo respeto por el orden natural dispuesto por Dios en Su creación, al afirmar, sin avergonzarse, que él concedió el sacramento de la confirmación a tres “chicas travestis", como se oye en la entrevista radial con el móvil de Radio Brisas. El obispo dijo que

“Si alguien quiere hacer un proceso de camino de fe, ¿cómo no va a recibir la posibilidad en una comunidad, más allá de que tenga situación de travestismo?".


Pretende justificar su desvarío invocando lo que él llama “el paradigma del papa Francisco” y argumentando que ya no vivimos en la Cristiandad. Estas son sus palabras (o su “magisterio episcopal"):

“Hay sectores más conservadores que por ahí les cuesta entender el paradigma del papa Francisco que plantea un ámbito de renovación muy importante hacia muchas temáticas digamos: estructuras vetustas de la Iglesia, actitudes de cerrazón, falta de apertura a los hermanos (…) En estos días confirmé a dos o tres chicas travestis".


La “pastoral” sodomizante de Mons. Mestre, el obispo playero, nos inspira algunas preguntas, que planteamos en son de diálogo:


- ¿No se da cuenta de que una cosa es la falta de Cristiandad y otra la falta de Cristianismo, y aun de humanidad (como se da en el caso de quien busca “cambiarse de sexo")?

En Cristiandad, las tres “chicas travestis” habrían sido quizá encarcelados por el crimen de sodomía, pero en esta época de anti-cristianismo son confirmadas por un Sucesor de los Apóstoles.


- Mestre no habla de travestis a secas sino de “chicas travestis". ¿Acaso la castración de un ser, lo torna del sexo opuesto?
- Por una parte, Mons Mestre execra a los sectores “conservadores” que no entienden el paradigma que él le atribuye a Francisco y critica las “estructuras vetustas de la Iglesia, (las) actitudes de cerrazón, (y la) falta de apertura a los hermanos", mas, por otra parte, prohibió que se siga celebrando la Santa Misa en el Centro Pieper, cancelando el permiso que había sido otorgado por su predecesor. Entonces, ¿en qué quedamos, Mons. Mestre?

¿Acaso la tan mentada “apertura a los hermanos” es sólo para “les chiques travestis", mientras que a los que no simpaticen con el “neo-paradigma” los tratamos como parias?

¿Acaso las “actitudes de cerrazón” son solo condenables cuando un cura de abstiene de conceder una comunión (o confirmación) sacrílega y no cuando se le impide a una comunidad virtuosa seguir teniendo Misa en la capilla que tenían con permiso del obispo anterior?

Moraleja: en la “iglesia del neo-paradigma", todo vale (desde la castración y el cambio de sexo a la administración sacrílega de los sacramentos), pero si eres un “vetusto conservador", no se te dejará tener ni Misa.

Antaño, en la iglesia de las “estructuras vetustas", el confirmando devenía un “miles Christi” (soldado de Cristo), mas con el neo-paradigma mestrense, no hace falta que el varón se convierta en un guerrero de Cristo, basta con que “se convierta” en una chica.

Es la teología travesti… o travestida.

¡Que Dios nos libre del paradigma travestido de Mons. Mestre!

Padre Federico, S.E.
Domingo de Septuagesima,
9-II-MMXX

10.02.20

De las falsedades de Mons. Sánchez Sorondo

Hoy nos desayunamos con una insólita noticia: el Canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, Mons. Marcelo Sánchez Sorondo, quizás sin querer, adulteró dos venerables textos, el Código Canónico y, lo que es infinitamente peor, las Sagradas Escrituras.
Lo hizo al responder las preguntas de una valiente periodista anglosajona que, escandalizada, le había preguntado porqué Mons. Sorondo tiró perlas a los chanchos (Mt 7,6), esto es, porque le dió el Sacrosanto Cuerpo de Cristo a Fernández y a su torpe manceba.
Mons. Sánchez Sorondo, a pesar de haber sido discípulo del gigante Cornelio Fabro, gran conocedor del corpus meinvielliano y amigo del padre Alfredo Sáenz -con quien otrora recorrió media Argentina en un Renault 4 repartiendo folletos contra la “teología” de la liberación-, hoy, en un lapsus de distracción (debido quizá a un stress causado por un exceso de actividad científica), y para justificar la comunión de una fornicaria y un adúltero, invirtió texto bíblico (1 Cor 4,4) y mutiló el canon 915.

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9.02.20

Penetración del budismo en la Iglesia

Publicamos aquí esta dramática carta que hemos recibido hace pocas horas. La autora nos autorizó a hacerlo usando un pseudónimo.
La publicamos como la recibimos: sin corregir la gramática y la ortografía.

¡Que todos tengan un fecundo Tiempo de Septuagesima!

Padre Federico

Por Martina (España).

Cristo ybuda

 

Padre Federico,

¡¡Buenos días!! Esta mañana estaba tempranito en el Sagrario y sentí el impulso de leer algo tuyo, así que busqué en el teléfono..doy gracias a Dios. Leí en infocatólica, verdaderamente un regalo. El Espíritu Santo está vivo y nos empuja para que caminemos en la Verdad..¡¡a la luz de la Fé!! Yo siempre pido al Señor discernimiento, pido con todo el corazón por los tiempos que corren.

En intimidad del Señor te cuento que hace un año en una casa de ejercicios entraron el fin de semana un grupo de budistas para hacer un retiro…quiso Dios que yo después de estarme un ratito en el Sagrario cruzara por un salón para ir al jardín donde me gusta rezar a un corazón de Jesús que hay ahí. Y así me encontré en el salón una estatua de Buda, libros para comprar, carteles en la pared..y a mi me temblaban las piernas! Yo pensaba..¿¿ay Dios mío, esto qué es?? ¡¡Esto es adorar ídolos en la propia casa de Dios!! Hice fotos y se las mandé a mi confesor, a otro sacerdote lleno de celo, a uno que celebraba también las Misas allí en la casa de ejercicios. Inocentemente le dije: ¡¡¡Padre!!! ¡¡Mire qué me he encontrado aquí!! Y rápidamente me dijo que quién era yo para entrar allí…¡y que borrara inmediatamente esas fotos! ( Verdaderamente el Señor es quien me empujó a entrar en ese salón para sacar a la luz aquello que está oculto. Yo siempre le pido que ponga luz en mi camino,  pero me llené de miedo con el mensaje del sacerdote, me asusté.)

Mi confesor me llenó de paz y sin yo saberlo estos sacerdotes santos lo pusieron en conocimiento del Obispo quien mandó una carta al superior de la casa mostrando su inconformidad. ¡¡Gloria a Dios!!

Hace dos semanas no sólo ha vuelto a ocurrir, sino que el propio sacerdote que celebraba la Misa avisó para que no nos escandalizáramos al ver un grupo de budistas que iban a entrar en la casa ese fin de semana; y explicó que ellos quieren sacar lo mejor del ser humano, que el Papa anima al acercamiento de las religiones y ¡no sé que cosas más!

Yo me puse a llorar en mi banco, porque ¡¡Jesús está vivo!! Y yo lo sé porque lo vivo y le amo con todo mi corazón y me da tristeza que dentro de la Iglesia intenten confundir a los cristianos.

Ya el año pasado, como tenía el corazón lleno de temor, el Señor me empujó a leer a Elías; quiero decir que en lo profundo de mi interior sonaba  (sin voz claro): “Elías, Elías, Elías”…

Y yo en la Biblia no sabía ni donde buscarlo..¡no lo encontraba Padre!

Pero así leí todo lo de la adoración a otros dioses.. y me llené de paz, ¡Gracias Señor!

Esta vez he hablado con el vicario del Obispo para que sepa el asunto.

Pero el otro día me confesé con un sacerdote y es una pena comprobar que no ve que eso esté tan mal.

El Señor permite que yo vea estas cosas para que conozca todo lo que hay..eso está claro.

¡¡Y muchos sacerdotes se asustan del lenguaje del Espíritu Santo!! ¡¡Qué pena!!! Y ponen caras de susto. Me creo yo que todos son unos locos enamorados de Jesús y no es así…¡quiera Dios llenar de locura de amor todos los corazones de los hombres!

Padre, yo soy muy torpe pero ¡¡¡quiero amar siempre al Señor y siempre más!!! ¡¡Y trabajar para Él!! ¡¡Todo para Él!!

Yo le escribo todo esto no sé por qué..pero si no lo hago no me quedo tranquila.

( Todo en intimidad del Señor, padre, como si me confesara contigo ahora mismo)

Un poco largo el mensaje, perdona.

¡¡¡Que haga el Señor de ti un nuevo San Francisco Javier!!!

¡Bendito sea Jesucristo, el Señor, Dios verdadero!

17.01.20

Historia de un exorcismo. De la magia cabalística al sagrado Bautismo

Por el P. Federico Highton, SE

I.-

En este intervalo sin crónicas ni aventuras, donde me vi forzado a dejar por un breve período los misteriosos horizontes de la paganía y a recluirme en nuestra casa religiosa de la Orden San Elías en Las Galias para terminar el doctorado pendiente, pude ser testigo del muy fecundo y escondido trabajo apostólico que los Padres Ansaldi hacen en la Parroquia de Ollioules.

Mas no solo fui edificado por su ejemplo sacerdotal, su celo apostólico y su estilo monástico, sino que fui testigo de una conversión que bien puede ser considerada, una “rara avis”. Nos referimos a la conversión de una mujer francesa llamada Teresa (no revelamos su nombre real por razones obvias). Entremos en la historia, que no sólo no terminó, sino que recién empieza.

Teresa nació en una familia atea, que cuenta con varios masones desde la época de sus abuelos. Cuando ella era niña, según ella cuenta, el diablo le dijo: “tu familia es atea; ergo, Dios no te va a cuidar. Yo me encargaré de tí”. Pasado el tiempo, siguiendo las huellas de su madre, se dedicó a la magia y, más específicamente, al tarot, llegando a hacer de eso no sólo su profesión, sino su misma vida. Económicamente le estaba yendo bien, pero de pronto surgió un problema: su cuerpo y su alma empezaron a sufrir horribles dolores que jamás cesaban. El motivo era simple: quedó poseída por uno o más demonios. Quien juega con fuego, se quemará. Es así de simple.

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3.12.19

San Francisco Javier: ¿Por qué desde hace 4 siglos no hubo otro tan grande?

El fracaso aparente de Javier y su abandono final apenas tienen precedente en la Historia de la Iglesia[1] . Conquistas espirituales nunca vistas, planes, ambiciones, sueños divinos. Poco a poco Dios se lo fue quitando todo; le despojó como despojaron a Jesucristo al subir al Calvario; le dejó solo con un chino en una isla pequeña perdida en el mar infinito. Cuando le tiene acorralado y sin salida, le quita la salud. Cae enfermo, y como no tiene casa propia donde reclinar su cabeza, le dan de limosna una choza de paja batida por el viento frigidísimo de diciembre que se acercaba. No hay cama ni médico ni sacerdote. Nadie en el mundo sabe que el P. Francisco está enfermo. Lo que pasó entre Javier y Dios lo vieron las ángeles que le circundaban admirados.

Javier murió solo, sin Sacramentos, lejos de Navarra y del P. Ignacio a quien escribía de rodillas. Luego de expirar en aquella soledad, le metieron en una caja con cuatro sacos de cal viva. Cavaron una hoya muy honda y Antonio le enterró con la ayuda de un portugués, un chino y dos esclavos. Total cinco personas. Escribe Antonio que no asistieron más al entierro porque hacía mucho frío. No llegaron a media docena los que asistieron al entierro.

Pudo parecer que todo había terminado allí. Los que han sido testigos de las procesiones y fiestas solemnísimas que ha suscitado en el mundo el paso triunfal del brazo de San Francisco Javier, podrán entender mejor cómo aquel funeral de Sanchón medio a escondidas fue luego seguido por manifestaciones de primera magnitud en los tiempos modernos. Dios, si vale la frase, disfruta en guasearse del mundo mostrando con una ironía manifiesta lo que le agrada y lo que le desagrada. Le desagradan el egoísmo, la soberbia y el apegamiento a lo terreno en cualquier forma que sea. Le agradan la caridad, la humildad y el desasimiento de todo lo terreno por amor a Él. El P. Francisco mató y enterró el «yo» maldito que todos llevamos en las carnes y vigiló cauteloso para que no resucitara. Se entregó a Dios no negándole nada que le pidiese; y mientras más le pedía Dios, más le daba a Dios Javier. Entonces Dios, para no dejarse vencer en generosidad, le dio primero un trono de gloria en el cielo al lado de los Apóstoles, y en la tierra triunfos apoteósicos en que no soñaba ciertamente Javier cuando salió calenturiento de la nave para la choza de paja llevando de limosna debajo del brazo unas almendras y unos calzones de paño. Somos muchos los que venimos a misiones como Javier; pero en 400 años no hemos visto quien le iguale; o por lo menos Dios no nos ha querido manifestar a ninguno. Tal vez no hemos sabido matar y enterrar hasta que se pudra este «yo» traidor que se quiere apropiar la gloria que es debida a solo Dios.

Padre Segundo Llorente


[1] Por el Padre Llorente. El título es nuestro.