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5.11.18

Serie Venerable Marta Robin – Comprender lo que significa la Santa Comunión

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

    Resultado de imagen de Le secret de Marta Robin

 

Sobre la pasión en sí misma vivida – Comprender lo que significa la Santa Comunión

 

Marta Robin vivió la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo desde 1930. Y es que entre desde el jueves por la noche (21 horas) hasta el mediodía del domingo, pasó por los estados físicos que sufrió el Mesías.

Pues bien, nuestra Venerable francesa describe la íntima comunión con Jesucristo que le permite, como dice el autor del libro aquí traído, “sobrepasar el sufrimiento para encontrar el Corazón de Cristo”:

 

Comprender lo que significa la Santa Comunión

 

“Santa Comunión (…) ¡Oh!, que feliz que soy, mi alma lleva en su cáliz a Jesús.”

 

Es bien cierto que, somo suele decirse, hay de todo en la viña del Señor. Y eso muestra bien a las claras que cada cual somos como somos y que eso, en materia de fe católica, tiene validez absoluta.

Ciertamente, hay realidades espirituales de las que no debe dudarse a no ser que queremos demostrar que de católicos tenemos sólo el nombre pero poco más.

Hay una que es esencial, básica, elemental. Y tiene que ver con Aquel que quiso venir al mundo, entregarse en vida por el prójimo y, finalmente, morir para que Dios perdonase al caído ser humano. Y sí, nos referimos a Jesucristo, Hijo de Dios, Dios mismo hecho hombre y, por eso, hermano nuestro.

Sabemos que quiso quedarse entre nosotros. Y no lo hizo, por decirlo así, de forma presencial. Es decir, nosotros no podemos ver a Cristo-hombre cuando queramos o cuando tengamos acceso a Él. Y, seguramente, pudiéndolo hacer no lo hizo. Pero hizo otra cosa que, aunque misteriosa, es lo elemental de nuestra fe católica: se quedó en un trozo de pan que, tras la consiguiente consagración se convierte en su Cuerpo; lo hizo en el vino que, tras la misma consagración se convierte en su Sangre.

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