15.03.20

La Palabra del Domingo - 15 de marzo de 2020

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Jn 4, 5-15. 19b-26.39a.40-42

 

5 Llega, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José.6 Allí estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado del camino, estaba sentado junto al pozo. Era alrededor de la hora sexta.7 Llega una mujer de Samaria a sacar agua. Jesús le dice: ‘Dame de beber.’ 8 Pues sus discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida. Le dice a la mujer samaritana: 9 ‘¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy una mujer samaritana?’ (Porque los judíos no se tratan  con los samaritanos.) 10 Jesús le respondió: ‘Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: “Dame de beber",  tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.’ 11 Le dice la mujer: ‘Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? 12 ¿Es que tú eres más que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?’ 13    Jesús le respondió: ‘Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed;  14  pero el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le dé  se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.’15 Le dice la mujer: ‘Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla.’.’19 Le dice la mujer: ‘Señor, veo que eres un profeta. 20 Nuestros padres adoraron en este monte y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar.’ 21 Jesús le dice: ‘Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre.  22   Vosotros adoráis lo que no conocéis;          nosotros adoramos lo que conocemos,  porque la salvación viene de los judíos.  23   Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren.  24 Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad.’ 25 Le dice la mujer: ‘Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando venga, nos lo explicará todo.’ 26Jesús le dice: ‘Yo soy, el que te está hablando.’ 39 Muchos samaritanos de aquella ciudad creyeron en él por las palabras de la mujer que atestiguaba: ‘Me ha dicho todo lo que he hecho.’ 40 Cuando llegaron donde él los samaritanos, le rogaron que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. 41 Y fueron muchos más los que creyeron por sus palabras, 42 y decían a la mujer: ‘Ya no creemos por tus palabras; que nosotros mismos hemos oído y sabemos que éste es verdaderamente el Salvador del mundo.’

      

 

COMENTARIO

 

Cristo: Agua Viva 

 

Este texto del evangelio de san Juan es rico en principios cristianos y en formas de comprender al Hijo de Dios. 

En aquel pozo acudía la gente para proveerse de agua pues tal era la finalidad del mismo. Se iba a buscar un sustento material tan necesario como es el llamado líquido elemento, fundamental para la vida del ser humano. 

Vemos a Jesús cansado.  Como era hombre también acusaba el trabajo y el esfuerzo hecho. Por eso se sienta en aquel pozo. Pero como es Dios sabe que ha de cumplir con la misión para que fue enviado. Espera a quien va a recibir algo muy importante para su vida y para la de sus prójimos: el Agua Viva que no muere nunca y que llena el corazón de quien la bebe. 

Aquella mujer veía a Jesús como un judío y, como tal, no entendía cómo le pedía agua a ella, que era samaritana y, por eso mismo, no era bien vista por los miembros del pueblo elegido por Dios. Pero no entendía, todavía que Jesús había venido para hacer una llamada universal al Reino de Dios. 

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13.03.20

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – Los “Apéndices” son, en realidad, una gran pena

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Hace muy poco tiempo escribimos sobre lo que podía suponer el final de El Señor de los Anillos. Sí, cuando Sam Sagaz dice eso de “Bueno, ya estoy aquí”. Y, como lo que creemos (al menos algo) sobre tal momento ha sido dicho hace muy pocos días, no vamos a abundar sobre eso. Causa, de todas formas, gran tristeza pero, como se dice hoy en día, lo de hoy no es triste sino… lo siguiente. 

Sabemos que Tolkien tuvo no pocos problemas para poner los Apéndices donde debía hacerlo. Sin embargo, sea como fuere que fue la cosa… en fin, que el resultado de estos, en sí mismos considerados, es más bien terrible. 

Es bien cierto que en los Apéndices se nos dicen cosas que no están contenidas en el libro al que hacen referencia. Es decir, amplían el contenido de este porque o no le dio tiempo a ponerlo todo en su sitio o, simplemente, no quiso ponerlo todo en su sitio. Y por eso están, para que sepamos algo más de lo mucho que quisiéramos saber. 

Pero, en sí mismos considerados, los Apéndices sientan una base y algunas que otras consecuencias. 

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Así, como base suponen un “hasta aquí se ha llegado”. Pero no lo hace como lo hiciera Sam refiriéndose a sí mismo sino que se refieren a todo, en general: a un mundo, a una Tierra Media que, así, llega a su fin en cuanto algo que se ha contado a lo largo de muchas (pero, en el fondo, pocas…) páginas. 

Y, por otro lado, en cuanto a las consecuencias de las que hablamos arriba, estos Apéndices, nos dicen, por ejemplo, que 

-El ánimo del autor… pues sí, también tiene un final, ha de seguir adelante con su vida, digamos, de escritor. 

-No volveremos a saber nada más, por ejemplo, de 

       Lo que fue de los reyes de Núménor, algo más …, 

       Lo que fue de los reinos en el exilio,

       Lo que fue de los herederos de Isildur, 

       Lo que fue de Gondor, 

Lo que fue de Arwen tras la muerte de Aragorn, 

Lo que fue de los linajes de los Reyes de la Marca, 

Etc., etc., y etc. 

Todo esto es, verdadera, gigantesca y francamente triste. Y la desazón puede alcanzar cimas más elevadas que las más elevadas montañas de la Tierra Media. Y tal es así porque nosotros, aquellos que queremos saber más y vemos, sin embargo, que nada más vamos a saber pues ha sido establecido por Ilúvatar, nos preguntamos si es que el autor de este maremagnum y tormenta del corazón quería eso o, a lo mejor, sólo pretendía que nos adentrásemos en los Apéndices y allí nos quedáramos. Sería, algo así, como esperar que fuera de todo orden lógico o real, se ensanchara la narración y lo que ahora nos parece imposible se hiciera posible y todo lo que ahora es inalcanzable lo tuviésemos al alcance de un “gracias por haber querido llenar nuestros corazones con más aventuras inesperadas o, en fin, con más caminos que recorrer y metas imposibles de alcanzar.”

Al fin y al cabo, todo esto no es más, ni menos, que el simple porvenir de una ilusión.

 

Eleuterio Fernández Guzmán Erkenbrand de Edhellond

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay mundos que, sin duda alguna, nos llevan más lejos del que vivimos, nos movemos y existimos.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

11.03.20

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro” - La santidad es cosa nuestra

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

La santidad es cosa nuestra

 

“Mas el trazo y los muros del edificio de lo santo sólo se acelera con el oportuno consentimiento de nuestra voluntad. El coeficiente de probabilidades para el choque de un “Discoover” y un “Spunik” es prácticamente nulo. En cambio, la órbita de la Gracia está ceñida literalmente al itinerario de la voluntad. Para incorporarla a lo íntimo y nutrirse con la riqueza de lo sobrenatural, basta únicamente con un leve intento de aproximación.” (El sillón de ruedas, p. 159)

 

Es más que cierto que lo que hoy nos dice el Beato Manuel Lozano Garrido acerca de esto que es nuestra salvación, ya lo dijo San Agustín de una forma sencilla pero clara: “Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti”.

Sí. Aquello quedó dicho hace muchos siglos pero lo que hoy nos dice nuestro hermano Lolo es que, en efecto, ser santos es cosa de cada uno de nosotros pero, a diferencia de lo dicho por el santo de Hipona, algo nos llega al corazón con certera puntería: en realidad, hace falta bien poco aunque a veces ese poco nos parezca inalcanzable…

Debemos consentir para ser santos. Es decir, no podemos dejar la cosa para que otro nos labre la santidad a base de fama o lo que eso pueda ser. No. A nosotros, a cada uno de nosotros nos corresponde hacer por ser santos y, por tanto, colaborar con Dios en su labor de santificación del mundo y, claro, a mayor gloria Suya.

Eso, ser santos, requiere, por tanto, de nuestro corazón, nuestras manos y, sobre todo, de una voluntad que quiere alcanzar un estado espiritual que debe ser maravilloso por lo querido que es por Dios. Por eso somos nosotros los actores principales de esta trama vital porque lo somos de nuestra propia existencia. Y, por tanto, a nada que se salga de el tal “nosotros” que no sea Dios, podemos darle una importancia mayor que la que pueda tener como elemento o instrumento, a lo mejor, necesario.

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9.03.20

Venerable Marta Robin – Sufrir “con escafandra”

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

Sufrir “con escafandra”

 

“Con el sufrimiento aprendemos a sufrir mejor y a hacer sufrir menos a los demás con nuestros sufrimientos”. (Diario íntimo, 12 de enero de 1930)

 

Resulta, de todo punto esencial, tener en cuenta que cuando hay hermanos nuestros en la fe que, en su vida, han sufrido mucho y han sabido llevar más que bien tales circunstancias, entre ellos se establezca una relación espiritual que, en principio, a lo mejor no era posible establecer.

Esto lo decimos porque el contenido del texto escogido del Diario íntimo de la Venerable Marta Robin tiene mucho que ver con una expresión muy propia de otro sufriente en vida de nombre Manuel Lozano Garrido, Lolo, a la sazón Beato de la Iglesia católica.

A nosotros, al menos, nos sugiere esta relación que, en un momento determinado de lo que escribió Lolo diga el buen hermano nuestro que a él le gusta, eso, un dolor “con escafandra”. Y por eso, uniendo tal expresión a lo traído hoy aquí de Marta Robin, creemos que se establece una relación tan cercana entre los que el mundo habría llamado (sino los llamó en su día) “inválidos” por no válidos…

El caso es que nuestra hermana en la fe, que no ignoraba que su sufrimiento era grande (¿Cómo hacer eso?) sabía que, de todas formas, podía aprender algo del mismo.

Esto, el aprender algo del sufrimiento, pudiera parecer cosa de locos o de faltos de talento mundano. Sin embargo, se trata precisamente de eso: de estar locos pero con una locura que el mundo ni entiende ni comparte; de estar faltos del talento que el mundo quiere para sus lacayos.

La Venerable Marta Robin, pues, consciente de sus sufrimientos, debió pensar (y debió pensarlo porque lo deja por escrito) que bueno… que puestos a sufrir y, como era su caso, parecía que tal era el destino que le tenía reservado su Buen Dios, sería bueno y hasta compensaría el sufrimiento, aprender del mismo.

Aprender del sufrimiento ha de querer decir que no se mira al mismo con cierto asco y con cierta separación. Es decir, si eso hubiera hecho Jesucristo en sus horas de Pasión (Pasión que la propia Marta Robin padeció, de jueves a domingo, durante algunos y prolíficos años…) de nada hubiera servido la misma y todo hubiera quedado en un sufrimiento sin sentido, vacío y hueco. Pero sabemos que no fue así sino que, del mismo, el mundo obtuvo, nada más y nada menos, que la salvación eterna.

Pues bien, nuestra hermana en la fe sabe que, en efecto, sufrir puede suponer (si se es capaz de comprender y entender eso) un aprendizaje que puede venir más que bien a quien lo está pasando mal: primero, para poner las cosas en su sitio y, luego, para saber soportar mejor lo que tenga que venir. Y todo ello en nombre de Cristo, completando su sufrimiento particular y personal en lo que eso pueda ser…

Pues bien, como decimos arriba, aquí hay una relación directísima entre Mara Robin y Manuel Lozano Garrido. Y es que el segundo dejó escrito eso del dolor “con escafandra” en el sentido de que al sufrir él no quería que los demás fuesen, digamos, rehenes de su sufrimiento. Por eso quería que su dolor fuera, así, de manera que sólo él sufriera. Y eso es lo que quiere, a su vez, Marta Robin: que su sufrimiento haga sufrir menos a los demás.

En realidad, los mejores de entre nosotros, suscitados por Dios para que conozcamos y sepamos que no hay cosas imposibles en materia de fe y en cosas del espíritu, tienen eso que muchos, sabemos, nunca vamos a alcanzar porque, al fin y al cabo, somos flojos de corazón.

Y quien tenga ojos para ver, que vea.

 

  

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La Venerable Marta Robin es buen ejemplo de lo que se puede llegar a ser: hija de Dios.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.   

8.03.20

La Palabra del Domingo – 8 de marzo de 2020

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Mt 17, 1-9

“En aquel tiempo toma Jesús consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los lleva aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: ‘Señor, bueno es estarnos aquí. Si quieres, haré aquí tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías’. Todavía estaba hablando, cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: ‘Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle’. Al oír esto los discípulos cayeron rostro en tierra llenos de miedo. Mas Jesús, acercándose a ellos, los tocó y dijo: ‘Levantaos, no tengáis miedo’. Ellos alzaron sus ojos y ya no vieron a nadie más que a Jesús solo. Y cuando bajaban del monte, Jesús les ordenó: ‘No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos’”.

 

COMENTARIO

¡Qué fácil es no enterarse de nada!

 

No podemos negar que cuando Jesucristo escoge, digamos, singularmente, a alguno o algunos de sus Apóstoles para que presencien algo importante, lo hace con buena intención. Y es que quien enseña espera que el alumno aprenda…

El caso es que cuando el Hijo de Dios llama a un aparte (esto lo podemos imaginar así) a Pedro, Santiago y a Juan, hermanos los últimos e hijos de Zebedeo estamos seguros de que se las prometían muy felices. ¡Ellos, escogidos!

Dice el texto bíblico que se llevó a estos hombres a un monte alto. Y ya sabemos que Jesucristo va muchas veces al monte a orar porque, seguramente, se encuentra allí muy cerca de su Padre del Cielo. Y lo que iba a pasar era importante, sin duda.

Nosotros no podemos, siquiera, imaginar qué era eso de la transfiguración. Es decir, lo sabemos por lo que leemos pero de verdad, de verdad… ¿podemos llegar a imaginarlo? No, es más que seguro que no.

Ellos, como vemos, tampoco fueron capaces de comprender nada. Y tampoco era nada extraño esto…

Es descargo de Pedro, Santiago y Juan podemos decir que no es de lo más normal que se aparezcan Moisés y Elías así, como si nada, delante de uno. Y que el efecto que produjera en Pedro fuera el que fue (eso de hacer las tiendas… tan humano y mundano al fin de cuentas) era el que se podía esperar de alguien que aún balbuceaba la doctrina de su Maestro y no aún tenía mucho que aprender.

Tampoco es lo más ordinario que Dios hable y diga que Aquel es su Hijo amado y que debemos escucharlo. Y decimos que no es lo más ordinario porque, en eso sí, aquellos hombres cumplieron el anhelo de todo creyente en Dios Todopoderoso: escuchar al Creador.

La situación, pues, debió ser de lo más alarmante porque habían contemplado lo que nadie había podido contemplar y, pocos (si es que hubo alguno además de Jesús y Juan el Bautista cuando salió del Jordán el Maestro bautizado) habían escuchado la voz directa de Dios. Por eso, que cayeran rostro en tierra, además de por devoción al Todopoderoso debió ser, también, por miedo y más que miedo.

De todas formas, allí estaba su Maestro que, como en otras ocasiones, iba a quitarle hierro a la cosa y los iba a calmar. No debían tener miedo porque allí estaba Él.

Ellos, como podemos imaginar y creer, no iban a salir de su asombro de forma tan sencilla como que Cristo les dijera que no tuvieran miedo porque el terror se les debió meter bien metido en los huesos y el corazón.

De todas formas, aún no iban a acabar ahí las novedades. Y es que Jesucristo, no conforme (al parecer) con su transfiguración y con que su Padre del Cielo hablara a los presentes, les dice algo que los debió sumir en el más estricto silencio…. ¡por total ignorancia!

Decimos esto porque, según nos dice el texto bíblico, mientras bajaban de aquel monte alto, el Hijo de Dios no tuvo más remedio que decirles algo que, sin duda alguna, los debió sorprender: no debían decir nada de aquella visión hasta que Él resucitara de entre los muertos.

¿Resucitar de entre los muertos?

Ellos debieron pensar que aquello era ya el colmo. Les había costado más que mucho enterarse de algo y ahora, además ahora, debían callar hasta que su Maestro resucitara de entre los muertos.

Y, es cierto que si no dijeron nada en todo el tiempo que debía transcurrir hasta que Jesucristo muriera y, en efecto, resucitara de entre los muertos, debe ser más que cierto que sus corazones debieron encogerse un poco o, mejor, mucho y más que mucho.

Luego, claro, cuando llegó el momento, sí comprendieron…

 

PRECES 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no creen en la Resurrección de Cristo.

Roguemos al Señor.

Pidamos a Dios por todos aquellos que no creen en la voz de Dios.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a comprender lo que aquellos tres hombres no fueron capaces de comprender.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán 

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos. 

Panecillo de hoy: 

Palabra de Dios; la Palabra. 

Para leer Fe y Obras. 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

6.03.20

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media – La Comarca de Tolkien – “Bueno. Estoy de vuelta”

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Resulta curioso que unas obras como son El Quijote y El Señor de los Anillos tengan un final tan parecido pero, en el fondo, tan distinto. 

Lo primero lo decimos porque la obra del genial Cervantes termina con un “Vale” y la otra, la de nuestro maestro Tolkien, con un “Bueno, ya estoy aquí”. Y podemos decir que sí, que en esto son más que parecidas porque lo hacen de una forma un tanto sorprendente. 

Sin embargo, son, como decimos arriba, muy distintas en el fondo porque suponen todo lo contrario. Y queremos decir con esto que mientras que El Quijote parece decir, la obra en sí, con el “Vale” que hasta aquí se ha llegado, que no se puede continuar o, en fin, que ya es suficiente, con el “Bueno, ya estoy aquí” no es la misma sensación la que tenemos sino que da la impresión de que sí, que Sam ha vuelto y que, en efecto, está ya en su pueblo de La Comarca pero eso no quiere decir que todo se haya terminado sino que queda mucho más por vivir, hacer y ver. 

El caso es que el “Ya estoy aquí”  supone mucho. 

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4.03.20

Beato Manuel Lozano Garrido - “Lolo, libro a libro” - La presente presencia de Dios

Presentación

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Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

La presente presencia de Dios

 

“Día por día, desde que nacemos, las alambradas van recortando su curva sobre la masa latente de un corazón. Nadie presentaría una palpitación sin el bombardeo intensivo de la caridad, la misericordia y la predilección de Dios. Cuando pensamos, cuando trabajamos, cuando dormimos, la radiación caudalosa de la Gracia está trabajando nuestras fibras y saneando las partículas inmateriales de toda alma. Es la cimentación previa.” (El sillón de ruedas, p. 159)

 

Todo lo que tiene relación con Dios o, lo que es lo mismo, todo de toda nuestra realidad, nunca se aleja (incluso aunque eso pretendamos con nuestra ceguera) de Aquel que nos ha creado y mantiene. Y eso nos lo dice más que bien el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo.

Es bien cierto y verdad que Dios nos ama con toda la fuerza de un Padre. Nosotros, sin embargo, ya nacemos con un pecado, el original y debemos ir restañando esa pena terrible que tenemos. Pero, para eso, el Todopoderoso siempre nos acompaña y no nos deja solos.

Para empezar se nos limpia tal pecado con la infusión del Espíritu Santo en nuestro Bautismo. Y, entonces, desde tal momento, podemos decir que tenemos el diario espiritual así, en blanco, para ir cumplimentándolo con aquello que hacemos, decimos, nos movemos y existimos. Y, a veces, como bien sabemos, lo emborronamos con nuevos pecados, con caídas en el abismo de las que, con ayuda de Dios, salimos.

Todo, en nuestro corazón y, así, en nuestra vida material, mundana (podemos decir para entendernos) tiene relación con el, con nuestro, Creador. Y todo ha de tener una relación, digamos, forzosa porque, por Voluntad de Aquel que todo lo sabe porque por fuerza nosotros estamos unidos al Señor por mucho que, en tantas ocasiones, parezca que no es así. 

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2.03.20

Venerable Marta Robin – Para quien no sepa qué es sufrir, qué supone, qué nos aporta

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

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Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

Para quien no sepa qué es sufrir, qué supone, qué nos aporta

 

“La enfermedad es una gracia adorable, una incomparable riqueza. ¡Ah! ¡La gracia del sufrimiento revela bellezas, nos hace aprender grandes cosas! Sufrir nos sirve primero a nosotros, sufrir sirve a todo y a todo. Sufriendo se aprende a amar, a rezar, a meditar, a renunciar. Sufriendo se aprende la caridad, el abandono en Dios, el desinterés. Sufriendo se aprende a ver, a comprender. Sufriendo e aprende a mitigar, a compartir, a consolar a los que sufren” (Diario íntimo, 12 de enero de 1930)

 

Seguramente, comprender con exactitud lo que nos quiere decir o, mejor, lo que nos dice, la Venerable Marta Robin en este extracto de su Diario íntimo, resulta de todo punto esencial y básico para comprender, a su vez, lo que tantas veces no somos capaces de comprender: el sufrimiento.

Es bien cierto que se puede decir que nuestra hermana en la fe tenía un corazón muy por encima del común de los creyentes y que, por eso, era capaz de escribir este tipo de textos. Sin embargo, no podemos negar que, siendo así, tampoco es poca cosa que aprendamos algo de lo que nos dice.

Sí. Es verdad que el sufrimiento muchas veces no lo comprendemos y, es más, no queremos, sino, que pase y eso equivale, más o menos, a que damos de lado, apartamos y escondemos debajo de cualquier celemín espiritual si es que pudiéramos aprender algo de tales momentos. Y nos basta, la mayoría de las veces, con dejar pasar sin ir más allá…

Marta Robin, experta en momentos de sufrimiento más que conocidos o al alcance del conocimiento de quien quiera saber cómo fue su vida, sabe mucho, pues, de esto, y debemos escucharla muy atentamente. Hemos de aprender mucho y, seguro, comprender lo que no queremos comprender porque somos muy duros de corazón y nuestras entendederas espirituales parecen que están bajo tierra…

En fin…

El caso es que sí, del sufrimiento se puede sacar algo… positivo.

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1.03.20

La Palabra del Domingo - 1 de marzo de 2020

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 Mt 4, 1-11

  

“1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. 2     Y después de hacer un ayuno de cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre. 3 Y acercándose el tentador, le dijo: ‘Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes.’ 4 Mas él respondió: ‘Está escrito: = No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.’ =  5 Entonces el diablo le lleva consigo a la Ciudad Santa, le pone sobre el alero del Templo, 6 y le dice: ‘Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: = A sus ángeles te encomendará, y en sus manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra alguna.’ = 7 Jesús le dijo: ‘También está escrito: = No tentarás al Señor tu Dios.’ = 8 Todavía le lleva consigo el diablo a un monte muy alto, le muestra todos los reinos del mundo y su gloria, 9 y le dice: ‘Todo esto te daré si postrándote me adoras.’ 10 Dícele entonces Jesús: ‘Apártate, Satanás, porque está escrito: = Al Señor tu Dios adorarás, y sólo a él darás culto.’ = 11 Entonces el diablo le deja. Y he aquí que se acercaron unos ángeles y le servían.”

 

COMENTARIO

El verdadero poder de Dios

 

Cuando Jesús es bautizado por Juan, en el Jordán, y, después de haber sobrevolado sobre Él el Espíritu Santo (al igual que en el Génesis, mientras Dios creaba, el mismo Espíritu, su Espíritu, sobrevolaba las aguas) se deja llevar por aquella persona que constituye la Santísima Trinidad y marcha camino del desierto, donde sólo se oye su corazón y a Dios buscando su seno porque necesita esa íntima comunicación. 

Quizá buscaba lo que dijera Isaías (32, 10) “en el desierto morará el derecho, y la justicia habitará en el vergel”, es decir, que trataba de hallar la plenitud de la voluntad de Dios; quizá quiera pasar una prueba puesta por su padre (Dt 8,2), al igual que pasara, con el paso del desierto, el pueblo de Israel: acuérdate del camino que el Señor te ha hecho andar durante cuarenta años a través del desierto con el fin de humillarte, probarte y conocer los sentimientos de tu corazón y ver si guardabas o no sus mandamientos. El respeto buscado por Dios de su Hijo por sus normas, quizá fuera lo que buscaba Jesús. Y todo esto sabiendo lo que dijera, también, como tantas otras veces, Isaías, (58, 11): Te guiará Dios de continuo. El caso es que Jesús, atareado en ese intento de descubrirse, no encuentra mejor sitio donde ir que a ese inhóspito espacio reseco. 

La permanencia de Jesús en el desierto durante 40 días, como ya he dicho de su pueblo, también podemos atribuirle un significado simbólico. Fácil es entender que el desierto es un lugar en el cual podemos escuchar nuestra voz con una claridad diáfana, sin esos sonidos de otras voces que impiden descubrir nuestros acentos, lo que queremos decir para que nos entiendan, es un lugar adecuado para sentir mejor nuestro corazón, alejados del mundo que nos impide ordenar y separar lo importante de lo que es accesorio y que tanto nos perturba en nuestro camino por la vida.  Es, en fin, un criterio de discernimiento lo que “empuja” a Jesús a ese exilio de su derredor, de forma inmediata a cuando fue instituida una segunda creación, con su bautizo, una nueva oportunidad para el hombre. 

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28.02.20

J.R.R. Tolkien – Una ventana a la Tierra Media – Carta a Tolkien

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Es más que conocido que nuestro autor, J.R.R. Tolkien o, simplemente, conocido como Tolkien, escribió muchas cartas a lo largo de su vida. Su lectura es verdaderamente crucial para quien quiere conocer más de cerca muchos de los acontecimientos de su vida, el devenir exacto y circunstancial de lo que estaba escribiendo y, en fin, muchos de sus pensamientos más íntimos.

El que esto escribe ha creído que también se le puede enviar una carta a nuestro querido profesor de Oxford. Y sabemos que la recibirá porque allí donde esté (nosotros creemos que en Cielo, si Dios ha querido que así sea) todo puede verse.

Y eso es, pues, lo que hacemos ahora mismo.

Muy estimado profesor Tolkien,

El que esto escribe ha recibido sus Cartas o, al menos, ha podido leerlas que, en un sentido más que cierto, puede considerarse la misma cosa. Y espera que reciba estas cuatro letras con gozo porque sabe, a ciencia y corazón ciertos, que hay muchas personas que pueden pensar, a lo mejor, lo mismo.

No puedo negar que cuando uno se acerca a su obra lo hace con cierta precaución. Y no se trata de que sea algo imposible de llevarse al corazón sino que supone acercarse a lo que es considerado como lo mejor en el tipo de literatura de que se trata que se haya escrito. Y bien sabemos que imitadores de su obra hay más que muchos e, incluso, los hay que se han visto beneficiados con pingües beneficios por la adaptación de otros libros que, en cierta forma, vienen a decir cosas muy similares a las que usted dejó dichas y siendo, así y por tanto, el primero en decirlas también ha de ser el primero en ser felicitado.

Muy querido profesor Tolkien. Debo darle las gracias por haber hecho posible que la imaginación de millones de seres humanos haya dado un salto más que grande hacia un mundo o, mejor, una Tierra, la Media, en la que toda virtud tiene su asiento y donde, ¡Ay!, toda maldad se arremolina alrededor del Bien para causar daño porque eso ha sido, es y será, el papel que desempeña todo lo malo que hay en el mundo y, también, en su/nuestra Tierra Media.

Muy querido profesor Tolkien. También debo agradecer que su obra haya sido escrita de tal forma que puede unir, en ella misma, a personas de muy distinta índole. Y quiero decir con esto que no hay acepción de religión, pensamiento o idea que, en sí mismas, puedan alejar de apreciar en mucho lo bueno que tienen las páginas escritas por usted. Y eso, es cierto, es algo más que bueno y mejor y es algo que le apuntamos en su haber porque supone la conformación de un grupo muy heterogéneo de personas unidas por un vínculo común de ríos, paisajes, personajes, acciones, batallas, perdones y demás realidades que usted supo construir.

Muy querido profesor Tolkien. No pueden menos que agradecerle, también, que haya ensanchado el corazón para que quepa en él todo lo que es posible cuando se quiere que lo sea. Y eso es una verdad que no deberíamos olvidar nunca. Y es que ¿No es posible la existencia de una Tierra, llamada por usted Media, donde pueda triunfar el Bien sobre el Mal y donde lo virtuoso prevalezca sobre lo corrupto y corrompido?

A esto, me gustaría responder que sí aunque enseguida sería rebatido por la realidad en la que vivimos ahora y, seguramente, en la que usted mismo vivió en aquellos años en los que concibió, escribió y dio a luz su nunca demasiado bien ponderada obra literaria.

Muy estimado profesor Tolkien. Aunque es más que posible que pudiera decir más cosas sobre usted, también es seguro que podría ser calificado de pedante o de pesado y eso, que son adjetivos muy alejados, alejadísimos, de su obra, no puede caber aquí.

Es por eso por lo que se despide quien tanto tiene que agradecer a quien tanto le ha dado y le deseo una vida eterna donde, algún día, podamos encontrarnos,

 

Eleuterio Fernández Guzmán Erkenbrand de Edhellond

 

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Hay mundos que, sin duda alguna, nos llevan más lejos del que vivimos, nos movemos y existimos.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.