21.09.21

Un amigo de Lolo - “Lolo, libro a libro”- La voluntad y la Voluntad

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La voluntad y la Voluntad

  

“Las criaturas, al mismo tiempo, testigos de una voluntad grande, común a todos. La del hombre es imprecisa, se rectifica y cambia a cada hora. La otra, la Gigante, se mantiene en su serenidad, como si el tiempo absoluto se redujese a un segundo, en su tono indesmayable, ajeno a la visita de los camaleones. No es difícil de deletrear, porque empieza con V de Verdad, Vida y Victoria, y acaba con D de Dios. Vida el ser. Allí está, en lo que es, y para lo que es, a veces en contradicción con lo que quiere. Por eso es también Verdad, y se llama Victoria, porque ha sido hecha con amor, que es lo que siempre triunfa.” (Mesa redonda con Dios, pp. 217-218)

 

Corresponde este texto del libro de Lolo “Mesa redonda con Dios” al apartado de título “Los ojos más hermosos (‘Tu Voluntad’). Y es que, en efecto, si hablamos de voluntad, en realidad, existen dos: la nuestra y la de Dios. Y bien podemos decir que no son, exactamente, lo mismo. 

En cuanto a la primera o, lo que es lo mismo, a la libertad que Dios dona a cada una de sus criaturas para poder manifestar la voluntad según crea y entienda cada cual, lo bien cierto es que hacemos uso de ella según y cómo. 

Nosotros somo como somos. Es decir, como muy bien dice el Beato de Linares (Jaén, España) la nuestra es “imprecisa” o, lo que es lo mismo, no tiene la precisión que corresponde a quien sabe lo que le conviene y la manifiesta de forma correcta y de acuerdo a lo que la misma debe ser. 

También es cierto que diera la impresión de que no tenemos muy claro qué es lo que queremos. Por eso rectificamos demasiadas veces nuestra voluntad y la hacemos volandera y, según nos convenga, ora hacemos esto ora lo otro sin tener en cuenta que es más que seguro que no acordará con la de Dios. Así de sencillo. 

Eso es lo que en lo tocante a lo que hacemos nosotros con nuestra voluntad. Pero hay otra, como decimos arriba, que es la que debería importar y es la Dios. Y de ella dice Manuel Lozano Garrido que es la “Gigante” pues es, en efecto, las más grande y Todopoderosa. 

Nada en la Voluntad de Dios cambia como sí lo hace en la nuestra, en la de sus criaturas. Y por eso tiene aplicación siempre y siempre la tendrá. Y eso nos viene la mar de bien porque sabemos a qué atenernos y una ayuda así nunca estará bien pagada por nuestra parte.

El caso es que es tan importante la Voluntad de Dios que todo lo que tiene relación con ella es crucial en nuestra vida. Así, por ejemplo, es la Verdad pero también es la Vida y es la Victoria, la del Bien sobre el Mal, la de Quien sabe lo que nos conviene sobre la de quienes, tantas veces, no lo sabemos. 

Dios, con su Voluntad, ansía que la de sus hijos acuerde con aquella y por eso se presente clara y diáfana en el corazón de aquellos que, de cuando en cuando, diera la impresión de que no sabemos qué queremos. 

Y, por tanto, existen dos voluntades: nosotros y la de Dios. Y nosotros sólo deberíamos tener en cuenta la de Aquel que nos creado y mantiene y dejar de ser, como nos dice Lolo, simples camaleones.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

20.09.21

Serie tradición y conservadurismo – Liberalismo vs. Libertad… de expresión

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

No es posible negar que, a lo largo de los siglos desde que el hombre es hombre que es, más o menos, desde que Dios puso en El Paraíso a nuestros Primeros Padres, Adán y Eva, el ser humano ha evolucionado más que mucho en muchas cosas. Es decir, no se quedó la cosa como allí estaba lo cual, por cierto, hubiera sido lo ideal de no mediar el egoísmo y la necedad de la criatura de Dios que, queriendo ser igual que su Creador, hizo caso al animal que engañó a la mujer y Eva y ella a Adán.

Aquello, claro, ya no tiene remedio porque entonces entró la muerte en el mundo y todo lo que ya sabemos que entró.

Decimos que ha evolucionado mucho el ser humano en muchas cosas. Y es que los tiempos, en cada momento, son lo que son y son como son. Así, por ejemplo, la Ley de las XXII Tablas romana instauró el llamado “ojo por ojo y diente por diente” ante lo que antes existía que no era otra cosa que la “venganza privada” mediante la cual un daño hecho a alguien podía suponer un desatino en venganza de lo recibido. Y sí, ahora mismo a lo mejor nos parece una barbarie aquello del ojo por ojo pero no podemos negar que, para aquellos tiempos, era una norma más que admitida y deseada (sobre todo por los delincuentes o para aquellos que, en un mal momento, sin premeditación y/o alevosía, cometieran alguna tropelía) y suponía no poco avance.

Esto último lo decimos porque, en efecto, aquí ha habido una clara evolución y, poco a poco, el ser humano ha sido capaz de establecer la convivencia como mejor ha podido y, en general, podemos decir que desde aquel viejo entonces hemos mejorado mucho en cuestiones normativas y de derechos.

Uno de ellos es el de expresión que no es, ni más ni menos, que poder argumentar con un criterio propio lo que se entienda que son las cosas. Y, claro, eso lleva, como es de esperar, a que haya discrepancias múltiples sobre cualquier tema porque cada cual, como es lógico, entiende lo que quiere sobre los mismos. Y eso no es, en sí mismo (siempre que no haya extralimitaciones que están más que tipificadas como faltas o delitos en la ley) nada malo sino, al contrario, más que bueno y muestra de que una sociedad es saludable y así pasa por serlo.

Sobre esto, hay una ideología que se postula muy favorable a las libertades, todas las que sean y, claro, también a la de expresión por ser, la misma, una que cualifica a las sociedades como libres o esclavas. Sí, esclavas, porque la esclavitud no es sólo de seres humanos, así, hablando de lo físico sino que se puede ser esclavo si se está sometido a determinado imperio que no te deja discrepar sobre la versión oficial de las cosas y acontecimientos que suceden en el mundo que nos ha tocado vivir. Y es que, en tal caso, la libertad, como podemos imaginar (también la de expresión, que suele de las primeras que se limita no vaya a ser que alguien se vaya de la lengua más de la cuenta…) existe más bien poco y a nivel sólo teórico.

Decimos eso de que hay una ideología que gusta de todas las libertades que se hace llamar liberalismo. Y sin embargo, como es lógico, las libertades han de tener un límite pues, de lo contrario, caemos fácilmente en el libertinaje que, en el caso del liberalismo, está reservado, no por casualidad, para aquellos que hacen de las leyes y los reglamentos una forma de conducir la realidad a su gusto y manera.

Pues bien, es justo que digamos que la libertad de expresión ha de estar lo menos limitada posible. Claro que hay un límite que es el de no hacer un daño ilegítimo a alguien haciendo uso de tal libertad. Sin embargo, si lo que se hace con la de expresión es decir la verdad (aunque no sea la oficial) no podemos admitir que desde el poder liberal se haga todo lo posible como para que tal uso de tal libertad sea lo más limitado que pueda ser o, a ser posible, poco o directamente nada.

En todo esto, en el ámbito de la libertad de expresión en un Estado liberal, hay un problema para el Estado que tiene difícil solución si es que la misma no tiene que ver con la limitación de tal libertad. Y es que sí, en un principio (en aquellas primeras constituciones que recogían tal derecho) todo era miel sobre hojuelas en el sentido de aceptar la tal libertad como algo beneficioso para el común de la población y así se recogió en multitud de ellas, las cosas han ido cambiando, digamos, en perjuicio de una libertad tan necesaria como es la de poder decir lo que se crea conveniente, por ejemplo, en contra del poder establecido.

El caso es que hoy día las cosas han cambiado mucho con el surgimiento de las llamadas “redes sociales” que se han sumado al ingente número de medios de comunicación, digamos, ya ordinarios: la prensa, la televisión, la radio, etc. Y eso ha hecho que sea muy posible zaherir al Estado liberal porque son muchos (algunos pueden pensar que demasiados) los puntos desde donde pueden venir las críticas.

Entonces ¿Es posible que se pueda limitar la libertad de expresión dadas las cosas como están?

La respuesta a esta pregunta sólo puede ser una: sí, es posible limitar la libertad de expresión. Y, de hecho, así se hace atribuyéndose el Estado un derecho que es sencillamente abusivo si tenemos en cuenta que lo que se pretende es acallar toda discrepancia que se pueda manifestar desde un medio de comunicación. Y qué decir si quien discrepa es un simple particular que no tiene el poder que pueden tener los llamados mass media…

A lo mejor con un ejemplo, de hoy mismo, se entiende mejor la cosa.

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18.09.21

La Palabra para el Domingo - 19 de septiembre de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 19 sino sábado, 18 de septiembre de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

 

Mc 9, 30-37

 

“30 Y saliendo de allí, iban caminando por Galilea; él no quería que se supiera, 31 porque iba enseñando a sus discípulos. Les decía: ‘El Hijo del hombre será entregado en manos de los hombres; le  matarán y a los tres días de haber muerto resucitará.’ 32     Pero ellos no entendían lo que les decía y temían preguntarle. 33 Llegaron a Cafarnaúm, y una vez en casa, les preguntaba: ‘¿De qué discutíais por el camino?’ 34 Ellos callaron, pues por el camino habían discutido entre sí quién era el mayor. 35    Entonces se sentó, llamó a los Doce, y les dijo: ‘Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos.’ 36 Y tomando un niño, le puso en medio de ellos, le estrechó entre sus brazos y les dijo: 37 ‘El que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe; y el que me reciba a mí, no me recibe a mí sino a Aquel que me ha enviado.’”

    

COMENTARIO

Como niños

Jesús, que conocía y comprendía la naturaleza humana y sabía por lo tanto, cuál era la verdadera razón del comportamiento de sus discípulos, sabe cómo debe explicar las cosas para que las entiendan. Él sabía cuál era su misión y que, por eso, debía de transmitir la verdadera Ley de Dios y tratar de que aquellos que serían sus testigos (en el sentido más puro, mártires) tuvieran claro cierto tipo de cosas porque de eso dependía una transmisión correcta. 

Es evidente que sus discípulos no podían entender, aún, lo que oían de la boca del Maestro. Que lo fueran a juzgar y a ajusticiar no cabía en su pensar de hombres. Eso lo harían más tarde cuando, precisamente, ocurra lo que les dice y se den cuenta, de verdad, de que lo que les decía era totalmente cierto. Ahora, al contrario, la profecía de Jesús sólo podía producirles malestar y desasosiego. 

Como hombres temen preguntar. Esto sólo podía ser debido a dos razones: o era bien porque temían que descubriera su ignorancia (¡cómo si no lo supiera el Mesías!) o porque temían que conociera su verdadera ambición (¡cómo si no lo supiera el Enviado!).Tenían a Jesús por hombre, como lo era, pero sólo por hombre, y tras su muerte, alguno de ellos debía de sucederle. Ese era su pensar. Cosas de hombres, de ambición humana y de reconocible voluntad equivocada. 

Pero claro, Jesús, que ya conocía de lo que iban discutiendo por el camino  (por eso les dice qué es lo que debía hacer alguno si quería ser el primero) les aclara, con meridiana luz, las condiciones que ha de cumplir el que será el primero. Son dos. Pero no son excluyentes sino que se han de sumar, unir, ser eficaces en su conjunto. Esto lo digo por lo que sigue. 

Dice Jesús que quien quiera ser el primero “será el último de todos y el servidor de todos”. Es decir, que no dice que se puede ser el primero siendo el último o sirviendo a los demás sino que habrá de cumplir esas dos condiciones: deberá ser el último y, además, y además, repito, deberá servir a los demás. 

De esto entendemos yo que quiere decir, el ser el último, el no tener afán de protagonismo, no querer sobresalir sobre los demás, aunque, quizá se tenga razones humanas para ello; el ser, al fin y al cabo, humilde que es virtud para cumplir siempre, siempre, aunque tantas veces sea muy difícil. 

Pero no basta con ser el último y quedarse pasivamente así, sin hacer nada y disfrutando, o aunque se disfrute, de eso sabiendo que se hace bien. Hay que hacer algo más. 

Ser servidor de todos es lo segundo que se ha de cumplir, además de lo primero. Servir ya sabemos lo que quiere decir: ¿Señor, qué quieres de mí, cómo puedo servir mejor a los demás?, podemos decir con la oración popular. Servir es darse, es olvidarse de lo que se pierde con servir, como propio quiero decir, y dejar en manos de Dios la retribución eterna. Servir es servicio, ser para el otro estrado donde apoyarse, mano que da la mano, luz para quien la necesite, y así todo lo que se quiera decir, que, por otra parte, casi siempre será poco para cumplir con este deber primero si se pretende ser eso: cristiano con conocimiento de causa que sabe la razón de su actuar en el mundo en el que está de paso. 

Pero esto no es, sólo, lo que Jesús les dice. Eso sólo no. Aún hay algo más que es, con mucho, más importante. 

Les pone un ejemplo ante el que no cabe respuesta negativa, Se ha de recibir, y ser, al niño y como un niño. Esa falta de ambición, en general, esa generosidad, ese reconocimiento de su incapacidad para tantas cosas, ese reclamo de ayuda tan alejado del orgullo adulto, etc., eso es lo que deben hacer quienes quieran seguirlo. Y esto, en una época donde al niño no era muy tenido en cuenta. 

Se recibe así a Dios y no sólo a Jesús. La aceptación del otro pequeño, la consecuencia con unos actos que tanto aprecia Jesús, eso es lo que deben cumplir, porque se acepta en nombre del Mesías y como Él quiere que se acepte. 

Vemos, pues, que este texto de Marcos contiene una gran riqueza para nuestras vidas, de ahora, de mañana, de siempre, así era Quien pronunciaba esas palabras ser el último, ser humilde, ser servidor, servir, ser como un niño, tan necesitado de ayuda y pedirla, sin orgullos falsos y reconociendo esa necesidad… muchas cosas a cumplir, mucho compromiso para nosotros. 

¿O no? Que sea que no.

 

PRECES

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no quieren ser como niños. 

Roguemos al Señor.

 

Pidamos a Dios por todos aquellos que quieren ser los primeros y no los últimos. 

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

 

Padre Dios; ayúdanos a comprender la verdadera situación en la que nos encontramos.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén. 

 

Eleuterio Fernández Guzmán

     

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

Perder la vida o ganarla siendo la eterna.

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna. 

16.09.21

Ventana a la Tierra Media – 21.09.16: Tolkien en la trinchera

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Perdónesenos que hagamos uso de la fecha del día de hoy (16.09.21) para darle la vuelta pero es que, no por casualidad, en aquel tiempo nuestro autor se encontraba en pleno conflicto, poco más de un mes antes de enfermar de la denominada “fiebre de las trincheras” (el 27 de octubre) pues fue enviado a la guerra aquel año, 1916. De todas formas, como es fácil suponer aquí nada vamos a escribir acerca de los entresijos de la participación de Tolkien padre en aquel primer conflicto del siglo XX. Y es que, como podemos imaginar, hay quien lo ha hecho ya más que bien (léase John Garth en su libro “Tolkien y la Gran Guerra – El origen de la Tierra Media) y no hay nada mejor que saber hasta dónde puede llegar uno. 

Vayamos, como procuramos hacer siempre, a lo general de la cosa aunque se pueda decir que no es más que rascar la superficie por mucho que, a veces, la superficie sea lugar más que suficiente para saber el qué, el cómo y las consecuencias de todo lo sucedido. 

Podemos decir, y creemos que no nos equivocamos, que si John Ronald Reuel Tolkien llevaba “rumiando” en su cabeza mucho de lo que luego sería su Tierra Media, a nosotros nos da la impresión de que aquella Guerra, la primera grande del pasado siglo, el XX, fue el detonante de lo que estaba por venir. Es decir, que no se trató, tan sólo, de sobrevivir sino que fue el lugar, entiéndase esto, idóneo para que todo naciera de verdad y partiera hacia sus particulares Tierras Imperecederas. Y es que debió causar una impresión en Tolkien, de quien se dice y se lee que era muy sensible, que nunca se borraría ni de su memoria ni de su corazón. 

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14.09.21

Un amigo de Lolo – “Lolo, libro a libro” - La Gloria en paracaídas (El Reino) –y 7– Llamar a Dios

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

La Gloria en paracaídas (El Reino) –y 7–Llamar a Dios

  

Amigo, hermano: con carácter urgente, escribe esta carta, descuelga el teléfono y pon esta conferencia o dicta, rápido, el telegrama que sigue:

 -"Señor; Señor: que venga a nosotros tu Reino, sin impedimentos, aprisa, por caridad” (Mesa redonda con Dios, 216)

  

Seguimos (y terminamos) con este texto perteneciente al capítulo “Dios al volante” en el que el Todopoderoso está más cerca de sus hijos que nunca porque cae, digamos, como dice el título de esto, “en paracaídas”. 

Bien dice Lolo eso de “Amigo, hermano” pues, en realidad, todos aquellos que reconocemos el reinado de Cristo en el mundo y, por tanto, el de Dios mismo, somos hermanos y, claro, amigos o, al menos, deberíamos ser lo segundo pues lo primero se nos ha dado por parte del Todopoderoso. 

Lo que nos el Beato de Linares (Jaén, España) no es poco y que es lo que debemos hacer (y que se verá luego, abajo) no es algo que podamos diferir para mañana o para pasado mañana sino que, al contrario, es algo que debemos hacer ahora mismo: es urgente, con la urgencia que tiene la necesidad de que un hijo se relacione con su padre y, más, siendo el Padre nada más y nada menos que Dios. 

El caso es que Manuel Lozano Garrido nos ofrece todo un elenco de posibilidades que podemos tener en cuenta para hacer lo que debemos hacer. Es decir, no nos deja solos para que hagamos lo que buenamente podamos sino que, al contrario, nos dice que podemos, bien: 

escribir una carta, 

descolgar el teléfono para conferenciar con Dios o, en todo caso, 

poner un telegrama. 

Todas esas posibilidades tenemos de ponernos en “contacto” con Dios que, como bien sabemos, siempre espera a sus hijos y tiene una paciencia más que demostrada a lo largo de los siglos… 

Cada una de las citadas arriba tiene un ser y una forma de expresarse. Así, por ejemplo, cuando escribimos una carta tenemos tiempo para reflexionar lo que en ella ponemos y, así, no equivocarnos; cuando hacemos uso del teléfono es cuando, seguramente, más prisa tenemos pues la inmediatez de tal medio de relación está bien demostrada por el uso diario que se hace del mismo; o, por último, si la urgencia es máxima, el telegrama es el medio más rápido, por así decirlo, de decir a Dios esto o lo otro… 

Y, luego, lo que es conveniente que le digamos a Dios pues tan poco es buena la cosa de dejar pasar una oportunidad como la que supone ponernos en contacto con nuestro Creador para decir cosas sin importancia. No. Al contrario es la verdad: sólo importa lo que es importante, por así decirlo. 

¿Y qué es eso? 

Pues esto: 

“Señor; Señor: que venga a nosotros tu Reino, sin impedimentos, aprisa, por caridad” 

Queremos que venga el Reino de Dios a nosotros pero no que lo haga de cualquier forma sino, 

sin impedimentos, 

aprisa y, por último, 

por caridad.

 

Y lo mismo que pasa con las posibilidades de llamar a Dios pasa con esto. Es decir, quiere Lolo que Dios envíe su Reino y que no haya nada que lo impida; también quiera que llegue aprisa pues nada mejor se puede anhelar para el hijo que el Padre esté cabe sí, como se decía antiguamente, cerca de sí. 

Y sí, eso ha de ser por caridad. Y ha de serlo porque bien sabemos que somos pecadores y las muchas veces que debemos pedir perdón a Dios que es Quien queremos que envíe su Reino. Y eso, claro, ha de ser por Amor, por aquel que tiene el Todopoderoso por su criatura. Si, por caridad pues, de otra forma…

Eleuterio Fernández Guzmán

Llama Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

13.09.21

Serie tradición y conservadurismo – Lo bueno y lo malo. Así de sencillo.

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Digamos, para empezar, que cuando Dios llevó a cabo la Creación, todo lo que hizo era bueno. Y así se dice en la Sagrada Escritura: “Y vio Dios que estaba bien” es la expresión que se utiliza en el Génesis para dar a entender que a medida que iba creando, lo que venía a ser no era una cosa hecha, así, al tun-tun, sino que tenía todo el sentido que Dios Todopoderoso pone a lo que hace.

Decimos, además, que cuando creó al hombre y, luego, a la mujer, dijo algo más: “Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra”.

Nosotros estamos seguros (fe obliga) que Dios no podía crear al ser humano a su imagen y semejanza y querer que la tal creación tuviera alguna tara o defecto. Por eso creemos que creó al varón y a la hembra buenos, en sí mismos buenos y que vivir en el Paraíso era el destino que tenía establecido para ellos y que la muerte no sería como ahora la conocemos sino que sería un mero dormir para despertar en la vida eterna.

Eso era así hasta que las criaturas hechas como mejor supo hacer Dios (de forma perfecta) cometieron el error de querer ser como su Creador. Entonces entró la muerte en el mundo y todo el bien que se había establecido en la existencia del ser humano trocó de tal forma que, con aquella, entró el Mal en la existencia del hombre.

Después, sabemos lo que fue sucediendo con la historia del ser humano: Noé, Abraham, Moisés… En fin, Dios intervino lo justo y necesario como para que no se fuera todo al traste.

Luego, por fin y al final de los tiempos, Dios envío a su Hijo, en el mundo Jesucristo, para que el mundo se salvase y lo hiciese a partir de su sangre y con la entrega de su vida, así, por el bien de todos aquellos que confiesen que es el Mesías, el Enviado de Dios, el Cristo.

Desde que el cristianismo surge como modo de vida y como religión (o, quizá, al revés) han pasado muchos siglos en los que, con los errores propios del ser humano, podemos decir que, con los valores propios de nuestra religión (más los que podamos tener de la hermana mayor, la judía) no devino una sociedad en la que primara el Mal sobre el Bien sino que se procuró que el segundo, con los principios propios del cristianismo se impusiera al primero por ser, éste, hijo directo de Satanás y de sus ángeles caídos, demonios o como quiera llamárseles, todos testigos del daño que han procurado a la humanidad desde que el primero de ellos hiciera caer en la trampa del egoísmo a nuestros Primeros Padres.

Y sí. Sabemos que esta parte del artículo pueda, a lo mejor, no entenderse pero dado que aquí se trata de hablar de lo bueno y de lo malo, hemos creído importante dejar claro cómo ha sido la cosa desde que Dios estimó oportuno crearlo todo pues, desde aquel entonces, nosotros estamos aquí, eso sí, después de que muchos acontecimientos demostraran a nuestro Padre del Cielo que estamos, los humanos, más necesitados de su intervención de lo que muchas veces hemos creído necesario.

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11.09.21

La Palabra para el Domingo - 12 de septiembre de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 12 sino sábado, 11 de septiembre de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.

También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

 

 

Mc 8, 27-35

 

“27 Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus  discípulos: ‘¿Quién dicen los hombres que soy yo?’ 28 Ellos le dijeron: ‘Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas.’ 29 Y él les preguntaba: ‘Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?’’ Pedro le contesta: ‘Tú eres el Cristo.’ 30 Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. 31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. 32 Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle.33 Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: ‘¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres.’ 34 Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: ‘Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí  mismo, tome su cruz y sígame.35 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará’”.

      

Una llamada a la eternidad

1.- Muchas veces Jesús quiere explicar a sus discípulos y al resto de personas que le seguían y le escuchaban, el fundamento de su existir; muchas veces está interesado en saber qué opinan de Él, qué piensan quienes le rodean aún sabiendo que ya lo sabía. 

Jesús, que tiene a sus discípulos muy cerca  los supone en contacto directo con la gente y se dirige a ellos para probarlos en su fe. 

El desconcierto entre los que lo conocen es grande. Unos piensan que es Juan el Bautista, otros que Elías…En fin, algo de desconcierto aprecia del Hijo de Dios en aquellos que le escuchan. 

Pero los apóstoles parecen tenerlo claro, y el “principal”, el que sería piedra de la Iglesia, lo afirma: “Tú eres el Cristo”. Con esto le demostraban, o eso pensaban ellos, un conocimiento superior a los demás que le seguían: Tú eres el Enviado de Dios, el Mesías, el que nos salvará. 

Sin embargo, tampoco parecen conocer las Escrituras y hablan de Jesús y del destino ellos creen que les espera. Así, ellos también se encuentran en aquel estado de querer y no poder en que muchas veces demuestran encontrarse: creen una cosa cuando, al contrario, es otra muy diferente. 

2.- Como Jesús conocía sus pensamientos comienza a desgranar, ante sus oídos, lo que será su vida: lo prenderán, lo juzgarán, lo acusarán y, al final, lo matarán. Todo esto era netamente contrario a lo que sus discípulos esperaban de quien les estaba enseñando. Los pensamientos de Dios y del hombre muchas veces difieren en tanto… Además, eso de resucitar era un concepto que no llegaban a entender.

Como era de esperar Pedro, que debía creer que tenía una mayor confianza con Jesús, le echa en cara aquello que decía, al igual que en la última cena le diría que con él iría donde fuera. Hombre, pensamiento de hombre, nada más. 

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9.09.21

Ventana a la Tierra Media – Y de la música surgió todo – y 6

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Existía donde Ilúvatar y el Vacío exterior. Y Melkor tomó del Vacío la negritud y lo oscuro y lo trasladó junto a los demás Ainur. Y surgió una discordancia que fue el inicio de la existencia del Bien y del Mal, de la Creación y de la destrucción.

No podemos negar que, a pesar de que aquella historia-realidad que les había sido contada fue de lo más interesante, saber que llegaba el final entristeció a más de uno de los presentes. De todas formas, estaba más que bien saber cómo acabó todo aquello

El caso es que, por ser aquel el último día de la tan ansiada narración, se hizo un poco de rogar el Maestro de los Cuentos. Pero, después de unos minutos que parecieron eternos apareció con gran aplauso por parte de los presentes. Aunque es verdad que también se le notaba algo apesadumbrado por lo que tenía que contar, por el final de la historia de la música. 

Bueno, supongo que estaréis ansiosos por saber lo que pasó luego. 

-¡Sí, sí!, se escuchó a unísono. 

Pues bien, como os dije el último día, a Melkor toda aquella bondad que se estaba creando no le venía nada bien. Y por eso les hizo saber a los presentes allí y entonces que aquello, todo, sería suyo. 

Sin embargo, Manwë se atrevió a decirle que de ninguna de las maneras se apoderaría de todo aquello pues muchos habían trabajado en bien de aquella obra. Y entonces pasó lo que tenía que pasar: hubo lucha entre Melkor y los demás.

 -¿Perdió Melkor?, ¿Quién ganó?, ¿Qué pasó?, fue lo que se escuchó allí. 

Tranquilidad, pequeños, que ya lo cuento todo. 

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8.09.21

Tuvo que nacer María

Natividad de Bamberg

 (Natividad de Bamberg, Alemania)

Aunque a muchos de los que no crean en la realidad física de Jesucristo tampoco guste esto, lo bien cierto es que María, joven judía que dio a luz a un niño fruto del amor al sí y concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, también vino al mundo. Y lo hizo sin pecado alguno por gracia otorgada por Dios, su Padre e Hijo.

María, aquella niña (pues lo era cuando dijo sí al Ángel Gabriel) nació porque Dios quería tener una Madre que fuera mujer de oración y de humildad demostrada a lo largo de su, hasta entonces corta, vida. Es de imaginar al Hijo de Dios presentándole al Padre a la mujer que había elegido para ser Madre suya pues ya lo había hecho el Creador desde toda la eternidad. Convencer a Dios de que frente a Eva, aquella primera madre que traicionó su bondad y se vendió por una ilusión, había otra criatura suya que podría acogerlo en su seno y ser portadora de paz y de gozo universal, no debe ser fácil pero con el amor que le tiene el Padre al Hijo es de creer que aceptó enviar a su Ángel a que, al menos, le preguntara si quería ser agraciada con la gracia y el don especial de Dios.

Pero antes, tampoco mucho antes en años hablando, un pequeño ángel tenía que venir al mundo. Y lo hizo sin aquello que lastra a todo ser humano y que, causado por nuestros primeros padres, nos pesa en el alma hasta que somos bautizados. Del primer pecado, por eso original, estaba liberada María por gracia de Dios y así lo ha entendido todo creyente desde que se convirtió en Madre de todos los hijos de Dios.

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6.09.21

Serie tradición y conservadurismo – Dejarse vencer por el Mal

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Por mucho que los adalides del siglo pretendan sostener que no existe el Mal y que, por tanto, no hay castigo ante las malas acciones sino, sólo, lo que queda de lo que se hace, ahí, como si nada… Por mucho, decimos, que eso lo crean muchos (en realidad, les viene muy bien que eso se crea así para no sentirse responsables de nada) lo bien cierto es que el Mal está, existe, es. Y se manifiesta de las más diversas maneras la menor de las cuales no es, precisamente, creer que no existe. Y esa es labor del Maligno que, no obstante, es príncipe de este mundo.

Seguramente que cualquiera que lea esto podría poner muchos ejemplos de qué es el Mal y cómo actúa. Nosotros, sin embargo, vamos a hacer hincapié en lo que podemos llamar “sutilezas del Mal” que tanto abundan hoy día. Y nos referimos al respeto humano y a lo políticamente correcto que, como actitudes propias de alguien desnortado son verdaderos elementos destructores del comportarse, como diría San Josemaría, como gentes “de criterio”.

Es sabido, aunque muchas veces no lo parezca, que el “qué dirán” es un recurso que viene muy bien para muchas cosas y para muchas ocasiones.

Así, por ejemplo, si se nos pasa por la cabeza “cambiar de sitio” algo en nuestro favor siempre sobrevuela en nuestro corazón el “qué dirán” pues una cosa es lo que creemos que nos conviene y otra, muy distinta, lo que creemos que el resto de seres humanos puede pensar sobre nosotros. Y eso, digamos lo que queramos decir, siempre pesa en nuestras decisiones.

Es decir, en el comportamiento ordinario del ser humano tiene importancia grande lo que los demás piensen de él.

Hay, sin embargo un ámbito en el que este principio actúa en detrimento de la espiritualidad del ser humano: lo religioso, la religión y, al fin, la fe. Y en el mismo no vale “el qué dirán”.

Es cierto que el mundo que nos ha tocado vivir no es muy proclive a aceptar principios o doctrinas religiosas cristianas. Es más, muchas veces, los cristianos tampoco manifestamos gran aprecio por los mismos o por las mismas.

El caso es que si actuamos pensando, en exclusiva, en el “el qué dirán” lo único que alcanzaremos será la cumbre de la miseria espiritual pues, por un lado, no se quiere lo que queremos y, por otro, no somos capaces de demostrar que lo que queremos es lo que se debe querer y que le conviene mucho a la criatura de Dios estar a su santa Voluntad y no a la propia de los lógicos egoísmos.

En realidad aquí juega un papel un concepto religioso muy en desuso: “unidad de vida”.

Decir eso, así, de pronto y sin anestesia mundana, pudiera sonar a caduco y trasnochado pues hacer lo que se dice que se es, es comportarse de forma aceptable para Dios y eso, es bien cierto, no siempre “nos conviene”.

Decimos “unidad de vida” y queremos dar a entender que como somos hijos de Dios debemos demostrar que lo somos.

¿Y cómo se hace eso?

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