24.04.21

La Palabra para el Domingo - 25 de abril de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 25 sino sábado, 24 de abril de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

 

                                                      

Jn 10, 11-18

 

1 Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas. 12 Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo,  abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, 13 porque es asalariado y no le importan nada las ovejas. 14    Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, 15 como me conoce el Padre  y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas,  que no son de este redil; también a ésas las tengo que conducir  y escucharán mi voz; y habrá un solo rebaño,  un solo pastor.17 Por eso me ama el Padre,  porque doy mi vida, para recobrarla de nuevo. 18 Nadie me la quita; yo la doy voluntariamente. Tengo poder para darla  y poder para recobrarla de nuevo;  esa es la orden que he recibido de mi Padre.’”

 

 

COMENTARIO

 

El Buen Pastor

 

La imagen de Jesús como Buen Pastor es una de las más queridas por nosotros, sus discípulos. Representa mucho porque simboliza tanto como el cuidado de las ovejas, el mirar por su bien y, en fin, el quererlas por encima de todo sin querer que una sola de ellas se pierda porque tal es una parte muy importante de la misión encomendada por Dios  a su Hijo. 

Y es que siendo el hebreo, esencialmente, pueblo de pastores Jesús utiliza esta imagen para dar a conocer su persona ya que, de esa forma, iba a ser entendido por aquellos que le escuchaban. Paralelamente traza una relación entre él y el Padre identificándose de tal forma, que no cabe duda alguna de que el amor que Dios tiene por su persona es justificado: siendo Él mismo, está en su Hijo en su totalidad. Jesús insiste en que Él es el buen pastor, contraponiendo, para demostrar esto, su figura a la de aquel que, siendo pastor, por apacentar ovejas (creyentes), huye ante el embate del maligno, dejando de lado a aquellos que debían ser sus custodiados, hecho que aprovecha, el maligno, para dispersarlos, dividiendo al pueblo de Dios entre aquellos que le siguen y aquellos que han huido. Y esto porque “el asalariado”, aquel que trabaja en cumplimiento, por una parte, de la Ley en sentido estricto y, por otra, para otra persona, no tiene en cuenta lo que debería ser su verdadera labor. Atento, exclusivamente, al apacentamiento pasivo, no inquiere sobre la verdadera Verdad, ni da el sentido adecuado a lo que la Ley dice sino que, vendido a la costumbre y a la tradición, en este caso equivocada como demuestra Jesús, no va más allá. 

El Mesías, sin embargo, no huye ante las asechanzas del mal, de su mal, ni se abandona a la molicie y a la desidia: da su vida por sus ovejas. Esto está claro lo que quiere decir: por lo que tuvo que pasar en su Pasión. Por esto, sobre todo por esto (no por el mero hecho de sufrir, sino por comprender el valor de su dolor y de sus padecimientos) es por lo que el Padre le ama. Por eso Dios lo resucitará y Jesús así lo dice: para recobrarla de nuevo, la vida, se entiende. No pierde su vida porque la da para que los demás tengamos perdonados los pecados, por eso Dios no le quita la vida (lo cual sería impropio de un Padre amoroso y misericordioso) sino que la da por su voluntad, porque sabe el significado que tiene esa sangre que va a derramar, que bautizará al mundo en una nueva creación, para remediar las faltas de toda la humanidad y nacer, así, limpia, pura, digna.

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17.04.21

La Palabra para el Domingo - 18 de abril de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 18 sino sábado, 17 de abril de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

 

Lc 24, 35-48

 

35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. 36  Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: ‘La paz con vosotros.’ 37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. 38 Pero él les dijo: ‘¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? 39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo.’ 40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. 41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: ‘¿Tenéis aquí algo de  comer?’  42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. 43 Lo tomó y comió delante de ellos. 44  Después les dijo: ‘Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: ‘Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.‘ 45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, 46    y les dijo: ‘Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de estas cosas”.

      

 

COMENTARIO 

Abrir los ojos

 

No podemos negar que los discípulos de Jesús que se volvían a Emaús quedaron verdaderamente sorprendidos cuando se dieron cuenta de quién era la persona con la que habían estado hablando. 

A ellos se les abrieron los ojos y, con ellos, el corazón pues no es poca la relación entre unos y otro. Tenían cerrados los primeros para reconocer a Jesús y el segundo para darse cuenta de que todo lo que había sucedido en los últimos días era mucho más importante de lo que ellos habían llegado a comprender. 

Y en cuanto se les abrieron los ojos y el corazón sólo podían hacer una cosa: ir corriendo a Jerusalén. 

Podemos imaginarnos a los de Emaús exhaustos a paso más bien ligero en busca de los discípulos que, por miedo, estaban escondidos de los judíos. Y, en su corazón, todo lo que habían vivido con Aquel que les hablaba de las Escrituras y partía el pan. 

Aún, al parecer según lo escrito por san Lucas, no se había aparecido Jesús a sus Apóstoles. Ha de ser así porque, cuando se aparece ante ellos todos se sorprenden y creen estar viendo un fantasma, un espíritu. Y es que cuando luego se les volvió a aparecer sólo salió de su corazón el gozo y no la zozobra. 

Pues bien, Jesús se aparece. Aparece en medio de ellos porque, tras su Resurrección  su cuerpo ha adquirido las características propias de un tal cuerpo y una tal alma y puede atravesar las pareces sin, siquiera, inmutarse. Y tal fue así porque no se dice que se abriera una puerta sino, simplemente, que “se presentó en medio de ellos”. 

Les da la paz. No es la paz del mundo sino la verdadera Paz de Dios, la que convence y llama al apostolado, la que hace que haya verdadera conversión. 

Pero Jesús, al parecer, ha de hacer algo para que se acaben de convencer de que se trata del Maestro. ¡Incrédulos… y no sólo Tomás! 

Cuando come el pescado Jesús demuestra que tiene cuerpo y que no se trata de una alucinación que están sufriendo por el dolor que andan pasando. Entonces, seguramente, comprenden muchas cosas. 

A ellos también se les abren los ojos y el corazón. Y es que una acción tan sencilla como es la de ingerir algo de comida les ha desvelado todo. Todo lo que, habiéndolo oído, no entendían y todo lo que, habiéndolo visto con los ojos, no acababan de convencer a su duro corazón. 

Jesús sabe que ahora, ahora mismo, ya están preparados para lo siguiente. 

¿Qué es lo que ahora les corresponde hacer a ellos? 

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15.04.21

J.R.R. Tolkien - Ventana a la Tierra Media - La Tierra cuando fue Media

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¿Y si todo esto ocurrió y ahora estamos viviendo en la Cuarta Edad, la de los hombres? 

Bien sabemos que a lo largo de toda la historia de la Tierra Media se producen fenómenos físicos que modifican la forma de la superficie, digamos, pisable y, claro, por lo mismo, la que es navegable. Pues lo mismo pudo haber pasado para que la corteza terrestre, de la Tierra, sea como es ahora desde ¿hace cuánto tiempo? 

Es decir, las cosas, ahora, son como son pero queremos pensar que fueron como fueron… al estilo de J.R.R. Tolkien. 

Por eso, 

Cuando la Tierra era Media, hubo músicas que formaron lo que existiría, 

Cuando la Tierra era Media había seres que ni podemos imaginar ni debemos imaginar porque los describe nuestro profesor preferido, 

Cuando la Tierra era Media prevalecía el Bien sobre Mal aunque el Mal muchas veces sometiese al Bien a su bota sangrienta, 

Cuando la Tierra era Media hubo quien supo escoger el buen camino y hasta dio su vida en el mismo, 

Cuando la Tierra era Media crecieron pueblos que fueron libres mientras que había quien se sometía al Mal por promesas nunca cumplidas, 

Cuando la Tierra era Media hubo razas que lucharon juntas a pesar de sus propios pesares y pasados, 

Cuando la Tierra era Media hubo quien supo hacer valer una serie de valores que luego desaparecieron, 

Cuando la Tierra era Media siempre se supo Quién había creado todo y a Quien se debía todo, 

Cuando la Tierra era Media, la tiniebla quiso prevalecer pero no pudo, 

Cuando la Tierra era Media, la palabra dada aún se cumplía, 

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13.04.21

Un amigo de Lolo - Letanías de Lolo a Nuestra Señora

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

  

En el número doble 74-75 de la revista Sinaí  que corresponde a los meses de septiembre y octubre de 1967 el Beato de Linares (Jaén, España) escribe, en la página 3 de la misma un texto que, al leerlo, nos sugirió una Letanía a la Virgen Santísima que no hemos podido evitar, ni querido, traerla a las páginas de InfoCatólica. El texto dice esto:

 

Santa María. Dulzura nuestra. Madre olorosa. Cielo con pájaros. Vacaciones. Talla románica. Plaza con niños y bicicletas. Carta de casa. Ventana con sol. Mano para guiar. Mano para apoyar la frente. Mano suavísima. Silla baja. Candela bendita. Huerta de recreo. Señora de los santos Ángeles. Volver a casa. Casa con las luces encendidas. Campana en el valle. Alivio en la agonía. Aceite claro. Fruta. Zafiro. Seda. Gozo y adorno sin par. “Buenas noches” con sueño. Pan. Agua. Vino. Flor de albérchigo. Palomica quieta. Vaso de exquisita ternura. Esposa. Hermana. Madre amable.

Dígnate concedernos una templada alegría, amor a los hombres y conocimiento de las  cosas. Amén.

 

Por lo dicho arriba, hemos dado en transformar tal oración en Letanía a la Virgen del Rosario pues tal número recuerda el mes del Rosario que corresponde al de octubre:

 

Santa María, ruega por nosotros,

Dulzura nuestra, ruega  por nosotros,

Santa María, Madre olorosa, ruega por nosotros,

Santa María, Cielo con pájaros, ruega por nosotros,

Santa María, Madre de las vacaciones, ruega por nosotros,

Santa María, talla románica, ruega por nosotros,

Santa María, plaza con niños y bicicletas, ruega por nosotros,

Santa María, carta de casa, ruega por nosotros,

Santa María, ventana con sol, ruega por nosotros,

Santa María, mano para guiar, ruega por nosotros,

Santa María, mano para apoyar la frente, ruega por nosotros,

Santa María, mano suavísima, ruega por nosotros,

Santa María, silla baja, ruega por nosotros,

Santa María, candela bendita, ruega por nosotros,

Santa María, Madre del volver a casa, ruega por nosotros,

Santa María, casa con las luces encendidas, ruega por nosotros,

Santa María, campana en el valle, ruega por nosotros,

Santa María, alivio en la agonía, ruega por nosotros,

Santa María, aceite claro, ruega por nosotros,

Santa María, dulce fruta, ruega por nosotros,

Santa María, valioso zafiro, ruega por nosotros,

Santa María, suave seda, ruega por nosotros,

Santa María, gozo y adorno sin par, ruega por nosotros,

Santa María, ”Buenas noches” con sueño,

Santa María, sabroso pan, ruega por nosotros,

Santa María, necesaria agua, ruega por nosotros,

Santa María, nuevo vino, ruega por nosotros,

Santa María, flor de albérchigo, ruega por nosotros,

Santa María, Palomica quieta, ruega por nosotros,

Santa María, vaso de exquisita ternura, ruega por nosotros,

Santa María, amante esposa, ruega por nosotros,

Santa María, acompañante hermana, ruega por nosotros,

Santa María, madre amable, ruega por nosotros,

Santa María, dígnate concedernos una templada alegría, amor a los hombres y conocimiento de las cosas.

 

Como podemos ver, estas, digamos, Letanías a las que hemos dado lugar gracias a la aportación de Lolo sobre la Madre de Dios, tienen todo que ver con aquello que resulta gozoso para todo hijo del Todopoderoso. Y es que Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica, conoce muy bien a su Madre del Cielo. Además, una intimidad propia de cada cual, que tiene por bueno aquello que le es cercano, aquello que le acerca a María como Madre y aquello que María le alcanza como hijo.

Lolo, escribiendo esta oración a la que titula “Oración para suplicar la alegría a la Nuestra Señora” nos dice que podemos acercarnos a nuestra Madre del Cielo y que esta forma de manifestar amor hacia ella es la que parte de un corazón que ama, de una mente que la piensa y, en fin, de un todo que la quiere siempre ahí, a nuestro lado y cerca de Dios.

     

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Saber sufrir, espiritualmente hablando, es un verdadero tesoro.

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

12.04.21

Serie Tradición y Conservadurismo – Igualdad vs. Igualitarismo

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Digamos, antes de empezar, que nosotros estamos en contra tanto de una como de otro. Y queremos decir que, como es lógico, la igualdad está mejor que el igualitarismo pero nosotros estamos, más bien y mejor, a favor de un orden natural de las cosas pues la primera está establecida para evitar ciertos abusos y el segundo para fomentar los mismos en nombre de no se sabe qué evolución de los tiempos. Y esperamos, por tanto, que se entienda lo que viene detrás de esto porque si hemos de estar a favor de una o de otro, sin duda alguna la primera es nuestra opción, dado cómo andan las cosas por el mundo que nos tocado vivir.

Por naturaleza, es decir, por el mismo nacimiento del ser humano, todos nacemos de la misma forma (queremos decir en general pues es cierto que, a la hora de venir al mundo podemos hacerlo, digamos, vía vaginal o vía cesárea) y, en tal sentido, en el hecho mismo de nacer, todos somos iguales.

Y hasta ahí.

Decimos que hasta ahí porque desde que nacemos empieza a revelarse nuestro material genético que, no por casualidad, es distinto en cada ser humano. Y podemos decir, sin temor a equivocarnos (lo cual abunda en la verdad de que la criatura que Dios creó a su semejanza fue creada de forma perfecta) que sólo al nacer lo hacemos de igual forma pero que, incluso, desde nuestra propia concepción, de igualdad no hay nada de nada. Y las cosas son, incluso, sobre todo, científicamente, así.

Pudiera parecer contra toda razón moderna decir que el ser humano no es igual uno a otro. Y, sin embargo, lo que se sale de toda razón es defender y sostener que lo es porque es evidente que no lo es: ni por color de la piel, ni por forma estructural del cuerpo, no por el habla, ni por la forma que tenemos de comportarnos, ni por nuestra forma de ser en sociedad. En fin, que la igualdad se puede predicar como idea política pero, ¡qué le vamos a hacer!, Dios ha querido que cada ser humano sea distinto a otro y, a fe, que lo ha conseguido, lo que es otra prueba más de que es Todopoderoso.

Esto, de todas formas, no son pretensiones religiosas cristianas ni nada por el estilo sino la simple apreciación de las cosas y de la realidad misma: todos somos distintos, nadie somos igual a otro y, ni siquiera, las personas que nacen siendo gemelos son iguales. Y es así: no lo son, cada cual es cada cual.

¿Queremos decir con esto que eso de la igualdad es un invento del hombre y ya está?

Sí y no.

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10.04.21

La Palabra para el Domingo - 11 de abril de 2021

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Como es obvio, hoy no es domingo 11 sino sábado, 10 de abril de 2021. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.  

 

 

 

Jn 20, 19-31

 19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar  donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: «La paz con vosotros.» 20   Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. 21   Jesús les dijo otra vez: «La paz con vosotros. Como el Padre me envió,  también yo os envío.»  22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo. 23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados;  a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»    24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.» 25   Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré.» 26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: «La paz con vosotros.» 27  Luego dice a Tomás: «Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente.» 28 Tomás le contestó: «Señor mío y Dios mío.» 29 Dícele Jesús: «Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído.» 30   Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

  

COMENTARIO

 

Para que  todo lo que hizo tuviera sentido tuvo que aparecerse, Jesús, a sus discípulos que, con miedo, estaban escondidos. Sólo así comprendieron todos los, para ellos, extraños mensajes  que habían recibido de Él y que, en su tiempo, no entendieron. 

Y se presentó ante ellos con la paz por delante, como deseándoles lo mejor, la tranquilidad del alma, la mejor forma de manifestarse, la expresión pura y simple de su ser. 

Para que acabaran de creer, les enseñó las marcas de su Pasión. Así, todo se cumplía, la comprensión de sus seguidores fue total. 

Pero no bastó con esto. Era fundamental que, sobre ellos, exhalara el Espíritu Santo; que, como prometió, fuera conveniente, para ellos que Él se fuera, se marchara al Padre, porque enviaría otro paráclito, otro defensor, ese Espíritu que les iba a guiar, dirigir, marcar el camino hacia Dios.

Y también llevó a cabo el primer envío después de darles a aquel. Una misión: predicar el Evangelio, esa buena noticia que debían de llevar a todos,  con el poder de perdonar pecados, y de retener los que creyeran que debían ser retenidos. Todo un poder legítimo, significativo, creador de un nuevo mundo basado en su ejemplo, en su amor, en la Verdad que Él trajo, otros brazos para Dios. 

Y como era esencial llevar a cabo una definición, el establecimiento de un concepto claro y diáfano de Fe, lo hace en cuanto Tomás, llamémosle el incrédulo, duda de su presencia ocho días antes, ante sus apóstoles, allí, entre ellos, ante sus hermanos de fe. 

Y como este apóstol debía tocar para creer, ver para creer, mirar para creer, le conmina a lo que todos sabemos: trae tus dedos, mira mis manos, etc., ante lo cual no pudo salir otra cosa de su boca que la tan conocida expresión de Señor mío y Dios mío. 

Ante esta expresión de sumisión a Cristo, éste, define, de una manera radical (de raíz), básica, imperecedera, lo que es la Fe: creer sin haber visto; sin haber visto, dijo. Ahí reside el elemento fundamental de nuestra expresión como cristianos y como hijos de Dios: asentimos ante unos hechos, unas realidades que no somos capaces de comprender. Sin embargo, creemos, tenemos Fe. Y otra cosa que no sea eso, el cuestionar estos hechos y estas realidades con el pretexto de no ser demostrables es, ciertamente, la mejor manera de permanecer alejados del Mesías y, por tanto, de Dios, al que no vemos, pero oramos, seguros, como estamos, de que nos escucha pues, para esto resucitó Cristo. 

 

PRECES 

Pidamos a Dios por todos aquellos que dudan de Cristo. 

Roguemos al Señor. 

Pidamos a Dios por todos aquellos que no aceptan la Paz de Cristo. 

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN 

Padre Dios; ayúdanos a no dudar nunca de tu presencia en nuestra vida.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

  

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

   

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos. 

Panecillo de hoy: 

Palabra de Dios; la Palabra 

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.  

8.04.21

J.R.R. Tolkien - Entre Bloemfontein y Bournemouth- Capítulo 11 y último– La jubilación de un genio

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Como es de imaginar, en determinado momento de la vida laboral de una persona llega aquel en el que, por prescripción de la ley, se pasa a la vida que se suele llamar tranquila por no tener que enfrentarse, día a día, con el ordinario bullir de la actividad de la que se formaba parte. Y eso también le pasó a J.R.R.Tolkien, pues una cosa es la eternidad a la que llegó su obra escrita y otra, muy distinta, el simple devenir de un ser humano en la existencia que le ha tocado vivir limitada en años, en cuanto a su propia vida y, más aún, en cuanto a su experiencia laboral. 

Podemos decir que no es que nuestro autor llevara poco tiempo desempeñando su trabajo. Y es que cuando llegó el año 1959, momento el que se jubila Tolkien padre había estado 40 años sometido a horarios académicos, exámenes (propios y de otros) y, en fin, a toda la presión que supone tener una dedicación, además, como él la tenía que no era, precisamente, menor ni de poca importancia sino, al contrario, lo más que podía y lo más atenta que le daba su especial carácter. 

Por tanto, ahí tenemos jubilado al profesor, con 67 años, y sometido a la totalidad de realidades que supone tal momento en la vida de una persona. 

Aunque el que esto escribe no ha llegado a tal momento, es bien cierto que son bien conocidas las circunstancias en las que se encuentra una persona que deja de trabajar y, más aún, si ha sido durante muchos años y en el mismo ámbito laboral. Es decir, que mucho iba a perder este buen hombre. 

Estamos más que seguros que, siendo Tolkien como era, no le fue fácil ver la nueva vida que ante sí se presentaba como algo agradable. Y es que debía adaptarse a lo que había sido su existencia en la gran mayoría de sus años de vida y eso, se diga lo que se diga, no puede ser fácil. 

Su esposa, Edith, por aquel entonces, se encuentra delicada de salud pues padece artritis y eso, como es de espera, hace difícil la simple movilidad de su Lúthien. Además, es lógico que un profesor como había sido J.R.R. Tolkien, con una obra escrita ya consolidada (¡por fin consolidada!) y conocido como una verdadero genio del género fantástico (en todos los sentidos esto) no iba a dejar de recibir de repente todo tipo de invitaciones a eventos, reuniones de aquello a lo que pertenecía y, en fin, todo tipo de reclamaciones que con gusto hubiera atendido pero, seguramente y con acierto, consideraba mejor estar al lado de Edith y atenderla lo mejor posible. Además, vivían a 3 kilómetros del centro de Oxford y eso, ahora, no facilitaba nada las cosas. 

Ahí tenemos a John, sin nada laboral que hacer y aislado, casi, del mundo. Y, por tanto, no nos extraña que por mucho empeño que pusiese en la cosa, El Silmarillion, aquel principio de todo, no podía ser acabado y eso debía dolerme mucho al subcreador de todo un mundo. Sin embargo, para él, la prioridad era su esposa y eso no se lo podemos echar en cara nada de nada… 

Como antes hemos dicho, todo se le junta al bueno de Tolkien: ser reclamado por muchos que lo requerían para que hablase, explicase, diese conferencias o, en fin, todo aquello de lo que aún era capaz; seguramente, seguir recibiendo muchas visitas en su domicilio de Oxford y la situación de Edith. Y deciden cambiar de residencia a un lugar más tranquilo donde ver pasar el tiempo que les quedase de vida a los dos.

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Es Bournemouth el lugar escogido para eso. En la costa inglesa donde las personas que allí viven son, en una mayoría, de edad avanzada y que han pensado en tal lugar para vivir tranquilos después de una vida entregada al trabajo. Vamos, un lugar para descansar de verdad. 

Lo que aquí pasa no es que hayan escogido tal lugar, digamos, por casualidad ni nada por el estilo sino porque muchas otras veces han ido allí para pasar unas vacaciones en el mar y, además, su esposa Edith (siempre poco relacionada con el personal académico de Oxford) con el tiempo fue haciendo amigos en tal pueblo. La decisión, por tanto, era la lógica y normal. 

No resulta, por eso, nada extraño que tanto uno como otra estén de lo más contentos pues, por una parte, Edith puede hacer, por fin, vida social y Tolkien se aleja un poco del, sí, querido pero bullicioso y, al fin y al cabo, pesado mundo de Oxford. Y es que por entonces, 1968 nuestro autor está muy cerca de los 80 años que es una edad en la que se busca, mejor, la tranquilidad y el sosiego… Además, quizá sería entonces el momento perfecto para terminar El Silmarillion y darle un resultado final adecuado. 

Pero pasó lo que, por ley de vida, debía pasar y el 29 de noviembre de 1971 fallece su esposa Edith aquejada por una dolorosa enfermedad. Y Tolkien, incluso siendo más mayor que cuando llegó a la costa, regresa a Oxford donde, entonces sí, puede acudir a eventos y cenas en el ámbito universitario y, ahora sí también, siendo un hombre con “posibles” económicos y no cuando debía corregir exámenes ajenos para poder sacar a su familia adelante… 

No es poco decir que Tolkien se dedica a lo que más le gusta: visita a sus hijos y a su hermano, Hilary, y se encuentra, suponemos que muchas veces, con Christopher Wiseman, que era miembro de aquel T.C.B.S. que fue truncado por la Primera Guerra Mundial por la muerte de alguno de sus miembros. 

Viendo que ya no podía terminar El Silmarillion encomienda a su hijo Christopher que se encargue de hilvanar aquellas historias que podían parecer hijas, cada una, de un padre y una madre y que le diera forma definitiva. Y, como sabemos, acabó haciéndolo unos años después. 

Y ya, otro mes de noviembre como el mismo en el que el Creador se llevó a Edith, pero de 1973, menos de dos años después de que perdiera a su Lúthien, aquel hombre que había sido capaz de sobreponerse a todos los obstáculos que se le presentaron en su vida de escritor y aquel hombre que supo hacer aparecer un mundo donde no lo había y, en fin, aquel hombre que ha pasado a la historia de la literatura como un verdadero genio, se fue, en silencio. Era, entonces, un 2 de septiembre (1). Y se cerró, para él, la ventana desde la que podía ver la Tierra Media y, para nosotros, se abrió. Así son las cosas.

    

(1) Tengo que reconocer que a la hora de poner la fecha de fallecimiento de J.R.R. Tolkien tuve un terrible fallo y escribí que había fallecido el 2 de noviembre. Dos amables lectores me han hecho saber tal circunstancia y, raudo, he cambiado la fecha. Sin embargo, no queriendo que pase por verdad lo que no era (mi equivocación) reconozco que no sé la razón de tal error aunque me gusta creer que fue para darle dos meses más de vida a nuestro Maestro aunque también se podría decir que eso son, como dice el dicho, “excusas de mal pagador". En fin… ¡cosas que pasan!

Eleuterio Fernández Guzmán- Erkenbrand de Edhellond

6.04.21

Imagen de Lolo y Tíscar con Virgen al fondo

Presentación

Beato Manuel Lozano Garrido, beato Lolo sonriendo

Yo soy amigo de Lolo. Manuel Lozano Garrido, Beato de la Iglesia católica y periodista que vivió su fe desde un punto de vista gozoso como sólo pueden hacerlo los grandes. Y la vivió en el dolor que le infligían sus muchas dolencias físicas. Sentado en una silla de ruedas desde muy joven y ciego los últimos nueve años de su vida, simboliza, por la forma de enfrentarse a su enfermedad, lo que un cristiano, hijo de Dios que se sabe heredero de un gran Reino, puede llegar a demostrar con un ánimo como el que tuvo Lolo.

Sean, las palabras que puedan quedar aquí escritas, un pequeño y sentido homenaje a cristiano tan cabal y tan franco.

 

No sé qué cómo hablar de Tíscar

y lo qué decir para que se acerque

a lo que es y a lo que siento

“Dios habla todos los días”, p.118

 

Es cierto y verdad que Manuel Lozano Garrido, nació, creció y murió en Linares (Jaén, España) Y allí hecho sus raíces más comunes, aquellas que llevó al mundo desde su sillón de ruedas y el mundo acogió como las suyas propias.

Sin embargo, hay otro lugar que bien podríamos denominar el lugar donde reposaba su cuerpo y su alma sobrenadaba las dolorosas circunstancias de su vida. Y es que en Tíscar, aldea de Quesada, en la Provincia de Jaén, nuestro amigo cargó algo más que las pilas, como diríamos hoy día…

En realidad, esto mismo (pero mucho mejor dicho) lo pone negro sobre blanco Lolo en algunos de sus escritos donde vemos que reposa el Valle de Belerda, el propio Tíscar y el Santuario donde la Virgen que lleva el nombre de la aldea tantas veces Lolo visitó y gozó.

Así, por ejemplo, esta es la relación de artículos publicados por Lolo en los que Tíscar y su Virgen es testigo de su vida:

1. Crepúsculo de otoño en Tíscar, publicado en la Revista “Úbeda” el 3 de julio de 1953,

2. Cuatro mil cohetes estallan en la romería de Tíscar, publicado en la Revista “Úbeda”, en octubre de 1956,

3. El barro bíblico reza en Tíscar, publicado en la Revista “Linares”,  en enero de 1959; y, por fin,

4. Cazorla, una custodia natural con el viril de la Virgen de Tíscar, publicado en el Diario “Jaén”, el 9 de junio de 1963.

Esto, como vemos, encierra mucho pues en todos los títulos aparece el nombre de Tíscar cuando, a lo mejor, podría haber dicho, por ejemplo “Cuatro mil cohetes estallan en la romería de la Sierra” o “Crepúsculo de otoño en el monte”… Y es que estamos seguros de que Manuel Lozano Garrido tenía un amor muy especial por aquella tierra de montaña donde una Virgen lo esperaba siempre aunque él fuera de cuando en cuando…

Santuario de Tíscar. Manuel Asensi en "Dios habla todos los Días"

Pero es que, como no podía ser de otra forma, en sus libros aparece también Tíscar. Así, en su “Dios habla todos los días” Lolo habla de su amada tierra de Quesada (donde está Tíscar, como aldea) Lo hace entre las páginas 117 y 124 de la edición primera publicada en 1961 o entre las páginas 134 y 142 de la edición más reciente, la del año 2000. Y, en verdad, de las mismas, de tales palabras, se puede obtener un buen fruto para el alma.

¡Qué bien lo describe todo Lolo! Y es que,  según podemos ver en la imagen que aquí hemos traído (el dibujo de Manuel Asensi para, precisamente, ”Dios habla todos los días”) las palabras de Lolo están pues al dedillo de las cosas, tal que así (y rogamos encarecidamente seguir la descripción que hace Manuel del dibujo y el dibujo mismo):

“Los dedos que suben por detrás, son los picachos; en la yema del anular está el castillo, como una oración brava y palpitante; en el dedo corazón, que es el más largo, se encarama la Peña Negra, un cóndor pardo y solitario que toma fuerzas para seguir la altura.

El nido fue hecho, mitad desde arriba, mitad por los hombres, para que allí tenga cordialidad de hoguera una Virgen de órbitas como lagos, susurrantes, fluidas, soberanamente cándidas. Ahí, en el nido del Santuario, estamos ahora nosotros. Más abajo, a la altura de la muñeca del brazo en pie, mana, como un pulso, la vena de un río cascabelero y juguetón que se mete en la carne de la montaña, a nuestros pies, por una quebrada de rocas. Cuando vuelve luego al otro lado, se desmelena y canta por el valle su visión de estalactitas subterráneas.”

Luego dice Lolo que “Esta es una imagen instantánea, casi como un golpe de ‘flash’ que me nació el primer día al borde de la carretera, apenas con el obturador abierto en la revuelva de un camino.” Pero es que, y aquí radica mucho de lo que es aquella tierra para Lolo, escribe esto:

“Pero luego resulta que Tíscar, asimilado lentamente, a sorbitos, ensancha más aún la grandeza de un trozo de tierra aupada.”

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5.04.21

Sobre Tradición y Conservadurismo: Fe y Valores tradicionales

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 Nos hacemos conservadores a medida que envejecemos, eso es cierto. Pero no nos volvemos conservadores porque hayamos descubierto tantas cosas nuevas que  eran espurias. Nos volvemos conservadores porque hemos descubierto tantas cosas viejas que eran genuinas.

G.K. Chesterton

Muchas personas invocan, en defensa de su mayor o menor ateísmo o, incluso, a favor de su agnosticismo, la especie según la cual no son capaces de entender que sea necesaria la fe cristiana (aquí sólo se habla de esa al considerarla como la única verdadera de las que dicen haber en el mundo) y que, en verdad, ni les interesa ni tiene visos la cosa de que les interese en un futuro.

En realidad no han entendido o no quieren entender que el ser humano es uno que lo es eminentemente religioso en el sentido de que todos, se quiera reconocer o no, tenemos en nuestro corazón, escrita, la ley de Dios, estado que definió muy bien San Pablo en el capítulo 2 de su Epístola a los Romanos. Y los Padres de la Iglesia entendían que el hombre “tiene el deseo del infinito”.

Tal voluntad, aún sin reconocer que exista, no puede quedar encerrada en una que lo sea contraria a tal infinitud porque sería ir contra su propia naturaleza; es más, contra su propia sobrenaturalidad.

Cabe, sin embargo, empezar por el principio para que se pueda distinguir lo que es tener fe de no tenerla y si, así, es importante tenerla o, al contrario, es mejor olvidarse de ella.

Podemos decir que tener fe supone, más que nada, mostrar obediencia a la palabra que se ha escuchado de parte de Dios y es que, en sí misma, es la Verdad misma.

Por tanto, no es cuestión baladí darse cuenta de que la fe nos vincula, directamente, al Creador y que, al contrario, no tenerla, nos desvincula de Él y, si bien nos puede permitir llevar una existencia considerada por nosotros mismos como libre no es menos cierto que, según lo dicho arriba sobre el ansia de infinito que a todos nos llena por dentro, se trataría de una libertad que muere al ser, ella misma, así considerada.

¿Cómo, por tanto, ha de ser la fe que tengamos? Y, es más, ¿la fe que tengamos ha de tener relación con una serie de valores que, por decirlo pronto, podemos llamar “tradicionales”?

La importancia de tener una fe de niño, que ama, que siempre sabe que sus padres entregarán su propia vida por él…amor sin condiciones y a cambio de nada… sin egoísmos adultos, resulta fundamental.

Lo recoge Mateo, el que fuera publicano, en su evangelio (19,14): “Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis porque de los que son como éstos es el Reino de los Cielos

Nadie, pues, debe corromper a un niño de Dios, a un creyente, digamos, pequeño, que con su fe humilde confía en sus pastores. Por eso, no es de recibo (y es muestra de tener poca fe) la transmisión de una fe falseada y alejada de la fe del Creador y de su Iglesia.

Eso es no tener fe. ¿Y entonces?: también lo dice el mismo evangelista, un poco antes del texto anterior (Mt 18,6) “Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le vale que le cuelguen al cuello una de esas piedras de molino que mueven los asnos, y le hundan en lo profundo del mar”.

Cabe, entonces, que concurran en nosotros, cual niños en la fe, las siguientes características:

-Educabilidad o propensión a aceptar la educación en la fe.

-Confiabilidad o sometimiento a Dios porque se está seguro de su bondad.

-Humildad porque sabemos que somos limitados y, también, débiles.

Son tres realidades espirituales que podemos aceptar o no porque Dios nos da la libertad para hacer una cosa o la otra, pero la fe exige, como poco, el cumplimiento de tales comportamientos filiales.

Por otra parte, ¿Qué motiva la actuación humana cuando no se tiene fe?

A lo mejor supuestos buenos motivos pues el motivo no es más que expresión del querer personal e intransferible. Sin embargo, al estar vacíos de contenido espiritual no se tiene sustento superior a la propia humanidad. No son, pues, sobrenaturales sino, en todo caso, materiales y, por eso, limitados y no eternos.

Y ¿cuál es el camino que sigue quien no tiene fe?

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4.04.21

La Palabra para el Domingo - 4 de abril de 2021

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Jn 20, 1-9

 

“1 El primer día de la semana va María Magdalena de madrugada al sepulcro cuando todavía estaba oscuro, y ve la piedra quitada del sepulcro. 2 Echa a correr y llega donde Simón Pedro y donde el otro discípulo a quien Jesús quería y les dice: ‘Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto.’ 3 Salieron Pedro y el otro discípulo, y se encaminaron al sepulcro. 4 Corrían los dos juntos, pero el otro discípulo corrió por delante más rápido que Pedro, y llegó primero al sepulcro. 5       Se inclinó y vio las vendas en el suelo; pero no entró. 6 Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, 7 y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte. 8 Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado el primero al sepulcro; vio y creyó, 9 pues hasta entonces no habían comprendido que según la Escritura Jesús debía resucitar de entre los muertos.”

      

COMENTARIO

 

¡Resucitó!

 

Es de imaginar cómo se encontrarían los discípulos más allegados de Jesús tras la muerte en la cruz del Mesías. Por mucha confianza que hubieran tenido en Aquel que les enseñaba, su huida en el momento crucial de la cruz nos hace suponer que tenían mucho miedo y, por eso, estaban escondidos. Y no es extraño que lo tuvieran porque sabían a la perfección que los poderosos que habían conseguido, de aquella manera, la muerte del Maestro, no dudarían en matar a sus discípulos más allegados porque podían continuar con la labor iniciada unos años antes por el carpintero de Nazaret. 

Sin embargo, alguien que amaba mucho a Cristo salió a visitar a su Señor. María Magdalena fue muy pronto, de madrugada, quiso visitar a quien tanto bien le había hecho. Sin embargo, no encontró, siquiera, el sepulcro cerrado y eso le extrañó sobremanera. No era normal, ni esperado, que nadie hubiera movido la piedra que tapaba el sepulcro y que se hubieran llevado al Maestro. No era lo que la Magdalena podía querer ver ni ser testigo. 

Los demás debieron tomarla por desequilibrada porque no iban a creer que Jesús iba a haber desaparecido sin más ni más. Por eso corrieron al encuentro de los restos del Hijo de Dios. Pedro era mayor que Juan  y eso le hizo llegar después que el discípulo amado que vio lo que vio que fue, más o menos, que Jesús no estaba donde debía estar y que, a lo mejor, alguien se lo había llevado. Pero no quiso entrar tal era la situación en la que se encontraba Juan. 

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