InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Apostolado Laico - Comentarios de Precepto

15.08.13

Nuestra Señora fue elevada a los cielos

Por la libertad de Asia Bibi.
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Por el respeto a la libertad religiosa.

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

María, Madre de Dios y Madre nuestra, tenía que ir al definitivo Reino de Dios como fue pues lo tenía merecido por su propio ser.

Y, ahora, el artículo de hoy.

Asunción de la Madre de Dios

Tantas y tantas veces tenemos y debemos recordar a nuestra Madre que vale la pena, aunque sea de forma muy humilde, dedicarle lo que, como propio, hacemos en el Santo Rosario allí donde le corresponden ser gloriosos a los misterios.

Regina in caelum assumpta
(Reina elevada al cielo)

Destinada a la luz desde el principio,
esperanza desde el principio, seno desde el principio.
Por ocupar lugar especial en el corazón de Dios y ser destino
por ser cauce, por estar presente en el plan divino
de búsqueda del Hombre, conocedor el Padre de su voluntad;
por tener espacio para ella en la Redención eterna
y encontrar, en su boca, la respuesta que amaba Dios;
por vencer el miedo de lo que sucedía, Gabriel esperante,
y ser música amable a los oídos de quien ama.

Refulgente estrella en el mar del cielo inmenso,
reina del Reino del que ora su llegada, nueva Eva
para una nueva Alianza.

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1.11.12

San Josemaría: sobre la santificación y todos los santos

Por la libertad de Asia Bibi.

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Por el respeto a la libertad religiosa.
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Todos los Santos

El día 1 de noviembre se acuerda la Iglesia católica y se acuerdan sus fieles, de aquellas personas que, por su conducta, por sus valores y, en fin, por su buen quehacer cristiano, se dice de ellas que tienen fama de santidad e, incluso yendo más allá, de las personas que, sólo siendo esto conocido por Dios, son, en efecto, santas. Tanto unas como otras no han de haber sido subidas a los altares por el procedimiento, digamos, ordinario y al efecto que tiene, para otros casos, la Esposa de Cristo.

En realidad, todos tenemos que ser santos. Por eso un tema como el de la santificación no debería quedar para aquellos que manifiestan una fe pura, inviolada por los avatares del mundo, etc., sino para todo el que se quiera sentir, de verdad, hijo de Dios y, como dejó escrito San Juan, sepa que lo es (cf. 1 Jn 3, 1).

Sobre el hecho de ser santos, de intentarlo al menos, escribió mucho San Josemaría pues, no por casualidad es llamado el “santo de lo ordinario”.

Así, por ejemplo, ya desde el mismo número 1 de “Camino” nos recomienda una actitud que bien podemos considerarla como santa. Dice, exactamente

“Que tu vida no sea una vida estéril. —Sé útil. —Deja poso. —Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor.”

Por tanto, no basta con querer ser santo sino que, en efecto, hemos de mostrar una actitud cristiana, aquí católica, para que se pueda decir de nosotros, como también escribirá el fundador de la Obra, que leemos la vida de Jesucristo (cf. Camino, 2) y que, en verdad, supone para nosotros una realidad espiritual crucial y básica para nuestra vida. Y así bien se puede decir que se es santo.

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15.08.12

Y María fue elevada a los cielos

Por la libertad de Asia Bibi y Youcef Nadarkhani.

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Ascensión a los cielos de María

Los católicos tenemos una devoción muy especial por aquella joven que, un día, se vio en la tesitura de tener que responder al Ángel Gabriel si aceptaba o no aquello que le estaba proponiendo. No obligaba a la hija de Joaquín y de Ana a decir que sí a los halagos que le hacía aquel especial enviado de Dios.

María tuvo que pasar por una difícil situación porque no era de esperar, humanamente hablando, que sin haber conocido sexualmente varón alguno, pudiera dar a luz a un niño que, además, ya tenía nombre y que era Emmanuel, Dios entre nosotros.

Suponemos, por ser reacción humana, que se detuvo un instante para pensar qué hacer. Pero sabemos, a verdad cierta, que respondió sí y que, con aquel Fiat tan especial y tan franco aseguró para la humanidad una salvación eterna que, con su hacer, había, ciertamente, perdido.

Aquella joven, pues, que más tarde sería conocida como la esposa del carpintero José y la madre de un niño que jugaba entre los suyos, llevó una vida que, cumpliendo a rajatabla lo que le dijera el anciano Simeón, estuvo atravesada por más de una espada que le atravesó su corazón de madre.

Era de esperar que, de parte de Dios, tuviera una especial atención por quien quiso que bajara al mundo para hacer posible lo que el hombre, con sus propias fuerzas, no podía hacer y, ni siquiera, ser capaz de imaginar.

Aquella mujer, a lo largo de su vida, supo decir, en cada momento, lo que convenía. Es bien cierto que en pocas ocasiones se le escucha hablar pero si nos ceñimos, tan sólo a aquel “Fiat”, aquel “He aquí la esclava del Señor” o aquel “haced lo que Él os diga” de las bodas de Caná, no podemos negar que nunca se dijo y se hizo tan poco con tan escasas palabras o con algunas más cuando, ante el gozo de su prima Isabel al recibirla, proclama al Magnificat.

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19.03.12

San José, maestro de la fe

Por la libertad de Asia Bibi y Youcef Nadarkhani.

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San José

José forma parte del silencio de María como de su secreto, él a quien el Ángel le había dicho grandes cosas y que había visto el milagro de la concepción virginal. Ni el uno ni el otro hablan de lo que ven en su casa, ni sacan provecho alguno de tantas maravillas. Sabia y humilde, María se deja considerar como simple madre y su Hijo como el fruto de un matrimonio ordinario. Las grandes cosas que Dios opera en estas criaturas se dan naturalmente en el silencio; en el sobrecogimiento de no sé qué de divino que suprime toda expresión. (…) Así, permanece guardado bajo sello, el secreto de Dios, si Él mismo no se anima a hablar. Las ventajas humanas no sirven para nada si no son conocidas y si el mundo no las aprecia. Lo que Dios ha hecho tiene en sí un valor insondable, que sólo se quiere compartir con Dios.

Este texto de Jacques-Bénigne Bossuet (1627-1704) nos muestra, ciertamente, el qué del silencio de José y el cómo de su fidelidad a Dios.

¡Qué difícil es ser como José!

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25.12.11

La Palabra del Domingo; 25 de diciembre de 2011: La luz del mundo vino y viene

Abundando sobre la Navidad.

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Jn 1, 1-18. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros.

Biblia

1 En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. 2 Ella estaba en el principio con Dios. 3 Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe. 4 En ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, 5 y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron. 6 Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. 7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. 8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz. 9 La Palabra era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. 10 En el mundo estaba, y el mundo fue hecho por ella, y el mundo no la conoció. 11 Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. 12 Pero a todos los que la recibieron les dio poder de hacerse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; 13 la cual no nació de sangre, ni de deseo de hombre, sino que nació de Dios. 14 Y la Palabra se hizo carne, y puso su Morada entre nosotros, y hemos contemplado su gloria, gloria que recibe del Padre como Hijo único, lleno de gracia y de verdad. 15 Juan da testimonio de él y clama: «Este era del que yo dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo.» 16 Pues de su plenitud hemos recibido todos, y gracia por gracia. 17 Porque la Ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. 18 A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado.

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