InfoCatólica / Eleuterio Fernández Guzmán / Categoría: Libros y otros textos

15.09.26

Reseña:  Inspirados apuntes y esperados pensamientos

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 90

Precio aprox. Tapa blanda: 4,32

ISBN Amazon: 979-8174285668

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Si hay algo de lo que podemos estar seguros es de que todo el mundo pasa por circunstancias muchas y muchos acontecimientos le suceden a lo largo de los años de vida que Dios ha tenido a bien concederle.

En realidad, no es más que la constatación de que estamos en el mundo el que nos pasen cosas algunas de las cuales pueden dar lugar a algún tipo de reflexión que nos haca captar mejor las circunstancias y si estas hacen mella en nuestro corazón.

Captar ciertos momentos no es tarea fácil pero no es poco cierto que la inspiración aparece cuando menos lo esperamos y es en ella en la que nos centramos para dar rienda suelta a lo que en tal o cual momento nos afecta de tal forma que hace hacer en nosotros un apunte, algo así como una muesca en el caminar de nuestra vida. Y es que la musa de la que se habla es voluble y caprichosa.

Apuntes inesperados son todos aquellos que, sin esperarlo, acuden a nosotros para que los atrapemos al vuelo y disfrutemos de un momento en el que, sin saber por qué, nos ha nacido algo así como un quehacer que no sabíamos siquiera que iba a nacer.

En realidad, son cosas que pueden pasar un día cualquiera y sin tener que haber sido preparadas. Momentos son que pueden originar una reflexión o algo así como un pensamiento que se alarga más o menos según sean las circunstancias y el pasar y ser de las mismas. Por eso, no se trata esto más que de unos inesperados apuntes.

Tenemos que decir, por otra parte, que hemos añadido al contenido de estos inesperados apuntes unos pensamientos que son más que esperados porque se refieren a temas muy propios de nuestro ser como cristianos y, aquí, como católicos. 

Les dejó aquí el Índice:

Presentación 

Apuntes inesperados

Incorporarse al mundo,

levantarse… en fin

A punto de pelea 

Lo natural 

Saber soportar a los insoportables 

Tener perspectivas o conformarse 

El libro… los libros 

A veces somos como una 

receta alterada

Al que madruga… 

Las cosas sencillas; la sencillez 

de las cosas

Esperar, siempre esperar 

Las prisas, la prisa 

Cuando las palabras las carga el Diablo 

¿Importa tener fe?

La misteriosa levedad del 

ser humano

Darse cuenta de quiénes somos 

El paisaje en la distancia 

de nuestra vida

Esperados pensamientos:

Cuando molesta la Luz de Dios 

Desde que el hombre es hombre 

Relativismo 

Sobre la fe y la razón 

Un necesario Epílogo 

Acerca del autor 

Y les ponemos el apunte de título

La misteriosa levedad del ser humano

Ciertamente hay noticias que por sí mismas son inesperadas, como esta que traemos aquí y que nos da como para comentar acerca de lo que, en el fondo, somos los seres humanos creador por Dios.

El caso es que muchas veces decimos eso de que “no somos nada”. Y suele ser tras el fallecimiento de alguna persona, conocida o no. Entonces caemos en la cuenta de lo poco que somos aunque creamos lo contrario y nos gloriemos de nuestra propia vida como dándonos una importancia que no tenemos y, a lo mejor, hasta ni merecemos.

Es bien cierto que poco somos si nos arrimamos a Dios Padre. En su poder total nosotros aparecemos como una simple mota de polvo ante la inmensidad de una estrella que, como el Sol, además es considerada una que lo es enana.

Hay, sin embargo, noticias, como decimos arriba, en cuanto a lo inesperadas que son, que nos muestran hasta qué punto eso es verdad. Y las hay que son muy tristes a la par que indicadoras de lo que somos. Esta dice lo que sigue:

“Muere arrollada por un tren en Dénia cuando oía música con unos auriculares”.

Tenía 29 años y caminaba hacia su lugar de trabajo. Un día más, como otros iba a ser. Tendría momentos duros y momentos de gozo en los que amaría la vida de una forma especial. Sentidos segundos de amor con los que fomentar, en su corazón, la seguridad de que valía la pena existir, que Dios le había hecho un gran favor creándola. Y es que era mujer.

A lo mejor, incluso, no tenía creencia alguna. Sin embargo, a pesar de no tener un sostén tan importante como es la fe, seguramente amaría la vida, la suya, la de los suyos, la de sus conocidos y, en general, la de todo ser humano que no tenga en su mente malas ideas para con su prójimo. Y es que debía ser una persona común… como somos la gran mayoría de las personas.

Sin embargo, seguro que no esperaba que las cosas se torcieran en un momento determinado. Cuando aquel tren la atropelló debía estar en el mejor de los mundos. Lo decimos porque no se enteró de nada: de los avisos del maquinista ni de, seguramente, los gestos que le haría más de uno que veía lo que estaba a punto de suceder.

Ella caminaba y no apreció la levedad de su vida, de su existencia, de lo poco que somos y de la nada que podemos llegar a ser en un segundo cualquiera. Y es que nuestro ser, aquel que tanto amamos (aunque no siempre protegemos de tentaciones) es liviano como una pluma y ligero para dejar de ser. Y eso es lo que Dios quiere. Para eso nos ha creado así. Y debemos ser conscientes de lo que eso supone, de que en cualquier momento podemos ser llamados (sin avisar siquiera) a presentarnos ante su Tribunal.

De todas formas, pido por la persona que aquí nos ha servido de ejemplo. Y pido a Dios que la tenga en su seno y que le perdone lo que tenga que perdonarle porque, a lo mejor, no ha acudido suficientemente preparada a su presencia, a su Juicio particular. Y estoy seguro de que Dios, en su Justicia y Misericordia, sabrá hacerlo porque, si nos hizo tan leves, más fuerte es su Amor por nosotros.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

……………………………

Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

12.09.26

Reseña: Elevar la mirada del alma. La jaculatoria como elevación del corazón

 

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 107

Precio aprox. Tapa blanda: 4,37

ISBN Amazon: 979-8170399239

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Los creyentes católicos tenemos la posibilidad de dirigirnos a Dios o, en general, a aquellas personas santas que tenemos por tales, de muy diversas maneras. Unas requieren oraciones cortas, otras más extensas o, en fin, si rizamos el rizo al orar de forma personal podemos elaborar las nuestras según nuestras personales circunstancias.

Pues bien, hay una forma de rezar que es bien breve. Y hablamos de la “jaculatoria” que, así dicha, es una palabra harto extraña.

En realidad, esta palabra procede del latín iaculum que viene a significar algo así como “dardo” o “saeta”, incluso “flecha”. Y es que bien podemos entender la jaculatoria, haciendo uso de la última acepción, como una flecha breve que el alma lanza hacia Dios o hacia quien sea su destino espiritual. 

El caso es que la brevedad de la jaculatoria la hace más que apta y útil para ser dicha en cualquier ocasión en la que nos encontremos y facilita, con su propia extensión, una práctica devota que es más que apropiada para lanzar al aire de la fe lo que nuestro corazón siente y lo que nuestra alma entiende por bueno y mejor.

La jaculatoria, eso sí, puede haber sido elaborada ya por la práctica filial de los hijos de Dios (Pensemos, por ejemplo, en “Jesucristo, en Ti confío”) o puede salir del corazón del creyente de forma espontánea. Y creemos que no es una sea más importante que la otra aunque es verdad que si la jaculatoria está ya dicha de antes… pues es miel sobre hojuelas en el caso de que nuestro espíritu ande un poco “seco” espiritualmente hablando.

Es verdad que en la Biblia no se utiliza la palabra “jaculatoria”. Sin embargo, es más que cierto que hay muchos momentos en que lo que se dice podemos considerarlo como una. Así, por ejemplo:

“Señor, sálvame” (Mt 14, 30), que es lo que dice Pedro cuando se encuentra en el apuro de hundirse en el agua cuando va hacia Cristo,

“Jesús, Hijo de David, ten compasión de mí” (Mc 10, 47), que es lo que dice el ciego que se da cuenta de que puede ser curado. 

“Señor, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino” (Lc 23,42), que es lo el denominado “buen ladrón” pide a Cristo a punto de entregar su espíritu, y, por fin, 

“Señor mío y Dios mío” (Jn 20, 28), que es lo que dice el incrédulo Tomás cuando se da cuenta de que, en efecto, su Maestro ha resucitado. 

En fin, podemos decir que desde siempre la Iglesia ha hecho uso de la jaculatoria pues es sencilla de aprender y no requiere de demasiado esfuerzo de memoria. Además, por eso mismo, puede ser dicha por cualquier persona: niños, adultos, ancianos…

Además, este tipo de oración bien puede responder a lo que San Pablo dice en 1 Tes 5, 17 y que no es otra cosa que “Orad sin cesar” porque la jaculatoria es apta para cumplir con tal realidad y necesidad espiritual.

La jaculatoria permite orar en cualquier momento de la vida porque la podemos lanzar al Cielo cuando trabajamos (“Todo por ti, Señor”), cuando nos encontramos ante una dificultad (“Jesús, en Ti confío) o cuando empezamos alguna actividad (“Ven, Espíritu Santo"). Incluso cuando nos encontramos ante una tentación (“Jesús, ayúdame”) o también cuando estamos ante una situación en la que alguien esté sufriendo (“Señor, ten misericordia de nosotros”) En fin… que el mundo de la jaculatoria es verdaderamente inacabable y tiene mucho campo donde sembrar pues no es otra cosa que salga de nuestro corazón para que dé fruto si abundante, mejor. 

Por otra parte, es verdad que se ha tenido y se tiene a la oración como una forma de elevar el alma hacia Dios. Y la jaculatoria, por serlo y por sus especiales características (brevedad, devoción personal, etc.) nos permite que nuestra alma vuele alto, alto, alto hacia Aquel que la infundió en nuestro espíritu o si no se trata del Todopoderoso a quien la dirigimos que sea bien recibida por su destino final.

Sólo nos queda por decir que la estructura de este pequeño libro es bien sencilla: cada mes del año está dedicado a un tema particular. Así, por ejemplo, enero está dedicado a Dios y todas las jaculatorias tienen tal sentido; mayo está dedicado a la Virgen María o, en fin, diciembre (por ser cuando celebramos su nacimiento) está dedicado a Jesucristo, Rey del Universo y Dios mismo hecho hombre. Y además por eso de que los últimos serán los primeros.

Esperamos que sean de su agrado espiritual y que hagan volar el alma al mismísimo Cielo.

Les dejó aquí el Índice:

Introducción 

Meses

Enero 

Febrero

Marzo

Abril

Mayo

Junio

Julio

Agosto

Septiembre

Octubre

Noviembre

Diciembre

Un necesario Epílogo

Acerca del autor 

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna

5.09.26

Reseña:  Las armas espirituales de la Luz

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 209

Precio aprox. Tapa blanda: 6.86 €

ISBN Amazon: 979-8194214914

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Porque ya es hora de levantarnos del sueño; que la salvación está más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está avanzada. El día se avecina. Despojémonos, pues, de las obras de las tinieblas y revistámonos de las armas de la luz.”

Romanos, 13, 11b-12

El texto que hemos traído y que hemos puesto antes de dar comienzo a la Introducción es, verdaderamente, inspirador. No podemos negar que el Apóstol de los gentiles tenía mucha razón cuando dejó escrito esto.

Es bien cierto que, cuando se produce una conversión, es posible que el corazón de alegre por la misma. Sin embargo, tal circunstancia es, por decirlo así, el primer paso de un largo camino que ha de llevarnos a la patria eterna, allí donde Dios mora y donde no hay dolor ni sufrimiento.

Empezar, pues, a caminar es reconocer que somos hijos de Dios y que eso ha de tener consecuencia en nuestra vida ordinaria, actual y futura.  Y ciertamente, nosotros queremos, para nuestra vida concreta y, así debería ser, para la de nuestro prójimo, lo mejor. Y eso, lo mejor, sólo puede ser acercarse a Dios de tal forma que lo podamos ver cara a cara. Y eso, siendo cierto que es lo que nos ha de mover hacia el Cielo es allí, en el Cielo, donde podremos llevarlo a cabo. Ahora, pues, como nos dice San Pablo en estos versículos de su Epístola a los creyentes de Roma, vivimos en la noche, en la oscuridad.

Que eso es así lo podemos certificar sabiendo que somos pecadores (eso sí, cada cual según lo sea…) y, por eso mismo, caminamos en la tiniebla que, tantas veces, nos cubre.

La noche, pues está avanzada. Eso nos lo dice el Apóstol que pasó de perseguir a los discípulos de Cristo a ser uno de ellos/nosotros y a ser, él mismo, perseguido. Y eso ha de querer decir que, al menos, el que esté avanzada supone que vamos caminando, que no nos hemos quedado ensimismados con el mundo y el mundo. Así, caminamos, sí, pero en la oscuridad.

De todas formas, como suele pasar en materia de fe católica, eso tiene solución o, al menos, podemos saber a ciencia y corazón ciertos a qué atenernos.

San Pablo no nos deja solos ahora, ni nunca. Por eso habla de las armas de la luz que no son, sino, trasunto de lo que podemos hacer uso para evitar la tiniebla, la noche en la que nos encontramos.

Es posible que alguien que lea esto pueda decir que hay muchas armas de la luz. Y las hay porque Dios, la Luz misma y misteriosa a la vez, nos provee de instrumentos espirituales de los cuales podemos servirnos.

Nosotros, que nos consideramos unos empedernidos pecadores, sabemos que necesitamos de tales “armas de la luz”. Y lo sabemos porque, viniendo de dónde vienen, son la única manera de que, con ellas, nuestro camino hacia el definitivo Reino de Dios (llamado, por eso mismo, Cielo) sea posible caminarlo y nos quedemos en el intento de llegar a gozar de la Visión Beatífica o de la Bienaventuranza.

Dios, que nos ama más que mucho, nos entrega tales armas para que hagamos uso de ellas. No nos neguemos, al menos, la posibilidad de tomarlas y hacerlas nuestras. Y es que nos va la vida eterna en ello. No olvidemos nunca esto porque nos es esencial para lo que es nuestra salvación personal y, por ende, colectiva como pueblo de Dios.  

Nos dice San Pablo que sí, que es posible que andemos en la noche pero que, gracias a Dios, “el día se avecina”. Y ha de querer decirnos con esto que nunca podemos desesperar porque Aquel que nos ha creado y mantiene nos quiere a su lado y por eso nos entrega estas armas, llamadas de la luz porque son iluminación para nuestra oscuridad y salida a nuestra ceguera espiritual.

Debemos, por tanto, dejar atrás aquello que nos sobra e impide ver a Dios. Y es que hay, sí, mucho que eso produce en nuestro corazón y son, digamos, las armas de las tinieblas de las que se sirve el Maligno para hacernos caer en sus redes. A saber: el desamor, el desapego de Dios, el odio, el egoísmo y todo aquello que nos hace peores y muy malos ante los ojos de nuestro Creador y su Juicio Bueno, sí, pero, sobre todo, Justo.

Miremos hacia Dios y, con sus armas, demos un paso hacia su corazón. Seguros estamos que nos espera con ansia de Padre.

Les dejó aquí el Índice:

Introducción                                                               

Armas de la Luz:

  1. La Palabra de Dios

  1. El amor

  1. El perdón

  1. La misericordia

  1. Los dones y gracias de Dios

  1. Las virtudes

  1. La oración

Un necesario Epílogo                              

Acerca del autor   

Reproducimos el Apéndice del apartado dedicado a la oración:           

Como Apéndice traemos aquí el apartado de títuloSumergirse en la oración” del libro “Hábitos católicos” publicado por el que esto escribe:

¿De dónde viene la oración del hombre? Cualquiera que sea el lenguaje de la oración (gestos y palabras), el que ora es todo el hombre. Sin embargo, para designar el lugar de donde brota la oración, las Escrituras hablan a veces del alma o del espíritu, y con más frecuencia del corazón (más de mil veces). Es el corazón el que ora. Si éste está alejado de Dios, la expresión de la oración es vana.”

Esto lo dice el número 2562 del Catecismo de la Iglesia Católica dándonos a entender que no es posible orar si estamos alejados de Dios porque si orar es rogar o pedir o suplicar a Dios por nuestras necesidades y por las del prójimo no exageramos si decimos que para un hijo que así se considera del Padre pocas realidades espirituales puede haber más importantes.

Muchas veces nos encontramos, sin embargo, con una realidad que entorpece nuestra oración porque es más que probable que frente al rezo (como repetición de oraciones así establecidas por la Iglesia católica) el hecho mismo de orar (dirigirse a Dios de forma personal) puede resultarnos dificultoso y árido. Ante esto, San Josemaría nos dice, en el número 90 de “Camino” “¿Qué no sabes orar? – Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: ‘Señor, ¡que no sé hacer oración!’, está seguro de que has empezado a hacerla”. Entonces, orar no ha de resultar cosa imposible para un católico sino, al contrario, acto de ponerse en relación directa con el Padre que está en su Reino y de llenar el vínculo que une a uno y a Otro con expresiones de sometimiento a la voluntad del Creador.

Dice Santiago, en su carta a las doce tribus de la Dispersión (4, 2-3), al respecto de lo dicho arriba que “No tenéis porque no pedís; o si pedís, no recibís, porque pedís mal”. Conviene, por lo tanto, saber cómo se pide porque es bien cierto que en cuanto a lo que se pide será Dios el que determine, en todo caso, si nos conviene o no nos conviene. Pidamos, pues, sabiendo la forma o el modo de hacerlo de forma correcta o, al menos, teniendo en cuenta cómo no hay que orar porque también dejó escrito San Pablo en su Epístola a los Romanos (8, 26) “Nosotros no sabemos pedir como conviene".

A tal respecto, el P. Iraburu, en su libro “Oraciones de la Iglesia en tiempos de aflicción” deja escrito que

El soberbio está encerrado en su miserable autosuficiencia, y por eso se ve abrumado de males, porque no pide. No pide a no ser como último recurso, para no caer en la desesperación, cuando todo recurso humano es ya imposible o extremadamente difícil”. Al contrario, “El humilde pide, pide siempre y en todo lugar, pide ‘sin cesar’, ‘noche y día’ (Col 1,9; 1Tes 3,10). Pide lo que no tiene, porque está convencido de que el que pide al Señor, recibe; y pide incluso lo que ya tiene, para que Él lo guarde, purifique y acreciente, pues sabe bien que cuanto tiene es don de Dios, y que sin Él ‘no podemos nada’ (Jn 15,5)”.

Por lo tanto, hay que orar no manifestando soberbia sino humildad porque, como hemos dicho arriba, es más que probable que no sepamos ni lo que debemos recibir o lo que debe recibir, como gracia o don de parte de Dios, aquella persona por la que pedimos pues, como se dice en la Primera Epístola a Timoteo (2, 1-2) “Ante todo recomiendo que se hagan plegarias, oraciones, súplicas y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los constituidos en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y apacible con toda piedad y dignidad” y es obligación del hermano pedir por sus hermanos e, incluso (seguramente más y mejor) por los que no lo son para que, viendo, se conviertan y crean al convertirse. Además no podemos olvidar (Mc 11, 1-5) que “cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas”.

Tenemos, pues, que orar. Y hacerlo de forma abundante y no exigiendo poco de nosotros mismos en tal especial momento en el que buscamos a Dios para que nos escuche y nos ampare siguiendo lo que dice Santa Teresita del Niño Jesús en su “Historia de un alma”:

Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría”.

Y orar a Dios es hacerlo sabiéndonos acompañados por Cristo, Hijo del Padre. Por eso, el que fuera Prelado del Opus Dei, mons. Javier Echevarría, escribe en su libro “Getsemaní” esto que sigue:

Orar con Cristo lleva necesariamente a asumir como propia la Voluntad del Padre, por la acción del Espíritu Santo. De este modo, se comprende mejor la posibilidad de que nuestra vida adquiera ese alcance eterno que encierran los planes divinos. Nos conviene, pues, empeñarnos en orar con Él: nos transmitirá el vigor de la perseverancia, y le dejaremos habitar en la inteligencia y en el corazón, confiriendo a nuestras potencias la hondura del diálogo del Hijo de Dios con su Padre. Orar con Cristo ayudará a superar limitaciones internas y externas, porque se nos concederá la fuerza con que Él perseveró, también en Getsemaní, para alcanzarnos la Vida de Dios en nosotros” pues (Dt 4,7) “¿Hay alguna nación tan grande que tenga los dioses tan cerca como lo está Yahvéh nuestro Dios siempre que le invocamos?”  o como diría el profeta Isaías: “Antes que me llamen, yo responderé; aún estarán hablando, y yo los escucharé (Is 65, 24)”.

Por otra parte, Dios siempre escucha al hijo que se dirige a su Padre porque “Dios es el escudo de cuantos a él se acogen”, según se dice en el Salmo 17 (31) y “no niega la ventura a los que caminan en la perfección” (Sal 84, 12) porque en tal perfección nos quiere Cristo (“sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” dice Jesús en Mt 5, 48). Así se ora en la seguridad de ser acogidos por el corazón misericordioso de Dios siempre atento a las necesidades convenientes para sus hijos.

Y se ora, como es necesario, con humildad:

El hermano de condición humilde gloríese en su exaltación” según recoge Santiago en 1, 9.

Y se ora, también, con confianza: “Pero que la pida con fe, sin vacilar” según dejó escrito Santiago en 1, 6.

Y se ora, por último, con perseverancia: “Por aquellos días se fue él al monte a orar, y se pasó la noche en la oración de Dios”, según dice San Lucas en 6, 12.

Vemos, pues, que existen algunas que podríamos llamar condiciones para orar de forma grata a Dios y que las mismas han de concurrir en un sumergirse en la oración en la confianza absoluta en lo dicho por Jesucristo al respecto del hecho mismo de orar cuando aseguró que “todo lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre glorificado en el Hijo” y que recogió San Juan en 14, 13.

Y oración de petición, de súplica, para dar gracias a Dios… porque, para orar sólo hace falta orar.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio“

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Para leer Fe y Obras.

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29.08.26

Reseña: ¡Gol en Las Gaunas! Aconteceres y anécdotas futboleras

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 145

Precio aprox. Tapa blanda (en color): 8,89

ISBN Amazon: 979-8193495130

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí



Los recuerdos son un sano instrumento para, en la vida, poder seguir el camino que nos ha tocado o que, al fin y al cabo, hemos elegido.

Sabemos que de ilusiones vive el hombre y que, de ellas, nos valemos para tener una vivencia lo mejor posible para forjar una manera de ser y, en fin, nos ayudan en los momentos difíciles por los que, seguro, acabamos pasando.

El fútbol, para las personas que no somos profesionales de tal deporte, es una diversión, sí, pero también puede ser el eje de una existencia. Y es que lo que nos aporta en la vida es algo más que un simple entretenimiento aunque, es cierto, haya muchas personas que no demuestren el más mínimo interés por el deporte de la pelota al pie y siempre acaben diciendo que, total, son 22 jugadores detrás de una pelota…

El que esto escribe, con los años que tiene (ya más de seis décadas contemplan su vida en el mundo) ha visto mucho de fútbol y ha disfrutado mucho no sin olvidar los malos momentos por los que ha pasado.

Este libro es algo así como un dejar salir todo aquello que, a lo largo de más de cincuenta años, ha conformado un gozo por un deporte que, aún sin practicarlo fuera de lo ordinario, también es algo bueno que me ha pasado. Y quiero dejar constancia de eso antes de que todo pase al olvido…

De todas formas, quisiera dejar constancia de que aquí no van a aparecer, por lo general, datos como fechas o cosas por el estilo de forma exactamente meticulosa pues esto no es más (ni menos) que la manifestación de unos recuerdos, digamos, simples y llanos, de aquellos que han dejado huella en el alma.

Por cierto que el título, a saber ¡Gol en Las Gaunas!, se debe a otro recuerdo porque fue una expresión que, en su día, se convirtió en algo así como un recurso para hablar de algo que pasaba en el fútbol. Y es que fue un grito radiofónico legendario que se convirtió en una metáfora de sorpresas y épica futbolística y que evoca la época dorada del CD Logroñés en Primera División de quien, por cierto, salió un jugador que fue del CD Castellón, a saber, llamado Lotina…

En fin… recuerdos…

Les dejó aquí el Índice:

Presentación

I. Burriana, Castellón

II. ¡Pam, Pam, Orellut! 

III. ¡Amunt Valéncia! 

Un necesario Epílogo 

Apéndices:

Historia del CD Burriana

Historia del CD Castellón

Historia del Valencia CF

Acerca del Autor 

Nota final

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

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Panecillos de meditación

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Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra también se alimenta espiritualmente de este tipo de cosas humanas. 

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

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Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

18.08.26

Reseña: Desde el corazón de la fe

Autor: Eleuterio Fernández Guzmán

Editorial: Createspace, Amazon

Páginas: 229

Precio aprox. Tapa blanda: 7,33

ISBN Amazon: 979-8192503409

Año edición: 2026

Lo puedes adquirir en Amazon 

Otros libros del autor.  Y más libros, aquí

Desde el corazón de la fe surge todo aquello que, luego, habla la boca o escribe la mano. Y es que Dios nos ha otorgado la posibilidad de ser capaces de transmitir al prójimo aquello que nos sale de “dentro”, como solemos decir.

En realidad, los temas de tal jaez son incontables y, además, inacabables porque, como es sabido, aquello que a nuestra fe le sucede es que le sucede desde muchos aspectos de la existencia y no hay ninguno de ellos que no la concierna. Y por eso aquí vamos a escribir tanto de lo que se refiere a temas puramente espirituales como pueden ser, por ejemplo, el Corazón de Jesús, la Virgen Inmaculada, todo lo referido al Hijo de Dios, el Santo Rosario, los fieles difuntos o, en fin, lo que tiene que ver con las ovejas que somos del Buen Pastor.

Sin embargo, no acaba aquí la cosa pues, como decimos arriba, todo afecta a la fe, a nuestra fe católica. Y por eso aquí también se va a traer, por ejemplo, lo relacionado la mal llamada “muerte dulce” o eutanasia, el laicado, la disposición que, equivocadamente, algunos tienen sobre la vida ajena o, en fin, el tan triste y terrible tema del aborto.

Como podemos ver, no hay cuestión que, en realidad, no tenga que ver con lo que creemos, con lo que estamos de acuerdo y profesamos. Por eso el abanico de temas es tan amplio (aquí, casi sesenta) y hemos procurado abarcar todo lo posible lo que supone que eso tenga que ver con nuestra fe.

De todas formas, hay que hacer una advertencia. Y es que la relación de artículos que dan forma a este libro fue publicada en Análisis Digital en el año 2012. Por tanto, ya se comprende que la situación de las personas que pueden aparecer en los mismos ha podido cambiar mucho como, por ejemplo, la del emérito Benedicto XVI que, por entonces, se contaba entre los vivos, por así decirlo.

Lo que con esto queremos decir es que no se ha corregido nada de lo que se pudiera corregir para, digamos, “actualizar” el contenido de los artículos. Y es que eso, permítasenos pensar así, sería algo así como falsear las cosas.

Les dejó aquí el Índice:

Presentación

Artículos:

Corazón, Sagrado, de Jesús

Cuerpo de Cristo

Esperamos a Quien viene

Viva Cristo Rey

Pasión de Nuestro Señor

Casi ya llega Cristo

Cristo asciende a los cielos

Cuando se manifiesta Cristo

Domingo de Ramos

Vacaciones con Dios

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Acerca del autor

Y como aún estamos en plenas vacaciones de verano (al menos en España) les dejo un artículo, seguramente, apropiado de título

Vacaciones con Dios

“Vacaciones con Dios” podía ser una buena frase que condujese a los creyentes en el Todopoderoso a preguntarse qué es lo que, al respecto de su relación con el Creador, llevan en su corazón. Si bien tenemos por cierto que Quien todo lo creó y mantiene nunca se olvida de nosotros, ¿podríamos decir lo mismo nosotros pero al contrario?

Así, una persona que lleve una vida ordinaria y, cuando llegue el tiempo estival (al menos en Europa así es ahora mismo) tenga por normal acudir a algún lugar a pasar el tiempo que, merecidamente, tiene, es más que posible que en su equipaje ponga, por ejemplo, el bañador, las gafas de sol o si donde va a pasar el tiempo de descanso es a la montaña el equipaje que corresponda a tal fin. Eso es lo que es de esperar.

Sin embargo, entra dentro de lo probable que la misma persona sea creyente y, además, sea católica. Entonces, incluso en tiempo de vacaciones y de descanso, la relación que mantiene con Dios no debería pasar por un, digamos, altibajo que es, más bien, bajo.

En determinadas ocasiones solemos tener la tendencia de ser creyentes según nos conviene. Así, podemos olvidar que lo somos si lo políticamente correcto entra en juego y si el respeto humano hace demasiada mella en nosotros y nos preocupa más el qué dirán de nosotros si expresamos, allí donde estemos y donde vayamos, que somos creyentes y que Dios es importante para nosotros. Y esto, en tiempo de vacaciones, es altamente probable que pase.

Es una creencia común que el tiempo de vacaciones está establecido para el descanso y el olvido de aquello que, durante el resto del año nos preocupa. Incluso aquello que creemos llevamos con más dificultad lo queremos olvidar aunque sea por un tiempo. Entonces entra en juego nuestra fe y si, en realidad, la tenemos.

Tener fe no es, como es bien sabido en teoría, decir que se pertenece (porque se goza) a una determinada religión que, en nuestro caso es la católica ni hacer como si fuera sí pero siendo no que es, exactamente, lo contrario que tenía por bueno y benéfico nuestro Maestro Jesucristo. Tener fe, al contrario, ha de suponer, por eso mismo, tenerla y no prescindir de ella como si se tratase de un abrigo que dejamos colgado en la percha cuando volvemos a casa.

Por eso no cabe, en nuestro caso, tener unas especie de vacaciones espirituales según las cuales olvidamos que somos hijos de Dios y, en fin, hacemos lo que nos place sin tener en cuenta la Ley de Dios que, se supone, tanto nos importa y tenemos por lo mejor que nos ha pasado. No deberíamos, por lo tanto, creer que el tiempo de vacaciones (sea el del verano o el que sea) es lo que no debe ser que vaya más allá del descanso físico pues no debería haber descanso espiritual alguno.

Seguramente, esta oración, “Plegaria para unas vacaciones cristianas”, nos puede venir más que bien:

Señor Jesús, tú dijiste a tus discípulos

“venid conmigo a un lugar apartado y descansad un poco",

te pedimos por nuestras vacaciones.

El afán de cada día multiplica nuestra vida

de quehaceres, urgencias, agobios, prisas e impaciencias.

Necesitamos el reposo y sosiego.

Necesitamos la paz y el diálogo.

Necesitamos el encuentro y la ternura.

Necesitamos la oxigenación del cuerpo y del alma.

Necesitamos descansar. Necesitamos las vacaciones.

Bendice, Señor, nuestras vacaciones.

Haz que sean tiempo fecundo para la vida de familia,

para el encuentro con nosotros mismos y con los demás,

para la brisa suave de la amistad y del diálogo,

para el ejercicio físico que siempre rejuvenece,

para la lectura que siempre enriquece

para las visitas culturales que siempre abren horizontes,

para la fiesta auténtica que llena el corazón del hombre.

Haz que nuestras vacaciones de verano sean tiempo santo

para nuestra búsqueda constante de Ti,

para el reencuentro con nuestras raíces cristianas,

para los espacios de oración y reflexión,

para compartir la fe y el testimonio,

para la práctica de tu Ley y la de tu Iglesia,

para la escucha de tu Palabra,

para participar en la mesa de tu eucaristía.

Tú vienes siempre a nosotros.

Tú siempre te haces el encontradizo.

Tus caminos buscan siempre los nuestros.

Haz que en las vacaciones de verano,

sepamos remar mar adentro y te encontremos a Ti,

el Pescador, el Pastor, el Salvador, el Hermano, el Amigo,

y encontremos a nuestros hermanos.

Juntos realizaremos la gran travesía de nuestras vidas.

En tu nombre, Señor,

también en vacaciones,

quiero estar dispuesto a remar mar adentro.

Ayúdame. Te necesito, también en vacaciones.

Amén.

Y es que no debería olvidársenos nunca que Dios nos mira y aprecia nuestras muestras de Amor hacia Él. Y eso, olvidándolo, será difícil que pueda producirse.

Y siguiendo el valioso principio que dice que debemos dar gratis lo que hemos recibido gratis, desde ahora mismo quedo a disposición de quien así lo desee y le enviaré, a vuelta de correo, copia del libro en formato pdf de forma totalmente gratuita. Sólo hay que hacer la petición al correo electrónico [email protected].

Eleuterio Fernández Guzmán

Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Ese gran regalo de Dios que es el alma nuestra.

Aforismos de fe católica: del libro de Lolo “Bienvenido, amor” (339)

Cuanto más pura es una ofrenda tanto más resplandece su testimonio

……………………………

Para leer Fe y Obras.


Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.