La Palabra para el domingo – 10 de julio de 2022

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Como es obvio, hoy no es domingo 10 sino sábado, 9 de julio de 2022. Esto lo decimos porque hemos publicado hoy el comentario del Evangelio que siempre hemos traído aquí en día, precisamente, domingo. Sin embargo, un amable lector, sacerdote, me hizo la sugerencia de poner el comentario del Evangelio del primer día de la semana, el sábado porque, como es verdad y lamento no haberme dado cuenta, el texto del Evangelio de la Santa Misa del sábado por la tarde es el del domingo siguiente.


También lamento no haberme dado cuenta de que publicando este comentario a determinada hora de España aún es viernes en la América hispana. Por eso, y por cumplir con el horario y que las cosas sean razonables, es publicado este comentario ahora, a esta hora en España cuando ya es sábado en América. Y a lo mejor es posible que haya quien piense que decir esto no hace falta pero con franqueza digo que creo es necesario y más que necesario.

Lc 10, 25-37

 “25 Se levantó un legista, y dijo para ponerle a prueba: ‘Maestro, ¿que he de hacer para tener en herencia vida eterna?’ 26 Él le dijo: ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?’ 27 Respondió: = ‘Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas = y con toda  tu mente; = y a tu prójimo como a ti mismo.’ = 28 Díjole entonces: ‘Bien has respondido. Haz eso y vivirás.’  29 Pero él, queriendo justificarse, dijo a Jesús: ‘Y ¿quién es mi prójimo?’ 30 Jesús respondió: ‘Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle y golpearle, se fueron dejándole medio muerto. 31 Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al verle, dio un rodeo. 32   De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio le vio y dio un rodeo. 33 Pero un samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verle tuvo compasión; 34   y, acercándose, vendó sus heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándole sobre su propia cabalgadura, le  llevó a una posada y cuidó de él. 35 Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: “Cuida de él y, si gastas algo más, te lo pagaré cuando vuelva."  36 ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en manos de los salteadores?’ 37 El dijo: ‘El que practicó la misericordia con él.’ Díjole Jesús: ‘Vete y haz tú lo mismo.’”

  

COMENTARIO 

El prójimo; tu prójimo

 

Cuando, en tiempos de Cristo y ahora mismo, se habla o se utiliza la palabra “amor” suenan todas las campañillas del mundo y, en el acto, imaginamos el mejor de los mundos con sus más diversos colores cálidos y dulces. 

En el Romanticismo, el amor se llevaba hasta las últimas consecuencias y bien podemos decir, por decirlo pronto y para que se entienda, que tenían, del amor, un sentido algo exagerado. 

Pero Cristo pone las cosas en su sitio. Y es que amar, el amor, supone mucho más que verlo todo de color de rosa. 

Como suele ser normal en la persona del Hijo de Dios, las cosas las explica con ejemplos. Y es que era la única forma de que pudiesen entender, aquellos a los que se dirigía, algo de todo lo que quería decirles. 

Aquel hombre, el legista, quería tener la vida eterna, quería heredarla que era como decir que la quería para sí, como herencia de Dios. 

Para eso, para conseguir eso, Jesús le pregunta sobre la Ley de Dios, sobre si la cumple. Al menos parece que sabe en qué consiste, en esencia, la misma: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. Son, pues, diez Mandamientos que se resumen en dos y que son, digamos, bastante sencillos de entender. 

Pero, al parecer, no estaba claro quién era el prójimo y sí, se supone, Quién era Dios, para amarlo. 

Parábola del buen samaritano - Wikipedia, la enciclopedia libre

Y Jesús, como decimos, recurre a la parábola del buen samaritano. 

En tal parábola se dan todas las circunstancias para llamar la atención del oyente judío: 

-hombre judío que es asaltado.

-personas judías que no lo quieren socorrer por tener escrúpulos religiosos o de otro jaez. 

-samaritano que socorre al asaltado sin importarle ni nación ni religión.

Todo, aquí, apunta a lección. Es decir, a que Cristo les iba a dar una lección que, en vistas del anhelo del legista (la vida eterna) no debían olvidar. 

En esencia, la lección consistía en aprender un principio fundamental de la Ley de Dios de su Amor: el prójimo es aquel que está próximo a ti pero, sobre todo, es aquel que te necesita. 

Así de sencillo. Y es que prójimo puede ser cualquier persona que, en efecto, lo sea pero para Jesucristo es aquella persona que requiere de nuestro auxilio y que, entonces, se hace más próxima a nosotros: quiere que nos acerquemos a echarle una mano o las dos. 

Jesús no iba a dejar así la cosa. Es decir, no se iba a limitar a contar aquella parábola que era instructiva, sí, pero debía ser fructífera. 

Aquel hombre, el legista y todos los que, a buen seguro, estaban allí (nos dice el texto que se levantó y, es de suponer, que se levantó  porque estaba escuchando a Cristo junto a otras personas) se sabía la lección muy bien. En teoría sabía qué debía hacer. 

Jesús, sin embargo, que es probable que conociera su corazón, le espeta aquello de “ve y haz tú lo mismo” que era como decirle que sí, que aquello que les había dicho estaba muy bien pero que no se trataba de una bonita teoría sino que debía ponerlo en práctica. Diaria y constante práctica. 

Aquel hombre, samaritano, tuvo compasión; otros, supuestos piadosos, sintieron asco y aversión. ¡Buena lección para los soberbios!

  

PRECES

Por todos aquellos que no son capaces de compadecerse del prójimo.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no quieren llevar  a sus vidas la Ley de  Dios.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a ser compasivos.

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:


El prójimo es, sencillamente, otro tú. 

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