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4.01.21

Venerable Marta Robin – Otro año para la Venerable francesa

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

             Resultado de imagen de Journal. Décembre 1929, Novembre 1932

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

Venerable Marta Robin – Otro año para la Venerable frances

 

Que uno recuerde, hace casi seis años que vengo escribiendo sobre la Venerable francesa Marta Robin, a la sazón hermana nuestra en la fe y muy dada a la oración, al sufrimiento y al creer de verdad y con franqueza.

Repasando los artículos escritos a partir de textos suyos me tengo que remontar al año 2015 cuando escribí, en la “Serie oraciones-invocaciones” un artículo al que titulé “Un amplio y gozoso Pentecostés” porque trataba la oración de Marta sobre un tema tan espiritualmente gozoso como es el que contiene tal cita y fecha en el calendario espiritual. Entonces decía, al respecto de esto:

“Señor, renovad vuestro primer Pentecostés. Conceded, Jesús, a todos vuestros queridos sacerdotes la gracia del discernimiento de espíritus, colmadlos de vuestros dones, aumentad su amor, haced a todos valientes apóstoles y verdaderos santos entre los hombres.

Espíritu Santo, Dios de amor, venid como un viento potente, a nuestras catedrales, a nuestras iglesias, a nuestras capillas, a nuestros cenáculos, a las más lujosas mansiones como a las más humildes moradas. Llenad la tierra entera de vuestra luz, de vuestros consuelos y de vuestro amor. Venid, Espíritu de amor, traed al mundo el frescor de vuestro soplo santificante. Envolved a todos los hombres con el fulgor de vuestra gracia. Arrastradles a todos en el esplendor de vuestra gloria.

Venid a reconfortarles en este presente tan cargado de angustia, iluminad el porvenir incierto de tantos, reafirmad a aquellos que titubean también en los senderos divinos. Espíritu de luz, disipad todas las tinieblas de la tierra, guiad a todas las ovejas errantes al divino redil, traspasad las nubes con vuestras misteriosas claridades. Manifestaos a los hombres y que ese día sea el anuncio de una nueva aurora. Llenad todos los corazones de vuestros dones múltiples y preciosos. Fruto divino de la inmolación del Calvario, prenda magnífica de las promesas de Cristo. Espíritu divino, fuego de amor, gozo que sobrepasa toda la plenitud, luz que ahuyenta las más lamentables oscuridades, inspirador de toda alabanza, Espíritu de la Verdad, poned en todas las almas el gusto de las cosas santas, hacedlas penetrar en las profundas bellezas de vuestras misteriosas moradas. Que entren en el reino secreto de los misterios divinos según la promesa del Verbo, y su vida, totalmente transformada, transfigurada, divinizada en Cristo, alcanzará una fuerza infinita por el valor mismo de vuestras divinas riquezas.

Divino consolador de nuestras penas, encanto precioso de fecundas soledades, animador de todas nuestras alegrías, germen sagrado de toda vida espiritual, extended sobre todo el universo vuestra inmensidad. Llenad el mundo de vuestra plenitud. Absorbed nuestra sustancia humana en el misterio de vuestra amistad divina, imprimid en los corazones el sello de las promesas del Padre, despejad toda sombra de nuestras frentes, poned sobre todos los labios la embriaguez del cáliz de Jesús y pronto toda una cosecha de santos saldrá a la luz.”

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