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17.02.20

Venerable Marta Robin - Saber que podemos, que imposible no es

Hace mucho tiempo que hemos incardinado los comentarios acerca de la obra de la Venerable Marta Robin (francesa ella, de nacimiento y de nación) en la serie sobre la oración.  Sin embargo, es de recibo reconocer que desde hace mucho tiempo, también, no trata lo que traemos aquí de oraciones, en sí mismas consideradas (algunas veces sí, claro) sino de textos espirituales que nos pueden venir muy bien, primero, para conocer lo más posible a una hermana nuestra en la fe que supo llevar una vida, sufriente, sí, pero dada a la virtud y al amor al prójimo; y, en segundo lugar, también nos vendrá más que bien a nosotros, sus hermanos en la fe que buscamos, en ejemplos como el suyo, un espejo, el rastro de Dios en una vida ejemplar que seguir.

 

             Resultado de imagen de Journal. Décembre 1929, Novembre 1932

Por eso, nos vamos a acercar a su obra espiritual a través del contenido del libro “Journal. Décembre 1929, Novembre 1932) publicado en 2013 por Editions Foyer de Charité y que recoge, como su nombre indica, el contenido del Diario íntimo y personal de la Venerable Marta Robin entre las fechas que se indican en el título del mismo.

   

Saber que podemos, que imposible no es

 

“Lo que tengo que hacer es sacar el mejor partido de todos los tesoros enviados desde el Cielo para hacer, con María y como Jesús la gran Obra de Dios”. (Diario íntimo, 12 de enero de 1930)

 

Si hay alguien (que lo hay, con toda seguridad) que no sea capaz de comprender hacia dónde debe ir su vida espiritual, nuestra hermana Marta Robin, a la sazón Venerable de la Iglesia católica, nos lo dice con toda claridad. Aquí no hay duda alguna sino seguridad absoluta, bandazo alguno sin efectivo comprender.

El caso es que, como decimos, es posible que con nuestra vida espiritual, sencillamente, no sepamos qué hacer. En muchos casos, se ha recibido la misma, digamos, por nacimiento; en otros, se ha ido adquiriendo poco a poco. En ambos casos, es hasta posible que dudemos las más de las veces acerca, precisamente, del qué e, incluso, del cómo (¡tantas veces del cómo!). Y eso, no lo podemos negar, nos causa no cierta desazón.

Nuestra hermana en la fe, que conoce muy bien el espíritu humano y, sobre todo, la Voluntad de su Padre del Cielo, apunta muy bien hacia el exacto centro de lo que es nuestra obligación porque sí, estamos obligados, por fe (obligación gozosa, por cierto y no enojosa o pesada) a hacer según qué cosas…

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