Los santos del Cielo; el Cielo de los santos (+ Reproducción libro)

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Cuando llega el 1 de noviembre, a los católicos se nos pone el corazón en un puño. Y es que nos acordamos, de una forma muy especial, de aquellos hermanos nuestros que han sido de tal forma fieles a Dios que no ha habido más remedio que considerarlos santos. Es decir, a pesar de que es posible que también pecaran en alguna ocasión de su vida (de hecho nacieron, como todos a excepción de Cristo y María, la Madre) con el pecado original y, al menos, en eso, eran como todos los demás. Aunque con toda seguridad no son sólo santos tales sino que otros muchos, como veremos abajo, también lo son aunque no tengan una consideración propia como tales o, por decirlo pronto, no estén en el santoral y en los calendarios.

Lo bien cierto es que aquellos que están incluidos en el Libro de los Santos tuvieron, a lo largo de su vida, una merecida fama de santidad. Por eso cuando la correspondiente comisión vaticana determina, tras el necesario proceso, que una persona merece, ha merecido, alcanzar el Cielo, seguramente mucho tiempo antes ya era así considerado por muchos y bien se podría aplicar eso de “eso ya lo sabía yo”.

Pues bien, esos muchos “ya lo sabía yo” es lo que se denomina, más seriamente, “fama de santidad”. Y es que a veces popularmente decimos las cosas de una forma si bien sencilla, bien cierta y no equivocada. Por eso cuando los Santos Padres, véase Papas, han determinado los dogmas de los que gozamos ahora mismo como, por ejemplo, el de la Inmaculada Concepción de María, mucho tiempo hacia ya que el pueblo católico consideraba que la Madre de Dios sólo podía haber sido concebida sin pecado.  Y no sólo el pueblo común sino pensadores menos comunes y con más conocimientos espirituales. Pero, como las cosas de palacio van despacio… 

El caso es que hoy es 1 de noviembre y es, como bien sabemos (a pesar de las muchas interferencias paganas o directamente satánicas como, por ejemplo, eso del Halloween) el día denominado “De todos los santos”. Y aquí entran muchos que no son, como hemos dicho arriba, los oficiales que tanto respetamos a los que nos dirigimos en nuestras muchas necesidades. 

Esto lo decimos porque hoy, en las lecturas para tal festividad, entra una que es, para esto, para considerar la santidad de muchos, crucial. Y lo dice San Mateo (5, 1-12) y es más que conocido: 

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“Viendo la muchedumbre, subió al monte, se sentó, y sus discípulos se le acercaron. Y tomando la palabra, les enseñaba diciendo:

“Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados  los mansos, porque  ellos poseerán en herencia la tierra. 

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos serán saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados seréis cuando os injurien, y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa.

Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos; pues de la misma manera persiguieron  a los profetas anteriores a vosotros.”

Sabemos que San Lucas también lo recoge (6, 20-23) pero no podemos dejar de reconocer que el texto de San Mateo es más amplio a la par que más concreto. 

Pues bien, a tales personas bien las podemos considerar santos y considerar que en el Cielo están. Y a las mismas, aun sin estar consideradas oficialmente tales, podemos dirigirnos aunque no podemos negar que dada la dificultad que tiene para nosotros juzgar el comportamiento vital de alguien en la fe católica como nosotros es mejor, por decirlo así, que pidamos la intercesión de los que seguros estamos que lo son. Pero haberlos, otros, como diría el dicho, haylos. 

El día de hoy, por tanto, es un día de gran gozo. Y es que Dios ha sabido suscitar, de entre sus hijos, a muchos que han demostrado que lo eran a lo largo de una vida: una, a lo mejor, ordinaria y otra, también, con el martirio de la sangre pero, al fin y al cabo, santas ambas. 

Además, si con Tertuliano podemos decir que la sangre de los mártires es semilla para nuevos cristianos, lo mismo podemos decir de aquellos que, a lo largo de una vida más o menos larga, han demostrado (sin la concurrencia de la muerte traumática y procurada por el prójimo) que no es imposible ser hijo de Dios y ser fiel al Creador. No, como vemos hoy mismo, no es nada imposible. ¿A que no?

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Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

A partir de hoy, voy a reproducir el texto de un libro autopublicado por el que esto escribe. Su título “Mes de noviembre a los Santos y a las Benditas Almas del Purgatorio-Purificatorio”. Así lo haré a razón de uno por día. Quiero decir que como cada día tiene su página, las reproduciré, con la ayuda de Dios, una a una con el fin de que quien quiera aprovechar esta manifestación de Piedad popular la aproveche aunque sin olvidar que si bien este mes es muy apropiado para esto, vale cualquiera del año porque tanto los Santos como las Benditas Almas del Purgatorio-Purificatorio no dejan de estar donde están aunque no estemos en noviembre. Al final terminaré con las oraciones preparadas para tal mes. 

Oraciones de comienzo para cada día

 

Oración a San José para obtener una buena muerte

 

A ti acudo, San José, Patrono de los moribundos, y a ti en cuyo dichoso transito estuvieron solícitos Jesús y María, por estas dos carísimas prendas te encomiendo con empeño mi alma cuando luche en la extrema agonía: para que por tu protección sea libre de las asechanzas del diablo y de la muerte perpetua, y merezca ir a los gozos eternos.

Amén.

 

Oración a los santos

 

Oh vosotros, fieles y santos de Dios que, con vuestra actitud y forma de vida y existencia mostrasteis al mundo que es posible ser fiel a la santa Voluntad del Padre que reina en el Cielo; interceded por aquellos que formamos parte de la Iglesia Militante y que vemos en vosotros un ejemplo de hijos fieles que aman a su Padre. Amén.

  

Oración por las benditas almas del Purgatorio

 

Oh Dios Padre, Todopoderoso y Misericordioso Creador: Tú que procuras para tu descendencia el mejor destino y nos reconoces pecadores, que no siempre estamos limpios de corazón y que nuestra alma necesita mudar en blanca para presentarse ante Ti y poder entrar en tu definitivo Reino; acepta este ofrecimiento de todas mis obras, mis sufrimientos, mis penas y todo aquello que en bien de las Benditas Almas del Purgatorio tengas a bien aceptar. Procúrales un tiempo corto en el Purgatorio y, cumpliéndose siempre tu voluntad, aplica este ofrecimiento por aquellas almas de las que nadie se acuerda y nadie pide por ellas o bien por las que Tú creas conveniente.

Amén”.

1. DECENA A La muerte 

Día 1      

  

1. Oración inicial

Señor, felizmente moriré en el lugar, momento y forma en que Tú lo desees. Y hasta que llegue ese momento, aprovecharé el resto de mis días para luchar contra mis defectos y crecer más en tu amor, para romper los lazos que atan mi corazón a las criaturas y así preparar mi alma para cuando aparezca en tu presencia. Desde este momento me abandono sin reservas a los brazos de tu paternal Providencia. Amén.

 2. Cita

 “Ciertamente el hombre vive humanamente -y como cristiano, como único hombre posible en verdad- cristianamente, en la medida que vive su proyecto vital. Esto es vivir con sentido, sola manera de vivir en realidad, y consiguientemente, de vivir la relativa bienaventuranza posible en este mundo. Ahora, el sentido de la vida lo confiere ese postrero acto vi-tal, impar e insustituible, que me construye - por la gracia que lleva consigo- en persona cristiana eterna. Importa pues, esencialmente, esta presencia de la muerte en el hombre viviente peregrino. No sólo ya presencia del cielo, sino presencia del acto vital, en qué consiste la muerte” (P. José Rivera Ramírez, “De la vida y de la muerte – Apartado ‘Vivir muriendo’).

3. Reflexión

Sabemos que vamos a morir. Es algo de lo que no nos cabe la menor duda. Por eso tampoco podemos dudar acerca de que Dios escucha nuestra petición de amparo. Le pedimos al Creador que nos lleve ante sí porque sabemos que es, además, lo que quiere Quien nos ha creado y mantiene.

4. Nos proponemos hoy   

-Llevar una vida acorde a la voluntad de Dios.

-Abandonarme a la santa Providencia del Todopoderoso.

5 Oración final

Oh Dios mío, que condenándonos a la muerte, nos habéis ocultado el momento y la hora, haced que viviendo santamente todos los días de nuestra vida, merezcamos una muerte dichosa, abrasados en vuestro divino amor. Por los méritos de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina con Vos, en unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.

6. Jaculatoria para hoy    

¡Señor! Ten piedad de mí, que soy un pecador.

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Por la libertad de Asia Bibi. 

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Por el respeto a la libertad religiosa.

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Enlace a Libros y otros textos.

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

Están ahí, en el Cielo. Y miran hacia nosotros porque quieren que miremos hacia ellos.

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Para leer Fe y Obras.

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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