La Palabra del Domingo - 6 de septiembre de 2015

Biblia

 

Mc 7, 31-37. Hace oír a los sordos y hablar a los mudos.

 

“31 Se marchó de la región de Tiro y vino de nuevo, por Sidón, al mar de Galilea, atravesando la Decápolis.32       Le presentan un sordo que, además, hablaba con dificultad, y le ruegan imponga la mano sobre él. 33 El, apartándole de la gente, a solas, le metió sus dedos en los oídos y con su saliva le tocó la lengua.         34 Y, levantando los ojos al cielo, dio un gemido, y le dijo: = ‘Effatá’, que quiere decir: ‘¡Abrete!’35 Se abrieron sus oídos y, al instante, se soltó la atadura de su lengua y hablaba correctamente. 36 Jesús les mandó que a nadie se lo contaran. Pero cuanto más se lo prohibía, tanto más ellos lo publicaban. 37 Y se maravillaban sobremanera y decían ‘Todo lo ha hecho bien; hace oír a los sordos y hablar a los mudos.’”

 

 

COMENTARIO      

Lo que es capaz de hacer Dios por sus hijos

Hay que reconocer, porque es verdad, que el Hijo de Dios cumplía la misión que le había encomendado su Padre de una forma completa. Vamos, que no dejaba de caminar por el mundo que tenía a su alrededor transmitiendo la Buena noticia con palabras… y hechos.

Lo que le pasa a aquel hombre es para tomar nota de lo que es capaz de hacer Dios. Sabemos que es todopoderoso y por eso lo llamamos así, Todopoderoso. Eso supone, por tanto, hacer cosas como ésta.

Aquel hombre sordo y casi mudo

Para darnos cuenta de lo que le pasa a aquel hombre hay que ver cómo se debía encontrar. Es decir, cuál era su situación social.

Hoy día, una persona en sus condiciones puede tener mucha ayuda. Humanamente hablando se ha avanzado mucho desde los tiempos de Jesús. Sin embargo, entonces las cosas eran muy diferentes.

Sabemos que para el judío ordinario la enfermedad que padecía una persona tenía relación directa con los pecados que cometía. Por eso aquel hombre, que era sordo y, además y lógicamente, no hablaba muy bien, debía tener sobre sí una espada de Damocles muy grande.

Eso, claro está, tenía consecuencias sociales muy graves. Queremos decir que los enfermos de tal calibre (pensemos, también, el leprosos, ciegos, paralíticos, etc.) eran apartados de la sociedad. No eran útiles y, simplemente, no se les tenía en cuenta.

Pero Jesús sabe que eso no está ni medianamente bien. Por eso muchas veces, dada la fe de quien se lo pide, cura a muchas personas y añade eso de “tus pecados te son perdonados”. Eso lo hacía para que viesen, sus críticos, que podía curar y perdonar, perdonar y curar.

Pues bien, aquel hombre, pues, necesitaba una ayuda que no era de este mundo, una ayuda sobrenatural.  Y bien que la obtuvo y recibió.

Jesús lo quiere curar. Y hace como otras veces en trances como éste: mira al cielo, ruega al Padre, pide por aquel hombre. Y hace lo que sabe hacer: lo cura con su saliva que es saliva de Dios, aliento del Todopoderoso.

Podemos imaginar, primero, la sensación que debió recorrer todo el cuerpo y el alma del sordo y casi mudo: puede oír y, de paso, hablar con toda normalidad.

Lo curioso del caso es que Jesús, que sabe lo que pueden pensar de Él sus perseguidores, no quiere que lo vayan proclamando a los cuatro vientos.

Vana ilusión del Hijo de Dios. Y es que no está muy alejado del ser humano que, cuando recibe algo grande, lo vaya diciendo a todo el que quiera escucharlo. Y aquel hombre había recibido lo más grande: curación e inserción dentro de la sociedad. ¡Casi nada de golpe y porrazo!

Tampoco extraña la otra gran verdad: “Todo lo ha hecho bien”.

Y es que no hay nada como mostrar el poder de Dios para que se crea en el poder de Dios. Y, de paso, se cumplían las Santas Escrituras que decían que cuando llegase el Mesías, los sordos oirían y los mudos, hablarían.

Como diría aquel: “blanco y en botella” o, también, quien no quiera ver, que no vea.

 

PRECES

Por todos aquellos que no quieren ver la gloria de Dios.

Roguemos al Señor.

Por todos aquellos que no quieren la conversión del alma.

Roguemos al Señor.

 

ORACIÓN

Padre Dios; ayúdanos a ver con ojos dignos de ser los propios de unos hijos tuyos.

 

Gracias, Señor, por poder transmitir esto.

 

El texto bíblico ha sido tomado de la Biblia de Jerusalén.

 

Eleuterio Fernández Guzmán

 Nazareno

 

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano GarridoLolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

 

Panecillo de hoy:

 

Dios abre nuestros ojos y nuestro corazón. No debemos cerrarlos al Padre.

 

Para leer Fe y Obras.

 

Para leer Apostolado de la Cruz y la Vida Eterna.

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