Eppur si muove - Necesarias conversiones

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

El Padre nos quiere siempre a su lado. Para eso, en muchas ocasiones, tenemos que convertirnos en verdaderos hijos suyos.

Y, ahora, el artículo de hoy.

Hoy celebra la Iglesia católica la Conversión de San Pablo.

Aquel hombre pasó de ser perseguidor a ser perseguido por defender lo mismo que antes repudiaba. Por eso, en una fecha tan importante para la humanidad como la que hoy celebramos, estaría más que bien recordar que, en muchas ocasiones, hay personas que necesitan una conversión más que el comer porque si se tratara, tan sólo, de una necesaria confesión de fe (o afirmación de una fe que se tiene), a lo mejor podíamos decir que no están perdidas del todo pero, ciertamente, hay casos…

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que tienen como objetivo de su vida espiritual zaherir a la Iglesia católica a la que pertenecen?

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que hacen escarnio de la doctrina que la Santa Iglesia Católica transmite y defiende?

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que se manifiestan, siempre, en contra de lo que dicen nuestros pastores?

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que se empeñan en atacar los cimientos de la fe católica?

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que manipulan las creencias católicas por entender que lo suyo es mejor que lo nuestro?

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que perseveran, en fin, en estar fuera del redil de la Iglesia católica y campan perdidos, en realidad, fuera de la misma?

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que se acercan en exceso a doctrinas contrarias a la católica?

¿Acaso no necesitan conversión aquellos creyentes, que dicen serlo, que trazan, en el mundo, caminos torcidos para la Esposa de Cristo?

Y así podríamos estar un buen rato porque, en realidad, aquellas personas que dicen ser católicas pero que, en realidad, sirven a unos intereses ajenos, muy ajenos, al catolicismo, deberían darse cuenta de que necesitan una conversión clara. No digo ya confesión de fe, que supondría tenerla, sino, en efecto, un verdadero cambio en su corazón.

Sin embargo, mucho me temo que lo dicho aquí poco efecto va a tener en nadie. Es Dios, en efecto, quien insta el cambio de corazón de los perdidos y enfermos de espíritu. Sin embargo, no resulta del todo carente de sentido decir lo que, en determinados casos, pasa y dejar, para ver qué sucede, que cada cual, conociendo su situación particular, haga lo que tenga que hacer para volver a caminar por el camino recto, enderezado y derecho, que lleva al definitivo Reino de Dios.

Ha habido, a lo largo de los siglos, muchas personas que se han convertido y han entrado por la puerta de la fe católica. Muchos conversos son muy conocidos (Chesterton, Manuel García Morente e, incluso, Tony Blair, antiguo mandamás inglés) y otros muchos han vuelto a la Iglesia católica después de haber merodeado o habitado en otras espiritualidades cristianas o de otro jaez. Tales personas, seguramente, se encontraron a sí mismas o se encuentran, gozosamente, viviendo su fe y poco más se les puede decir aparte de que cumplan con su obligación de católicos.

Sin embargo, a otros creyentes que se dicen serlo pero que, es obvio esto, no lo son por lo que hacen, dicen, escriben, difunden, dar a entender y muestran, se les pide que sean coherentes y que, bien renuncien a sus muchas heterodoxias o correcciones políticos o bien, simplemente, abandonen una fe que demuestra, día a día, no tener.

Es posible que ante esto escrito aquí a alguien le puedan venir a la mente palabras como Inquisición, dictadura y otras similares. Sin embargo, lo único de que se trata es de ser verdaderos católicos y, como diría San Josemaría, creyentes de criterio. Aunque, claro, a lo mejor eso es pedir demasiado.

Eleuterio Fernández Guzmán

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