Ut unum sint

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Panecillos de meditación

Llama el Beato Manuel Lozano Garrido, Lolo, “panecillos de meditación” (En “Las golondrinas nunca saben la hora”) a los pequeños momentos que nos pueden servir para ahondar en determinada realidad. Un, a modo, de alimento espiritual del que podemos servirnos.

Panecillo de hoy:

La fe se muestra de muchas formas pero la mejor de todas es aquella que se fundamenta en la Palabra de Dios que nunca puede ser olvidada.

Y, ahora, el artículo de hoy.

Unidad de los Cristianos

Los cristianos somos unos creyentes en Dios que, por diversas razones y causas, estamos separados y caminamos, así, hacia el definitivo reino de Dios de una forma que no puede gustar a Dios. Es más, Jesús mismo, cuando celebraba la cena en la que uno de los suyos salió para traicionarlo, dijo, dirigiéndose a su Padre, “No ruego sólo por éstos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí” (Jn 17, 20-23).

Es decir, que la unidad de los hijos de Dios, en el orden espiritual, es un requerimiento del mismo Creador hecho hombre.

Recién iniciado su pontificado, Benedicto XVI, en un viaje realizado a su patria natal Alemania dejó dicho algo que, ahora mismo y en el inmediato futuro, no deberíamos olvidar: “es mi propósito asumir como una prioridad de mi pontificado, la recuperación de la unidad de los cristianos“. Y en eso está.

Por otra parte, es más que conocido que Jesús dijo que quería que los hijos de Dios estuviesen unidos como Él lo estaba con su Padre. “Para que sean uno” (Jn 17: 21) fue la expresión utilizada por el Hijo del hombre (en expresión del naví Daniel, en 7:13) porque sabía que se entregaba a la muerte, y muerte de cruz (Flp 2:8), para que, efectivamente, el pueblo elegido por Dios no presentara división alguna.

Sin embargo, a lo largo de la historia la cristiandad ha mostrado una peligrosa tendencia a la separación; una forma de no cumplir la voluntad de Dios que es, como sabemos que sus hijos permanezcan unidos.

La unidad del pueblo elegido ha sido, a lo largo de la historia del mismo, un objetivo a conseguir. Esto es una señal de que los hijos de Dios tenemos la mala costumbre de hacer caso omiso a lo querido por el Padre. Por eso Ezequiel (37, 15-28) se ve obligado reclamar la finalización de la división de la casa de Israel y, por eso, ahora, en nuestro siglo, se ha de hacer exactamente lo mismo porque las palabras de Cristo “Como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros” han de ser escuchadas por los hermanos para hacerlas efectivas.

Bien podemos decir, por lo tanto, que no se trata de una voluntad fundada en la nada sino que, al contrario, existen fundadas razones para que la unidad de los cristianos se haga real no siendo, precisamente, poco importante, el compartir un bautismo común.

Unidad de los cristianos

Por eso es conveniente que, de vez en cuando, se nos recuerde la necesidad de que aquelPara que sean uno” no sea una mera frase dicha pero sin contenido alguno.

Tal es el objetivo de la Semana de Oración para la Unidad de los Cristianos que empieza, precisamente, mañana mismo, 18 de enero y terminará el próximo 25, día de la conversión de San Pablo.

El lema de este año está traído de un texto del profeta Miqueas, en concreto de éste (6, 6-8)

“’¿Con qué me presentaré yo a Yahveh, me inclinaré ante el Dios de lo alto? ¿Me presentaré con holocaustos, con becerros añales? Aceptará Yahveh miles de carneros, miríadas de torrentes de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi delito, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma?’ ‘Se te ha declarado, hombre, lo que es bueno, lo que Yahveh de ti reclama: tan sólo practicar la equidad, amar la piedad y caminar humildemente con tu Dios.’”

Se preguntan nuestros pastores que qué exige el Señor de nosotros y se enfoca la misma hacia el tema que cada año nos une en oración para que la separación entre cristianos deje de ser separación y venga a ser unidad, ut unum sint, para que sean uno porque, en realidad, el no siempre bien entendido ecumenismo cobra hoy día una importancia vital. Por eso apuntan que

“Evidentemente, la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos es una de las expresiones más importantes de este ecumenismo espiritual, en la que los cristianos nos reunimos para pedir al Señor el don de la unidad, «tal como quiere Cristo y de acuerdo con los instrumentos que él quiere», según la famosa expresión del abad Paul Couturier, gran apóstol del Octavario. Por tanto, los obispos de la Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales animamos a las parroquias y a las comunidades a celebrar esta Semana, adaptando a su realidad los materiales propuestos conjuntamente por el Consejo Pontificio para la promoción de la Unidad de los Cristianos y la Comisión Fe y Constitución del Consejo Ecuménico de las Iglesias. La unidad ecuménica no es ni confusión, ni «uniformidad de las tradiciones y las celebraciones», como también se anima en la misma exhortación apostólica, y el camino para llegar a ella es haciendo nuestra la oración de Jesús al Padre de que seamos uno.”

Oremos a Dios, más incluso esta semana, para que la separación que existe entre nosotros y el resto de hermanos cristianos sea, sólo, un mal recuerdo del pasado. Por eso, nada mejor que terminar con lo que supone, es más, con lo que es esta Semana tan especial que mañana comienza: una oración del cardenal Newman que dice tal que así

Unidad de los cristianos

“Señor nuestro Jesucristo, que momentos antes de la Pasión oraste por los que iban a ser tus discípulos hasta el fin del mundo, para que todos fueran uno, como tú estás en el Padre y el Padre en ti; compadécete de tanta división como existe entre quienes profesan tu fe…Derriba los muros de separación que divide hoy a los cristianos…
Mira con ojos de misericordia las almas que han nacido en una u otra comunión cristiana, obra de los hombres, que no tuya…
Atráelos a todos a esta única comunión que implantaste desde el principio: a la Iglesia, Una, Santa, Católica y Apostólica…
Como en el cielo solamente existe una sociedad santa, que no exista en la tierra más que una comunión que confiese y glorifique tu santo nombre. Amén.”

Nada mejor puedo añadir a esto.

Eleuterio Fernández Guzmán

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